{"id":3177,"date":"2015-01-14T11:09:56","date_gmt":"2015-01-14T17:09:56","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3177"},"modified":"2021-01-14T11:13:54","modified_gmt":"2021-01-14T17:13:54","slug":"teologia-sanjuanista","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3177","title":{"rendered":"Teolog\u00eda sanjuanista"},"content":{"rendered":"<p>El t\u00e9rmino \u201cteolog\u00eda\u201d es usado por J. de la Cruz una docena de veces. La mayor\u00eda de ellas, para designar la \u201cteolog\u00eda m\u00edstica\u201d, como conocimiento contemplativo y experiencial de \u00a0Dios; y un par de veces, para referirse a la \u201cteolog\u00eda escol\u00e1stica\u201d, como estudio \u201cacerca del trato interior del alma con Dios\u201d y como conocimiento \u201ccon que se entienden las verdades divinas\u201d (CB pr\u00f3l. 3). Este acercamiento \u2013aunque sea por v\u00eda de contraposici\u00f3n, que afecta sobre todo al destinatario\u2013 entre teolog\u00eda escol\u00e1stica y teolog\u00eda m\u00edstica en el pr\u00f3logo a una de sus obras mayores, donde tratar\u00e1 \u201calgunos puntos\u201d de teolog\u00eda escol\u00e1stica para comprender mejor los temas m\u00edsticos que en ella se exponen, revela los t\u00e9rminos del planteamiento teol\u00f3gico de la m\u00edstica: \u00e9sta aparece en estrecha relaci\u00f3n con la teolog\u00eda.<\/p>\n<p>La m\u00edstica cristiana describe fundamentalmente la reacci\u00f3n del sujeto, su experiencia \u00edntima del misterio, frente a la verdad objetiva del hecho revelado, esto es, del misterio de Dios. Una m\u00edstica que prescinda de la realidad objetiva de los misterios de la fe, queda reducida a mera introspecci\u00f3n subjetiva; no es m\u00edstica cristiana. Esta depende esencialmente del misterio revelado, que se manifiesta y comunica al m\u00edstico por v\u00eda de experiencia. Por eso tras la experiencia est\u00e1 siempre, como realidad fundante, el misterio; tras la m\u00edstica aparece inseparablemente unida, como marco de comprensi\u00f3n, la teolog\u00eda; tras la figura del m\u00edstico emerge, como luz esclarecedora, la figura del te\u00f3logo.<\/p>\n<p>No siempre experiencia y teolog\u00eda convergen en un mismo sujeto. El te\u00f3logo y el m\u00edstico, pese a ser como dos eslabones de una misma cadena, no coinciden ordinariamente en una misma persona. M\u00e1s a\u00fan, tienden a ignorarse. Esto es fruto de la ruptura entre teolog\u00eda y espiritualidad, que ha marcado la \u00e9poca moderna. Sin embargo, en J. de la Cruz convergen admirablemente estas dos realidades: m\u00edstica y teolog\u00eda, experiencia y conocimiento de la verdad revelada. No s\u00f3lo tiene experiencia del misterio, sino tambi\u00e9n conocimiento. Sus escritos, en poes\u00eda y en prosa, son el mejor exponente de esta irrompible unidad. Por eso el Doctor m\u00edstico ocupa un lugar privilegiado en el di\u00e1logo entre teolog\u00eda y espiritualidad.<\/p>\n<p>Este es el tema que se desarrolla aqu\u00ed en tres etapas: partiendo de la revalorizaci\u00f3n de su figura como te\u00f3logo, que aparece tras la figura del poeta y del m\u00edstico; destacando la originalidad de su teolog\u00eda, con sus l\u00edneas de fuerza o caracter\u00edsticas principales; concretando su proyecci\u00f3n teol\u00f3gica, desde la perspectiva de la \u00a0fe y de la relaci\u00f3n entre teolog\u00eda y espiritualidad, que aparece en su proyecto de vida espiritual.<\/p>\n<h3>I. M\u00edstico, poeta y te\u00f3logo<\/h3>\n<p>REDESCUBRIMIENTO DEL TE\u00d3LOGO. Juan de la Cruz es conocido en el mundo del pensamiento contempor\u00e1neo como <em>m\u00edstico<\/em>, como <em>poeta <\/em>y como <em>te\u00f3logo<\/em>. Dif\u00edcilmente se encuentra otra figura en la que converjan tan arm\u00f3nicamente estos t\u00edtulos, formando una unidad. Es <em>m\u00edstico <\/em>por su profunda experiencia del misterio de Dios. Es <em>poeta <\/em>por su capacidad para expresar l\u00edricamente esta experiencia. Es <em>te\u00f3logo <\/em>por su fuerza de penetraci\u00f3n en el misterio de Dios actuado en el coraz\u00f3n del hombre y de la historia.<\/p>\n<p>Si tuvi\u00e9semos que establecer una prioridad, \u00e9sta corresponde al m\u00edstico.<\/p>\n<p>J. de la Cruz es, ante todo, un m\u00edstico \u2013el m\u00edstico por antonomasia\u2013 que ha experimentado la realidad de Dios en su vida y quiere acercarla a la vida de los dem\u00e1s en poes\u00eda y en prosa, l\u00edrica y teol\u00f3gicamente. Su poes\u00eda, por tanto, y su teolog\u00eda est\u00e1n al servicio de la m\u00edstica; son formas de expresi\u00f3n de su experiencia m\u00edstica.<\/p>\n<p>Tal vez por eso, el t\u00edtulo que primero se le reconoce y por el que es proclamado Doctor de la Iglesia, es el de m\u00edstico. En cambio, los t\u00edtulos de poeta y te\u00f3logo no son reconocidos \u2013al menos de forma universal\u2013 hasta nuestros d\u00edas. Ha sido a partir de las \u00faltimas d\u00e9cadas, cuando ha comenzado a valorarse la poes\u00eda y teolog\u00eda de J. de la Cruz. Ci\u00f1\u00e9ndonos a su teolog\u00eda, \u00e9sta emerge en primer lugar como formulaci\u00f3n doctrinal de los contenidos m\u00edsticos. Muy acertadamente resume el P. Cris\u00f3gono sus aportaciones m\u00e1s destacadas: la primera es \u201cla trabaz\u00f3n indisoluble del elemento experimental con los principios racionales\u201d. A partir de \u00e9l \u201cel misticismo se nos presenta ya como una ciencia perfectamente sistematizada, con sus principios universales, con una ilaci\u00f3n l\u00f3gica rigurosa y con proposiciones axiom\u00e1ticas bien demostradas\u201d. La segunda es \u201cla precisi\u00f3n y claridad\u201d, como algo implicado esencialmente en \u201cesa unidad y trabaz\u00f3n con que existen en su obra el elemento experimental y el cient\u00edfico\u201d. Otra de sus grandes aportaciones es haber desplazado el centro de inter\u00e9s de la m\u00edstica. Dejando de lado, como algo muy accidental en la vida m\u00edstica, los \u00a0fen\u00f3menos o gracias extraordinarias, \u201cdedica casi toda su obra a describir los diversos y sutiles movimientos del esp\u00edritu humano al sentir la presencia de la divinidad, que le toca, y que es lo que propiamente constituye la m\u00edstica\u201d.<\/p>\n<p>Tratando de precisar esta \u00faltima aportaci\u00f3n, se\u00f1ala los temas siguientes: \u201cla doctrina del tr\u00e1nsito de la asc\u00e9tica a la m\u00edstica&#8230;; la de la uni\u00f3n realizada por las virtudes teologales, como medio inmediato de la misma; la explicaci\u00f3n de la causa de los diversos fen\u00f3menos corporales m\u00edsticos, y la precisi\u00f3n de los diversos grados de uni\u00f3n, especialmente del \u00faltimo o estado de transformaci\u00f3n\u201d (Cris\u00f3gono, <em>San Juan de la Cruz: El hombre, el doctor, el poeta<\/em>, p. 180ss).