{"id":3043,"date":"2015-01-08T11:46:06","date_gmt":"2015-01-08T17:46:06","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3043"},"modified":"2021-01-08T11:50:07","modified_gmt":"2021-01-08T17:50:07","slug":"alma-humana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3043","title":{"rendered":"Alma humana"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Lo mismo otros t\u00e9rminos, como \u00a0amor, Dios, hombre, sentido, etc., \u201calma\u201d se repite en todas las p\u00e1ginas sanjuanistas. Corresponde a una de las realidades fundamentales, presentes siempre en el discurso del autor. Por tratarse adem\u00e1s de un concepto primario y universal en el mundo religioso en que se mueve, no necesita explicarlo en particular; le basta asumirlo en el sentido corriente entre los lectores a quienes se dirige. Por eso J. de la Cruz no ofrece un tratado completo y ordenado sobre el ser, la estructura y las funciones del alma; todo ello lo da por conocido. Aunque supone una concepci\u00f3n estructural, se coloca habitualmente en una visi\u00f3n funcional.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">En el lenguaje sanjuanista sobre el alma pueden distinguirse, al menos, tres niveles: el popular o corriente, emparentado con la Biblia, el filos\u00f3fico, de corte escol\u00e1stico, y el m\u00edstico, de cierto sabor neoplat\u00f3nico. Este \u00faltimo se vuelve indirecto a trav\u00e9s de figuras ret\u00f3ricas o del lenguaje y del simbolismo. En todos los niveles, el \u201calma\u201d est\u00e1 en conexi\u00f3n con \u00a0cuerpo, esp\u00edritu, hombre y conceptos afines. Al sintetizar las ideas del Santo sobre la compleja realidad del alma hay que tener presente el proceso mental que, desde el lenguaje popular pasa, sin soluci\u00f3n de continuidad, al filos\u00f3fico y, a partir de ambos, se desborda en el m\u00edstico.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">La intencionalidad pedag\u00f3gica de sus escritos fuerza al Santo a seleccionar en cada caso lo que juzga m\u00e1s apropiado a su objetivo. En ocasiones se ve obligado a perfilar sus conceptos acudiendo a la terminolog\u00eda filos\u00f3fica de su ambiente, que habitualmente se demuestra insuficiente ante la inefabilidad de lo m\u00edstico. El autor tiene que abandonarla. En la clave m\u00edstica de la experiencia los mismos t\u00e9rminos adquieren connotaciones nuevas y diferentes, por ejemplo, \u201csustancia\u201d, \u201cpotencias\u201d, \u201csentidos\u201d, etc. Las ideas sanjuanistas pueden organizarse en dos consideraciones fundamentales: el alma, parte del ser humano; el alma, en su estructura y sus funciones.<\/span><\/p>\n<h3><span style=\"font-size: 12pt;\">I. El alma y el ser humano<\/span><\/h3>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">En la concepci\u00f3n filos\u00f3fica que sustenta el pensamiento sanjuanista, el alma se considera habitualmente como un elemento integrante y fundante del ser humano. Desde otra \u00f3ptica, la vital y pedag\u00f3gica en la que se sit\u00faa J. de la Cruz como maestro espiritual, el alma se identifica con el \u00a0hombre mismo, en la integridad de su ser y de sus funciones. Se trata de dos visiones complementarias: la primera corresponde a la formaci\u00f3n escol\u00e1stica del autor; la segunda a su inserci\u00f3n en la tradici\u00f3n espiritual, que presenta la santidad como perfecci\u00f3n o \u201cuni\u00f3n del alma\u201d con Dios. Mientras en el primer caso el Santo acepta el vocabulario t\u00e9cnico de la filosof\u00eda en curso; en el segundo sigue el lenguaje corriente, en el que por sin\u00e9cdoque habitual se toma la parte (alma) por el todo hombre\/persona, o tambi\u00e9n lo principal (alma) por el todo (alma y cuerpo). Los textos a este prop\u00f3sito son abundantes (N 2,1,1; CB 18,4, etc.).