{"id":3149,"date":"2015-01-13T10:21:24","date_gmt":"2015-01-13T16:21:24","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3149"},"modified":"2021-01-13T10:28:52","modified_gmt":"2021-01-13T16:28:52","slug":"mistica-teologia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3149","title":{"rendered":"M\u00edstica teolog\u00eda"},"content":{"rendered":"<p>\u201cM\u00edstica teolog\u00eda\u201d es una expresi\u00f3n que santa Teresa emplea cuatro veces en su Libro de la Vida (cf V 10,1; 11,5; 12,5; 18,2) con un significado que tiene tras de s\u00ed toda una tradici\u00f3n apof\u00e1tica procedente del Pseudo Dionisio, de finales del siglo V, en cuyo peque\u00f1o escrito titulado Teolog\u00eda m\u00edstica, tan breve como influyente en la historia de la espiritualidad y de la teolog\u00eda cristiana (cf Obras completas del Pseudo Dionisio Areopagita, ed. de Teodoro H. Mart\u00edn, Madrid, BAC, 1990, 371-380), adquiri\u00f3 ya carta de naturaleza lo que dicha expresi\u00f3n iba a significar hasta el siglo XVII: un conocimiento experimental, inmediato, interno y sabroso de las realidades divinas; un conocimiento \u201cteop\u00e1tico\u201d en el que la realidad de Dios es \u201cpadecida\u201d m\u00e1s que sabida: \u201cnon discens sed patiens divina\u201d, no aprendiendo sino padeciendo lo divino, como hab\u00eda dicho el Pseudo-Dionisio (Los Nombres de Dios 2,9, ed. cit., 288) en f\u00f3rmula que tambi\u00e9n santo Tom\u00e1s acogi\u00f3 e hizo suya (Summa Theologiae 1-2, q. 22, a. 3, ad 1). As\u00ed, pues, la expresi\u00f3n teresiana \u201cm\u00edstica teolog\u00eda\u201d, con su evidente carga dionisiana, quiere decir, no el estudio de la m\u00edstica por parte de la teolog\u00eda, sino la experiencia m\u00edstica misma, el conocimiento obtenido a partir de la uni\u00f3n vivida con Dios y de su operaci\u00f3n en ella, esto es, como sin\u00f3nimo de sabidur\u00eda secreta o contemplaci\u00f3n infusa.<\/p>\n<p>Y es que, desde la \u00e9poca patr\u00edstica hasta santa Teresa, el t\u00e9rmino \u201cm\u00edstico\u201d era s\u00f3lo un adjetivo \u2013el adjetivo de un secreto\u2013 que cualificaba a un sustantivo, que alud\u00eda a esa dimensi\u00f3n velada y profunda de la sabidur\u00eda de Dios, del \u00abMysterion\u00bb paulino (cf 1Cor 2,1-16), en los tres sentidos de los que habla Louis Bouyer \u2013b\u00edblico, lit\u00fargico y espiritual\u2013, que han llegado hasta nuestros d\u00edas y que forman objetivamente una unidad (cf L. Bouyer, \u00abMystique. Essai sur l\u2019histoire d\u2019un mot\u00bb, Suppl\u00e9ment \u00e0 La vie spirituelle 3 (1949) 3-23; Mysterion. Du myst\u00e8re \u00e0 la mystique, Par\u00eds 1986). Pero no exist\u00eda a\u00fan el sustantivo \u201cm\u00edstica\u201d ni el concepto \u201cexperiencia m\u00edstica\u201d. Donde nosotros hoy hablamos de \u201cm\u00edsticos\u201d, los autores del siglo XVI dec\u00edan m\u00e1s bien \u201ccontemplativos\u201d o \u201cespirituales\u201d. Fue a partir de la primera mitad del siglo XVII cuando apareci\u00f3 por primera vez en la espiritualidad occidental el sustantivo \u201cm\u00edstica\u201d como delimitaci\u00f3n ya de un espacio propio \u2013lo que Michel de Certeau ha llamado \u00abel establecimiento de un \u00e1mbito espec\u00edfico\u00bb\u2013, referido a una determinada experiencia interior y orientado hacia la identificaci\u00f3n de unos hechos aislables, de un modo de conocimiento, de un tipo de discurso, de unos tipos sociales (los m\u00edsticos) y de una nueva ciencia que abordar\u00eda su estudio. Esa novedad, sin embargo, no iba a estar tanto en la identificaci\u00f3n de la vida m\u00edstica cuanto en su aislamiento y objetivaci\u00f3n ante la mirada de los que comenzaban a estudiarla desde fuera (cf M. de Certeau, \u00abMystique\u00bb, Encyclopaedia Universalis, vol. 11, 522; \u00abMystique au XVII si\u00e8cle. Le probl\u00e8me du langage mystique\u00bb, L\u2019homme devant Dieu, II, Par\u00eds 1964, 267-292; La fable mystique. XVI-XVII si\u00e8cle, Par\u00eds 1982).<\/p>\n<p>1. Teresa, mujer de experiencia<\/p>\n<p>Seg\u00fan esta acepci\u00f3n propia y vigente hasta el siglo XVII, el \u201cte\u00f3logo m\u00edstico\u201d no era el estudioso de la m\u00edstica desde la teolog\u00eda, sino el que expresaba su propia experiencia m\u00edstica, acepci\u00f3n que se corresponde con lo efectuado por Santa Teresa, aunque ella al hacerlo no se considere una mujer \u201cletrada\u201d, ni siquiera \u201cletrera\u201d, lo que tampoco quiere decir inculta, desconectada de la cultura de su \u00e9poca, como tantas veces se ha dicho por mor de tanto t\u00f3pico y en contra de su indisimulada condici\u00f3n de lectora empedernida, voraz, amiga de libros (cf V 1,1; 2,1; 3,4.7; 4,7.9; 5,3; 6,4; 7,10.13; 12,2; 13,12.17; 14,7; 22,3; 23,12.15; 26,6; 30,17; 32,5; 40,6; Cons 8; cta 82,1, al P. Luis de Granada). El caso es que ella se define a s\u00ed misma como una mujer \u201cespiritual\u201d, en perfecta sinton\u00eda con los c\u00edrculos espirituales de su tiempo que patrocinaban una espiritualidad evang\u00e9lica, intimista, en las que la oraci\u00f3n y el recogimiento se convirtieron en punto de referencia, con una oraci\u00f3n mental que deb\u00eda ser patrimonio de todos y que hab\u00eda que cultivar por encima de otros ritos externos, como v\u00eda de acercamiento a Dios, de contacto y experiencia directa, y a la que tambi\u00e9n ten\u00edan derecho las mujeres.<\/p>\n<p>Claro que, al decir esto, tampoco hay que olvidar que en esa \u00e9poca, junto al sector de los espirituales y en clara ofensiva contra ellos, se hallaba el otro grupo de los \u201cletrados\u201d, los te\u00f3logos de oficio, para quienes la oraci\u00f3n as\u00ed entendida \u2013\u00abporque no les lleva el Se\u00f1or por este modo de oraci\u00f3n, ni tienen principio de esp\u00edritu\u00bb (Conc 6, 7)\u2013 incitaba a la sospecha de fen\u00f3menos iluministas y de g\u00e9rmenes luteranos. Este enfrentamiento o contencioso entre espirituales y letrados fue mucho m\u00e1s tr\u00e1gico de lo que a veces se piensa, pues ante la ofensiva de los te\u00f3logos, reticentes ante ese anhelo de encontrarse con Dios personalmente, en una experiencia m\u00e1s atrevida incluso que la del luteranismo, armados con todo su aparato aplastante, con el poderoso instrumento de la Inquisici\u00f3n a su medida y siempre a su disposici\u00f3n, los cen\u00e1culos de espirituales se hallaban inermes, indefensos, al borde de ser estigmatizados como herejes. Los procesos contra los \u201calumbrados\u201d, las hostilidades contra el arzobispo Carranza, contra la propia santa Teresa, tienen que explicarse por este motivo, por el peso creciente del te\u00f3logo Melchor Cano en los medios oficiales y en el \u00e1nimo del Inquisidor General Fernando de Vald\u00e9s, que participaba de sus mismas convicciones y prejuicios, y que cuaj\u00f3 en medidas represoras como las del \u00cdndice de libros prohibidos del a\u00f1o 1559 en el que se vieron incluidos numerosos espirituales, desde el maestro Juan de \u00c1vila hasta fray Luis de Granada y Francisco de Borja.<\/p>\n<p>Pues bien, en medio de ese contencioso y de unos tiempos que ella se atreve a calificar de \u201crecios\u201d (V 33,5), de sistem\u00e1tica sospecha, Teresa se declara abiertamente como mujer espiritual y en posesi\u00f3n de una rica experiencia: \u00abcreo que hay pocos que hayan llegado a la experiencia de tantas cosas\u00bb, dec\u00eda de s\u00ed misma cuando todav\u00eda estaba a mitad de camino (V 40,8), convencida adem\u00e1s de que para esa experiencia se hallan mejor dispuestas las mujeres que los hombres, \u00abque hay muchas m\u00e1s que hombres a quien el Se\u00f1or hace estas mercedes\u00bb, aunque al decir esto tenga que andar con pies de plomo y respaldar sus convicciones en la autoridad de personas indiscutidas: \u00aby esto o\u00ed al santo fray Pedro de Alc\u00e1ntara, y tambi\u00e9n lo he visto yo, que dec\u00eda aprovechaban mucho m\u00e1s en este camino que los hombres, y daba de ello excelentes razones, que no hay por qu\u00e9 las decir aqu\u00ed, todas en favor de las mujeres\u00bb (V 40,8).<\/p>\n<p>Su convicci\u00f3n fundamental es que sin experiencia no hay conocimiento de Dios, pues Dios mismo es sujeto de experiencia: \u00abHartos a\u00f1os estuve yo que le\u00eda muchas cosas y no entend\u00eda nada de ellas. Cuando Su Majestad quiere, en un punto lo ense\u00f1a todo, de manera que yo me espanto\u00bb (V 12,6); \u00abporque no era nada lo que entend\u00eda hasta que Su Majestad por experiencia me lo daba a entender\u00bb (V 22,3). La experiencia es un conocimiento directo, sabroso, en que se llega a saber algo no por noticia objetiva venida de fuera, sino por haberlo vivido o padecido en el propio ser. La experiencia no es experiencia por ser emp\u00edrica, como se acostumbra a pensar desde el empirismo, sino que es o suele ser emp\u00edrica por ser intuitiva, como un claro de conciencia en que se abre un espacio de visibilidad de algo que est\u00e1 cabe s\u00ed, de una realidad subyugante e incuestionable: \u00abAcaec\u00edame en esta representaci\u00f3n que hac\u00eda de ponerme cabe Cristo, y aun algunas veces leyendo, venirme a deshora un sentimiento de la presencia de Dios que en ninguna manera pod\u00eda dudar que estaba dentro de m\u00ed o yo toda engolfada en \u00c9l. Esto no es manera de visi\u00f3n; creo lo llaman m\u00edstica teolog\u00eda\u00bb (V 10,1).