{"id":3065,"date":"2015-01-09T10:43:32","date_gmt":"2015-01-09T16:43:32","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3065"},"modified":"2021-01-09T10:50:24","modified_gmt":"2021-01-09T16:50:24","slug":"evangelio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3065","title":{"rendered":"EVANGELIO"},"content":{"rendered":"<h1><span style=\"font-size: 12pt;\">1. Introducci\u00f3n<\/span><\/h1>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">La palabra <em>evangelio <\/em>deriva del griego <em>eu-angelion<\/em>, buena noticia, y propiamente hablando significa el mensaje del <em>eu-angelos<\/em>, es decir, del \u00e1ngel bueno o mensajero favorable de los dioses. En el fondo de ese t\u00e9rmino se encuentra una palabra y experiencia propia de los persas que han interpretado a los \u00e1ngeles de Dios como enviados, mensajeros de su vida y de su acci\u00f3n sobre la tierra.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\"><em>Evangelio de la victoria, evangelio del emperador. <\/em>Esa palabra ha recibido pronto un contenido pol\u00edtico y social: evangelio viene a ser la buena nueva de gozo, de victoria militar y libertad, que anuncia de manera solemne el mensajero jubiloso, el <em>eu-angelos <\/em>del pueblo. Por eso, en un sentido estricto, evangelio significa buena noticia de victoria y liberaci\u00f3n en la batalla: el pueblo que se hallaba dominado por la angustia de la guerra y por el miedo de la destrucci\u00f3n, el pueblo cautivo recibe la buena nueva: <em>\u00a1alegr\u00eda, hemos vencido! <\/em>(<em>khaire, nik\u00f4men<\/em>). El evangelio es por tanto alegre noticia de salvaci\u00f3n ya realizada y anuncio (promesa) de felicidad o buena suerte para el futuro, es salvaci\u00f3n o <em>s\u00f4teria<\/em>: los antes cautivados y oprimidos se descubren due\u00f1os de s\u00ed mismos y por eso pueden vivir en libertad, en confianza ante Dios y ante los otros. De manera consiguiente, ese evangelio puede presentarse como fortuna o buena suerte (<em>tykh\u00ea<\/em>): es recompensa que se expresa en una vida plena, asegurada ante el futuro. En esa l\u00ednea, conforme a una famosa inscripci\u00f3n del a\u00f1o 9 a.C., hallada en <em>Priene<\/em>, el evangelio primordial para el imperio viene a explicitarse a trav\u00e9s del nacimiento del emperador. El mismo Augusto aparece como <em>s\u00f4ter <\/em>o salvador; es portador de fortuna (<em>tykh\u00ea<\/em>), paz y presencia divina. La buena nueva incluye as\u00ed aspectos de noticia religiosa y pol\u00edtica. Algunos investigadores modernos, tomando como punto de partida el anuncio natalicio de Jes\u00fas en Lc 2,10, piensan que la misma noci\u00f3n y contenido cristiano del evangelio ha de entenderse partiendo de aquel culto al jefe del imperio. La diferencia estar\u00eda en que ahora la buena noticia no es ya el nacimiento de un rey de la tierra (de Augusto), sino el anuncio original del nacimiento de Dios (o de su Hijo) dentro de la historia.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\"><em>El evangelio de Jes\u00fas. <\/em>Aunque pueda tener ciertas conexiones con el anuncio del nacimiento del emperador, el evangelio cristiano se encuentra originado (prometido) en el anuncio salvador de Dios en el Antiguo Testamento, se funda en el camino concreto de la vida y mensaje de Jes\u00fas, y viene a proclamarse de manera central, definitiva, en el kerigma de su pascua: evangelio es el anuncio y la presencia del Se\u00f1or resucitado, el Cristo de los hombres. As\u00ed lo ha proclamado Pablo, as\u00ed lo ha condensado Marcos en un libro titulado ya evangelio (Mc 1,1). Por eso es necesario que vayamos m\u00e1s all\u00e1 de los anuncios natalicios del emperador romano. Para comprender e interpretar el evangelio de Jes\u00fas debemos apoyarnos en la misma promesa del Antiguo Testamento y recorrer luego el camino de la historia de Jes\u00fas y de su pascua. Partiendo de Marcos, el anuncio pascual de Jesucristo, proyectado en el camino de su propio mensaje y de su historia, se explicita en otros grandes testimonios can\u00f3nicos, Mateo, Lucas y Juan, que han venido a recibir luego ese t\u00edtulo: son los evangelios, las cuatro maneras de expresar el \u00fanico evangelio o buena nueva de Jes\u00fas dentro de la historia. A partir de aqu\u00ed, podemos definir el Evangelio cristiano de tres formas. (a) Es la buena nueva de Dios que ha querido revelarse ya del todo, se ha manifestado para siempre en el camino de la historia y la presencia pascual de Jesucristo; es la victoria de Dios que en Jesucristo ha superado de una forma ya definitiva a los poderes de la muerte. (b) Es la buena nueva de Jes\u00fas que ha proclamado el mensaje de Dios sobre la tierra y se ha entregado como salvaci\u00f3n total para los hombres; por eso, las diversas formas de entender y presentar a ese Jes\u00fas han de entenderse de verdad como evangelio. (c) Es la palabra o buena nueva de la Iglesia que reasume el mensaje de Jes\u00fas y con la ayuda del Esp\u00edritu lo expresa (lo presenta) de varias formas (Mc y Mt, Lc y Jn) como voz de salvaci\u00f3n de Dios sobre el mundo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\"><em>Antiguo Testamento. Libertad para los cautivos. <\/em>El equivalente hebreo de <em>evangelio <\/em>es <em>besorah<\/em>, pero se emplea m\u00e1s el verbo <em>bissar <\/em>(anunciar noticias buenas y gozarse en ellas) y sobre todo el participio activo, <em>mebasser<\/em>, que significa \u00abevangelizador\u00bb: es decir, aquel que anuncia la buena noticia escatol\u00f3gica de Dios, el heraldo o mensajero de la liberaci\u00f3n final para los hombres. \u00c9ste es el sentido que recibe la palabra en el <em>Segundo Isa\u00edas <\/em>(Is 40\u201355), con el que culmina de alg\u00fan modo la profec\u00eda israelita. Estamos entre el 550 y 540 C. Muchos jud\u00edos, deportados en Babilonia, se mueven entre la desesperaci\u00f3n y las ilusiones. Un profeta de nombre desconocido, cuyos or\u00e1culos se han recogido en el libro de Isa\u00edas, eleva su voz de esperanza: el tiempo del castigo y ruina se ha cumplido; comienza un tiempo nuevo de revelaci\u00f3n de Dios y de salvaci\u00f3n para el pueblo (cf. Is 40,1-4). Sobre esa base, con palabra poderosa, que va marcando el ritmo nuevo de la creaci\u00f3n de Dios, este profeta presenta su evangelio: \u00abS\u00fabete a un monte elevado, evangelizador de Si\u00f3n, grita con voz fuerte, evangelizador de Jerusal\u00e9n; grita con fuerza, no temas, di a las ciudades de Jud\u00e1: \u00a1Aqu\u00ed est\u00e1 vuestro Dios! Mirad: el Se\u00f1or Yahv\u00e9 se acerca con poder, su brazo ejerce dominio sobre todo. Mirad: \u00e9l trae su salario y su recompensa le precede\u00bb (Is 40,9-10). \u00c9sta es la buena nueva de Dios que anuncia el <em>mebasser <\/em>o evangelizador de Si\u00f3n\/Jerusal\u00e9n. Es la buena nueva de la libertad que resuena poderosa sobre un mundo de opresi\u00f3n y cautiverio. Ese <em>mebasser, <\/em>que el texto griego de los LXX ha traducido rectamente como <em>euangelidsomenos <\/em>o evangelizador, aparece como un personaje misterioso, de car\u00e1cter po\u00e9tico-sacral. Ciertamente, es m\u00e1s que un hombre normal: es como un \u00e1ngel de Dios, su presencia gozosa y creadora entre los hombres. Este \u00e1ngel vuela y se muestra sobre las monta\u00f1as que rodean a Si\u00f3n, ciudad de ruina y llanto, pregonando la noticia de la venida de Dios. El mismo Dios que parec\u00eda vencido y cautivado, en el exilio, llega y se desvela de manera victoriosa. As\u00ed lo anuncia su evangelizador o mensajero.