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Quien repasa las p\u00e1ginas sanjuanistas se da cuenta sin dificultad de que en ellas predomina el tropo corriente en la tradici\u00f3n espiritual, propio del vocabulario popular. La equivalencia alma-persona es constante. Todo est\u00e1 ordenado y enfocado a guiar \u201cal alma\u201d a la perfecci\u00f3n, es decir, a la \u201cuni\u00f3n con Dios\u201d. El alma es, naturalmente, la persona. Aunque elemental, es importante esta aclaraci\u00f3n, ya que al no tenerla en cuenta se han querido ver misteriosos y extra\u00f1os significados de \u201calma\u201d en la pluma de J. de la Cruz. Se trata de algo absolutamente normal entre los escritores espirituales, especialmente contempor\u00e1neos del Santo. Lo peculiar de su pluma es la conjugaci\u00f3n del tropo corriente con otras figuraciones y s\u00edmbolos. A tener en cuenta, en particular, las siguientes: \u00a0\u201cfortaleza del alma\u201d (S 3,16), la \u201cmonti\u00f1a\u201d (CB 16), \u201cla ciudad y los arrabales\u201d (CB 18), el \u201ccaudal del alma\u201d (CB 28).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Para aclarar la primera y habitual acepci\u00f3n de \u201calma-persona\u201d en determinados momentos recurre J. de la Cruz a la explicaci\u00f3n filos\u00f3fica, normalmente a la de cu\u00f1o aristot\u00e9lico-escol\u00e1stico. Seg\u00fan esa filosof\u00eda, la persona (el alma, por sin\u00e9cdoque) est\u00e1 integrada o compuesta por dos elementos: uno espiritual (el alma) y otro material (el cuerpo). En el lenguaje sanjuanista se designan tambi\u00e9n como porci\u00f3n superior (alma) y porci\u00f3n inferior (cuerpo, sentido); m\u00e1s espiritualmente: parte o porci\u00f3n espiritual y parte o porci\u00f3n sensitiva, sensual (S 1,1,2; 1,2,5; 1,7,2; 2,2,2; N 1,8,1; N 2,23,2, etc.; E. Pacho, <em>La antropolog\u00eda sanjuanista<\/em>, en ES II, 43-85).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Es tan insistente esta formulaci\u00f3n esquem\u00e1tica que da la sensaci\u00f3n de un dualismo en la concepci\u00f3n antropol\u00f3gica del Santo (N 2,23,7). Queda disipada esa impresi\u00f3n si se leen con cuidado los textos sanjuanistas, enfocados en una propuesta funcional y did\u00e1ctica, para analizar y exponer el proceso cat\u00e1rtico y unitivo. La \u00a0purificaci\u00f3n debe afectar al hombre integral, por tanto, a sus componentes fundamentales, que son precisamente dos: el sentido y el esp\u00edritu, el cuerpo y el alma; de ah\u00ed la purificaci\u00f3n sensitiva y espiritual, que sirven de esquema conductor al Santo. Lo importante para \u00e9l es que la purificaci\u00f3n sea \u00edntegra o total; lo secundario, que se analice por separado en cada sector o parte del hombre.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">La reiterada advertencia de que no se realiza la catarsis plena del sentido, mientras no se alcanza tambi\u00e9n la del esp\u00edritu (N 2,3,1; CB 14-15,30), es indicio m\u00e1s que suficiente para comprobar que el Santo acepta la unidad radical del ser humano, por m\u00e1s que mantenga funcional y esquem\u00e1ticamente la dualidad de elementos y funciones. Reafirmando precisamente la necesidad de la catarsis plena y completa el Santo se apelar\u00e1 a la concepci\u00f3n filos\u00f3fica de la unidad radical del hombre, compuesto de cuerpo y alma: \u201cNo est\u00e1 bien hecha la purgaci\u00f3n del alma, porque la principal parte, que es la del esp\u00edritu, sin la cual (por la comunicaci\u00f3n que hay de la una parte a la otra, <em>por raz\u00f3n de ser un solo supuesto<\/em>) tampoco la purgaci\u00f3n sensitiva, aunque m\u00e1s fuerte haya sido, queda acabada y perfecta\u201d (N 2,1,1). Para que no haya duda, J. de la Cruz emplea intencionadamente el t\u00e9rmino t\u00e9cnico: \u201cun solo supuesto\u201d. N\u00f3tese con cuidado la superposici\u00f3n de las dos acepciones de \u201calma\u201d. Se afirma al mismo tiempo que el alma es parte de ese \u201csolo supuesto\u201d, y \u201cparte principal del esp\u00edritu\u201d, es, decir, de s\u00ed misma. Se yuxtaponen el todo y la parte, como en infinidad de textos sanjuanistas, especialmente en el <em>C\u00e1ntico.