{"id":3154,"date":"2015-01-13T10:33:16","date_gmt":"2015-01-13T16:33:16","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3154"},"modified":"2021-01-13T10:36:40","modified_gmt":"2021-01-13T16:36:40","slug":"mujer-es","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3154","title":{"rendered":"Mujer\/es"},"content":{"rendered":"<p>1. Ambiente y formaci\u00f3n femenina de T<\/p>\n<p>Teresa nace y crece en un ambiente cultural que no favorece su formaci\u00f3n femenina integral. No parece que leyese el libro de Luis Vives sobre la \u201cFormaci\u00f3n de la mujer cristiana\u201d, en que se formar\u00eda \u2013a\u00f1os despu\u00e9s\u2013 su amiga Juana Dantisco, madre de J. Graci\u00e1n. Ni tuvo la posibilidad de leer libros de contenido femenino como La perfecta casada de Fray Luis o La conversi\u00f3n de la Magdalena de Mal\u00f3n de Chaide, ambos de fecha tard\u00eda para ella. Tambi\u00e9n en esto, Teresa es hija de su tiempo. Ni la cultura profana ni la religiosa ofrec\u00edan un terreno propicio para el florecimiento de un ideal femenino. A pesar del reciente paso por la escena pol\u00edtica de una mujer como la reina Isabel, su figura, relativamente idealizada por el pueblo, no parece haber tenido incidencia en el clich\u00e9 com\u00fan y corriente de la mujer: sexo d\u00e9bil, carencia de letras (es decir, ignorancia cultural), propensi\u00f3n a las alucinaciones (es decir, visionaria en ciernes), inconstante, inepta para el desempe\u00f1o de funciones p\u00fablicas, necesitada de protecci\u00f3n material y ps\u00edquica, etc., ideario tristemente t\u00f3pico de aquel tiempo.<\/p>\n<p>En el \u00e1mbito de su mundo religioso, T percibi\u00f3 un m\u00faltiple movimiento adverso: a) oposici\u00f3n sorda a la cultura de la mujer. Se les \u201cquitan libros\u201d, escribir\u00e1 ella Camino (21,3). \u201cMujeres&#8230; no tenemos letras\u201d (V 26,3). Y en ese sentido le doler\u00e1 (\u201csent\u00ed mucho\u201d) el famoso \u00edndice inquisitorial de 1559, que la dej\u00f3 sin libros \u201cen romance\u201d, es decir, sin libros de lectura para mujeres como ella, no conocedoras del lat\u00edn. Cuando en el tard\u00edo 1575 escriba al P. Granada, felicit\u00e1ndole \u201cpor haber escrito tan santa y provechosa doctrina\u201d en castellano (cta 82,1), pr\u00e1cticamente est\u00e1 desquit\u00e1ndose contra te\u00f3logos como M. Cano, enemigos de \u201clibros para mujeres de carpintero\u201d. \u2013 b) Oposici\u00f3n a la pr\u00e1ctica de la oraci\u00f3n mental por parte de mujeres: \u201cmuchas veces acaece, con decirnos&#8230;: \u2018no es para mujeres, que les podr\u00e1n venir ilusiones, mejor ser\u00e1 que hilen\u2019&#8230;\u201d (C 21,2), con t\u00e1cita alusi\u00f3n a los casos clamorosos de visionarias de su siglo (cf otra dolorosa alusi\u00f3n en V 23,2). \u2013 c) Oposici\u00f3n al magisterio espiritual femenino: \u201cno es vuestro de ense\u00f1ar&#8230;\u201d (C 20,6). Aunque tard\u00eda, es expresiva la serie de reproches en que prorrumpe el nuncio papal Felipe Sega, cuando en 1577 se le alude a la Madre Teresa y \u00e9l la califica de \u201cf\u00e9mina inquieta y andariega&#8230;, que inventa malas doctrinas&#8230;, ense\u00f1ando como maestra contra lo que san Pablo ense\u00f1\u00f3 mandando que las mujeres no