{"id":3186,"date":"2015-01-15T10:14:19","date_gmt":"2015-01-15T16:14:19","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3186"},"modified":"2021-01-15T10:25:22","modified_gmt":"2021-01-15T16:25:22","slug":"esperanza-teologia-y-espiritualidad-de-la","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3186","title":{"rendered":"Esperanza, Teolog\u00eda y espiritualidad de la"},"content":{"rendered":"<p>Introducci\u00f3n: El lugar teol\u00f3gico de la esperanza en la fe cristiana y en santa Teresa<\/p>\n<p>La esperanza ocupa un puesto central en santa Teresa, como lo ocupa tambi\u00e9n en el cristianismo y en las aspiraciones humanas, con las que guarda una estrecha relaci\u00f3n. Esta correlaci\u00f3n se basa en la concepci\u00f3n misma de la espiritualidad teresiana, cuyo n\u00facleo es la tensi\u00f3n din\u00e1mica del hombre hacia el encuentro con Cristo, en el que descubre la plenitud de su ser.<\/p>\n<p>El arco de la esperanza abarca toda su vida, desde su conversi\u00f3n hasta la cumbre del matrimonio espiritual y desde las cimas de la uni\u00f3n m\u00edstica hasta el encuentro definitivo con el Se\u00f1or en la gloria. Es una actitud esencialmente din\u00e1mica y en tensi\u00f3n permanente hacia el futuro de la salvaci\u00f3n. Se fundamenta en la confianza en Dios y, al mismo tiempo, en el esfuerzo por conseguir lo que espera con el auxilio divino.<\/p>\n<p>Esta vivencia de la esperanza cristiana comprende los elementos esenciales, que la definen como virtud teologal: \u00abLa esperanza es la virtud teologal por la que aspiramos al Reino de los cielos y a la vida eterna como felicidad nuestra, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoy\u00e1ndonos no en nuestras fuerzas, sino en los auxilios de la gracia del Esp\u00edritu Santo\u00bb (CEC 1817).<\/p>\n<p>Pero la esperanza teologal no se vive al margen de las aspiraciones humanas: \u00abLa virtud de la esperanza corresponde al anhelo de felicidad puesto por Dios en el coraz\u00f3n de todo hombre; asume las esperanzas que inspiran las actividades de los hombres; las purifica para ordenarlas al Reino de los cielos; protege del desaliento; sostiene en todo desfallecimiento; dilata el coraz\u00f3n en la espera de la bienaventuranza eterna\u00bb (CEC 1818).<\/p>\n<p>La esperanza cristiana hace suyas las esperanzas humanas: \u00abNada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su coraz\u00f3n\u00bb (GS 1), colaborando as\u00ed a la construcci\u00f3n de \u00ablos cielos nuevos y la tierra nueva\u00bb, esto es, a \u00abesa renovaci\u00f3n misteriosa que transformar\u00e1 la humanidad y el mundo\u00bb (CEC 1043).<\/p>\n<p>Entre estos dos polos se desarrolla la esperanza en Teresa de Jes\u00fas. Nuestra exposici\u00f3n sigue este desarrollo, tratando de precisar el fundamento (antropol\u00f3gico y teol\u00f3gico), el dinamismo (espiritual y escatol\u00f3gico), la actitud teologal y el compromiso de la esperanza teresiana.<\/p>\n<p>1) Comenzamos destacando su inserci\u00f3n en la misma estructura del ser humano, hecho deseo y esperanza (fundamentaci\u00f3n antropol\u00f3gica). 2) Tratamos de concretar el doble fundamento \u2013objetivo y subjetivo\u2013 de su esperanza teologal (fundamentaci\u00f3n teol\u00f3gica). 3) Estudiamos la tensi\u00f3n escatol\u00f3gica, que caracteriza su itinerario espiritual, hasta el encuentro definitivo con el Se\u00f1or en la gloria. 4) Analizamos m\u00e1s en concreto la tensi\u00f3n de su esperanza entre el \u00abya, pero todav\u00eda no\u00bb; entre lo ya conseguido y lo que todav\u00eda falta por conseguir. 5) Finalmente, describimos la actitud teologal de su esperanza, polarizada por el doble deseo de morir, para gozar del Se\u00f1or, y de seguir viviendo, para servirle.<\/p>\n<p>1. El arraigo antropol\u00f3gico de la esperanza<\/p>\n<p>La b\u00fasqueda de felicidad<\/p>\n<p>Todo hombre busca la felicidad y lucha con la esperanza de conseguirla: \u00abLa virtud de la esperanza corresponde al anhelo de felicidad puesto por Dios en el coraz\u00f3n de todo hombre\u00bb (CEC 1818). Por eso la esperanza no es s\u00f3lo una actitud cristiana fundamental, sino tambi\u00e9n una experiencia humana profundamente enraizada en el ser del hombre. Tras el viejo adagio \u00abmientras hay vida hay esperanza\u00bb, late la idea de que la esperanza pertenece inseparablemente a la existencia humana. El hombre se experimenta a s\u00ed mismo como ser en camino y, por tanto, como deseo, como proyecto, como algo no aca\u00adbado.<\/p>\n<p>Por eso vive sujeto a la m\u00e1s radical insatisfacci\u00f3n. Sobre un sue\u00f1o alcanzado nace otro deseo; un deseo satisfecho provoca otro deseo&#8230; Nada ni nadie le llena entera y perpetuamente. Hay un fondo en nosotros que nadie puede llenar. Es el fondo sin fondo de nuestra alma, la infinita profundidad de nuestro esp\u00edritu, que solamente Dios puede colmar. \u00abNuestro coraz\u00f3n est\u00e1 inquieto y no descansa hasta que repose en ti\u00bb (San Agust\u00edn).