<\/p>\n<p>En virtud de estas aportaciones decisivas a la historia de la m\u00edstica, J. de la Cruz ha sido siempre reconocido como el m\u00edstico cristiano por excelencia y como tal ha sido declarado Doctor de la Iglesia universal (1926). Pero hubieron de pasar algunos a\u00f1os para que este reconocimiento llegase a trascender el \u00e1mbito de lo estrictamente m\u00edstico-experiencial. Normalmente se le reconoce a fray Juan como gu\u00eda o maestro indiscutible de la vida espiritual; o como mistagogo que, a partir de su experiencia m\u00edstica, ense\u00f1a el camino al que quiere hacer esa misma experiencia. En este sentido, da normas de conducta, traza senderos, orienta en los caminos de la uni\u00f3n. Se le reconoce, pues, su condici\u00f3n de director espiritual y de m\u00edstico, pero no su condici\u00f3n de te\u00f3logo, con el consiguiente empobrecimiento de su doctrina.<\/p>\n<p>El problema se plantea abiertamente, a partir de un estudio de J. Maritain, que define a J. de la Cruz como \u201cpracticien de la contemplation\u201d (<em>Saint Jean de la Croix praticien de la contemplation<\/em>, EtCarm 1931, 61-109). T\u00edtulo que vendr\u00eda a restringir el magisterio sanjuanista al mundo interior, restando profundidad a sus contenidos teol\u00f3gicos. H. Bouillard, secundando la tesis de Maritain, trata de enmarcar el mensaje sanjuanista dentro de los estrechos l\u00edmites de la \u201csabidur\u00eda m\u00edstica\u201d y de la direcci\u00f3n espiritual (<em>La \u201csagesse mystique\u201d selon saint Jean de la Croix<\/em>, RechScRel 50,1962, 481-529;<\/p>\n<p><em>Mystique, M\u00e9taphysique et Foi chr\u00e9<\/em><em>tienne<\/em>, ibid. 51,1963,30-82). Estudios posteriores, como los de G. Morel (<em>Le sens de l\u2019existence selon S. Jean de la Croix<\/em>, 3 vols., Par\u00eds 1960-1961) y J. M. Le Blond (<em>Mystique et Th\u00e9ologie chez saint Jean de la Croix<\/em>, RechScRel 51, 1963, 196-239), han abordado el tema desde perspectivas m\u00e1s amplias y han puesto de manifiesto el valor del pensamiento sanjuanista a nivel ontol\u00f3gico, tanto en el campo teol\u00f3gico como en el de la filosof\u00eda existencial y de la antropolog\u00eda. Prueba de ello son los numerosos comentaristas que se han acercado al Doctor m\u00edstico desde esta perspectiva de su pensamiento, abriendo nuevos horizontes de interpretaci\u00f3n que la tradici\u00f3n hab\u00eda descuidado en sus escritos.<\/p>\n<p>J. de la Cruz es algo m\u00e1s que un gu\u00eda hacia la contemplaci\u00f3n. Es, ante todo y sobre todo, un testigo de lo divino y un te\u00f3logo. \u201cDesconocer esta verdad \u2013dice J. M. Le Blond\u2013 nos llevar\u00eda a pasar por alto el car\u00e1cter propiamente m\u00edstico de toda su obra, a comentarla en plan de moralistas, psic\u00f3logos, l\u00f3gicos, en lugar de hacerlo como te\u00f3logos de la m\u00edstica e historiadores fieles del Santo\u201d (ib. 200).<\/p>\n<p>SU ESTATUTO TEOL\u00d3GICO. Paralelamente a su condici\u00f3n de te\u00f3logo, se ha discutido el estatuto teol\u00f3gico subyacente a su pensamiento, que ha servido para esclarecer su forma peculiar de hacer teolog\u00eda. Tres han sido las interpretaciones principales, basadas respectivamente en las categor\u00edas escol\u00e1sticas (Cris\u00f3gono, Garrigou Lagrange), en el soporte filos\u00f3fico-antropol\u00f3gico (Baruzi, Morel) y en las orientaciones de la teolog\u00eda renovada del Vaticano II (Lucien Marie, Federico Ruiz, Eulogio Pacho). El fruto de estas interpretaciones ha sido sacar definitivamente a J. de la Cruz del aislamiento en el que se le hab\u00eda confinado, dentro del mundo religioso, en el \u00e1mbito de la asc\u00e9tica y de la m\u00edstica. Se comprob\u00f3 tambi\u00e9n la dificultad de encerrar al Doctor m\u00edstico en un determinado sistema, sin traicionar su pensamiento. Este no puede encasillarse de lleno dentro de un sistema determinado.<\/p>\n<p>El pensamiento sanjuanista es tan rico y tan hondo; su expresi\u00f3n, en poes\u00eda y en prosa, alcanza tal grado de originalidad y belleza; su contenido toca tan profundamente las fibras m\u00e1s \u00edntimas del ser humano, y lo hace con tal claridad y precisi\u00f3n de conceptos, que en \u00e9l parecen darse cita diversas formas de hacer teolog\u00eda: desde el sistema patr\u00edstico al agustiniano, desde el tomista al escol\u00e1stico y desde \u00e9ste al de la nueva teolog\u00eda.<\/p>\n<p>Esto no quiere decir, ni mucho menos, que nos encontremos ante un sistema ecl\u00e9ctico, que participa de los diversos sistemas teol\u00f3gicos de su \u00e9poca. M\u00e1s bien significa que el pensamiento sanjuanista participa de la corriente viva de pensamiento que subyace a los distintos sistemas y que es patrimonio com\u00fan a todos ellos. No son los sistemas los que influyen en \u00e9l, sino la tradici\u00f3n viva, que recorre como una corriente subterr\u00e1nea el campo de la teolog\u00eda desde sus or\u00edgenes. En este sentido, afirma C. P. Tompson que \u201cla b\u00fasqueda de fuentes exactas puede ser contraproducente\u2026 Es la tradici\u00f3n din\u00e1mica, antes que autores individuales, lo que debe ser valorado\u201d (<em>El poeta y el m\u00edstico, <\/em>29). Si bien es verdad que<\/p>\n<p>J. de la Cruz se sirve del sistema escol\u00e1stico-tomista, en el que se forma filos\u00f3fica y teol\u00f3gicamente, la riqueza de su pensamiento y de su contenido doctrinal desbordan las categor\u00edas escol\u00e1sticas, haci\u00e9ndole m\u00e1s cercano a la corriente b\u00edblico-patr\u00edstica, hist\u00f3rico-salv\u00edfica, antropol\u00f3gico-personalista, m\u00edstico-experiencial, que domina la nueva teolog\u00eda impulsada por el Concilio Vaticano II.<\/p>\n<p>Seg\u00fan esto, el estatuto teol\u00f3gico que domina su pensamiento oscila entre dos formas de hacer teolog\u00eda: la escol\u00e1stica y la llamada nueva teolog\u00eda.<\/p>\n<p>Cabe decir tambi\u00e9n que en sus obras se advierte un paso progresivo de la primera forma teol\u00f3gica (<em>Subida <\/em>y <em>Noche<\/em>) a la segunda (<em>C\u00e1ntico <\/em>y <em>Llama<\/em>). Entendidas estas dos formas de hacer teolog\u00eda, en l\u00edneas generales, como dos modos de acercarnos a la revelaci\u00f3n \u2013el primero m\u00e1s abstracto y conceptual, el segundo m\u00e1s b\u00edblico-patr\u00edstico y m\u00e1s existencial\u2013, se puede decir que J. de la Cruz como te\u00f3logo se halla dentro de la escol\u00e1stica, por sus categor\u00edas o formas de expresarse, y muy cercano de la nueva teolog\u00eda, por sus contenidos doctrinales.