<\/em><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">No es la \u00fanica ocasi\u00f3n en que el Santo insiste en la unidad radical de la persona, incluso con el tecnicismo escol\u00e1stico de \u201csupuesto\u201d. Para explicar por qu\u00e9 sucede a veces que mientras \u201cel alma, seg\u00fan el esp\u00edritu\u201d (la parte superior), goza de Dios, en el sentido (la parte inferior) siente rebeliones y movimientos sensuales, escribe: \u201cComo <em>estas dos partes son un supuesto<\/em>, ordinariamente participan entrambas de lo que una recibe, cada una a su modo\u201d (N 1,4,2). Dir\u00e1 gr\u00e1ficamente en otro lugar de la misma obra que, cuando se llega a la armon\u00eda, sin esas tensiones, es como si ambas partes estuviesen \u201ccomiendo cada una en su manera de un mismo manjar espiritual en un mismo plato de un <em>solo supuesto y sujeto<\/em>\u201d (N 2,3,1).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Donde con m\u00e1s fuerza se reafirma y defiende la tesis de la unidad es en un texto del <em>C\u00e1ntico <\/em>alusivo tambi\u00e9n a la catarsis, pero en sentido inverso a los de la <em>Noche<\/em>. Asegura J. de la Cruz que cuando a\u00fan no est\u00e1 completa y perfecta la purificaci\u00f3n, las comunicaciones divinas especiales no pueden recibirse en el alma sin que se den repercusiones som\u00e1ticas dolorosas. La raz\u00f3n es precisamente la unidad del supuesto humano. Los \u00a0arrobamientos, \u00e9xtasis y otros fen\u00f3menos m\u00edsticos son tan penosos a veces, \u201cque no hay tormento que as\u00ed descoyunte los huesos y ponga en estrecho al natural\u201d. Parece un contrasentido que algo profundamente espiritual tenga tales consecuencias, por lo que a\u00f1ade el Santo: \u201cY de aqu\u00ed es que ha de padecer la carne y, por consiguiente, el alma en la carne, <em>por la unidad que tienen en un supuesto<\/em>\u201d (CB 13,4). L\u00e9ase con atenci\u00f3n el p\u00e1rrafo citado para ver c\u00f3mo en \u00e9l \u201calma\u201d es unas veces el todo y otras la parte. El concepto de <em>supuesto <\/em>parece atribuido tambi\u00e9n en una ocasi\u00f3n a Dios, para distinguirlo de sus atributos (LlB 3,2).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Con frase gr\u00e1fica J. de la Cruz califica el \u201ccompuesto humano\u201d como \u201curdimbre de esp\u00edritu y carne, que son de muy diferente ser\u201d (LlA 1,25), con lo que alude a su idea de las relaciones entre los dos componentes del ser humano, aleaci\u00f3n de esp\u00edritu y materia. La superaci\u00f3n de la dicotom\u00eda por la unidad radical no impide la distinci\u00f3n de las partes. Aunque la \u201cuni\u00f3n del alma con el cuerpo\u201d corresponda a la unidad del ser (LlB 1,29), J. de la Cruz no va m\u00e1s all\u00e1 en la explicaci\u00f3n de la funci\u00f3n de cada una de las partes. Subyace claramente en su pluma la teor\u00eda de la materia y de la forma, de lo determinante y de lo determinado, pero no llega a formular expl\u00edcitamente la doctrina del \u201calma forma del cuerpo\u201d, tal como aparece en el Concilio de Vienne (Denz n. 902; E. Pacho, <em>El hombre<\/em>, <em>aleaci\u00f3n de esp\u00edritu y materia<\/em>, en ES II, 87-105). Lo que s\u00ed asume formalmente es la infusi\u00f3n del alma en el cuerpo, apel\u00e1ndose precisamente a la filosof\u00eda escol\u00e1stica: \u201cLa causa de esto es porque, como dicen los fil\u00f3sofos, el alma, luego que Dios la infunde en el cuerpo, est\u00e1 como una tabla rasa y lisa en que no est\u00e1 pintado nada\u201d (S 1,3,3). Est\u00e1 en el cuerpo como en una c\u00e1rcel, y los sentidos son las \u201cventanas\u201d para comunicarse con el mundo (ib.).<\/span><\/p>\n<h3><span style=\"font-size: 12pt;\">II. Estructura del alma<\/span><\/h3>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">J. de la Cruz no afronta la definici\u00f3n del alma ni analiza de intento su constituci\u00f3n o estructura. Su pensamiento al respecto queda reflejado en afirmaciones m\u00e1s o menos directas sobre las propiedades y funciones de lo que aparece siempre como el principio radical e intr\u00ednseco de toda actividad humana. Tampoco presentan los escritos sanjuanistas un an\u00e1lisis directo y ordenado de los que se consideran atributos del alma. Abundan, sin embargo, las afirmaciones parciales y aisladas. Son para