{"id":3049,"date":"2015-01-08T11:54:06","date_gmt":"2015-01-08T17:54:06","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3049"},"modified":"2021-01-08T11:59:47","modified_gmt":"2021-01-08T17:59:47","slug":"afectos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3049","title":{"rendered":"Afectos"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Al acercarnos a la obra de J. de la Cruz desde este tema espec\u00edfico de los afectos, entramos en un vasto campo sem\u00e1ntico, y en una amplia \u00e1rea de su magisterio y su pedagog\u00eda espirituales. Los afectos al igual que los apetitos, deseos y \u00a0pasiones tienen su ra\u00edz en la voluntad, pues de ella nacen y en ella convergen todas las energ\u00edas del ser humano (S 3,16,2). \u201cAfectos\u201d, \u201cafecciones\u201d y \u201caficiones\u201d forman en la obra sanjuanista la tr\u00edada que pone de relieve lo referente a la vida afectiva. Estos tres t\u00e9rminos, muchas veces son equivalentes e intercambiables en el lenguaje sanjuanista. No se trata de realidades distintas sino de matices dentro de la misma realidad. Las cuatro pasiones del alma son consideradas como afecciones y aficiones (S 3,16,2). Afecci\u00f3n es estar afectado por algo; la afici\u00f3n va m\u00e1s en la l\u00ednea de apego, (asimiento, propiedad de algo o de alguien). El afecto surge en la voluntad, pero por influencia de la parte intelectiva-cognoscitiva. Se podr\u00eda definir como sentimiento intenso en relaci\u00f3n a un objeto que se percibe como un bien o lo obstaculiza.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Por lo dem\u00e1s, el tema se abre a un contexto inmediato muy amplio, del cual forma una parte significativa y central: se trata de todo el \u00e1mbito que gira en torno a la voluntad, potencia del \u00a0esp\u00edritu humano a la que el Santo dedica una particular atenci\u00f3n y a la que otorga una significativa importancia en todo su planteamiento de vida espiritual.<\/span><\/p>\n<h3><span style=\"font-size: 12pt;\">I. Enfoque global<\/span><\/h3>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">J. de la Cruz contempla siempre al hombre a la luz de su vocaci\u00f3n \u00faltima de comuni\u00f3n personal con Dios (\u201cpara este fin de amor fuimos criados\u201d: CB 29,3). Es para \u00e9l del todo inconcebible el plantear cualquier tema que afecte a la persona humana si no es desde esta dimensi\u00f3n trascendente y teologal, en la que el ser humano descubre el verdadero sentido de su existencia y alcanza su perfecci\u00f3n personal. Al afrontar el tema de la afectividad humana, el Santo lo har\u00e1 dentro del contexto global de la concepci\u00f3n antropol\u00f3gica que \u00e9l maneja, desde la perspectiva de la voluntad como potencia humana, y en funci\u00f3n del proyecto global de la existencia humana llamada y conducida a la \u201cuni\u00f3n con Dios\u201d como meta y realizaci\u00f3n supremas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Ante este tel\u00f3n de fondo, es evidente que para J. de la Cruz la afectividad humana se expresa y se desarrolla en la verdad solamente en la medida en que est\u00e9 orientada radicalmente hacia Dios, integrada en la orientaci\u00f3n teologal de la existencia humana que realiza la virtud de la caridad (S 3, cap.16). Fuera de esta orientaci\u00f3n teologal, la afectividad humana se dispersa, se desordena, y compromete seriamente la realizaci\u00f3n de la persona.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Todo esto significa que para el Santo es de capital importancia el tener unos criterios v\u00e1lidos desde los cuales poder hacer en cualquier momento un discernimiento afectivo con objetividad. En N 1,4,7 nos ofrece una pista significativa para hallar tales criterios de discernimiento: el efecto que la \u201cafici\u00f3n\u201d concreta pueda tener sobre la relaci\u00f3n directa con Dios, favoreciendo la memoria de Dios y su amor o, por el contrario, llevando al olvido de Dios y al distanciamiento afectivo respecto a \u00e9l. Siempre, en definitiva, el criterio versar\u00e1 en \u00faltima instancia sobre la relaci\u00f3n del hombre con Dios, en la cual se decide la verdad del hombre.