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\"><em>Victoria de Dios. <\/em>De esta forma, el evangelio se proclama como buena nueva de la victoria escatol\u00f3gica de Dios, que derrota a los poderes enemigos y se muestra como principio superior de gracia, fundamento de alegr\u00eda y plenitud para los cautivos de su pueblo. El evangelizador anuncia la victoria de Dios en la ciudad santa y en la tierra del entorno (Jerusal\u00e9n y Jud\u00e1). Nuevamente, en otro texto cargado de poes\u00eda y promesa, el profeta de los exiliados habla de ese heraldo de la paz final: \u00ab\u00a1Qu\u00e9 hermosos son sobre los montes los pies del evangelizador que anuncia la paz, del evangelizador bueno que anuncia salvaci\u00f3n! De aquel que dice a Si\u00f3n: \u00a1Reina tu Dios! Escucha la voz de los vig\u00edas, que cantan a coro pues contemplan cara a cara al Dios que vuelve a Si\u00f3n. Cantad a coro ruinas de Jerusal\u00e9n&#8230; pues los confines de la tierra ver\u00e1n la victoria de nuestro Dios\u00bb (Is 52,7-10). Estamos nuevamente en \u00e1mbito de lucha final. El cautiverio de Si\u00f3n y la derrota de sus hijos parec\u00eda una derrota de Dios. Pero el tiempo se ha cumplido y cambia la suerte de los oprimidos: Dios ha derrotado a los poderes adversarios y se sienta en su trono de grandeza. En esa l\u00ednea, la experiencia de Israel ha vinculado la buena nueva de evangelio para los cautivos con el reinado de Dios. El <em>evangelio <\/em>se concibe as\u00ed como revelaci\u00f3n del Dios que reina. Por su parte, el <em>evangelizador <\/em>aparece como mensajero que corre alegre por los montes y se acerca hasta Si\u00f3n para anunciar all\u00ed la gran victoria. La misma uni\u00f3n de planos aparece en varios de los salmos de entronizaci\u00f3n real: \u00abCantad a Yahv\u00e9 un c\u00e1ntico nuevo, evangelizad (<em>bassru<\/em>) d\u00eda tras d\u00eda su victoria&#8230; Decid a los pueblos: \u00a1Yahv\u00e9 es rey! Al\u00e9grese el cielo, goce la tierra&#8230;, delante de Yahv\u00e9 que llega, ya llega a regir la tierra\u00bb (Sal 96,2.10.11.13). Tambi\u00e9n aqu\u00ed <em>evangelizar <\/em>(LXX Sal 95,2: <em>euangelidsesthe<\/em>) significa proclamar la buena nueva de victoria y reinado de Dios.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\"><em>El Dios del evangelio. <\/em>Este anuncio define el sentido de Dios (que act\u00faa de forma salvadora) y el destino del profeta (de Israel) que acepta la palabra de Dios y celebra su triunfo. Este Dios del evangelio es el Dios de la historia, aquel que conoc\u00eda desde antiguo los caminos de los hombres y guiaba los destinos de los pueblos. Ha dejado que dominen por un tiempo los perversos y que el pueblo justo quede derrotado; pero ahora act\u00faa de forma poderosa y cumple su palabra de promesa: \u00abDeclarad, aducid pruebas, que deliberen juntos: \u00bfQui\u00e9n anunci\u00f3 esto desde antiguo, qui\u00e9n lo predijo desde entonces? \u00bfNo fui yo, Yahv\u00e9? \u00a1No hay otro Dios fuera de m\u00ed! Yo soy un Dios justo y salvador y no hay ninguno m\u00e1s\u00bb (Is 45,21). El Dios del evangelio (<em>eu-angelion<\/em>) aparece de esa forma como Dios de la promesa (<em>eu-angelia<\/em>) y de esa forma va guiando los caminos de los pueblos de la tierra, de manera que la historia israelita viene a presentarse como lugar donde culminan todas las historias: \u00abYo soy Yahv\u00e9 [el Se\u00f1or], creador de todo; yo solo desplegu\u00e9 el cielo, yo afianc\u00e9 la tierra. Yo soy Yahv\u00e9 [el Se\u00f1or] y no hay otro: art\u00edfice de la luz, creador de las tinieblas, autor de la paz, creador de la desgracia\u00bb (Is 44,24; 45,6-7). En la base del evangelio est\u00e1 el descubrimiento de la divinidad de Dios: la buena noticia s\u00f3lo es posible porque Dios es divino, porque reina con poder originario y nadie puede oponerse a su reinado.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\"><em>Evangelizar a los pobres. <\/em>De esa forma se han unido el m\u00e1s alto poder y la m\u00e1s intensa cercan\u00eda, tal como lo muestra un pasaje del Tercer Isa\u00edas (Is 56\u201366) donde el evangelizador viene a presentarse como profeta y liberador para los pobres: \u00abEl Esp\u00edritu del Se\u00f1or Yahv\u00e9 est\u00e1 sobre m\u00ed, porque Yahv\u00e9 me ha ungido: me ha enviado para evangelizar a los pobres*, para vendar los corazones rotos, para proclamar la liberaci\u00f3n de los cautivos y la libertad de los prisioneros\u00bb (Is 61,1). Y con esto culmina el tema del evangelio en el Antiguo Testamento: el profeta-siervo de Dios se eleva como gran evangelizador, pues Dios mismo le ha enviado para evangelizar a los pobres (<em>lebasser anawim, euangelisasthai ptokh\u00f4is<\/em>), en palabra que asumir\u00e1 la tradici\u00f3n de Jes\u00fas (cf. Mt 11,2-4; Lc 4,18-19). Hasta aqu\u00ed ha podido llegar y ha llegado el evangelizador del Antiguo Testamento, como portador de una esperanza universal de salvaci\u00f3n: el Dios de la buena nueva de Si\u00f3n (cf. Is 40,9; 51,7) se ha mostrado ahora como Dios del evangelizador prof\u00e9tico que anuncia y realiza la liberaci\u00f3n de los pobres y cautivos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Cf. H. K\u00d6STER, <em>Ancient Christian Gospels. Their History and Development<\/em>, SCM, Londres 1990.