<\/p>\n<p>La vida de Teresa de Jes\u00fas est\u00e1 marcada por esta experiencia, descrita bajo la imagen de la interioridad (V 40,6; C 28,2), que desencadena el movimiento de b\u00fasqueda: \u00abB\u00fascame en ti &#8211; B\u00fascate en m\u00ed\u00bb. Su misma relaci\u00f3n de amistad se desarrolla bajo el signo de una comuni\u00f3n personal, que no termina de llenarla y que aviva en ella el anhelo de la comuni\u00f3n con Dios. Teresa era una mujer ricamente dotada para la amistad, que encuentra en la amistad divina el sentido pleno de su vida. Se ha dicho que su oraci\u00f3n de \u00abtrato de amistad\u00bb con Dios es una vuelta a lo divino de su trato de amistad humana (T. \u00c1lvarez, Oraci\u00f3n, camino a Dios, en Escritos Teresianos II, pp. 65-71).<\/p>\n<p>Aqu\u00ed radica precisamente una de las diferencias esenciales entre su esperanza como actitud cristiana y como experiencia humana. Es una esperanza esencialmente abierta a la comuni\u00f3n personal con Dios. Moradas y Camino de Perfecci\u00f3n trazan el camino hacia esa comuni\u00f3n.<\/p>\n<p>Los \u00abgrandes deseos\u00bb<\/p>\n<p>El deseo pertenece a la din\u00e1mica de la esperanza. Teresa de Jes\u00fas se retrata a s\u00ed misma como una mujer de \u00abgrandes deseos\u00bb: \u00abEn esto de deseos siempre los tuve grandes&#8230; Creo si hubiera quien me sacara a volar, m\u00e1s me hubiera puesto en que estos deseos fueran con obra&#8230; Porque el Se\u00f1or nunca falta ni queda por El; nosotros somos los faltos y miserables\u00bb (V 13,6).<\/p>\n<p>Lucha por realizarlos, pero est\u00e1 \u00abhecha una imperfecci\u00f3n, si no es en los deseos\u00bb (V 30,17). Quisiera volar, pero todav\u00eda no le han crecido las alas. Y es que es el Se\u00f1or quien las hace crecer junto con los deseos, de manera que \u00e9stos \u00abllegue a tenerlos por obra\u00bb. Por eso previene a aquellas almas, que \u00abquieren volar antes que Dios les d\u00e9 alas\u00bb y \u00abcomienzan con grandes deseos y hervor y determinaci\u00f3n de ir adelante en la virtud\u00bb y, como \u00abno las pueden luego acabar consigo, desconsu\u00e9lanse\u00bb: \u00abNo se fatiguen \u2013contin\u00faa la Santa\u2013, esperen en el Se\u00f1or, que lo que ahora tienen en deseos Su Majestad har\u00e1 que lleguen a tenerlo por obra\u00bb (V 31,18).<\/p>\n<p>El objeto de sus deseos es Dios mismo: \u00abBien entiende que no desea otra cosa sino a Vos\u00bb (V 16,5). Es un deseo que \u00abpenetra toda el alma\u00bb (V 20,9). Es \u00abuna noticia de Dios tan admirable, muy sobre todo lo que podemos desear\u00bb (V 20,11): \u00abLlegada un alma aqu\u00ed [postrer grado de oraci\u00f3n], no es s\u00f3lo deseos los que tiene por Dios; Su Majestad la da fuerza para ponerlos por obra\u00bb (V 21,5).<\/p>\n<p>El deseo de Dios va acompa\u00f1ado de \u00abgrand\u00edsimos deseos\u00bb de amarle y servirle (R 1,13), de cumplir su voluntad (C Pr\u00f3l 2), de ver al Se\u00f1or y gozar de \u00e9l (M 6,6,6; 11); pues \u00abdel mismo descontento que dan las coss del mundo, nace un deseo [penoso] de salir de \u00e9l\u00bb (M 5,2,10).<\/p>\n<p>Fundada en esta experiencia, establece una de sus consignas de vida espiritual, que es avivar o \u00abno apocar los deseos\u00bb: \u00abQuiere Su Majestad y es amigo de \u00e1nimas animosas&#8230; Esp\u00e1ntame lo mucho que hace en este camino animarse a grandes cosas\u00bb (V 13,2). Pues, como dice san Pablo (Fip 4,13), \u00abtodo se puede en Dios\u00bb (V 13,3). En Conceptos de amor de Dios previene a sus monjas contra las \u00abalmas pusil\u00e1nimes\u00bb, encareci\u00e9ndoles c\u00f3mo es \u00abgran cosa tener grandes deseos\u00bb (Conc 2,29).<\/p>\n<p>Los maestros de la vida espiritual han se\u00f1alado la din\u00e1mica del deseo, como puerta de acceso a la experiencia m\u00edstica. Naturalmente, es el deseo transfigurado por el amor, convertido en total donaci\u00f3n de s\u00ed, hecho a la medida de la voluntad del amado. As\u00ed lo entiende Teresa de Jes\u00fas, a quien el deseo le hace volar como una paloma (V 20,24) y produce en ella los \u00edmpetus de amor, de soledad, de recogimiento, de desasimiento de todo, de todo inter\u00e9s y cuidado: \u00abSon como unos deseos de Dios, tan vivos y tan delgados, que no se pueden decir\u00bb (R 54,18).<\/p>\n<p>2. Fundada en la fidelidad de Dios y en la fuerza de su Palabra<\/p>\n<p>Teresa vive su esperanza fundada en la fidelidad divina a sus promesas de salvaci\u00f3n, que ve admirablemente cumplidas en ella, y en las palabras de Cristo, que el Se\u00f1or le dirige en diversas ocasiones para infundirle \u00e1nimos. Sobre estos dos pilares se levanta y madura la esperanza.