{"id":3201,"date":"2015-01-15T11:03:12","date_gmt":"2015-01-15T17:03:12","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3201"},"modified":"2021-01-15T11:08:52","modified_gmt":"2021-01-15T17:08:52","slug":"tipologia-biblica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3201","title":{"rendered":"Tipolog\u00eda b\u00edblica"},"content":{"rendered":"<p>De acuerdo con la tradici\u00f3n judeo-cristiana, especialmente presente en la literatura espiritual, tambi\u00e9n Teresa practica el recurso de evocar los gestos o la semblanza de personajes b\u00edblicos para ver realizado en ellos no s\u00f3lo el camino espiritual, sino aspectos, etapas y riesgos de la vida del cristiano. Por \u201ctipo\u201d entendemos aqu\u00ed la realidad f\u00edsica en cuanto imagen de la realidad espiritual, generalmente encarnada en personas y lugares.<\/p>\n<p>Arquetipo absoluto es Cristo Jes\u00fas. Teresa llevaba escrita, de propia mano, en las guardas de su breviario la palabra evang\u00e9lica: \u201cdeprended de m\u00ed que soy manso y humilde\u201d. En su Humanidad hist\u00f3rica, Jes\u00fas es para ella el modelo por excelencia. \u201c\u00c9l es nuestro dechado\u201d (V 15,13). \u201cMirando su vida, es el mejor dechado\u201d (V 22,7). \u201cEs larga la vida&#8230;, hemos menester mirar a nuestro dechado Cristo\u201d (M 6,7,13). Toda la vida del cristiano ser\u00e1 un proceso de configuraci\u00f3n con \u00c9l, hasta llegar a la plena uni\u00f3n con \u00c9l (M 7,4).<\/p>\n<p>De la tradici\u00f3n carmelitana hered\u00f3 T la convicci\u00f3n de que su peculiar vida religiosa (la vida en el Carmelo) ten\u00eda modelos b\u00edblicos netamente paradigm\u00e1ticos. Ante todo, la Virgen Mar\u00eda: \u201cParezc\u00e1monos, hijas m\u00edas, en algo a la gran humildad de la Virgen sacrat\u00edsima, cuyo h\u00e1bito traemos, que es confusi\u00f3n nombrarnos monjas suyas&#8230;, que quedamos bien cortas para ser hijas de tal Madre y esposas de tal Esposo\u201d (C 13,3). Y luego, los profetas del Carmelo, El\u00edas y Eliseo, \u201caquellos santos nuestros del Monte Carmelo, que en tan gran soledad y con tanto desprecio del mundo buscaban este tesoro, esta preciosa margarita de que hablamos&#8230;\u201d (M 5,1,2). \u201cDe esta casta venimos&#8230;\u201d (ib).<\/p>\n<p>De la Regla carmelita lleg\u00f3 a T la consigna paulina: \u201csed imitadores m\u00edos, como yo lo soy de Cristo\u201d (1 Cor 4,16; 11,1). Consigna ampliamente comentada en el texto b\u00e1sico de la Regla. En T esa consigna pasar\u00e1 del plano \u00e9tico (acci\u00f3n y virtudes), al plano m\u00edstico: ella vivir\u00e1, como Pablo y con \u00e9l, la tensi\u00f3n escatol\u00f3gica (o cristol\u00f3gica), entre la espera del definitivo encuentro con Cristo y la urgencia del servicio a la Iglesia (V 6,9; 20,11; 21,6-7&#8230;).<\/p>\n<p>Para esos tipos fundamentales \u2013Cristo, Mar\u00eda, Pablo\u2013 remitimos a las voces respectivas del Diccionario (cf adem\u00e1s, Jos\u00e9, san). Aqu\u00ed nos limitamos a individuar los tipos secundarios. Para T la Biblia entera es un inmenso arsenal tipol\u00f3gico sugeridor: \u201c\u00a1Qui\u00e9n supiera las muchas cosas de la Escritura que debe haber para dar a entender esta paz del alma!\u201d, es decir la situaci\u00f3n final de las moradas s\u00e9ptimas (M 7,3,13). Quiz\u00e1s esa convicci\u00f3n la ha recabado ella de la lectura de los Cartujanos, o de los espirituales franciscanos de comienzos de siglo. La ha escuchado, sin duda, de boca de te\u00f3logos y predicadores. Pero en el fondo la copiosa floraci\u00f3n de referencias a la galer\u00eda de figuras b\u00edblicas brota espont\u00e1nea en su piedad personal y en su pluma. Teresa ha sido sumamente sensible a la santidad encarnada en santos concretos, los del \u201cFlos Sanctorum\u201d que ley\u00f3 de ni\u00f1a: teolog\u00eda espiritual en ejemplares de vida. Prueba de que esa su sensibilidad de infancia no haya sido elidida por las posteriores experiencias m\u00edsticas del misterio de Dios y de Cristo, es la copiosa lista de santos de su devoci\u00f3n que llevaba en el breviario, en la que figuran no menos de trece ejemplares b\u00edblicos.<\/p>\n<p>Teresa compuso uno de sus poemas calcando las palabras de Saulo a Jes\u00fas en el camino de Damasco: \u201cSe\u00f1or, qu\u00e9 quer\u00e9is que haga\u201d (He 9, 6). Su poema lleva por ep\u00edgrafe el verso primero: \u201cVuestra soy, para Vos nac\u00ed\u201d, y por estribillo la palabra de Pablo en el verso segundo: \u201cqu\u00e9 mand\u00e1is hacer de m\u00ed\u201d, que se repite como ritornelo al final de cada estrofa. Todo el poema es una glosa a esa actitud de Pablo, ahora revivida por Teresa. Pero en las estrofas finales el poema da cabida a una serie de tipos y s\u00edmbolos b\u00edblicos: Tabor y Calvario, Job y Juan Evangelista, Jos\u00e9 en Egipto y David Rey, Jon\u00e1s anegado o Jon\u00e1s libertado. Similar elaboraci\u00f3n tipol\u00f3gica, pero m\u00e1s profunda y extensa, m\u00e1s elaborada y vivencial, la har\u00e1 T ante el idilio del Cantar de los Cantares.<\/p>\n<p>Nos limitaremos a documentar ese aspecto de su magisterio, que testifica su gran sensibilidad b\u00edblica y su manera de leer el texto sagrado, no tan t\u00e9cnica pero s\u00ed tan intensa y matizada como la de fray Juan de la Cruz. Enumeramos en orden alfab\u00e9tico la serie de personajes citados por la Santa, a\u00f1adiendo, a t\u00edtulo complementario, los nominativos de los lugares b\u00edblicos mencionados por ella, y alg\u00fan gentilicio con posible trascendencia doctrinal: jud\u00edos, asirios, publicano, fariseo, etc. No siempre ni todos tendr\u00e1n desdoblamiento aleg\u00f3rico o tipol\u00f3gico. Pero hemos preferido elaborar el retablo de figuras lo m\u00e1s completo posible y sin distingos por raz\u00f3n de su contenido aleg\u00f3rico o doctrinal. \u2019 Simbolog\u00eda b\u00edblica.<\/p>\n<p>Abrah\u00e1n. \u2013\u00a0En la lista de santos de su particular devoci\u00f3n, Teresa incluye globalmente a \u201clos Patriarcas\u201d (A 6). A Abrah\u00e1n lo menciona expresamente s\u00f3lo un par de veces: para proponerlo como modelo de vida activa a Lorenzo de Cepeda (\u201cno dejaba de ser santo Jacob por entender en sus ganados, ni Abrahan&#8230;\u201d: cta 172,11). Y en una simple ficha (A 4,5) alusiva a G\u00e9nesis 12.<\/p>\n<p>Ad\u00e1n. \u2013 En los escritos teresianos se lo recuerda casi exclusivamente en relaci\u00f3n con el primer pecado y la miseria que de \u00e9l deriv\u00f3 a la humanidad (R 5,18; M 4,1,11) y que Jes\u00fas vino a remediar (C 3,8). La reiterada expresi\u00f3n teresiana \u201chijos de Ad\u00e1n\u201d (E 2,2; 12,1; carta 150,1; 290,3) tiene sentido peyorativo. En s\u00faplica espont\u00e1nea a Jes\u00fas, exclama: \u201c&#8230;sois justo juez, y no como los jueces del mundo, que como son hijos de Ad\u00e1n, y en fin todos varones, no hay virtud de mujer que no tengan por sospechosa\u201d (pasaje del CE 4,1 eliminado por el censor en el aut\u00f3grafo primero de la Santa).<\/p>\n<p>Adversario. \u2013\u00a0Calificativo b\u00edblico que designa al diablo: 1Pet 5,8, texto que T ley\u00f3 reiteradamente en la Regla del Carmelo que lo cita. As\u00ed lo llama tambi\u00e9n ella: \u201ceste adversario enemigo nuestro\u201d (C 19,13).