{"id":3195,"date":"2015-01-15T10:43:33","date_gmt":"2015-01-15T16:43:33","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3195"},"modified":"2021-01-15T10:49:22","modified_gmt":"2021-01-15T16:49:22","slug":"jose-san","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3195","title":{"rendered":"Jos\u00e9, San"},"content":{"rendered":"<p>La presencia de san Jos\u00e9 en los escritos y en la espiritualidad de santa Teresa comienza en plena juventud con la devoci\u00f3n personal al Santo, en la l\u00ednea de la religiosidad popular. Luego, penetra en la vida y experiencia m\u00edstica de Teresa. Pasa a ser determinante en su misi\u00f3n de fundadora. Y finalmente hace de T un singular ap\u00f3stol del culto al Santo Patriarca en la propia familia religiosa y en la Iglesia de los \u00faltimos siglos.<\/p>\n<p>1. Antecedentes inspiradores<\/p>\n<p>En el renacer de la espiritualidad espa\u00f1ola del per\u00edodo poscisneriano, Teresa ley\u00f3 ciertamente la Subida del Monte Si\u00f3n del franciscano Bernardino de Laredo y, dentro de ese libro, el Breve Tratadito (que) se llama Josephina, 36 p\u00e1ginas cuya portada reza: \u201cA gloria y perpetua alabanza de nuestro altissimo Dios, universal se\u00f1or nuestro: y de su madre suavissima: e a instruci\u00f3n e incitamiento de los que dessean devotamente reverenciar al admirable Patriarca muy glorioso sant Joseph\u201d.<\/p>\n<p>Seg\u00fan el gran especialista de Laredo, P. Fidel de Ros, es \u201cinfinitamente probable que Santa Teresa alimentase en \u00e9l (en el libro de Laredo) su esp\u00edritu y su oraci\u00f3n; y si el piadoso franciscano no le ha descubierto o ense\u00f1ado la devoci\u00f3n a san Jos\u00e9, \u00e9l ha contribuido al menos a aumentar su confianza en el santo y poderoso protector\u201d (F. de Ros, Un inspirateur de Sainte Th\u00e9r\u00e8se: le fr\u00e8re Bernardin de Laredo, Par\u00eds, 1948, p. 179).<\/p>\n<p>Ajustemos fechas: la Josephina de Laredo, publicada por primera vez en 1535 (Sevilla), coincide con el noviciado de Teresa en la Encarnaci\u00f3n (1535-1537). Publicada por segunda vez en 1538 (tambi\u00e9n en Sevilla), coincide con la grave enfermedad de la joven carmelita, que por esas fechas lee con fruto el libro de otro franciscano, el Tercer Abecedario de Francisco de Osuna (cf V 4,7). Es cierto que la menci\u00f3n del libro de Laredo aflorar\u00e1 mucho m\u00e1s tarde, ya en los comienzos de la vida m\u00edstica de la Santa (hacia 1555), en el cap\u00edtulo 23 de Vida. Con todo, fue en aquel clima de enfermedad de sus 23 a 25 a\u00f1os, cuando estall\u00f3 como un clavel revent\u00f3n la devoci\u00f3n de Teresa a San Jos\u00e9.<\/p>\n<p>Si no fue Laredo, bien pudieron inspir\u00e1rsela las p\u00e1ginas de otros libros entra\u00f1ables, como \u201clos Cartujanos\u201d de Landulfo de Sajonia. Otra posible semilla lejana de su devoci\u00f3n a san Jos\u00e9 podr\u00eda situarse en las lecturas infantiles hechas por ella y su hermano Rodrigo (V 1,4). Es sumamente probable que el Flos Sanctorum le\u00eddo por los dos ni\u00f1os fuese el editado en Sevilla por Juan Varela de Salamanca a principios de 1520, que ya desde la portada anunciaba una nov\u00edsima \u201cleyenda\u201d del Santo. En dicha portada se le\u00eda: \u201cLeyenda de los santos&#8230; agora nuevamente empremida&#8230; y aun de las siguientes leyendas augmentada. Conviene a saber: la vida de san Joseph, la de sant Juan de Ortega&#8230;, la hystoria de sancta Anna\u201d. A la vida del Santo le dedicaba los folios 221-222. En todo caso, el humus en que brot\u00f3 esa su devoci\u00f3n fue sin duda la tradici\u00f3n espiritual de su familia carmelita y de su monasterio de la Encarnaci\u00f3n, con los fiorettis y leyendas de los or\u00edgenes de la Orden y con la festividad de san Jos\u00e9, presente en el breviario carmelitano y en el misal de la Orden.