<\/p>\n<p>Fiel es Dios<\/p>\n<p>La Santa experimenta la fidelidad divina, ante todo en \u00abla gran bondad de Dios\u00bb y en \u00absu gran magnificencia y misericordia\u00bb, manifestada en el hecho de su conversi\u00f3n. Esta es la lectura \u2013en clave soteriol\u00f3gica\u2013 en la que se funda su esperanza, que ella misma hace unos a\u00f1os m\u00e1s tarde: \u00abMuchas veces he pensado espantada de la gran bondad de Dios, y regal\u00e1dose mi alma de ver su gran magnificencia y misericordia. Sea bendito por todo, que he visto claro no dejar sin pagarme, aun en esta vida, ning\u00fan deseo bueno. Por ruines e imperfectas que fuesen mis obras, este Se\u00f1or m\u00edo las iba mejorando y perfeccionando y dando valor, y los males y pecados luego los escond\u00eda. Aun en los ojos de quien los ha visto, permite Su Majestad se cieguen y los quita de su memoria. Dora las culpas. Hace que resplandezca una virtud que el mismo Se\u00f1or pone en m\u00ed casi haci\u00e9ndome fuerza para que la tenga\u00bb (V 4,10).<\/p>\n<p>Cuando irrumpen las primeras gracias m\u00edsticas, creando en ella turbaciones y angustias de conciencia, experimenta de nuevo la fidelidad de Dios, haciendo suyas las palabras de San Pablo: \u00abFiel es Dios, que no permitir\u00e1 que se\u00e1is tentados sobre vuestras fuerzas\u00bb (1Cor 10,13): \u00abEstando en un oratorio muy afligida, no sabiendo qu\u00e9 hab\u00eda de ser de m\u00ed, le\u00ed en un libro \u2013que parece el Se\u00f1or me lo puso en las manos\u2013 que dec\u00eda san Pablo: Que era Dios muy fiel, que nunca a los que le amaban consent\u00eda ser del demonio enga\u00f1ados. Esto me consol\u00f3 mucho\u00bb (V 23,15; cf R 28; CE 69,3).<\/p>\n<p>\u00abYo soy, no hayas miedo\u00bb<\/p>\n<p>Si bien Teresa tiene una clara percepci\u00f3n del cumplimiento de las promesas de salvaci\u00f3n de Dios en ella, no es, en \u00faltima instancia, su confianza en las promesas (realidad subjetiva) la que funda su esperanza, sino la Palabra de Dios (realidad objetiva), y m\u00e1s concretamente, la Palabra que Jes\u00fas resucitado dirige a los Ap\u00f3stoles y que ahora le repite a ella: \u00abYo soy, no hayas miedo\u00bb.<\/p>\n<p>Seg\u00fan el P. Tom\u00e1s \u00c1lvarez, es \u00abel texto b\u00edblico de m\u00e1s rico historial y de m\u00e1s hondas repercusiones en el alma m\u00edstica de S. Teresa\u00bb (Escritos teresianos, III, p. 136). Pero el dato que aqu\u00ed interesa resaltar es c\u00f3mo en este texto se fundamenta la esperanza de Teresa de Jes\u00fas. Igual que toda esperanza cristiana. El fundamento, efectivamente, de la esperanza cristiana es la resurrecci\u00f3n de Jesucristo.<\/p>\n<p>La experiencia de Cristo resucitado es una de las m\u00e1s fuertes en la vida de Teresa (V 28,3; 29,4; M 6,9,3; 7,2,1). De sus labios escucha las palabras dichas a los disc\u00edpulos. Se hacen presentes en los momentos de incertidumbre, de inseguridad o de temor; de vacilaci\u00f3n, en definitiva, de su propia esperanza. Son fuente de paz, de \u00e1nimo y de fortaleza.<\/p>\n<p>Los textos son f\u00e1ciles de identificar (cf Concordancias, \u00abPalabras del Se\u00f1or dichas a Santa Teresa de Jes\u00fas\u00bb, Burgos 1965, pp. 1419-1430). Aducimos solamente uno de los m\u00e1s importantes: \u00abPues estando en esta gran fatiga&#8230;, solas estas palabras bastaban para quit\u00e1rmela y quietarme del todo: No hayas miedo, hija, que Yo soy y no te desamparar\u00e9; no temas&#8230; Heme aqu\u00ed con solas estas palabras sosegada, con fortaleza, con \u00e1nimo, con seguridad, con una quietud y luz que en un punto vi mi alma hecha otra, y me parece que con todo el mundo disputara que era Dios. \u00a1Oh, qu\u00e9 buen Dios! \u00a1Oh, qu\u00e9 buen Se\u00f1or y qu\u00e9 poderoso! No s\u00f3lo da el consejo, sino el remedio. Sus palabras son obras. \u00a1Oh, v\u00e1lgame Dios, y c\u00f3mo fortalece la fe y se aumenta el amor!\u00bb (V 25,18).<\/p>\n<p>Maduraci\u00f3n de su esperanza<\/p>\n<p>Apoyada en la fidelidad de Dios y en la palabra de Cristo, Teresa se lanza a la conquista de Dios como bien absoluto: \u00abS\u00f3lo Dios basta\u00bb. Todo queda supeditado a esta meta, que va polarizando cada vez m\u00e1s su esperanza. Esta se traduce en un ardiente anhelo de Dios, que la lleva a ver todas las cosas en relaci\u00f3n a \u00c9l. Explica asimismo su desprendimiento de todo lo que no es Dios y su se\u00f1or\u00edo sobre todas las cosas, que se traduce en una admirable libertad frente a las realidades terrenas. Da raz\u00f3n, en fin, de su experiencia de soledad y de desierto, que ella cultiva, no s\u00f3lo como una dimensi\u00f3n geogr\u00e1fica, sino sobre todo como un valor del esp\u00edritu. Esta dimensi\u00f3n de soledad y de desierto, semejante a la experiencia de \u00e9xodo de la Biblia, se traduce en oraci\u00f3n esperanzada y en actitud contemplativa, que hacen florecer la esperanza. Todo queda envuelto por un sentido de eternidad, como dimensi\u00f3n que impregna toda su existencia, al estilo de vida de los primeros cristianos, anhelantes de la venida del Se\u00f1or: \u00ab\u00a1Ven, Se\u00f1or Jes\u00fas!\u00bb (1Cor 16,22; Ap 22,20).