ense\u00f1asen\u201d (cf F. de Santa Mar\u00eda, Reforma&#8230;, I, IV, c. 30, n. 4). Teresa misma se hab\u00eda hecho eco de esa cascada de rumores, centrados en su persona. Lo refiere en la Relaci\u00f3n 19: \u201csi tendr\u00edan raz\u00f3n los que les parec\u00eda mal que yo saliese a fundar&#8230; Parec\u00edame a m\u00ed que, pues san Pablo dice del encerramiento de las mujeres &#8211; que me han dicho poco ha&#8230; y a\u00fan antes lo hab\u00eda o\u00eddo&#8230;\u201d Con la r\u00e9plica de la voz interior: \u201cDiles que no se sigan por sola una parte de la Escritura, que miren otras&#8230;\u201d<\/p>\n<p>De hecho, esos prejuicios antifeministas agravaron el paso de T por las primeras gracias m\u00edsticas, cuando ella las hizo discernir al grupo primerizo de te\u00f3logos improvisados (V 23).<\/p>\n<p>A pesar de ello, la formaci\u00f3n femenina de T no sucumbi\u00f3 a la marea, sino m\u00e1s bien sobrenad\u00f3 a esa serie de escollos. En su primera infancia aprende a leer en el hogar (\u201cde seis o siete a\u00f1os\u201d, insin\u00faa ella: V 1,1). Entre adolescencia y juventud es lectora apasionada: \u201csi no ten\u00eda libro nuevo, no me parece ten\u00eda contento\u201d (V 2,1). Lee libros religiosos antes y despu\u00e9s de entrar en la Encarnaci\u00f3n, \u201cque no quise m\u00e1s usar (=leer) otros, porque ya entend\u00eda el da\u00f1o que me hab\u00edan hecho\u201d (V 4,7). La pasi\u00f3n por la lectura la dominar\u00e1 hasta bien entrada en los 45 a\u00f1os de edad.<\/p>\n<p>Ni de ni\u00f1a ni de joven ni de mayor es mujer acomplejada de cara a la vida social. Cuando de pronto se vea metida de bruces en el enredo de la etiqueta cortesana, entre damas y doncellas, en el palacio toledano de D.\u00aa Luisa de la Cerda (a sus 46 a\u00f1os cumplidos), tendr\u00e1 listos los resortes de la iron\u00eda y de la fina cr\u00edtica, y el suficiente despeje para mantener a salvo la propia autonom\u00eda de mujer: \u201cno dejaba de tratar con aquellas se\u00f1oras&#8230; con la libertad que si fuera su igual\u201d (V 34,3). Y a la propia se\u00f1ora del palacio \u201cdec\u00edaselo&#8230; Vi que era mujer, y tan sujeta a pasiones y flaquezas como yo&#8230; Del todo aborrec\u00ed el desear ser se\u00f1ora, \u00a1Dios me libre de mala compostura!\u201d (ib 4).<\/p>\n<p>2.\u00a0Su reacci\u00f3n<\/p>\n<p>Ser\u00eda puro anacronismo atribuir a T una reacci\u00f3n contestataria, por el estilo de ciertos radicalismos feministas de hoy. Probablemente ella no lleg\u00f3 a tener clara conciencia del machismo de fondo, dominante en aquel mundo social y religioso. Repetir\u00e1, tambi\u00e9n ella, el t\u00f3pico de la debilidad (\u201cflaqueza\u201d) de \u201cnosotras las mujeres\u201d. El diminutivo \u201cmujercitas\u201d o \u201cmujercillas\u201d (V 11,14&#8230;; 28,18; R 4,5&#8230;) no tendr\u00e1 en su pluma matiz cari\u00f1oso, sino m\u00e1s bien ligeramente desde\u00f1oso. Pero, en cambio, hay en el entorno aspectos antifeministas a los que ella se enfrenta:<\/p>\n<p>a) Desde las primeras p\u00e1ginas del Camino deja constancia de sus fuertes deseos de actuar a nivel eclesial y social desde su condici\u00f3n de contemplativa: deseos frenados por su condici\u00f3n de mujer, \u201ccomo me vi mujer y ruin\u201d; frenados incluso por el \u2018status\u2019 