el Santo presupuestos asumidos sin necesidad de aclaraci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">1. PROPIEDADES. M\u00e1s que afirmaci\u00f3n b\u00e1sica o de principio, la <em>espiritualidad <\/em>del alma es para J. de la Cruz un presupuesto evidente. Aunque en ocasiones parece distinguir entre alma y esp\u00edritu, permanece siempre la contraposici\u00f3n entre el alma-esp\u00edritu y el cuerpo, carne, sentido. El \u201calma en cuanto esp\u00edritu\u201d, o el alma \u201cseg\u00fan el esp\u00edritu\u201d, es la f\u00f3rmula m\u00e1s repetida y expl\u00edcita para afirmar la \u201cespiritualidad\u201d. La misma idea est\u00e1 latente y subyacente en la propuesta (doctrinal y esquem\u00e1tica) que distingue las \u201cpotencias espirituales\u201d del alma, en contraposici\u00f3n a los sentidos corporales, internos y externos. Es, en el fondo, la base para proponer una purificaci\u00f3n espiritual y otra sensitiva, por cuanto la parte espiritual se identifica con el alma. Est\u00e1 igualmente conectada la idea del alma espiritual con la predestinaci\u00f3n a la gloria eterna, que tendr\u00e1 su cumplimiento cuando el alma \u201crompa la tela del dulce encuentro\u201d, es decir, las ataduras del cuerpo (LlB 1,28-31; 3,10; CB 37,1). El recurso m\u00e1s repetido para subrayar la espiritualidad consiste en contraponer la materialidad del cuerpo y sus sentidos al alma y sus potencias, presentando en concreto como espirituales \u00ablas potencias\u201d del alma (S 2,6,6; 2,14,6-7; N 2,3,3; 2,11,4;2,16,1; CB 1415,26; 16,10; LlB 3,69).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Sorprende que J. de la Cruz no afirme nunca expl\u00edcitamente la <em>inmortalidad <\/em>del alma; es m\u00e1s, no usa nunca el sustantivo inmortalidad ni el adjetivo inmortal. Comparte, naturalmente, la doctrina cat\u00f3lica de la inmortalidad, como se comprueba por lo dicho sobre la gloria eterna a que est\u00e1 destinada el alma; de manera m\u00e1s directa cuando habla de la muerte referida \u00fanicamente a la carne-cuerpo. Pide el alma en el <em>C\u00e1ntico <\/em>ser desatada \u201cde la carne mortal para poderle gozar \u2013a Dios\u2013 en gloria de eternidad\u201d (CB 1,2; cf. 8,3; 11,9). La vida mortal es precisamente la separaci\u00f3n de la carne y del alma (S 2,24,2).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Algo semejante sucede con la <em>simplicidad <\/em>del alma, supuesta permanentemente y de manera m\u00e1s expl\u00edcita cuando habla de la comunicaci\u00f3n del ser simplic\u00edsimo de Dios al puro esp\u00edritu, que es el alma. La comunicaci\u00f3n de esp\u00edritu a esp\u00edritu y de sustancia a sustancia excluye cualquier composici\u00f3n o elemento accidental de orden material y cuantitativo (S 2,31-32; N 2,9,3; CB 1415,14; LlB 2,20-22, etc.). Es constante la afirmaci\u00f3n precisa de que el alma es una substancia distinta de todo lo material y de los actos psicol\u00f3gicos que de ella proceden.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Sobre la simplicidad del alma es muy conocido el texto de la <em>Llama: <\/em>\u201cEs de saber que el alma, en cuanto esp\u00edritu, no tiene alto ni bajo, ni m\u00e1s profundo, ni menos profundo en su ser, como tienen los cuerpos cuantitativos; que, pues en ella no hay partes, ni tiene m\u00e1s diferencia dentro que fuera, que toda ella es de una manera y no tiene centro de hondo y menos hondo cuantitativo; porque no puede estar en una parte m\u00e1s ilustrada que en otra, como los cuerpos f\u00edsicos, sino toda en una manera, en m\u00e1s o en menos, como el aire, que todo est\u00e1 de una manera ilustrado y no ilustrado en m\u00e1s o en menos\u201d (LlB 1,10)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">2. LAS POTENCIAS. La simplicidad no impide al autor distinguir en el alma la substancia y las potencias de la misma, no como partes constitutivas, integrales o cuantitativas, sino potestativas, es decir, funcionales. Tal consideraci\u00f3n, de claro cu\u00f1o escol\u00e1stico-tomista, tiene alcance muy amplio en el sistema sanjuanista. El esquema general de la <em>Subida<\/em>, con la purificaci\u00f3n de las tres potencias del alma, arranca precisamente de esta visi\u00f3n (S 2,6,1.6; 2,14,6; 3,1,1, etc.). En el mismo esquema se asientan otros puntos concretos, pero fundamentales dentro del sistema sanjuanista, por ejemplo, la \u201cuni\u00f3n\u201d seg\u00fan la sustancia y seg\u00fan las potencias del alma (S 2,5). Dentro de la misma uni\u00f3n, la comunicaci\u00f3n divina se percibe en la substancia y\/o en las potencias del alma (CB 26,5-7). En la mayor\u00eda de los textos en que se confrontan esquem\u00e1ticamente la substancia y las potencias del alma, J. de la Cruz adopta el lenguaje t\u00e9cnico de la filosof\u00eda escol\u00e1stica, lo que no sucede en otros casos ( S 2,31,3-4; N 2,9,9; CB 14-15,12; 26,11; LlB 1, 17; 1,25; 3,68)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">En bien sabido que J. de la Cruz se aparta del esquema tomista en la enumeraci\u00f3n de las \u201cpotencias\u201d del alma. No es que se pronuncie directa y expl\u00edcitamente sobre el n\u00famero binario o ternario; de hecho, acepta, al menos por conveniencia pr\u00e1ctica y pedag\u00f3gica, tres potencias espirituales: entendimiento, memoria y voluntad, acerc\u00e1ndose a la visi\u00f3n agustiniana. Un indicio suficiente para pensar que el Santo no concede importancia al tema doctrinal de la distinci\u00f3n de las tres potencias proviene de su proceder cuando quiere asignar algo concreto a la memoria al mismo tiempo que a las otras dos potencias, como puede verse en los \u00faltimos textos se\u00f1alados. Es un asunto que tiene incidencia notable en su s\u00edntesis, pero no plantea dificultades especiales en el plano doctrinal, si se except\u00faa el problema de la \u00a0memoria en relaci\u00f3n a la virtud de la \u00a0esperanza.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">3. LA SUSTANCIA. Mayor inter\u00e9s y mayores obst\u00e1culos para su comprensi\u00f3n ofrecen otros aspectos relacionados con la \u201cestructura del alma\u201d. Los dos problemas fundamentales se relacionan con lo que llama \u201csustancia\u201d y \u201csentido\u201d del alma. Es principalmente aqu\u00ed donde J. de la Cruz abandona, por insuficiente, el lenguaje denotativo de la filosof\u00eda y teolog\u00eda escol\u00e1sticas, acogi\u00e9ndose al connotativo de la m\u00edstica. Desde esa \u00f3ptica los t\u00e9rminos adquieren acepciones nuevas y diferentes. Es lo que el propio autor manifiesta en la advertencia copiada arriba sobre la simplicidad del alma \u201cen cuanto esp\u00edritu\u201d (LlB 1,10).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Arrancando de ah\u00ed, es decir, coloc\u00e1ndose en el vocabulario m\u00edstico-figurativo, la sustancia del alma indica dos cosas fundamentales \u00edntimamente conexas entre s\u00ed y que llegan a identificarse en la pr\u00e1ctica. Sustancia es el centro o fondo del ser y, a la vez, la m\u00e1xima capacidad operativa y receptiva del mismo, en este caso, del alma. Se explica as\u00ed: \u201cEn las cosas, aquello llamamos centro m\u00e1s profundo que es a lo que m\u00e1s puede llegar su ser y virtud y la fuerza de su operaci\u00f3n y movimiento, y no puede pasar de all\u00ed\u201d. Es lo que sucede, prosigue el Santo, con el fuego y la piedra en su movimiento natural a su centro (s\u00edmil repetido en el CB 12,1; 17,1). Ahora bien, razona J. de la Cruz: \u201cEl centro del alma es Dios, al cual cuando ella hubiere llegado seg\u00fan toda la capacidad de su ser y seg\u00fan la fuerza de su operaci\u00f3n e inclinaci\u00f3n, habr\u00e1 llegado al \u00faltimo y m\u00e1s profundo centro suyo, que es Dios, que ser\u00e1 cuando con todas sus fuerzas entienda, ame y goce a Dios\u201d (LlB 1,12; cf. CB 1,6-14).