<\/p>\n<p>Estas perspectivas de la esperanza son los ejes de la espiritualidad teresiana. Resulta tan obvio, que no necesita documentaci\u00f3n. El latido m\u00e1s fuerte de esta esperanza son las Poes\u00edas. Pero aqu\u00ed baste recordar la imagen con la que ella describe la llamada a la comuni\u00f3n con Dios, como la fuente de \u00abagua viva\u00bb, que sacia toda sed (C 19 y 31).<\/p>\n<p>Otro aspecto que s\u00f3lo podemos evocar es el de la purificaci\u00f3n de la esperanza. Aunque no aparece expuesta con el rigor con que lo hace San Juan de la Cruz, est\u00e1 presente en el itinerario espiritual descrito en el libro de las Moradas. El camino hacia el interior del castillo, donde Dios mora y donde tiene lugar el encuentro con \u00c9l, se caracteriza como un camino de renuncia a los bienes exteriores al castillo, para llegar a poseer los que est\u00e1n en el aposento interior, donde Dios mismo mora, como centro del alma (M 1,2,3). Este centro del alma y del castillo \u00abes la pieza o palacio adonde est\u00e1 el rey\u00bb (M 1,2,8). Por eso, \u00abpensar que hemos de entrar en el cielo y no entrar en nosotros, es un disparate\u00bb (M 2,1,11).<\/p>\n<p>La posesi\u00f3n de Dios es el bien supremo. Pero \u00e9ste no se alcanza plena y definitivamente en esta vida, sino en la vida eterna, traspasada la barrera de la muerte. Esta es la meta final de la salvaci\u00f3n cristiana, a la que se orientan todos los pasos de Teresa. Es la dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica de su esperanza.<\/p>\n<p>3.\u00a0En tensi\u00f3n hacia Dios: dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica<\/p>\n<p>Deseos de martirio y esperanza de la vida eterna<\/p>\n<p>Uno de los datos m\u00e1s elementales de la vida de Teresa, desde sus primeros compases, es la viva conciencia de su condici\u00f3n de peregrina, en camino hacia la meta final de la salvaci\u00f3n. Sus aspiraciones se concentran inicialmente en el deseo de sufrir el martirio, con el fin de \u00abgozar de Dios para siempre\u00bb: \u00abComo ve\u00eda los martirios que por Dios las santas pasaban, parec\u00edame compraban muy barato el ir a gozar de Dios y deseaba yo mucho morir as\u00ed, no por amor que yo entendiese tenerle, sino por gozar tan en breve de los grandes bienes que le\u00eda haber en el cielo, y junt\u00e1bame con este mi hermano a tratar qu\u00e9 medio habr\u00eda para esto. Concert\u00e1bamos irnos a tierra de moros, pidiendo por amor de Dios, para que all\u00e1 nos descabezasen&#8230; Espant\u00e1banos mucho el decir que pena y gloria era para siempre, en lo que le\u00edamos. Acaec\u00edanos estar muchos ratos tratando de esto y gust\u00e1bamos de decir muchas veces: \u00a1para siempre, siempre, siempre! En pronunciar esto mucho rato era el Se\u00f1or servido me quedase en esta ni\u00f1ez imprimido el camino de la verdad\u00bb (V 1,4).<\/p>\n<p>Este episodio de la infancia es muy revelador. Pone de manifiesto no s\u00f3lo su anhelo de la vida eterna, sino tambi\u00e9n su valoraci\u00f3n del martirio como el medio m\u00e1s eficaz para alcanzarla y la forma m\u00e1s cualificada de testificar su verdad: \u00abParec\u00edame compraban muy barato el ir a gozar de Dios y deseaba yo mucho morir as\u00ed\u00bb. Qued\u00f3 as\u00ed imprimido, desde la ni\u00f1ez, \u00abel camino de la verdad\u00bb.<\/p>\n<p>Con este anhelo crecen en ella los \u00abdeseos de las cosas eternas\u00bb (V 3,1) y el correspondiente esfuerzo por ganarlas: \u00abEstaba tan puesta en ganar bienes eternos, que por cualquier medio me determinaba a ganarlos\u00bb (V 5,2). Ante los bienes eternos, una luz se enciende en ella, que hace palidecer los bienes terrenos. Era \u00abuna luz de parecerme todo de poca estima lo que se acaba y de mucho precio los bienes que se pueden ganar con ello, pues son eternos\u00bb (V 5,2).<\/p>\n<p>Este sentimiento le hab\u00eda calado tan hondo, que ante la crisis de su adolescencia, le hace retornar a lo que ella consideraba \u00abla verdad de cuando ni\u00f1a\u00bb. Era como una luz que se hab\u00eda encendido en ella desde peque\u00f1a y que le hac\u00eda percibir la caducidad de las cosas terrenas, frente a la perennidad de los bienes eternos: \u00abVine a ir entendiendo la verdad de cuando ni\u00f1a, de que no era todo nada, y la vanidad del mundo, y c\u00f3mo acababa en breve, y a temer, si me hubiera muerto, c\u00f3mo me iba al infierno\u00bb (V 3,5).<\/p>\n<p>As\u00ed viv\u00eda la Iglesia primitiva su esperanza cristiana, como nos recuerda la Exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica de Juan Pablo II: \u00abEn la Iglesia primitiva la espera de la venida del Se\u00f1or se viv\u00eda de un modo particularmente intenso. A pesar del paso de los siglos la Iglesia no ha dejado de cultivar esta actitud de esperanza: ha seguido invitando a los fieles a dirigir la mirada hacia la salvaci\u00f3n que va a manifestarse, \u2018porque la apariencia de este mundo pasa\u2019\u00bb (VC 26).