<\/span><\/p>\n<h3><span style=\"font-size: 12pt;\">II. Desorden afectivo e inmadurez espiritual<\/span><\/h3>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Es realista J. de la Cruz. Y se dirige siempre al hombre real y concreto, situado en sus circunstancias y condicionamientos. Un hombre marcado por el \u00a0pecado y sus consecuencias. La m\u00e1s importante, entre ellas, el deterioro de su equilibrio personal desde una concupiscencia desordenada. El Santo considera que el orden o desorden afectivos son los condicionamientos b\u00e1sicos de los que brotan, como de su fuente m\u00e1s genuina, las virtudes o los vicios humanos. As\u00ed, de alguna manera, la instancia afectiva es decisiva de cara a la orientaci\u00f3n global de la existencia del hombre respecto de su vocaci\u00f3n teologal: \u201cDe estas afecciones nacen al alma todos los vicios e imperfecciones que tiene cuando est\u00e1n desenfrenadas, y tambi\u00e9n todas sus virtudes cuando est\u00e1n ordenadas y compuestas\u201d (S 3, 16, 5). De las afecciones desordenadas, en efecto, \u201cnacen los apetitos, afectos y operaciones desordenadas, de donde le nace tambi\u00e9n no guardar toda su fuerza a Dios\u201d (S 3,16,2).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">El desorden nace precisamente cuando el hombre no orienta todos sus afectos hacia su verdadero fin \u00faltimo, que es Dios, sino que los dispersa en las \u201ccriaturas\u201d, en lenguaje sanjuanista en \u201ctodo lo que no es Dios\u201d. Resulta muy significativo, a este respecto, el planteamiento del Santo en la Carta 13 (a un religioso carmelita descalzo: Segovia, 14.4.1589). El apego afectivo a las \u00a0criaturas empa\u00f1a y disminuye la realidad misma del hombre, pues \u201cla afici\u00f3n y asimiento que \u00a0el alma tiene a la criatura iguala a la misma alma con la criatura, y cuanto mayor es la afici\u00f3n, tanto m\u00e1s la iguala y hace semejante\u201d (S 1,4,3). Y as\u00ed, si el ser de las criaturas es como nada delante del infinito ser de Dios, \u201cel alma que en \u00e9l pone su afici\u00f3n, delante de Dios tambi\u00e9n es nada, y menos que nada\u201d (S 1,4,4).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Se\u00f1ala adem\u00e1s el Santo c\u00f3mo tales aficiones causan \u201cceguera\u201d, que priva al hombre de la luz divina (S 1, 8,6; LlB 3,76) y de la \u00a0capacidad humana de juzgar y razonar con objetividad: \u201cy as\u00ed, la raz\u00f3n y juicio no quedan libres, sino anublados con aquella afici\u00f3n\u201d (S 3,22,2), pues, como dir\u00e1 en la <em>Noche oscura<\/em>, estos apetitos y afecciones \u201cde suyo embotan y ofuscan el \u00e1nima\u201d (N 1,13,4). Deja constancia, igualmente del \u201cestrago y fealdad que estas desordenadas afecciones causan en el alma\u201d (S 1,9,2), y c\u00f3mo \u201cseg\u00fan las aficiones y gozos de las cosas, est\u00e1 el alma alterada e inquieta\u201d (Ct a un religioso carmelita descalzo: Segovia, 14.4.1589).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Lo que m\u00e1s le duele al Santo de todo esto es ver c\u00f3mo queda comprometida la vocaci\u00f3n teologal del hombre a la comuni\u00f3n con Dios, raz\u00f3n \u00faltima de su existencia, y \u00fanica posibilidad de realizaci\u00f3n plena. Las aficiones de criaturas \u201cson impedimento y privaci\u00f3n de la \u00a0transformaci\u00f3n en Dios\u201d, y as\u00ed \u201cno podr\u00e1 comprehender a Dios el alma que en criaturas pone su afici\u00f3n\u201d (S 1,4,3). Habla al respecto el Santo de \u201cdistancia\u201d de Dios (S 1,5,1), de \u201cfaltar a Dios\u201d (S 3,18,1), de \u201coposici\u00f3n y resistencia\u201d a Dios (S 1,6,4), de \u201cindisposici\u00f3n\u201d para la \u00a0uni\u00f3n (S 2,5,4), realidades todas que bloquean el camino espiritual y as\u00ed \u201cnunca van adelante, ni llegan a puerto de perfecci\u00f3n\u201d (S 1,11,4).