{"id":3192,"date":"2015-01-15T10:30:49","date_gmt":"2015-01-15T16:30:49","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3192"},"modified":"2021-01-15T10:42:17","modified_gmt":"2021-01-15T16:42:17","slug":"jesucristo-en-la-vida-y-la-ensenanza-de-t","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3192","title":{"rendered":"Jesucristo en la vida y la ense\u00f1anza de T"},"content":{"rendered":"<p>Para santa Teresa, como para todo cristiano consciente de su fe, Jes\u00fas es el centro orbital de su vida nueva y de toda la propia historia de salvaci\u00f3n. \u00c9l es tambi\u00e9n el centro nuclear de su pensamiento y su magisterio espiritual. En cierto modo, T revive la escena evang\u00e9lica. Como san Pablo, tambi\u00e9n ella se ha encontrado con el Resucitado, y \u00e9ste le ha cambiado la vida y le ha conferido una misi\u00f3n. Puede asegurar, como el Ap\u00f3stol, que \u201cya\u201d no es ella quien vive, sino que Cristo Jes\u00fas vive en ella. Est\u00e1 convencida de que todo en ella deriva del hecho de que \u201c\u00c9l la ha amado\u201d (\u201cdilexit me\u201d), y que a ese amor corresponde ella con amor esponsal. Amarlo es seguirlo, servirlo, configurarse con El, para anunciarlo, d\u00e1ndole gracias y bendiciendo su nombre. Hito final del seguimiento de Jes\u00fas y de toda la vida de T ser\u00e1 la \u201cuni\u00f3n con el crucificado resucitado\u201d, en espera de la hora de verlo sin velos: \u201chora es ya de que nos veamos\u201d, ser\u00e1 su postrera invocaci\u00f3n en el lecho de muerte.<\/p>\n<p>Para sintetizar, en lo posible, la palabra de T sobre Jesucristo, seguiremos este recorrido: 1\/ base evang\u00e9lica de su experiencia cristol\u00f3gica; 2\/ su empalme con la piedad popular; 3\/ experiencia que ella tiene del misterio de Jes\u00fas; 4\/ su anuncio de Jes\u00fas, es decir, su peque\u00f1o Evangelio del Se\u00f1or; 5\/ el problema, doctrinal y pr\u00e1ctico, de la Humanidad del Se\u00f1or en el proceso de la vida espiritual del cristiano. (La presencia de Jes\u00fas en el Evangelio y en la Iglesia son aspectos que remitimos a los art\u00edculos respectivos del Diccionario).<\/p>\n<p>1. La base evang\u00e9lica<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n a ella, como a todo cristiano, Jes\u00fas se le ha revelado desde la Palabra b\u00edblica. Concretamente desde los Evangelios y desde \u201cel Evangelio\u201d de Pablo (1 Thes 1,5; 2,4). Es copioso el n\u00famero de pasajes evang\u00e9licos referentes a la persona de Jes\u00fas, citados en los escritos teresianos: m\u00e1s de dos centenares. Lo espec\u00edfico en el caso de T es que ella no reporta esos textos a la manera erudita, yendo a buscarlos en el libro b\u00edblico. Son siempre palabras evang\u00e9licas que han pasado a su propia interioridad. En su condici\u00f3n de creyente \u201cm\u00edstica\u201d, ha incorporado a su vivencia y experiencia las palabras de Jes\u00fas: son \u00e9stas las que van perfilando su imagen o su idea personal del Se\u00f1or, van sedimentando y determinando su relaci\u00f3n personal con \u00e9l. De hecho, ella experimenta que Jes\u00fas es, realmente, el Se\u00f1or, la luz, la hermosura, el camino, el esposo de las par\u00e1bolas, la majestad de la divinidad, la vida de que vive el creyente y de la que vivir\u00e1 de verdad m\u00e1s all\u00e1 de la muerte&#8230;<\/p>\n<p>a) Le han interesado, ante todo, las palabras que Jes\u00fas dice de s\u00ed mismo. Probablemente la m\u00e1s fuerte y determinante es el \u201cYo soy\u201d de Jes\u00fas. En momentos cruciales de la vida de T, \u00e9l mismo le ha repetido su palabra de Resucitado: \u201cYo soy, no hayas miedo\u201d. El \u201cyo soy\u201d de Jes\u00fas se repite a lo largo de toda la vida m\u00edstica de T: V 25,18 (\u201cYo soy y no te desamparar\u00e9, no temas\u201d); V 30,14; M 6,3,5; 6,8,3; R 4,16; 15,6; F 31,4. Tambi\u00e9n es constante la invitaci\u00f3n a superar los miedos de la vida: \u201chija, no hayas miedo\u201d, V 30,14; R 26,1; 35,1; 53,1; 55. Oyendo esas palabras, experimenta la fuerza mistag\u00f3gica de la palabra del Se\u00f1or: \u201csus palabras son obras\u201d, repetir\u00e1 con insistencia. Estaba ella \u201cen gran fatiga\u201d cuando escucha por vez primera el \u201cyo soy\u201d, y \u201csolas estas palabras bastaban para quit\u00e1rmela y quietarme del todo\u201d (V 25,18). Y prosigue: \u201cHeme aqu\u00ed, con solas estas palabras sosegada, con fortaleza, con \u00e1nimo, con seguridad, con una quietud y luz, que en un punto vi mi alma hecha otra, y me parece que con todo el mundo disputara que era Dios. \u00a1Oh qu\u00e9 buen Dios! \u00a1Oh qu\u00e9 buen Se\u00f1or y qu\u00e9 poderoso! No s\u00f3lo da el consejo sino el remedio. Sus palabras son obras\u201d (V 25,18). \u201c\u00bfNo sabes que soy poderoso, de qu\u00e9 temes?\u201d (V 36,16). \u201cYo soy fiel\u201d (R 28,1: palabras que son eco del Apocalipsis 1,5; 19,11). Calan tambi\u00e9n en su experiencia otras palabras: que \u00c9l es \u201cel camino\u201d. Que \u201cnadie va al Padre sino por \u00c9l\u201d. Que \u201cquien lo ve a \u00c9l ve al Padre\u201d (M 2,1,11; 6,7,6). Desde muy joven la ha impactado la escena de Getseman\u00ed, hasta revivirla personalmente, como si ella pudiera enjugar el sudor y sangre de su rostro. Ah\u00ed, la palabra de Jes\u00fas sobre la propia alma: \u201ctriste est\u00e1 mi \u00e1nima hasta la muerte\u201d (Conc 3,11).<\/p>\n<p>A Jes\u00fas le dice el Padre palabras de amor: \u201cque en \u00e9l tiene su complacencia\u201d (E 7,1). Y que a su vez Jes\u00fas le habla como hijo, y nos ense\u00f1a a llamarlo \u201cPadre\u201d como \u00e9l lo hace, inici\u00e1ndonos en su sentido filial (C 27,1). Pero a T la sorprende especialmente el misterio de la relaci\u00f3n de Jes\u00fas con el Padre, especialmente en lo que se refiere a la humillaci\u00f3n de aqu\u00e9l en la Pasi\u00f3n y en la Eucarist\u00eda. M\u00e1s de una vez se atrever\u00e1 a interrogar al Padre: \u201cMas Vos, Padre Eterno, \u00bfc\u00f3mo lo consentisteis?&#8230; \u00bfC\u00f3mo puede vuestra Piedad cada d\u00eda, cada d\u00eda, verle hacer injurias?\u201d (C 33,3; 34,3; 3, 8).