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">El alma tiende a Dios, como el fuego al alto y la piedra al centro o profundo; agota su capacidad cuando se une con \u00e9l, que es su fondo, porque ah\u00ed mora y habita. \u201cEn el centro y fondo del alma, que es la pura e \u00edntima sustancia de ella\u201d mora Dios \u201ccomo solo Se\u00f1or de ella\u201d (LlB 4,3). Por eso la \u201cendivinaci\u00f3n\u201d, seg\u00fan expresi\u00f3n sanjuanista (LlA 2,18), es plena cuando Dios embiste \u201cendiosando la sustancia del alma, haci\u00e9ndola divina, en lo cual absorbe al alma sobre todo ser a ser de Dios\u201d (LlB 1,35; cf. CB 26,10; 27,7; LlB 1,35; 2,3). El Santo no se detiene ante afirmaciones tan atrevidas, porque tiene ideas claras y sabe evitar cualquier confusi\u00f3n pante\u00edsta. No hay identificaci\u00f3n posible con Dios. Al momento de aclararlo se encuentran armoniosamente el lenguaje teol\u00f3gico y el m\u00edstico: \u201cY la sustancia de esta alma, aunque no es sustancia de Dios, porque no puede convertirse en \u00e9l\u201d, pero estando unida con \u00e9l participa de su ser lo que es posible en esta vida (LlB 2,34).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Al hilo del vocabulario m\u00edstico, y por semejanza, puede hablar tambi\u00e9n de la \u201csustancia sensitiva\u201d, para indicar lo m\u00e1s profundo del cuerpo y del sentido, \u201clos huesos y m\u00e9dulas\u201d (LlB 2,22). La capacidad connotativa de tal lenguaje permite hablar indistintamente de \u201clas espirituales y sustanciales venas del alma, seg\u00fan su potencia y fuerza\u201d \u2013de lo material a lo espiritual\u2013 (LlB 2,10), y de la purificaci\u00f3n del alma \u201cseg\u00fan la sustancia sensitiva y espiritual y seg\u00fan las potencias interiores y exteriores\u201d \u2013de lo espiritual a lo sensitivo\u2013 (N 2,6,4). Por estar los h\u00e1bitos viciosos \u201cmuy arraigados en la sustancia del alma\u201d, la pena y el vac\u00edo que produce su purificaci\u00f3n se siente en \u201cla sustancia del alma sensitiva y espiritual\u201d (ib. nn. 5-6). Al sentirse en \u201cla sustancia del esp\u00edritu, parecen tinieblas sustanciales\u201d (N 2,9,3). Semejante polisemia de \u201csustancia\u201d s\u00f3lo es posible y aceptable en el lenguaje m\u00edstico. El referente que unifica todas las acepciones y aplicaciones es fundamentalmente el mismo: sustancia es lo m\u00e1s \u00edntimo y radical del ser, tanto referido al esp\u00edritu como al sentido. En esta \u00f3ptica hay que colocar tambi\u00e9n la expresi\u00f3n correlativa a \u201csustancia sensitiva\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">4. SENTIDO DEL ALMA. Lo que, a primera vista, resultar\u00eda contradictorio en el lenguaje de la filosof\u00eda sanjuanista, se vuelve normal en el \u00e1mbito de su m\u00edstica. En plan filos\u00f3fico (con aplicaciones puntuales), J. de la Cruz contrapone \u201csentido-sensitivo\u201d a \u201cesp\u00edritual-alma\u201d. Los sentidos, tanto interiores como exteriores, son algo propio del cuerpo, mientras las potencias espirituales lo son del alma. Se trata de una distinci\u00f3n elemental y fundamental dentro de todo el sistema que sirve de soporte a la pedagog\u00eda sanjuanista, seg\u00fan lo indicado arriba&#8230;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Cuando el Santo se adentra en el secreto escondrijo de la m\u00edstica quiebra ese esquema y todo se vuelve aparentemente desconcertante. No es \u00fanicamente que J. de la Cruz retome la tradici\u00f3n espiritual, que traslada anal\u00f3gica o metaf\u00f3ricamente al plano espiritual (del alma) sensaciones similares a las experimentadas por los sentidos espirituales: ver, sentir, oler, gustar, tocar el alma a semejanza de lo que sucede en el cuerpo. Este recurso literario, como veh\u00edculo de la inefabilidad m\u00edstica, es permanente en la pluma del Santo, como en otros autores espirituales anteriores y posteriores. El no se contenta con esto; va m\u00e1s all\u00e1, estableciendo \u00edntima relaci\u00f3n entre la \u201csustancia\u201d del alma y los \u201csentidos\u201d de la misma.