<\/p>\n<p>Ana, santa. \u2013 Santa Ana es madre de la Virgen y esposa de san Joaqu\u00edn, seg\u00fan una tradici\u00f3n que asciende a los ap\u00f3crifos (ProtoEvangelio de Santiago, s. II). En la Orden del Carmen, mucho antes de santa Teresa, esa tradici\u00f3n fue acogida por la leyenda y los \u201cfioretti\u201d de los or\u00edgenes, que relacionan a santa Ana con los ermita\u00f1os pre-evang\u00e9licos del Monte Carmelo y con la iglesia de Santa Ana junto a la Puerta Aurea de Jerusal\u00e9n. Seg\u00fan la misma leyenda, su madre ser\u00eda santa Emerenciana (\u201cMerenciana\u201d, escribe T en F 26,6). Su nombre figura en la lista de santos a quienes T tiene devoci\u00f3n especial. En el misal y breviario carmelitano, su fiesta se celebraba ya el 26 de julio. En Medina del Campo, est\u00e1 dedicado a Santa Ana el convento de carmelitas en que profesa fray Juan de la Cruz, adonde se acoge T antes de fundar el Carmelo medinense (F 3,7). A santa Ana dedic\u00f3 T el Carmelo de Villanueva de la Jara (1580), y con esa ocasi\u00f3n cuenta la historia de la ermita de Santa Ana, origen de la fundaci\u00f3n (F 28,44). Tambi\u00e9n le dedic\u00f3 su \u00faltima fundaci\u00f3n \u201cdel glorioso San Jos\u00e9 de Santa Ana de Burgos\u201d (1582: F 31), donde a\u00fan hoy se conserva un cuadro que compendia las antiguas tradiciones carmelitas: al lado de san Joaqu\u00edn, santa Ana entrena en la lectura de la Biblia a la Virgen ni\u00f1a, que est\u00e1 vestida de carmelita. Fue T quien infundi\u00f3 esa devoci\u00f3n a Lorenzo de Cepeda, que se propone erigirle una iglesia (cta 309,11). En los Carmelos fundados por T son numerosas las monjas que llevan el nombre o el apellido de santa Ana, y se la venera con t\u00edtulo familiar de \u201cla abuela o abuelita\u201d del Se\u00f1or, tambi\u00e9n de inspiraci\u00f3n teresiana (cf F 28,45).<\/p>\n<p>Andr\u00e9s, san. \u2013 Ap\u00f3stol, hermano de Pedro. Uno de los primeros disc\u00edpulos de Jes\u00fas (Jn 1,40). Antes, disc\u00edpulo de Juan (Jn 1,37). Figura en la lista de santos a quienes T profesa especial devoci\u00f3n (A 6). Su fiesta se celebraba el 30 de noviembre, al comienzo del adviento. Con esa ocasi\u00f3n, T le dedic\u00f3 un hermoso poema, muy similar al famoso \u201cVivo sin vivir en m\u00ed\u201d, que comienza: \u201cSi el padecer con amor \/ puede dar tan gran deleite, \/ \u00a1qu\u00e9 gozo nos dar\u00e1 el verte!\u201d \u2013 Todo el poema glosa la liturgia de la fiesta, que presenta al Santo yendo gozoso a la muerte abrazado a la cruz. Interesante por reflejar profundos sentimiento teresianos: el sufrir por amor, el gozo en el padecer, el amor de la cruz y el no temor a la muerte. El poema termina con una oraci\u00f3n de la autora, pero puesta en boca del ap\u00f3stol: \u201cOh cruz, madero precioso, \/ lleno de gran majestad! \/ Pues siendo de despreciar \/ tomaste a Dios por esposo, \/ a ti vengo muy gozoso, \/ sin merecer el quererte. \/ Esme muy gran gozo el verte\u201d.<\/p>\n<p>Ant\u00edoco. \u2013\u00a0Rey que guerrea contra los Macabeos. Nefasto para el templo y el pueblo jud\u00edo (2 Mac 10-12). En una de sus fichas sueltas (A 4), Teresa recuerda su muerte tr\u00e1gica.<\/p>\n<p>Asirios. \u2013 Teresa los menciona humorizando, en respuesta a una carta de Mar\u00eda de san Jos\u00e9 (Salazar): \u201ccomo no soy tan letrera como ella (como M. Mar\u00eda), no s\u00e9 qu\u00e9 son los asirios\u201d (cta 237,4). Sin embargo, un a\u00f1o antes ella misma le\u00eda en Toledo la historia del pueblo de Dios (cta 128,4).<\/p>\n<p>Babilonia. \u2013\u00a0Gran ciudad de Caldea. Simb\u00f3licamente, la anti-Jerusal\u00e9n (A 14,8; Jer 51,8). Etimol\u00f3gicamente: \u201cconfusi\u00f3n\u201d. Acepci\u00f3n \u00e9sta \u00faltima difundida en el lenguaje popular del s. XVI (cf Cobarruvias: \u201ctr\u00e1fago grande y confusi\u00f3n\u201d). S\u00f3lo en esa acepci\u00f3n utiliza T el vocablo, refiri\u00e9ndose a la barah\u00fanda comunitaria de la Encarnaci\u00f3n de \u00c1vila, donde ella es priora de un centenar y medio de monjas. Escribe a do\u00f1a Luisa de la Cerda (cta del 7.11.1571): \u201cno est\u00e1 inquieta mi alma con toda esta babilonia, que lo tengo por merced del Se\u00f1or\u201d (cta 38,4). De nuevo, cuando intentan reelegirla priora de la comunidad, escribe a Mar\u00eda de san Jos\u00e9: \u201cno tengo gana de verme en aquella barah\u00fanda\u201d (cta 211,5). Con igual acepci\u00f3n peyorativa, se refiere a la corte de Madrid: perseverar en la decisi\u00f3n de hacerse carmelita, \u201cno es peque\u00f1a merced de Dios, estando en esa Babilonia (Madrid), adonde siempre oir\u00e1n cosas m\u00e1s para divertir el alma que para recogerla\u201d (cta 25,1, a In\u00e9s e Isabel Osorio, sept. de 1578).<\/p>\n<p>Bartolom\u00e9, san. \u2013\u00a0Ap\u00f3stol, uno de los doce elegidos por Jes\u00fas. Figura en la lista de santos predilectos de T, al lado de san Andr\u00e9s y el santo Job. Ella lo recuerda con afecto, porque en el d\u00eda de su fiesta (24 de agosto de 1562) inaugur\u00f3 el carmelo de San Jos\u00e9 de \u00c1vila (V 36,5). Es c\u00e9lebre el pasaje del Camino de Perfecci\u00f3n (27,6) en que se compara a san Bartolom\u00e9 con san Pedro y se confronta el puesto de ambos en el colegio apost\u00f3lico: \u201cOh colegio de Cristo, que ten\u00eda m\u00e1s mando san Pedro, con ser un pescador y le quiso as\u00ed el Se\u00f1or, que san Bartolom\u00e9, que era hijo de rey\u201d. Al margen de esta afirmaci\u00f3n anot\u00f3 uno de los censores del aut\u00f3grafo del Camino: \u201cno s\u00e9 d\u00f3nde lo hall\u00f3\u201d. Pero T no modific\u00f3 su texto. Esa informaci\u00f3n legendaria la hab\u00eda tenido ella de uno de los \u201cFlos Sanctorum\u201d le\u00eddos a partir de la infancia (V 1,4).<\/p>\n<p>Bel\u00e9n. \u2013\u00a0Peque\u00f1a ciudad b\u00edblica, en que naci\u00f3 Jes\u00fas. \u201cPortal de Bel\u00e9n\u201d, el establo en que tuvo lugar su nacimiento. \u2013 Para T el \u201cportal\u201d o \u201cportalico de Bel\u00e9n\u201c es s\u00edmbolo sumo de pobreza y humildad. Como tal lo recuerda en las p\u00e1ginas iniciales del Camino de Perfecci\u00f3n (2,9), al inculcar el radical esp\u00edritu de pobreza a la comunidad de su primer Carmelo, San Jos\u00e9 de \u00c1vila: \u201cParezc\u00e1monos en algo a nuestro rey, que no tuvo casa sino el portal de Bel\u00e9n adonde naci\u00f3, y la cruz adonde muri\u00f3\u201d. De nuevo al estrenar, en el Carmelo de Medina del Campo, la capillita con el Sant\u00edsimo, anota que a ella y a la gente \u201cpon\u00edales devoci\u00f3n ver a nuestro Se\u00f1or otra vez en el portal\u201d (F 3,13). \u201cEl portal\u201d por antonomasia es el de Bel\u00e9n. Lo mismo advertir\u00e1 al describir la pobreza de la primera fundaci\u00f3n de descalzos en Duruelo: \u201cse dijo la primera misa en aquel portalico de bel\u00e9n , que no me parece era mejor\u201d (F 14,6).<\/p>\n<p>En los villancicos con que T festeja cada a\u00f1o las Navidades, son numerosas las alusiones a la pobreza y al portalico en que naci\u00f3 Jes\u00fas. Por ejemplo: \u201cDanos el Padre \/ a su \u00fanico Hijo: \/ hoy viene al mundo \/ en un pobre cortijo. \/ Oh gran regocijo, que ya el hombre es Dios\u201d (Po 13).<\/p>\n<p>En los tanteos de fundaci\u00f3n del Carmelo de Sevilla, hay un momento en que la Fundadora trata de hacerlo en la ermita de nuestra Se\u00f1ora de Bel\u00e9n, no lejos de la puerta de la Macarena (cta 85,2, del 10.7.1575, a Antonio Gayt\u00e1n).<\/p>\n<p>Calvario. \u2013\u00a0Lugar de la muerte de Jes\u00fas. En su acepci\u00f3n figurada, es la imagen por excelencia de los sufrimientos del Se\u00f1or. T lo recuerda, tanto como lugar hist\u00f3rico (\u201cmonte Calvario\u201d: C 28,4), como en su acepci\u00f3n simb\u00f3lica, por ejemplo en el poema \u201cVuestra soy\u201d: \u201cDadme Calvario o Tabor, \/ desierto o tierra abundosa\u201d. Motivo normal de la meditaci\u00f3n discursiva. Sublimado al pasar a la oraci\u00f3n de recogimiento: \u201cporque all\u00ed (en la oraci\u00f3n de recogimiento), metida el alma consiga misma, puede pensar en la Pasi\u00f3n y representar all\u00ed al Hijo y ofrecerle al Padre y no cansar el entendimiento and\u00e1ndole buscando en el monte Calvario y al Huerto y a la Columna\u2026\u201d (C 28,4). Esos lugares de la Pasi\u00f3n, as\u00ed como la V\u00eda Dolorosa, han sido recorridos intensamente por la oraci\u00f3n de T, que a su vez invita a la aprendiz de oraci\u00f3n a caminar por ellos mirando a Jes\u00fas: \u201cMiradle camino del Huerto\u2026 O miradle atado a la columna, lleno de dolores\u2026 O miradle cargado con la cruz\u2026 Miraros ha El con unos ojos tan hermosos y piadosos\u2026\u201d (C 26,5).<\/p>\n<p>\u201cEl Calvario\u201d, provincia de Ja\u00e9n, es el convento de descalzos en que fue superior fray Juan de la Cruz (a\u00f1o 1578-1579). Recordado por la Santa en carta del 31.5.1579 a la comunidad de Valladolid: cta 295.