<\/p>\n<p>b) Entre los gestos de Jes\u00fas referidos por los evangelistas y asumidos por ella, no es f\u00e1cil elegir los m\u00e1s representativos. Podr\u00edan ser: la invitaci\u00f3n de Jes\u00fas \u201cvenid a m\u00ed todos los que trabaj\u00e1is y est\u00e1is cansados, que yo os consolar\u00e9\u201d (E 8), o bien, \u201cvenid a m\u00ed todos los que ten\u00e9is sed, que yo os dar\u00e9 de beber\u201d (E 9). Jes\u00fas que da la paz a pecadores como la Magdalena (M 7,2,7), o que ora por los disc\u00edpulos y le dice al Padre \u201cyo estoy en ellos\u201d (M 7,2,7). O la llamada fundamental de Jes\u00fas a todo seguidor suyo: \u201ctoma tu cruz y s\u00edgueme\u201d (V 15,13). Desde los comienzos de su vida espiritual la hab\u00eda impresionado la afirmaci\u00f3n de Jes\u00fas, \u201cmuchos son los llamados, y pocos los escogidos\u201d (V 3,1). Pero se le grabar\u00e1n de modo especial las palabras evang\u00e9licas que desde lo hondo de su experiencia m\u00edstica, percibe repetidas por Jes\u00fas para ella: entre todas, el eco de la par\u00e1bola del Buen Pastor \u201cnon rapiet eas quisquam de manu mea\u201d (Jn 10,28), que ella escucha as\u00ed: \u201cNo hayas miedo, hija, que nadie sea parte para apartarte de m\u00ed\u201d (R 35). Seguidas de cerca por la otra consigna: \u201c&#8230;me dijo que trajese mucho en la memoria las palabras que el Se\u00f1or dijo a sus ap\u00f3stoles, que no hab\u00eda de ser m\u00e1s el siervo que el Se\u00f1or\u201d (R 36). En los \u00faltimos a\u00f1os de su vida, T llevaba en su breviario, y escritas de propia mano en las guardas, las palabras: \u201cdeprended de m\u00ed que soy manso y humilde\u201d (Mt 11,29). Ella sintoniza especialmente con dos mujeres del Evangelio y con el gesto de Jes\u00fas hacia ellas: la petici\u00f3n de la mujer de Samar\u00eda \u201cSe\u00f1or, dame de beber\u201d (Jn 4 ): \u201c\u00a1Oh qu\u00e9 de veces me acuerdo del agua viva que dijo el Se\u00f1or a la Samaritana, y as\u00ed soy muy aficionada a aquel Evangelio\u201d (V 30,19; C 19,2; M 6,11,5). Y el gesto de Mar\u00eda que unge los pies de Jes\u00fas y obtiene la aprobaci\u00f3n del Se\u00f1or (R 21; 32; 42). Igualmente el gesto de Jes\u00fas que devuelve la paz a la mujer pecadora (M 7,2,4). Las reacciones que Jes\u00fas y su palabra poderosa provocan en Pedro: en el Tabor, \u201cSe\u00f1or, hagamos aqu\u00ed tres moradas\u201d (C 31,3; V 15,1), o en el mar, \u201capartaos de m\u00ed, Se\u00f1or, que soy hombre pecador\u201d (V 22,11), o su grito \u201cT\u00fa eres Cristo, hijo de Dios vivo\u201d (R 54).<\/p>\n<p>De toda la historia evang\u00e9lica de Jes\u00fas, los dos momentos de mayor resonancia en el alma y en la pluma de T son la Pasi\u00f3n del Se\u00f1or, y la gloria del Resucitado. Ella misma cuenta que durante m\u00e1s de treinta a\u00f1os ha celebrado una especie de liturgia \u00edntima el Domingo de Ramos para participar en la entrada triunfal de Jes\u00fas en Jerusal\u00e9n (R 26). Igualmente desde joven trata de introducirse ingenua y amorosamente en la escena de Getseman\u00ed (V 9,4). En ocasiones, su empat\u00eda con el Se\u00f1or del Viernes Santo es tal, que le cuesta salir de su desolaci\u00f3n o del \u201ctraspasamiento\u201d del S\u00e1bado Santo, para abandonarse al gozo del Resucitado el d\u00eda de Pascua (R 35). Para ella, el ciclo lit\u00fargico es una plataforma que le posibilita el acercamiento a cada uno de los \u201cpasos\u201d de la historia evang\u00e9lica de Jes\u00fas. La ha iniciado en esa pr\u00e1ctica la lectura de la \u201cVita Christi\u201d del Cartujano Landulfo de Sajonia. Ese libro y la liturgia anual equivalieron para ella a un permanente curso de cristolog\u00eda desde los textos b\u00edblicos. Al fin de su vida, T estaba especialmente informada e \u00edntimamente connaturalizada con la palabra, los gestos y los sentimientos de Jes\u00fas: su di\u00e1logo con el Padre, su conversaci\u00f3n con la gente, especialmente sus relaciones con mujeres privilegiadas de la escena evang\u00e9lica. Con la Virgen Mar\u00eda de la Navidad (Villancicos: Po 11 y ss.; cf R 47), o de \u201cla quinta angustia\u201d (R 58), o del reencuentro con el Resucitado (R 15,6; 36,1). De ah\u00ed que tanto la experiencia cristol\u00f3gica de T como su palabra sobre el misterio de Jes\u00fas revistan cierto color femenino.<\/p>\n<p>2. Desde la religiosidad popular<\/p>\n<p>En tiempo de T, el Jes\u00fas de la piedad popular se situaba a nivel diverso que el Cristo de la teolog\u00eda universitaria. Pero, no menos que \u00e9sta, depend\u00eda del Jes\u00fas del Evangelio a trav\u00e9s de la fe. Y se expresaba en formas diversas: retablos, cruceros de los caminos, im\u00e1genes de Jes\u00fas, fiestas populares, autos sacramentales, canciones y poes\u00edas. Por casi toda esa escala de manifestaciones pas\u00f3 la piedad popular de T. Destacar\u00e9 s\u00f3lo su expresi\u00f3n en im\u00e1genes y poes\u00edas.<\/p>\n<p>a) En la imaginer\u00eda teresiana de Jes\u00fas \u2013im\u00e1genes de su devoci\u00f3n\u2013 hay un cierto equilibrio entre el Jes\u00fas ni\u00f1o de la Navidad y el Jes\u00fas de la Pasi\u00f3n y Resurrecci\u00f3n. Se intercala alguna que otra imagen de la vida p\u00fablica del Se\u00f1or, especialmente la escena del Se\u00f1or dialogando con la mujer de Samar\u00eda. En la casa paterna hab\u00eda un gran cuadro de esa escena. Teresa misma llevaba en su breviario una estampa que se la recordaba: \u201cdesde muy ni\u00f1a lo era (aficionada a ese paso evang\u00e9lico)&#8230; y la ten\u00eda dibujada adonde estaba siempre, con este letrero&#8230;: Domine, da mihi aquam\u201d (V 30,19). Recordemos \u00fanicamente los dos grupos extremos de la imaginer\u00eda cristol\u00f3gica en el mundillo devocional de T:<\/p>\n<p>De Jes\u00fas Ni\u00f1o se conserva en los Carmelos fundados por ella una serie de im\u00e1genes que la tradici\u00f3n sit\u00faa en el tiempo y ambiente de la Madre Fundadora. Los recordamos por los t\u00edtulos con que se los denomina en cada Carmelo. As\u00ed, el \u201cMayorazgo\u201d de San Jos\u00e9 de \u00c1vila. El \u201cNi\u00f1o del Noviciado\u201d, tambi\u00e9n en San Jos\u00e9 de \u00c1vila, ambos en pie y en actitud de bendecir. En Valladolid, \u201cel Peregrinito\u201d, regalo de T a la primera religiosa que profes\u00f3 en ese Carmelo. En Toledo, \u201cel Lloroncito\u201d, triste y bendiciendo. En Segovia, \u201cel Tornerito\u201d, encargado de proteger el torno de ingreso noche y d\u00eda. En Sevilla, \u201cel Quitito\u201d, imagen tra\u00edda de Quito por Teresita en 1575. En Medina del Campo, \u201cel Ni\u00f1o Rey\u201d, con indumentaria regia y en su trono. El \u201cFundador\u201d, de Villanueva de la Jara. Se conserva