<\/p>\n<p>Esto refleja la forma propia de hacer teolog\u00eda que tiene el Doctor m\u00edstico. Ante todo, destaca el amplio abanico de temas teol\u00f3gicos tratados en sus obras: \u00a0Dios, Cristo, hombre; Trinidad, Esp\u00edritu Santo, Inhabitaci\u00f3n; creaci\u00f3n, encarnaci\u00f3n, predestinaci\u00f3n; pecado y redenci\u00f3n; gracia y virtudes teologales; divinizaci\u00f3n, uni\u00f3n y glorificaci\u00f3n. No son temas marginales, sino que pertenecen al n\u00facleo central de la historia de salvaci\u00f3n y de la vida cristiana. J. de la Cruz los aborda, no en abstracto o de forma simplemente conceptual, sino como realidades vivas. Su teolog\u00eda, m\u00e1s que de temas, habla de realidades. \u201cLa suya \u2013dice Colin P. Thompson\u2013, aunque muy sutil, es una teolog\u00eda de la experiencia humana; no de abstracciones\u201d (ib. 242).<\/p>\n<p>Otra caracter\u00edstica es la perspectiva din\u00e1mica e hist\u00f3rico-salv\u00edfica en que aparecen tratados estos temas. Va desde la vida trinitaria y el proyecto de salvaci\u00f3n, descrito en los <em>Romances<\/em>, a la incorporaci\u00f3n a Cristo hasta la glorificaci\u00f3n plena, narrada en <em>C\u00e1ntico <\/em>y <em>Llama<\/em>, pasando por la negaci\u00f3n y purificaci\u00f3n interior (misterio pascual), que describen <em>Subida <\/em>y <em>Noche<\/em>.<\/p>\n<p>La teolog\u00eda del m\u00edstico doctor est\u00e1 lejos de ser una simple recopilaci\u00f3n de temas teol\u00f3gicos de escuela, al estilo de las \u201csumas teol\u00f3gicas\u201d. Es una teolog\u00eda creadora, tanto por sus contenidos como por su m\u00e9todo expositivo. Expresamente rechaza la tarea de repetir, en forma abreviada o ampliada, lo que otros han escrito. Selecciona los temas decisivos y los desarrolla vigorosamente, con profundidad de pensamiento, con un lenguaje vivo y adherente al Evangelio. Es la preocupaci\u00f3n fundamental que gu\u00eda todos sus escritos, la \u00f3ptica desde la que aborda todos los temas. As\u00ed lo declara expresamente en los pr\u00f3logos (Av, pr\u00f3l.; S, pr\u00f3l. 8; N 1,8,2; CB pr\u00f3l.3; LlB. 1).<\/p>\n<p>J. de la Cruz aborda los temas que constituyen el eje central de la vida cristiana, hace un nuevo replanteamiento y les da nuevo enfoque, rompiendo los cl\u00e1sicos moldes de exposici\u00f3n. Con raz\u00f3n escribe Eulogio Pacho: \u201cNo es corriente pensarlo ni escribirlo, pero debe reafirmarse con decisi\u00f3n que los escritos en prosa ofrecen mayor originalidad que las poes\u00edas en lo que al g\u00e9nero literario se refiere. Pocas posibilidades exist\u00edan de cauces nuevos en la abundosa producci\u00f3n espiritual del siglo XVI. Acaso sin propon\u00e9rselo, fray Juan de la Cruz enfil\u00f3 rutas no practicadas por otros. Sus escritos doctrinales se desentienden de argumentos tratados y manoseados hasta la saciedad, como los referidos a la oraci\u00f3n y a sus m\u00e9todos. Aunque menos asiduos los libros en materia de purificaci\u00f3n y de uni\u00f3n m\u00edstica, no eran del todo ausentes en la plaza p\u00fablica. Juan de la Cruz supo enriquecer esa parcela adoptando m\u00f3dulos literarios y expositivos nuevos, en la pr\u00e1ctica \u00fanicos\u201d (<em>Producci\u00f3n literaria de San Juan de la Cruz<\/em>, en <em>MteCarm <\/em>98, 1990, 268-269).<\/p>\n<h3>II. Caracter\u00edsticas de su teolog\u00eda<\/h3>\n<p>Acabamos de se\u00f1alar los contenidos teol\u00f3gicos fundamentales de la obra sanjuanista y algunas de sus caracter\u00edsticas. Tratamos ahora de precisar un poco m\u00e1s. Obviamente, no se trata de hacer una exposici\u00f3n completa, sino s\u00f3lo de apuntar las claves teol\u00f3gicas, que son como el armaz\u00f3n o principio vertebrador de todo su sistema.<\/p>\n<p>EN LAS FUENTES DE LA REVELACI\u00d3N: MISTERIO TRINITARIO. Una caracter\u00edstica esencial de los m\u00edsticos es su experiencia de los misterios fontales de la vida cristiana. En J. de la Cruz \u2013no s\u00f3lo como m\u00edstico, sino tambi\u00e9n como te\u00f3logo\u2013 es particularmente viva su toma de conciencia, ese \u201ccaer en la cuenta\u201d, del amor de Dios manifestado en el misterio trinitario y en la Encarnaci\u00f3n. Es el n\u00facleo de la revelaci\u00f3n y de la salvaci\u00f3n cristiana. En torno a \u00e9l giran los misterios de la predestinaci\u00f3n, creaci\u00f3n, encarnaci\u00f3n, redenci\u00f3n y el misterio mismo de la Iglesia, como medio de salvaci\u00f3n. El Doctor m\u00edstico, sin embargo, no nos da una doctrina sistem\u00e1tica completa de cada uno de estos misterios, ni los describe teol\u00f3gicamente en todos sus pormenores. Su perspectiva no es descriptiva, sino sint\u00e9tica y experiencial, que resulta ser m\u00e1s adherente a la realidad hist\u00f3rico-salv\u00edfica.<\/p>\n<p>El misterio trinitario aparece como fundamento de la vida espiritual. Esta no puede ser otra cosa que la experiencia de Dios como Padre, que se nos da en la Encarnaci\u00f3n del Verbo, por el don del Esp\u00edritu Santo. Por el misterio de la Encarnaci\u00f3n el hombre entra en el misterio de Dios-Trinidad. Dios es relaci\u00f3n y comunicaci\u00f3n personal con el hombre, porque es un ser personal en s\u00ed mismo, que se constituye por su relaci\u00f3n dentro del misterio trinitario. De ah\u00ed que el misterio de la \u00a0Trinidad y el misterio de la Encarnaci\u00f3n sean los dos misterios fundamentales de la religi\u00f3n cristiana. La vida religiosa, despu\u00e9s de la venida de Cristo, nace de la revelaci\u00f3n del misterio trinitario.<\/p>\n<p>Este es el planteamiento de base de la espiritualidad sanjuanista: \u201cLa vida espiritual supone el misterio trinitario y exige la Encarnaci\u00f3n del Verbo. Sin el misterio trinitario Dios no ser\u00eda relaci\u00f3n de amor, y sin la Encarnaci\u00f3n no ser\u00eda relaci\u00f3n con el hombre, ni el hombre podr\u00eda entrar en relaci\u00f3n personal con \u00e9l\u201d (D. Barsotti, <em>La teologia spiritua<\/em><em>le<\/em>, p. 203). Este es el fundamento de la m\u00edstica sanjuanista. El Doctor m\u00edstico desarrolla esta perspectiva particularmente en <em>Romances, C\u00e1ntico <\/em>y <em>Llama<\/em>. Su meta es introducir al ser humano en las relaciones trinitarias.<\/p>\n<p>El misterio divino constituye la dimensi\u00f3n <em>objetiva <\/em>de la historia de salvaci\u00f3n: es el amor de Dios que sale al encuentro del \u00a0hombre en Cristo. A este movimiento descendente corresponde otro ascendente, que es el aspecto <em>subjetivo <\/em>de la salvaci\u00f3n cristiana: es el amor del hombre que en \u00a0Cristo va al encuentro de Dios. Las dos perspectivas forman una profunda unidad en la obra sanjuanista: lo que <em>sale <\/em>del amor de Dios <em>vuelve <\/em>al amor de Dios tras <em>realizar <\/em>su historia de amor en la tierra. J. de la Cruz concibe toda la vida cristiana como un proceso tensional hacia Cristo, por la progresiva incorporaci\u00f3n a su misterio hasta la plena participaci\u00f3n del misterio trinitario.