<\/p>\n<p>Cananea (la cananea). \u2013\u00a0Es la mujer de la regi\u00f3n de Tiro y Sid\u00f3n que logr\u00f3 de Jes\u00fas la curaci\u00f3n de su hija, y de la cual Jes\u00fas exclam\u00f3: \u201c\u00a1qu\u00e9 grande es tu fe, mujer!\u201d (Mt 15,28). Teresa la recuerda \u00fanicamente en el Vejamen (n. 6), formando tr\u00edptico con la Magdalena y la Samaritana, para objetar a fray Juan de la Cruz que no estaban muertas al mundo cuando tuvieron la gracia de encontrar a Jes\u00fas. Aunque jocosamente, la Santa insin\u00faa su tesis de la posible concesi\u00f3n de gracias m\u00edsticas a pecadores. De ello ser\u00edan tipo las tres mujeres del tr\u00edptico.<\/p>\n<p>Carmelo (monte). \u2013\u00a0Monta\u00f1a b\u00edblica que se extiende desde el mar (Haifa) hasta el interior de Galilea, no lejos de Nazaret. Para Teresa el Monte Carmelo es s\u00edmbolo y concreci\u00f3n de la Orden del Carmen. Estrechamente vinculado a \u201cnuestra Se\u00f1ora\u201d la Virgen Mar\u00eda. Vinculado tambi\u00e9n a \u201cla Regla de nuestra Se\u00f1ora del Monte Carmelo\u201d (Conc pr\u00f3l. 1), a \u201clos Santos Padres nuestros del Monte Carmelo\u201d (M 5,1, 2; F 26,6), o a las monjas \u201chermanas e hijas m\u00edas del Monte Carmelo\u201d (cta 295). Ella misma quisiera ser \u201cverdadera monja del Carmelo\u201d (138, 5). En el primer monasterio de San Jos\u00e9 de \u00c1vila, erigi\u00f3 una \u201cermita del Monte Carmelo\u201d (R 20,1). Dos de sus poemas comienzan con el estribillo: \u201cCaminemos para el cielo \/ monjas del Carmelo\u201d (Po 10 y 20). Con todo, para designar a su familia religiosa y a su Patrona la Virgen, Teresa prefiere el nominativo popular del \u201cCarmen\u201d.<\/p>\n<p>Cireneo. \u2013\u00a0Es Sim\u00f3n de Cirene, forzado a llevar la cruz de Jes\u00fas, camino del Calvario (Mt 27,32). T lo asocia al recuerdo de las \u201chijas de Jerusal\u00e9n\u201d, modelos en compartir la Pasi\u00f3n de Jes\u00fas: \u201c\u00bfNo lloraremos siquiera con las hijas de Jerusal\u00e9n, ya que no le ayudemos a llevar la cruz con el Cirineo?\u201d (V 27,13).<\/p>\n<p>David. \u2013\u00a0Rey y salmista. Teresa lo llama \u201cglorioso rey\u201d, \u201creal profeta David\u201d (V 16,3; 20,10), \u201cel Salmista\u201d (CE 31,2), o sencillamente \u201crey David\u201d (F 27,20). Como era normal en su tiempo, est\u00e1 convencida de que \u00e9l es el autor de todo el Salterio. Figura en la lista de santos preferidos, que ella guarda en su breviario (A 6), y cuya fiesta en el rito carmelitano se celebraba el 29 de diciembre. Repetidas veces T afirma serle especialmente devota: \u201cDe este glorioso rey soy yo muy devota y querr\u00eda todos lo fuesen, en especial los que somos pecadores\u201d (V 16,3; F 29,11). Ser pecador convertido, es una de las razones por que ella lo siente cercano. Pero admira su santidad: \u201cmuy santo era David\u201d (M 3,1,4). Admira especialmente su gesto de gozo exultante danzando ante el arca, gozo que para ella es \u00edndice y expresi\u00f3n del gozo m\u00edstico: \u201cEsto me parece deb\u00eda sentir el admirable esp\u00edritu del real profeta David, cuando ta\u00f1\u00eda y cantaba con el arpa en alabanzas de Dios\u201d (V 16,3). \u201cNo me espanto de lo que hac\u00eda el rey David cuando iba delante del arca del Se\u00f1or&#8230;\u201d (F 27,20). Teresa comparte con \u00e9l la sed de la presencia del Se\u00f1or: \u201c\u00a1Oh, cu\u00e1ntas veces me acuerdo, cuando as\u00ed estoy, de aquel verso de David: \u2018quemadmodum desiderat cervus ad fontes aquarum\u2019, que me parece lo veo al pie de la letra en m\u00ed\u201d (V 29,11). Tambi\u00e9n comparte con \u00e9l, o proyecta sobre sus salmos, el profundo sentido de soledad y ausencia de Dios: \u201c&#8230;al pie de la letra me parece se puede entonces decir \u2013y por ventura lo dijo el real profeta estando en la misma soledad, sino que como a santo se la dar\u00eda el Se\u00f1or a sentir en m\u00e1s excesiva manera\u2013: \u2018vigilavi et factus sum sicut passer solitarius in tecto\u2019, y as\u00ed se me representa este verso entonces, que me parece lo veo yo en m\u00ed y consu\u00e9lame ver que han sentido otras personas tan gran extremo de soledad, cu\u00e1nto m\u00e1s tales\u201d (V 20,10).<\/p>\n<p>En general, T conecta con la persona misma del rey salmista y comparte los sentimientos fuertes expresados en ciertos salmos, es decir, no s\u00f3lo los lee como palabra de Dios, sino como experiencias vividas por el salmista, que ahora tienen eco fuerte en las vivencias de T misma. De ah\u00ed su afirmaci\u00f3n: \u201clo veo al pie de la letra en m\u00ed\u201d (V 29,11; 20,1). Entre los pasajes s\u00e1lmicos m\u00e1s sentidos por ella, destacan el \u201cdilatarse del coraz\u00f3n\u201d (salmo 118,32: M 4,1,5); lo justo de los juicios de Dios (118,137: V 19,9; M 3,2,11); la bienaventuranza de \u201ctemer al Se\u00f1or\u201d (111,1: M 3,1,1-4); \u201coir\u00e9 lo que habla Dios en m\u00ed\u201d (84,9: Ve 3); el clamor \u201c\u00bfd\u00f3nde est\u00e1 tu Dios?\u201d (41,4: V 20,11); \u201ccu\u00e1n suave es el Se\u00f1or\u201d (33,9: F 5,4; E 14,1), etc.<\/p>\n<p>Por su audaz comentario al Salmo 8, T tuvo un percance con el te\u00f3logo censor del Camino. Se trataba del verso 7: \u201ctodo lo sometiste bajo sus pies\u201d, tradicionalmente interpretado del Mes\u00edas (Heb 2,8). Ella lo interpreta del cristiano perfecto que todo lo ha dejado por amor. Y lo glosa profusamente en la primera redacci\u00f3n del Camino (31,4): \u201c\u00bfPens\u00e1is, porque dice el Salmista que todas las cosas est\u00e1n sujetas y puestas debajo de los pies de los hombres, pens\u00e1is que de todos? No hay\u00e1is miedo, antes los veo yo sujetos a ellos debajo de los pies de ellas&#8230; Pues s\u00ed, que el Salmista no pudo mentir \u2013que es dicho por el Esp\u00edritu Santo\u2013, sino que me parece a m\u00ed (ya puede ser yo no lo entienda y sea disparate, que lo he le\u00eddo), que es dicho por los perfectos, que todas las cosas de la tierra se\u00f1oreen\u201d.<\/p>\n<p>En el aut\u00f3grafo de la Santa, el censor tach\u00f3 casi toda la p\u00e1gina, y anot\u00f3 al margen: \u201cno es \u00e9ste el sentido de la autoridad, sino de Cristo, y tambi\u00e9n de Ad\u00e1n en el estado de inocencia\u201d. Al pasar T su texto a la segunda redacci\u00f3n del libro (C 31,4), omiti\u00f3 todo lo tachado. Y en el nuevo aut\u00f3grafo (c\u00f3dice de Valladolid), el censor anot\u00f3 al margen: \u201cclaro\u201d. Ver: Salmos.<\/p>\n<p>Egipto \/ Egipcios. \u2013\u00a0T\u00e9rminos empleados generalmente en acepci\u00f3n aleg\u00f3rica. La Santa recuerda el Egipto del Exodo (Antiguo Testamento) y el de la huida de la Sagrada Familia (Nuevo Testamento). \u201cTrabajar por salir de tierra de Egipto\u201d (C 10,4) es practicar el \u201cdesasimiento de todo lo criado\u201d, de suerte que se llegue al gusto de los espiritual. Practicando \u201chumildad y mortificaci\u00f3n&#8230;, hallar\u00e9is el man\u00e1: todas las cosas os sabr\u00e1n bien: por mal sabor que al gusto de los del mundo tengan, se os har\u00e1n dulces\u201d (ib). \u201cNo tornar a las ollas de Egipto\u201d (V 15,3) es no retroceder en el camino espiritual. (cf adem\u00e1s R 37,1). A su amiga D.\u00aa Luisa de la Cerda, en viaje penoso, le recomienda: \u201cacu\u00e9rdese c\u00f3mo andaba nuestra Se\u00f1ora cuando fue a Egipto, y nuestro Padre san Jos\u00e9\u201d (cta 8, 9). &#8211; En el carteo de los a\u00f1os 76-78, lo usa como cript\u00f3nimo: \u201clos de Egipto\u201d, \u201cla gente de Egipto\u201d son los carmelitas de la antigua observancia (cf cartas 155,1; 233,1; 278,3; R 37,1).