adem\u00e1s la estampa que la Santa llevaba en su breviario, con Jes\u00fas Ni\u00f1o dormido en el coraz\u00f3n del creyente: actualmente en el Carmelo de Tarazona. En la sala de recreaci\u00f3n de San Jos\u00e9 de \u00c1vila un cuadro al \u00f3leo representa a la Virgen hilandera con su rueca y su rueda devanadora, y al lado el Ni\u00f1o con el ovillo de hilo en las manos, participando as\u00ed en la tarea de las Hermanas durante la recreaci\u00f3n. Aunque incompleta, esta serie documenta bien el estilo de religiosidad popular instalado en los Carmelos teresianos. Por lo general, no son im\u00e1genes del reci\u00e9n nacido, acomodado en la cuna o en el pesebre (como celebran los poemas de la Santa), sino en pie, bendiciendo, a veces con llagas en sus manos (el \u201cMayorazgo\u201d, por ejemplo), fundiendo en uno los dos misterios extremos, de la Encarnaci\u00f3n y de la Pasi\u00f3n y Gloria del Se\u00f1or. Esa asociaci\u00f3n de infancia y cruz de Jes\u00fas es normal en el pensamiento de la Santa. La celebra en el poema \u201choy nos viene a redimir \/ un Zagal nuestro pariente&#8230;\u201d (Po 12). Y con toda naturalidad se la comunica a su hermana Juana en carta escrita a ra\u00edz de las Navidades (13.1.1581): \u201cSea \u00c9l bendito, que no vino al mundo a otra cosa sino a padecer; y como entiendo que quien m\u00e1s lo imitare en esto, guardando sus mandamientos, m\u00e1s gloria tendr\u00e1, esme gran consuelo, aunque me le diera m\u00e1s pasarlos yo y que vuestra merced tuviera el premio\u201d (cta 367,1).<\/p>\n<p>Hay otra serie de im\u00e1genes, de abolengo teresiano, que se centran en el misterio del Jes\u00fas paciente. Basta enumerar las principales, para percibir el tipo de piedad cristol\u00f3gica cultivada por T. Destacan, sobre todo, los dos momentos de la Pasi\u00f3n: el Ecce Homo y el Crucificado. El grupo m\u00e1s expresivo se halla en San Jos\u00e9 \u00c1vila: \u201cel Cristo del Amor\u201d, regalo del Prelado abulense, don \u00c1lvaro; el Se\u00f1or \u201cde los lindos ojos\u201d, en una de las ermitas del huerto; \u201cel Cristo de la mala gente\u201d, estrechamente vinculado al poema 31. Otro grupo de tres peque\u00f1os \u00f3leos de Jes\u00fas paciente en el Carmelo de Toledo. Y varias im\u00e1genes m\u00e1s en los Carmelos de Valladolid y de Burgos: \u00e9ste \u00faltimo presenta a Jes\u00fas Resucitado dando la paz, y es un duplicado de la id\u00e9ntica imagen conservada en el Carmelo de Toledo, relacionada con la muerte de la primera carmelita de la comunidad (F 16.4). M\u00e1s de una vez, la Santa misma colaboraba a la labor pict\u00f3rica del artista, sugiriendo rasgos y gestos. As\u00ed por ejemplo en la imagen del \u201cJes\u00fas de los lindos ojos\u201d que ella hizo pintar por Jer\u00f3nimo D\u00e1vila en la ermita del Santo Cristo (cf BMC 2, 339; y 19,210). M\u00e1s c\u00e9lebre es la imagen de Jes\u00fas que ella ten\u00eda en su breviario. Cuenta su bi\u00f3grafo F. de Ribera: \u201cYo he visto dos peque\u00f1as im\u00e1genes que la Santa tra\u00eda consigo, una del Se\u00f1or resucitado, y otra de nuestra Se\u00f1ora que pint\u00f3 Juan de la Pe\u00f1a, racionero de Salamanca, que despu\u00e9s muri\u00f3 religioso de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas. H\u00edzoselas pintar la Madre conforme a las figuras que en su memoria quedaron impresas de las visiones que tuvo, y estaba ella all\u00ed delante y le dec\u00eda lo que hab\u00eda de hacer, y salieron las im\u00e1genes tales, que aunque la industria de todos los pintores no basta a igualar ni con gran parte la hermosura de lo que en semejantes visiones se ve, nunca creo yo hizo \u00e9l cosa que a \u00e9stas llegase, y especialmente la de nuestra Se\u00f1ora es gracios\u00edsima&#8230; El Cristo est\u00e1 en poder de la Duquesa Do\u00f1a Mar\u00eda de Toledo&#8230;\u201d (p. 88). Al margen de esas l\u00edneas a\u00f1adi\u00f3 Graci\u00e1n una nota en el ejemplar de su uso: \u201cEsta imagen, con otras dos del Padre y Esp\u00edritu Santo que ella tra\u00eda en su breviario&#8230; me dio a m\u00ed la misma Madre, y las tra\u00eda yo en el breviario, hasta que el Duque de Alba don Fernando me pidi\u00f3 la del Cristo&#8230; Parec\u00eda en los ojos a la Ver\u00f3nica que est\u00e1 en Ja\u00e9n\u201d (cf Glanes&#8230;, p. 25).<\/p>\n<p>Entre las im\u00e1genes de Jes\u00fas en la cruz, hubo tambi\u00e9n una que penetr\u00f3 en la experiencia m\u00edstica de T. Es la utilizada por ella para suplantar el gesto grotesco de las \u201chigas\u201d, impuesto por sus confesores para ahuyentar la visi\u00f3n del Resucitado. Lo cuenta ella misma en Vida 29, 6: \u201cD\u00e1bame este dar higas grand\u00edsima pena cuando ve\u00eda esta visi\u00f3n del Se\u00f1or&#8230; Y por no andar tanto santigu\u00e1ndome, tomaba una cruz en la mano. Esto hac\u00eda casi siempre&#8230; Una vez, teniendo yo la cruz en la mano, que la tra\u00eda en un rosario, me la tom\u00f3 con la suya, y cuando me la torn\u00f3 a dar, era de cuatro piedras grandes, muy m\u00e1s preciosas que diamantes, sin comparaci\u00f3n&#8230; Ten\u00eda las cinco llagas de muy linda hechura. D\u00edjome que as\u00ed la ver\u00eda de aqu\u00ed adelante, y as\u00ed me acaec\u00eda, que no ve\u00eda la madera de que era, sino estas piedras. Mas no lo ve\u00eda nadie sino yo\u201d. (Tambi\u00e9n Ribera conoce personalmente esa cruz de la Santa y algo de su historia posterior: cf \u201cLa Vida de la Madre Teresa&#8230;\u201d, Salamanca 1590, p. 87.)<\/p>\n<p>Lo importante en esta secuencia de datos dispersos es el hecho de la piedad cristol\u00f3gica de Teresa, hasta el punto de que el \u201cretrato\u201d de Jes\u00fas penetre en la historia \u00edntima de ella. El \u201cretrato\u201d es, para ella, una mediaci\u00f3n de la presencia del Se\u00f1or en el misterio de su \u201causencia\u201d (C 34,11). Pero mediaci\u00f3n que se extiende desde las modestas expresiones de la piedad popular, hasta las capas hondas de su experiencia cristol\u00f3gica.<\/p>\n<p>b) Tambi\u00e9n el poemario de Teresa conecta con la religiosidad popular. Ella no compuso autos sacramentales. A lo sumo organiz\u00f3 peque\u00f1os ensayos de teatrillo popular dentro de sus Carmelos. Fil\u00f3n art\u00edstico que explotar\u00e1n luego sus disc\u00edpulas, especialmente Cecilia del Nacimiento y sucesivamente su comunidad de Valladolid. Los poemas cristol\u00f3gicos de la Santa celebran casi por igual los dos misterios extremos de la vida de Jes\u00fas: su nacimiento y su cruz. En clave l\u00edrica, a\u00f1adir\u00e1 otros poemas que celebren al Jes\u00fas resucitado, viviente en ella como en San Pablo.