<\/p>\n<p>En esta perspectiva aparecen m\u00e1s ampliamente desarrolladas la doctrina de la gracia, la vida teologal, la presencia sobrenatural divina, la inhabitaci\u00f3n, la participaci\u00f3n de Dios, la \u00a0divinizaci\u00f3n, la glorificaci\u00f3n futura. Son las realidades centrales de la vida cristiana. En la obra sanjuanista representan los pilares en los que se apoya todo el proceso de maduraci\u00f3n cristiana, que el Doctor m\u00edstico describe como un proceso de incorporaci\u00f3n a Cristo por el seguimiento evang\u00e9lico (proceso desarrollado en <em>Subida<\/em>) y por la participaci\u00f3n en el misterio pascual (proceso desarrollado en <em>Noche<\/em>). Describe tambi\u00e9n este proceso como uni\u00f3n del alma con Dios o deificaci\u00f3n del hombre, hasta la glorificaci\u00f3n definitiva (proceso desarrollado m\u00e1s expresamente en <em>C\u00e1ntico <\/em>y <em>Llama<\/em>).<\/p>\n<p>EN LAS FUENTES DE LA ESCRITURA Y DE LA EXPERIENCIA. J. de la Cruz no elabora una teor\u00eda sobre el sentido de la Escritura, pero el uso que hace permanentemente de ella \u2013no s\u00f3lo como fuente de inspiraci\u00f3n de su obra sino tambi\u00e9n como fuente de experiencia\u2013 nos revela su significado. Ning\u00fan m\u00edstico del cristianismo cita tanto la Escritura como el m\u00edstico doctor. Sobre su importancia escribe Federico Ruiz: \u201cLa S. Escritura es sin duda el \u00fanico libro que con toda propiedad se puede llamar <em>fuente <\/em>de la experiencia y de los escritos de Juan de la Cruz. Ejerce una fontalidad viva y constante. Riega todas las venas del m\u00edstico pensador, poeta y escritor. Es un libro de canto, de meditaci\u00f3n, de cabecera, de viaje, de contemplaci\u00f3n, de pl\u00e1ticas. Impresiona a los testigos su familiaridad con la Biblia\u201d (<em>M\u00edstico y maestro<\/em>, p. 47).<\/p>\n<p>El valor, sin embargo, de la Biblia en los escritos sanjuanistas no radica tanto en el uso que hace de ella y en las numerosas citas, sino en el modo peculiar de utilizarla. Lo hace por v\u00eda de asimilaci\u00f3n y de experiencia, de manera que la Escritura, lejos de ser un argumento extr\u00ednseco que prueba la verdad de su doctrina, \u00e9sta fluye intr\u00ednsecamente de aqu\u00e9lla como de su hontanar m\u00e1s hondo.<\/p>\n<p>Baruzi dice a este prop\u00f3sito que \u201clos textos b\u00edblicos se insertan en su propio texto y se confunden l\u00edricamente con \u00e9l\u201d (\u201cSaint Jean de la Croix et la Bible\u201d, en <em>Histoire g\u00e9n\u00e9rale des Religions <\/em>IV, 191). Asimismo, Andr\u00e9s de la Encarnaci\u00f3n escribe: \u201cEl Santo utilizaba en romance las palabras de la Escritura con tanta propiedad y naturalidad que era la admiraci\u00f3n de los entendidos. Estos ve\u00edan en \u00e9l un segundo Jer\u00f3nimo castellano&#8230;\u201d (Citado por J. Baruzi, ob. cit. p. 189).<\/p>\n<p>G. Morel se\u00f1ala que, \u201cincorporando tan profundamente los textos escritur\u00edsticos a su propio texto, pretende destacar el car\u00e1cter <em>universal <\/em>de la vida que propone\u201d (<em>Le sens de l\u2019existence <\/em>I, 203), fundament\u00e1ndola en la experiencia de los personajes b\u00edblicos, con los que se siente m\u00e1s identificado: Mois\u00e9s, David, Job, el salmista, Jerem\u00edas, Pablo, Juan&#8230; \u201cSon personas \u2013dice Federico Ruiz\u2013 muy caracterizadas, en vocaci\u00f3n y actitudes ante Dios, que adem\u00e1s han expresado sus experiencias en primera persona\u201d (<em>M\u00edstico y maestro<\/em>, p. 48).<\/p>\n<p>Desde esta \u00f3ptica lee fray Juan la historia de la Biblia: es sobre todo la historia personal de los grandes personajes jud\u00edos, m\u00e1s que la historia universal del pueblo de Israel, si bien no faltan alusiones a la peregrinaci\u00f3n por el desierto y al exilio, como etapas de la historia de salvaci\u00f3n, que tienen profunda resonancia en la experiencia descrita en los libros de <em>Subida <\/em>y <em>Noche <\/em>respectivamente.<\/p>\n<p>Por otra parte, es consciente de que el Antiguo Testamento debe ser le\u00eddo a la luz del Nuevo. Expl\u00edcitamente lo dice en el famoso cap\u00edtulo 22 del libro segundo de la <em>Subida<\/em>, donde propone una lectura cristoc\u00e9ntrica de la Escritura. Sin embargo, el aspecto pat\u00e9tico, sombr\u00edo y tr\u00e1gico de la experiencia de los personajes b\u00edblicos veterotestamentarios le lleva a insistir m\u00e1s en el Antiguo Testamento que en el Nuevo, a la hora de describir las terribles experiencias de purificaci\u00f3n en los libros de <em>Subida <\/em>y <em>Noche<\/em>. Esto explica el predominio del Antiguo Testamento sobre el Nuevo en la obra sanjuanista, durante la etapa de purificaci\u00f3n. Refleja m\u00e1s hondamente la trascendencia infinita de Dios. Aunque, en la descripci\u00f3n de la experiencia purificadora de la noche, hay tambi\u00e9n importantes referencias al tema paulino de la renovaci\u00f3n en Cristo por la participaci\u00f3n en su misterio pascual.<\/p>\n<p>Paralelamente a la Escritura, J. de la Cruz se remite al criterio de la \u00a0Iglesia. Su intenci\u00f3n es no apartarse un \u00e1pice de la ense\u00f1anza de la \u201csanta madre Iglesia cat\u00f3lica\u201d (S pr\u00f3l. 2; CB, pr\u00f3l. 4; LlB pr\u00f3l. 4); es algo m\u00e1s que una simple declaraci\u00f3n formal de fidelidad a la ortodoxia; es una experiencia de vida, unida a su propia experiencia m\u00edstica. Para el m\u00edstico \u2013lo mismo que para el cristiano\u2013, el misterio de Dios se revela en la Escritura y en la Iglesia. Es el medio decisivo por el que Dios se manifiesta en el tiempo.<\/p>\n<p>Desde este punto de vista no cabe contraponer, como hace K. Barth, la objetividad de la revelaci\u00f3n hist\u00f3rica, que llega a trav\u00e9s de la Escritura y la tradici\u00f3n de la Iglesia, a la subjetividad del conocimiento m\u00edstico. El misticismo no es esencialmente ajeno a la revelaci\u00f3n hist\u00f3rica objetiva sobre la que se basa el cristianismo. J. de la Cruz no cae en la trampa de una religi\u00f3n enteramente subjetiva. Sabe que el individuo no puede salvarse volvi\u00e9ndose dentro de s\u00ed mismo, sino desde fuera de s\u00ed, por el don de Dios (S 2,22,7.14).<\/p>\n<p>As\u00ed, pues, el Doctor m\u00edstico establece una estrecha relaci\u00f3n entre la experiencia m\u00edstica, la Iglesia y la Escritura. Por una parte, es la experiencia la que le abre al misterio de la Iglesia y de la Escritura. Por otra, son la Iglesia y la Escritura las que alimentan su experiencia.