<\/p>\n<p>El\u00edas, san. \u2013\u00a0Profeta b\u00edblico. Es \u201cel profeta del Carmelo\u201d. Teresa comparte la tradici\u00f3n de la Orden carmelita que se inspira en \u00e9l, y lo venera como fundador: \u201cnuestro Padre\u201d, lo llamar\u00e1 normalmente (M 6,7,8; 7,4,11). Entre los santos de su especial devoci\u00f3n, lo incluye en el enunciado \u201ctodos los santos de nuestra Orden\u201d (A 6). En uno de sus poemas de fiesta comunitaria (\u201cCaminemos para el cielo, \/ monjas del Carmelo\u201d) recuerda \u201cel doblado esp\u00edritu\u201d que \u00e9l transmiti\u00f3 a Eliseo, y lo celebra: \u201cAl Padre El\u00edas siguiendo, \/ nos vamos contradiciendo \/ con su fortaleza y celo, \/ monjas del Carmelo\u201d. El es, por tanto, el gran \u201ctipo\u201d de la vida carmelitana, por su oraci\u00f3n, por su celo de almas y de la gloria de Dios, y por su experiencia teof\u00e1nica. A \u00e9l se refiere, ante todo, la Santa cuando evoca e invoca a \u201caquellos santos padres nuestros del Monte Carmelo\u201d, \u201cde esta casta venimos\u201d (M 5,1,2), \u201c\u00a1qu\u00e9 de santos tenemos en el cielo!\u201d (F 29,33). \u2013 De la biograf\u00eda b\u00edblica de El\u00edas, T recuerda los episodios fundamentales, apuntando siempre su simbolismo: \u2013 \u201cel fuego\u201d que El\u00edas hizo bajar del cielo con la fuerza de su oraci\u00f3n (1 Re 18,30-39: M 6,7,8); \u2013 \u201caquella hambre que tuvo nuestro padre El\u00edas de la honra de su Dios\u201d (2 Re 19,10: M 7,4,11); \u2013 su extenuante traves\u00eda del desierto huyendo de Jezabel (3 Re 19,3: F 27,17, pasaje en que T se siente identificada con el Profeta); \u2013 la cueva en que \u00e9l aguarda la gran teofan\u00eda del Horeb (3 Re 19,9: F 28,20. Cf cta 292,1). Entre sus apuntes sueltos, T conservaba uno alusivo a la elevaci\u00f3n de El\u00edas a los cielos: \u201cNo se hace cosa sin la voluntad de Dios: Padre m\u00edo, carro sois de Israel y gu\u00eda de \u00e9l, dijo Eliseo a El\u00edas\u201d (A 3,5).<\/p>\n<p>Eliseo, san. \u2013\u00a0Eliseo, profeta b\u00edblico (s. IX a. C.), disc\u00edpulo y heredero del esp\u00edritu de El\u00edas. Ambos profetas, a su vez vinculados al monte Carmelo (Haifa, Israel), desde la m\u00e1s remota tradici\u00f3n carmelitana, han pasado a ser \u201ctipos b\u00edblicos\u201d de la espiritualidad del Carmelo.<\/p>\n<p>En los escritos teresianos son pocas las alusiones a Eliseo. Sin duda, la Santa lo incluye en el grupo de \u201clos santos de nuestra Orden\u201d (A 6), en \u201cla casta\u201d de donde venimos, \u201cde aquellos santos padres nuestros del monte Carmelo\u201d (M 5,1,2). Celebra su fiesta el 14 de junio, seg\u00fan el breviario y misal carmelitanos, en que Eliseo figura con el t\u00edtulo de \u201cprincipis carmelitarum\u201d (cf F 30 t\u00edt.). De su historia b\u00edblica, ella recuerda s\u00f3lo un episodio: el de la despedida de El\u00edas, momento en que Eliseo le grita: \u201cPadre m\u00edo, carro sois de Israel y gu\u00eda de \u00e9l\u201d (A 3: alusivo a 2 Re 2,9). En su poema \u201cHacia la patria\u201d, le dedica la \u00faltima estrofa: \u201cNuestro querer renunciando, \/ procuremos el doblado \/ esp\u00edritu de Eliseo, \/ monjas del Carmelo\u201d (Po 10): \u201cel doblado esp\u00edritu\u201d alude al viejo tema carmelitano del \u201cdoble esp\u00edritu de El\u00edas\u201d, profeta de la contemplaci\u00f3n y de la acci\u00f3n , trasmitido a Eliseo y a su descendencia carmelitana. Y se inspira en el texto b\u00edblico seg\u00fan la versi\u00f3n de la Vulgata: \u201cfiat in me duplex spiritus tuus\u201d. La versi\u00f3n directa del hebreo dice: \u201cEliseo pidi\u00f3: d\u00e9jame en herencia dos tercios de tu esp\u00edritu\u201d.<\/p>\n<p>En el epistolario teresiano \u201cEliseo\u201d es el cari\u00f1oso cript\u00f3nimo con que la Santa designa a Graci\u00e1n, quiz\u00e1s por coincidir su gran calvicie con la del profeta b\u00edblico (2 Re 2,23).<\/p>\n<p>Emerenciana (T. escribe \u201cMerenciana\u201d). \u2013 Seg\u00fan los ap\u00f3crifos, Emerenciana es la abuela de la Virgen Mar\u00eda y madre de santa Ana. De los ap\u00f3crifos (especialmente del \u201cProto\u00adEvangelio de Santiago\u201d, siglo II-III), esa creencia pasar\u00eda a las leyendas carmelitas, seg\u00fan las cuales Emerenciana visitaba asiduamente a los ermita\u00f1os del Monte Carmelo, no lejos de Nazaret. (Leyenda trasmitida por Arnaldo Bostius: \u201cDe patronatu B. Virginis Mariae\u201d, compuesto hacia 1479).<\/p>\n<p>Contando la vocaci\u00f3n de la primera novicia del Carmelo de Sevilla, escribe T que \u00e9sta (Beatriz Chaves) hab\u00eda le\u00eddo \u201cun libro que trata de la vida de santa Ana, (y) tom\u00f3 gran devoci\u00f3n con los santos del Monte Carmelo, que dice all\u00ed que su madre de santa Ana\u2026 iba a tratar con ellos muchas veces, creo se llama Merenciana\u2026\u201d (F 26,6), En el ambiente carmelita de T era corriente esa leyenda. La contar\u00e1 reiteradamente Graci\u00e1n (cf BMC 16,100), quien la glosar\u00e1 en verso en su \u201cHistoria de la Orden del Carmen en octavas\u201d: \u201cVisitaba el Carmelo Emerenciana, \/ noble devota\u2026\/ De aqu\u00ed nasci\u00f3 la devoci\u00f3n tan p\u00eda \/ del Carmelo a los padres de Mar\u00eda\u201d (ib 17,490).<\/p>\n<p>Fara\u00f3n. \u2013\u00a0Con ocasi\u00f3n de las grandes penalidades de la comunidad de carmelitas de Sevilla, T recuerda el triunfo del Se\u00f1or sobre el ej\u00e9rcito del Fara\u00f3n y les asegura: \u201cDejen hacer a su Esposo y ver\u00e1n c\u00f3mo antes de mucho se tragar\u00e1 el mar a los que nos hacen la guerra, como hizo al Fara\u00f3n, y dejar\u00e1 libre a su pueblo\u201d (cta 284,4). Cf otra referencia en una de sus fichas: A 4,5).<\/p>\n<p>Fariseo\/s. \u2013\u00a0Teresa recuerda lo mal que los fariseos escucharon la palabra de Jes\u00fas (Mt 13,13&#8230;: M 6,3,4), pero sobre todo recuerda al fariseo Sim\u00f3n (sin nombrarlo), en contraste con la mujer pecadora que, en casa de \u00e9l, unge los pies de Jes\u00fas (Lc 7,36&#8230;), escena que la Santa glosa para insistir en el primado de la contemplaci\u00f3n sobre la acci\u00f3n (C 15,7; M 7,4, 13), y que ella misma ha revivido reiteradamente en su interior \u201cni m\u00e1s ni menos que si con los ojos corporales lo viera en casa del fariseo\u201d (C 34,7). \u201cPublicano\u201d.<\/p>\n<p>Gede\u00f3n. \u2013\u00a0Personaje b\u00edblico (Jueces 7). Gede\u00f3n y su mesnada de soldados son, para Teresa, el tipo b\u00edblico del alma de las segundas moradas, es decir, de la fase de lucha asc\u00e9tica, normal en el proceso de desarrollo de la vida espiritual. Teresa no llega a mencionar por su nombre al caudillo jud\u00edo. Escribe: \u201c\u2026los que\u2026 iban a la batalla, no me acuerdo con qui\u00e9n\u2026\u201d (M 2,6). Gede\u00f3n iba a la batalla con m\u00e1s de 30.000 soldados. Despach\u00f3 enseguida a los cobardes, m\u00e1s de 20.000. Y todav\u00eda volvi\u00f3 a descartar a otros 9.000 que se echaron a beber de bruces el agua del torrente. Retuvo s\u00f3lo a un pu\u00f1ado de valientes, que se limitaron a beber el agua de prisa, \u201cleng\u00fceteando como los perros\u201d. Va con ellos al combate, pero confiado no en su bravura sino en la palabra de Yaw\u00e9h. Ese peque\u00f1o grupo de guerreros encarnan seg\u00fan Teresa el \u201ctipo\u201d de la lucha asc\u00e9tica propuesta por ella para conquistar el castillo interior: hombres con \u201cdeterminada determinaci\u00f3n\u201d, pero que ponen toda su confianza en Dios. Lo que ella quiere expresar con esa imagen b\u00edblica es el aspecto combativo \u2013hasta el hero\u00edsmo\u2013 de la ascesis cristiana. Al menos, de la normal preparaci\u00f3n asc\u00e9tica para el posterior y pleno desarrollo de la vida m\u00edstica.<\/p>\n<p>Israel. \u2013\u00a0En los escritos de la Santa aparece la denominaci\u00f3n \u201cpueblo de Israel\u201d, si bien con escasa frecuencia. Expresamente se recuerda el liderazgo de Mois\u00e9s sobre \u201cel pueblo de Israel\u201d (M 6,47), la tierra de promisi\u00f3n (M 6,5,9), y el paso del Mar Rojo (M 6,6,4; y R 37). Los tres pasajes con tenue elaboraci\u00f3n simb\u00f3lica en el contexto espiritual del Castillo. En carta a Graci\u00e1n le escribe ella: \u201cQuiere este gran Dios de Israel ser alabado en sus criaturas, y as\u00ed es menester lo que vuestra paternidad trae delante, que es su honra y gloria, y hacer cuantas diligencias pudi\u00e9semos por no querer ninguna nosotros, que Su Majestad, si le estuviere bien, tendr\u00e1 ese cuidado&#8230;\u201d (cta 147,3).