<\/p>\n<p>Para Teresa es tan determinante este factor de la experiencia \u2013\u00ablo que el Se\u00f1or me ha dado por experiencia\u00bb (V 10,9; 22,6), \u00abel modo por el que quiere Su Majestad darse a sentir\u00bb (V 27,4; M 5,4,3)\u2013, como valor no\u00e9tico, clave de comprensi\u00f3n de todo y argumento redaccional de sus escritos \u2013\u00abno dir\u00e9 cosa que no la haya experimentado mucho\u00bb (V 18,8; R 5,1), \u00ablo que dijere helo visto por experiencia\u00bb (V 22,5; 28,7)\u2013, que puede decirse con absoluto rigor, sin temor a lo hiperb\u00f3lico, que ya en el primero de ellos, en su Libro de la Vida, escrito diez a\u00f1os antes de que Miguel de Montaigne empezara la redacci\u00f3n de sus Ensayos y m\u00e1s de medio siglo con respecto a la publicaci\u00f3n del cartesiano Discurso del m\u00e9todo, est\u00e1 el acta de nacimiento de la intimidad moderna. As\u00ed lo vio Miguel de Unamuno con su agudo ingenio provocativo \u2013\u00abSanta Teresa vale por cualquier Cr\u00edtica de la raz\u00f3n pura\u00bb\u2013 y as\u00ed lo ha demostrado Pedro Cerezo en un excelente trabajo que viene a poner de manifiesto c\u00f3mo la m\u00edstica espa\u00f1ola, coet\u00e1nea del humanismo secularista, alumbr\u00f3 una nueva forma de subjetividad, abierta en \u00e9xtasis de trascendencia desde su m\u00e1s profundo centro, antes de que el giro cartesiano viniera a cerrarla sobre s\u00ed misma en la autarqu\u00eda de un solipsismo intrascendible (cf P. Cerezo, \u00abLa experiencia de la subjetividad en Teresa de Jes\u00fas\u00bb, La recepci\u00f3n de los m\u00edsticos Teresa de Jes\u00fas y Juan de la Cruz, Salamanca 1997, 171-204).<\/p>\n<p>Con donosa raz\u00f3n pod\u00eda decir ella que \u00abesto visto por experiencia es otro negocio que s\u00f3lo pensarlo o creerlo\u00bb (CV 6, 3), pues mientras el pensamiento se ocupa en meras representaciones, y la creencia se basa en noticias indirectas que se fundan en la autoridad y veracidad de quien las transmite, en la experiencia, en cambio, se trata de un registro directo e inmediato de la realidad que queda \u00abimprimido en las entra\u00f1as\u00bb (CV 6,4): \u00abs\u00ed, que, sin verse, se imprime con una noticia tan clara que no parece se puede dudar; que quiere el Se\u00f1or est\u00e9 tan esculpido en el entendimiento, que no se puede dudar m\u00e1s que lo que se ve, ni tanto, porque en esto algunas veces nos queda sospecha si se nos antoj\u00f3; ac\u00e1, aunque de presto d\u00e9 esta sospecha, queda por una parte gran certidumbre que no tiene fuerza la duda\u00bb (V 27,5). Lo caracter\u00edstico de la experiencia es precisamente ese valor de cu\u00f1o o grabaci\u00f3n directa, sin mediaciones ni procesos, a modo de herida o sello: \u00abPone el Se\u00f1or lo que quiere que el alma entienda en lo muy interior del alma y all\u00ed lo representa sin imagen ni forma de palabras\u00bb (V 27,6). Una percepci\u00f3n por el alma sola y que, adem\u00e1s de esclarecer la inteligencia y fortalecer la voluntad, deja una certidumbre que no admite la duda: \u00abQueda una certidumbre que en ninguna manera se puede dejar de creer\u00bb (V 18,14; M 5,1,9), \u00abuna certidumbre que s\u00f3lo Dios la puede poner, y quien no quedare con esta certidumbre, no dir\u00eda yo que es uni\u00f3n de toda el alma con Dios\u00bb (M 5,1,10-11).<\/p>\n<p>Conviene advertir, no obstante, que esta certidumbre de la experiencia m\u00edstica se inscribe o cristaliza en el \u00e1mbito de la fe, es una profundizaci\u00f3n de la fe. El m\u00edstico no tiene experiencia de Dios porque le vea, le oiga o le toque con los sentidos corporales, como parece suponer el error tan frecuente de quienes oponen la fe al conocimiento de Dios por experiencia, bien porque se niegue a la fe toda relaci\u00f3n con la experiencia, al hacer de ella un asentimiento ciego a unas verdades descubiertas por otros, o bien porque se conciba la experiencia m\u00edstica como un camino alternativo a la fe para el encuentro con el Misterio, como una forma de contacto directo con Dios que vendr\u00eda a derogar el r\u00e9gimen de oscuridad propio de la fe. Si la experiencia m\u00edstica puede comportar visiones, audiciones o sensaciones t\u00e1ctiles, eso ser\u00e1 en todo caso fen\u00f3menos concomitantes por la repercusi\u00f3n de la experiencia sobre los sentidos, pero no la experiencia m\u00edstica en cuanto tal, que consiste en un conocimiento de amor vivido en la fe, que se sit\u00faa en la dimensi\u00f3n misma de la fe, condici\u00f3n imprescindible para poder entrar en contacto con esa realidad del Misterio, con esa realidad trascendente-inmanente en el coraz\u00f3n del sujeto, y abrirse receptivamente a ella como se abre el poeta ante la flor para poder percibir su esencia, todo eso que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de sus accidentes, de sus funciones y utilidades.<\/p>\n<p>La experiencia m\u00edstica, como explica Juan de la Cruz, \u00abes a modo de la fe, en la cual amamos a Dios sin entenderle\u00bb (CB, pr\u00f3l. 2), ya que \u00abpor este solo medio se manifiesta Dios al alma en divina luz que excede todo entendimiento\u00bb, se da a sentir como amor absoluto, y as\u00ed, \u00abcuanto m\u00e1s fe el alma tiene, m\u00e1s unida est\u00e1 con Dios\u00bb (S II, 9,1). Esto quiere decir que la fe es ya una forma de experiencia, la m\u00e1s radical y de la que se alimentan todas las dem\u00e1s, pues la fe tiene vocaci\u00f3n de experiencia y sus propios \u201cojos\u201d que permiten una determinada forma de \u201cvisi\u00f3n\u201d: la visi\u00f3n de la realidad en su misteriosa totalidad y unidad, en la que Dios est\u00e1 conectado vivencialmente con el n\u00facleo profundo del universo entero como fundamento de gracia y amor, no al lado de las cosas ni sobre ellas, sino como sustancia de ellas, como amor gratuito, y por ello precisamente como realidad eminentemente personal, \u00abporque con esta presencia les da vida y ser, y si esta presencia esencial les faltase, todas se aniquilar\u00edan y dejar\u00edan de ser, y \u00e9sta nunca falta en el alma\u00bb (CB 11,3). Por la fe podemos decir con san Pablo que \u00abCristo habita en nuestros corazones\u00bb (Ef 3,17), y por la fe tomamos conciencia de esa presencia amorosa que es el fundamento invisible de todo ser y que, como dice Teresa, \u00abda valor a todas las cosas\u00bb (E 5,2). \u00abEstando una vez en oraci\u00f3n, se me represent\u00f3 muy en breve, sin ver cosa formada, mas fue una representaci\u00f3n con toda claridad, c\u00f3mo se ven en Dios todas las cosas y c\u00f3mo las tiene todas en s\u00ed; saber escribir esto yo no lo s\u00e9, mas qued\u00f3 muy imprimido en mi alma, y es una de las grandes mercedes que el Se\u00f1or me ha hecho\u00bb (V 40,9; M 6, 10,2).<\/p>\n<p>2. La experiencia m\u00edstica de Teresa<\/p>\n<p>La experiencia m\u00edstica, como el acto de fe, comporta siempre estos tres aspectos esenciales: un aspecto no\u00e9tico (cognoscitivo), un aspecto \u00e9tico (moral) y un aspecto fundamental, primordial, que surge de la experiencia, del contacto \u00edntimo con la realidad de la fe, con su objeto, que es el Sujeto con respecto a nosotros, el acontecimiento mismo del Misterio, aun cuando la experiencia de ese acontecimiento no pueda hacerse inteligiblemente refleja y objetivada verbalmente. La peculiaridad en el caso de Teresa es que esa experiencia m\u00edstica, su vivencia del Misterio, adem\u00e1s de hacerse inteligiblemente refleja, de \u00abentender qu\u00e9 merced es\u00bb, se hizo tambi\u00e9n verbalmente objetiva, supo \u00abdecirla y dar a entender c\u00f3mo es\u00bb (V 17,5), plasm\u00e1ndola en un tipo de escritos que son una especie de memorias-gu\u00eda, como mapas de viaje de un viejo explorador de selvas v\u00edrgenes, con planos, notas y avisos que aspiran a llevar al lector hasta donde ella misma ha llegado; motivo por el que esos escritos adquieren para nosotros una repercusi\u00f3n ling\u00fc\u00edstica de enorme magnitud, pues adem\u00e1s del c\u00f3digo m\u00edstico autoimplicativo, por ser todos ellos de car\u00e1cter autobiogr\u00e1fico, llevan igualmente un prop\u00f3sito inductor, mistag\u00f3gico, de naturaleza operativa. Gracias a ellos podemos ver el itinerario de su propia experiencia, las etapas de su camino m\u00edstico, y por ellos llegar a entrever tambi\u00e9n algo de ese mundo interior de maravillas que da a \u00abotra regi\u00f3n muy diferente de \u00e9sta en que vivimos, adonde se le muestra al alma otra luz tan diferente de la de ac\u00e1\u00bb (M 6,5,7). De momento nos corresponde ver aqu\u00ed su experiencia personal, su contacto \u00edntimo con el Misterio, proceso que han sistematizado competentes teresianistas (cf T. \u00c1lvarez, \u00abSanta Teresa de Jes\u00fas contemplativa\u00bb, EphCarm 13 (1962) 9-62; \u00abJesucristo en la experiencia de Santa Teresa\u00bb, MteCarm. 88 (1980) 335-365; \u00abSanta Teresa di Ges\u00f9 mistica\u00bb, Vita cristiana ed esperienza mistica, Roma 1982, 199-229; M. A. Garc\u00eda Ord\u00e1s, \u00abLa vita trinitaria nella spiritualit\u00e0 di S. Teresa\u00bb, RivVitSpir 22 (1968) 538-557; M. Herr\u00e1iz, \u00abVida m\u00edstica en Santa Teresa de Jes\u00fas\u00bb, Estudios Trinitarios 16 (1982) 241-260) y que vamos a seguir al hilo de una serie de textos del Libro de la Vida y de sus Relaciones o Cuentas de conciencia.<\/p>\n<p>1) Vida 9. Es el cap\u00edtulo en el que refiere el acontecimiento clave de lo que se ha dado en llamar la conversi\u00f3n, seguramente por analog\u00eda con la de san Pablo (cf 1Cor 15,8; 9,1; G\u00e1l 1,15-16; Fip 3,7.12), y que constituye el hecho fundante de su experiencia m\u00edstica cristoc\u00e9ntrica, ocurrido en la primavera del a\u00f1o 1554, a la edad de casi 40 a\u00f1os, ante una imagen \u00abde Cristo muy llagado y tan devota que \u2013[atenci\u00f3n a los verbos y pronombres encl\u00edticos empleados]\u2013, en mir\u00e1ndola, toda me turb\u00f3 de verle tal, porque representaba muy bien lo que pas\u00f3 por nosotros. Fue tanto lo que sent\u00ed de lo mal que hab\u00eda agradecido aquellas llagas, que el coraz\u00f3n me parece se me part\u00eda, y arroj\u00e9me cabe \u00c9l con grand\u00edsimo derramamiento de l\u00e1grimas, suplic\u00e1ndole me fortaleciese ya de una vez para no ofenderle\u00bb (V 9,1). Ese acontecimiento hab\u00eda sido caldeado por una larga situaci\u00f3n angustiosa \u2013\u00abdeseaba vivir, que bien entend\u00eda que no viv\u00eda, sino que peleaba con una sombra de muerte\u00bb (V 8,12)\u2013, con todo el aval de su propia impotencia \u2013\u00abpues ya andaba mi alma cansada\u00bb (V 9,1), \u00abporque estaba ya muy desconfiada de m\u00ed\u00bb (V 9,3)\u2013, y con la providencial lectura de un libro decisivo que le sirvi\u00f3 de espejo: las Confesiones de san Agust\u00edn (V 9, 7-8).