<\/p>\n<p>Como es sabido, la festividad del Santo Patriarca se celebra en la Orden del Carmen desde la segunda mitad del siglo XV. Fueron los carmelitas los primeros en componer un oficio lit\u00fargico enteramente propio en la Iglesia latina. As\u00ed por ejemplo, en el introito de la misa del 19 de marzo, el coro de la Encarnaci\u00f3n cantaba: \u201cGaude, sancte Ioseph, pater Ecclesiae: prae cunctis patribus ditatus munere: custos dominicus, sponsus puerperae Mariae providus, et dux castissime, dux esto supplicum in coeli culmine\u201d: Missale Ordinis Carmelitarum&#8230;, Lugduni 1559. Sigue un delicioso texto en el Gradual. Tambi\u00e9n en su breviario (edici\u00f3n de Venecia, 1568) pod\u00eda celebrar T la fiesta del Santo, bajo la advocaci\u00f3n \u201cin festivitate Beatissimi Joseph, nutritii Christi\u201d, con jugosas lecturas y con t\u00edtulos y motivaciones espl\u00e9ndidos: \u201cnutritius tuus\u201d, \u201cesposo de Mar\u00eda tu madre\u201d, en los Evangelios \u201cmagnis laudum praeconiis commendatum\u201d, \u201csecretario celestial del secreto de la Encar\u00adnaci\u00f3n\u201d&#8230; Y con la enumeraci\u00f3n de seis razones teol\u00f3gicas en su honor (cf en este diccionario la voz Breviario: su oficio se halla en el fol. 262r-v).<\/p>\n<p>Con todo, cuando Teresa histor\u00ede el punto de partida de su devoci\u00f3n al Santo, lo presentar\u00e1 como una opci\u00f3n personal y espont\u00e1nea, hecha en la enfermer\u00eda conventual desde lo hondo de su impotencia de enferma paral\u00edtica: \u201ccomenc\u00e9 a hacer devociones de misas&#8230; y tom\u00e9 por abogado y se\u00f1or al glorioso san Jos\u00e9 y encomend\u00e9me mucho a \u00e9l\u201d (V 6,6).<\/p>\n<p>Y aunque ella se atiene a la norma pr\u00e1ctica: \u201cde devociones a bobas nos libre Dios\u201d (V 13,16), no ve inconveniente abundar en ese sector de la piedad popular. En su religiosidad privada cuenta con una especie de iconostasio secreto. Lleva en su breviario una ficha con el nombre de sus santos preferidos, m\u00e1s de treinta. La transcribi\u00f3 el P. Francisco de Ribera en su biograf\u00eda de la Santa (IV, 13, p. 425). Esa \u201clista de aquellos a quien ten\u00eda m\u00e1s particular devoci\u00f3n\u201d comenzaba por \u201cNuestro Padre San Joseph\u201d. \u00c9l, el primero. No figuran en la ficha ni Jes\u00fas ni la Virgen, obviamente situados a nivel m\u00e1s alto.<\/p>\n<p>2. Los hechos decisivos<\/p>\n<p>En la autobiograf\u00eda de Teresa, son tres los momentos incisivos que marcan el brote y el auge de su vinculaci\u00f3n \u00edntima a san Jos\u00e9: a) su curaci\u00f3n de la par\u00e1lisis, a los 26\/27 a\u00f1os (hacia 1542); b) su \u201cconversi\u00f3n\u201d, a los 39 (hacia 1554); y c) la fundaci\u00f3n de su primer Carmelo, a los 47 (en 1562&#8230;).<\/p>\n<p>a) El hecho decisivo parece ser el primero. Tras el regreso de Becedas, donde la famosa curandera la hab\u00eda reducido al total agotamiento f\u00edsico, sobreviene \u2013ya en \u00c1vila\u2013 el terrible paroxismo del 15 de agosto (1539: V 5,9); siguen varios d\u00edas en coma profundo (ib); \u201cm\u00e1s de ocho meses\u201d totalmente tullida, \u201csolos los huesos ten\u00eda\u201d (ib 6,2); y \u201ccasi tres a\u00f1os\u201d de recuperaci\u00f3n lenta en la enfermer\u00eda, de suerte que \u201ccuando comenc\u00e9 a andar a gatas, alababa a Dios\u201d (ib). Fue entonces cuando apel\u00f3 a san Jos\u00e9: \u201cpues como me vi tan tullida y en tan poca edad y cu\u00e1l me hab\u00edan parado los m\u00e9dicos de la tierra, determin\u00e9 acudir a los del cielo para que me sanasen\u201d (ib 6,7). Desde la enfermer\u00eda \u201cprocuraba yo hacer su fiesta (de san Jos\u00e9) con toda solemnidad, m\u00e1s llena de vanidad que de esp\u00edritu, queriendo se hiciese muy curiosamente y bien, aunque con buen intento\u201d (ib).