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Podemos concluir con esta queja del Santo: \u201cSi los \u00a0da\u00f1os que al alma cercan por poner el afecto de la voluntad en los bienes temporales hubi\u00e9semos de decir, ni tinta ni papel bastar\u00eda, y el tiempo ser\u00eda corto\u201d, y contin\u00faa poco m\u00e1s adelante: \u201cTodos estos da\u00f1os tienen ra\u00edz y origen en un da\u00f1o privativo principal &#8230; que es apartarse de Dios &#8230; as\u00ed apart\u00e1ndose de \u00e9l por esta afecci\u00f3n de criatura, dan en ella todos los da\u00f1os y males a la medida del gozo y afecci\u00f3n con que se junta con la criatura, porque esto es el apartarse de Dios\u201d (S 3,19,1). En realidad, todo este cap\u00edtulo 19 es una viva descripci\u00f3n del deterioro que produce en el hombre este extrav\u00edo afectivo.<\/span><\/p>\n<h3><span style=\"font-size: 12pt;\">III. Crisis \u201cafectiva\u201d durante la noche oscura<\/span><\/h3>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Uno de los principios irrenunciables de J. de la Cruz es la necesidad radical que, de hecho, tiene el hombre de atravesar un proceso integral de purificaci\u00f3n para poder llegar a la \u00a0uni\u00f3n con Dios. En la aplicaci\u00f3n de este principio al tema concreto de los afectos el Santo arranca de una contraposici\u00f3n b\u00e1sica, fundada en la total incompatibilidad de afectos, afirmando que \u201cafici\u00f3n de Dios y afici\u00f3n de criatura son contrarios, y as\u00ed, no caben en una voluntad afici\u00f3n de criatura y afici\u00f3n de Dios\u201d (S 1,6,1). Para entender correctamente el planteamiento sanjuanista es preciso tener en cuenta que se trata de incompatibilidad entre afectos que tienden a ocupar por entero la voluntad humana y determinar as\u00ed la orientaci\u00f3n radical y global de la persona. Desde esa exigencia de totalidad que conlleva la vocaci\u00f3n teologal del hombre, insiste el Santo en \u201cc\u00f3mo tambi\u00e9n se ha de enterar la voluntad en la carencia y desnudez de todo afecto para ir a Dios\u201d (S 2,6,1), y es que, efectivamente, la voluntad s\u00f3lo se puede \u201centerar\u201d (hacer entera) en la unificaci\u00f3n unidireccional de sus potencialidades. Equivale sustancialmente a decir que \u201cla caridad nos obliga a amar a Dios sobre todas ellas (las cosas), lo cual no puede ser sino apartando el afecto de todas ellas para ponerle entero en Dios\u201d (S 2,6,4).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">No nos debe, pues, extra\u00f1ar que el planteamiento sanjuanista, desde tales presupuestos, sea radical-mente exigente cuando dice: \u201cConviene que para que la voluntad pueda venir a sentir y gustar por uni\u00f3n de amor esta divina afecci\u00f3n y deleite &#8230; sea primero purgada y aniquilada en todas sus afecciones y sentimientos\u201d (N 2,9,3). Esta \u201cconveniencia\u201d, en realidad, se convierte en una \u201cexigencia\u201d inexcusable; \u201cporque una sola afici\u00f3n que tenga o particularidad a que est\u00e9 el esp\u00edritu asido actual o habitualmente basta para no sentir ni gustar ni comunicar la delicadez e \u00edntimo sabor del esp\u00edritu de amor\u201d (N 2,9,1). La conclusi\u00f3n es clara: \u201cAs\u00ed no puede llegar a gustar los deleites del esp\u00edritu de libertad, seg\u00fan la voluntad desea, el esp\u00edritu que estuviere afectado con alguna afici\u00f3n actual o habitual o con particulares inteligencias o con cualquier otra aprehensi\u00f3n\u201d (N 2,9,2). Es decir, es del todo necesaria una purificaci\u00f3n a fondo del dinamismo afectivo de la persona, para poderse integrar arm\u00f3nicamente en un proyecto de vida teologal que unifique y oriente al hombre en su integridad hacia Dios. Purificaci\u00f3n que se realiza solamente en la \u00a0\u201cnoche oscura\u201d, tan magistralmente descrita por nuestro Santo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Ya al tratar de la noche del sentido, se\u00f1ala fray Juan que se trata de \u201csalir\u201d o de \u201cvaciarse\u201d de todas las cosas y de uno mismo \u201cseg\u00fan la afecci\u00f3n\u201d (N 1, decl. 1; N 1,11,4; CB 1, 6), o \u201cseg\u00fan el afecto\u201d (S 2,4,2). Se trata, pues, de un proceso vivido desde la instancia afectiva de la persona. M\u00e1s adelante, al tratar de la noche del esp\u00edritu, \u201chorrenda y espantable\u201d (N 1,8,2), se\u00f1alar\u00e1 como una de sus notas caracter\u00edsticas, el bloqueo afectivo que el alma siente frente a Dios, lo que le produce un profundo y doloroso desconcierto: \u201cHay aqu\u00ed otra cosa que al alma aqueja y desconsuela mucho, y es que, como esta oscura noche le tiene impedidas las potencias y afecciones, ni puede levantar afecto ni mente a Dios, ni le puede rogar\u201d (N 2,8,1).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Es igualmente interesante notar la variedad de verbos con que J. de la Cruz se\u00f1ala la incidencia de la purificaci\u00f3n de la \u201cnoche oscura\u201d en el campo de los afectos y afecciones. Su simple enumeraci\u00f3n nos presenta un ampl\u00edsimo campo sem\u00e1ntico, en el que se dan cita m\u00faltiples matices. Los verbos que aparecen son: abstraer (N 2,8,2), adormecer (N 2,15,1), aniquilar (N 2,4,2; 6,2; 8,2; 8,5; 9,3; 21,11; LlB 3, 47), apagar (S 2,6,5; N 1,11, 4; N 2,15,1; 16,2; 23,12), apretar (N 2,13,11; 16,7), cegar (S 2,6,5), cesar (CB 20,10), consumir (N 2,6,5), curar (N 2,13,11), desasir (LlB 3,51), deshacer (N 2,6,5), desnudar (N 2,3,3; 6,1; 9,1), destetar (N 2,16,13), enjugar (N 2,13,11; 23,12), empobrecer (N 2,9,1), impedir (N 2,8,1), limpiar (N 2,7,5; 13,11; LlB 3,18), mortificar (N 2,15,1; LlB 1,29), oscurecer (N 2,8,2), privar (N 2,8,4), purgar (S 3,16,2; 16,3; N 1,11,2; 13,11; N 2,6,5; 7,5; 8,5; 9,3; LlB 3,18; 3,25), purificar (N 2,6,5), salir (N 1,13,14), secar (N 2,16,7), sosegar (N 2,4,2; CB 20,10), vaciar (N 2,6,5; 8,2; 9,1; 21,11; LlB 3,18; 3,51).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Al final del proceso purificativo de la noche oscura, como fruto cuajado de la misma, constata el Santo una radical renovaci\u00f3n y transformaci\u00f3n de la afectividad de la persona. Ha madurado espiritualmente en su esfera afectiva, y tanto su voluntad como sus afectos son ahora, no ya humanos, sino \u201cdivinos\u201d (S 3,16,3; N 2,4, 2; 9,2; 9,3; 13,11; CB 1,18). Se trata de una verdadera \u201cconmoci\u00f3n\u201d, \u201crenovaci\u00f3n\u201d, \u201cmudanza\u201d (CB 1,18; N 2,4, 2; 13,11), de tal manera que el \u201cafecto natural\u201d se ha trocado en \u201cafecto divino\u201d bajo la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo (LlB 2,34).<\/span><\/p>\n<h3><span style=\"font-size: 12pt;\">IV. Orientaci\u00f3n teologal de la afectividad humana<\/span><\/h3>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">J. de la Cruz no es un enemigo de la afectividad humana. Por el contrario, para \u00e9l la afectividad es parte privilegiada de la riqueza personal del hombre, dimensi\u00f3n irrenunciable que, purificada y ordenada rectamente, debe integrarse en su orientaci\u00f3n teologal a Dios (S 3,16; N 2,11,3-4; CB 28; CB 40). El ideal sanjuanista coincidir\u00e1 con el pleno cumplimiento del mandamiento primero y principal: \u201cLa caridad &#8230; nos obliga a amar a Dios sobre todas las cosas, lo cual no puede ser sino apartando el afecto de todas ellas, para ponerle entero en Dios\u201d (S 2,6, 4; cf. S 3,16). \u201cEntero en Dios\u201d, es como el afecto humano se realiza plenamente en la verdad; s\u00f3lo entonces la voluntad \u201ctoda ella con sus afectos se emplea en amar a Dios\u201d (Ct a un religioso carmelita descalzo: Segovia, 14.4.1589), \u201cporque ya est\u00e1 sola y libre de otras afecciones\u201d (CB 35,5).