<\/p>\n<p>2) Vida 10,1; 18,15. Es lo que podr\u00edamos llamar su primera experiencia teologal, y la describe as\u00ed: \u00abTen\u00eda yo algunas veces, aunque con mucha brevedad pasaba, comienzo de lo que ahora dir\u00e9. Acaec\u00edame en esta representaci\u00f3n que hac\u00eda de ponerme cabe Cristo, y aun algunas veces leyendo, venirme a deshora un sentimiento de la presencia de Dios que en ninguna manera pod\u00eda dudar que estaba dentro de m\u00ed, o yo toda engolfada en \u00c9l. Esto creo lo llaman m\u00edstica teolog\u00eda\u00bb (V 10,1). Se trata de una percepci\u00f3n profunda e inmediata, esto es, sin medios, sin im\u00e1genes, sin representaciones, sin conceptos, de la presencia envolvente de Dios en s\u00ed misma y que se le otorga de forma enteramente gratuita. \u00abAcaeci\u00f3me a m\u00ed una ignorancia al principio, que no sab\u00eda que estaba Dios en todas las cosas, y como me parec\u00eda estar tan presente, parec\u00edame imposible. Dejar de creer que estaba all\u00ed no pod\u00eda, por parecerme casi claro hab\u00eda entendido estar all\u00ed su misma presencia. Los que no ten\u00edan letras me dec\u00edan que estaba s\u00f3lo por gracia. Yo no lo pod\u00eda creer; porque \u2013como digo\u2013 parec\u00edame estar presente, y as\u00ed andaba con pena. Un gran letrado de la Orden del glorioso Santo Domingo me quit\u00f3 de esta duda, que me dijo estar presente, y c\u00f3mo se comunicaba con nosotros, que me consol\u00f3 harto\u00bb (V 18,15).<\/p>\n<p>Esta primera experiencia teologal de inmersi\u00f3n y \u00abengolfamiento\u00bb en Dios, cuya presencia amorosa en el alma y en todas las cosas es principio supremo de realidad, la percibe Teresa como misterio envolvente, \u00abque me parec\u00eda toda me rodeaba, y que por ninguna parte pod\u00eda huir\u00bb (V 24,2), a la manera de \u00abuna esponja que embebe el agua en s\u00ed\u00bb (R 45), \u00abcomo cuando en una esponja se incorpora y embebe el agua, as\u00ed me parec\u00eda mi alma que se hench\u00eda de aquella divinidad y por cierta manera gozaba en s\u00ed y ten\u00eda las tres Personas\u00bb (R 18). Esto lo consignar\u00e1 despu\u00e9s en las quintas moradas del Castillo interior como el primer estado m\u00edstico (M 5,1,10) y se lo ilustrar\u00e1 a sus monjas en el Camino de perfecci\u00f3n con la imagen de un rico palacio dentro de s\u00ed: \u00abhagamos cuenta que dentro de nosotras est\u00e1 un palacio de grand\u00edsima riqueza, todo su edificio de oro y piedras preciosas, y que en este palacio est\u00e1 este gran rey que ha tenido por bien ser vuestro Padre, y que est\u00e1 en un trono de grand\u00edsimo precio, que es vuestro coraz\u00f3n\u00bb (CV 28,9).<\/p>\n<p>3) Vida 26,6; 27,2. La presencia envolvente de la divinidad se concreta poco despu\u00e9s, en medio de las circunstancias hostiles de la pol\u00edtica inquisitorial antilibraria (a\u00f1o 1559), como experiencia eminentemente cristoc\u00e9ntrica: es el descubrimiento de Cristo como \u00ablibro vivo\u00bb en el que \u00abse ven verdades\u00bb y que \u00abdeja imprimido lo que se ha de leer y hacer de manera que no se puede olvidar\u00bb (V 26,6). Al margen de la sutil iron\u00eda por la que parece decir a los inquisidores d\u00f3nde no pod\u00edan entrar ellos con sus redes represoras, este hecho determina el nuevo rumbo de su trayectoria m\u00edstica: \u00abA cabo de dos a\u00f1os que andaba con toda esta oraci\u00f3n, me acaeci\u00f3 esto. Estando un d\u00eda del glorioso San Pedro en oraci\u00f3n, vi cabe m\u00ed, o sent\u00ed \u2013por mejor decir\u2013 que con los ojos del cuerpo ni del alma no vi nada, mas parec\u00edame estaba junto cabe m\u00ed Cristo y ve\u00eda ser \u00e9l el que me hablaba, a mi parecer. Yo, como estaba ignorant\u00edsima de que pod\u00eda haber semejante visi\u00f3n, diome gran temor al principio y no hac\u00eda sino llorar, aunque en dici\u00e9ndome una palabra suya de asegurarme, quedaba como sol\u00eda, quieta y con regalo y sin ning\u00fan temor. Parec\u00edame andar siempre a mi lado Jesucristo, y, como no era visi\u00f3n imaginaria, no ve\u00eda en qu\u00e9 forma; mas estar siempre al lado derecho, sent\u00edalo muy claro, y que era testigo de todo lo que yo hac\u00eda&#8230; Luego fui a mi confesor, harto fatigada, a dec\u00edrselo. Pregunt\u00f3me que en qu\u00e9 forma lo ve\u00eda. Yo le dije que no lo ve\u00eda. D\u00edjome que c\u00f3mo sab\u00eda yo que era Cristo. Yo le dije que no sab\u00eda c\u00f3mo, mas que no pod\u00eda dejar de entender estaba cabe m\u00ed y lo ve\u00eda claro y sent\u00eda, y que el recogimiento del alma era muy mayor en oraci\u00f3n de quietud y muy continua, y los efectos que eran muy otros que sol\u00eda tener y que era cosa muy clara. No hac\u00eda sino poner comparaciones para darme a entender&#8230; Pregunt\u00f3me el confesor: \u00bfqui\u00e9n dijo que era Jesucristo? \u00c9l me lo dice muchas veces, respond\u00ed yo; mas antes que me lo dijese se imprimi\u00f3 en mi entendimiento que era \u00c9l. Sin verse, se imprime con una noticia tan clara que no parece se puede dudar\u00bb (V 27,2-3.5).<\/p>\n<p>A\u00f1os m\u00e1s tarde, reflexionando sobre esta experiencia en las sextas moradas, dir\u00e1 que la \u00abllaman visi\u00f3n intelectual\u00bb, aunque ella \u00abjam\u00e1s hab\u00eda o\u00eddo visi\u00f3n intelectual ni pens\u00f3 que la hab\u00eda de tal suerte, mas entend\u00eda muy claro que era este Se\u00f1or el que le hablaba muchas veces de la manera que queda dicho, porque no es como las imaginarias, que pasan de presto, sino que dura muchos d\u00edas, y aun m\u00e1s que un a\u00f1o\u00bb (cf M 6,8,2-3). Efectivamente, las experiencias cristoc\u00e9ntricas se prolongaron durante un decenio con tal fuerza y gravidez existencial que perdurar\u00edan como sustento de toda su vida: \u00abDe ver a Cristo me qued\u00f3 imprimida su grand\u00edsima hermosura, y la tengo hoy d\u00eda; porque para esto bastaba sola una vez, \u00a1cu\u00e1nto m\u00e1s tantas como el Se\u00f1or me hace esta merced!\u00bb (V 37,4), cuyo efecto es \u00abno pasarse estas palabras de la memoria en muy mucho tiempo, y algunas jam\u00e1s\u00bb (M 6,3,7), \u00abporque en lo muy interior del alma quedan bien escritas y jam\u00e1s se olvidan\u00bb (M 6,4,6).<\/p>\n<p>4) Vida 27,9; 39,25. Son las primeras gracias trinitarias, intensamente fruitivas: \u00abSe ve el alma en un punto tan sabia, y tan declarado el misterio de la Sant\u00edsima Trinidad y de otras cosas muy subidas, que no hay te\u00f3logo con quien no se atreviese a disputar la verdad de estas grandezas. Qu\u00e9dase tan espantada, que basta una merced de \u00e9stas para trocar toda un alma y hacerla no amar cosa, sino a quien ve que, sin trabajo ninguno suyo, la hace capaz de tan grandes bienes y le comunica secretos y trata con ella con tanta amistad y amor, que no se sufre escribir\u00bb (V 27,9). \u00abEstando una vez rezando el salmo Quicumque vult, se me dio a entender la manera c\u00f3mo era un solo Dios y tres Personas, tan claro, que yo me espant\u00e9 y consol\u00e9 mucho. H\u00edzome grand\u00edsimo provecho para conocer m\u00e1s la grandeza de Dios y sus maravillas; y para cuando pienso o se trata de la Sant\u00edsima Trinidad, parece entiendo c\u00f3mo puede ser, y esme mucho contento\u00bb (V 39,25). Estas primeras vivencias trinitarias est\u00e1n escritas a finales de 1565, cuando Teresa tiene 50 a\u00f1os, y son el punto de arranque de las que ocupar\u00e1n todo el decenio siguiente, cuando a partir de 1571 la experiencia de la inhabitaci\u00f3n trinitaria se hace habitual, coincidiendo en buena medida con la direcci\u00f3n espiritual de San Juan de la Cruz.<\/p>\n<p>5) Vida 40,1-10. Es la experiencia con la que concluye el Libro de la Vida, haciendo ver la connaturalidad entre el sentido \u00faltimo de la Sagrada Escritura, escondido a la inteligencia humana, y la sabidur\u00eda de los perfectos a quienes, por estar \u00edntimamente unidos con las realidades de las que aquella habla, les revela la Verdad de Dios ordenada y cumplida en Cristo: \u00abEstando una vez en oraci\u00f3n&#8230; se me dio a entender una verdad, que es cumplimiento de todas las verdades; no s\u00e9 yo decir c\u00f3mo, porque no vi nada. Dij\u00e9ronme, sin ver qui\u00e9n, mas bien entend\u00ed ser la misma Verdad: No es poco esto que hago por ti, que una de las cosas es en que mucho me debes; porque todo el da\u00f1o que viene al mundo es de no conocer las verdades de la Escritura con clara verdad; no faltar\u00e1 una tilde de ella. A m\u00ed me pareci\u00f3 que siempre yo hab\u00eda cre\u00eddo esto, y que todos los fieles lo cre\u00edan. D\u00edjome: \u00a1Ay, hija, qu\u00e9 pocos me aman con verdad!, que si me amasen no les encubrir\u00eda Yo mis secretos. \u00bfSabes qu\u00e9 es amarme con verdad? Entender que todo es mentira lo que no es agradable a M\u00ed. Con claridad ver\u00e1s esto que ahora no entiendes en lo que aprovecha a tu alma&#8230; Qued\u00f3me una verdad de esta divina Verdad que se me represent\u00f3, esculpida, que entend\u00ed qu\u00e9 cosa es andar un alma en verdad delante de la misma Verdad. Esto que entend\u00ed es darme el Se\u00f1or a entender que es la misma Verdad. Entend\u00ed grand\u00edsimas verdades sobre esta Verdad, m\u00e1s que si muchos letrados me lo hubieran ense\u00f1ado, y es sin principio ni fin, y todas las dem\u00e1s verdades dependen de esta verdad, como todos los dem\u00e1s amores de este amor, y todas las dem\u00e1s grandezas de esta grandeza\u00bb (V 40,1-4).