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Simbolizada la capacidad receptiva del alma en \u201clas profundas cavernas del <em>sentido<\/em>\u201d, \u00e9ste se transforma en algo radicalmente espiritual. A ciertos niveles de la uni\u00f3n con Dios, los toques o ung\u00fcentos del Esp\u00edritu Santo \u201cson ya tan sutiles y de tan delicada unci\u00f3n, que, penetrando ellos la \u00edntima sustancia del fondo del alma, la disponen y saborean de manera que el padecer y desfallecer en deseo con inmenso vac\u00edo de estas cavernas, es inmenso\u201d (LlB 3,68). En conformidad con las disposiciones, \u201cel primor de la posesi\u00f3n del alma y fruici\u00f3n <em>de su sentido<\/em>\u201d, ser\u00e1 mayor o menor (ib.).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Como si el Santo hubiese padecido escr\u00fapulos al usar el t\u00e9rmino \u201csentido\u201d, a\u00f1ade: \u201cPor el sentido del alma entiende aqu\u00ed la virtud y fuerza que tiene la sustancia del alma para sentir y gozar los objetos de las potencias espirituales con que gusta la sabidur\u00eda y amor y comunicaci\u00f3n de Dios\u201d (LlB 3,69). Seg\u00fan tal explicaci\u00f3n, \u201cel sentido del alma\u201d no es otra cosa que su capacidad de percibir \u201clos objetos de las potencias espirituales\u201d. Traducido al vocabulario t\u00e9cnico, esto lleva a una identificaci\u00f3n del \u201csentido del alma\u201d con sus potencias espirituales, ya que el Santo asume y acoge la teor\u00eda seg\u00fan la cual las potencias se especifican por el objeto propio de su actuaci\u00f3n. Queda aqu\u00ed patente el salto de la m\u00edstica a la teolog\u00eda, pero yuxtaponi\u00e9ndose de forma arm\u00f3nica e inveros\u00edmil a la vez.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">A rengl\u00f3n seguido, a\u00f1ade J. de la Cruz: \u201cY por eso a estas potencias, memoria, entendimiento y voluntad, las llama el alma &#8230; cavernas del sentido profundas, porque por medio de ellas y en ellas siente y gusta el alma profundamente las grandezas de la sabidur\u00eda y excelencias de Dios &#8230; Todas las cuales cosas se reciben y asientan en <em>este sentido del alma<\/em>, que, como digo, es la virtud y capacidad que tiene el alma para sentirlo, poseerlo y gustarlo todo, administr\u00e1ndoselo las cavernas de las potencias\u201d (ib.). Ni identificaci\u00f3n radical ni distinci\u00f3n real entre \u201cpotencias\u201d y \u201csentido del alma\u201d. La ambig\u00fcedad aparente del lenguaje simb\u00f3lico (centrado en las \u201cprofundas cavernas\u201d) trata de aclararla el fil\u00f3sofo con la siguiente explicaci\u00f3n: \u201cAs\u00ed como al sentido com\u00fan de la fantas\u00eda acuden con las formas de sus objetos los sentidos corporales, y \u00e9l es recept\u00e1culo y archivo de ellas\u201d, as\u00ed el sentido del alma en relaci\u00f3n a las potencias. \u201cPor lo cual \u2013concluye\u2013 <em>este sentido com\u00fan del alma<\/em>, que est\u00e1 hecho recept\u00e1culo y archivo de las grandezas de Dios, est\u00e1 tan ilustrado y tan rico, cuanto alcanza de esta alta y esclarecida posesi\u00f3n\u201d (LlB 3,69). M\u00e1s que explicaci\u00f3n filos\u00f3ficamente v\u00e1lida, es ilustraci\u00f3n pedag\u00f3gica del lenguaje m\u00edstico, tan sugerente como arbitrario. Es claro que el Santo (cf. S 2,12 y 3,7) asume en su explicaci\u00f3n filos\u00f3fica la teor\u00eda tomista del \u201csentido com\u00fan\u201d distinto de los otros internos (S. Tom\u00e1s, 1,78,4; <em>Contra gent<\/em>. 2,65). La lectura de estos textos exige especial atenci\u00f3n, so pena de atribuirles contenidos inexistentes.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Habr\u00eda que aludir a otras expresiones sanjuanistas \u00edntimamente relacionadas con el alma, sus potencias y su sustancia, paro las se\u00f1aladas parecen ser las de mayor alcance y especial dificultad. El contexto general y el inmediato permiten captar los significados atribuidos a los vocablos m\u00e1s pr\u00f3ximos al \u201calma\u201d. Entre ellos destacan por su frecuencia: \u00e1nimo, \u00a0esp\u00edritu y sujeto del alma. Todos ellos reciben distintas acepciones en la pluma del Santo, pero lo m\u00e1s corriente es hacerlos sin\u00f3nimos de \u201calma\u201d. El primero indica unas veces <em>valent\u00eda<\/em>, decisi\u00f3n, en sentido de \u201ctener \u00e1nimo\u201d (S 3,28,7); otras, armon\u00eda o serenidad interior, lo que se aplica al alma, pero