<\/p>\n<p>EXPERIENCIA DE GRACIA Y DE SALVACI\u00d3N. Basada en las fuentes de la revelaci\u00f3n y de la Escritura, aparece la experiencia de gracia y de salvaci\u00f3n de J. de la Cruz. Su obra, tanto en poes\u00eda como en prosa, es una narraci\u00f3n de esa experiencia, que \u00e9l expresa literariamente bajo formas cargadas de lirismo, de im\u00e1genes, de simbolismo. Es su forma de hacer teolog\u00eda, en poes\u00eda y en prosa, en unidad irrompible. La mejor expresi\u00f3n de su experiencia m\u00edstica la encuentra en la poes\u00eda. Fray Juan no es s\u00f3lo m\u00edstico, ni solo poeta; es poeta m\u00edstico o m\u00edstico poeta. En \u00e9l se da conjuntamente la vivencia del poeta y del m\u00edstico. La poes\u00eda \u2013con sus im\u00e1genes, s\u00edmbolos y comparaciones\u2013 es la forma m\u00e1s apropiada que encuentra para expresar su experiencia m\u00edstica. Esta carga expresiva de la poes\u00eda es trasladada posteriormente al comentario en prosa de sus obras mayores, particularmente a <em>C\u00e1ntico <\/em>y <em>Llama.<\/em><\/p>\n<p>Lo que el m\u00edstico poeta quiere transmitir, bajo estas formas expresivas, es la experiencia de su encuentro personal con Dios, en el que se realiza la salvaci\u00f3n, hasta la uni\u00f3n plena. Sus escritos no hacen sino narrar esa historia personal de salvaci\u00f3n, como un valor paradigm\u00e1tico para los dem\u00e1s. Esta es una de las claves de su exposici\u00f3n teol\u00f3gica, que hace de ella una teolog\u00eda narrativa, cuyos planteamientos son m\u00e1s contemplativos y menos abstractos, m\u00e1s narrativos y menos generalizadores. Aparece en conformidad con la historia de salvaci\u00f3n que tambi\u00e9n es narrativa y concreta, m\u00e1s inclinada a la experiencia que a la pura definici\u00f3n. Tal vez, radique aqu\u00ed una de las razones m\u00e1s hondas de la atracci\u00f3n que el hombre moderno siente por su doctrina. La cultura actual conecta m\u00e1s f\u00e1cilmente con una fe experiencial y narrativa, en la que la fuerza se pone menos en los argumentos que en una fe narrada como experiencia propia.<\/p>\n<p>Esta caracter\u00edstica pertenece de lleno al dinamismo de la salvaci\u00f3n. Efectivamente, la historia de salvaci\u00f3n no es otra cosa \u2013a partir de la revelaci\u00f3n de Dios y la manifestaci\u00f3n del misterio de su voluntad (DV 2)\u2013 sino la comunicaci\u00f3n de la experiencia religiosa de un pueblo privilegiado, el pueblo de Israel, que se ha sentido pose\u00eddo y transformado por la presencia de Yavh\u00e9 en su historia. Para el pueblo de Israel conocer a Yavh\u00e9 es experimentarlo. Lo conoce a trav\u00e9s de la experiencia concreta de su acci\u00f3n salv\u00edfica. La experiencia aparece, pues, desde el punto de vista de la revelaci\u00f3n veterotestamentaria, como dato fundamental.<\/p>\n<p>Igualmente ocurre en el Nuevo Testamento con los disc\u00edpulos de Jes\u00fas, para poder ser sus testigos. Se requiere la experiencia de cercan\u00eda del Maestro, haber compartido su vida. Esta es decisiva a la hora de elegir al ap\u00f3stol Tom\u00e1s (Hech 1,21ss). En este mismo sentido, apelando a la experiencia, escribe san Juan a la primitiva comunidad cristiana que les anuncia lo que \u00e9l ha visto y o\u00eddo, lo que ha contemplado y experimentado \u201cacerca de la Palabra de vida\u201d, para que tambi\u00e9n ellos participen de esta vida (1 Jn 1,1-3).<\/p>\n<p>Lo mismo cabe decir de J. de la Cruz. Transformado por una \u00a0experiencia de gracia y de amor salv\u00edfico divino, canta en los <em>Romances <\/em>la historia amorosa de salvaci\u00f3n, que el Padre lleva a cabo en el tiempo por medio de su Hijo. Esta experiencia es el punto de arranque de sus poemas. Guiado por la presencia amorosa de Dios en su vida, \u201ccon ansias en amores inflamada\u201d, <em>sale <\/em>en medio de la noche al encuentro con el Amado (<em>Noche oscura<\/em>); herido de amor por \u00e9l, <em>sale <\/em>en su b\u00fasqueda \u201cclamando\u201d, preguntando a las criaturas e interpelando al mismo Amado para que manifieste su presencia y pueda gozar de \u00e9l en \u00edntima uni\u00f3n (<em>C\u00e1ntico<\/em>); encendido, en fin, por el fuego de amor que arde en su coraz\u00f3n, le pide que <em>rompa <\/em>\u201cla tela de este dulce encuentro\u201d (<em>Llama<\/em>).<\/p>\n<p>Este es tambi\u00e9n el punto de arranque del comentario a los poemas. As\u00ed aparece claramente en el comentario al <em>C\u00e1ntico espiritual<\/em>. La experiencia inicial del amor personal de Dios, actuado en la creaci\u00f3n y redenci\u00f3n del hombre, es lo que determina la firme decisi\u00f3n personal de <em>salir <\/em>a su encuentro (CB 1,1). Tomar conciencia de ello, \u201ccaer en la cuenta\u201d, es determinante para una respuesta total de amor por parte del hombre. Y es que no se puede amar a Dios sin sentirse amado por \u00e9l, sin tener conciencia de ello. El amor de Dios, su donaci\u00f3n personal, fundamenta el amor y entrega del hombre.<\/p>\n<p>Est\u00e1 el hecho, por otra parte, de que frente a la revelaci\u00f3n no cabe \u2013como dice Urs von Balthasar\u2013 \u201cuna \u2018objetividad\u2019 cient\u00edfica neutral y desinteresada\u201d. La revelaci\u00f3n hist\u00f3rica es m\u00e1s \u201cun acontecimiento que hay que percibir y escuchar en cada momento concreto\u201d que simple materia de reflexi\u00f3n teol\u00f3gica (<em>Ensayos teol\u00f3gicos <\/em>I, 264).<\/p>\n<p>Tal es precisamente la postura de J. de la Cruz frente a la revelaci\u00f3n: una postura de escucha, de asimilaci\u00f3n vivencial, de toma de conciencia del amor manifestado en el acontecimiento salv\u00edfico. De ah\u00ed su planteamiento exquisitamente teol\u00f3gico y de clara inspiraci\u00f3n b\u00edblica, que le lleva a fundamentar toda su obra en el misterio trinitario, fuente y origen del designio salv\u00edfico divino (Po 9), y en el misterio de \u00a0Cristo, revelador de este designio, por el que el \u00a0hombre tiene acceso al Padre (S 2,22).<\/p>\n<p>PERSPECTIVA CRISTOL\u00d3GICA Y ANTROPOL\u00d3GICA. La experiencia sanjuanista de gracia y de salvaci\u00f3n va unida a la experiencia del misterio de Cristo y, a su luz, la del hombre. Ambas est\u00e1n entroncadas al misterio de deificaci\u00f3n del hombre, que es el proceso descrito por J. de la Cruz en todas sus obras. La deificaci\u00f3n se da siempre en Cristo y por Cristo.<\/p>\n<p>Esta doble perspectiva, cristol\u00f3gica y antropol\u00f3gica, es precisamente una de las caracter\u00edsticas esenciales de la nueva teolog\u00eda, promovida por el Concilio Vaticano II. \u00bfCu\u00e1l es concretamente la visi\u00f3n cristol\u00f3gica y antropol\u00f3gica que nos da el Doctor m\u00edstico?