<\/p>\n<p>Se trata, en efecto, de un conocimiento experimental del \u00abMysterion\u00bb b\u00edblico presentado por san Pablo como la sabidur\u00eda misteriosa de Dios frente a la sabidur\u00eda griega y jud\u00eda, misterio escondido desde los siglos, realizado y revelado en el acontecimiento de Jesucristo, y conocido s\u00f3lo por la fuerza del Esp\u00edritu vivificante (cf 1Cor 1,22-24; 2,6-16; Ef 3,8-9.17-19); conocimiento que ya se hab\u00eda abierto a\u00f1os antes en Teresa con el hallazgo de Cristo como \u00ablibro vivo\u00bb (V 26,5) y del que ahora brota la m\u00e1s radical de las exigencias concretada en una firme decisi\u00f3n existencial: \u00abandar en verdad, porque Dios es suma Verdad\u00bb, como explicar\u00e1 despu\u00e9s en M 6,10,7. Andar en verdad delante de la misma Verdad equivale para ella a vivir de acuerdo con la Palabra b\u00edblica, andar a la luz de la Escritura: \u00abqued\u00e9 con grand\u00edsima fortaleza y muy de veras para cumplir con todas mis fuerzas la m\u00e1s peque\u00f1a parte de la Escritura divina\u00bb (V 40,2), convencida como estaba de que \u00aben la Sagrada Escritura se halla la verdad del buen esp\u00edritu\u00bb (V 13, 18).<\/p>\n<p>El conocimiento m\u00edstico de la sabidur\u00eda b\u00edblica, de Cristo como la Verdad de Dios, la lleva a su vez a conocer tambi\u00e9n la profunda verdad del hombre, la dignidad del alma, de su inmensidad \u00edntima: \u00abEstando una vez en las Horas con todas, de presto se recogi\u00f3 mi alma y pareci\u00f3me ser como un espejo claro toda, sin haber espaldas, ni lados, ni alto, ni bajo que no estuviese toda clara, y en el centro de ella se me represent\u00f3 Cristo nuestro Se\u00f1or, como le suelo ver. Parec\u00edame en todas las partes de mi alma le ve\u00eda claro como en un espejo, y tambi\u00e9n este espejo \u2013yo no s\u00e9 decir c\u00f3mo\u2013 se esculp\u00eda todo en el mismo Se\u00f1or por una comunicaci\u00f3n que yo no sabr\u00e9 decir, muy amorosa\u00bb (V 40,5). \u00abEstando una vez en oraci\u00f3n, se me represent\u00f3 muy en breve c\u00f3mo se ven en Dios todas las cosas y c\u00f3mo las tiene todas en s\u00ed. Saber escribir esto, yo no lo s\u00e9; mas qued\u00f3 muy imprimido en mi alma, y es una de las grandes mercedes que el Se\u00f1or me ha hecho&#8230; Digamos ser la Divinidad como un muy claro diamante, muy mayor que todo el mundo, o espejo, a manera de lo que dije del alma en estotra visi\u00f3n, y que todo lo que hacemos se ve en este diamante, siendo de manera que \u00e9l encierra todo en s\u00ed, porque no hay nada que salga fuera de esta grandeza\u00bb (V 40,9-10). Toda esta percepci\u00f3n simb\u00f3lica se erigir\u00e1 despu\u00e9s, doce a\u00f1os m\u00e1s tarde, en veh\u00edculo de revelaci\u00f3n para compendiar todo el proceso m\u00edstico en Las Moradas del Castillo interior. Hasta entonces, la trayectoria de esos doce a\u00f1os (de 1565 a 1577) y la consiguiente evoluci\u00f3n de su experiencia, que culmina en una estable comuni\u00f3n trinitaria, hay que seguirla a trav\u00e9s de los apuntes de sus Relaciones o Cuentas de conciencia.<\/p>\n<p>6) R 13 (a\u00f1o 1570-71). A modo de preludio, nos hallamos ante un apunte brev\u00edsimo en el que Teresa consigna una palabra interior de Jesucristo: \u00abGoza del bien que te ha sido dado. Mi Padre se deleita contigo y el Esp\u00edritu Santo te ama\u00bb. Los verbos \u00abdeleitarse\u00bb y \u00abamar\u00bb tienen una fuerte resonancia b\u00edblica (cf Prov 8,31; Mt 3,17; Jn 14,23) y van a marcar profundamente la interioridad de Teresa en su relaci\u00f3n con las divinas personas: \u00ab\u00a1Oh \u00e1nima m\u00eda!, considera el gran deleite y gran amor que tiene el Padre en conocer a su Hijo, y el Hijo en conocer a su Padre, y la inflamaci\u00f3n con que el Esp\u00edritu Santo se junta con ellos, y c\u00f3mo ninguna se puede apartar de este amor y conocimiento, porque son una misma cosa. Estas soberanas Personas se conocen, \u00e9stas se aman, y unas con otras se deleitan\u00bb (E 7,2).<\/p>\n<p>7) R 16 (29 mayo 1571). Es uno de los testimonios m\u00e1s ricos de su experiencia trinitaria: \u00abEl martes despu\u00e9s de la Ascensi\u00f3n, habiendo estado un rato en oraci\u00f3n despu\u00e9s de comulgar, comenz\u00f3 a inflamarse mi alma, pareci\u00e9ndome que claramente entend\u00eda tener presente a toda la Sant\u00edsima Trinidad en visi\u00f3n intelectual, adonde entendi\u00f3 mi alma por cierta manera de representaci\u00f3n, como figura de la verdad, para que lo pudiese entender mi torpeza, c\u00f3mo es Dios trino y uno. Y as\u00ed me parec\u00eda hablarme todas tres Personas, y que se representaban dentro en mi alma distintamente, dici\u00e9ndome que desde este d\u00eda ver\u00eda mejor\u00eda en m\u00ed en tres cosas, que cada una de estas Personas me hac\u00eda merced: la una, en la caridad, y en padecer con contento, y en sentir esta caridad con encendimiento en el alma. Entend\u00eda aquellas palabras que dice el Se\u00f1or, que estar\u00e1n con el alma que est\u00e1 en gracia las tres divinas Personas, porque las ve\u00eda dentro de m\u00ed por la manera dicha. Parece qued\u00f3 en mi alma tan imprimidas aquellas tres Personas que vi, siendo un solo Dios, que, a durar as\u00ed, imposible ser\u00eda dejar de estar recogida con tan divina compa\u00f1\u00eda\u00bb (nn. 1 y 4).<\/p>\n<p>8) R 18 (30 junio 1571). La experiencia trinitaria se normaliza en ella, se hace habitual: \u00abEsta presencia de las tres Personas que dije al principio he tra\u00eddo hasta hoy presentes en mi alma muy ordinario, y como yo estaba mostrada a traer s\u00f3lo a Jesucristo siempre, parece me hac\u00eda alg\u00fan impedimento ver tres Personas, aunque entiendo es un solo Dios, y d\u00edjome hoy el Se\u00f1or que erraba en imaginar las cosas del alma con la representaci\u00f3n que las del cuerpo, que entendiese que era muy diferente y que era capaz el alma para gozar mucho. Pareci\u00f3me se me represent\u00f3 como cuando en una esponja se incorpora y embebe el agua; as\u00ed me parec\u00eda mi alma que se hench\u00eda de aquella divinidad y por cierta manera gozaba en s\u00ed y ten\u00eda las tres Personas\u00bb (nn. 1-2).<\/p>\n<p>9) R 24 (a\u00f1o 1571). Sigue una experiencia de especial densidad doctrinal: \u00abUna vez, estando en oraci\u00f3n, me mostr\u00f3 el Se\u00f1or, por una extra\u00f1a manera de visi\u00f3n intelectual, c\u00f3mo estaba el alma que est\u00e1 en gracia, en cuya compa\u00f1\u00eda vi la Sant\u00edsima Trinidad por visi\u00f3n intelectual, de cuya compa\u00f1\u00eda ven\u00eda al alma un poder que se\u00f1oreaba toda la tierra. Di\u00e9ronseme a entender aquellas palabras de los Cantares que dice: Veniat dilectus meus in hortum suum et comedat\u00bb (n. 1). Es esta experiencia probablemente la que aflorar\u00e1 despu\u00e9s en el recuerdo de la autora al abordar la exposici\u00f3n del Castillo interior (cf M 1,1,1-2).<\/p>\n<p>10) R 47 (28 agosto 1575). Es la experiencia trinitaria de su ingreso en el m\u00e1s profundo centro, en la s\u00e9ptima morada de su Castillo interior: \u00abHabiendo acabado de comulgar el d\u00eda de San Agust\u00edn \u2013yo no sabr\u00e9 decir c\u00f3mo\u2013, se me dio a entender, y casi a ver, sino que fue cosa intelectual y que pas\u00f3 presto, c\u00f3mo las tres Personas de la Sant\u00edsima Trinidad que yo traigo en mi alma esculpidas, son una cosa. Por una pintura tan extra\u00f1a se me dio a entender y por una luz tan clara, que ha hecho bien diferente operaci\u00f3n que de s\u00f3lo tenerlo por fe. He quedado de aqu\u00ed a no poder pensar ninguna de las tres Personas divinas sin entender que son todas tres; de manera que estaba yo hoy considerando c\u00f3mo siendo tan una cosa, hab\u00eda tomado carne humana el Hijo s\u00f3lo; y diome el Se\u00f1or a entender c\u00f3mo con ser una cosa eran divisas. Queda una ganancia en el alma \u2013con pasar en un punto\u2013, sin comparaci\u00f3n mayor que con muchos a\u00f1os de meditaci\u00f3n y sin saber entender c\u00f3mo\u00bb (nn. 1-3). El valor de esta experiencia, considerada por Teresa como estaci\u00f3n final del camino m\u00edstico (cf M 7,1,6-7), est\u00e1 sobre todo en la gravidez existencial que deja, en que perdura como sustento de toda la vida, seg\u00fan testificaci\u00f3n de la propia autora al final de sus d\u00edas en la \u00faltima cuenta de conciencia conservada: \u00abLo de las visiones imaginarias ha cesado; mas parece que siempre se anda esta visi\u00f3n intelectual de estas tres Personas y de la Humanidad [de Cristo], que es \u2013a mi parecer\u2013 cosa muy m\u00e1s subida&#8230; tan sin poderse dudar de las tres Personas, que parece claro se experimenta lo que dice San Juan, que har\u00eda morada con el alma. Esto no s\u00f3lo por gracia, sino porque quiere dar a sentir esta presencia y trae tantos bienes que no se pueden decir, en especial que no es menester andar a buscar consideraciones para conocer que est\u00e1 all\u00ed Dios; se le representa con tanta fuerza estar presentes estas tres Personas, que queda el deseo de vivir \u2013si \u00c9l quiere\u2013 para servirle m\u00e1s y si pudiese ser parte que siquiera un alma le amase m\u00e1s y alabase por mi intercesi\u00f3n, que aunque fuese por poco tiempo, le parece importa m\u00e1s que estar en la gloria\u00bb (R 6,3.10).