<\/p>\n<p>Los villancicos que celebran la Navidad de Jes\u00fas son seis. Su n\u00facleo tem\u00e1tico podr\u00eda resumirse en el estribillo que abre el poema primero: \u201cnos viene a redimir\u201d, \u201ces nuestro pariente\u201d, pero \u201ces Dios omnipotente\u201d. Es eso lo que se celebra \u201choy\u201d. Pese a la levedad festiva y popular de esos villancicos, una y otra vez se detienen at\u00f3nitos ante el misterio de la k\u00e9nosis de Jes\u00fas: \u201cPues si es Dios, \u00bfc\u00f3mo ha querido \/ estar con tan pobre gente?\u201d Y la respuesta: \u201cD\u00e9jate desas preguntas \/ &#8230; \u00a1pues es Dios omnipotente!\u201d.<\/p>\n<p>Con igual sencillez se acercan al misterio de Jes\u00fas paciente los poemas dedicados a la Cruz. El primero de ellos podr\u00eda ser un remedo del himno triunfal de la liturgia: \u201cVexilla regis prodeunt&#8230;\u201d El \u201cvexillum\u201d (bandera) de Jes\u00fas es la cruz. Su poema comienza con el estribillo: \u201cCruz, descanso sabroso de mi vida \/ vos se\u00e1is la bienvenida\u201d, y en las tres estrofas que siguen, glosa tres aspectos del misterio. La estrofa primera: \u201cOh bandera en cuyo amparo \/ el m\u00e1s flaco ser\u00e1 fuerte&#8230;\u201d; la estrofa 2\u00aa: \u201cQuien no os ama est\u00e1 cautivo\u201d; en la 3\u00aa: \u201cVos fuisteis la libertad\u201d. Es decir, Jes\u00fas crucificado es bandera y fortaleza; amarlo es prenda de libertad. Argumento que ser\u00e1 desarrollado en los tres poemas siguientes: \u201cEn la Cruz est\u00e1 la vida\u201d (Po 19); \u201cAbracemos bien la cruz&#8230;\u201d (Po 20); \u201cSi el padecer con amor \/ puede dar tan gran deleite, \/ \u00a1qu\u00e9 gozo nos dar\u00e1 el verte!\u201d (Po 21, dedicado al ap\u00f3stol amador de la cruz, san Andr\u00e9s).<\/p>\n<p>Pero sin duda los poemas m\u00e1s representativos del misterio de Jes\u00fas en la vida y experiencia de Teresa son los dedicados a la presencia de \u00e9l en el cristiano. Como era natural, en la \u00f3ptica de Teresa esa presencia es celebrada desde la experiencia m\u00edstica. Y tiene su inspiraci\u00f3n fontal en la experiencia cristol\u00f3gica de san Pablo. Los dos primeros poemas (Po 1 y 2) son glosa y empat\u00eda con el Ap\u00f3stol. El primero, \u201cVivo sin vivir en m\u00ed\u201d, aun empalmando con una canci\u00f3n popular, glosa el texto paulino \u201cvivo ego, iam non ego, vivit vero in me Christus\u201d (Gal 2, 20), a la par que la vivencia de Teresa misma, que \u201cpodr\u00eda decir lo que san Pablo&#8230;, que no vivo yo ya, sino que Vos, Criador m\u00edo viv\u00eds en m\u00ed&#8230;\u201d (V 6,9). \u201cMe acuerdo infinitas veces de lo que dice san Pablo&#8230;, que ni me parece vivo yo&#8230;\u201d (R 3,10). Ser\u00eda \u00e9se el doble motivo, b\u00edblico y experiencial, que inspir\u00f3 la composici\u00f3n del duplicado po\u00e9tico de T y de fray Juan de la Cruz sobre el mismo tema.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n el poema segundo \u201cVuestra soy para Vos nac\u00ed \/ \u00bfqu\u00e9 mand\u00e1is hacer de m\u00ed?\u201d parece ser eco directo de la respuesta de Saulo al resucitado: \u201cSe\u00f1or, \u00bfqu\u00e9 quer\u00e9is que haga?\u201d (He 9,6), deliciosamente glosado por T. Es su poema m\u00e1s extenso. Los restantes poemas cristol\u00f3gicos celebran el amor (\u201cYa toda me entregu\u00e9 y di\u201d) o la hermosura de Jes\u00fas (\u201cOh hermosura que exced\u00e9is&#8230;\u201d). Veremos m\u00e1s adelante que \u201cla hermosura del Resucitado\u201d es tema fuerte de la experiencia m\u00edstica de T.<\/p>\n<p>3. La experiencia del misterio de Jes\u00fas<\/p>\n<p>Hemos notado antes hasta qu\u00e9 punto impactan a T los encuentros de Jes\u00fas con determinados personajes evang\u00e9licos. Especialmente los referidos en el Evangelio de Juan. Su di\u00e1logo con la Samaritana, o con las hermanas de Betania, con el paral\u00edtico o con el ciego de nacimiento, con la mujer que unge sus pies o con el ap\u00f3stol Pedro. O con Pablo en el camino de Damasco (M 6,9,10; 7,1,5).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n ella vivi\u00f3 el momento m\u00e1s decisivo de su vida en un \u201cencuentro\u201d con el Resucitado. Lo refiri\u00f3 en el punto culminante de su relato autobiogr\u00e1fico (V 27). Desde ese punto cimero es f\u00e1cil otear las experiencias cristol\u00f3gicas que lo preceden y, del otro lado, las que siguen. B\u00fasqueda y seguimiento, las primeras. Presencia y uni\u00f3n, las segundas.<\/p>\n<p>El tiempo de b\u00fasqueda comienza con ciertas carencias, al menos aparentes, en la formaci\u00f3n religiosa de T. Los rasgos de su infancia y juventud dir\u00edase que son teologales y marianos. Poco cristol\u00f3gicos. En el relato de Vida la primera menci\u00f3n de Jes\u00fas aparece s\u00f3lo cuando ella, joven y enferma, afronta el problema de su vocaci\u00f3n y comienza a entrenarse en la oraci\u00f3n de recogimiento (V 3,6; y 4,7). Es cierto que en la peque\u00f1a biblioteca paterna estaba fichado, entre otros, un \u201cRetablo de la Vida de Cristo\u201d. Pero Teresa no alude a \u00e9l. La lectura del Tercer Abecedario de Francisco de Osuna, que introduce a Teresa formalmente en la b\u00fasqueda del Jes\u00fas evang\u00e9lico, sucede probablemente cuando ya ella contaba los 22 a\u00f1os y era monja profesa (V 4,7-8). Sin embargo, quiz\u00e1s ese retraso de lo cristol\u00f3gico es s\u00f3lo aparente. En el umbral de su juventud a T la ha impresionado una palabra de Jes\u00fas que le llega desde un contexto envolvente: \u201cMuchos son los llamados y pocos los escogidos\u201d (V 3,1), palabra que hab\u00eda determinado la vocaci\u00f3n religiosa de su maestra D.\u00aa Mar\u00eda de Brice\u00f1o y que pasa a ser factor germinal de la propia vocaci\u00f3n. Cuando, a\u00f1os despu\u00e9s, Teresa emita los votos religiosos, vivir\u00e1 su profesi\u00f3n como acontecimiento esponsal entre ella y Cristo, o al menos as\u00ed la recuerda: \u201cCuando me acuerdo de la manera de mi profesi\u00f3n y la gran determinaci\u00f3n y contento con que la hice, y el desposorio que hice con Vos&#8230;\u201d (V 4,3).