{"id":3163,"date":"2015-01-14T10:36:02","date_gmt":"2015-01-14T16:36:02","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3163"},"modified":"2021-01-14T10:37:58","modified_gmt":"2021-01-14T16:37:58","slug":"alegria-3","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3163","title":{"rendered":"Alegr\u00eda"},"content":{"rendered":"<p>El grave Juan de la Cruz, el santo y doctor de las \u201cnadas\u201d, hasta iconogr\u00e1ficamente parece ajeno a sensaciones determinadamente humanas y terrenas, como pudiera ser el concepto de alegre y de alegr\u00eda. Sin embargo, la alegr\u00eda est\u00e1 presente en J. de la Cruz, en su doble vertiente: alegr\u00eda divina, desde luego; pero tambi\u00e9n alegr\u00eda humana. Su vocabulario a este respecto ofrece la sorpresa de estas frecuencias registradas: Alegr\u00eda, 70; contento, 90; fiesta, 27; recreaciones, 65; regalo, 110; ventura, 120; deleite, 450; gozo, 700: boda-esposos, 804. Solamente este repertorio verbal, que podr\u00eda ensancharse con otros sin\u00f3nimos, revela que el talante del sujeto que emplea esta nomenclatura es bien sensible al aspecto jubiloso y gratificante de la vida. Lo fue en efecto el car\u00e1cter de San Juan de la Cruz. Lo vemos reflejado en su vida y en sus escritos.<\/p>\n<p><em>a. En su vida<\/em><\/p>\n<p>La existencia fue dura para Juan de Yepes, ciertamente: hu\u00e9rfano de padre desde su infancia; pobre de solemnidad toda su peregrinaci\u00f3n humana, primero, por exigencias de \u00edndole familiar y luego, por las de la profesi\u00f3n religiosa; incomprendido, perseguido, encarcelado, y al fin crucificado con llagas con la doble crucifixi\u00f3n de cuerpo y alma.<\/p>\n<p>Eso, no obstante, Juan mantuvo su condici\u00f3n serena y su apacible semblante a lo largo de sus 49 a\u00f1os. Por los caminos \u201ciba cantando\u201d; en los recreos, frailes y monjas no quer\u00edan perderse sus dichos; con los novicios representaba comedias edificantes y amenas; en Navidad bailaba con el Ni\u00f1o Jes\u00fas en brazos; alegraba a los enfermos cont\u00e1ndoles chistes; a los melanc\u00f3licos los desped\u00eda consolados con un sonriente: \u201cNo sea bobo\u201d; con \u201cgran risa\u201d contaba c\u00f3mo se libr\u00f3 de una gitana de la Alhambra que le quer\u00eda endosar \u201cun hijo del gran milagro\u201d. Hasta una liebre asustadiza se refugi\u00f3 bajo el h\u00e1bito del Santo durante un incendio junto al convento de \u00a0La Pe\u00f1uela. Gracioso episodio que ha quedado grabado en la estatua de San Juan de la Cruz que hoy se levanta en la ciudad de La Carolina, antigua Pe\u00f1uela. De esta manera podr\u00edan multiplicarse las \u201cgracias de la gracia\u201d de Juan de Fontiveros.<\/p>\n<p><em>b. En sus escritos<\/em><\/p>\n<p>En el orden del esp\u00edritu, J. de la Cruz distingue dos tipos de alegr\u00eda seg\u00fan la causa que la provoca. Una es alegr\u00eda vana, la que suscitan los bienes temporales y es la alegr\u00eda que ciega el coraz\u00f3n y que recrimin\u00f3 el Sabio, as\u00ed como la que producen los sentidos, como el tacto (S 3,18, 5; 25, 6). De esta vana alegr\u00eda puramente sensual trata poco el Santo. En cambio, se explaya regocijadamente sobre la alegr\u00eda que viene de Dios y lleva a Dios, que \u00e9l llama \u201calegr\u00eda del esp\u00edritu\u201d (CB 39,8). Esta alegr\u00eda espiritual proviene de motivos sobrenaturales, como los ejercicios espirituales (S 1,11,5), la recepci\u00f3n de algunos sacramentos, como la comuni\u00f3n (N 1,4,2); tambi\u00e9n las \u00a0visiones hacen el mismo efecto (S 2,24,6). Sobre estas alegr\u00edas espirituales advierte el doctor para que no degeneren en algo no tan sobrenatural. Por otra parte, el simple mirar de Dios viste al mundo de alegr\u00eda y hermosura (CB 6,1). Esta alegr\u00eda divina es una experiencia que el alma lleva dentro de s\u00ed con gran contentamiento suyo (CB 1,7). Obviamente esta alegr\u00eda profunda nace del amor y crece con el amor, de tal suerte que hasta en los terrores y aprietos y trabajos mantiene el alma en s\u00ed la alegr\u00eda y gozo y se muestra alegre en la misma muerte (CB 16,6; 36,11; 11,10).<\/p>\n<p>Es tal la alegr\u00eda que el alma siente en Dios hecho su prisionero, que transmite y comunica su alegr\u00eda a los dem\u00e1s (CB 31,10; 22,1). Del alma inmersa en la alegr\u00eda de Dios escribe el Santo: \u201cEn este estado siempre el alma anda como de fiesta y trae un j\u00fabilo de Dios grande, como un cantar nuevo, siempre nuevo, envuelto en alegr\u00eda y amor, en conocimiento de su feliz estado\u201d (LlB 2,36). No sorprende que el papa Pablo VI incluyera a Juan de la Cruz en la enc\u00edclica \u201cGaudete in Domino\u201d como santo emblem\u00e1tico de la alegr\u00eda cristiana (AAS 67, 1975, 306-307).<\/p>\n<p>BIBL. \u2013 JOS\u00c9 VICENTE RODR\u00cdGUEZ, <em>Florecillas de San Juan de la Cruz<\/em>, Ediciones Paulinas, 1990; ISMAEL BENGOECHEA, <em>La felicidad en San Juan de la Cruz<\/em>, Miriam, Sevilla, 1988<em>.<\/em><\/p>\n<p><em>Ismael Bengoechea<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El grave Juan de la Cruz, el santo y doctor de las \u201cnadas\u201d, hasta iconogr\u00e1ficamente parece ajeno a sensaciones determinadamente humanas y terrenas, como pudiera ser el concepto de alegre y de alegr\u00eda. 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