<\/p>\n<p>El recorrido textual que hemos realizado deja bien claro que todo el proceso m\u00edstico teresiano surge del contacto \u00edntimo, por experiencia amorosa, con el objeto mismo de la fe, con el acontecimiento esencialmente trinitario y al mismo tiempo cristoc\u00e9ntrico de la revelaci\u00f3n b\u00edblico-cristiana. Viniendo ahora al hecho de la inteligencia m\u00edstica, al aspecto no\u00e9tico (cognoscitivo) de esa experiencia que ella llama \u00abvisi\u00f3n intelectual\u00bb de Cristo y de la Trinidad, y que califica de \u00abcosa muy m\u00e1s subida\u00bb, hay un texto particularmente significativo que ya entonces result\u00f3 preocupante para la teolog\u00eda \u2013mejor dicho, para los te\u00f3logos\u2013 por lo audaz de sus expresiones. Nos referimos a ese texto final del Castillo interior en el que Teresa describe la acci\u00f3n y los efectos de esa experiencia cumbre: \u00abAqu\u00ed quiere ya nuestro buen Dios quitarle al alma las escamas de los ojos. Se le muestra la Sant\u00edsima Trinidad, todas tres Personas, con una inflamaci\u00f3n que primero viene a su esp\u00edritu a manera de una nube de grand\u00edsima claridad, y estas tres Personas distintas, y por una noticia admirable que se da al alma, entiende con grand\u00edsima verdad ser todas tres Personas una sustancia y un poder y un saber y un solo Dios; de manera que lo que tenemos por fe, all\u00ed lo entiende el alma \u2013podemos decir\u2013 por vista, aunque no es vista con los ojos del cuerpo ni del alma, porque no es visi\u00f3n imaginaria. Aqu\u00ed se le comunican todas tres Personas, y la hablan, y la dan a entender aquellas palabras que dice el Evangelio que dijo el Se\u00f1or: que vendr\u00eda \u00e9l y el Padre y el Esp\u00edritu Santo a morar con el alma que le ama y guarda sus mandamientos. \u00a1Oh, v\u00e1lgame Dios! \u00a1Cu\u00e1n diferente cosa es o\u00edr estas palabras y creerlas, a entender por esta manera cu\u00e1n verdaderas son!\u00bb (M 7,1,6-7).<\/p>\n<p>Desde el impacto que produce la experiencia \u2013Teresa habla de una inflamaci\u00f3n amorosa en el alma\u2013, las palabras esconden un significado de repleci\u00f3n tensa y din\u00e1mica, como queriendo desbordar algo de la superabundancia del sentimiento. Pero los te\u00f3logos, en su perplejidad ante esas expresiones, se debatieron entre enmendar el texto con correcciones y tachaduras (eso fue lo que hicieron sobre el aut\u00f3grafo los dos primeros censores, Graci\u00e1n y Yanguas) o editarlo con reservas mediante la obligada nota explicativa, soluci\u00f3n \u00e9sta m\u00e1s respetuosa por la que opt\u00f3 fray Luis de Le\u00f3n, y que dec\u00eda as\u00ed: \u00abAunque el hombre en esta vida, perdiendo el uso de los sentidos y elevado por Dios, puede ver de paso su esencia, como probablemente se dice de San Pablo y de Mois\u00e9s y de otros algunos, mas no habla aqu\u00ed la Madre de esta manera de visi\u00f3n, que aunque es de paso, es clara e intuitiva, sino habla de un conocimiento de este misterio que da Dios a algunas almas por medio de una luz grand\u00edsima que les infunde, y no sin alguna especie criada; mas porque esta especie no es corporal, ni que se figura en la imaginaci\u00f3n, por eso la Madre dice que esta visi\u00f3n, que aunque es de paso, es clara e intuitiva, sino habla de un conocimiento de este misterio que da Dios a algunas almas por medio de una luz grand\u00edsima que les infunde, y no sin alguna especie criada; mas porque esta especie no es corporal, ni que se figura en la imaginaci\u00f3n, por eso la Madre dice que esta visi\u00f3n es intelectual y no imaginaria\u00bb (ed. princ. 234). Contra su prop\u00f3sito, esa nota marginal del editor, m\u00e1s que de aclaraci\u00f3n, termin\u00f3 sirviendo de motivo para denuncias inquisitoriales por parte de apasionados cancerberos de la ortodoxia (cf Enrique Llamas, \u00abFray Luis de Le\u00f3n llevado a la Inquisici\u00f3n de la mano de la Madre Teresa de Jes\u00fas\u00bb, La Ciudad de Dios, 1991, 735-763). Y es que, sencillamente, no hab\u00eda necesidad de explicar nada, porque la vista de la que ella habla en esta experiencia no es algo distinto de la fe, es la vista encendida, amorosa, de una fe tan ilustrada, ilustrad\u00edsima, como dir\u00e1 tambi\u00e9n Juan de la Cruz (cf CB 12,1; LB 3,80), que \u00abpara las almas que con hirviente amor le aman, hace que entiendan y vean que es posible humillarse Dios a tanto\u00bb (Conc 1,5), desvela todo su Misterio. \u00ab\u00a1Ay, hija, qu\u00e9 pocos me aman con verdad que si me amasen no les encubrir\u00eda Yo mis secretos\u00bb (V 40,1). Conocer el secreto y encontrar la palabra son obra del amor, \u00abque da a entender mucho m\u00e1s de lo que ellas suenan sin palabras\u00bb (M 6,3,16).<\/p>\n<p>3. La veracidad de la experiencia m\u00edstica<\/p>\n<p>La experiencia m\u00edstica, dec\u00edamos al comienzo del apartado anterior, comporta tambi\u00e9n otros dos aspectos esenciales, un aspecto no\u00e9tico (del que ya hemos insinuado algo) y otro aspecto \u00e9tico, lo que en palabras de Teresa quiere decir que esa experiencia \u00abdeja luz en el entendimiento y firmeza en la verdad\u00bb (V 15,10), y que al obrar as\u00ed, esclareciendo la inteligencia y fortaleciendo la voluntad, manifiesta desde s\u00ed misma su propia veracidad.<\/p>\n<p>1. Aspecto no\u00e9tico. La experiencia m\u00edstica es una forma de conocimiento. De ah\u00ed la expresi\u00f3n \u00abm\u00edstica teolog\u00eda\u00bb: conocimiento misterioso de Dios, ciencia que se sabe por amor, y que tiene que ver con todo aquello que nos concierne directamente, porque ata\u00f1e a intereses existenciales y motivaciones vitales significativas: \u00abEn todo es gran cosa la experiencia, que da a entender lo que nos conviene\u00bb (V 11,16). Pero el discernimiento de lo conveniente es cosa del buen sentido (no s\u00f3lo del sentido com\u00fan) que hace comprender el valor y el significado de esa experiencia en el todo de la vida. De ah\u00ed precisamente el esfuerzo anal\u00edtico y cr\u00edtico con que Teresa se aplica a discernir de qu\u00e9 esp\u00edritu se trata, si de Dios o del demonio: \u00abSi es del demonio, alma ejercitada par\u00e9ceme lo entender\u00e1; porque deja inquietud y poca humildad y poco aparejo para los efectos que hace el de Dios. No deja luz en el entendimiento ni firmeza en la verdad\u00bb (V 15,10). Se\u00f1ales sobrias y certeras (cf M 6,3,5-7) que conducen a Teresa a una certidumbre existencial y que ella expresa a menudo en t\u00e9rminos muy concluyentes: \u00abesto es as\u00ed, y quien tuviere experiencia ver\u00e1 que es al pie de la letra todo lo que he dicho\u00bb (V 25,9); hasta el punto incluso de llegar a decir, en clara actitud desafiante, \u00abque no hay te\u00f3logo con quien no se atreviese a disputar la verdad de estas grandezas\u00bb (V 27,9; R 1,26); plenamente convencida de que aquello era doctrina de Dios: \u00abesto que digo es entera verdad, y as\u00ed es suya la doctrina\u00bb (V 18,8), \u00abes excelente doctrina \u00e9sta y no m\u00eda, sino ense\u00f1ada de Dios\u00bb (V 19,14); y por eso mismo convencida tambi\u00e9n de su validez para otros, como no duda en decirle al te\u00f3logo censor del libro, al P. Garc\u00eda de Toledo: \u00abdir\u00e9 lo que pasa por m\u00ed, para que, cuando sea conforme a esto, podr\u00e1 hacer a vuestra merced alg\u00fan provecho\u00bb (V 10,8); y m\u00e1s adelante, refiriendo su experiencia sobre la oraci\u00f3n de quietud, \u00abque comprende mucho y se alcanza m\u00e1s que por mucho relatar el entendimiento\u00bb, tampoco vacila en a\u00f1adir: \u00abesto es bueno para los letrados que me lo mandan escribir\u00bb (V 15,7).<\/p>\n<p>Ese convencimiento profundo de que lo que dice es doctrina de Dios, lo confirman algunas de sus declaraciones. Esta vez, por ejemplo, sobre su capacidad oral: no sab\u00eda explicar qu\u00e9 le suced\u00eda en la oraci\u00f3n, hasta que ocurr\u00eda \u00abd\u00e1rmelo Dios en un punto a entender con toda claridad, y para saberlo decir, de manera que se espantaban, y yo m\u00e1s que mis confesores, porque entend\u00eda mejor mi torpeza\u00bb (V 12,6). Se queja m\u00e1s tarde de la falta de tiempo para escribir, pero \u00abcuando el Se\u00f1or da esp\u00edritu, p\u00f3nese con facilidad y mejor; parece como quien tiene un dechado delante, que est\u00e1 sacando aquella labor; y as\u00ed me parece es grand\u00edsima ventaja, cuando lo escribo, estar en ello, porque veo claro no soy yo quien lo dice, que ni lo ordeno con el entendimiento, ni s\u00e9 despu\u00e9s c\u00f3mo lo acert\u00e9 a decir. Esto me acaece muchas veces\u00bb (V 14,8). Son tambi\u00e9n muchas las ocasiones en que Dios gu\u00eda su mano, de manera que no es su entendimiento el que logra el acierto, pero \u00e9ste se produce. Es el caso bien expl\u00edcito de cuando, al describir la oraci\u00f3n de uni\u00f3n, refiere la desaz\u00f3n que le acometi\u00f3: \u00abMe parec\u00eda imposible saber tratar cosa m\u00e1s que hablar en griego, que as\u00ed es ello dificultoso. Con esto lo dej\u00e9, y fui a comulgar. Bendito sea el Se\u00f1or que as\u00ed favorece a los ignorantes. Aclar\u00f3 Dios mi entendimiento, unas veces con palabras y otras poni\u00e9ndome delante c\u00f3mo lo hab\u00eda de decir; que, como hizo en la oraci\u00f3n pasada, Su Majestad parece quiere decir lo que yo no puedo ni s\u00e9\u00bb (V 18,8). Este don de saberse expresar le fue dado precisamente cuando pon\u00eda manos a la obra, en plena brega redaccional del libro: \u00abesta merced de saber entender qu\u00e9 es, y saberlo decir, ha poco que me lo dio Dios\u00bb (V 23,11). En fin, tales declaraciones \u2013no las \u00fanicas, por cierto (cf V 16,2; 21,1)\u2013 son una muestra de las altas cotas a las que lleg\u00f3 su experiencia y de la fulgurante materia que \u00e9sta dar\u00eda a su pluma.