eclesial: \u201cimposibilitada de aprovechar en lo que yo quisiera en el servicio del Se\u00f1or\u201d (C 1,2). As\u00ed, al pensar en \u201clos da\u00f1os de Francia\u201d, guerras de religi\u00f3n y dolorosas divisiones de Europa, ella opta por ser sencillamente cristiana a fondo, y proponerlo a sus j\u00f3venes seguidoras: \u201chemos de ser predicadoras de obras, ya que el Ap\u00f3stol y nuestra inhabilidad nos quita que lo seamos en las palabras\u201d (C 15,6). En realidad, lo que ella se propone a s\u00ed misma y a la peque\u00f1a comunidad es el desempe\u00f1o de un servicio eclesial que se convierta en la fuerza motriz del grupo: el ideal apost\u00f3lico del nuevo Carmelo. En ese contexto de fuertes limitaciones y nuevos ideales, escribir\u00e1 lo que se ha llamado \u201celogio de las mujeres\u201d, en el que dar\u00e1 paso a una fina cr\u00edtica de la mentalidad antifeminista del momento. Es el pasaje que no le tolerar\u00e1 el censor del libro, que se lo borrar\u00e1 en la primera redacci\u00f3n y que ya no pasar\u00e1 al texto definitivo del Camino (3,7). En \u00e9l, para justificar su elogio de lo femenino, T apelaba a la conducta misma de Jes\u00fas, que \u201ccuando andaba por el mundo&#8230;hall\u00f3 en las mujeres tanto amor y m\u00e1s fe que en los hombres\u201d; se\u00f1alaba con iron\u00eda que, en fin, los jueces de este mundo son \u201ctodos varones\u201d incapaces de valorar las virtudes de la mujer, mientras ella est\u00e1 convencida de que \u201cno es raz\u00f3n desechar \u00e1nimos virtuosos y fuertes, aunque sean de mujeres\u201d (CE 4,1).<\/p>\n<p>b) A lo largo del Camino, T reaccionar\u00e1 con igual fuerza a favor de la cultura espiritual de \u201cnosotras las mujeres\u201d. Para mujeres claustrales escribir\u00e1 ella casi todos sus libros. Estar\u00e1 a favor de los libros \u201cen romance\u201d, para la cultura de la comunidad (Cons 2,7), \u201cporque \u2013les dice\u2013 es en parte tan necesario este mantenimiento para el alma, como el comer para el cuerpo\u201d. Hablando de oraci\u00f3n y letrados, condensa su pensamiento en el lema: \u201ces gran cosa letras [=estudios]\u201d. \u201cEsp\u00edritu que no vaya comenzado en verdad yo m\u00e1s lo querr\u00eda sin oraci\u00f3n&#8230; Llegados a verdades de la Sagrada Escritura, hacemos lo que debemos: de devociones a bobas nos libre Dios\u201d (V 13,16). Y frente a esa especie de acaparamiento del saber b\u00edblico por parte de los te\u00f3logos varones de su tiempo, ella reclamar\u00e1: \u201cno hemos de quedar las mujeres tan fuera de gozar las riquezas del Se\u00f1or\u201d, lo cual le permite a ella misma glosar los versos del poema de los Cantares, entonces pr\u00e1cticamente vedado a la lectura de las mujeres.<\/p>\n<p>c) Al menos en una de sus fundaciones, T se enfrentar\u00e1 con el poder constituido, para reivindicar que unas pobres \u201cmujeres quer\u00edan vivir en tanto rigor y perfecci\u00f3n y encerramiento [en un Carmelo], y que los que no pasaban nada de esto&#8230;, quisiesen estorbarlo\u201d (F 15,5). Ocurr\u00eda en Toledo, en el intervalo producido por la prisi\u00f3n del arzobispo Carranza. El enfrentamiento de T con el apoderado de turno es recordado por ella como un gesto de valent\u00eda femenina: \u201cEstas y otras hartas cosas le dije con una determinaci\u00f3n grande que me daba el Se\u00f1or. De manera que&#8230; antes que me quitase de con \u00e9l me dio la licencia\u201d (ib). No ser\u00e1 el \u00fanico enfrentamiento de T con la autoridad masculina de su entorno.