<\/span><\/p>\n<h2><span style=\"font-size: 12pt;\">2. Jes\u00fas, Iglesia primitiva<\/span><\/h2>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">(<em>jubileo, Jes\u00fas, Pablo<\/em>). Probablemente, la palabra <em>evangelio <\/em>y la interpretaci\u00f3n del conjunto de la vida y mensaje de Jes\u00fas como evangelio ha surgido en la Iglesia helenista de Jerusal\u00e9n (o despu\u00e9s, en Antioqu\u00eda). Pero ella no ha inventado el t\u00e9rmino, ni ha interpretado a Jes\u00fas de una forma equivocada, sino todo lo contrario: todo nos permite suponer que Jes\u00fas hab\u00eda interpretado su vida y mensaje no s\u00f3lo a la luz de la profec\u00eda de El\u00edas, sino, sobre todo, a la luz del Segundo Isa\u00edas. Conforme a la investigaci\u00f3n exeg\u00e9tica, podemos afirmar que Jes\u00fas no ha utilizado el sustantivo <em>evangelio <\/em>(o su equivalente semita <em>besorah<\/em>). No alude al evangelio como a un hecho objetivado, que pudiera separarse de su mensaje sobre el Reino. S\u00f3lo m\u00e1s adelante, cuando Jes\u00fas mismo aparezca como buena nueva de Dios para los hombres, la Iglesia empezar\u00e1 a empelar esa palabra griega (<em>eu-angelion<\/em>) para condensar el sentido de su vida y mensaje. Eso significa que los casos donde los evangelistas han introducido esa palabra (cf. Mc 1,1.14; 8,35; 10,29; 13,10 par) han de tomarse como creaciones de la Iglesia, conforme a lo que luego mostraremos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\"><em>Evangelio de Jes\u00fas. Punto de partida<\/em>. Jes\u00fas no utiliza la palabra <em>evangelio, <\/em>pero hace algo m\u00e1s importante: actualiza de manera nueva y creadora la esperanza prof\u00e9tica. (a) <em>Se ha cumplido el tiempo <\/em>(Mc 1,15). El principio del mensaje de Jes\u00fas es su certeza de que llega, ya ha llegado, la hora de Dios para los hombres. De esa forma ha reasumido la actitud y, de alg\u00fan modo, las palabras del Segundo Isa\u00edas: se ha cumplido el tiempo de la antigua servidumbre, ha terminado el plazo del dolor y la condena, viene el reino de Dios a nuestra tierra. Esta certeza llena todo el camino de la historia de Jes\u00fas y fundamenta, de manera radical, sus gestos y palabras. Superando la actitud de miedo y juicio del Bautista, Jes\u00fas expresa y anuncia la llegada de Dios como amor y salvaci\u00f3n para los pobres. En esa perspectiva se comprenden sus palabras de consuelo y gozo: \u00ab\u00a1Felices vuestros ojos porque ven, vuestros o\u00eddos porque escuchan! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieran ver lo que veis y no vieron, escuchar lo que escuch\u00e1is y no escucharon\u00bb (Mt 13,16 par). \u00c9sta es la felicidad escatol\u00f3gica, el gozo de aquellos que han llegado a las fronteras de la vida nueva, descubriendo y disfrutando ya de la alegr\u00eda desbordante de Dios sobre el pasado de pecado y muerte de la tierra. (b) <em>El evangelio es bienaventuranza<\/em>: \u00abFelices vosotros, los pobres, porque es vuestro el reino de Dios. Felices vosotros, los que ahora ten\u00e9is hambre, porque os saciar\u00e9is. Felices los que ahora llor\u00e1is, porque reir\u00e9is\u00bb (Lc 6,20-21). Como enviado escatol\u00f3gico de Dios, en el final del curso de los tiempos, Jes\u00fas anuncia el Reino. Su palabra no es teor\u00eda sobre aquello que exist\u00eda desde siempre sobre el mundo, sino anuncio de aquello que llega. En el fondo de las bienaventuranzas act\u00faa la fuerza de Dios, aquello que despu\u00e9s la Iglesia ha definido con el t\u00e9rmino <em>evangelio <\/em>(cf. Rom 1,16).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\"><em>Los pobres son evangelizados. <\/em>Jes\u00fas no ha utilizado, al parecer, la palabra <em>evangelio <\/em>en forma de sustantivo, pero emplea el verbo, en la l\u00ednea del libro de Isa\u00edas. La escena ha sido cuidadosamente recordada. Por un lado est\u00e1 el Bautista, con su voz de juicio. Por otro est\u00e1 Jes\u00fas, con su anuncio del Reino. El Bautista, o sus disc\u00edpulos, le dicen \u00bferes t\u00fa el que ha de venir? Jes\u00fas responde: \u00abAnunciad a Juan lo que o\u00eds y veis: los ciegos ven y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y los pobres son evangelizados \u00a1Y feliz aquel que no se escandalice de m\u00ed!\u00bb (Mt 11,46; Lc 7,22-23; cf. Is 61,1). Las bienaventuranzas conten\u00edan el evangelio como proclamaci\u00f3n. Estas palabras expresan su contenido que, partiendo de las curaciones y de la esperanza de resurrecci\u00f3n, culmina en el despliegue de la buena nueva para los pobres. El evangelio rompe las estructuras de poder del viejo mundo y viene a presentarse como anuncio de vida para los pobres, invirtiendo as\u00ed todos los principios anteriores de la historia y suscitando el esc\u00e1ndalo de muchos. El evangelio escandaliza as\u00ed porque los pobres adquieren conciencia de su propia dignidad en Dios, apareciendo como due\u00f1os de su propio destino sobre el mundo. Ya no son esclavos de los grandes, ya no pueden entenderse como seres sometidos, al servicio de un sistema donde imponen su dominio los ricos-saciados-felices del mundo. Por eso, siendo anuncio gozoso de felicidad, el evangelio viene a interpretarse como juicio y como esc\u00e1ndalo para los ricos y \u00abjustos\u00bb que ahora vienen a quedar vac\u00edos (Lc 6,24-26; cf. 1,51-53).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\"><em>Jes\u00fas como evangelio. <\/em>Lucas ha recogido los rasgos anteriores en el mensaje de Jes\u00fas en Nazaret, que comienza as\u00ed: \u00abEl Esp\u00edritu del Se\u00f1or est\u00e1 sobre m\u00ed: por eso me ha ungido para evangelizar a los pobres, me ha enviado para anunciar la libertad a los cautivos, para dar la vista a los ciegos, para liberar a los contribulados, para anunciar el a\u00f1o agradable del Se\u00f1or\u00bb (Lc 4,18-19). Jes\u00fas anuncia el a\u00f1o nuevo (agradable) de Dios que es a\u00f1o de remisi\u00f3n universal, de cumplimiento escatol\u00f3gico: ha llegado el tiempo de la salvaci\u00f3n final que es salud de los enfermos (milagros) y gozo de los pobres que comienzan a vivir en la esperanza y realidad de una existencia transformada, recreada. El evangelio se identifica, ante todo, con Dios, que viene a presentarse como aquel que ama a los peque\u00f1os de la tierra: aquel que da la vida a los perdidos y pobres, perdonando a los malvados (pecadores) y ofreciendo a todos una existencia que se expresa como gracia. El evangelio se identifica con el mismo Jes\u00fas que asume y va cumpliendo de un modo a\u00fan m\u00e1s hondo y gozoso las profec\u00edas de la bienaventuranza de Dios.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\"><em>El evangelio en Pablo. <\/em>Siguiendo la visi\u00f3n de la iglesia helenista, Pablo ha interpretado el mensaje y vida de Jes\u00fas como buena noticia. Pero ha introducido un matiz muy significativo: ha entendido ese evangelio como gracia, superando de esa forma una interpretaci\u00f3n legal (legalista) de Jes\u00fas. As\u00ed lo ha dicho dirigi\u00e9ndose a los G\u00e1latas: \u00abMe admiro de que hay\u00e1is pasado tan r\u00e1pidamente del que os ha llamado en la gracia de Cristo hacia otro evangelio&#8230;\u00bb (Gal 1,7). Dentro de la Iglesia y para todos los hombres s\u00f3lo existe un evangelio, la buena nueva de Jes\u00fas el Cristo, que nos ha liberado de la Ley. Por eso, \u00abaunque nosotros mismos o un \u00e1ngel del cielo os evangelizara algo distinto de aquello que nosotros os hemos evangelizado, \u00a1sea anatema!