<\/p>\n<p>a) <em>Su visi\u00f3n cristol\u00f3gica <\/em>pone el acento en la divinidad de Cristo, al estilo de san Pablo, de san Juan y de los Padres Griegos. Es una cristolog\u00eda \u201cm\u00e1s de signo <em>mist\u00e9rico <\/em>que hist\u00f3rico; m\u00e1s de tipo <em>paulino <\/em>y <em>jo\u00e1nico <\/em>que sin\u00f3ptico&#8230;; m\u00e1s <em>catab\u00e1tica <\/em>que anab\u00e1tica\u201d (F. Garc\u00eda Mu\u00f1oz, <em>Cristolog\u00eda de San Juan de la Cruz<\/em>, Madrid 1982, p. 14). El Doctor m\u00edstico nos presenta el misterio de Cristo dentro del misterio trinitario, como misterio de amor del Padre, que, queriendo comunicar su vida, decide crear y deificar al hombre, haci\u00e9ndole part\u00edcipe de la misma vida del Hijo.<\/p>\n<p>En esta perspectiva aparece el proyecto de la Encarnaci\u00f3n del Verbo. J. de la Cruz contempla este misterio, dentro de la perspectiva patr\u00edstica, no como el anonadamiento de Cristo sino como el principio y fundamento de la dignificaci\u00f3n humana y de la deificaci\u00f3n del hombre. Como dice F. Garc\u00eda Mu\u00f1oz: \u201cJesucristo es el <em>Verbo <\/em>encarnado, el Dios hecho hombre, el Hijo del eterno Padre que moraba en el seno de la Trinidad Santa desde la eternidad y en quien han sido creadas todas las cosas. Pero Jesucristo es tambi\u00e9n para S. Juan de la Cruz, el Dios <em>Encarnado <\/em>para que el hombre pueda vivir en plenitud la realidad de su filiaci\u00f3n divina, y al que podemos contemplar con el santo como a \u2018este gran Dios nuestro <em>humillado <\/em>y <em>crucificado<\/em>\u2019, que ha devenido <em>esposo <\/em>del alma\u201d (ib. 13). Esta es precisamente la perspectiva del Concilio Vaticano II (GS 10, 22).<\/p>\n<p>b)<em> La visi\u00f3n antropol\u00f3gica <\/em>que nos da fray Juan es la del hombre deificado por la incorporaci\u00f3n al misterio de Cristo y la participaci\u00f3n del misterio trinitario. Es la visi\u00f3n propia de la patr\u00edstica, que no concibe al hombre sino en orden a la comuni\u00f3n con Dios por la divinizaci\u00f3n. Este es su verdadero destino, el \u00fanico existente en la actual econom\u00eda salv\u00edfica, en el que el hombre encuentra no s\u00f3lo la \u201craz\u00f3n m\u00e1s alta de su dignidad humana\u201d (GS 19), sino la ra\u00edz m\u00e1s profunda de su verdadera identidad.<\/p>\n<p>El m\u00edstico doctor pone especial empe\u00f1o en esta finalizaci\u00f3n trascendente y teologal del hombre, con expresiones e im\u00e1genes cargadas de profundo realismo, que son como una resonancia de la teolog\u00eda patr\u00edstica sobre la divinizaci\u00f3n y el fin \u00faltimo del hombre. Sintetiza admirablemente su pensamiento en el comentario a las \u00faltimas estrofas de <em>C\u00e1ntico<\/em>: \u201cAl fin, para este fin de amor fuimos creados\u201d (CB 29,3). Esto es lo que el alma \u201csiempre natural y sobrenaturalmente apetece\u201d (CB 38,3); \u201caquello para lo que Dios la predestin\u00f3\u201d (CB 38,6). Dios mismo crea en el hombre la disposici\u00f3n para alcanzar la comuni\u00f3n plena con \u00e9l, al crearlo a su imagen: \u201cY para que pudiese venir a esto \u2018la cri\u00f3 a su imagen y semejanza\u2019\u201d (CB 39,4).<\/p>\n<p>Esta finalizaci\u00f3n no se da sino en Cristo y por Cristo. De ah\u00ed la tensi\u00f3n profunda que le lleva a ahondar en sus misterios. Es como un entrar en las \u201csubidas cavernas de la piedra\u201d (Cristo), que son \u201cprofundas y de muchos senos\u201d (sus misterios), en las que el hombre tiene que penetrar, pues \u201chay mucho que ahondar en Cristo\u201d (CB 37,3-4).<\/p>\n<p>La tensi\u00f3n din\u00e1mica hacia Dios, por medio de Cristo, la desarrolla en <em>Llama <\/em>a trav\u00e9s del s\u00edmil de la piedra, que tiende siempre al centro de la tierra. As\u00ed explica la tendencia del hombre a Dios como su \u201cm\u00e1s \u00faltimo y profundo centro\u201d (LlB 1,11-12). Es un texto de gran riqueza y precisi\u00f3n teol\u00f3gica, que pone de manifiesto no s\u00f3lo la ordenaci\u00f3n intr\u00ednseca del hombre a Dios, como fin \u00faltimo, que lo determina desde lo m\u00e1s profundo de su ser, sino tambi\u00e9n el dinamismo progresivo de esta llamada a la comuni\u00f3n, hasta alcanzar su plenitud en la gloria.<\/p>\n<p>La ra\u00edz de este dinamismo, que se act\u00faa por el misterio de Cristo, se encuentra en la \u201ccapacidad de infinito\u201d del esp\u00edritu humano, cuyas \u201cprofundas cavernas del sentido\u201d (las potencias del alma) \u201cno se llenan con menos que infinito\u201d (LlB 3,18.22). Toda su doctrina y el proceso de maduraci\u00f3n espiritual hacia la uni\u00f3n con Dios descansa en este hecho de la tendencia din\u00e1mica por la ordenaci\u00f3n positiva del hombre, en Cristo, al fin sobrenatural.<\/p>\n<h3>III. Proyecci\u00f3n teol\u00f3gica<\/h3>\n<p>DESDE LA PERSPECTIVA DE LA FE. A tenor de lo dicho anteriormente, J. de la Cruz se proyecta en el umbral del siglo XXI como te\u00f3logo, con una palabra propia sobre la realidad de Dios (teolog\u00eda) y la realidad del hombre ( antropolog\u00eda), en una relaci\u00f3n personal que esclarece ambos misterios (teolog\u00eda espiritual). La suya es una teolog\u00eda que integra en una misma s\u00edntesis la revelaci\u00f3n objetiva (\u201cfides quae\u201d) y la adhesi\u00f3n personal a la revelaci\u00f3n (\u201cfides qua\u201d), como experiencia de salvaci\u00f3n en su grado m\u00e1s elevado ( teolog\u00eda m\u00edstica).<\/p>\n<p>Es cierto que \u00e9l no es un te\u00f3logo \u201cdogm\u00e1tico\u201d, en el sentido que actualmente se da a esta palabra. Pero es un te\u00f3logo \u201cm\u00edstico\u201d, profundamente enraizado en el dogma y con una fuerte experiencia, admirablemente descrita.<\/p>\n<p>Por eso su teolog\u00eda es una mayor comprensi\u00f3n del dogma y uno de los caminos se\u00f1alados por el Concilio Vaticano II para el crecimiento en la Iglesia de la Tradici\u00f3n apost\u00f3lica con la ayuda del \u00a0Esp\u00edritu Santo. Este se da, efectivamente, cuando los fieles \u201ccomprenden internamente los misterios que viven\u201d (DV 8).<\/p>\n<p>La teolog\u00eda del Doctor m\u00edstico abarca en una misma mirada la realidad objetiva de la fe (\u201cfides quae\u201d) y la actitud personal que el creyente adopta frente a ella (\u201cfides qua\u201d). Esta perspectiva unitaria responde a la concepci\u00f3n b\u00edblica de la fe, en que ambas dimensiones aparecen indisolublemente unidas. La fe no es la simple proclamaci\u00f3n objetiva de una verdad, sino la adhesi\u00f3n personal a ella que compromete toda la existencia. En este sentido, afirma Juan Pablo II en su enc\u00edclica \u201cVeritatis Splendor\u201d: \u201cUrge recuperar y presentar una vez m\u00e1s el verdadero rostro de la fe cristiana, que no es simplemente un conjunto de proposiciones que se han de acoger y ratificar con la mente, sino un conocimiento de Cristo vivido personalmente, una memoria viva de sus mandamientos, una verdad que se ha de hacer vida&#8230; La fe es una decisi\u00f3n que afecta a toda la existencia; es encuentro, di\u00e1logo, comuni\u00f3n de amor y de vida del creyente con Jesucristo, camino, verdad y vida. Implica un acto de confianza y abandono en Cristo, y nos ayuda a vivir como \u00e9l vivi\u00f3, o sea, en el mayor amor a Dios y a los hermanos\u201d (VS 88).