<\/p>\n<p>d) M\u00e1s inveros\u00edmil a\u00fan resulta el episodio de su composici\u00f3n de los Conceptos. Justamente por los a\u00f1os en que la traducci\u00f3n del libro b\u00edblico de los Cantares costaba l\u00e1grimas y sangre a fray Luis de Le\u00f3n, T hace caso omiso del riesgo que corre ella \u2013una mujer\u2013 atrevi\u00e9ndose a glosar ese mismo poema b\u00edblico, aunque fuese fragmentariamente. Emprende y lleva adelante esa tarea hasta que uno de sus te\u00f3logos asesores le hace arrojar al fuego lo escrito. El mismo fray Luis, a\u00f1os m\u00e1s tarde, no osar\u00e1 incluir en la edici\u00f3n pr\u00edncipe de los libros de T las p\u00e1ginas que se hab\u00edan salvado de las llamas.<\/p>\n<p>En definitiva, T est\u00e1 convencida de que ella y su grupo de mujeres tienen vocaci\u00f3n y misi\u00f3n propia en la Iglesia. Convencida de que el grupo que ella preside -el de su primer Carmelo- debe cancelar \u2013incluso invertir\u2013 el manido clich\u00e9 del \u201csexo d\u00e9bil\u201d: \u201cno querr\u00eda yo, hijas m\u00edas, lo fueseis [fueseis mujeriles] en nada, ni lo parecieseis, sino varones fuertes&#8230;; el Se\u00f1or las har\u00e1 tan varoniles que espanten a los hombres\u201d (C 7,8). Est\u00e1 convencida, incluso, de que la escalada de las altas cimas de la vida m\u00edstica es m\u00e1s frecuente entre las mujeres que entre los hombres, y as\u00ed se lo ha refrendado el propio fray Pedro de Alc\u00e1ntara (V 40,8).<\/p>\n<p>Todo lo cual no impide que en lo hondo de su pensamiento perduren ciertos resabios de pesimismo femenino, dejos inequ\u00edvocos de su antiguo complejo de mujer, ciertamente heredado de aquella \u00e9poca. De ah\u00ed su reiterada etiqueta personal de \u201cmujer y ruin\u201d, de mujer iletrada (\u201csin letras ni buena vida\u201d: V 10,7), \u201ces mucha nuestra flaqueza\u201d (V 22,13)&#8230; Quiz\u00e1s su evaluaci\u00f3n m\u00e1s negativa la emita ella al acercarse al tema de la neurosis, que ellla llama \u201cmelancol\u00eda\u201d: \u201cporque el natural de las mujeres es flaco y el amor propio que reina en nosotras muy sutil\u201d, si bien a rengl\u00f3n seguido, extender\u00e1 ese diagn\u00f3stico a ambos sexos, \u201cas\u00ed hombres como mujeres\u201d (F 4,2).<\/p>\n<p>3.\u00a0Mujeres amigas y mujeres menos amigas de T<\/p>\n<p>Como religiosa claustral, T vivi\u00f3 la mayor parte de su vida en ambiente femenino, el de sus monasterios de la Encarnaci\u00f3n y de San Jos\u00e9, y otros monasterios amigos. Dentro de ellos se encontr\u00f3 con extraordinarias figuras de mujer que aqu\u00ed no podemos rese\u00f1ar. Haremos \u00fanicamente el listado de tipos femeninos con quienes entabl\u00f3 relaciones especiales, representativos en cierto modo de la sociedad de su tiempo:<\/p>\n<p>a) Al lado de su madre do\u00f1a Beatriz y de sus hermanas Mar\u00eda y Juana, ya entre adolescencia y juventud de Teresa, se desliza \u2013aparece y desaparece\u2013 la prima an\u00f3nima que le pegaba \u201csu mala condici\u00f3n\u201d, que hace de alcahueta y la introduce en el flirteo de los muchachos (V 2,3). Surge poco despu\u00e9s la figura egregia de una religiosa agustina, D.