<\/p>\n<p>Aspecto \u00e9tico. La veracidad de la experiencia m\u00edstica est\u00e1 sobre todo en los efectos que deja: \u00aben los efectos y obras de despu\u00e9s se conocen estas verdades de oraci\u00f3n, que no hay mejor crisol para probarse\u00bb (M 4,2,8), ya que cuando \u00e9sta es verdadera, arrastra irresistiblemente a vivir en consecuencia. Pues bien, como consecuencia o efecto de la experiencia m\u00edstica, \u00absubida en esta atalaya adonde se ven verdades\u00bb (V 21,5), Teresa proclama una novedad de vida: \u00abcuando hablo de estas cosas, de pocos d\u00edas ac\u00e1, par\u00e9ceme son como de otra persona\u00bb (R 1,16), \u00abque ni me parece vivo yo, ni hablo, ni tengo querer, sino que est\u00e1 en m\u00ed quien me gobierna y da fuerza\u00bb (R 3,10), pues \u00abyo, con ser la que soy, parezco otra\u00bb (V 15,7), \u00abdigo otra vida nueva\u00bb (V 23,1-2), \u00abporque todos los que me conoc\u00edan ve\u00edan claro estar otra mi alma\u00bb (V 28,13). Novedad que se manifiesta en \u00abquedar aqu\u00ed el alma se\u00f1ora de todo y con libertad\u00bb (V 20,23; 24,7-8; 37,4), con una \u00abgrand\u00edsima fortaleza\u00bb que se traduce en inmediatez operativa: \u00abno es s\u00f3lo deseos los que tiene por Dios; Su Majestad la da fuerzas para ponerlos por obra; no se le pone cosa delante en que piense le sirve a que no se abalance\u00bb (V 21,5.11-12), con \u00ab\u00edmpetus grandes de aprovechar almas\u00bb (V 32,6), y con la Sagrada Escritura como pauta de vida: \u00abqued\u00e9 con grand\u00edsima fortaleza y muy de veras para cumplir con todas mis fuerzas la m\u00e1s peque\u00f1a parte de la Escritura divina\u00bb (V 40,2); \u00abdigo que si no viere en s\u00ed esta fortaleza grande, y que ayude a ella la devoci\u00f3n o visi\u00f3n, que no la tenga por segura; que a lo que yo veo y s\u00e9 de experiencia, de tal manera queda el cr\u00e9dito de que es Dios, que vaya conforme a la Sagrada Escritura\u00bb (V 25,13; cf V 13,18; 32,17; 33,5; 34,11).<\/p>\n<p>Esa fuerza operativa de la experiencia, cual poderoso resorte que la empujaba a la acci\u00f3n, la llev\u00f3 a posiciones imprevistas, ins\u00f3litas, que constituir\u00edan un aut\u00e9ntico desafio contra el ambiente marginador de la mujer y al servicio de una Iglesia necesitada de todo, empezando por la necesidad de gritar, de \u00abdar voces\u00bb publicando el gozo de las mercedes recibidas (cf V 20,25; 21,6; 25,16; 27,13; R 1,4; CE 1,2; 4,1; M 6,6,3-4). \u00abUna de las cosas porque me anim\u00e9, siendo la que soy, a obedecer en escribir esto y dar cuenta de mi ruin vida y de las mercedes que me ha hecho el Se\u00f1or, con no servirle, sino ofenderle, ha sido \u00e9sta; que, cierto, yo quisiera aqu\u00ed tener gran autoridad para que se me creyera esto. Al Se\u00f1or suplico Su Majestad la d\u00e9\u00bb (V 19,4). Autoridad que en su caso, conocida la postergaci\u00f3n de la mujer, solamente pod\u00eda venirle de Dios, por el efecto que esa experiencia hab\u00eda operado en su vida, el \u00fanico argumento de autoridad que los te\u00f3logos de oficio pod\u00edan admitirle, como viene a decir el recatado e \u00abincr\u00e9dulo\u00bb P. B\u00e1\u00f1ez en su, por lo dem\u00e1s eficaz, censura aprobatoria al Libro de la Vida: \u00abEsta mujer, a lo que muestra su relaci\u00f3n, aunque ella se enga\u00f1ase en algo, a lo menos no es enga\u00f1adora; porque habla tan llanamente, bueno y malo, y con tanta gana de acertar, que no deja dudar de su buena intenci\u00f3n&#8230; De una cosa estoy yo bien cierto, cuanto humanamente puede ser: que ella no es enga\u00f1adora, y as\u00ed merece su claridad que todos la favorezcan en sus buenos prop\u00f3sitos y buenas obras\u00bb. Obras que cuajaron en un vigoroso movimiento de Reforma, gemela y alternativa a la luterana, y que lleg\u00f3 a contar, en un tiempo r\u00e9cord, con diecis\u00e9is conventos de monjas y otros tantos de frailes: toda una proeza llevada a cabo por una mujer en calidad de instrumento de Dios.<\/p>\n<p>4. Notas caracter\u00edsticas de la experiencia m\u00edstica<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de hacer inteligible su propia experiencia, de \u00abentender qu\u00e9 merced es\u00bb y de discernirla por su valor no\u00e9tico y su veracidad \u00e9tica, Teresa supo tambi\u00e9n \u00abdar a entender c\u00f3mo es\u00bb, objetivarla verbalmente para otros, con un prop\u00f3sito tan did\u00e1ctico como seductor de poner en marcha a sus lectores, con la intenci\u00f3n expl\u00edcitamente confesada de \u00abengolosinar las almas de un bien tan alto\u00bb (V 18,8). En sus escritos podemos ver, con garant\u00edas de validez universal, las notas o elementos internos que definen y caracterizan el hecho m\u00edstico.<\/p>\n<p>1. Conocimiento inmediato por contacto amoroso. La experiencia m\u00edstica se caracteriza, en primer lugar, por ser una original forma de conocimiento que consiste en padecer y gustar a Dios presente en el alma, un \u00absentir\u00bb de Dios, una pat\u00e9tica de lo divino que es la m\u00e1s completa forma de comprender, en la que entendimiento y amor son aspectos de un mismo impulso de aprehensi\u00f3n del Amado. No se trata de un conocimiento sensible, aunque los sentidos puedan verse despu\u00e9s afectados por \u00e9l, ni tampoco como el que se adquiere por un procedimiento conceptual, deductivo o puramente racional, entre otras cosas porque el saber de la experiencia m\u00edstica no acrecienta el caudal de conocimientos conceptuales sobre Dios, ni aumenta las verdades que el m\u00edstico conoce por la fe de la Iglesia: sabe infinitamente m\u00e1s, pero no porque conozca nuevas ideas, sino porque toma conciencia de Dios mismo presente en su ser y comunic\u00e1ndose amorosamente a \u00e9l. Es, en fin, otro tipo de saber, donde ya \u00abel entendimiento no discurre, sino est\u00e1 como espantado de lo mucho que entiende\u00bb (V 10,1), porque \u00abcuando el Se\u00f1or le suspende y hace parar, dale de qu\u00e9 se espante y se ocupe, y que sin discurrir entienda m\u00e1s en [el espacio de] un credo que nosotros podemos entender con todas nuestras diligencias de tierra en muchos a\u00f1os\u00bb (V 12,5), de manera que, sin entender cosa particular, \u00abcomprende mucho y se alcanza m\u00e1s que por mucho relatar el entendimiento\u00bb (V 15,7), mucho m\u00e1s \u00abque cuanto el entendimiento con trastornar la ret\u00f3rica por ventura puede hacer\u00bb (V 15,9). De ah\u00ed precisamente la distinci\u00f3n que hace Teresa entre la ciencia que de Dios pueden tener los letrados y la sabidur\u00eda que procura la experiencia contemplativa: \u00abNo se espante ni le parezcan cosas imposibles: todo es posible al Se\u00f1or; sino procure esforzar la fe y humillarse de que hace el Se\u00f1or en esta ciencia a una viejecita m\u00e1s sabia por ventura que a \u00e9l, aunque sea muy letrado\u00bb (V 34,12).<\/p>\n<p>2. Conocimiento pasivo. \u00abAcaeci\u00f3me\u00bb, \u00abacaec\u00edame algunas veces\u00bb, es la expresi\u00f3n que suele emplear Teresa al describir sus vivencias (cf V 9,1; 10,1; 18,15; 26,2; 30,8; 39,22). \u00abAcaec\u00edame en esta representaci\u00f3n que hac\u00eda de ponerme cabe Cristo&#8230; venirme a deshora un sentimiento de la presencia de Dios\u00bb (V 10,1). Esto quiere decir que la iniciativa es siempre de Dios, ya que sin su previa presencia ser\u00eda imposible buscarlo e incluso echarlo de menos. Si el hombre puede ponerse en movimiento es porque est\u00e1 habitado por una Presencia de alguna manera presentida bajo la forma del anhelo y el deseo. De ah\u00ed esa expresi\u00f3n que Pascal pone en boca de Dios: \u00abNo me buscar\u00edas si no me hubieses encontrado\u00bb. \u00abT\u00fa me moviste primero para que te buscara\u00bb dice tambi\u00e9n el autor de la Imitaci\u00f3n de Cristo. Pero no se trata s\u00f3lo de la pasividad ontol\u00f3gica, sino de la experiencia de esa pasividad, de un estado \u00abteop\u00e1tico\u00bb en el que la realidad de Dios es padecida m\u00e1s que sabida, porque \u00abcomo no puede comprender lo que entiende, es no entender entendiendo\u00bb (V 18,14). Mientras en la experiencia religiosa ordinaria el hombre descubre a Dios presente en los mil signos a trav\u00e9s de los cuales se manifiesta, y asciende m\u00e1s o menos penosamente de las cosas, de sus propios actos o facultades a \u00e9l (para terminar cayendo en la cuenta de que si ha podido descubrirlo es porque ya estaba en su interior movi\u00e9ndole a buscarlo), en la experiencia m\u00edstica se toma conciencia de esa presencia dada y experimentada como dada: \u00abporque quiere dar a sentir esta presencia, que no es menester andar a buscar consideraciones para entender que est\u00e1 all\u00ed Dios\u00bb (R 6,9), y que \u00abel Se\u00f1or es el que obra, y nosotros casi nonada\u00bb (V 21,11); \u00ab\u00e9stos son dones que da Dios cuando quiere y como quiere, y ni va en el tiempo ni en los servicios, que muchas veces no da el Se\u00f1or en veinte a\u00f1os la contemplaci\u00f3n que a otros da en uno\u00bb (V 34,11).<\/p>\n<p>La experiencia de esa pasividad es, efectivamente, lo que los m\u00edsticos llaman contemplaci\u00f3n o infusi\u00f3n en el alma, \u00abporque la contemplaci\u00f3n \u2013explica Juan de la Cruz\u2013 no es otra cosa que infusi\u00f3n secreta, pac\u00edfica y amorosa que, si le dan lugar, inflama al alma en esp\u00edritu de amor\u00bb (N 1,10, 6;11, 18,5; LB 3, 33). Teresa, por su parte, conforme a su ingenio mas imaginativo que intelectual, recurre a la siguiente comparaci\u00f3n: \u00abEs como cuando ya est\u00e1 puesto el manjar en el est\u00f3mago sin comerle, ni saber nosotros c\u00f3mo se puso all\u00ed. Todo lo halla guisado y comido, toda la ciencia sabida ya en s\u00ed, sin saber c\u00f3mo ni d\u00f3nde\u00bb (V 27,7-8). Si la mirada contemplativa, a nivel puramente natural, se distingue de la mirada curiosa e inquisitiva por ser una mirada en la que toda la luz viene del objeto, de forma que en ella los ojos se dejan inundar por lo contemplado, sin tener que hacer otra actividad m\u00e1s que abrirse a ello, de igual modo en el caso de la contemplaci\u00f3n m\u00edstica el alma percibe en s\u00ed misma la presencia de Dios que se le otorga de forma enteramente gratuita, que act\u00faa sin que ella tenga que hacer otra cosa que abrirse, prestar atenci\u00f3n, escuchar y acoger: \u00abas\u00ed es ac\u00e1, que se entiende Dios y el alma con s\u00f3lo querer Su Majestad que lo entienda, sin otro artificio, para darse a entender el amor que se tienen estos dos amigos\u00bb (V 27,10). Esta pasividad no es sin\u00f3nimo de inactividad, ni debe confundirse con ociosidad o dejaci\u00f3n, con inercia o automatismo. Justamente por aqu\u00ed pasa la frontera que separa la m\u00edstica aut\u00e9ntica de sus distorsiones bastardas. La contemplaci\u00f3n no excluye el ejercicio de la libertad, al contrario, en la pasividad m\u00edstica tenemos la m\u00e1xima realizaci\u00f3n de la libertad, una realizaci\u00f3n que se torna celebraci\u00f3n gozosa, connaturalidad instintiva con el acto que nos pone en la existencia y nos eleva a la vida m\u00edsma de Dios.