\u00bb (Gal 1,8-9). Pablo define el acontecimiento de Jes\u00fas como evangelio y as\u00ed lo presenta en m\u00faltiples lugares, sin necesidad de explicitar su contenido (cf. Rom 1,16; 10,16; 11,28; 1 Cor 4,15; 9,14.18.23; 2 Cor 8,18; Gal 2,5.14; Flp 1,5.7.12.16.27; 2,22; 4,3.15; 1 Tes 2,4; Flm 13). El mensaje y vida de Jes\u00fas es buena nueva, anuncio y presencia gozosa de Dios; es descubrimiento y despliegue de la plenitud escatol\u00f3gica. El juda\u00edsmo puede definirse como ley y profec\u00eda. Las religiones de Oriente son m\u00edstica y gnosis. Pero el camino de Jes\u00fas es buena nueva: el anuncio y experiencia de liberaci\u00f3n de Dios en Cristo. Pues bien, para mantenerse como anuncio de gracia y libertad, el evangelio debe superar la oposici\u00f3n de aquellos que intentan someterlo a un tipo de ley anterior o m\u00e1s alta. En esta perspectiva, la misi\u00f3n de Pablo puede interpretarse como batalla en favor del evangelio de Jes\u00fas, entendido como revelaci\u00f3n de Dios, vinculada al Cristo, y como libertad humana, vinculada a la comuni\u00f3n de mesa o fraternidad universal.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">(5) <em>Elementos del evangelio de Pablo.<\/em> De forma aproximada podemos evocar algunos de los elementos b\u00e1sicos de la interpretaci\u00f3n paulina del evangelio. (a) <em>El evangelio es revelaci\u00f3n. <\/em>\u00abOs hago saber que el evangelio que evangelizo no es de tipo humano; no lo he recibido de los hombres, ni de ellos lo he aprendido, sino que proviene de una revelaci\u00f3n de Jesucristo\u00bb (Gal 1,11-12). Por encima de las tradiciones que definen la experiencia israelita, Pablo ha descubierto la novedad del Hijo de Dios como <em>evangelio <\/em>para todos los creyentes (jud\u00edos y gentiles). Lo que Pablo juzgaba antes pecado (la ruptura de la separaci\u00f3n social del pueblo israelita) viene a desvelarse ahora como gracia de Dios en su evangelio (cf. Flp 3,1-11). Por eso evangeliza, esto es, extiende de manera universal la fe que antes quer\u00eda destruir con gran fuerza (cf. Gal 1,23). En esta perspectiva ha de entenderse la disputa de Pablo con aquellos cristianos de car\u00e1cter m\u00e1s judaizante que pretend\u00edan interpretar de nuevo al Cristo desde los principios de la Ley israelita. Cerrada en s\u00ed misma, esa ley tiene los ojos ocultos tras un velo: no se atreve a mirar cara a cara porque tiene miedo de la muerte (cf. 2 Cor 3). (b) <em>El evangelio se identifica con Jes\u00fas, el Cristo. <\/em>As\u00ed puede hablar del \u00abresplandor del evangelio de la gloria del Cristo, que es imagen de Dios. Pues no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo, el Se\u00f1or\u00bb (cf. 2 Cor 4,3-6). La primera creaci\u00f3n se interpretaba tambi\u00e9n como luz de Dios que vence las tinieblas c\u00f3smicas (cf. Gn 1,3). Pues bien, la nueva creaci\u00f3n del evangelio: es la irradiaci\u00f3n y el descubrimiento de la luz de Cristo que disipa las tinieblas humanas y nos capacita para contemplar abiertamente la verdad pascual de Dios, que irradia en nuestros corazones. El evangelio es revelaci\u00f3n de Dios en Cristo, tal como se condensa en la experiencia pascual. (c) <em>El evangelio es libertad, <\/em>en especial para los creyentes que provienen del paganismo. Pablo tuvo que luchar contra algunos \u00abfalsos hermanos\u00bb que, viniendo de Jerusal\u00e9n, quer\u00edan seguir manteniendo el mensaje de Jes\u00fas dentro del \u00e1mbito de la ley jud\u00eda. Por eso intentaban circuncidar a todos los cristianos provenientes de la gentilidad, haciendo que entraran, como nuevos pros\u00e9litos de Israel, en el campo de la Ley y de la vida social del juda\u00edsmo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\"><em>La verdad del evangelio. <\/em>Pablo entiende la verdad del evangelio como libertad frente a la Ley, es decir, como experiencia de autonom\u00eda radical del hombre ante Dios (cf. Gal 2,5); de esa manera se vinculan por el evangelio todos los hombres, jud\u00edos y gentiles (cf. Rom 1,16-17). (a) <em>La verdad del evangelio es comuni\u00f3n <\/em>que se expresa en el gesto de Santiago, Cefas y Juan, representantes de la iglesia madre de Jerusal\u00e9n, que tienden su mano de solidaridad hacia Pablo y Bernab\u00e9, responsables de la misi\u00f3n que va dirigida a los gentiles, a trav\u00e9s de eso que ha venido a presentarse como \u00abevangelio de la incircuncisi\u00f3n\u00bb (Gal 2,7-9). De esa forma se han roto las barreras de la ley israelita y el \u00fanico evangelio de Jes\u00fas puede presentarse como fundamento de unidad y comuni\u00f3n (en libertad) para todos los creyentes. Por eso, la mano extendida y aceptada entre Pedro y Pablo, Santiago, Juan y Bernab\u00e9 es principio universal de la vida de la Iglesia. (b) <em>La verdad del evangelio es comuni\u00f3n de mesa, <\/em>como muestran los textos vinculados con el incidente de Antioqu\u00eda: judeocristianos y pagano-cristianos compart\u00edan mesa y vida, avalados por el mismo Cefas (Pedro) que hab\u00eda venido a visitarles. Pero despu\u00e9s, por influjo de los judeocristianos, los cristianos se dividieron en dos comunidades: para cumplir sus propios ritos religiosos y sociales, los judeocristianos comer\u00e1n separados; por eso, los pagano-cristianos deber\u00e1n formar otra comunidad. Eso significa que habr\u00e1 dos comuniones, dos eucarist\u00edas dentro de la misma iglesia escatol\u00f3gica del Cristo. Pues bien, conforme a la visi\u00f3n de Pablo, esa separaci\u00f3n va en contra de la verdad del evangelio (Gal 2,14), que se expresa en la comida compartida, es decir, en la posibilidad de que los hombres y mujeres coman juntos (<em>syn\u00easthiein<\/em>: Gal 2,12).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Cf. R. AGUIRRE y A. RODR\u00cdGUEZ (eds.), <em>Evangelios sin\u00f3pticos y Hechos de los Ap\u00f3stoles. <\/em>Introducci\u00f3n al estudio de la Biblia 6, Verbo Divino, Estella 1992; J. J. BARTOLOM\u00c9, <em>El<\/em> <em>evangelio y su verdad. La justificaci\u00f3n por la fe<\/em> <em>y su vivencia en com\u00fan. Un estudio exeg\u00e9tico<\/em> <em>de Gal 2,5.14<\/em>, LAS, Roma 1988; <em>El evangelio<\/em> <em>y Jes\u00fas de Nazaret, <\/em>CCS, Madrid 1995; <em>Pablo<\/em> <em>de Tarso. Una introducci\u00f3n a la vida y obra de<\/em> <em>un ap\u00f3stol de Cristo, <\/em>CCS, Madrid 1997; R. A. BURRIDGE, <em>What are the Gospels. A comparison with the graeco-roman biography, <\/em>SNTS MS 70, Cambridge University Press 1995.<\/span><\/p>\n<h2><span style=\"font-size: 12pt;\">3. Los cuatro evangelios<\/span><\/h2>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">(<em>Mateo, Marcos, Lucas, Juan, Q<\/em>). En un momento dado, la misma novedad del evangelio como anuncio de Jes\u00fas, que hallamos en san Pablo, vino a fijarse por escrito, en un proceso de dolor y gozo. Ha sido doloroso que el mensaje original y vivo de los predicadores tuviera que fijarse con palabras acu\u00f1adas (escritas) que son siempre incapaces de expresar su contenido. Pero ha tenido que ser tambi\u00e9n gozoso: porque es bello expresar por escrito los recuerdos y presencia de Jes\u00fas; porque es hermoso el modo en que se ha hecho, en cuatro libros diferentes que recogen, de forma pluriforme, la riqueza de Jes\u00fas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\"><em>Los evangelios escritos no son vidas de Jes\u00fas en un sentido historizante o psicol\u00f3gico<\/em>. Es cierto que asumen y transmiten la historia fundante de Jes\u00fas, el sentido de su vida-muerte. Tambi\u00e9n reflejan su intenci\u00f3n mesi\u00e1nica, es decir, su forma de entender a Dios y de optar por los hombres. Pero, en un sentido estricto, no se pueden presentar como una historia en sentido biogr\u00e1fico. Por eso si buscamos en ellos los perfiles psicol\u00f3gicos del Cristo o los momentos del proceso de su vida nos equivocamos y corremos el riesgo de olvidar o deformar otros rasgos m\u00e1s importantes.