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Se\u00f1ala el Santo, adem\u00e1s, c\u00f3mo alcanzada esta madurez espiritual, la afectividad humana, junto con todo el potencial cognoscitivo y operativo del alma, se inclina a Dios como espont\u00e1neamente, \u201cde prima instancia\u201d (CB 28,5; cf. CB 27,7). Y es que la virtud sobrenatural de la caridad teologal ha informado plenamente la voluntad humana, y es la que la orienta y mueve ya desde Dios y hacia Dios, y as\u00ed, todo afecto es ya \u201cafecto de amor\u201d (CB 1,8), \u201cafecto sabroso de amor\u201d (CB 25,2), o \u201cafecto amoroso\u201d (S 3,15,1); igualmente, sus afecciones son \u201cafecciones de amor\u201d (N 2,9, 3; CB 1,10; 1,13; 11,4), o \u201cafecciones de alto amor\u201d (CB 20,2). Ya hab\u00eda se\u00f1alado el Santo c\u00f3mo \u201cno todos los afectos y deseos van hasta Dios, sino los que salen de verdadero amor\u201d (CB 2,2).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\"><em>Conclusiones<\/em><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">J. de la Cruz, que ha pasado a la historia como un consumado maestro de los caminos del Esp\u00edritu, propone claramente el horizonte espiritual del hombre y su meta final, pero partiendo siempre de la situaci\u00f3n concreta y real del ser humano, al que se acerca para acompa\u00f1arlo en el duro y dif\u00edcil camino de reconstrucci\u00f3n personal y de progreso hacia su vocaci\u00f3n \u00faltima, que es Dios, vivido en comuni\u00f3n de amor teologal.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">El Santo no desprecia ni tiene en menos la dimensi\u00f3n afectiva del ser humano. Antes, al contrario, reconoce en ella uno de los resortes nucleares de la persona, decisivo a la hora de dar a la existencia humana su aut\u00e9ntica orientaci\u00f3n. La afectividad es, pues, buena. Lo que no quiere decir que se encuentre siempre bien orientada. Bajo el influjo del pecado y de sus consecuencias, el desorden ha invadido pr\u00e1cticamente todas las dimensiones del hombre, entre ellas la afectividad.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">La pedagog\u00eda de J. de la Cruz consistir\u00e1 en ayudar al hombre a caer en la cuenta de su situaci\u00f3n real; en presentarle de modo atrayente su verdadera vocaci\u00f3n teologal y, con ella, su posibilidad de alcanzar en la comuni\u00f3n amorosa con Dios su plena estatura humana; en acompa\u00f1arlo pacientemente a lo largo de un trabajoso proceso de purificaci\u00f3n, de reorientaci\u00f3n, de integraci\u00f3n personal, a fin de que pueda alcanzar as\u00ed su pleno desarrollo humano en Dios. No se trata de aniquilar el afecto como estructura ontol\u00f3gica del ser humano sino de liberarlo de la carga de ego\u00edsmo y desorden para enderezarlo hacia Dios y las criaturas, pero con una nueva forma de quererlos, que es divina: \u201cY la voluntad &#8230; ahora ya se ha trocado en vida de amor divino, porque ama altamente con afecto divino, movida por la fuerza y virtud del Esp\u00edritu Santo, en que ya vive vida de amor\u201d (LlB 2,34). El paso por la noche oscura hace que \u201ctodas las fuerzas y afectos del alma &#8230; se renuevan en temples y deleites divinos\u201d (N 2,4,2).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">El trazado sanjuanista va as\u00ed, desde un desorden afectivo que cierra al hombre en el angosto l\u00edmite de su estrechez humana, hasta un pleno despliegue de la afectividad en la orientaci\u00f3n integral y armoniosa de todo el caudal humano hacia la comuni\u00f3n de amor que Dios permanentemente le brinda en gratuidad condescendiente. No est\u00e1 de m\u00e1s recordar al respecto su breve Epistolario, son los escritos donde el Santo expresa con frecuencia sus sentimientos y afectividad hacia las personas. Suponemos que fray Juan al expresarse as\u00ed lo hac\u00eda teniendo sus afectos renovados e integrados tal como nos dice en sus obras.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\"><em>Miguel F. de Haro Iglesias<\/em><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Al acercarnos a la obra de J. de la Cruz desde este tema espec\u00edfico de los afectos, entramos en un vasto campo sem\u00e1ntico, y en una amplia \u00e1rea de su magisterio y su pedagog\u00eda espirituales. 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