<\/p>\n<p>Grandes \u00edmpetus de amor<\/p>\n<p>La vivencia espiritual de Teresa, caracterizada por el sentimiento de presencia de Dios en su alma, desencadena en ella grandes \u00edmpetus de amor, que la hacen desear vivamente el encuentro definitivo con \u00e9l. Los principales relatos son las Relaciones 1 y 3, y el cap\u00edtulo 29 de Vida.<\/p>\n<p>En la primera relaci\u00f3n de su vida (1560), hecha a su confesor el P. Pedro Ib\u00e1\u00f1ez, acerca de su \u00abmanera de proceder en la oraci\u00f3n\u00bb (oraci\u00f3n de recogimiento), escribe: \u00abOtras veces me dan unos \u00edmpetus muy grandes, con un deshacimiento por Dios que no me puedo valer. Parece se me va a acabar la vida y as\u00ed me hace dar voces y llamar a Dios, y esto con gran furor me da. Algunas veces no puedo estar sentada seg\u00fan me dan las bascas, y esta pena me viene sin procurarla, y es tal, que el alma nunca querr\u00eda salir de ella mientras viviese, y son las ansias que tengo por no vivir y parecer que se vive, sin poderse remediar, pues el remedio para ver a Dios es la muerte, y \u00e9sta no puedo tomarla\u00bb (R 1,3). \u00abMe parece que sentir las muertes es desatino\u00bb (R 1,18).<\/p>\n<p>El sentimiento de Dios es tan fuerte, que parece se le desgarra la vida; le aprieta tanto, que desea morir. Pero, al fin, se abandona en sus brazos: \u00abP\u00f3ngome en los brazos de Dios, y f\u00edo de mis deseos, que \u00e9stos, cierto, entiendo son morir por El y perder todo el descanso, y venga lo que viniere\u00bb (R 3,9).<\/p>\n<p>En el fondo, como una fuerza incontenible, est\u00e1 la experiencia paulina de la presencia divina (G\u00e1l 2,20), que Teresa misma refiere en su Relaci\u00f3n: \u00abVi\u00e9nenme d\u00edas que me acuerdo infinitas veces de lo que dice San Pablo, \u2013aunque a buen seguro que no sea as\u00ed en m\u00ed\u2013, que ni me parece vivo yo, ni hablo, ni tengo querer, sino que est\u00e1 en m\u00ed quien me gobierna y da fuerza, y ando como casi fuera de m\u00ed, y as\u00ed me es grand\u00edsima pena la vida. Y la mayor cosa que yo ofrezco a Dios por gran servicio, es c\u00f3mo si\u00e9ndome tan penoso estar apartada de El, por su amor quiero vivir\u00bb (R 3,10).<\/p>\n<p>La misma experiencia de \u00edmpetus de amor, que parecen arrancarle la vida, es descrita en el libro de la Vida. Esta aparece en un contexto de gracias m\u00edsticas, que prenden fuego a su coraz\u00f3n y deseos de morir para ver a Dios: \u00abVe\u00edame morir con deseo de ver a Dios, y no sab\u00eda ad\u00f3nde hab\u00eda de buscar esta vida, si no era con la muerte. D\u00e1banme unos \u00edmpetus grandes de este amor, que, aunque no eran tan insufrideros como los que ya otra vez he dicho ni de tanto valor, yo no sab\u00eda qu\u00e9 me hacer; porque nada me satisfac\u00eda, ni cab\u00eda en m\u00ed, sino que verdaderamente me parec\u00eda se me arrancaba el alma\u00bb (V 29,8).<\/p>\n<p>El fruto inmediato de esta gracia es el crecimiento en el amor de Dios. Cuanto m\u00e1s crece \u00e9ste, m\u00e1s se aborrece a s\u00ed misma y la vida misma. Teresa la describe como \u00abuna saeta en lo m\u00e1s vivo de las entra\u00f1as y coraz\u00f3n\u00bb. \u00abBien entiende que quiere a Dios y que la saeta parece tra\u00eda hierba para aborrecerse a s\u00ed por amor de este Se\u00f1or, y perder\u00eda de muy buena gana la vida por El\u00bb (V 29,10). La gracia m\u00edstica culmina en la visi\u00f3n del \u00e1ngel con el dardo de amor penetrando en su coraz\u00f3n, que la deja \u00abtoda abrasada en amor grande de Dios\u00bb (V 29,13).<\/p>\n<p>Como colof\u00f3n de la tensi\u00f3n de la esperanza, que rezuman estos textos autobiogr\u00e1ficos teresianos, cabe destacar el valor testifical de esta experiencia, que el P. Tom\u00e1s \u00c1lvarez parangona a la del martirio: \u00abEl m\u00e1rtir testifica su certeza de los bienes que hay m\u00e1s all\u00e1 de la muerte&#8230; El m\u00edstico, que experimenta en forma especial la salvaci\u00f3n presente como preludio de la plenitud futura, las testifica prof\u00e9ticamente, con palabra humana llena de vigor y de eficacia para quienes no tienen el carisma de esa experiencia calificada de las realidades salv\u00edficas\u00bb (T. \u00c1lvarez, Un testigo fuerte de esperanza cristiana. Teresa de Jes\u00fas, en Estudios Teresianos, III, Burgos 1996, pp. 173-174).<\/p>\n<p>4.\u00a0Entre el \u00abya, pero todav\u00eda no\u00bb: La tensi\u00f3n de la esperanza entre el presente y el futuro<\/p>\n<p>Teresa de Jes\u00fas describe de forma pl\u00e1stica la tensi\u00f3n de la esperanza entre el \u00abya, pero todav\u00eda\u00bb, a prop\u00f3sito del valor presente y futuro del Reino: \u00abA los que se les da ac\u00e1 como le pedimos [su reino], les da prendas para que por ellas tengan gran esperanza de ir a gozar perpetuamente de lo que ac\u00e1 les da a sorbos\u00bb (CE 52,3).