<\/p>\n<p>En definitiva, Teresa qued\u00f3 convencida de que al Santo se debi\u00f3 su total curaci\u00f3n: \u201cEl hizo como quien es en hacer de manera que pudiese levantarme y andar y no estar tullida\u201d (ib 6,8). Esa firme convicci\u00f3n de Teresa, de haber recuperado la salud por obra y gracia \u2013o por puro milagro\u2013 de san Jos\u00e9 se difundi\u00f3 entre las monjas de la Encarnaci\u00f3n y pas\u00f3 a los futuros bi\u00f3grafos (cf Ribera I, 7, p. 65), y oficialmente al \u201cR\u00f3tulo\u201d de su proceso de canonizaci\u00f3n, art\u00edculo 8\u00ba: \u201cItem pone que, por intercesi\u00f3n de san Jos\u00e9, de quien esta virgen fue devot\u00edsima, le concedi\u00f3 Dios salud y se levant\u00f3 de la cama\u201d (BMC 20, p. xiv).<\/p>\n<p>b) En la vida religiosa de Teresa hay un hecho incisivo en que ella supera sus fluctuaciones e indecisiones, reitera su \u201cdeterminada determinaci\u00f3n\u201d y logra hacer total entrega de s\u00ed a Dios. Es lo que se ha llamado su \u201cconversi\u00f3n\u201d. La cuenta ella en el cap\u00edtulo 9 de su autobiograf\u00eda. Ocurre en torno a sus 39 a\u00f1os. Factor decisivo fue su encuentro cara a cara con una imagen \u201cde Cristo muy llagado\u201d. Y sucesivamente la lectura de las Confesiones de san Agust\u00edn.<\/p>\n<p>Pero esa \u201cconversi\u00f3n\u201d Teresa la ve como una especial gracia de lo alto. Y en su \u00e1nimo agradecido la atribuye tanto a la Virgen (\u201cella me ha tornado a s\u00ed\u201d: V 1,77) como a san Jos\u00e9: \u201centend\u00ed que ten\u00eda mucha obligaci\u00f3n de servir a nuestra Se\u00f1ora y a san Jos\u00e9, porque muchas veces, yendo perdida del todo, por sus ruegos me tornaba Dios a dar salud\u201d (R 30). A ello alude en Vida 6,6: \u201c&#8230;este bienaventurado Santo, de los peligros que me ha librado, as\u00ed de cuerpo (par\u00e1lisis), como de alma (conversi\u00f3n)\u201d.<\/p>\n<p>c) Con todo, los hechos m\u00e1s incisivos y decisivos sobrevienen con ocasi\u00f3n de la fundaci\u00f3n del Carmelo de San Jos\u00e9, cuando la vida personal de Teresa adquiere calado m\u00edstico y envergadura de misi\u00f3n eclesial. Ocurre en torno a sus 45\/47 de edad. Teresa ha entrado de lleno en la experiencia m\u00edstica de lo divino. Centro orbital de la nueva forma de vida es Cristo en su Humanidad Santa (c. 27). Desde lo hondo de esa experiencia surge la misi\u00f3n carism\u00e1tica de la Fundadora. Es Cristo mismo quien le intima que funde el primer Carmelo, \u201chaci\u00e9ndome grandes promesas de que no se dejar\u00eda de hacer el monasterio, y que se servir\u00eda mucho en \u00e9l, y que se llamase San Jos\u00e9, y que a la una puerta nos guardar\u00eda \u00e9l (San Jos\u00e9), y nuestra Se\u00f1ora la otra&#8230;\u201d (V 32,11). \u201cEra esta visi\u00f3n con tan grandes efectos, y de tal manera esta habla&#8230; que yo no pod\u00eda dudar\u201d (ib 32, 12).<\/p>\n<p>As\u00ed entraba san Jos\u00e9 no s\u00f3lo en la vivencia m\u00edstica de Teresa, sino en su futura misi\u00f3n eclesial. En una y otra permanecer\u00e1 los veinte a\u00f1os finales de la vida de la Santa, estrechamente vinculado a su experiencia m\u00edstica central, Cristo Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s de esas palabras del Se\u00f1or, las refrendar\u00e1 otra intervenci\u00f3n m\u00edstica de la Virgen. Ocurrir\u00e1 en la m\u00e1s luminosa mariofan\u00eda referida por la Santa. La Virgen y san Jos\u00e9 le imponen una vestidura \u201cde mucha blancura y claridad\u201d, s\u00edmbolo de que \u201cestaba ya limpia de mis pecados\u201d. \u201cLuego me pareci\u00f3 asirme de las manos nuestra Se\u00f1ora. D\u00edjome que le daba mucho contento en servir al glorioso san Jos\u00e9, que creyese que lo que pretend\u00eda del monasterio se har\u00eda, y en \u00e9l se servir\u00edan mucho los dos (la Virgen y san Jos\u00e9)&#8230; porque ellos nos guardar\u00edan&#8230;\u201d (33,14).