{"id":3074,"date":"2020-01-09T11:10:16","date_gmt":"2020-01-09T17:10:16","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3074"},"modified":"2021-01-09T11:13:26","modified_gmt":"2021-01-09T17:13:26","slug":"salvacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3074","title":{"rendered":"SALVACI\u00d3N"},"content":{"rendered":"<p>(<em>liberaci\u00f3n, redentor, Jes\u00fas<\/em>)<em>. <\/em>Estrictamente hablando, la antropolog\u00eda b\u00edblica no est\u00e1 centrada en el tema de la salvaci\u00f3n de Dios, en la l\u00ednea de las religiones gn\u00f3sticas, en las que el hombre se concibe como un ser ca\u00eddo, destruido, enajenado, que necesita que le salven. Ciertamente, la experiencia apocal\u00edptica (<em>1 Hen<\/em>) ha puesto de relieve la ca\u00edda y por eso acent\u00faa tambi\u00e9n la salvaci\u00f3n. Pero m\u00e1s que la salvaci\u00f3n, entendida en sentido intimista, Jes\u00fas anuncia y prepara el Reino*, es decir, la plenitud de vida de los hombres; por su parte, sus primeros disc\u00edpulos dan el testimonio de la resurrecci\u00f3n* del mismo Jes\u00fas que se identifica con su plenitud como ser humano, es decir, con el despliegue de la creaci\u00f3n. Desde esa perspectiva, a modo de esquema, queremos situar la salvaci\u00f3n cristiana en el contexto de Cristo redentor, liberador y reconciliador.<\/p>\n<p><em>Jesucristo Redentor. <\/em>En la l\u00ednea de la antigua teolog\u00eda y experiencia de Israel, que ha descubierto la acci\u00f3n de Dios en los jueces* y\/o liberadores (pacificadores) nacionales, Jes\u00fas puede y debe presentarse como redentor de la humanidad. Redimir significa rescatar lo que estaba enajenado (o perdido), comprar lo que hab\u00eda ca\u00eddo en otras manos, para devolver (crear) la libertad a los humanos. Dios mismo aparece en la Escritura como redentor de los hebreos esclavos en Egipto (Ex 1\u201319) o cautivos en Babilonia (cf. Is 40\u201355). Llegando hasta el final en esa l\u00ednea, el Nuevo Testamento afirma que Jes\u00fas nos ha redimido de la opresi\u00f3n de lo diab\u00f3lico, es decir, de la falta de libertad, del miedo a la muerte, de la espiral infinita de la violencia y venganza, de opresi\u00f3n y odio que nunca terminan. Nos ha redimido con su vida, es decir, con su amor gratuito, con la donaci\u00f3n de su existencia. De esa forma ha muerto (se ha entregado \u00e9l mismo) para que nosotros podamos vivir, se ha perdido para que podamos encontrarnos. En amor nos ha \u00abcomprado\u00bb sin pedirnos nada a cambio (cf. Mc 10,45, con <em>lytron<\/em>). Por eso, el Nuevo Testamento presenta a Jes\u00fas como <em>lytr\u00f4t\u00ean <\/em>o redentor (Hch 7,35; cf. Lc 2,14.38; Heb 9,12). Sobre esa base ha desarrollado la teolog\u00eda posterior el descenso de Jes\u00fas a los infiernos para redimir a los que estaban dominados por la muerte.<\/p>\n<p><em>Jesucristo Salvador<\/em>. El mismo gesto de la redenci\u00f3n puede presentarse de manera m\u00e1s sacral como salvaci\u00f3n: nos ha ofrecido Jes\u00fas la \u00absalud\u00bb de Dios, la gracia de la vida, para que podamos expresarnos en gozo y libertad sobre la tierra, sin opresi\u00f3n de unos sobre otros, sin miedo a la condena. El Nuevo Testamento presenta a Jes\u00fas como <em>s\u00f4t\u00ear <\/em>o salvador verdadero, en contra de los dioses o emperadores que ofrecen una salvaci\u00f3n falsa (cf. Lc 2,11; Jn 4,42; Ef 5,23; 1 Tim 4,10). Hay muchas salvaciones de tipo hist\u00f3rico que vienen a expresarse en la salud interior y exterior, en el amor mutuo y el pan compartido, en la palabra dialogada y en la casa de la fraternidad&#8230; Desde ah\u00ed, la Iglesia ha destacado los signos salvadores de tipo sacramental, aquellos gestos sagrados que se vinculan a los grandes momentos de la vida humana (bautismo o nacimiento a la gracia, eucarist\u00eda o pan compartido en Cristo, matrimonio o celebraci\u00f3n del amor mutuo&#8230;), de tal forma que en ellos viene a expresarse la novedad y hondura de la vida que Cristo ha querido ofrecernos. Eso significa que no estamos perdidos en un mundo sin signos ni se\u00f1ales&#8230; Podemos vivir ya desde ahora en actitud de pascua, a partir de la presencia de Jes\u00fas hecha principio de comuni\u00f3n para los humanos. Sobre esa base podemos esperar y esperamos la salvaci\u00f3n eterna, la resurrecci\u00f3n de la vida en (tras) la muerte.