<\/p>\n<p>3. Sencillez o simplicidad. El conocimiento que procura la experiencia m\u00edstica es de una enorme simplicidad, lo que no quiere decir empobrecimiento, sino una maravillosa concentraci\u00f3n en lo esencial que pacifica al alma entera. Como dec\u00eda el Pseudo Dionisio, \u00abcuanto m\u00e1s alto volamos, menos palabras necesitamos, porque lo inteligible se presenta cada vez m\u00e1s simplificado\u00bb (o.c., p. 376), cosa que en el lenguaje de Teresa se dice mejor con un ejemplo que por cien argumentos: \u00abcomo ac\u00e1 si dos personas se quieren mucho y tienen buen entendimiento, aun sin se\u00f1as parece que se entienden con s\u00f3lo mirarse, esto debe ser aqu\u00ed, que sin ver nosotros c\u00f3mo, de hito en hito se miran estos dos amantes, como lo dice el Esposo a la Esposa en los Cantares\u00bb (V 27,10). Es el conocimiento intuitivo que da el amor, lo que en el lenguaje b\u00edblico se llama la paraclesis, la apertura de los ojos (cf Lc 24,31; Jn 20,8), \u00abla advertencia amorosa simple y sencilla\u00bb, que dice tambi\u00e9n Juan de la Cruz, \u00abcomo quien abre los ojos con advertencia de amor\u00bb (LB 3,33; S II,13,4).<\/p>\n<p>4. Car\u00e1cter totalizador. La experiencia m\u00edstica lleva consigo la aparici\u00f3n de una nueva conciencia en la que se supera la dualidad sujeto-objeto, donde el hombre no s\u00f3lo experimenta el n\u00facleo o el alma de la realidad, sino que se experimenta uno con \u00e9l, consciente de verse radical y enteramente autoimplicado en un todo lleno de sentido: \u00abEstando una vez en oraci\u00f3n, se me represent\u00f3 muy en breve, sin ver cosa formada, mas fue una representaci\u00f3n con toda claridad, c\u00f3mo se ven en Dios todas las cosas y c\u00f3mo las tiene todas en s\u00ed\u00bb (V 40,9; M 4,10,2). Se trata asimismo de una experiencia que afecta a la totalidad de la persona, no hay un \u00f3rgano especial para ella, sino que es vivida por el sujeto todo entero desde el centro mismo de su ser, para que \u2013como dice Juan de la Cruz con admirable expresi\u00f3n\u2013 \u00abd\u00e1ndote todo al todo de mi alma, toda ella te tenga a ti todo\u00bb (CB 6,6), lo que Teresa llama \u00abun dilatamiento o ensanchamiento en el alma que la habilita para que quepa todo en ella\u00bb (M 4,3,9), por cuanto abre el horizonte mental y activo del sujeto, le procura el progreso en la caridad, le hace clarividente y libera en su interior las m\u00e1s poderosas energ\u00edas para la acci\u00f3n.<\/p>\n<p>5. Experiencia fruitiva. Esta experiencia en la que el sujeto no conoce sabiendo sino padeciendo la presencia de Dios es, con frecuencia, y sobre todo en sus \u00faltimos grados, una experiencia intensamente fruitiva, en la \u00abque todos los sentidos gozan en tan alto grado y suavidad, que ello no se puede encarecer\u00bb (V 38,2; 18,1), porque se siente hasta \u00aben los tu\u00e9tanos\u00bb (MC 4,2), lo que provoca una intensa exaltaci\u00f3n de lo emocional con muchos rasgos de patetismo: en forma de \u00abgran \u00edmpetu de alegr\u00eda\u00bb (M 4,6,11), de \u00abgrandes \u00edmpetus de pena\u00bb (E 16, 1), de \u00abI\u00e1grimas gozosas\u00bb (V 19,1), de sentimientos parad\u00f3jicos \u2013\u00abtan grande el dolor y tan excesiva la suavidad\u00bb (V 29,13)\u2013, que producen \u00abun glorioso desatino, una celestial locura, adonde se aprende la verdadera sabidur\u00eda, y es deleitos\u00edsima manera de gozar el alma\u00bb (V 16,1), con la consiguiente necesidad de comunicar la riqueza de tales vivencias. De ah\u00ed el recurso a la poes\u00eda y al canto, \u00fanicos cauces adecuados para expresar lo inefable de esa tensi\u00f3n desbordante (cf V 16,4).<\/p>\n<p>\u00abEs sobre todos los gozos de la tierra y sobre todos los deleites y sobre todos los contentos y m\u00e1s, que es muy diferente su sentir\u00bb (M 5,1,6). \u00abUn gozo tan excesivo del alma que no querr\u00eda gozarle a solas sino decirlo a todos para que la ayudasen a alabar a nuestro Se\u00f1or, que aqu\u00ed va todo su movimiento, porque tanto gozo interior de lo muy interior del alma y con tanta paz, y que todo su contento provoca a alabanzas de Dios, no es posible darle el demonio\u00bb (M 6,6,10-13; Conc 4, 3.6.7). Hasta llegar ah\u00ed, el hombre ha tenido que pasar por el camino purificador de la noche como fase ineludible, m\u00e1s a\u00fan, como dimensi\u00f3n constitutiva de ese padecimiento gozoso de Dios que culmina en la uni\u00f3n amorosa con \u00e9l.<\/p>\n<p>6. La \u00abnoche oscura\u00bb. La peculiaridad del m\u00edstico no es, como algunos piensan, la de un privilegiado vidente de apariciones, la de una experiencia directa del Misterio al margen de la fe. Es m\u00e1s bien todo lo contrario, la de un profeta de la presencia oscura de Dios. De ah\u00ed su frecuente recurso al s\u00edmbolo de la \u00abnoche\u00bb, cifra expresiva tanto de esa presencia misteriosa de Dios en el alma como de la experiencia m\u00edstica en cuanto tal, de la peculiar forma de darse, de hacerse presente esa realidad divina al sujeto, y que por exceder las facultades humanas del conocimiento ordinario constituye para el alma una tiniebla, una \u00abnoche oscura\u00bb, pero no por falta de luz, sino por exceso de luz, pues al ser \u00e9sta tan sobreabundante, tan excesiva, resulta cegadora para la capacidad limitada de la mente humana. Por eso los m\u00edsticos hablan, no de tinieblas a secas, sino en sentido parad\u00f3jico de una oscuridad transluminosa, de \u00abrayo de tiniebla\u00bb, de \u00abtenebrosa nube \/ que a la noche esclarec\u00eda\u00bb, o, como dice Teresa, de una \u00abluz que no tiene noche\u00bb (V 28,5) y \u00abque se representa por una noticia al alma m\u00e1s clara que el sol, para que goce el alma de tan gran bien\u00bb (V 27,3). Esta operaci\u00f3n de amor es tan excesiva \u00abque parece desmenuza un alma y la muele\u00bb y \u00abesto es que, como aquel alma ya se entrega en sus manos y el gran amor la tiene tan rendida que no sabe ni quiere m\u00e1s de que haga Dios lo que quisiere de ella (que jam\u00e1s har\u00e1 Dios, a lo que yo pienso, esta merced sino a alma que ya toma muy por suya), quiere que, sin que ella entienda c\u00f3mo, salga de all\u00ed sellada con su sello\u00bb (M 5,2,11-12), lo que no debe confundirse en modo alguno con una voluntad de someter al hombre al sufrimiento, cosa dif\u00edcilmente comprensible en un Dios que es todo amor (cf M 6,2, 4; 11,2-4).<\/p>\n<p>7. Experiencia inefable. Se ha insistido tanto en este car\u00e1cter inefable de la experiencia m\u00edstica que puede dar la impresi\u00f3n de ser algo propio y exclusivo de ella, como si s\u00f3lo la experiencia m\u00edstica fuera inefable, cuando en realidad eso es lo que ocurre en toda experiencia humana (la experiencia amorosa, la experiencia est\u00e9tica), que por m\u00e1s que se intente decir, rebasa siempre los l\u00edmites del lenguaje y resulta indecible. Mucho m\u00e1s a\u00fan al tratarse de una realidad enraizada en el Misterio y que tiene su origen en la fe. Esta inefabilidad de la experiencia m\u00edstica viene atestiguada en todos sus niveles, tanto en el orden causal (la incapacidad que siente el sujeto de explicarse la raz\u00f3n de ser, el origen, la aparici\u00f3n y el desarrollo de esa experiencia) como en el orden descriptivo (la dificultad de comunicar a otros el contenido de esa experiencia que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de todo lo que la mente humana es capaz de comprender, tan dif\u00edcil como pretender explicar la diferencia de los colores a un ciego de nacimiento). De ah\u00ed el consejo de Teresa: \u00abHemos de dejar en todas estas cosas de buscar razones para ver c\u00f3mo fue; pues no llega nuestro entendimiento a entenderlo, \u00bfpara qu\u00e9 nos queremos desvanecer? Basta ver que es todopoderoso el que lo hace; y pues no somos ninguna parte por diligencias que hagamos para alcanzarlo sino que es Dios el que lo hace, no lo queramos ser para entenderlo\u00bb (M 5,1,11).<\/p>\n<p>Pero lo inefable no es s\u00f3lo lo que no se puede decir, sino tambi\u00e9n lo que fuerza a decir, pues de las realidades de las que no podemos o no sabemos hablar es, precisamente, de las que m\u00e1s necesidad tenemos de hablar. De ah\u00ed la fecunda paradoja de los m\u00edsticos, que a pesar de decir insistentemente que esa experiencia es inefable, incapaces de comunicar lo que viven a quienes no han pasado por ello, no cesan de hablar, se sienten en la necesidad de expresarlo y ponerlo al alcance de otros sujetos, con la convicci\u00f3n incluso de que, aunque todav\u00eda no lo hayan vivido, pueden captar algo de lo que esas expresiones refieren y as\u00ed disponerse ellos tambi\u00e9n a esa experiencia. Es as\u00ed como los m\u00edsticos, expres\u00e1ndose en un lenguaje metarracional, con \u00abpalabras que son m\u00e1s para sentir que para decir\u00bb (M 7,2, 1.6), potenciando hasta el l\u00edmite su significante en pos de otro sentido por un conjunto de signos y figuras ret\u00f3ricas (comparaciones, im\u00e1genes, met\u00e1foras, ox\u00edmoros, paradojas, alegor\u00edas, s\u00edmbolos), por todo lo que el lenguaje posee para hacerse instrumento de comunicaci\u00f3n, logran expresar con suprema elocuencia \u00abun entender no entendiendo, toda ciencia trascendiendo\u00bb, y con el m\u00e1ximo efecto de llevar al lector a una actitud igualmente m\u00edstica y de admiraci\u00f3n ante lo inexpresable (cf V 18,14).