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\"><em>Los evangelios escritos no son tampoco un mito, en el sentido cl\u00e1sico del t\u00e9rmino<\/em>. Esto significa que ellos no presentan de manera simb\u00f3lica y fundante los rasgos primigenios de un Dios que se mantiene por encima de los tiempos. No despliegan la verdad eterna y salvadora de aquello que sucede siempre, por encima de los cambios y apariencias de la historia. Jes\u00fas no es una imagen del hombre universal, una expresi\u00f3n de la presencia permanente de Dios sobre la tierra, sino un hombre concreto de la historia. Por eso, los libros que presentan su figura y que nosotros llamamos evangelios deben ofrecer su novedad como noticia que se cuenta, es decir, como argumento de la actuaci\u00f3n nueva de Dios y como signo (principio) de la transformaci\u00f3n escatol\u00f3gica del hombre.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\"><em>Los evangelios escritos no son tampoco libros de filosof\u00eda. <\/em>No son un di\u00e1logo de tipo filos\u00f3fico, en la l\u00ednea de Plat\u00f3n. Conforme a los principios y esquemas del di\u00e1logo plat\u00f3nico, los hombres van entrando por s\u00ed mismos en el secreto de las cosas: razonan en com\u00fan y encuentran, cada uno en el secreto de su propia realidad, el m\u00e1s hondo sentido de la vida, de los bienes eternos y de aquellos otros que son sencillamente pasajeros. Pues bien, en\u00a0<\/span><span style=\"font-size: 12pt;\">contra de eso, los evangelios de Jes\u00fas no buscan el sentido y la verdad del hombre utilizando como medio el di\u00e1logo ilustrado de los pensadores que penetran dialogando en el misterio de su propia hondura humana (y divina). No son tampoco un tratado filos\u00f3fico de tipo aristot\u00e9lico: no buscan la verdad por medio de la coherencia racional del hombre que investiga acerca de las causas y principios de las cosas. Por su misma forma literaria, ellos se muestran diferentes: son originariamente libros que expresan y de alg\u00fan modo proclaman la novedad escatol\u00f3gica de Cristo como salvaci\u00f3n de Dios para los hombres. Por eso vienen a mostrarse, al mismo tiempo, como predicaci\u00f3n pascual y como historia mesi\u00e1nica del Cristo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\"><em>Los evangelios no son un libro de Ley jud\u00eda, sino anuncio de la buena nueva de Dios en Jesucristo. <\/em>Ciertamente, tienen algo de ley nueva y pueden compararse con aquello que los jud\u00edos comenzaban a escribir (o por lo menos a recopilar) codificando sus m\u00e1s antiguas y m\u00e1s nuevas tradiciones legales y sagradas (a trav\u00e9s de la Misn\u00e1), tras la ruina de Jerusal\u00e9n y de su templo (el a\u00f1o 70 d.C.). Pero los evangelios no se ocupan de ordenar y de fijar las leyes que derivan de las viejas tradiciones, sino que expresan y condensan, reflejan y proclaman la novedad del Cristo como salvaci\u00f3n nueva de Dios para los hombres. Por eso ellos transmiten y anuncian el sentido, actualidad y gracia de su vida salvadora. No tratan de la genealog\u00eda de los dioses (mitos), ni se ocupan de las leyes sociales de los hombres (Misn\u00e1), ni definen los principios de la realidad en forma de di\u00e1logo o tratado (filosof\u00eda), ni pretenden recordar uno por uno los detalles de la vida humana de Jes\u00fas (historia), sino que anuncian y ofrecen de nuevo la gracia de Dios revelada en el Cristo. Entendidos as\u00ed, los evangelios reflejan desde perspectivas distintas el anuncio y vida del \u00fanico Jes\u00fas. As\u00ed decimos que hay un evangelio en cuatro evangelios.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\"><em>Marcos: Encontrar a Jes\u00fas con Pedro en Galilea. <\/em>Es el primer evangelio conservado y conocido, pues del documento Q* (un conjunto de dichos sin relato biogr\u00e1fico sobre Jes\u00fas) s\u00f3lo podemos hacer suposiciones, a partir de los textos actuales de Mateo y Lucas. Es posible que Marcos empleara tradiciones e incluso algunos textos anteriores; pero lo cierto y novedoso es que, en el momento clave del gran cambio eclesial, hacia el 70 d.C., \u00e9l asumi\u00f3 la teolog\u00eda b\u00e1sica de Pablo y la vincul\u00f3 con los recuerdos de Jes\u00fas (quiz\u00e1 en Siria, quiz\u00e1 en Roma), escribiendo y publicando un evangelio que definir\u00e1 desde entonces la visi\u00f3n del cristianismo. Todo nos permite suponer que Marcos quiso rechazar las pretensiones de una iglesia judaizante (Santiago*), centrada en los parientes de Jes\u00fas, que intentaba seguir centrando a los cristianos en Jerusal\u00e9n, dentro de la observancia de unas leyes que son propias de los escribas jud\u00edos (cf. Mc 3,20-31). Podemos suponer tambi\u00e9n que Marcos se opuso a un tipo de lectura b\u00e1sicamente sapiencial y moralista del evangelio, tal como parece suponer una visi\u00f3n aislada del libro de los Dichos (Q).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\"><em>Mateo: misi\u00f3n universal desde Galilea. <\/em>Tras algunos a\u00f1os (hacia el 80 d.C.), un autor a quien llamamos Mateo ha retomado en otra perspectiva la narraci\u00f3n de Marcos*, complet\u00e1ndola con elementos del documento Q y con sus propias aportaciones, desde la nueva situaci\u00f3n de su iglesia. Mateo proviene de una comunidad judeocristiana que integra las tradiciones m\u00e1s helenistas de Marcos dentro de su propia iglesia (quiz\u00e1 en Antioqu\u00eda), que aparece como aut\u00e9ntico Israel, donde se cumple de un modo universal (abierto a todos los pueblos) la verdadera Ley jud\u00eda (cf. Mt 5\u20137). En contra del juda\u00edsmo nacional, el centro de unidad de la iglesia no est\u00e1 ya en Jerusal\u00e9n (cf. tambi\u00e9n Mc 16), sino en la misi\u00f3n universal, iniciada simb\u00f3licamente en Galilea por los disc\u00edpulos de Jes\u00fas, entre los cuales hay profetas, sabios y escribas (cf. Mt 23,34). Es evidente que Mateo no negar\u00e1 la posibilidad de que el evangelio se dirija a Roma, como dice Pablo (cf. Rom 15,22-29) y la teolog\u00eda de Hechos. Pero su evangelio parece m\u00e1s preocupado por Oriente que por Roma (cf. Mt 2).