<\/p>\n<p>Baste subrayar someramente los dos datos m\u00e1s relevantes de esos textos teresianos: por un lado, la presencia de san Jos\u00e9 en la experiencia cristol\u00f3gica de la Santa, al lado de la Virgen, los tres personajes nucleares del misterio de la Encarnaci\u00f3n, que ahora extienden su acci\u00f3n protectora sobre Teresa y su obra, \u201cnos guardar\u00edan\u201d (vocablo reiterado: en boca de Jes\u00fas \u201332,11\u2013 y de Mar\u00eda \u201333,14\u2013). Y por otro lado, el sentido cultual de la obra teresiana como \u201cservicio\u201d a los tres, pero concretamente a San Jos\u00e9: de nuevo el vocablo del servicio (eco de la \u201cdoule\u00eda\u201d paulina) es reiterado por los dos interlocutores celestes: Jes\u00fas \u201cse servir\u00eda mucho en \u00e9l\u201d (32,11). Mar\u00eda: \u201cen \u00e9l se servir\u00eda mucho a ellos dos\u201d (33,14).<\/p>\n<p>Ahora, en las grandes dificultades que sobrevienen, incluidas las cremat\u00edsticas, interviene personalmente \u2013como actor sobrenatural\u2013 san Jos\u00e9, primero prometiendo ayuda, y luego haci\u00e9ndole llegar desde las Indias los indispensables doblones de oro \u201cpor maneras que se espantaban los que lo o\u00edan\u201d (33, 12).<\/p>\n<p>A partir de esos primeros episodios, Teresa decidir\u00e1 introducir dos detalles sintom\u00e1ticos en su praxis de fundadora: llevar\u00e1 siempre consigo en el carromato una imagen de san Jos\u00e9 (lo testificar\u00e1n sus compa\u00f1eras de viaje, as\u00ed como sus bi\u00f3grafos Ribera y Graci\u00e1n). Y una vez fundado cada nuevo Carmelo, encomendar\u00e1 al Santo una de las puertas de la casa. Y sobre todo, no s\u00f3lo lo har\u00e1 a \u00e9l titular y patr\u00f3n de casi todas sus fundaciones, sino que le otorgar\u00e1 el t\u00edtulo de \u201cfundador\u201d de la nueva familia religiosa. Lo atestigua el propio Graci\u00e1n: \u201cen todas las fundaciones llevaba consigo una imagen de bulto de este glorioso Santo, que ahora est\u00e1 en \u00c1vila, llam\u00e1ndole fundador de esta Orden&#8230; Los cuales (disc\u00edpulos de la Santa) reconocen por fundador de esta reformaci\u00f3n al glorioso san Jos\u00e9, con cuya devoci\u00f3n la fund\u00f3 la Madre Teresa&#8230;\u201d (BMC 16, 476).<\/p>\n<p>3. Fiorettis josefinos en la biograf\u00eda de la Santa<\/p>\n<p>La biograf\u00eda teresiana est\u00e1 salpicada de episodios relacionados con san Jos\u00e9. Seleccionamos alguno de los m\u00e1s representativos.<\/p>\n<p>a) Ya en sus a\u00f1os de la Encarnaci\u00f3n, Teresa act\u00faa como capellana ocasional del Santo. Corre de su cargo celebrar \u201cla solemnidad de san Jos\u00e9\u201d con honores y pompa especiales. No exentos de manierismo devoto que ella misma autocriticar\u00e1 m\u00e1s tarde: \u201cprocuraba yo hacer su fiesta con toda la solemnidad que pod\u00eda, m\u00e1s llena de vanidad que de esp\u00edritu, queriendo se hiciese muy curiosamente y bien, aunque con buen intento\u201d (V 6.7). Cuando en 1572 se ve obligada a regresar con t\u00edtulo de priora al viejo monasterio, lleva consigo una imagen del Santo. Y luego de colocar a la Virgen en la silla prioral del coro, instala la imagen de san Jos\u00e9 en la silla de la subpriora. Tambi\u00e9n aqu\u00ed se propone que los dos santos \u201cguarden\u201d y presidan a la comunidad orante. (Es probable que esa imagen sea la misma del \u201cSan Jos\u00e9 parlero\u201d que a\u00fan hoy se venera en el museo del monasterio y que origin\u00f3 otros simp\u00e1ticos \u201cfiorettis\u201d.)<\/p>\n<p>b) \u201cJosef=Jesucristo\u201d. \u2013 Por los a\u00f1os 1577-1579, el carteo de Teresa con personas de confianza se ve precisado a recurrir al lenguaje cifrado y al uso de los cript\u00f3nimos. Al elegirlos o inventarlos de sana planta, llevan siempre consigo un significado subliminal, condicionado por el mundillo secreto de la Santa. Pues bien, en ese listado de cript\u00f3nimos, cuando ella aluda a Jesucristo mismo en relaci\u00f3n con las propias experiencias m\u00edsticas, lo designar\u00e1 con el nombre del santo Patriarca: \u201cla amistad que ella tiene con Josef (=Jes\u00fas)\u201d; \u201clas mercedes que me ha hecho Josef\u201d; \u201cgran cosa hacen las palabras de Josef\u201d (cartas a Graci\u00e1n: 117,5; 128,4; 145,7, etc.).