\u00aa Mar\u00eda de Brice\u00f1o, que influye poderosamente en el \u00e1nimo y en los futuros ideales de T (V 3).<\/p>\n<p>b) Joven religiosa, T pasa por las manos siniestras de la curandera de Becedas, y ah\u00ed mismo tiene que dar batalla a la pobre mujer que ten\u00eda puestos hechizos al cura de la aldea (V 5,4). Ha florecido entre tanto la primera amistad de T en el \u00e1mbito de su vida claustral, D.\u00aa Juana Ju\u00e1rez: es la amiga que la atrae a la vida carmelitana.<\/p>\n<p>c) Por fin, en la biograf\u00eda teresiana entra el aire fresco de media docena de j\u00f3venes idealistas, que asisten a la tertulia de su celda y la seguir\u00e1n enseguida con ansias de vida nueva: son las pioneras del Carmelo de San Jos\u00e9 de \u00c1vila. J\u00f3venes de temple en la adversidad, pero fascinadas por la personalidad de la fundadora.<\/p>\n<p>d) Al lado de ellas se perfila poco a poco la figura de una dama abulense, D.\u00aa Guiomar de Ulloa, mujer noble y distinguida. Ella y su madre D.\u00aa Aldonza apoyan a T en la primera fundaci\u00f3n, le facilitan la penetraci\u00f3n en los ambientes nobles del mundo femenino de \u00c1vila y la acercan a fray Pedro de Alc\u00e1ntara.<\/p>\n<p>e) Ahora, T entra en el mundillo de la nobleza castellana, invitada al palacio toledano de D.\u00aa Luisa de la Cerda, dama amiga de por vida, que le sirve de espejo para asomarse al paisaje de grandezas y miserias del estamento noble. Con ocasi\u00f3n de las primeras fundaciones de sus Carmelos, el c\u00edrculo de amistades de T se enriquece con la llegada de otra gran dama, D.\u00aa Mar\u00eda de Mendoza, hermana del obispo don \u00c1lvaro y esposa que fue del Comendador Cobos, en otro tiempo dama peligrosa en el entorno cortesano y pol\u00edtico de Carlos V. Alejada ahora de ese ambiente de intrigas palaciegas, todav\u00eda se servir\u00e1 del prestigio de su hermano don \u00c1lvaro para conseguir y difundir el secreto Libro de la vida de T Ella ser\u00e1 quien introduzca en el espacio teresiano a otra Mendoza, la famosa Princesa de Eboli.<\/p>\n<p>f) As\u00ed, por el escal\u00f3n de los Mendoza y de Luisa de la Cerda T se hab\u00eda acercado a la zona delicada de las damas y de las intrigas. Ah\u00ed, en Toledo, hab\u00eda entrado en relaciones con la mencionada D.\u00aa Ana de Mendoza, Princesa de Eboli, con quien pronto tendr\u00e1 que romper relaciones, y que a su vez ser\u00e1 una de las primeras en denunciar a la Inquisici\u00f3n el Libro de la Vida. En cambio, en la corte madrile\u00f1a T contar\u00e1 con dos buenas amigas, Leonor de Mascare\u00f1as y la Princesa D.\u00aa Juana. Y poco a poco se sumar\u00e1n varios otros t\u00edtulos nobiliarios: la marquesa de Velada, la condesa de Osorno, la Duquesa de Alba&#8230; Entre las destinatarias de su epistolario figuran, adem\u00e1s de D.\u00aa Luisa de la Cerda y D.\u00aa Mar\u00eda de Mendoza, D.\u00aa In\u00e9s Nieto, D.\u00aa Ana Enr\u00edquez, D.\u00aa Mar\u00eda Enr\u00edquez, D.\u00aa Guiomar Pardo&#8230; Y todav\u00eda, entre las \u00faltimas damas que se ganan la amistad de T comparecen figuras excepcionales de origen vasco y navarro: D.\u00aa Beatriz de Beamonte, D.