<\/p>\n<p>Ese acontecimiento y la pr\u00e1ctica de la oraci\u00f3n de recogimiento son el punto de arranque de la b\u00fasqueda afanosa de Cristo en el propio interior: \u201cProcuraba lo m\u00e1s que pod\u00eda traer a Jesucristo, nuestro bien y Se\u00f1or, dentro de m\u00ed presente, y \u00e9sta era mi manera de oraci\u00f3n\u201d (V 4,7). Con gran realismo: \u201cSi pensaba en un paso (de la Pasi\u00f3n), le representaba en lo interior\u201d, si bien \u201clo m\u00e1s gastaba en leer buenos libros, que era toda mi recreaci\u00f3n\u201d (ib). Es probablemente el momento en que T tiene la fortuna de adentrarse en la lectura de los vol\u00famenes que conten\u00edan la \u201cVita Christi cartuxano\u201d, que ponen a su alcance todo un arsenal de pasajes b\u00edblicos relativos a Jes\u00fas, su vida, su palabra, su misterio&#8230;<\/p>\n<p>Terminado su per\u00edodo de enfermer\u00eda, atraviesa ella una larga jornada de abajamiento espiritual y de afectividad dispersiva. Pero a\u00fan en ese per\u00edodo de baja, emergen episodios cristol\u00f3gicos, como la contemplaci\u00f3n pasajera del rostro de Jes\u00fas, que la conmueve (V 7,6), el recuerdo de Jes\u00fas paciente con que ella se asocia a la enfermedad de su padre don Alonso (V 7,16), y sobre todo la constante referencia a ciertos episodios evang\u00e9licos: el recuerdo cotidiano de Jes\u00fas en Getseman\u00ed, a\u00f1os y a\u00f1os, \u201ca\u00fan desde que no era monja\u201d. \u201cEn especial me hallaba muy bien en la oraci\u00f3n del Huerto. All\u00ed era mi acompa\u00f1arle&#8230; Muchos a\u00f1os, las m\u00e1s noches, antes que me durmiese&#8230; siempre pensaba un poco en este paso de la oraci\u00f3n del Huerto\u201d (V 9,4). Igual persistencia en su relaci\u00f3n personal con \u00c9l cada Domingo de Ramos, durante \u201cm\u00e1s de treinta a\u00f1os\u201d (R 26,1). Hasta que lleg\u00f3 por fin un episodio insignificante pero decisivo: el encuentro ocasional con una imagen de \u201cCristo muy llagado\u201d pone en marcha su proceso de conversi\u00f3n. Lo describe ella en Vida 9,1. El encuentro con la imagen equivale a un encuentro con la persona de su Se\u00f1or. El quinquenio que sigue a ese episodio la hace pasar del Jes\u00fas de la Pasi\u00f3n al Jes\u00fas resucitado. Pero en grado intensivo: pasa de la representaci\u00f3n del Jes\u00fas paciente a la presencia del Jes\u00fas glorioso. En lugar de represent\u00e1rselo ella, interior o exteriormente, ser\u00e1 \u00c9l mismo quien se le haga presente en forma misteriosa absolutamente imprevisible.<\/p>\n<p>Los momentos m\u00e1s incisivos de ese proceso ser\u00e1n dos: el primer \u00e9xtasis de T (V 24), y el anuncio del inminente encuentro con el Resucitado (c 26). El primer \u00e9xtasis de T inicia su definitiva orientaci\u00f3n profunda a Cristo Se\u00f1or. Mientras ella se bate por liberarse de la mara\u00f1a de afectos dispersivos que le desangran el coraz\u00f3n, una sola palabra de Jes\u00fas le llega a lo profundo, la hace salir de s\u00ed (\u201cprimer arrobamiento\u201d, dir\u00e1 ella), la libera de la esclavitud afectiva y la centra definitivamente en \u00e9l. La palabra escuchada por T fue: \u201cYa no quiero que tengas conversaci\u00f3n con hombres sino con \u00e1ngeles\u201d (V 24,5). \u201cEsto se ha cumplido bien\u201d, subraya ella. \u201cEn un punto me dio la libertad que yo, con todas cuantas diligencias hab\u00eda hecho muchos a\u00f1os&#8230;, no pude alcanzar conmigo\u201d (V 24,8).<\/p>\n<p>El otro episodio se sit\u00faa en otra de las aficiones de T, su amor a los libros que le suministran el pan de la cultura espiritual. De improviso, sobreviene la promulgaci\u00f3n del Indice de libros prohibidos (por F. de Vald\u00e9s, agosto de 1559), que vac\u00eda en gran parte el anaquel de libros de la celda de T. Ella lo \u201csinti\u00f3 mucho\u201d. \u201cMe dijo el Se\u00f1or: \u2018no tengas pena, que yo te dar\u00e9 libro vivo\u2019. Yo no pod\u00eda entender por qu\u00e9 se me hab\u00eda dicho esto&#8230; Despu\u00e9s, desde a bien pocos d\u00edas, lo entend\u00ed muy bien, porque he tenido tanto en qu\u00e9 pensar&#8230; Su Majestad ha sido el libro verdadero adonde he visto las verdades\u201d (V 26, 5). El \u201clibro vivo\u201d que se le anunciaba ser\u00e1 para ella de sorpresa total. Como a Pablo en el camino de Damasco, tambi\u00e9n a ella se le aparece el Se\u00f1or Jes\u00fas, resucitado y glorioso. Ser\u00e1 \u00e9se el libro en que \u201cver\u00e1\u201d las verdades.<\/p>\n<p>El per\u00edodo segundo: 22 a\u00f1os de experiencia y uni\u00f3n a \u00c9l<\/p>\n<p>El acontecimiento decisivo, del encuentro con Jes\u00fas presente en la propia vida, lo referir\u00e1 T desconcertada y en pugna con el vocabulario. Lo har\u00e1 en dos relatos sobrepuestos: \u201cMe acaeci\u00f3 esto: estando un d\u00eda del ap\u00f3stol san Pedro en oraci\u00f3n, vi cabe m\u00ed o sent\u00ed, por mejor decir \u2013que con los ojos del cuerpo ni del alma no vi nada\u2013, mas parec\u00edame que estaba junto cabe m\u00ed Cristo, y ve\u00eda ser \u00e9l el que me hablaba, a mi parecer&#8230; Diome gran temor al principio&#8230;, aunque en dici\u00e9ndome una palabra sola de asegurarme, quedaba como sol\u00eda, quieta y sin ning\u00fan temor\u201d (V 27,2).<\/p>\n<p>El segundo dato relevante se refiere a la prolongaci\u00f3n y estabilizaci\u00f3n de esa experiencia: \u201cParec\u00edame andar siempre a mi lado Jesucristo y, como no era visi\u00f3n imaginaria, no ve\u00eda en qu\u00e9 forma; mas estar siempre al lado derecho sent\u00edalo muy claro, y que era testigo de todo lo que yo hac\u00eda, y que ninguna vez que me recogiese un poco o no estuviese muy divertida, pod\u00eda ignorar que estaba cabe m\u00ed\u201d (V 27,2).