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\"><em>Lucas, la historia de Pedro y Pablo. <\/em>Al mismo tiempo que Mateo, o quiz\u00e1 un poco m\u00e1s tarde, escribi\u00f3 Lucas su obra doble: el <em>evangelio <\/em>de su nombre, como biograf\u00eda mesi\u00e1nica de Jes\u00fas (en paralelo a Marcos y Mateo), y el libro de los <em>Hechos, <\/em>donde ofrece una visi\u00f3n unitaria y teol\u00f3gica de la historia de la Iglesia, centrada en la misericordia de Dios, que se expresa a trav\u00e9s de la promesa y venida del Esp\u00edritu Santo (cf. Lc 24; Hch 1\u20132). Lucas ha ofrecido as\u00ed la primera historia teol\u00f3gica de la iglesia, entendida como expresi\u00f3n del evangelio de Jes\u00fas en una perspectiva abierta y dirigida por Pedro y por Pablo a todos los pueblos y, de un modo especial, al centro del Imperio que es Roma. All\u00ed llega Pablo cautivo (Hechos 28), para anunciar el evangelio desde la misma c\u00e1rcel. El evangelio se vuelve as\u00ed palabra misionera universal.<\/span><\/p>\n<p><em style=\"font-size: 12pt;\">La tradici\u00f3n del disc\u00edpulo amado. <\/em><span style=\"font-size: 12pt;\">Pasados unos a\u00f1os, en torno al 100-110 d.C., se integr\u00f3 en la Gran Iglesia una comunidad de cristianos, de origen jud\u00edo, que hab\u00edan empezado a desarrollarse primero en Jerusal\u00e9n y despu\u00e9s (quiz\u00e1 tras la guerra del 67-70 d.C.) en alguna zona del entorno de Siria-Transjordania o Asia Menor. Para ellos, la autoridad m\u00e1xima de la Iglesia hab\u00eda sido el Esp\u00edritu Santo, que Jes\u00fas les hab\u00eda prometido y ofrecido, y partiendo de ella desarrollaron una intensa fraternidad, de tipo carism\u00e1tico, sin estructuras de organizaci\u00f3n exterior. Pasados algunos a\u00f1os, esos carism\u00e1ticos del amor, impulsados por un personaje misterioso, que se presenta a s\u00ed mismo como el disc\u00edpulo amado de Jes\u00fas, corrieron el riesgo de perder su identidad, entre disputas internas y tensiones de tipo gn\u00f3stico. En ese momento, algunos miembros de la comunidad se integraron en la Gran Iglesia, en un entorno donde la memoria y autoridad de Pedro, no la de Pablo u otro misionero, aparec\u00eda como garant\u00eda de unidad eclesial.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Cf. A. BURRIDGE, <em>What are the Gospels. A comparison with the graeco-roman biography, <\/em>SNTS MS 70, Cambridge University Press 1995; J. CABA, <em>De los evangelios al Jes\u00fas hist\u00f3rico. Introducci\u00f3n a la cristolog\u00eda, <\/em>BAC, Madrid 1971; S. GUIJARRO, <em>La buena noticia de Jes\u00fas. Introducci\u00f3n a los evangelios sin\u00f3pticos y Hechos de los Ap\u00f3stoles, <\/em>Atenas, Madrid 1987; L. H. RIVAS, \u00bf<em>Qu\u00e9 es un Evangelio?, <\/em>Claretiana, Buenos Aires 2001; W. MARXSEN, <em>El evangelista Marcos. Estudio sobre la historia de la redacci\u00f3n del evangelio, <\/em>BEB, S\u00edgueme, Salamanca 1981; G. STANTON, <em>\u00bfLa verdad del Evangelio?: Nueva luz sobre Jes\u00fas y los Evangelios<\/em>, Estudios B\u00edblicos 17, Verbo Divino, Estella 1999; R. TREVIJANO, <em>Comienzo del evangelio. Estudio sobre el pr\u00f3logo de san Marcos, <\/em>Aldecoa, Burgos 1971.<\/span><\/p>\n<h2><span style=\"font-size: 12pt;\">3. El cristianismo como Evangelio<\/span><\/h2>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">(<em>palabra, revelaci\u00f3n<\/em>). Jn 1,1 afirma que en el principio era la Palabra, para decir despu\u00e9s que \u00abla Palabra se hizo carne\u00bb (Jn 1,14). Pues bien, en esa l\u00ednea podemos a\u00f1adir que esa Palabra que es Dios se hizo evangelio, en sentido b\u00e1sico (anuncio pascual) y en sentido derivado (texto escrito, cuatro evangelios). El evangelio no es palabra racional (como la que buscaba Descartes), ni moral (como la de Kant), ni dial\u00e9ctica (como la de Hegel), sino anuncio teol\u00f3gico (\u00a1hay Dios, Dios viene!) y principio de transformaci\u00f3n humana (\u00a1bienaventurados los pobres!).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\"><em>La palabra del evangelio. Elementos b\u00e1sicos. <\/em>El Evangelio tiene por tanto una vertiente <em>divina <\/em>(Dios act\u00faa, llega el Reino) y otra <em>humana <\/em>(los hombres pueden creer y convertirse Mc 1,14-15). (a) <em>El Evangelio es anuncio creador y liberador. <\/em>No dice lo que siempre existe como realidad intemporal del ser humano, sino que anuncia una actuaci\u00f3n, una llegada de Dios que abre para el hombre una posibilidad nueva y fuerte de existencia. No es simplemente indicativo, no dice lo que existe, no se limita a constatar lo que yo soy, sino que crea con su palabra una capacidad nueva de ser y obrar: el Evangelio suscita con su don una realidad nueva en el propio ser humano. Pero no crea simplemente de la nada, sino desde el fondo de pecado, de la angustia y la muerte en que se hallaban los hombres; por eso decimos que es liberador en un sentido prof\u00e9tico. (b) <em>El Evangelio es palabra de llamada y respuesta. <\/em>Es vocativo, una palabra de ofrecimiento, que interpela y pone en pie a quien la escucha. De alguna manera hay ya sujetos antes del Evangelio, pero el sujeto verdadero emerge con el propio Evangelio de manera que el hombre se define como aquel que es capaz de escuchar y responder a la llamada. No hay Evangelio sin hombres y mujeres que escuchan y se dejan transformar por la llamada. Teniendo eso en cuenta podemos y debemos a\u00f1adir que el Evangelio es una palabra hist\u00f3rica y comunitaria. No pertenece a la raz\u00f3n eterna, siempre id\u00e9ntica, sino al Dios concreto que se revela en la historia. (c) <em>El Evangelio es palabra hist\u00f3rica y comunitaria. <\/em>No es aquello que exist\u00eda siempre, en la l\u00ednea de la l\u00f3gica intemporal, sino algo que ha venido a ser, por don de Dios. No es la expresi\u00f3n de una eternidad siempre igual, sino palabra prometida y esperada a lo largo del Antiguo Testamento y culminada y personalizada en Jesucristo. El Evangelio pertenece por tanto al camino mismo de la historia, o mejor dicho: hace posible el surgimiento de la historia como realizaci\u00f3n de un hombre que vive en comuni\u00f3n con los dem\u00e1s. Ciertamente, el Evangelio se dirige a los individuos (plano existencial), pero s\u00f3lo en la medida en que se abren a los otros y descubren la m\u00e1s honda experiencia de la gratuidad y del perd\u00f3n en el amor mutuo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\"><em>El Evangelio como expresi\u00f3n de Dios. <\/em>La fe cristiana se ha expresado siguiendo un modelo trinitario. Ese modelo nos ayuda a entender el sentido del Evangelio. (a) <em>El origen del Evangelio es Dios Padre<\/em>: Dios como persona, Dios como realidad creadora que me pone en pie, me libera, me llama, me hace capaz de responder. Por eso en el Evangelio no me enfrento simplemente con mi propia humanidad, sino que me descubro llamado, fundado, enriquecido, liberado, interpelado por un padre Dios que me ha creado precisamente para dialogar con \u00e9l. El Evangelio es el