<\/p>\n<p>c) San Jos\u00e9 en la liturgia. \u2013 Al redactar las Constituciones del nuevo Carmelo, Teresa tuvo dos detalles indicadores de su amor al Santo. El primero, en el rezo del oficio lit\u00fargico, el segundo en la frecuencia de la comuni\u00f3n eucar\u00edstica de la comunidad. \u201cLos d\u00edas primeros de Pascua y otros d\u00edas de solemnidad podr\u00e1n cantar laudes, en especial el d\u00eda del glorioso san Jos\u00e9\u201d (cap. 1, n. 5). \u2013 En las Constituciones de la Encarnaci\u00f3n se manten\u00eda la praxis medieval, que limitaba en extremo la comuni\u00f3n frecuente de la comunidad. Teresa ampl\u00eda esa praxis comunitaria: \u201cLa comuni\u00f3n ser\u00e1 cada domingo y d\u00edas de fiesta y d\u00edas de nuestro Se\u00f1or y nuestra Se\u00f1ora y nuestro padre san Alberto, de san Jos\u00e9&#8230;\u201d (2,1).<\/p>\n<p>d) (1563) El nombre del primer Carmelo teresiano. \u2013 El nombre del Santo para identificar la casa no s\u00f3lo aparece en la primer\u00edsima documentaci\u00f3n oficial venida de Roma y en el relato de Vida, sino con matices especiales en el primer documento emitido por la comunidad reci\u00e9n fundada. Al Concejo de \u00c1vila, todav\u00eda adverso a la fundaci\u00f3n y opuesto a que las monjas se surtan del \u201cagua de las fuentes\u201d abulenses, Teresa le env\u00eda en nombre de la comunidad una s\u00faplica que firma de su propia mano con esta singular r\u00fabrica: \u201cindignas siervas que las manos de vuestras se\u00f1or\u00edas besan: las pobres hermanas de san Jos\u00e9\u201d. Era el 5 de diciembre de 1563.<\/p>\n<p>e) (1564) Por los caminos. \u2013 Quiz\u00e1s el episodio m\u00e1s delicioso ocurre camino de la fundaci\u00f3n de Beas, tras el extrav\u00edo de los carromatos por los vericuetos de Despe\u00f1aperros. El s\u00fabito salvamento (\u201cteneos, teneos, que vais perdidos y os despe\u00f1ar\u00e9is si pas\u00e1is de ah\u00ed\u201d, les grita alguien desde el barranco) lo cuenta con todo detalle una de las viajeras, Ana de Jes\u00fas Lobera, quien como la Santa y las restantes Hermanas identifican al fortuito salvador con san Jos\u00e9 en persona. \u201cEra mi padre san Jos\u00e9\u201d, exclamar\u00eda la Santa (BMC 18, 463; cf 19, 476; y el relato de Graci\u00e1n, que se encontr\u00f3 con el grupo unos d\u00edas despu\u00e9s, en BMC 16, 477).<\/p>\n<p>f )El carteo teresiano de los \u00faltimos a\u00f1os documenta el inter\u00e9s filial de la Santa por proveer a sus conventos de la imagen de san Jos\u00e9, aun a costa de sus menguadas posibilidades cremat\u00edsticas. \u201cAl se\u00f1or Diego Ortiz, que suplico a su merced no se descuide tanto de poner a mi se\u00f1or san Josef a la puerta de la iglesia\u201d (cta 31,6; y cf 164,2; 160,8). Es simp\u00e1tico el episodio de la fundaci\u00f3n de Burgos. Lo cuenta el m\u00e9dico Antonio de Aguiar: \u201caqu\u00ed en Burgos, reparando un santo antiguo que le hab\u00edan dado para que representase la imagen de san Jos\u00e9 por mano de un pintor, se remiraba en ella como si tuviese presente al glorioso\u201d (BMC 20, 428). Y&#8230; todav\u00eda un fino detalle femenino. En respuesta agradecida a la priora de Sevilla que le ha enviado \u201cagua de azahar\u201d, Teresa le dice que el agua de \u00e1ngeles \u201cera tan linda que se me hizo escr\u00fapulo gastarla, y as\u00ed&#8230; me honr\u00f3 la fiesta del glorioso san Jos\u00e9\u201d (cta 237,5).<\/p>\n<p>Esos episodios, y otros m\u00e1s, diseminados por el espacio de la biograf\u00eda de Teresa, no quedan en simples \u201cfiorettis\u201d para el relleno del anecdotario teresiano. Son, m\u00e1s bien, exponente de una actitud de fondo, integrada por el sustrato de experiencia religiosa de la Santa y por su ideario doctrinal.