<\/p>\n<p>En adelante ir\u00e1 de sorpresa en sorpresa. A partir de esa cristofan\u00eda inicial, su relaci\u00f3n con Cristo se desplegar\u00e1 en planos m\u00faltiples. Ante todo, el de la fe: ella \u201cconocer\u00e1\u201d de manera inefable la majestad del Se\u00f1or. En el plano del amor: es ahora cuando crecer\u00e1 en ella un amor profundo, sin saber qui\u00e9n se lo infunde: \u201ccrec\u00eda en m\u00ed un amor tan grande de Dios, que no sab\u00eda qui\u00e9n me le pon\u00eda, porque era muy sobrenatural&#8230;\u201d (V 29,8). En el plano est\u00e9tico: s\u00f3lo ahora descubre ella la hermosura de \u00c9l, que la deja at\u00f3nita: \u201cde ver a Cristo, me qued\u00f3 imprimida su grand\u00edsima hermosura, y la tengo [imprimida] hoy d\u00eda&#8230;\u201d (V 37,4). En el plano de la acci\u00f3n: el Se\u00f1or no s\u00f3lo es testigo permanente de cuanto ella hace, sino que \u00e9l es el autor de la misi\u00f3n que T deber\u00e1 desempe\u00f1ar en la Iglesia (V 32,11). Y, por fin, en el plano de la vida misma: ella, como san Pablo o como Francisco de As\u00eds, sentir\u00e1 la necesidad de dejarse configurar con el Crucificado, para ser, como \u00e9l, esclava de todos (M 7,4,8). Los jalones postreros y culminantes de su experiencia cristol\u00f3gica los fijar\u00e1 ella en las Relaciones (15, 25, 26&#8230;) y en la gracia que la introduce en las s\u00e9ptimas moradas: entrega, en arras, del simb\u00f3lico clavo del Crucificado, y ratificaci\u00f3n con las palabras \u201cnadie ser\u00e1 parte para quitarte de m\u00ed\u201d, eco de la palabra evang\u00e9lica del Buen Pastor: \u201cnadie las arrebatar\u00e1 de mi mano\u201d (M 7,2,1; y R 35,1).<\/p>\n<p>Esa secuencia de aspectos y episodios cristof\u00e1nicos no dificulta sino facilita la comprensi\u00f3n del hecho salv\u00edfico vivido por ella. Cristo es el umbral de ingreso en la experiencia m\u00edstica de Teresa (V 10,1). El Jesucristo de las sucesivas experiencias es el Jes\u00fas de la historia evang\u00e9lica; luego, el Jes\u00fas resucitado y glorioso; y por fin, el Jes\u00fas presente en la Iglesia y en la Eucarist\u00eda. La relaci\u00f3n de T con \u00e9l se configura como experiencia de amor recibido y correspondido. De ah\u00ed su relaci\u00f3n esponsal. Y por fin, la tensi\u00f3n escatol\u00f3gica: como Pablo, tambi\u00e9n ella se entrega con neto realismo al servicio de los hermanos en la tierra (\u201cdiakon\u00eda\u201d), en espera de la definitiva \u201cparus\u00eda\u201d del Se\u00f1or en los cielos: \u201c&#8230;queda el deseo de vivir \u2013si El quiere\u2013 para servirle m\u00e1s; y si pudiese ser parte que siquiera un alma le amase m\u00e1s y alabase por mi intercesi\u00f3n, aunque fuese por poco tiempo, le parece que importa m\u00e1s que estar en la gloria\u201d (R 6,9: \u00faltimo texto de T, un a\u00f1o antes de su muerte).<\/p>\n<p>4.\u00a0El misterio de Jesucristo, Se\u00f1or y Esposo<\/p>\n<p>Para T como para todo cristiano, Jes\u00fas es el Cristo de la fe. Revelado en la Palabra, en la Eucarist\u00eda, en los hermanos. En los pobres, en los sacerdotes, en los consagrados, en los santos de la Iglesia y en la Iglesia de los Santos. Dentro del espacio, oscuro y luminoso, de la fe, a ella Jes\u00fas se le ha manifestado ulteriormente y sobre todo en la experiencia m\u00edstica. Recordemos que en su caso la experiencia m\u00edstica se caracteriza por la desvelaci\u00f3n de los contenidos del misterio cristiano. Toda esa experiencia suya es cristof\u00e1nica: le ha iluminado el rostro de Jes\u00fas. La belleza de su Humanidad. El misterio de su divinidad. La prolongaci\u00f3n de su presencia salv\u00edfica entre nosotros. La misteriosa re-presentaci\u00f3n de sus misterios y de su jornada hist\u00f3rica en la sacramentalidad de la liturgia. En la experiencia cr\u00edstica de T se suceden y superponen tres estadios: cristopat\u00eda, su \u201cpassio Christi\u201d; cristolog\u00eda, su palabra sobre el misterio del Se\u00f1or; y cristonom\u00eda, Jes\u00fas como \u201cdechado\u201d, norma de vida y centro de atracci\u00f3n y seguimiento. \u2013 De momento, nos interesa el fil\u00f3n segundo: los aspectos que ella ha destacado en el misterio inagotable de Jes\u00fas. Enumeraremos \u00fanicamente los m\u00e1s representativos.<\/p>\n<p>a) Ante todo, la humillaci\u00f3n (abajamiento, kenosis) de Jes\u00fas, que comienza en la Encarnaci\u00f3n (T es monja de la Encarnaci\u00f3n) y culmina en la pasi\u00f3n y muerte. Inclusi\u00f3n de lo divino en lo humano. Ella admira profundamente su pobreza: \u201cno tuvo casa, sino el portal de Bel\u00e9n adonde naci\u00f3, y la cruz adonde muri\u00f3\u201d (C 2,9). Son los dos momentos extremos de su abajamiento. El colmo de la kenosis de Jes\u00fas lo ve ella en la Eucarist\u00eda, en la que \u201caqu\u00ed y ahora\u201d el Se\u00f1or de la gloria \u201cse disfraza\u201d de pan y vino, para \u201cestar tratable\u201d. En caso de \u201cverle glorificado&#8230;, no habr\u00eda sujeto que lo sufriese de nuestro flaco natural, ni habr\u00eda mundo ni qui\u00e9n quisiese parar en \u00e9l, porque en ver esta verdad eterna se ver\u00eda ser mentira y burla todas las cosas de que ac\u00e1 hacemos caso\u201d (C 34,9).<\/p>\n<p>b) Jes\u00fas es la Majestad, el Se\u00f1or de la trascendencia. \u201cVuestra Majestad\u201d o \u201cSu Majestad\u201d son los t\u00edtulos de tratamiento e interlocuci\u00f3n empleados por T Para ella, como para san Pablo, Jes\u00fas es \u201cel Se\u00f1or\u201d. En el abajamiento de su humildad reside la majestad de la divinidad: \u201cdivino y humano junto\u201d (M 6,7,9). Generalmente cuando lo titula rey o emperador, lo hace uniendo admiraci\u00f3n y ternura: \u201cRey m\u00edo, mi Emperador\u201d, \u201cSe\u00f1or m\u00edo\u201d, \u201ces imposible dejar de ver que sois gran emperador en Vos mismo\u201d, \u201coh rey de la gloria y se\u00f1or de todos los reyes\u201d (V 37,6). \u201cOh Rey de la gloria, Se\u00f1or de los se\u00f1ores, Emperador de los emperadores, Santo de los santos, Poder sobre todos los poderes, Saber sobre todos los saberes, la misma santidad; sois, Se\u00f1or, la misma Sabidur\u00eda, la misma Verdad, la misma Riqueza, no dejar\u00e9is para siempre de reinar&#8230;\u201d (CE 37,6 = C 22,6). \u201cCuando en el Credo se dice \u2018vuestro reino no tiene fin\u2019, casi siempre me es particular regalo\u201d (C 22,1).<\/p>\n<p>c) Jes\u00fas es la Hermosura absoluta. T, que tiene especial sensibilidad para la belleza humana, le dedica su poema: \u201cOh Hermosura que exced\u00e9is \/ a todas las hermosuras&#8230;\u201d (Po 6), para cantar el fulgor est\u00e9tico de la belleza de Jes\u00fas glorioso, tal como ella lo percibe o tal como ella lo ha visto: \u201cDe ver a Cristo, me qued\u00f3 imprimida su grand\u00edsima hermosura, y la tengo [imprimida] hoy d\u00eda, porque para esto bastaba [verlo] sola una vez, cu\u00e1nto m\u00e1s tantas como el Se\u00f1or me hace esta merced\u201d (V 37,4). Recomendar\u00e1 a las lectoras del Camino: \u201cMiradlo resucitado, que s\u00f3lo imaginar c\u00f3mo sali\u00f3 del sepulcro os alegrar\u00e1. \u00a1Con qu\u00e9 majestad, qu\u00e9 victorioso, qu\u00e9 alegre!