descubrimiento, no te\u00f3rico sino pr\u00e1ctico, de la voz de Dios, que a trav\u00e9s de los siglos me ha venido creando y preparando para llamarme ahora, para interpelarme y enriquecerme con aquellos que me han precedido y me acompa\u00f1an. El Evangelio es la voz de Dios que dice: \u00abt\u00fa eres porque te amo y porque vives en amor con los dem\u00e1s\u00bb. (b) <em>El Evangelio se identifica con Jes\u00fas. <\/em>No lo descubro por m\u00ed mismo a trav\u00e9s de una reflexi\u00f3n filos\u00f3fica, ni lo alcanzo a trav\u00e9s de mis obras, sino que lo escucho y lo acojo, como realidad encarnada en Jesucristo, Mes\u00edas de Israel y salvador de la humanidad. El Evangelio es inseparable del evangelizador que es Jesucristo, en quien descubro la unidad del amor de Dios y del amor humano. Jes\u00fas no es un simple mayeuta del Evangelio, como S\u00f3crates; ni es un simple iluminado entre otros, como Buda, sino que es el mismo Dios en persona. Jes\u00fas forma parte del mismo acontecimiento del Evangelio; por eso, para proclamar y transmitir el Evangelio, Marcos y Mateo, Lucas y Juan cuentan la historia de Jes\u00fas. <em>El Evangelio es presencia del Esp\u00edritu Santo. <\/em>Por eso, la pascua de Jes\u00fas se expresa en forma de Pentecost\u00e9s*, como llamada y gracia de Dios que sigue abierta a todos los hombres y mujeres a trav\u00e9s de sus mensajeros. Ciertamente, est\u00e1 contenido y expresado en los cuatro evangelios, pero ellos son la verdad de Jes\u00fas en la medida en que se concretan y expanden a trav\u00e9s del Esp\u00edritu* Santo en la vida de la Iglesia, que es testigo de la salvaci\u00f3n de Dios para todos los hombres y mujeres de la tierra (cf. Hch 2). <em>Evangelio y evangelios. Unidad y<\/em> <em>pluralidad<\/em>. Como hemos visto, el \u00fanico evangelio de Dios (cf. Rom 1,16-17) ha venido a presentarse en <em>cuatro narraciones <\/em>en parte paralelas pero diferentes. Esta diversidad evang\u00e9lica obedece a razones que deben precisarse con cuidado<em>. <\/em>(a) <em>Raz\u00f3n teol\u00f3gica<\/em>. Dios no se ha fijado en un discurso precisado de antemano y definido en cada uno de sus rasgos y conceptos, sino en Jesucristo, un hombre (Hijo de Dios) que sobrepasa y desborda todas las razones de la Por eso no hay un discurso o concepto unitario que agote su verdad, que contenga todo su sentido y que lo fije de manera normativa, para todos los creyentes. En este nivel se han situado, a mi entender, las dos conclusiones de Jn con su palabra program\u00e1tica: \u00abOtras muchas se\u00f1ales que no est\u00e1n escritas en este libro realiz\u00f3 Jes\u00fas delante de sus disc\u00edpulos; \u00e9stas se han escrito para que cre\u00e1is que Jes\u00fas es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo teng\u00e1is vida en su nombre\u00bb (Jn 20,30-31). \u00abOtras muchas cosas hizo Jes\u00fas; si quisi\u00e9ramos escribirlas una por una, pienso que ni el mundo entero bastar\u00eda para contener los libros que as\u00ed debieran escribirse\u00bb (Jn 21,25). Evidentemente, esas afirmaciones no pueden entenderse en un sentido puramente cuantitativo, mensurable, pero aluden a las diferentes tradiciones de Jes\u00fas, a las maneras de enfocar su vida y ense\u00f1anza. Ellas muestran que los escritos evang\u00e9licos son el resultado de un proceso selectivo de interpretaci\u00f3n y elecci\u00f3n particular. M\u00e1s que los cuatro evangelios como escritos diferentes, como aproximaciones siempre limitadas y parciales al \u00fanico misterio de Jes\u00fas, importa el Evangelio, la novedad pascual del Cristo, como salvador universal. Pero, al mismo tiempo, hay que a\u00f1adir que el \u00fanico evangelio s\u00f3lo existe en los diversos evangelios parciales, de manera que no se puede buscar, m\u00e1s all\u00e1 de lo que dicen ellos, alg\u00fan tipo de verdad casi ontol\u00f3gica de Jes\u00fas, lo que ser\u00edan sus <em>ipsissima verba, <\/em>sus palabras definitivas. (b) <em>Raz\u00f3n eclesial<\/em>. Ciertamente, el evangelio de Jes\u00fas como experiencia pascual es anterior a las iglesias: es la vida y palabra de Dios de la que surgen las comunidades mesi\u00e1nicas del Cristo, como lugares de salvaci\u00f3n escatol\u00f3gica. Pero, en un segundo momento, esas mismas comunidades eclesiales son las que explicitan, configuran y matizan el \u00fanico evangelio de Jes\u00fas, conforme a sus propias tendencias religiosas y sociales. En esta perspectiva se sit\u00faa el testimonio de Pablo en 1 Cor 15,1-11 cuando admite diversas experiencias pascuales que, en el fondo, pueden y deben expresarse en diversos evangelios del \u00fanico Jes\u00fas, muerto y resucitado. Toda la vida, los trabajos y dolores de san Pablo nos ofrecen la prueba m\u00e1s palpable de estas diferencias. Esto significa que en la base de la pluralidad de los evangelios se halla el dato de la pluralidad de las iglesias. Lucas, escribiendo en perspectiva m\u00e1s tard\u00eda el libro de los Hechos, ha querido proyectar hacia el principio de la Iglesia el ideal de una unidad que ser\u00eda anterior a las diversidades posteriores. Pero el mismo Lucas sabe que en el principio de la Iglesia hab\u00eda una multiplicidad de perspectivas: los hebreos y helenistas, mujeres y parientes de Jes\u00fas, Pedro y los Doce, Santiago y Pablo. Eso significa que la unidad eclesial no ha de entenderse como uniformidad primitiva que luego se parte y se divide en grupos posteriores diferentes. La unidad viene a mostrarse ya desde el principio en forma de comuni\u00f3n originaria (tensa y fraternal) de posturas que dialogan entre s\u00ed y se comunican desde el Cristo. Para hacer justicia a esas diversas perspectivas hay varios evangelios. (c) <em>Raz\u00f3n social<\/em>. Los evangelios no se diferencian s\u00f3lo seg\u00fan las perspectivas eclesiales de los primeros testigos de la pascua de Jes\u00fas, sino tambi\u00e9n por la diversidad de sus transmisores: por los ideales y valores y por las necesidades econ\u00f3micas, culturales o sociales de los primeros grupos de cristianos. El evangelio se inscribe en la realidad social de las iglesias, cada una con sus problemas y tareas, pero todas en di\u00e1logo, manteniendo el mismo proyecto de Reino de Jes\u00fas, el anuncio y experiencia de su evangelio. L\u00f3gicamente, las maneras de entender y actualizar la vida y mensaje de Jes\u00fas har\u00e1n que su \u00fanico proyecto de vida se expanda, se divida y pluralice. Las diferencias de los evangelios han de interpretarse desde perspectivas teol\u00f3gicas (la multiformidad de Cristo) y eclesiales de tipo administrativo e incluso jer\u00e1rquico. Pero en el fondo de ellas encontramos un problema social: cada comunidad cristiana ha respondido a la llamada de Jes\u00fas (a su evangelio de los pobres) en caminos y tendencias diferentes porque ha sido diferente su contexto cultural y humano. La visi\u00f3n teol\u00f3gica de fondo resulta inseparable de las diversas