sustituyendo su empleo por \u201c\u00e1nimo\u201d. El Santo habla del \u201cdolor y aflicci\u00f3n del \u00e1nimo\u201d (S 2,27,2); del gozo \u201cde la tranquilidad y paz del \u00e1nimo\u201d (S 2,6,2); de \u201cla tranquilidad del \u00e1nimo y paz en todas las cosas\u201d (S 3,6,5), etc. Tambi\u00e9n es m\u00e1s normal la identificaci\u00f3n entre \u201calma\u201d y \u201csujeto del alma\u201d, entendiendo por ambos la persona o \u201csupuesto humano\u201d. En el fondo, \u201csujeto del alma\u201d (de uso casi exclusivo en la <em>Noche<\/em>) resulta ser simple expresi\u00f3n pleon\u00e1stica por sujeto o supuesto (N 2,3,1; 2,5,4; 2,6,1).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">M\u00e1s compleja es la polisemia de \u201cesp\u00edritu\u201d, pero en su acepci\u00f3n m\u00e1s general resulta ser sin\u00f3nimo de alma. Con mucha frecuencia ambos sustantivos se juntan y yuxtaponen pleon\u00e1sticamente resultando el \u201cesp\u00edritu del alma\u201d, el \u201calma en cuanto esp\u00edritu\u201d y otras muchas formas equivalentes. La aproximaci\u00f3n queda tambi\u00e9n patente en sintagmas como \u00e9stos: \u201ccoraz\u00f3n del esp\u00edritu\u201d (Ll 2,8), \u201centra\u00f1as del esp\u00edritu\u201d (N 2,22,6), \u201csustancia del esp\u00edritu\u201d (S 2,17,3-4), etc. Puede sustituirse esp\u00edritu por alma sin alterar el sentido ni el contenido. En los escritos sanjuanistas apenas se insin\u00faa una acepci\u00f3n que establezca distinci\u00f3n entre alma, esp\u00edritu y mente, como en algunos m\u00edsticos anteriores. No cita nunca el texto de la carta a los Hebreos (4,12) que suele ser la referencia obligada. En algunos casos, queriendo el Santo ponderar la fino, agudo y penetrante de la experiencia m\u00edstica o de la catarsis, estira el lenguaje como si el \u201cesp\u00edritu\u201d fuese lo m\u00e1s \u00edntimo y rec\u00f3ndito del alma (N 2,23,5-5; LlB 1,6.9; 2,8, etc.). No parece que la \u201csustancia del esp\u00edritu\u201d (LlB 2,22.28) sea distinta de la \u201csustancia del alma\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">La radiante visi\u00f3n sanjuanista describe un c\u00edrculo maravilloso que va desde que Dios predestin\u00f3 al alma \u201ca la gloria esencial desde el d\u00eda de la eternidad\u201d (CB 38,2) hasta que \u201crompe la tela\u201d y se produce el \u201cdulce encuentro\u201d. Entre tanto, el alma vive en tensi\u00f3n esperando y ansiando la consumaci\u00f3n perfecta del \u00a0\u201cmatrimonio espiritual con la beat\u00edfica vista\u201d. Esta es la que pide el alma que, \u201caunque es verdad que en este estado tan alto \u2013de perfecci\u00f3n\u2013 est\u00e1 el alma tanto m\u00e1s conforme y satisfecha cuanto m\u00e1s transformada en amor y para s\u00ed ninguna cosa sabe, ni acierta a pedir, sino para su Amado &#8230; porque vive en esperanza todav\u00eda, en que no se puede dejar de sentir vac\u00edo, tiene tanto de gemido, aunque suave y regalado, cuanto le falta para la acabada posesi\u00f3n de la adopci\u00f3n de hijos de Dios, donde, consum\u00e1ndose en gloria, se quietar\u00e1 su apetito\u201d (LlB 2,27).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">BIBL. \u2014 HENRI SANSON, <em>L\u2019 Eprit humain selon saint Jean de la Croix<\/em>, Par\u00eds 1953, ed. Espa\u00f1ola 1962; NAZARIO DE SANTA TERESA, <em>Filosof\u00eda de la m\u00edstica<\/em>, Madrid, Studium, 1953, p. 142-170; FERNANDO URBINA, <em>La persona humana en san Juan de la Cruz, <\/em>Madrid, 1956; EULOGIO PACHO, <em>Antropolog\u00eda sanjuanista, <\/em>en <em>MteCarm <\/em>69 (1961) 47-90 y en ES II, ; Id. <em>El hombre, aleaci\u00f3n de esp\u00edritu y materia<\/em>\u201d, en ES II, 87-105.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\"><em>Eulogio Pacho<\/em><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lo mismo otros t\u00e9rminos, como \u00a0amor, Dios, hombre, sentido, etc., \u201calma\u201d se repite en todas las p\u00e1ginas sanjuanistas. Corresponde a una de las realidades fundamentales, presentes siempre en el discurso del autor. 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