&#8230;\u201d (26,4). \u201cLos ojos en El\u201d, \u201clos ojos en vuestro Esposo\u201d, \u201cpongamos los ojos en Su Majestad\u201d&#8230;, es consigna que repetir\u00e1 insistentemente (V 35,14; 37,4; 39,12; C 2,1; M 1,2,11; 7,4,8).<\/p>\n<p>d) Maestro y dechado. \u201cOh Se\u00f1or, Se\u00f1or. \u00bfSois Vos nuestro dechado y maestro? \u2013 S\u00ed, por cierto\u201d (C 36,5). La absoluta ejemplaridad de Jes\u00fas, en el l\u00e9xico teresiano se expresa en el t\u00e9rmino realista y un tanto femenino de \u201cdechado\u201d (V 22,7; M 6,7,13: cf V 14,8; 15,13&#8230;). El \u201cTesoro de la Lengua\u201d de Covarrubias lo defin\u00eda: \u201cDechado: el exemplar de donde la labrandera saca alguna labor&#8230;: exemplar y dechado vienen a significar una misma cosa\u201d. Una a una las virtudes de la asc\u00e9tica teresiana tienen siempre su punto de referencia en Jes\u00fas: la humildad, la pobreza, el silencio, la bondad y paciencia ante las injurias&#8230; en \u00faltima instancia tienen su raz\u00f3n de ser en Cristo. En las guardas internas de su breviario personal, T hab\u00eda escrito la consigna: \u201cdeprended de m\u00ed, que soy manso y humilde\u201d. Tanto en el esfuerzo asc\u00e9tico, como en el proceso m\u00edstico, lo fundamental es la \u201cconfiguraci\u00f3n\u201d a Cristo: \u201cser esclavos de los otros como El lo fue\u201d (M 7,4,8). La \u201cuni\u00f3n\u201d, como t\u00e9rmino del camino espiritual del cristiano, es puro reflejo de la uni\u00f3n de \u201cdivino y humano junto\u201d realizada en Jes\u00fas. \u2013 Ejemplar y maestro. Teresa tiene alta estima de cada palabra evang\u00e9lica de Jes\u00fas. Retener la consigna \u201cdeprended de m\u00ed\u201d, es acogerse a su magisterio absoluto. \u201cEl fue siempre mi maestro\u201d (V 12,6). En lo que ella escribe, \u201cmuchas cosas no son de mi cabeza, sino que me las dice este mi Maestro celestial\u201d (V 39,8). \u201cSus palabras son obra\u201d (25,18). \u201c&#8230;\u00a1la suavidad con que habla aquellas palabras por aquella hermos\u00edsima y divina boca!\u201d (29,2). \u201cNo hay saber ni manera de regalo que yo estime en nada, en comparaci\u00f3n del que es o\u00edr sola una palabra dicha de aquella divina boca&#8230;\u201d (37,4). De ah\u00ed su consigna pedag\u00f3gica: \u201cacostumbrarse a trabajar y andar cabe este verdadero Maestro\u201d (C 26,2; cf 25,1-2).<\/p>\n<p>e) Cristo Esposo. \u201cCristo del amor\u201d, es sin duda la faceta m\u00e1s destacada por T en el misterio de Jes\u00fas. Reiteradamente se hace eco del lema de san Pablo: \u201cnos am\u00f3, hasta dar la vida\u201d. Eco tambi\u00e9n del simb\u00f3lico \u201cesposo\u201d de los Cantares. Antes que \u201cesposo\u201d, Jes\u00fas es \u201camigo\u201d, que ama y solicita amor, que \u201camor saca amor\u201d (V 24,14). Es \u201camigo de amigos\u201d (C 35,2), \u201camigo verdadero\u201d (V 22,6; 25,17; R 3,1). \u201cQu\u00e9 buen amigo hac\u00e9is, Se\u00f1or m\u00edo\u201d (V 8,6). \u201cFiad de su bondad, que nunca falt\u00f3 a sus amigos\u201d (V 11,12)&#8230; \u2013 A nivel m\u00e1s profundo, T ve en Jes\u00fas la suma expresi\u00f3n del amor esponsal. Afirm\u00e1ndolo, no cae en el t\u00f3pico. Se llena de estupor al caer en la cuenta de que Jes\u00fas se desposa con las almas. La relaci\u00f3n esponsal con Cristo ser\u00e1 de hecho el par\u00e1metro supremo de la vida espiritual del cristiano. Para definir la santidad en las s\u00e9ptimas moradas del Castillo, T no insistir\u00e1 tanto en la categor\u00eda \u201cperfecci\u00f3n\u201d (\u201csed perfectos&#8230;\u201d: M 5,3,7), cuanto en el hecho de amor pleno y rec\u00edproco entre Cristo y el alma (M 7,3-3). Lo celebrar\u00e1 en el m\u00e1s atrevido de sus poemas: \u201cSi el amor que me ten\u00e9is, Dios m\u00edo, es como el que os tengo&#8230;\u201d (Po 4), y el mismo motivo reaparecer\u00e1 en los poemas que celebran la profesi\u00f3n religiosa como un hecho de amor: \u201cOh qu\u00e9 bien tan sin segundo, \/ oh casamiento sagrado, \/ que el Rey de la Majestad \/ haya sido el desposado!\u201d (Po 28; y cf Po 25 y 27; o el requiebro de V 37,8).<\/p>\n<p>5. El problema de la Humanidad de Cristo<\/p>\n<p>El problema de la presencia de la Humanidad de Cristo en los altos grados de la vida cristiana (o de la contemplaci\u00f3n m\u00edstica) se le plante\u00f3 a T, primero a nivel de praxis y de vida; luego, en t\u00e9rminos estrictamente teol\u00f3gicos. Expresamente lo afront\u00f3 ella dos veces: en su primer libro, cap. 22 de Vida, cuando contaba cincuenta a\u00f1os. Y en su postrer libro, Moradas sextas, c. 7, cuando hab\u00eda llegado a los 62 de edad.<\/p>\n<p>A ella se lo han planteado en t\u00e9rminos negativos tanto los te\u00f3logos que la aconsejan, como los libros en que \u00e9stos se apoyan y que tambi\u00e9n parecen haber sido le\u00eddos por Teresa. A tenor de lo testificado por \u00e9sta, el grave problema se planteaba m\u00e1s o menos en los siguientes t\u00e9rminos: en los altos grados de la contemplaci\u00f3n, o de la experiencia m\u00edstica, el contemplativo llega a ser \u201cespiritual perfecto\u201d, trasciende todo lo corp\u00f3reo, y entre lo corp\u00f3reo trasciende tambi\u00e9n la Humanidad de Jes\u00fas. Deber\u00e1 dejarla de lado. Porque limitar\u00eda o estorbar\u00eda la contemplaci\u00f3n de la divinidad a la que es convocado. Era \u00e9sa una interpretaci\u00f3n unilateralmente espiritualista de la plenitud cristiana. Seg\u00fan Teresa, doctrinalmente se apoyaba esa teor\u00eda en la palabra de Jes\u00fas en Jn 16,7: \u201cos conviene que yo me vaya, pues si no me voy no vendr\u00e1 sobre vosotros el Par\u00e1clito\u201d. Sin duda, en ese mismo sentido hab\u00eda sido glosado el texto joanneo por algunos Padres de la Iglesia, y m\u00e1s recientemente por autores espirituales espa\u00f1oles del siglo de T, a pesar del neto cristocentrismo de todos ellos.<\/p>\n<p>Al problema as\u00ed planteado, T lo responde, primero en el plano pr\u00e1ctico, narrando su propia experiencia. Luego, con razones estrictamente teol\u00f3gicas a nivel doctrinal.