<\/p>\n<p>Jacob. \u2013\u00a0Patriarca b\u00edblico (G\u00e9n 32 ss). De su historia, T recuerda tres episodios: el sue\u00f1o y la simb\u00f3lica escala que toca el cielo (G\u00e9n 28,10-22: M 6,4,6), episodio que ilustra una de las m\u00e1s altas experiencias m\u00edsticas, las visones sin imagen (\u201cintelectuales\u201d), en las que, m\u00e1s all\u00e1 de lo que se ve, se infunden en el alma otras verdades sobre \u201cla grandeza de Dios\u201d: \u201cas\u00ed Jacob, cuando vio la escala, con ella deb\u00eda de entender otros secretos\u201d. El casamiento con L\u00eda, en espera y anhelo del matrimonio con Raquel (G\u00e9n 29,20-30): as\u00ed \u2013dice ella\u2013 hay que soportar los desvar\u00edos de la imaginaci\u00f3n, mientras la voluntad sigue en alto amor de Dios (V 17,7). Y por fin, la imagen de Jacob n\u00f3mada y pastor (G\u00e9n 30,32): \u201cno dejaba de ser santo Jacob por entender en (=ocuparse de) sus ganados\u201d. Se lo dice a su hermano Lorenzo de Cepeda, que ha de compaginar la vida espiritual con el cuidado de su hacienda (cta 172,11).<\/p>\n<p>Jerusal\u00e9n \/ hijas de Jerusal\u00e9n. \u2013\u00a0Teresa menciona siempre a la ciudad de Jerusal\u00e9n en sentido simb\u00f3lico. \u201cMediante la misericordia de Dios, hemos de llegar a aquella ciudad de Jerusal\u00e9n, adonde todo se nos har\u00e1 poco lo que se ha padecido, o nonada, en comparaci\u00f3n de lo que se goza\u201d (F 4,4). En cambio, hijas de Jerusal\u00e9n responde a una doble evocaci\u00f3n b\u00edblica: al Cantar de los Cantares (3,2: E 16,3), o a las mujeres que lloran por Jes\u00fas en el camino del Calvario, (Lc 23,27), modelo estas \u00faltimas de participaci\u00f3n en la Pasi\u00f3n del Se\u00f1or: \u201c\u00bfNo lloraremos siquiera con las hijas de Jerusal\u00e9n?\u201d (V 27,13).<\/p>\n<p>Jezabel. \u2013\u00a0Esposa de Acab, rey de Israel (1 Re 19). T asocia su recuerdo al de El\u00edas cuando iba huyendo de Jezabel (1 Re 19,3: F 27,17).<\/p>\n<p>Joaqu\u00edn, san. \u2013 Ser\u00eda el esposo de santa Ana y padre de la Virgen Mar\u00eda, seg\u00fan una antigua tradici\u00f3n (ProtoEvangelio de Santiago, siglo II), acogida en los \u201cfiorettis\u201d carmelitas. \u2013 \u00danica menci\u00f3n en carta de T a su hermano Lorenzo (172,11), asociando el santo a los patriarcas del A. T: \u201cNo dej\u00f3 de ser santo Jacob por entender en sus ganados, ni Abrah\u00e1n, ni san Joaqu\u00edn, que, como queremos huir del trabajo, todo nos cansa\u201d.<\/p>\n<p>Job. \u2013 Habitante de Hus, en Caldea, Job es el titular de uno de los libros del A.T. Importante en la biograf\u00eda de la Santa por doble motivo: por ser uno de los libros b\u00edblicos m\u00e1s conocidos de ella, a trav\u00e9s del texto y la glosa de san Gregorio (Libro de los Morales: V 5,8), y porque su tribulaci\u00f3n y su paciencia prepararon a T para sobrellevar la grave enfermedad que sufri\u00f3 entre los 23 y los 27 de edad: \u201cMucho me aprovech\u00f3 para tener paciencia haber le\u00eddo la historia de Job en los Morales de san Gregorio, que parece previno el Se\u00f1or con esto y con haber comenzado a tener oraci\u00f3n, para que lo pudiese llevar con tanta conformidad\u201d (V 5,8). De suerte que las oraciones de Job, insertas en la narraci\u00f3n b\u00edblica, influyeron en el primerizo estilo de orar de T. Se apropia ella de una de las oraciones del Santo de Hus: \u201cTodas mis pl\u00e1ticas eran con El (con Dios). Tra\u00eda muy ordinario estas palabras de Job en el pensamiento, y dec\u00edalas: Pues recibimos los bienes de la mano del Se\u00f1or, por qu\u00e9 no sufriremos los males? Esto parece me pon\u00eda esfuerzo\u201d (V 5,8). De hecho en la lista de sus santos preferidos figurar\u00e1 \u201cel Santo Job\u201d (A 6). M\u00e1s tarde, en plena crisis m\u00edstica, T asimilar\u00e1 su caso personal al de Job: \u201cLo que he entendido es que quiere y permite el Se\u00f1or y le da licencia (al demonio), como se la dio para que tentase a Job, aunque a m\u00ed \u2013como a ruin\u2013 no es con aquel rigor\u201d (V 30,10). De la penosa historia de Job derivar\u00e1 T una recomendaci\u00f3n para la vida familiar de sus carmelos: \u201c&#8230;que tuviesen cuenta con las enfermas, que la prelada que no proveyese y regalase a las enfermas, era como los amigos de Job, que El daba el azote para bien de sus almas, y ellas pon\u00edan en aventura la paciencia\u201d (R 9,2; cf C 12,9). Para T, Job es el tipo de la fidelidad en la prueba. Lo condensa en una estrofa de su poema \u201cVuestra soy&#8230;\u201d: \u201cDadme Calvario o Tabor, \/ desierto o tierra abundosa; \/ sea Job en el dolor \/ o Juan que al pecho reposa, \/ sea vi\u00f1a fructuosa \/ o est\u00e9ril si cumple as\u00ed \/ \u00bfqu\u00e9 mand\u00e1is hacer de m\u00ed?\u201d (Po 2,10).<\/p>\n<p>Jon\u00e1s profeta. \u2013\u00a0Del relato b\u00edblico de Jon\u00e1s, T retiene los principales episodios, d\u00e1ndoles significado simb\u00f3lico espiritual: Jon\u00e1s desobedece a Yaw\u00e9h (F 20,12); anegado y liberado (Po 2,11); duda del cumplimiento de la profec\u00eda de Yaw\u00e9h (M 6,3,9); se sienta bajo el arbusto que ser\u00e1 ro\u00eddo por el gusano (M 5,3,6). Durante el per\u00edodo turbulento en que parece ir a pique su obra de fundadora (1578&#8230;), T se siente identificar con Jon\u00e1s: \u201cParec\u00edame ser yo la causa de toda esta tormenta, y que si me echasen en la mar, como a Jon\u00e1s, cesar\u00eda la tempestad\u201d (F 28,5). As\u00ed se lo hab\u00eda confesado a Graci\u00e1n: \u201c&#8230;como he dicho algunas veces, como a Jon\u00e1s, quiz\u00e1 ser\u00eda remedio me echasen en la mar para que cesase la tormenta, que quiz\u00e1s es por mis pecados\u201d (cta 230,10).<\/p>\n<p>Jos\u00e9. \u2013\u00a0Patriarca b\u00edblico, hijo de Jacob. Teresa recuerda varias veces su drama familiar, que para ella es mod\u00e9lico respecto de la vida de comunidad (CE 6,4). Entre sus Apuntes (4,3) figura esta ficha: \u201cQue quiso nuestro Se\u00f1or que Jos\u00e9 dijese la visi\u00f3n a sus hermanos y se supiese, aunque le costara tan caro a Jos\u00e9 como le cost\u00f3\u201d. (Apunte quiz\u00e1s alusivo a las visiones de la propia Teresa, divulgadas y fuente de sufrimiento para ella.) Condensa el drama en dos versos de su poema \u201cVuestra soy\u201d: \u201cSea Jos\u00e9 puesto en cadenas \/ o de Egipto Adelantado&#8230;\u201d, texto en que T se identifica con \u00e9l. En cambio, en el epistolario reaparece por dos veces el recuerdo del episodio tr\u00e1gico de Jos\u00e9 y sus hermanos. Se lo apunta a Lorenzo de Cepeda, que atraviesa un per\u00edodo de dificultad con su hermano Pedro (cta 337,3). Y en t\u00e9rminos m\u00e1s fuertes a prop\u00f3sito del episodio del P. Gaspar de Salazar (cta 230,6). Ver: Jos\u00e9, san.<\/p>\n<p>Josu\u00e9. \u2013\u00a0Sucesor de Mois\u00e9s. De \u00e9l recuerda T \u00fanicamente el episodio de detener el sol en su curso (Jos 10,13), y lo traslada al mundo interior: \u201cEl que pudo hacer parar el sol \u2013por petici\u00f3n de Josu\u00e9, creo era\u2013 puede hacer parar las potencias y todo el interior de manera que ve bien el alma que otro mayor Se\u00f1or gobierna aquel castillo&#8230;\u201d (M 6,4,18).<\/p>\n<p>Joven rico. \u2013 Es uno de los personajes tipo, tomados por T de la Biblia para encarnar un momento del proceso espiritual (como \u201cel paral\u00edtico\u201d del Evangelio de Jn 5,2 para las moradas primeras, o los \u201csoldados de Gede\u00f3n\u201d para las segundas). El joven que se presenta a Jes\u00fas con generosidad y altas miras, pero que luego es incapaz de seguirlo y se retira entristecido (Mt 19,16-22), es presentado por T como \u201ctipo\u201d representativo del alma de las terceras moradas, que f\u00e1cilmente incurre en el espejismo de una generosidad aparente. Y que est\u00e1 dispuesta a hacer a Dios la entrega de todo, menos precisamente de aquello que Dios va a pedirle. Y que por tanto tiene que ser sometida por El a una serie de pruebas, para hacerla aterrizar en la realidad de lo concreto y cotidiano, y no vivir con el se\u00f1uelo de logros aparentes, pero falsos (M 3,1,6.7; 3,2,4). Superar \u201cla prueba del joven rico\u201d consistir\u00e1 en definitiva en \u201cprocurar ejercitar las virtudes y rendir nuestra voluntad a la de Dios en todo, y que el concierto de nuestra vida sea lo que Su Majestad ordenare de ella, y no queramos nosotros que se haga nuestra voluntad sino la suya\u201d (M 3,2,6), Es el objetivo final de la ascesis teresiana.