<\/p>\n<p><em>Jesucristo liberador. <\/em>Las dos expresiones anteriores (redenci\u00f3n y salvaci\u00f3n) se encuentran vinculadas a la vida concreta de los hombres sobre el mundo y deben expresarse en signos de liberaci\u00f3n, de manera que los mismos cristianos susciten aquellas condiciones que hagan posible una vida de libertad sobre la tierra. Para ello es necesario superar las estructuras de injusticia y opresi\u00f3n que actualmente dominan sobre el mundo. La figura y obra de Jes\u00fas ha de convertirse en fuente cr\u00edtica de transformaci\u00f3n de la sociedad, de manera que todos los humanos, partiendo de los m\u00e1s pobres, puedan acceder a la experiencia de la gratuidad y comuni\u00f3n en Cristo. Una parte considerable de la teolog\u00eda de los \u00faltimos decenios ha sido muy sensible a este elemento de la vida y pascua de Jes\u00fas. Su mensaje y obra no puede reducirse a un simple cambio de estructuras econ\u00f3micas o pol\u00edticas, sino que ha de expresarse en los diversos niveles de la vida individual y comunitaria. Esa vida de Jes\u00fas resulta inseparable de la transformaci\u00f3n humana integral, abierta a la pol\u00edtica: porque se hab\u00eda comprometido pol\u00edticamente, ofreciendo libertad en perspectiva de casa, mesa y palabra compartida, mataron a Jes\u00fas. Desde ah\u00ed debe entenderse su presencia actual en el mundo, por medio de la Iglesia.<\/p>\n<p><em>Jesucristo Propiciador y Reconciliador<\/em>. De forma puramente indicativa, abri\u00e9ndonos al campo de la teolog\u00eda paulina, podemos presentar a Jes\u00fas como aquel que nos ha redimido haci\u00e9ndose propiciaci\u00f3n por nuestros pecados (Rom 3,24-25): los ha tomado como propios, en gesto de perd\u00f3n, haci\u00e9ndonos as\u00ed capaces de vivir en gratuidad. Dios nos ha amado en Jes\u00fas de tal manera que nos ha dado en \u00e9l toda su vida: no lo ha reservado de un modo ego\u00edsta (= no lo ha perdonado), sino que ha querido entregarlo por nosotros, abriendo as\u00ed un espacio y tiempo de gratuidad universal, de redenci\u00f3n completa (cf. Rom 8,32). Por eso, el mismo Jes\u00fas Salvador puede presentarse como Reconciliador universal. Dios ha revelado por \u00e9l toda su gracia, ofreciendo al mundo su reconciliaci\u00f3n, la fuerza desbordante y creadora de su vida; l\u00f3gicamente, los cristianos, que le hemos conocido y aceptado, debemos convertirnos en ministros de reconciliaci\u00f3n, testigos y portadores de una redenci\u00f3n que es palabra de gracia abierta a todos los humanos (cf. 2 Cor 5,16-21).<\/p>\n<p>Cf. J. ESPEJA, <em>Jesucristo, palabra de libertad, <\/em>San Esteban, Salamanca 1979; O. GONZ\u00c1LEZ DE CARDEDAL, <em>Cristolog\u00eda, <\/em>BAC, Madrid 2004; J. I. GONZ\u00c1LEZ FAUS, <em>La Humanidad Nueva. Ensayo de Cristolog\u00eda, <\/em>Sal Terrae, Santander 1981; A. GRILLMEIER, <em>Jesucristo en la fe de la Iglesia, <\/em>S\u00edgueme, Salamanca 1998; B. SESBO\u00dc\u00c9, <em>Jesucristo, el \u00fanico mediador <\/em>I-II, Sec. Trinitario, Salamanca 1990-1992; J. SOBRINO, <em>Cristolog\u00eda desde Am\u00e9rica Latina<\/em>, CRT, M\u00e9xico 1976; <em>Jesucristo liberador <\/em>I-II, Trotta, Madrid 19931998.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Todos los derechos: <em>Diccionario de la Biblia, historia y palabra<\/em>, X. Pikaza<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(liberaci\u00f3n, redentor, Jes\u00fas). Estrictamente hablando, la antropolog\u00eda b\u00edblica no est\u00e1 centrada en el tema de la salvaci\u00f3n de Dios, en la l\u00ednea de las religiones gn\u00f3sticas, en las que el hombre se concibe como un ser ca\u00eddo, destruido, enajenado, que &hellip; <a href=\"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3074\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":""},"categories":[15],"tags":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p2dsrC-NA","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3074"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3074"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3074\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3075,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3074\/revisions\/3075"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3074"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3074"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3074"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}