\u00aa Leonor de Ayanz y D.\u00aa Catalina de Tolosa y otras damas burgalesas&#8230;<\/p>\n<p>g) M\u00e1s en la penumbra, pero entreveradas en los pliegues de la amistad teresiana, figura otra serie de mujeres de diversos estratos sociales. Teresa evoca en su epistolario a la admirada Marid\u00edaz, de \u00c1vila. En Toledo, tiene que aplacar a las dos inquilinas del edificio adquirido para Carmelo. De Sevilla regresa con el recuerdo cari\u00f1oso de la anciana \u201csantica y buena Bernarda\u201d. En cambio, tiene un amargo recuerdo de la salmantina esposa de Pedro de la Banda. En Valladolid se le entremezclar\u00e1n los recuerdos, en claroscuro, de la joven Casilda de Padilla y de la conducta algo equ\u00edvoca de su madre. En Medina del Campo entrar\u00e1 en relaci\u00f3n con las dos sobrinas del Cardenal Quiroga, carmelitas ambas a pesar del enfrentamiento del cardenal con T. Por fin, en Alba de Tormes, ella entablar\u00e1 amistad no s\u00f3lo con las duquesas, sino con la fundadora del Carmelo, Teresa de Layz, quienes una vez muerta la Santa tratar\u00e1n de apoderarse de sus restos mortales.<\/p>\n<p>h) Tambi\u00e9n atraviesa la escena teresiana una figura ex\u00f3tica de mujer, la famosa Catalina de Cardona, disfrazada de var\u00f3n. Extra\u00f1amente, T har\u00e1 su elogio en las Fundaciones (c. 28) y pese al contraste de ambas \u2013Teresa y \u201cla Cardona\u201d\u2013 la Santa envidiar\u00e1 las exorbitantes penitencias de esta mujer, gan\u00e1ndose una especie de reproche del Se\u00f1or: \u201c\u00bfVes toda la penitencia que hace? En m\u00e1s tengo tu obediencia\u201d (R 23).<\/p>\n<p>En la escena femenina de T tampoco falta el encanto de las ni\u00f1as. En sus Carmelos acoge a tres: a la quite\u00f1a Teresita de Cepeda; a la encantadora Isabel Graci\u00e1n, \u201cla mi Bela\u201d, y a la hija de Antonio Gayt\u00e1n. El encanto de la segunda pondr\u00e1 de manifiesto alguno de los m\u00e1s finos rasgos maternales de T (cta 175,6).<\/p>\n<p>En sus idas y venidas, por caminos y posadas y ventas, T no parece haber llegado a conocer el mundo del hampa y del burdel. No se escandaliza cuando le llega real\u00edsticamente la noticia de \u00e9ste (cta 83,6, al P. General). El \u00faltimo a\u00f1o de su vida, le llegan nuevas experiencias escabrosas desde el seno de su propia familia. En el Carmelo de San Jos\u00e9 se le presenta una madre soltera, que ha tenido una hija con Lorencico, sobrino de T y reci\u00e9n partido para Am\u00e9rica. T siente una entra\u00f1able ternura por la ni\u00f1a, y no es corta en exigencias con el sobrino huidizo (cta 427,4-5). Tambi\u00e9n su otro sobrino, Francisco, la har\u00e1 enfrentarse con damas madrile\u00f1as de armas tomar.<\/p>\n<p>4.\u00a0Mujer y l\u00edder<\/p>\n<p>Un aspecto relevante del feminismo teresiano es su liderazgo. T\u00edpico liderazgo de mujer. Teresa nace con cualidades de jefe de mesnada. Desde la infancia y la juventud: fuga infantil con Rodrigo, y nueva fuga de casa a los veinte a\u00f1os con su hermano Antonio, para emprender ambos la vida religiosa. Su liderazgo brilla, sobre todo, al fundar San Jos\u00e9 y poner en marcha todo un movimiento de espiritualidad. Es ah\u00ed, donde T pone en juego sus dotes de perfecta l\u00edder. Es capaz de fijar al grupo unos objetivos ideales. Posee