<\/p>\n<p>Juan Bautista, san. \u2013\u00a0El precursor de Jes\u00fas figura en la lista de santos preferidos por T (A 6). Inculcando ella el no fiarse de los elogios humanos, lo recuerda as\u00ed: \u201cMirad la estima en que pon\u00eda (el mundo) a san Juan Bautista, que le quer\u00edan tener por el Mes\u00edas, y en cu\u00e1nto y por qu\u00e9 lo descabezaron\u201d (Conc 2,12).<\/p>\n<p>Juan Evangelista, san. \u2013 Ap\u00f3stol. Hermano de Santiago. Predilecto de Jes\u00fas. Bajo su nombre aparece el cuarto Evangelio, el Apocalipsis y dos Cartas del Nuevo Testamento. \u2013 Figura en la lista de Santos predilectos de T (A 6). Con todo, su menci\u00f3n en los escritos teresianos es rara. La Santa alega su presencia al lado de la cruz de Jes\u00fas, al defender el primado de la Humanidad del Se\u00f1or en la vida espiritual (V 22,5), contra quienes alegan otro texto joanneo (Jn 16,7) en sentido opuesto (V 22,1). En cambio, su Evangelio no s\u00f3lo es el m\u00e1s citado por T, sino el que m\u00e1s la inspira doctrinalmente. Entre los pasajes m\u00e1s determinantes figuran la idea (e imagen) de \u201clas moradas en la casa del Padre\u201d (Jn 14, 2: punto de partida del Castillo Interior M. 1,1,1) y la promesa de la inhabitaci\u00f3n trinitaria (Jn 14,23) con que culminar\u00e1 la experiencia m\u00edstica teresiana, tanto en Moradas (7,1,6-7), como en el postrer texto testifical de la Santa (R 6,9): en ambos casos T afirma \u201cque experimenta lo que dice san Juan\u201d, es decir, que experimenta \u201cla palabra-promesa\u201d de Jes\u00fas. \u2013 Otros motivos evang\u00e9licos importantes ser\u00edan: que Jes\u00fas \u201ces el camino\u201d (Jn 14, 6: M 6, 7, 6) y que \u201cnadie sube al Padre sino por El\u201d (Jn 14,6: M 6,7,6), que ver a Jes\u00fas es ver al Padre (Jn 14,9: M 6,7,6). Igualmente, la palabra de paz del Resucitado (Jn 20,19: M 5,1,12; 2,1,9); su oraci\u00f3n no s\u00f3lo por los ap\u00f3stoles sino por nosotros (Jn 17,20: M 7,2,7); su deseo de que \u201cseamos del todo perfectos para ser unos con El y con el Padre\u201d (Jn 17,22: M 5,3,7). Su garant\u00eda: \u201cyo estoy en ellos\u201d (ib). Nuestra configuraci\u00f3n con el Jes\u00fas paciente: \u201c&#8230;me dijo que trajese mucho en la memoria las palabras que el Se\u00f1or dijo a sus ap\u00f3stoles: \u2018que no hab\u00eda de ser m\u00e1s el siervo que el Se\u00f1or\u2019\u201d (Jn 13,16: R 36,2). A Teresa le impresionan las l\u00e1grimas de Jes\u00fas ante la tumba de su amigo L\u00e1zaro (Jn 11,42: E 10,2) etc. \u2013 Del Evangelio de Juan extrae ella gran parte de su simbolog\u00eda b\u00edblica: la figura de la Samaritana y su petici\u00f3n de agua a Jes\u00fas (Jn 4,15: V 30,19; C 19,2; M 6,11,5; Conc 7&#8230;) y la consiguiente oferta de \u00e9ste \u201cvenid a m\u00ed todos los que ten\u00e9is sed y yo os dar\u00e9 de beber\u201d (Jn 7,37: E 9,1; C 19,15); la Magdalena al pie de la Cruz (Jn 19,25: C 26,8); la imagen del ciego de nacimiento (Jn 19: M 1,1,3), y la del paral\u00edtico en espera durante a\u00f1os ante la piscina (Jn 5,5: M 1,1,8); el gesto de Tom\u00e1s ante el presagio de la muerte de Jes\u00fas: \u201cmuramos con Vos, como dijo santo Tom\u00e1s\u201d (Jn 11,16: M 3,1,2), o la pregunta de Pilatos acerca de \u201cla verdad\u201d (Jn 18,36): \u00c9l \u201ces verdad que no puede faltar: acu\u00e9rdaseme de Pilatos lo mucho que preguntaba a nuestro Se\u00f1or cuando en su Pasi\u00f3n le dijo qu\u00e9 era verdad, y lo poco que entendemos ac\u00e1 de esta suma Verdad\u201d (M 6,10,5). En el poema \u201cVuestra soy, para Vos nac\u00ed\u201d, T acepta identificarse con \u201cJuan que al pecho reposa\u201d.<\/p>\n<p>Judas Iscariote. \u2013\u00a0Uno de los doce ap\u00f3stoles de Jes\u00fas. Los momentos de su historia recordados por T son: su llamada al apostolado, a tratar con Jes\u00fas y escuchar sus palabras (M 5,3,2); la traici\u00f3n tras la Cena eucar\u00edstica (M 6,7,10; C 7,10); el beso de falsa paz a Jes\u00fas (Conc 2,13); y la tentaci\u00f3n final (V 19,11). \u2013 La figura de Judas, como las de Sa\u00fal y Salom\u00f3n, se convierte en \u201ctipo\u201d de uno de los aspectos decisivos del camino espiritual: la inseguridad y el riesgo presentes a lo largo de todo el camino (M 5,3,2; 5,4,7): \u00e9l, tras haber sido amado y elegido por Jes\u00fas, fracas\u00f3. El es a la vez el \u201ctipo\u201d de la gran tentaci\u00f3n de falsa humildad en el camino de la oraci\u00f3n: alejarse de la oraci\u00f3n, por falsa humildad, es como alejarse de Jes\u00fas por haberlo traicionado (V 19,10). Su beso es, igualmente, s\u00edmbolo de la \u201cfalsa paz\u201d que da el mundo al vicioso; en contraposici\u00f3n al beso de paz y amor de la esposa de los Cantares (Conc 2, 3). En la vida fraterna de la comunidad, la presencia de alguien que siembra rencillas entre los hermanos es como \u201cJudas entre los ap\u00f3stoles\u201d (C 7,10; 27,6).<\/p>\n<p>Jud\u00edos. \u2013\u00a0Bajo ese nombre, T alude \u00fanicamente a los compatriotas coet\u00e1neos de Jes\u00fas y a su actuaci\u00f3n durante la pasi\u00f3n (R 26,2; CE 1,3; C 26,7). Cuando en uno de los momentos cr\u00edticos de su vida m\u00edstica, ella se ve obligada a \u201chacer higas\u201d a la visi\u00f3n del Se\u00f1or, le parece en cierto modo solidarizar con quienes se befaron de Jes\u00fas: \u201cAcord\u00e1bame de las injurias que le hab\u00edan hecho los jud\u00edos, y suplic\u00e1bale me perdonase, pues yo lo hac\u00eda por obedecer al que ten\u00eda en su lugar\u201d (V 29,6). Nunca, ni en sus libros ni en sus cartas, menciona a jud\u00edos o judaizantes coet\u00e1neos de ella. No usa el vocablo he\u00adbreos. En Conc 1,2 se refiere expresamente al idioma \u201chebraico\u201d de los Cantares.<\/p>\n<p>Ladr\u00f3n, el buen. \u2013\u00a0En anonimato \u2013como en Lc 23,41\u2013 la Santa lo recuerda a prop\u00f3sito de Jes\u00fas que en la Pasi\u00f3n no se defendi\u00f3: \u201cNo os llevar\u00e1 (Jes\u00fas) con el rigor que a S\u00ed, que ya al tiempo que tuvo un ladr\u00f3n que tornase por \u00c9l, estaba en la cruz&#8230;\u201d (C 15,7).<\/p>\n<p>L\u00e1zaro. \u2013\u00a0Personaje evang\u00e9lico. Amigo de Jes\u00fas (Jn 11,11&#8230;), hermano de Marta y Mar\u00eda de Betania. Teresa recuerda el dolor y las l\u00e1grimas de Jes\u00fas por el amigo muerto (M 5,3,4; y E 10, 2-3).<\/p>\n<p>L\u00eda Raquel.<\/p>\n<p>Lot, la mujer de. \u2013\u00a0La Santa no lo menciona a \u00e9l sino a su mujer, implicada en el castigo de Sodoma: \u201cLa mujer de Lot mir\u00f3 atr\u00e1s y se convirti\u00f3 en estatua de sal\u201d (G\u00e9n 19,26: recordado por Jes\u00fas en Lc 17,28-32). La alusi\u00f3n a ella en M 1,1,6 es meramente accidental. A prop\u00f3sito de quienes se desinteresan del propio conocimiento: estas almas \u201cquedarse han hechas estatuas de sal por no volver la cabeza hacia s\u00ed, as\u00ed como lo qued\u00f3 la mujer de Lot por volverla\u201d.<\/p>\n<p>Marta, santa. \u2013\u00a0Hermana de L\u00e1zaro y de Mar\u00eda, en Betania (Jn 11). Ella y Mar\u00eda son tipos de acci\u00f3n y contemplaci\u00f3n, simbolismo que T hereda de la anterior tradici\u00f3n espiritual. Para T reviste inter\u00e9s especial la escena de Betania en que Mar\u00eda est\u00e1 sentada a los pies de Jes\u00fas, y Marta afanada por servirle y quejosa de la pasividad de su hermana (Lc 10,38-42). Teresa transpone el simbolismo de la escena al plano de la vida espiritual: a\/ ante todo, Marta y Mar\u00eda (acci\u00f3n y oraci\u00f3n) \u201candan juntas\u201d (V 17,4; M 7,4, t\u00edt.; R 5,5); b\/ inseparables especialmente a partir de la oraci\u00f3n m\u00edstica de uni\u00f3n (ib); c\/ pero normalmente debe preceder el trabajo de Marta: \u201ces un poco de falta de humildad&#8230; querer ser Mar\u00eda antes que haya trabajado con Marta\u201d (V 22,9); d\/ ante la queja de Marta contra su hermana, \u201cqueja\u201d que T ve repetida por los activos contra los contemplativos, insiste \u00e9sta: \u201cacu\u00e9rdense (los activos) que es menester quien le guise la comida (al Se\u00f1or), y t\u00e9nganse por dichosas en andar sirviendo con Marta&#8230; Pues si contemplar y tener oraci\u00f3n mental y vocal y curar enfermos y servir en las cosas de casa y trabajar \u2013sea en lo m\u00e1s bajo\u2013 todo es servir al Hu\u00e9sped que se viene con nosotras a estar y a comer y recrear, \u00bfqu\u00e9 m\u00e1s se nos da en lo uno que en lo otro?