<\/p>\n<p>El Reino es un bien presente, pero que no se posee en plenitud; Dios lo da ac\u00e1 \u00aba sorbos\u00bb, como prenda de la posesi\u00f3n eterna. La Santa fundamenta esta tensi\u00f3n de la esperanza en la experiencia paulina de la vida en Cristo y en el poema \u00abVivo sin vivir en m\u00ed\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abMihi vivere Chistus est, mori lucrum\u00bb<\/p>\n<p>A\u00f1os de lucha le cost\u00f3 a Teresa llegar a poner toda su esperanza en Dios (V 8,12) y a integrar las realidades presentes en la esperanza cristiana. En ese per\u00edodo largo de su vida (unos veinte a\u00f1os), seg\u00fan el P. Tom\u00e1s \u00c1lvarez, tiene que enfrentarse a dos tentaciones, que la retienen prendida en la red de lo presente: la seducci\u00f3n de los bienes terrenos, cuyo exponente principal es para ella la honra, y la tentaci\u00f3n de las amistades y del amor humano.<\/p>\n<p>Pero su encuentro personal con Cristo (1560), como el de Pablo camino de Damasco, cambia el signo de su vida y hace estallar la tensi\u00f3n de la esperanza entre lo presente y lo definitivo, entre el \u00abya, pero todav\u00eda no\u00bb. A partir de este hecho, que cambia su vida por su relaci\u00f3n nueva con Cristo, con su Humanidad santa y resucitada, se fijan los dos polos de su existencia: \u00abla vinculaci\u00f3n al presente y la proyecci\u00f3n a lo trascendente definitivo\u00bb (T. \u00c1lvarez, ib p. 180).<\/p>\n<p>Su nuevo centro de gravedad, el eje central en torno al cual se articula su esperanza, es la presencia de Cristo en su vida. Por eso puede decir con san Pablo: \u00abNo vivo yo, sino que es Cristo quien vive en m\u00ed\u00bb (G\u00e1l 2,20). Por eso tambi\u00e9n, desea como Pablo morir para estar con Cristo (Fip 1,21). Es la realidad cristol\u00f3gica y escatol\u00f3gica, que va tejiendo su vida. As\u00ed lo corroboran los dos textos siguientes: \u00ab\u00a1Qu\u00e9 es esto, Se\u00f1or m\u00edo! \u00bfEn tan peligrosa vida hemos de vivir? Que escribiendo esto estoy y me parece que con vuestro favor y por vuestra misericordia podr\u00eda decir lo que San Pablo, aunque no con esa perfecci\u00f3n, que no vivo yo ya sino que Vos, Criador m\u00edo, viv\u00eds en m\u00ed, seg\u00fan ha algunos a\u00f1os que, a lo que puedo entender, me ten\u00e9is de vuestra mano y me veo con deseos y determinaciones y en alguna manera probado por experiencia en estos a\u00f1os en muchas cosas, de no hacer cosa contra vuestra voluntad, por peque\u00f1a que sea, aunque debo hacer hartas ofensas a Vuestra Majestad sin entenderlo. Y tambi\u00e9n me parece que no se me ofrecer\u00e1 cosa por vuestro amor, que con gran determinaci\u00f3n me deje de poner a ella, y en algunas me hab\u00e9is Vos ayudado para que salga con ellas, y no quiero mundo ni cosa de \u00e9l, ni me parece me da contento cosa que salga de Vos, y lo dem\u00e1s me parece pesada cruz&#8230; Estoy temiendo \u2013y con mucha raz\u00f3n\u2013 si me hab\u00e9is de tornar a dejar&#8230; No s\u00e9 c\u00f3mo queremos vivir, pues es todo tan incierto\u00bb (V 6,9).<\/p>\n<p>\u00abMihi vivere Chistus est, mori lucrum\u00bb [Fip 1,21]; as\u00ed me parece puede decir aqu\u00ed el alma, porque es adonde la mariposilla, que hemos dicho, muere y con grand\u00edsimo gozo, porque su vida es ya Cristo\u00bb (M 7,2,5).<\/p>\n<p>Los dos pasajes citados se hacen eco de la experiencia paulina de la nueva presencia de Cristo. Pero, mientras el primero insiste en el temor de perderla por el apego al presente, el segundo expresa el deseo del encuentro definitivo. Entre estos dos momentos se extiende el entero arco de su vida. El primero corresponde al principio de su itinerario espiritual; el segundo, a la cima del matrimonio m\u00edstico.<\/p>\n<p>\u00abVivo sin vivir en m\u00ed\u00bb<\/p>\n<p>En el centro de su esperanza tensionada escatol\u00f3gicamente, como divisoria de las dos vertientes (entre el presente y el futuro, entre el \u00abya pero todav\u00eda no\u00bb), est\u00e1 el poema:<\/p>\n<p>\u00abVivo sin vivir en m\u00ed \/\u00a0y tan alta vida espero, \/ que muero porque no muero\u00bb (Po 1).<\/p>\n<p>Este poema fue compuesto en 1571, para glosar su primera experiencia m\u00edstica del misterio trinitario (R 15), que tensa todav\u00eda m\u00e1s su esperanza hacia el nuevo desenlace, que ocurre con la gracia del matrimonio m\u00edstico en 1574.<\/p>\n<p>El P. Tom\u00e1s \u00c1lvarez, a quien remitimos para el comentario a este poema, resume as\u00ed su contenido: \u00abLos tres versos formulan po\u00e9ticamente los tres momentos de la esperanza: 1\u00ba, el gozo de vivir, pero vivir con vida nueva, no ya en m\u00ed sino en Cristo; 2\u00ba, la espera de una vida m\u00e1s alta; 3\u00ba, la muerte, pero sentida ya como puente pasadizo entre las dos vidas\u00bb (T. \u00c1lvarez, Un testigo fuerte de esperanza cristiana, en Estudios Teresianos, III, Burgos 1996, p. 174).