<\/p>\n<p>5. Experiencia m\u00edstica y expresi\u00f3n teol\u00f3gica<\/p>\n<p>Este aspecto de lo inefable m\u00edstico y de sus peculiares modos expresivos nos lleva a recordar el viejo contencioso entre espirituales y te\u00f3logos, los seculares prejuicios y descalificaciones por parte de \u00e9stos al lenguaje de los m\u00edsticos, tildado de pseudocient\u00edfico y de bastard\u00eda teol\u00f3gica, objeciones que han perdurado hasta \u00e9pocas no muy pret\u00e9ritas, y que, afortunadamente, a ra\u00edz de la proclamaci\u00f3n eclesial del doctorado teresiano en los a\u00f1os del posconcilio (1970), te\u00f3logos tan significativos de aquella hora, como Edward Schillebeeckx y Karl Rahner, replantearon en estos justos t\u00e9rminos: \u00abGracias a la m\u00edstica, la dogm\u00e1tica entra en contacto \u00edntimo con su objeto; gracias a la dogm\u00e1tica cr\u00edtica la m\u00edstica no se hunde en un cristianismo ap\u00f3crifo o en un fanatismo irracional. M\u00edstica y teolog\u00eda tienen necesidad la una de la otra para su propia autenticidad\u00bb (E. Schillebeeckx, \u00abProfetas de la presencia viva de Dios\u00bb, RevEspir 29 (1970) 320). Por tanto, \u00abquien ense\u00f1a \u201cm\u00edstica\u201d, se ocupa de teolog\u00eda, habla a partir de la revelaci\u00f3n, comunica interiormente algo a la Iglesia en cuanto tal para edificaci\u00f3n de los que creen en Chisto\u00bb (K. Rahner, \u00abLa experiencia personal de Dios m\u00e1s apremiante que nunca\u00bb, ib 311).<\/p>\n<p>Nadie puede cuestionar a Teresa el valor de su magisterio m\u00edstico, pero tal vez s\u00ed el rigor teol\u00f3gico de su lenguaje, tanto m\u00e1s cuando ella misma no tiene reparos en decir p\u00fablicamente que desconoce la jerga t\u00e9cnica de los letrados (V 18,12), que es una mujer \u00absin letras\u00bb (V 10,7; 11,6; 26,3; CV 28,10; 41,6), que su estilo es de torpe calidad, \u00abgrosero\u00bb (CE 26,6), y que escribe, en fin, de modo \u00abdesconcertado\u00bb (CE 22,1). Claro que tampoco habr\u00eda que dejarse enga\u00f1ar por la insistencia de tales expresiones, por la aparente rusticidad de la autora y otras descalificaciones t\u00f3picas de su habilidad, que ella atribuye a su falta de ingenio, y que obedecen sencillamente a una postura estrat\u00e9gica de desviar sospechas, que piden ser le\u00eddas en clave del ambiente antifeminista de su \u00e9poca, como han hecho ver los estudiosos de su lenguaje y de la m\u00e1s exigente cr\u00edtica literaria (cf Ram\u00f3n Men\u00e9ndez Pidal, \u00abEl estilo de Santa Teresa\u00bb, La lengua de Crist\u00f3bal Col\u00f3n, Madrid 1942, 119-142; V\u00edctor Garc\u00eda de la Concha, El arte literario de Santa Teresa, Barcelona 1978; Fernando L\u00e1zaro Carreter, \u00abSanta Teresa de Jes\u00fas, escritora (El Libro de la Vida)\u00bb Actas Congreso Internacional Teresiano, 1, Salamanca 1983, 1127; Aurora Egido, \u00abLos pr\u00f3logos teresianos y la \u201csanta ignorancia\u201d\u00bb, ib 11, 581-607; Francisco M\u00e1rquez Villanueva, \u00abLa vocaci\u00f3n literaria de Santa Teresa\u00bb, Nueva Revista de Filolog\u00eda Hisp\u00e1nica 32 (1983) 355-379; Ninfa Watt, El estilo de Santa Teresa en un mundo antifeminista\u00bb, MteCarm. 92 (1984) 287-318).<\/p>\n<p>Es cierto que el suyo no era el campo te\u00f3rico de los letrados, sino el vivencial, y su entendimiento m\u00e1s intuitivo que reflexivo. Pues bien, eso que en principio pod\u00eda constituir un serio impedimento a la hora de escribir, aparte ya de lo inefable de la materia, es precisamente lo que la hace orientarse en busca de otro lenguaje, no ya conceptual, disquisitivo, sino emp\u00edrico, como puede verse por este texto que dirige a los letrados para decirles el \u00e1mbito en el que se desarrolla su escritura: \u00abEl c\u00f3mo es esta que llaman uni\u00f3n, y lo que es, yo no lo s\u00e9 dar a entender. En la m\u00edstica teolog\u00eda se declara, que yo los vocablos no sabr\u00e9 nombrarlos, ni s\u00e9 entender qu\u00e9 es mente, ni qu\u00e9 diferencia tenga del alma, o esp\u00edritu tampoco; todo me parece una cosa. Esto vuestras mercedes lo entender\u00e1n \u2013que yo no lo s\u00e9 m\u00e1s decir\u2013 con sus letras. Lo que yo pretendo declarar es qu\u00e9 siente el alma cuando est\u00e1 en esta divina uni\u00f3n\u00bb (V 18,2-3). Un lenguaje, por tanto, acorde a la naturaleza de su experiencia y a la eficacia que persigue en la mostraci\u00f3n de la misma, que resalte mayormente la fuerza del Misterio.<\/p>\n<p>Al hacerlo as\u00ed, Teresa estaba creando un molde ling\u00fc\u00edstico nuevo, completamente distinto al de la mayor parte de la literatura teol\u00f3gico-espiritual de entonces, el de aquellos libros que ella, con cierta iron\u00eda, califica de \u00abconcertados\u00bb (CV 21,4), que arrancaban de unos principios te\u00f3ricos, se manten\u00edan en ese plano de las esencias, y s\u00f3lo de manera refleja incid\u00edan sobre la vida particularizada; esto es, escritos de acuerdo a un arm\u00f3nico plan preestablecido y \u00fatiles para entendimientos del mismo tipo, para \u00abalmas concertadas\u00bb (CV 19,1) que se conforman con vivir rectamente, pero que no acaban de decidirse a la entrega total que implica el abandono en manos de Dios a fin de que sea \u00e9l quien obre con sus modos \u00abdesconcertantes\u00bb. Para esas almas \u00abconcertadas\u00bb, viene a decir Teresa, en las que \u00abno, est\u00e1 a\u00fan el amor para sacar de raz\u00f3n\u00bb (M 3,2,7), existen \u00ablibros muy bien concertados\u00bb. Ella, en cambio, se propone escribir para \u00abalmas y entendimientos desbaratados\u00bb (CV 19,2) por la acci\u00f3n impetuosa de Dios, tratando con ellos de otra oraci\u00f3n desbordada de los cauces ordinarios y ordenados. De ah\u00ed que en lo m\u00e1s animado de la escritura, dirigi\u00e9ndose al P. Garc\u00eda de Toledo, le pida que \u00absea s\u00f3lo para vos algunas cosas de las que viere vuestra merced salgo de t\u00e9rminos; porque no hay raz\u00f3n que baste a no me sacar de ella cuando me saca el Se\u00f1or de m\u00ed, ni creo soy yo la que hablo, parece que sue\u00f1o lo que veo, y no querr\u00eda ver sino enfermos de este mal que estoy yo ahora\u00bb (V 16,6).<\/p>\n<p>Se trata, pues, de un molde ling\u00fc\u00edstico en el que la lengua no s\u00f3lo sirve al sentido, sino que hace sentido, que va del hecho emp\u00edrico hacia la comprensi\u00f3n, y de \u00e9sta a la categorizaci\u00f3n. Y eso, por m\u00e1s desconcertado o desconcertante que parezca, concluye Garc\u00eda de la Concha, \u00abno es renuncia a la teolog\u00eda, sino instauraci\u00f3n de una teolog\u00eda integrada en la propia vida\u00bb (V. Garc\u00eda de la Concha, o. c., 109). De manera que si la experiencia m\u00edstica apela a la teolog\u00eda en busca de propia autenticaci\u00f3n, es porque se pretende locus theologicus, fuente y expresi\u00f3n de ella. Tanto m\u00e1s en este caso de Teresa y de unos escritos a los que ya su primer editor, el maestro fray Luis de Le\u00f3n, calific\u00f3 sin ambages de inspirados: \u00abEn los cuales, sin ninguna duda, quiso el Esp\u00edritu Santo que la Madre Teresa fuera un ejemplo rar\u00edsimo. Siempre que los leo, me admiro de nuevo, y en muchas partes de ellos me parece que no es ingenio de hombre el que oigo; y no dudo sino que hablaba el Esp\u00edritu Santo en ella en muchos lugares, y que le reg\u00eda la pluma y la mano\u00bb (ed. princ. 8-9). La frase concuerda con lo dicho por la escritora: \u00abPlega a \u00c9l que acierte yo a declarar algo de cosas tan dificultosas, que, si su Majestad y el Esp\u00edritu Santo no menea la pluma, bien s\u00e9 que ser\u00e1 imposible\u00bb (M 5,4,11). Y a rengl\u00f3n seguido explicaba el exegeta salmantino la prueba de su argumento: \u00abque as\u00ed lo manifiesta la luz que pone en cosas oscuras y el fuego que enciende con sus palabras en el coraz\u00f3n que las lee\u00bb. Son escritos que tienen lo que suenan y que hacen lo que dicen, operan la m\u00e1xima eficacia comunicativa, una empat\u00eda con el lector que no es un mero efectismo est\u00e9tico, sino virtualidad teol\u00f3gica (mistag\u00f3gica) de quien escribe, no s\u00f3lo con los ojos puestos en s\u00ed misma, sino vueltos tambi\u00e9n hacia un variado horizonte de lectores que imagina al escribir y a la medida de su proyecto: \u00abengolosinar las almas de un bien tan alto\u00bb (V 18,8), comunicando para ello del modo m\u00e1s operante y eficaz (con el lenguaje teol\u00f3gico m\u00e1s autorrevelador y seductor posible, podr\u00edamos decir) el don recibido.<\/p>\n<p>Salvador Ros Garc\u00eda<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cM\u00edstica teolog\u00eda\u201d es una expresi\u00f3n que santa Teresa emplea cuatro veces en su Libro de la Vida (cf V 10,1; 11,5; 12,5; 18,2) con un significado que tiene tras de s\u00ed toda una tradici\u00f3n apof\u00e1tica procedente del Pseudo Dionisio, de &hellip; <a href=\"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3149\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":""},"categories":[21],"tags":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p2dsrC-ON","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3149"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3149"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3149\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3150,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3149\/revisions\/3150"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3149"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3149"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3149"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}