<\/p>\n<p>4. Pensamiento y marco doctrinal<\/p>\n<p>No parece que las ideas de la Santa sobre san Jos\u00e9 reflejen la tradici\u00f3n popular o sean deudoras de \u00e9sta, y tanto menos del anecdotario delirante de los Ap\u00f3crifos. Dependen directamente del relato evang\u00e9lico y de su experiencia personal.<\/p>\n<p>Al introducir en Vida el elogio de san Jos\u00e9, la Santa comienza desmarc\u00e1ndose de ideas y pr\u00e1cticas devotas aberrantes: \u201cnunca fui amiga de otras devociones que hacen algunas personas, en especial mujeres, con ceremonias que yo no pod\u00eda sufrir y a ellas le hac\u00edan devoci\u00f3n; despu\u00e9s se ha dado a entender que&#8230; eran supersticiosas\u201d (6,6). Ni su idea del Santo ni su devoci\u00f3n van por ese camino. Ella comenz\u00f3 a \u201chacer devociones de misas\u201d. Esa vinculaci\u00f3n de san Jos\u00e9 con la liturgia eucar\u00edstica hace recordar que en el misal carmelitano de esos a\u00f1os (1559) el introito de la misa comenzaba presentando al Santo como \u201cpadre de la Iglesia\u201d (\u201cGaude, Sancte Ioseph, pater Ecclesiae\u201d), definido a continuaci\u00f3n con una serie de t\u00edtulos que bien podr\u00edan servir para siluetar la estampa ideal o la visi\u00f3n teol\u00f3gica que Teresa misma tiene del Santo: Padre de la Iglesia \u201ccon misi\u00f3n superior a todos los otros padres\u201d (\u201cprae cunctis patribus ditatus munere\u201d); custodio del Se\u00f1or (\u201ccustos dominicus\u201d); providencial esposo de Mar\u00eda (\u201csponsus puerperae Mariae providus\u201d); gu\u00eda pur\u00edsima de ambos (\u201cdux castissime\u201d); gran intercesor nuestro en el cielo (\u201cdux esto supplicum in coeli culmine\u201d). \u2013 (Cf Miguel \u00c1ngel D\u00edez: Un misal de san Juan de la Cruz. En \u201cExperiencia y pensamiento en san Juan de la Cruz\u201d. Madrid 1990, pp. 155-167. B. Xiberta: Flores josefinas y la liturgia carmelitana antigua. En \u201cEstudios Josefinos\u201d 18 \u20131964\u2013 pp. 301-319. casa general ocd, San Jos\u00e9 padre y fundador del Carmelo Teresiano, Roma 1997).<\/p>\n<p>De hecho la Santa matizar\u00e1 todas esas facetas josefinas desde el texto b\u00edblico. San Jos\u00e9 es para ella \u201cel glorioso Patriarca\u201d (V 6,8: t\u00edtulo reservado a solo \u00e9l). Es \u201cpadre-ayo\u201d de Jes\u00fas (6,6). Con autoridad de padre sobre \u00e9l y Mar\u00eda: \u201cque as\u00ed como (Jes\u00fas) le fue sujeto en la tierra (y Jos\u00e9) le pod\u00eda mandar, as\u00ed en el cielo hace cuanto le pide\u201d (ib: versi\u00f3n llana del texto lucano \u201cerat subditus illis\u201d). Servidor de Jes\u00fas y de Mar\u00eda: \u201cno s\u00e9 c\u00f3mo se puede pensar en la Reina de los \u00e1ngeles en el tiempo que tanto pas\u00f3 con el ni\u00f1o Jes\u00fas, que no den gracias a san Jos\u00e9 por lo bien que les ayud\u00f3 en ellos\u201d (6,8; y cf 6,9).<\/p>\n<p>\u201cPadre y se\u00f1or\u201d ser\u00e1n los dos t\u00edtulos josefinos m\u00e1s presentes en la pluma de Teresa, precedidos casi siempre del posesivo \u201cmi\u201d: \u201cmi verdadero padre y se\u00f1or\u201d (33,12); \u201cmi padre san Jos\u00e9\u201d (33,14); \u201cmi padre glorioso san Jos\u00e9\u201d (36,6). \u201cHice oraci\u00f3n suplicando&#8230; a mi padre san Jos\u00e9 que me trajese a su casa\u201d (36,11). Para escribir las Fundaciones, \u201ctomo por ayuda &#8230;a mi glorioso padre san Jos\u00e9\u201d (F. pr\u00f3logo 5. Y cf cartas: 31, 6; 165,2; 283,6).<\/p>\n<p>En cuanto a la intervenci\u00f3n del Santo (su \u201cmunus\u201d en la Iglesia o en la historia de salvaci\u00f3n de cada uno), Teresa distingue dos planos: el Jos\u00e9 del Evangelio, y el Jos\u00e9 de la gloria. A este segundo le asigna una misi\u00f3n intercesora a escala universal, en t\u00e9rminos sencillos y categ\u00f3ricos: \u201cA otros santos parece les dio el Se\u00f1or gracia para socorrer en una necesidad; a este glorioso santo tengo experiencia que socorre en todas&#8230;\u201d (6,6). En clara contraposici\u00f3n de la religiosidad popular que ella comparte con un \u201cparece\u201d, y la seguridad categ\u00f3rica de su experiencia personal: \u201ctengo experiencia\u201d.