<\/p>\n<p>\u00abVivo sin vivir en m\u00ed\u00bb es la expresi\u00f3n de ese ardiente deseo, que prende en el coraz\u00f3n de quien se ha encontrado con Cristo y ha consagrado a \u00e9l su vida: \u00abLas personas que han dedicado su vida a Cristo viven necesariamente con el deseo de encontrarlo para estar finalmente y para siempre con \u00c9l. De aqu\u00ed la ardiente espera, el deseo de \u2018sumergirse en el Fuego de amor que arde en ellas y que no es otro que el Esp\u00edritu Santo\u2019 [B. Isabel de la Trinidad], espera y deseo sostenidos por los dones que el Se\u00f1or concede libremente a los que aspiran a las cosas de arriba\u00bb (VC 26).<\/p>\n<p>La serie de gracias m\u00edsticas, que la Santa relata en las sextas moradas (1577), colman su esperanza en un crescendo progresivo, pasando del \u00abtodav\u00eda no\u00bb paulino de la salvaci\u00f3n cristiana al \u00abya\u00bb tambi\u00e9n de la posesi\u00f3n gozosa de la salvaci\u00f3n y del encuentro pleno con el Se\u00f1or. Es la experiencia que reflejan sus \u00faltimas palabras en el lecho de muerte (1582):<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Tiempo es ya que nos veamos, Amado m\u00edo y Se\u00f1or m\u00edo&#8230;! \u00a1Ya es llegada la hora en que yo salga de este destierro y mi alma goce en uno con Vos, que tanto he deseado!\u00bb (Tiempo y vida de Santa Teresa, Madrid 1978, pp. 159-161).<\/p>\n<p>5.\u00a0La espera definitiva y su actitud de servicio<\/p>\n<p>Deseo de morir<\/p>\n<p>La experiencia escatol\u00f3gica de Santa Teresa, en sinton\u00eda con la de san Pablo (Fip 1,22-24), es una polarizaci\u00f3n \u2013como observa Tom\u00e1s \u00c1lvarez\u2013 entre los dos deseos extremos: el deseo de morir para encontrarse definitivamente con Cristo y el deseo de seguir viviendo para servir a los hermanos y a la Iglesia. Lo primero ser\u00eda lo preferible; lo segundo ser\u00e1 de hecho lo preferido. Es la doble proyecci\u00f3n de la esperanza, tensa hacia la parus\u00eda y presente a la realidad hist\u00f3rica de la peregrinaci\u00f3n cristiana (cf T. \u00c1lvarez, Escritos teresianos, III, p. 177).<\/p>\n<p>Teresa de Jes\u00fas, desde lo hondo de su tensi\u00f3n, evoca esta experiencia paulina, pidiendo al Se\u00f1or que la libere del cautiverio del cuerpo: \u00ab\u00a1Oh, qu\u00e9 es un alma que se ve aqu\u00ed, haber de tornar a tratar con todos, a mirar y ver esta farsa de esta vida tan mal concertada, a gastar el tiempo en cumplir con el cuerpo, durmiendo y comiendo! Todo la cansa, no sabe c\u00f3mo huir, vese encadenada y presa. Entonces siente m\u00e1s verdaderamente el cautiverio que traemos con los cuerpos, y la miseria de la vida. Conoce la raz\u00f3n que ten\u00eda san Pablo de suplicar a Dios le librase de ella. Da voces con \u00e9l. Pide a Dios libertad, como otras veces he dicho; mas aqu\u00ed es con tan gran \u00edmpetu muchas veces, que parece se quiere salir el alma del cuerpo a buscar esta libertad, ya que no la sacan. Anda como vendida en tierra ajena, y lo que m\u00e1s la fatiga es no hallar muchos que se quejen con ella y pidan esto, sino lo m\u00e1s ordinario es desear vivir. \u00a1Oh, si no estuvi\u00e9semos asidos a nada ni tuvi\u00e9semos puesto nuestro contento en cosa de la tierra, c\u00f3mo la pena que nos dar\u00eda vivir siempre sin \u00e9l templar\u00eda el miedo de la muerte con el deseo de gozar de la vida verdadera!\u00bb (V 21,6).<\/p>\n<p>En su libro lit\u00fargico de rezos lleva una cuartilla \u00abcifrada\u00bb del d\u00eda de su muerte, que ella espera como su \u00abdies natalis\u00bb o segundo nacimiento a la vida eterna (R 7). Era una especie de recordatorio para mantener viva su esperanza.<\/p>\n<p>Deseo de servir al Se\u00f1or<\/p>\n<p>Pero esta tensi\u00f3n de la esperanza no la arranca del presente temporal, ni del drama de la Iglesia europea de su tiempo; al contrario, la sumerje de lleno en \u00e9l, como diacon\u00eda terrena a la Iglesia y a los hermanos. Esta se intensificar\u00e1 el \u00faltimo per\u00edodo de su vida y la sacar\u00e1 de su clausura, para hacerse andariega y fundadora, inmersa totalmente en el servicio.<\/p>\n<p>Los \u00faltimos testimonios de su vida as\u00ed lo corroboran: Moradas s\u00e9ptimas (1577) y \u00faltima Relaci\u00f3n (1581). Corresponden a la plenitud del crecimiento, en la uni\u00f3n a Cristo y en el servicio a los otros. Son la plenitud de su esperanza.<\/p>\n<p>En la cima del matrimonio espiritual, cuando Teresa ha alcanzado la plena uni\u00f3n con Cristo, remiten los deseos que ten\u00eda de morirse, por gozar definitivamente de \u00c9l, y crece el deseo de servirle: \u00abLo que m\u00e1s me espanta de todo, es que ya hab\u00e9is visto los trabajos y aflicciones que han tenido por morirse, por gozar de nuestro Se\u00f1or; ahora es tan grande el deseo que tienen de servirle y que por ellas sea alabado, y de aprovechar alg\u00fan alma si pudiesen, que no s\u00f3lo no desean morirse, mas vivir muy muchos a\u00f1os padeciendo grand\u00edsimos trabajos, por si pudiesen que fuese el Se\u00f1or alabado por ellos, aunque fuese en cosa muy poca. Y si supiesen cierto que en saliendo el alma del cuerpo ha de gozar de Dios, no les hace al caso, ni pensar en la gloria que tienen los santos; no desean por entonces verse en ella: su gloria tienen puesta en si pudiesen ayudar en algo al Crucificado, en especial cuando ven que es tan ofendido, y los pocos que hay que de veras miren por su honra, desasidos de todo lo dem\u00e1s\u00bb (M 7,3,6).