fuerza personal de atracci\u00f3n y seguimiento. En aquel ambiente de vida religiosa, en que no estaban en uso los \u201cmedios de comunicaci\u00f3n\u201d, ella se sirve de su frecuente carteo para llevar a pulso las riendas del grupo. Desde su Obispo don \u00c1lvaro, hasta el humilde capell\u00e1n de San Jos\u00e9, Juli\u00e1n de \u00c1vila, todos quedan enrolados en su empresa de fundadora. En ella convergen los te\u00f3logos consultores, los visitadores pontificios, los nuncios, los correos regios, los modestos arrieros del camino y hasta el mismo rey.<\/p>\n<p>En realidad, ella no s\u00f3lo ejerce su liderazgo sobre el grupo femenino que la sigue en cada nuevo Carmelo. El suyo es tambi\u00e9n liderazgo de un grupo de varones. Conquista, ante todo, a un joven como fray Juan de la Cruz, que la sigue y es quiz\u00e1s el \u00fanico que nunca pondr\u00e1 en duda su liderazgo. Traspasar\u00e1 el mando jur\u00eddico a quienes, seg\u00fan las normas can\u00f3nicas de entonces, hayan de ejercerlo, pero nunca les ceder\u00e1 el impulso inspirador. A pesar de que las estructuras religiosas del momento tiendan a marginarla y subordinarla a ella, por mujer, T seguir\u00e1 siendo hasta el fin el primer punto de referencia, especie de coraz\u00f3n y cerebro motor de la obra que ha puesto en marcha.<\/p>\n<p>A ello se debi\u00f3, probablemente, el impacto que T produjo en sus contempor\u00e1neos. Un caso representativo es el de su editor fray Luis de Le\u00f3n. Antes de conocer la personalidad de la Madre Teresa, fray Luis escribe en La perfecta casada (1583) un perfil de la mujer ideal al hilo de la \u00e9poca, sin demasiadas concesiones a la capacidad intelectual o cultural de la misma. Cambiar\u00e1 radicalmente de opini\u00f3n, cuando en el pr\u00f3logo de las Obras teresianas haga la presentaci\u00f3n y evaluaci\u00f3n de esta mujer ideal, obradora y escritora, que es Teresa de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Teresa mantiene y acendra su feminidad en el plano m\u00edstico, en su trato con su Se\u00f1or. Ante Dios se siente querida y enamorada. Incorpora a su experiencia personal el s\u00edmbolo esponsal de la Biblia. Se siente fascinada por la hermosura de su Se\u00f1or Jes\u00fas glorioso: \u201cde ver a Cristo me qued\u00f3 imprimida su grand\u00edsima hermosura, y la tengo hoy d\u00eda\u201d (V 37,4). La cantar\u00e1 una y otra vez en sus poemas: \u201cOh Hermosura que exced\u00e9is a todas las hermosuras\u201d, \u201cvuestra soy, para Vos nac\u00ed..\u201d \u201cDichoso el coraz\u00f3n enamorado \/ que en solo Dios ha puesto el pensamiento\u201d, \u201cSi el amor que me ten\u00e9is, Dios m\u00edo&#8230;\u201d Poemas que son la culminaci\u00f3n de la est\u00e9tica femenina de T.<\/p>\n<p>BIBL. \u2013 M. M. Banbridge,\u00a0La donna e la santit\u00e0, en \u00abTeresa di Ges\u00f9, Maestra di santit\u00e0\u00bb, Roma 1982, pp. 235-252; O. Steggink, Teresa de Jes\u00fas, mujer y m\u00edstica&#8230;, en \u00abCarmelus\u00bb 29 (1982), 111-129.<\/p>\n<p>Margarita M.\u00aa Banbridge, stj<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1. Ambiente y formaci\u00f3n femenina de T Teresa nace y crece en un ambiente cultural que no favorece su formaci\u00f3n femenina integral. 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