formas que ha suscitado y recibido en las comunidades cristianas. El \u00fanico evangelio de Jes\u00fas se conoce y expresa (se predica) ya desde el principio a trav\u00e9s de un abanico convergente de respuestas, conforme a los principios sociales y a los mismos ideales misioneros de las comunidades que se encuentran en el fondo de los cuatro evangelios. El evangelio s\u00f3lo se entiende, por tanto, a trav\u00e9s de un ejercicio de comuni\u00f3n entre las iglesias. Se trata de una comuni\u00f3n donde, partiendo de Jes\u00fas y en perspectivas sociales diferentes, los diversos grupos eclesiales cultivan el amor como di\u00e1logo y expanden el camino de la Iglesia como espacio y principio de esperanza escatol\u00f3gica. En esta perspectiva nos viene a situar la investigaci\u00f3n exeg\u00e9tica reciente. El mensaje de Jes\u00fas no aparece por tanto cerrado en una Escritura \u00fanica (como puede suceder con el Cor\u00e1n de Mahoma), sino abierto en formas distintas, que apelan a la misma pascua, que es comuni\u00f3n de los hombres en el amor, superando as\u00ed las oposiciones e imposiciones de unos contra otros.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\"><em>Los l\u00edmites de la Iglesia. Evangelios ap\u00f3crifos y gn\u00f3sticos<\/em>. Desde finales del siglo II d.C. la Gran Iglesia s\u00f3lo reconoce cuatro evangelios can\u00f3nicos, porque ellos eran los m\u00e1s le\u00eddos en las comunidades. No acept\u00f3 m\u00e1s porque no los juzg\u00f3 necesarios (a pesar de que por el paralelo con el Pentateuco hubiera sido m\u00e1s comprensible que hubiera cinco). Pero tampoco los redujo y condens\u00f3 en un evangelio normativo, a pesar del intento de algunos que como Taciano, <em>Diatessaron, <\/em>quisieran armonizar y unificar sus cuatro visiones. Fuera del canon quedaron muchos evangelios <em>ap\u00f3crifos <\/em>en los que se narraba tambi\u00e9n la historia de Jes\u00fas o se recog\u00edan sus ense\u00f1anzas. Entre ellos (adem\u00e1s del documento Q*, que no puede llamarse ap\u00f3crifo, porque no se ha conservado) est\u00e1n, por ejemplo, los <em>evangelios de Tom\u00e1s<\/em>* y <em>Felipe<\/em>, el <em>Protoevangelio de Santiago<\/em>*, el <em>Evangelio<\/em>* <em>secreto de Marcos <\/em>y el <em>Evangelio de Pedro<\/em>* e incluso el <em>de Judas. <\/em>En general (con la posible excepci\u00f3n de Tom\u00e1s), ellos son mucho m\u00e1s recientes que los cuatro evangelios can\u00f3nicos, pero pueden ofrecer y ofrecen una visi\u00f3n complementaria de la vida y mensaje de Jes\u00fas. Entre los evangelios ap\u00f3crifos hay varios de tipo novel\u00edstico o devocional, que no a\u00f1aden nada al conocimiento de Jes\u00fas, aunque reflejan el tipo de piedad popular de amplios sectores de la Iglesia antigua. Hay tambi\u00e9n evangelios de tipo gn\u00f3stico, que quieren traducir el mensaje de Jes\u00fas en formas de piedad intimista, desligada del compromiso social del evangelio. Actualmente, tras los descubrimientos del desierto de Egipto donde ha salido a la luz la famosa biblioteca de <em>Nag Hammadi<\/em>, conocemos de manera directa varios evangelios gn\u00f3sticos antiguos. Ellos tienen gran valor para los investigadores de la religi\u00f3n y para los pensadores y fil\u00f3sofos, pero son menos importantes para el conocimiento de la historia de Jes\u00fas y para la vida concreta de la Iglesia. Por eso, frente a todas las noticias sensacionalistas, frente a todas las visiones esot\u00e9ricas de aquellos que piensan que la Iglesia ha pretendido ocultar el m\u00e1s profundo conocimiento de Jes\u00fas que ofrecen esos evangelios gn\u00f3sticos (entre ellos el de Judas), debemos afirmar que aportan poco en el plano hist\u00f3rico y menos todav\u00eda en plano de vivencia religiosa cristiana. Ciertamente, en tiempo antiguo pudo haber no s\u00f3lo un rechazo, sino tambi\u00e9n un ocultamiento de los evangelios gn\u00f3sticos, incluso con persecuciones (tras el siglo IV d.C.). Pero si los evangelios gn\u00f3sticos y algunos otros ap\u00f3crifos no se han conservado \u00edntegramente, no es sin m\u00e1s por persecuci\u00f3n oficial de las iglesias, sino por la desaparici\u00f3n de los grupos gn\u00f3sticos. De todas formas, muchos de ellos se han conservado y algunos se han descubierto de nuevo, de tal forma que est\u00e1n al alcance de los investigadores y curiosos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Sobre el origen y extensi\u00f3n de los evangelios, cf. H. K\u00d6STER, <em>Ancient Christian Gospels. Their History and Development<\/em>, SCM, Londres 1990; E. GONZ\u00c1LEZ BLANCO, <em>Los evangelios ap\u00f3crifos <\/em>I-III, Bergua, Madrid 1934; PI\u00d1ERO (ed.), <em>Textos gn\u00f3sticos. Biblioteca de Nag Hammadi <\/em>I-III, Trotta<em>, <\/em>Madrid 19972000; A. SANTOS OTERO, <em>Los Evangelios Ap\u00f3crifos, <\/em>BAC 148, Madrid 1975. Sobre la interpretaci\u00f3n de los evangelios, cf. P. GRELOT, <em>Los evangelios y la historia, <\/em>Herder, Barcelona 1986; <em>Las Palabras de Jesucristo<\/em>, Herder, Barcelona 1988; X. L\u00c9ON-DUFOUR, <em>Los evangelios y la historia de Jes\u00fas, <\/em>Herder, Barcelona 1982; <em>Estudios de evangelio, <\/em>Estela, Barcelona 1969; G. THEISSEN, <em>Colorido local y contexto hist\u00f3rico en los evangelios. Una contribuci\u00f3n a la historia de la tradici\u00f3n sin\u00f3ptica, <\/em>BEB 95, S\u00edgueme, Salamanca 1997; <em>La redacci\u00f3n de los evangelios y la pol\u00edtica eclesial, <\/em>\u00c1gora 11, Verbo Divino, Estella 2003; W. WEREN, <em>M\u00e9todos de ex\u00e9gesis de los evangelios, <\/em>Verbo Divino, Estella 2003; Ph. VIELHAUER, <em>Historia de la literatura cristiana primitiva, <\/em>BEB 72, S\u00edgueme, Salamanca 1991.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Todos los derechos: <em>Diccionario de la Biblia, historia y palabra<\/em>, X. Pikaza<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1. Introducci\u00f3n La palabra evangelio deriva del griego eu-angelion, buena noticia, y propiamente hablando significa el mensaje del eu-angelos, es decir, del \u00e1ngel bueno o mensajero favorable de los dioses. En el fondo de ese t\u00e9rmino se encuentra una palabra &hellip; <a href=\"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3065\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":""},"categories":[15],"tags":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p2dsrC-Nr","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3065"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3065"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3065\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3066,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3065\/revisions\/3066"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3065"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3065"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3065"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}