<\/p>\n<p>En el \u00faltimo tramo de su vida, cercano ya a la muerte, tiene tal certidumbre de la posesi\u00f3n eterna de Dios, que no tiene prisa por gozarle sino por servirle: \u00ab\u00a1Oh, qui\u00e9n pudiera dar a entender bien a vuestra se\u00f1or\u00eda la quietud y sosiego con que se halla mi alma!; porque de que ha de gozar de Dios tiene ya tanta certidumbre, que le parece goza el alma que ya le ha dado la posesi\u00f3n aunque no el gozo; como si uno hubiese dado una gran renta a otro con muy firmes escrituras para que la gozara de aqu\u00ed a cierto tiempo y llevara los frutos; mas hasta entonces no goza sino de la posesi\u00f3n que ya le han dado de que gozar\u00e1 esta renta. Y con el agradecimiento que le queda, ni la querr\u00eda gozar, porque le parece no ha merecido, sino servir, aunque sea padeciendo mucho, y aun algunas veces parece que de aqu\u00ed al fin del mundo ser\u00eda poco para servir a quien le dio esta posesi\u00f3n. Porque, a la verdad, ya en parte no est\u00e1 sujeta a las miserias del mundo como sol\u00eda; porque aunque pasa m\u00e1s, no parece sino que es como en la ropa, que el alma est\u00e1 como en un castillo con se\u00f1or\u00edo, y as\u00ed no pierde la paz, aunque esta seguridad no quita un gran temor de no ofender a Dios y quitar todo lo que le puede impedir a no le servir, antes anda con m\u00e1s cuidado, mas anda tan olvidada de su propio provecho, que le parece ha perdido en parte el ser, seg\u00fan anda olvidada de s\u00ed. En esto todo va a la honra de Dios y c\u00f3mo haga m\u00e1s su voluntad y sea glorificado\u00bb (R 6,1).<\/p>\n<p>\u00abTiene tanta fuerza este rendimiento a ella, que la muerte ni la vida se quiere, si no es por poco tiempo cuando desea ver a Dios; mas luego se le representa con tanta fuerza estar presentes estas tres Personas, que con esto se ha remediado la pena de esta ausencia y queda el deseo de vivir, si El quiere, para servirle m\u00e1s; y si pudiese, ser parte que siquiera un alma le amase m\u00e1s y alabase por mi intercesi\u00f3n, que aunque fuese por poco tiempo, le parece importa m\u00e1s que estar en la gloria\u00bb (R 6,9).<\/p>\n<p>Los testimonios teresianos, que acabamos de relatar, son la mejor ratificaci\u00f3n de la esperanza cristiana, como fuente de la misi\u00f3n y como principio inspirador y renovador de las realidades terrenas; esto es, como principio de los cielos nuevos y la tierra nueva (2Pe 3,13). As\u00ed lo ratifica la Exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica sobre la vida religiosa, destacando c\u00f3mo la espera escatol\u00f3gica es fuente de compromiso y principio de una espera activa, que se convierte en misi\u00f3n: \u00ab\u2018\u00a1Ven, Se\u00f1or Jes\u00fas!\u2019 Esta espera es lo m\u00e1s opuesto a la inercia: aunque dirigida al Reino futuro, se traduce en trabajo y misi\u00f3n, para que el Reino de haga presente ya ahora mediante la instauraci\u00f3n del esp\u00edritu de las Bienaventuranzas&#8230; La tensi\u00f3n escatol\u00f3gica se convierte en misi\u00f3n, para que el Reino se afirme de modo creciente aqu\u00ed y ahora. A la s\u00faplica: \u2018\u00a1Ven, Se\u00f1or Jes\u00fas!\u2019, se une otra invocaci\u00f3n: \u2018\u00a1Venga tu Reino!\u2019\u00bb (VC 27).<\/p>\n<p>Estas palabras son el mejor colof\u00f3n de la esperanza de Teresa de Jes\u00fas. Este es el n\u00facleo de su espiritualidad, abierta al encuentro pleno con el Se\u00f1or y a los deseos de servirle.<\/p>\n<p>BIBL. \u2013 T. \u00c1lvarez, Un testigo fuerte de esperanza cristiana: Teresa de Jes\u00fas, en \u00abEstudios Teresianos\u00bb III, Burgos, 1996, pp. 173-188.<\/p>\n<p>Ciro Garc\u00eda<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Introducci\u00f3n: El lugar teol\u00f3gico de la esperanza en la fe cristiana y en santa Teresa La esperanza ocupa un puesto central en santa Teresa, como lo ocupa tambi\u00e9n en el cristianismo y en las aspiraciones humanas, con las que guarda &hellip; <a href=\"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3186\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":""},"categories":[21],"tags":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p2dsrC-Po","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3186"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3186"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3186\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3187,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3186\/revisions\/3187"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3186"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3186"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3186"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}