\u201d (C 17,6). \u201cSanta era santa Marta, aunque no dicen era contemplativa. Pues \u00bfqu\u00e9 m\u00e1s quer\u00e9is que poder llegar a ser como esta bienaventurada, que mereci\u00f3 tener a Cristo tantas veces en su casa, y darle de comer y servirle y comer a su mesa? Si se estuviera como la Magdalena&#8230;\u201d (C 17,5); e\/ y glosa as\u00ed la actitud de Marta: \u201cAcu\u00e9rdome algunas veces de la queja de aquella santa mujer, Marta, que no s\u00f3lo se quejaba de su hermana, antes tengo por cierto que su mayor sentimiento era pareci\u00e9ndole no os dol\u00edais Vos, Se\u00f1or, del trabajo que ella pasaba, ni se os daba nada que ella estuviese con Vos. Por ventura le pareci\u00f3 que no era tanto el amor que le ten\u00edais como a su hermana&#8230;\u201d (E 5,2); f\/ eso la lleva a bucear en el sentido que tiene la palabra de Jes\u00fas a favor de Mar\u00eda, \u201cque escogi\u00f3 la mejor parte, y es que ya hab\u00eda hecho el oficio de Marta, regalando al Se\u00f1or en lavarle los pies y limpiarlos con sus cabellos&#8230;\u201d (M 7,4,13); g\/ ya en lo cimero de la vida espiritual, las dos hermanas pasan a ser tipo de dos fracciones del alma humana: la voluntad y el amor, son Mar\u00eda; la memoria, el entendimiento y la actividad, son Marta (R 5,5), o m\u00e1s profundamente: Mar\u00eda es \u201clo esencial del alma\u201d, el \u201chond\u00f3n\u201d; Marta, todo lo restante (M 7,1,10). Pero al final del Castillo, T refrendar\u00e1 la tesis inicial: \u201ccreedme, que Marta y Mar\u00eda (al final de las moradas) han de andar juntas para hospedar al Se\u00f1or y tenerle siempre consigo, y no le hacer mal hospedaje no le dando de comer&#8230; Su manjar es que de todas las maneras que pudi\u00e9remos lleguemos almas para que se salven y siempre le alaben\u201d (M 7,4,12). \u2013 En la posterior espiritualidad teresiana influir\u00e1 especialmente lo referido por T en la Relaci\u00f3n 26, en que adopta el papel de Marta respecto de Jes\u00fas, tras su triunfal ingreso en Jerusal\u00e9n. (T nunca menciona a Betania).<\/p>\n<p>Matusal\u00e9n. \u2013\u00a0Este misterioso personaje del G\u00e9nesis (5,27) aparece una docena de veces en las cartas de la Santa a Graci\u00e1n y a Ambrosio Mariano, los a\u00f1os 1576-1578, siempre como cript\u00f3nimo: para designar al nuncio N. Ormaneto (cartas de 1576-1577), o al nuncio F. Sega (cartas de 1578-1580).<\/p>\n<p>Melquisedec. \u2013\u00a0Personaje misterioso de la historia de Abrah\u00e1n (G\u00e9n 14, 18; Heb 5,10). En T es mero cript\u00f3nimo en el carteo con Graci\u00e1n (carta 134,3: a\u00f1o 1576), para designar al provincial de los carmelitas, \u00c1ngel de Salazar.<\/p>\n<p>Miguel Arc\u00e1ngel, san. \u2013\u00a0Unica menci\u00f3n en V 27,1, a causa de la alarma provocada por los primeros fen\u00f3menos m\u00edsticos de T y su miedo a ser juguete del demonio: \u201cEncomend\u00e1bame&#8230; a san Miguel \u00c1ngel, con quien por esto tom\u00e9 nuevamente devoci\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>Mois\u00e9s. \u2013\u00a0Hablando de la inefabilidad de los \u00e9xtasis m\u00edsticos (M 6,4,7), T los compara a la experiencia de Mois\u00e9s ante la zarza del Sina\u00ed (Ex 3,2): \u201cTampoco Mois\u00e9s supo decir todo lo que vio en la zarza, sino lo que quiso Dios que dijese; mas si no mostrara Dios a su alma secretos con certidumbre para que viese y creyese que era Dios, no se pusiera en tanto y tan grandes trabajos; mas deb\u00eda entender tan grandes cosas dentro de los espinos de aquella zarza, que le dieron \u00e1nimo para hacer lo que hizo por el pueblo de Israel\u201d. Exactamente el 4 de octubre de 1576, T le\u00eda la historia de Mois\u00e9s en el Exodo (?): \u201cAnoche estaba leyendo la historia de Mois\u00e9s, y los trabajos que daba a aquel rey con aquellas plagas y a todo el reino, y c\u00f3mo nunca tocaron en \u00e9l; que en forma me espanta y alegra ver que, cuando el Se\u00f1or quiere, no hay nadie poderoso de da\u00f1ar. Gust\u00e9 de ver lo del mar Bermejo&#8230;\u201d (cta 128,4; cf cta 465,4).<\/p>\n<p>Nazaret. \u2013\u00a0La ciudad de Jes\u00fas no comparece mencionada en los escritos de la Santa, sino s\u00f3lo designando una de las ermitas erigidas por ella en el carmelo de San Jos\u00e9 de \u00c1vila: \u201cla ermita de Nazaret\u201d, donde ella recibe una de sus gracias m\u00edsticas (R 67).<\/p>\n<p>N\u00ednive. \u2013\u00a0Ciudad b\u00edblica. \u00danica menci\u00f3n en M 6,3,9, ocasionada por el recuerdo del profeta Jon\u00e1s y su amenaza de destrucci\u00f3n de la ciudad.<\/p>\n<p>No\u00e9. \u2013\u00a0En las Moradas (7,3,13), T recuerda el episodio de la paloma que regresa al arca de No\u00e9 con el ramo de oliva (G\u00e9n 8,8-9): s\u00edmbolo de la gran paz del alma en las s\u00e9ptimas moradas, despu\u00e9s de todas las borrascas de la vida anterior.<\/p>\n<p>Pablo, san Ver: Pablo, san.<\/p>\n<p>Paral\u00edtico curado por Jes\u00fas. \u2013 El inv\u00e1lido de la \u201cPiscina de los Reba\u00f1os\u201d es objeto de uno de los primeros milagros de Jes\u00fas en el Evangelio de Juan (5,2-8). A Teresa, que de joven tambi\u00e9n estuvo \u201ctullida\u201d varios a\u00f1os (V 6,1-2), le resulta f\u00e1cil la transposici\u00f3n doctrinal de la escena evang\u00e9lica: \u201c&#8230;las almas que no tienen oraci\u00f3n son como un cuerpo con perles\u00eda o tullido, que aunque tiene pies y manos no los puede mandar&#8230;\u201d (M 1,1,6). \u201cSi no viene el mismo Se\u00f1or a mandarlas se levanten \u2013como al que hab\u00eda treinta a\u00f1os que estaba en la piscina\u2013 tienen harta malaventura y gran peligro&#8230;\u201d (M 1,1,8). Alma sin oraci\u00f3n es la que a\u00fan no ha sido capaz de entrar en el castillo. Espera a que pase el Maestro y la libere de la atrofia que le dificulta el hablar con Dios. Ser\u00e1 \u00e9se el momento de su ingreso en las moradas primeras.<\/p>\n<p>Pedro Ap\u00f3stol, san.\u00a0\u2013 Entre los santos a quienes T tiene particular devoci\u00f3n, menciona a \u201csan Pedro y san Pablo\u201d (A 6). \u201cEran estos gloriosos Santos muy mis se\u00f1ores\u201d (V 29,9). Profesa afecto especial a san Pedro, por su condici\u00f3n de \u201cconvertido\u201d, en el que ella ve reflejada la propia historia: \u201cA san Pedro (lo perdon\u00f3) una vez que lo fue (ingrato); a m\u00ed, muchas\u201d (V 19,10; cf V pr\u00f3logo). Los dos, el ap\u00f3stol y ella, han recibido de Dios tantas mercedes, despu\u00e9s de tantas infidelidades (M 6,7,4). Se le acrecent\u00f3 ese afecto, por haber recibido una de sus gracias cristol\u00f3gicas en la fiesta del Santo (V 29,5).