<\/p>\n<p>En cambio, al Jos\u00e9 del Evangelio lo presenta inserto en el misterio de la Encarnaci\u00f3n, ante todo con misi\u00f3n de servicio a Jes\u00fas y a Mar\u00eda. Pero adem\u00e1s, y sorpresivamente, reserv\u00e1ndole la tarea de modelo y maestro de oraci\u00f3n. \u201cEn especial, personas de oraci\u00f3n siempre le hab\u00edan de ser aficionadas&#8230; Quien no hallare maestro que le ense\u00f1e oraci\u00f3n, tome este glorioso Santo por maestro y no errar\u00e1 el camino\u201d (6,8).<\/p>\n<p>El sentido teresiano de esta postrera afirmaci\u00f3n resulta claro del contexto autobiogr\u00e1fico que la enmarca. Teresa ha hablado de sus dificultades de iniciaci\u00f3n en la oraci\u00f3n meditativa (4,7). La ha ayudado F. de Osuna proponi\u00e9ndole el camino del recogimiento (ib). Luego tuvo la suerte de encontrarse en plena sinton\u00eda con un orante b\u00edblico, reducido a la impotencia total, como ella en la enfermer\u00eda: el santo Job. Como \u00e9l, Teresa es capaz de clamar a Dios, y de repetir la consigna \u201cpues recibimos los bienes de la mano del Se\u00f1or, \u00bfpor qu\u00e9 no sufriremos los males?\u201d (5,8). Pero en el cap\u00edtulo siguiente del mismo relato, el orante brav\u00edo y clamoroso que es Job cede el puesto al orante silencioso que es Jos\u00e9, modelo de servicio y de contemplaci\u00f3n at\u00f3nita de Jes\u00fas y de Mar\u00eda (6,8). Si oraci\u00f3n es \u201ctratar de amistad con quien sabemos nos ama\u201d (8,5), \u00bfqui\u00e9n trat\u00f3, am\u00f3 y sirvi\u00f3 como Jos\u00e9? Teresa se queda con este modelo y maestro. Y como tal lo propone a sus lectores, refrendando su propuesta con una apremiante invitaci\u00f3n a la experiencia, desde la seguridad de la experiencia propia: \u201cLo tengo por experiencia&#8230;\u201d (6,6). Tambi\u00e9n otras personas \u201clo han visto por experiencia\u201d (ib). \u201cHay muchos que le son devotos de nuevo, experimentando esta verdad\u201d (ib). \u201cLa gran experiencia que tengo de los bienes que alcanza de Dios\u201d (6,7). \u201cS\u00f3lo pido por amor de Dios que lo pruebe quien no me creyere, y ver\u00e1 por experiencia el gran bien que es encomendarse a este glorioso Patriarca y tenerle devoci\u00f3n\u201d (6,8).<\/p>\n<p>5. Influjo de Teresa en el culto a San Jos\u00e9<\/p>\n<p>Es f\u00e1cil comprobar el fuerte cambio de presencia y motivaci\u00f3n josefina en el ambiente cercano a Teresa, confrontando el \u201cantes\u201d y el \u201cdespu\u00e9s de ella\u201d.<\/p>\n<p>Al historiar la fundaci\u00f3n de su primer Carmelo, uno de sus motivos de alegr\u00eda fue haber erigido en \u00c1vila un primer templo dedicado al Santo: \u201cTambi\u00e9n me dio gran consuelo de haber hecho lo que el Se\u00f1or me hab\u00eda mandado y otra iglesia m\u00e1s en este lugar, de mi padre glorioso san Jos\u00e9, que no la hab\u00eda\u201d (V 36,6). Extra\u00f1a ausencia del Santo en el patronazgo de iglesias y ermitas, no s\u00f3lo en \u00c1vila, sino en el paisaje religioso de Castilla, constelado de ermitas e iglesias dedicadas a infinidad de santos b\u00edblicos o medievales, hist\u00f3ricos o legendarios. Pues bien, al morir la Santa, le ha dedicado casi todas sus fundaciones: nueve de sus quince Carmelos femeninos, incluidos los t\u00edtulos en duplicado, como \u201cSan Jos\u00e9 del Salvador\u201d de Beas (F 22), \u201cSan Jos\u00e9 del Carmen\u201d de Sevilla (F 23), \u201cSan Jos\u00e9 de nuestra Se\u00f1ora de la Calle\u201d en Palencia (F 29), y \u201cSan Jos\u00e9 de Santa Ana\u201d en Burgos (F 31).<\/p>\n<p>Igual contraste en el paisaje de las personas del entorno teresiano. Como es sabido, en el tiempo de la Santa el nombre de las personas era indicador del prestigio o de la presencia devocional de un determinado Santo del calendario, del que derivaba el nombre cristiano del bautizado.