<\/p>\n<p>A recorrer este camino de fe se orienta el proyecto teol\u00f3gico-espiritual de J. de la Cruz. Su teolog\u00eda es una \u201cteolog\u00eda espiritual\u201d, en el sentido que hoy se da a esta expresi\u00f3n: es una teolog\u00eda entreverada de espiritualidad y una espiritualidad entroncada en la teolog\u00eda. Esta es la condici\u00f3n propia de la teolog\u00eda del Doctor m\u00edstico: profundamente enraizada en el dogma cristiano, es fuente de vida y de experiencia cristiana. Por eso su aportaci\u00f3n al problema de las relaciones entre teolog\u00eda y espiritualidad, que actualmente se plantean en el \u00e1mbito del pensamiento cristiano, puede ser una de las m\u00e1s clarificadoras, por su condici\u00f3n de te\u00f3logo y de m\u00edstico.<\/p>\n<p>El Congreso Internacional Teresiano-Sanjuanista, celebrado en \u00c1vila en 1996, puso de manifiesto la urgencia de un di\u00e1logo entre teolog\u00eda y espiritualidad, entre m\u00edsticos y te\u00f3logos. Pero lo que tal vez no se ha subrayado suficientemente es la misma dimensi\u00f3n teol\u00f3gica de nuestros m\u00edsticos y, m\u00e1s concretamente, de J. de la Cruz. Hemos aludido al comienzo de nuestra exposici\u00f3n a su redescubrimiento como te\u00f3logo. Hoy, despu\u00e9s de los estudios hechos por los grandes sanjuanistas, Federico Ruiz y Eulogio Pacho, nadie pone en duda su condici\u00f3n de te\u00f3logo, aunque sorprende la afirmaci\u00f3n de O. Gonz\u00e1lez de Cardedal, echando en falta una lectura del Santo que lo rescate de \u201cuna vulgar y desesparanzadora utilizaci\u00f3n asc\u00e9tica\u201d (<em>La entra\u00f1a del cristianismo<\/em>, p. 173).<\/p>\n<p>Sin embargo, el mismo te\u00f3logo destaca el papel que J. de la Cruz est\u00e1 llamado a desempe\u00f1ar en el pensamiento religioso contempor\u00e1neo, en la medida en que ayuda a superar la concepci\u00f3n moralizante y funcional del Dios de la modernidad, que considera primordialmente a Dios no en s\u00ed mismo sino desde el hombre y en relaci\u00f3n con el hombre: \u201cSu obra debe ser comprendida como la respuesta providencial con la cual podemos desenmascarar el intento moderno de comprender a Dios s\u00f3lo desde el hombre y para el hombre; como la propuesta de lo que Dios es en s\u00ed mismo en la experiencia del amor que \u00e9l otorga gratuitamente al hombre, por el que le hace salir de s\u00ed, ir m\u00e1s all\u00e1 de sus posibilidades, transgredir sus l\u00edmites de hombre mortal y pecador, sabiendo as\u00ed qui\u00e9n es Dios, cu\u00e1l su fontalidad originaria y cu\u00e1l la destinaci\u00f3n trinitaria del hombre\u201d (ib. 171).<\/p>\n<p>La obra de J. de la Cruz ayuda tambi\u00e9n a purificar la idea de Dios, que ha imperado en los ate\u00edsmos modernos. Estos han rechazado la realidad de Dios, porque \u201caparec\u00eda sencillamente como un instrumento creado por el hombre para resolver los problemas de su propia vida: la salvaci\u00f3n, el conocimiento de la verdad, la realizaci\u00f3n de la moralidad\u201d. Pero \u2013observa O. Gonz\u00e1lez de Cardedal\u2013 \u201cDios nunca estuvo ah\u00ed para resolver los problemas concretos del hombre sino para hacerle ser, constituirle en libertad, invitarle a amar y convertirse en responsable del mundo. Dios explicar\u00e1 esos \u00f3rdenes particulares mundanos, s\u00f3lo despu\u00e9s de que ha sido reconocido en su gratuidad divina\u201d (ib. 176). Este es el lugar teol\u00f3gico de Dios, que ayuda a descubrir en sus obras el Doctor m\u00edstico, a trav\u00e9s de los procesos de noche y subida. Aqu\u00ed se encuentra realizada \u201cla purificaci\u00f3n de la idolatr\u00eda y la superaci\u00f3n de los ate\u00edsmos funcionales\u201d modernos. Pero pas\u00f3 desapercibida para \u201cla conciencia emergente de Europa\u201d, en la que el pensamiento del m\u00e1ximo exponente de la m\u00edstica cristiana no logr\u00f3 afirmarse. Si se hubiese afirmado, \u201cse habr\u00eda anticipado en ra\u00edz la superaci\u00f3n de los ate\u00edsmos filos\u00f3ficos nacientes y no se hubiera llegado a la negaci\u00f3n de Dios, tal como fue llevada a cabo en el siglo XIX\u201d (ib. 175-176). Esta apreciaci\u00f3n, al margen de su verificaci\u00f3n hist\u00f3rica, viene a ratificar la funci\u00f3n teol\u00f3gica que se le atribuye a J. de la Cruz en el pensamiento religioso contempor\u00e1neo.<\/p>\n<p>DESDE LA PERSPECTIVA TEOL\u00d3GICO ESPIRITUAL. Dentro de la misma l\u00ednea se\u00f1alada en el apartado anterior, hay que destacar la valoraci\u00f3n teol\u00f3gico espiritual que Urs von Balthasar hace del m\u00edstico doctor, como paradigma de la unidad entre dogm\u00e1tica y espiritualidad, entre teolog\u00eda y santidad. Hasta la alta Edad Media, los grandes santos fueron tambi\u00e9n grandes dogm\u00e1ticos, \u201cporque representaron en su vida la plenitud de la doctrina y en su doctrina la plenitud de la vida de la Iglesia\u201d (<em>Ensayos teol\u00f3gicos <\/em>I, 235). Esta unidad se rompi\u00f3 con la Escol\u00e1stica. Sin embargo, ha permanecido en la historia de la teolog\u00eda cat\u00f3lica como un postulado irrenunciable. El influjo del Areopagita sobre la Edad Media e incluso sobre la Edad Moderna ha sido uno de los m\u00e1s determinantes en este sentido. Su teolog\u00eda \u201cest\u00e1 construida, desde el comienzo hasta el final, sobre el <em>a priori <\/em>(que para nosotros casi se ha vuelto inconcebible) de una identidad de ministerio y santidad\u201d (ib. 238). Edith Stein, en su estudio sobre el Areopagita, hace la misma constataci\u00f3n, ratificando la forma unitaria de hacer teolog\u00eda \u2013teolog\u00eda m\u00edstica\u2013, como s\u00edntesis de plenitud de vida y de doctrina. El camino que conduce a esa plenitud es, seg\u00fan el Pseudo Dionisio, el de los grados de purificaci\u00f3n, iluminaci\u00f3n y concentraci\u00f3n interiores, que culmina en la contemplaci\u00f3n, la cual representa la iniciaci\u00f3n suprema en los misterios de Dios.