<\/p>\n<p>En el plano pr\u00e1ctico, tambi\u00e9n ella fue v\u00edctima de esa doctrina. Apenas iniciada en cierta experiencia contemplativa y m\u00edstica, se propuso dejar de lado el recurso a la Humanidad de Cristo. Pero el intento le dur\u00f3 breve tiempo. Porque r\u00e1pidamente se le produjo una fuerte sensaci\u00f3n de vac\u00edo y desamparo. Y no s\u00f3lo regres\u00f3 con ardor a su precedente apoyo en el Jes\u00fas del Evangelio. Sino que comprob\u00f3 que por ese conducto de la Humanidad de Jes\u00fas le llegar\u00edan las m\u00e1s altas gracias de su vida m\u00edstica. De suerte que ahora, cuando escribe y recuerda ese episodio, se sonroja o se horroriza de que en alg\u00fan tiempo haya sucumbido a semejante doctrina: \u201c\u00bfde d\u00f3nde me vinieron a m\u00ed todos los bienes, sino de Vos? \u2013 No quiero pensar que en esto tuve culpa, porque me lastimo mucho, que cierto era ignorancia, y as\u00ed quisisteis Vos, por vuestra bondad, remediarla con darme quien me sacase de este yerro y despu\u00e9s con que os viese yo tantas veces&#8230; para que m\u00e1s entendiese cu\u00e1n grande [yerro] era, y que lo dijese a muchas personas que lo he dicho&#8230;\u201d (V 22,4).<\/p>\n<p>A nivel doctrinal, la afirmaci\u00f3n rotunda de T es que \u201ceste Se\u00f1or nuestro es por quien nos vienen todos los bienes&#8230; Mirando su vida, es el mejor dechado\u201d (V 22,7); \u201c&#8230;en veros cabe m\u00ed, he visto todos los bienes\u201d n. 6; \u201cbien de todos los bienes\u201d, 21,5; \u201ctan grandes bienes como est\u00e1n encerrados en los misterios de nuestro bien, Jesucristo\u201d (M 6,7,12). La Santa hace un largo recorrido de \u201crazones teol\u00f3gicas\u201d en apoyo de su tesis y de su experiencia definitiva: a) Ante todo, se niega a creer que el sentido del texto joanneo (16,7) sea el que le atribuyen&#8230; \u2013 b) Para ella, siguen absolutamente v\u00e1lidas las palabras de Jes\u00fas: \u201cel mismo Se\u00f1or dice que es camino; tambi\u00e9n dice el Se\u00f1or que es luz, y que no puede ninguno ir al Padre sino por \u00e9l, y \u2018quien me ve a m\u00ed ve a mi Padre\u2019. Dir\u00e1n que se dan otros sentidos a estas palabras. Yo no s\u00e9 otros sentidos. Con \u00e9ste que siempre siente mi alma ser verdad, me ha ido muy bien\u201d (M 6,7,6). \u201cHe visto claro que por esta puerta hemos de entrar\u201d (V 22,6). \u2013 c) Proponerse, de intento, dejar de lado la Humanidad de Jes\u00fas es el colmo de la soberbia, mientras todo el edificio espiritual est\u00e1 fundado en humildad (ib 5.11). \u2013 d) T apela al testimonio de los Santos: \u201cmiremos al glorioso san Pablo, que no parece se le ca\u00eda de la boca siempre Jes\u00fas, como quien le ten\u00eda bien en el coraz\u00f3n&#8230;\u201d Y, como \u00e9l, san Francisco, san Bernardo, san Antonio de Padua, santa Catalina de Sena (ib 7). \u2013 e) Por fin un argumento psicol\u00f3gico: \u201cno somos \u00e1ngeles, sino que tenemos cuerpo. Querernos hacer \u00e1ngeles, estando en la tierra, es desatino\u201d (ib 10). Neta toma de posiciones contra toda tentaci\u00f3n \u00c1ngelista o simplemente \u201cespiritualista\u201d en la interpretaci\u00f3n de la vida cristiana. Por ser humanos, necesitamos a Cristo en su Humanidad: \u201ces muy buen amigo Cristo, porque le miramos hombre y v\u00e9mosle con flaquezas y trabajos, y es compa\u00f1\u00eda\u201d (ib). Para eso ha prolongado \u00e9l, misteriosamente, su presencia en la Eucarist\u00eda: \u201cHele aqu\u00ed&#8230; compa\u00f1ero nuestro en el Sant\u00edsimo Sacramento, que no parece fue en su mano apartarse un momento de nosotros\u201d (ib). La pretensi\u00f3n de soslayar su Humanidad Santa, \u00bfno llevar\u00eda a \u201chacer perder la devoci\u00f3n con el Sant\u00edsimo Sacramento\u201d? (M 6,7,14).<\/p>\n<p>Con el andar del tiempo, y sobre la tierra firme de sus propias experiencias cristol\u00f3gicas, T radicalizar\u00e1 esa su posici\u00f3n doctrinal. En la exposici\u00f3n de Vida se hab\u00eda limitado a aconsejar al lector primero de su libro, P. Garc\u00eda de Toledo: \u201cas\u00ed que vuestra merced, hasta que halle quien tenga m\u00e1s experiencia que yo y lo sepa mejor, est\u00e9se en esto. Si son personas que comienzan a gustar de Dios&#8230;, no los crea&#8230;\u201d (V 22,13). En cambio, doce a\u00f1os despu\u00e9s, al redactar las Moradas, T ya no hace concesiones doctrinales a los te\u00f3logos de la oposici\u00f3n. Rechaza de plano la lectura tendenciosa del famoso texto de san Juan (16,7): \u201cYo no puedo sufrirlo\u201d (M 6,7,14). No tendr\u00e1 raz\u00f3n quien diga que \u201cno se detiene en estos misterios [de la Humanidad de Jes\u00fas] y los trae presentes muchas veces, en especial cuando los celebra la Iglesia Cat\u00f3lica, ni es posible que pierda memoria el alma que ha recibido tanto de Dios, de muestras de amor tan preciosas..\u201d (M 6,7,11). Est\u00e1 convencida de que en la alta contemplaci\u00f3n \u201centiende el alma estos misterios por manera m\u00e1s perfecta\u201d (ib). En el contemplativo m\u00edstico \u201ces muy continuo&#8230; andar con Cristo nuestro Se\u00f1or por una manera admirable, adonde divino y humano junto es siempre su compa\u00f1\u00eda\u201d (ib 9).<\/p>\n<p>En la espiritualidad de Teresa, ser\u00e1 de capital importancia esta valoraci\u00f3n absoluta de la Humanidad de Jes\u00fas y de su presencia en todo el proceso de la vida espiritual.<\/p>\n<p>BIBL. \u2013 S. Castro,\u00a0Cristolog\u00eda Teresiana, Madrid, 1978; M. de Goedt, Le Christ de Th\u00e9r\u00e8se de J\u00e9sus, Paris, 1993; T. \u00c1lvarez, Jesucristo en la experiencia de Santa Teresa, en \u00abEstudios Teresianos\u00bb III, Burgos 1996, pp. 11-43.<\/p>\n<p>T. \u00c1lvarez<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para santa Teresa, como para todo cristiano consciente de su fe, Jes\u00fas es el centro orbital de su vida nueva y de toda la propia historia de salvaci\u00f3n. \u00c9l es tambi\u00e9n el centro nuclear de su pensamiento y su magisterio &hellip; <a href=\"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3192\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":""},"categories":[21],"tags":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p2dsrC-Pu","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3192"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3192"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3192\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3193,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3192\/revisions\/3193"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3192"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3192"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3192"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}