<\/p>\n<p>Pues bien, en el mundillo social de Teresa, superpoblado de varios centenares de mujeres, laicos, cl\u00e9rigos, se\u00f1ores y plebeyos, est\u00e1 pr\u00e1cticamente ausente el nombre \u201cJos\u00e9\u201d. Prueba clara de que el Santo no era un catalizador de nominativos ni de afectos populares. En los escritos de la Santa aparece \u00fanicamente una extra\u00f1a \u201cdo\u00f1a Josef\u201d (sic), monja en el monasterio de las Huelgas de Burgos (cta 449, 5). Ni en la Encarnaci\u00f3n de \u00c1vila ni en los Carmelos teresianos contempor\u00e1neos aparece una sola \u201cJosefa\u201d. En cambio, al morir ella en 1582, sus Carmelos se hab\u00edan poblado de j\u00f3venes que al profesar de carmelitas cambiaban su patron\u00edmico por el apellido \u201cde san Jos\u00e9\u201d: as\u00ed, por ejemplo, Brianda de san Jos\u00e9 (en Toledo), Marcela de san Jos\u00e9 (Malag\u00f3n), Catalina de san Jos\u00e9 (Medina), Isabel de san Jos\u00e9 (Alba), Juana de san Jos\u00e9 (Salamanca), Luc\u00eda de san Jos\u00e9 (Beas), Bernarda de san Jos\u00e9 (Sevilla), Francisca de san Jos\u00e9 (Caravaca) y casi una docena de \u201cMar\u00edas de san Jos\u00e9\u201d&#8230; Buen \u00edndice del cambio de sensibilidad producido en el ambiente teresiano: las reci\u00e9n llegadas optan en cierto modo por rebautizar el nombre, adoptando el del Santo en el propio apellido.<\/p>\n<p>Aunque aparentemente se trate de una minucia, ese cambio es revelador del r\u00e1pido ingreso de san Jos\u00e9 en la toponimia universal, en coincidencia (y quiz\u00e1s en dependencia) del cambio producido a escala social y geogr\u00e1fica mundial. Mientras en la toponimia castellana anterior a Teresa abundan las poblaciones con nombre de innumerables santos (San Pedro, San Juan, San Mart\u00edn, San Nicol\u00e1s, Santa Eulalia&#8230;) menos el de san Jos\u00e9, de pronto (ss. XVI-XVII) el Santo Patriarca da nombre a un sinn\u00famero de poblaciones de toda la Am\u00e9rica hispana, desde USA hasta Argentina y Filipinas.<\/p>\n<p>Otro cuadrante que desborda ya el presente resumen es el que se refiere al influjo de la Santa en la liturgia carmelitana de san Jos\u00e9, lo mismo que en la liturgia de la Iglesia universal, en la iconograf\u00eda y en la poes\u00eda, o en la devoci\u00f3n popular al Santo.<\/p>\n<p>Un \u00faltimo indicador del influjo de la Santa en la promoci\u00f3n de la devoci\u00f3n a san Jos\u00e9 se sit\u00faa en el sector bibliogr\u00e1fico. A Teresa, joven lectora, la hab\u00eda aleccionado la \u201cJosephina\u201d de Laredo. Despu\u00e9s de su muerte, el carmelita m\u00e1s \u00edntimo de ella, Jer\u00f3nimo Graci\u00e1n, escribir\u00e1 para los carpinteros de Roma otra \u201cJosephina\u201d, mucho m\u00e1s documentada y valiosa (Roma 1609; pero redactada por el autor a su regreso del cautiverio de T\u00fanez en 1596), inspirada en la Madre Teresa (cf BMC 16, pp. 373-483; especialmente el c. 4 del libro V).<\/p>\n<p>BIBL. \u2013 Amancio de Mar\u00eda,\u00a0Bibliograf\u00eda josefina de la Reforma Teresiana, en \u201cEstudios Josefinos\u201d 18 (1964) 807-822; Le\u00f3n de san Joaqu\u00edn, El culto de san Jos\u00e9 en la Orden del Carmen, Barcelona 1905; AA.VV., San Jos\u00e9 y Santa Teresa, en \u201cEstudios Josefinos\u201d 18 (1964) 233-842; AA. VV., en la \u201cRivista di Vita Spirituale\u201d 15 (1961) 244-479; J. A. Carrasco, Presencia de San Jos\u00e9 en los conventos fundados por la M. Teresa, en \u00abEstJos\u00bb 18 (1964), 739; Sime\u00f3n de la S. F., Nuevas fuentes del josefinismo de santa T, en \u00abVilasecanum\u00bb 16 (M\u00e9xico 2001) 207-230.<\/p>\n<p>Tom\u00e1s \u00c1lvarez<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La presencia de san Jos\u00e9 en los escritos y en la espiritualidad de santa Teresa comienza en plena juventud con la devoci\u00f3n personal al Santo, en la l\u00ednea de la religiosidad popular. 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