<\/p>\n<p>Este es el punto de encuentro de la revelaci\u00f3n y de la teolog\u00eda: \u201cNo consiste en modo alguno en transmitir al hombre conocimientos abstrusos y ocultos, sino de unirle m\u00e1s estrechamente con Dios, en vincular m\u00e1s estrechamente con Dios su existencia entera, tambi\u00e9n su existencia espiritual, intelectiva\u201d (ib. 254). En este sentido Urs von Balthasar reconoce el valor teol\u00f3gico de la obra sanjuanista. Dedica a ella un cap\u00edtulo de su trilog\u00eda \u201cGloria\u201d, \u201cTeodram\u00e1tica\u201d y \u201cTeolog\u00eda\u201d. Pero tal vez no ha llegado a captar la riqueza de su pensamiento, que en su dinamismo intr\u00ednseco responde al proyecto teol\u00f3gico propugnado por \u00e9l.<\/p>\n<p>El punto de partida es la revelaci\u00f3n del misterio de Dios, en toda su hermosura, cantada por J. de la Cruz en sus poemas (el <em>pulchrum<\/em>). La comunicaci\u00f3n de este misterio interpela la libertad humana e inicia el camino de b\u00fasqueda a trav\u00e9s de los procesos de subida y de noche (el <em>bonum<\/em>). El misterio revelado, percibido como <em>belleza <\/em>y como <em>bien <\/em>para la libertad humana, constituye la suprema <em>verdad <\/em>de Dios y del hombre (el <em>verum<\/em>). Esta alcanza su culmen en la teolog\u00eda m\u00edstica, que es la iniciaci\u00f3n suprema en los misterios de Dios.<\/p>\n<p>De acuerdo con esta din\u00e1mica interna del pensamiento sanjuanista, los estudios m\u00e1s recientes se han preocupado de se\u00f1alar los elementos esenciales del dinamismo interior de la vida cristiana, seg\u00fan el proyecto espiritual de J. de la Cruz. Este es descrito como \u00a0camino-subida-b\u00fasqueda, por la purificaci\u00f3n-renovaci\u00f3n interior, hacia el encuentro-comuni\u00f3n plena con Dios. Este es el itinerario espiritual trazado por J. de la Cruz en todos sus escritos.<\/p>\n<p>Todos coinciden en se\u00f1alar como primera etapa del itinerario espiritual sanjuanista la revelaci\u00f3n del misterio de Dios manifestado en Cristo, que se narra en los <em>Romances<\/em>; es el punto de partida del ascenso m\u00edstico descrito en las obras mayores. Este hecho \u2013que es la revelaci\u00f3n fundante de toda vida cristiana\u2013 determina la naturaleza del itinerario del alma hacia la uni\u00f3n, esto es, su sentido primordialmente m\u00edstico teologal.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n coinciden sustancialmente los autores en destacar como elementos esenciales del proceso los siguientes: la experiencia inicial del amor de Dios, la b\u00fasqueda decidida de Dios en el seguimiento de Cristo y la negaci\u00f3n de s\u00ed mismo, la vida teologal, la purificaci\u00f3n de las noches, la transformaci\u00f3n y la uni\u00f3n. Se ha subrayado asimismo la perspectiva b\u00edblica como una de las claves de interpretaci\u00f3n del proceso espiritual, descrito por J. de la Cruz, hasta el punto de que los principales ejes de su desarrollo coinciden con los grandes temas b\u00edblicos de la revelaci\u00f3n y con los grandes misterios de la fe cristiana.<\/p>\n<p>Estos temas son los siguientes: 1) La revelaci\u00f3n del misterio de Dios (misterio trinitario) por la encarnaci\u00f3n de su Hijo, narrada en <em>Romances <\/em>y <em>Poes\u00edas<\/em>. 2) El \u00a0seguimiento de Cristo, supremo revelador del Padre, cumpliendo su voluntad, cargando con la \u00a0Cruz, en total abnegaci\u00f3n de s\u00ed mismo, en pura \u00a0fe-esperanza-amor. Es el camino evang\u00e9lico de la perfecci\u00f3n que J. de la Cruz describe en <em>Subida<\/em>. 3) Participaci\u00f3n en el misterio pascual de Jesucristo por la \u00a0purificaci\u00f3n de la noche oscura, descrita en <em>Noche<\/em>. 4) Amor a Cristo y configuraci\u00f3n con El por el \u00a0desposorio y matrimonio espiritual, narrada en <em>C\u00e1ntico<\/em>. 5) Plenitud de la salvaci\u00f3n por la \u00a0participaci\u00f3n en el misterio trinitario, que el m\u00edstico doctor describe en las \u00faltimas estrofas del <em>C\u00e1ntico espiritual <\/em>y en <em>Llama.<\/em><\/p>\n<p>Hay una convergencia fundamental entre las orientaciones de la espiritualidad sanjuanista y las de la teolog\u00eda contempor\u00e1nea. As\u00ed lo corrobora el estudio de Santiago Guerra sobre \u201cTeolog\u00eda y santidad: Nuevas perspectivas de la teolog\u00eda y misi\u00f3n teol\u00f3gica del Carmelo Teresiano-Sanjuanista\u201d (<em>La recepci\u00f3n de los m\u00edsticos<\/em>, \u00c1vila-Salamanca 1997, 645-666). Partiendo de las corrientes teol\u00f3gicas actuales m\u00e1s relevantes, se\u00f1ala dos caracter\u00edsticas fundamentales, como punto de encuentro con la m\u00edstica sanjuanista: \u201cla experiencia, nueva categor\u00eda teol\u00f3gica\u201d y \u201cla teolog\u00eda en camino hacia un estadio m\u00edstico\u201d. Desde estos presupuestos aborda la \u201cmisi\u00f3n teol\u00f3gica\u201d de la espiritualidad teresiano-sanjuanista, apuntando las siguientes orientaciones: \u201crelectura del propio legado m\u00edstico\u201d, \u201cuna teolog\u00eda sapiencial\u201d, \u201cuna teolog\u00eda del Dios revelado-escondido\u201d, \u201cuna teolog\u00eda de la ausencia de Dios\u201d, \u201cuna teolog\u00eda m\u00e1s m\u00edstica de la Iglesia\u201d.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de esta visi\u00f3n global del pensamiento de J. de la Cruz como <em>poeta, m\u00edstico <\/em>y <em>te\u00f3logo, <\/em>en el que confluyen unitariamente la experiencia de los misterios centrales de la fe cristiana y la capacidad expresiva en poes\u00eda y en prosa, aparece la figura del Doctor m\u00edstico como una de las m\u00e1s representativas en el di\u00e1logo entre teolog\u00eda y espiritualidad, entre m\u00edsticos y te\u00f3logos. En los puntos centrales del dogma J. de la Cruz ha llegado m\u00e1s all\u00e1 de cualquier sistema teol\u00f3gico.<\/p>\n<p>BIBL. \u2014 GEORGES MOREL, <em>Le sens de l\u2019existence selon saint Jean de la Croix<\/em>, Paris 1960, p. 190-205; EULOGIO PACHO, \u201cSan Giovanni della Croce mistico e teologo\u201d, en AA.VV., <em>Vita cristiana ed esperienza mistica<\/em>, Roma 1982, p. 297-330; EVANGELISTA VILANOVA, <em>Historia de la Teolog\u00eda cristiana<\/em>, II, Barcelona 1989, p. 670-682; DIVO BARSOTTI, <em>La teologia spirituale di San Giovanni della Croce<\/em>, Milano 1990; CIRO GARC\u00cdA, \u201cSan Juan de la Cruz entre la escol\u00e1stica y la nueva teolog\u00eda\u201d, en AA.VV., <em>Dottore mistico: San Giovanni della Croce<\/em>, Roma 1992, p. 91-129; JOS\u00c9 DAMI\u00c1N GAIT\u00c1N, \u201cEl tratamiento doctrinal de San Juan de la Cruz en la primera mitad del siglo XX\u201d, en <em>La recepci\u00f3n de los m\u00edsticos Teresa de Jes\u00fas y Juan de la Cruz<\/em>, Salamanca 1997, p. 429-458; SECUNDINO CASTRO, \u201cNueva palabra teol\u00f3gica de San Juan de la Cruz\u201d, ib., p. 459-476.<\/p>\n<p><em>Ciro Garc\u00eda<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El t\u00e9rmino \u201cteolog\u00eda\u201d es usado por J. de la Cruz una docena de veces. 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