<\/p>\n<p>De la historia evang\u00e9lica de Pedro, T retiene y admira ciertos gestos: su decisi\u00f3n de dejar las redes y todo, por seguir a Jes\u00fas (M 3,1,8); el arranque de arrojarse al mar por acercarse a Jes\u00fas, aunque luego temiese (V 13,3; Conc 2,29); el deseo de plantar su morada en el Tabor al lado del Se\u00f1or (V 15,1; y C 31,3); su estremecimiento ante el poder taumat\u00fargico de Jes\u00fas y la propia indignidad (V 22,11); incluso el paso de la arrogancia a la pusilanimidad, al comienzo de la Pasi\u00f3n (F 5,15), etc. A \u00e9l y a san Pablo se encomienda \u201cmucho y siempre\u201d cuando los confesores y asesores la han llenado de temores de ser enga\u00f1ada por el demonio (V 29,5). Teresa se hace eco de la leyenda del \u201cQuo vadis\u201d, tantas veces le\u00edda en el propio breviario (p. 292): \u201cGusto yo mucho de san Pedro cuando iba huyendo de la c\u00e1rcel y se le apareci\u00f3 el Se\u00f1or y le dijo que iba a Roma a ser crucificado otra vez: ninguna rezamos esta fiesta adonde esto est\u00e1, que no me es particular consuelo. \u00bfC\u00f3mo qued\u00f3 San Pedro de esta merced del Se\u00f1or, o qu\u00e9 hizo? Irse luego a la muerte&#8230;\u201d (M 7,4,5)<\/p>\n<p>En una de las ermitas hechas construir por la Santa en la huerta de San Jos\u00e9 de \u00c1vila (\u201cErmita del Santo Cristo a la Columna\u201d) se conserva una pintura al fresco, tambi\u00e9n debida a la iniciativa de T, en la que se representa al ap\u00f3stol llorando. Se la titula \u201cLas l\u00e1grimas de san Pedro\u201d.<\/p>\n<p>Pilatos. \u2013\u00a0En las sextas moradas, T alega el simb\u00f3lico episodio de Pilatos que pregunta a Jes\u00fas por la verdad (Jn 18, 36-38), a prop\u00f3sito del interrogante sobre verdad y mentira, referidas respectivamente a Dios y al hombre. \u201c\u00c9l solo es verdad que no puede mentir\u201d. Y \u201ctodo hombre es mentiroso\u201d (salmo 115, 11). \u201c(Dios) es verdad que no puede faltar. Acu\u00e9rdaseme de Pilatos lo mucho que preguntaba a nuestro Se\u00f1or cuando en su Pasi\u00f3n le dijo qu\u00e9 era verdad, y lo poco que entendemos ac\u00e1 de esta suma Verdad\u201d (M 6,10,5).<\/p>\n<p>Pr\u00f3digo, el hijo. \u2013\u00a0El pr\u00f3digo es la figura central en la par\u00e1bola de Jes\u00fas: Lc 15, 11-32. Teresa hace su transposici\u00f3n doctrinal tanto al plano asc\u00e9tico como al m\u00edstico. De la par\u00e1bola retiene la figura del padre para glosar la primera invocaci\u00f3n del \u201cPadre nuestro\u201d: \u201cSi nos tornamos a El, como al hijo pr\u00f3digo nos ha de perdonar, nos ha de consolar&#8230;, nos ha de sustentar&#8230;\u201d (C 27,2). En las moradas asc\u00e9ticas del Castillo, el hijo que regresa a la casa paterna es imagen del regreso del hombre alienado fuera de s\u00ed, que regresa a s\u00ed mismo y entra en el interior del castillo, para que ya \u201cno ande perdido, como el hijo pr\u00f3digo, comiendo manjar de puercos\u201d (M 2,1,4). Por fin en el plano m\u00edstico, T evoca la fiesta de la casa, el \u201cj\u00fabilo y la oraci\u00f3n extra\u00f1a\u201d que siguen al \u00e9xtasis m\u00edstico: \u201c\u00a1Oh qu\u00e9 de fiestas har\u00eda y qu\u00e9 de muestras, si pudiese, para que todos entendiesen su gozo! Parece que se ha hallado a s\u00ed, y que, como el padre del hijo pr\u00f3digo, querr\u00eda convidar a todos y hacer grandes fiestas, por ver su alma en puesto que no puede dudar que est\u00e1 en seguridad, al menos por entonces\u201d (M 6,6,10).<\/p>\n<p>Profeta \/ profec\u00eda. \u2013\u00a0En los escritos de T no son frecuentes las citas de los profetas b\u00edblicos. Las tablas estad\u00edsticas de E. Renault documentan un total de 21 citas: Isa\u00edas, 4 veces; Jerem\u00edas, 1; Ezequiel, 3; Oseas, 2; Daniel, 2; Jon\u00e1s, 4; Malaqu\u00edas, 5. S\u00f3lo Jon\u00e1s es mencionado por su nombre (M 5,3,6; 6,3,9; F 20,12 y 28,5; cta 230,10; Po 2,11), casi siempre identific\u00e1ndose a s\u00ed misma con \u00e9l, en la misi\u00f3n de fundadora: \u201cparec\u00edame ser yo la causa de toda esta tormenta, y que si me echasen en la mar como a Jon\u00e1s, cesar\u00eda la tempestad\u201d (F 28,5). En cambio, evoca reiteradamente al \u201creal profeta David\u201d (V 16,3; 20,10&#8230;), a los \u201csantos profetas\u201d del Carmelo, \u201ccasta de donde venimos, de aquellos santos profetas\u201d (F 29,33), y a Jes\u00fas mismo recordando su di\u00e1logo con la Samaritana (Conc 7,6).<\/p>\n<p>En su experiencia personal, T es consciente de poseer el carisma de profec\u00eda, como previsi\u00f3n de acontecimientos futuros: \u201cmuchas cosas que se me dec\u00edan dos o tres a\u00f1os antes&#8230;, todas se han cumplido\u201d (V 27,19). Tiene numerosos anuncios prof\u00e9ticos sobre la fundaci\u00f3n del Carmelo de San Jos\u00e9 de \u00c1vila: \u201calgunas&#8230;, tres o cuatro a\u00f1os antes que se supiesen, me las dec\u00eda el Se\u00f1or\u201d (V 32 y 34,18). Igual previsi\u00f3n y predicci\u00f3n de la muerte de fray Pedro de Alc\u00e1ntara, \u201cun a\u00f1o antes que muriese&#8230; y se lo avis\u00e9\u201d (V 27,19). Lo mismo, de la pr\u00f3xima muerte repentina de su hermana mayor, Mar\u00eda (V 34,19). En el balance que ella hace de esos a\u00f1os, afirma: \u201cNinguna cosa he entendido en la oraci\u00f3n, aunque sea dos a\u00f1os antes, que no se haya visto cumplida\u201d (R 3,11). El hecho de las previsiones prof\u00e9ticas con el refrendo de su cumplimiento fue uno de los criterios que le aplicaron los te\u00f3logos para discernir sus fen\u00f3menos m\u00edsticos: \u201cNinguna cosa le han dicho jam\u00e1s (en sus experiencias m\u00edsticas) que no haya sido as\u00ed y no se haya cumplido, y esto es grand\u00edsimo argumento\u201d (es, decir, gran prueba del origen divino de sus experiencias: cf el Dictamen, BMC 2, 132, n\u00ba 31). Ser\u00e1 uno de los temas sobre que ser\u00e1n interrogados los testigos en el proceso de beatificaci\u00f3n de la Santa: \u201cItem pone: que fue dotada por Dios del don de profec\u00eda. Muchas cosas profetiz\u00f3 que aun viviendo se cumplieron, porque profetiz\u00f3 la muerte del rey de Portugal, y de su ej\u00e9rcito&#8230;\u201d (\u201cR\u00f3tulo de los Procesos remisoriales&#8230;\u201d: BMC 20, p. LX, n. 81).<\/p>\n<p>Desde el punto de vista doctrinal, T advierte que \u201cno est\u00e1 la suma perfecci\u00f3n en arrobamientos ni visiones ni en esp\u00edritu de profec\u00eda&#8230;\u201d (F 5,10). Si acaso, el hecho de la profec\u00eda cumplida le sirve de comprobante de la autenticidad de otras gracias m\u00edsticas (V 25,2). Pero en el discernimiento de la profec\u00eda misma hay que evitar toda ligereza (F 8,5.7). Cuando la profec\u00eda es aut\u00e9ntica, se graba indeleblemente en la memoria (V 25,7), y \u201cqueda de ellas una certidumbre grand\u00edsima\u201d (M 6, 3, 7). A nivel m\u00e1s elevado, es en Jes\u00fas mismo donde ha tenido lugar el cumplimiento de las profec\u00edas. Lo canta ella en uno de sus villancicos: \u201cVamos todos juntos \/ a ver al Mes\u00edas, \/ que vemos cumplidas \/ ya las profec\u00edas\u201d (Po 17).<\/p>\n<p>(En el epistolario, T utiliza los t\u00e9rminos \u201cprofec\u00eda\u201d, \u201cprofetizar\u201d en sentido ir\u00f3nico vulgar, por \u201camenazar con aire de profeta\u201d (cta 229,4-5), o por \u201cpresagio pesimista\u201d (en carta a Graci\u00e1n: 261,3).<\/p>\n<p>Publicano. \u2013\u00a0Personaje de una de las par\u00e1bolas de Jes\u00fas: un publicano y un fariseo suben al templo a orar (Lc 18,9). En la par\u00e1bola aparecen como modelos de la mala oraci\u00f3n (el fariseo) y de la oraci\u00f3n bien hecha (el publicano). T subraya la actitud de este \u00faltimo al ponerse en presencia del Se\u00f1or: \u201cno osar alzar los ojos\u201d (V 15,9; M 7,3,14; cf C 31,6), gesto de humildad que ella cree fundamental en la oraci\u00f3n del cristiano, incluso en lo m\u00e1s alto de la vida m\u00edstica: los orantes de las s\u00e9ptimas moradas \u201candan muchas veces que no osan alzar los ojos como el publicano\u201d (M 7,3,14).<\/p>\n<p>Querubines \/ Serafines. \u2013\u00a0Uno de \u201clos que llaman querubines\u201d fue el que hiri\u00f3 el coraz\u00f3n de T \u201ccon un dardo de oro\u201d que \u201cparec\u00eda tener un poco de fuego\u201d. Este \u00e1ngel \u201cno era grande sino peque\u00f1o, hermoso mucho, el rostro tan encendido que parec\u00eda de los \u00e1ngeles muy subidos que parece todos se abrasan\u201d (V 29,13). En el aut\u00f3grafo de Vida uno de los censores corrigi\u00f3: \u201cserafines\u201d en lugar de \u201cquerubines\u201d. De hecho, Teresa misma en una de las postreras visiones narradas en Vida (39,22), describe el trono de Dios rodeado de \u201cmuy gran multitud de \u00e1ngeles: pareci\u00e9ronme sin comparaci\u00f3n con muy mayor hermosura que los que en el cielo he visto. He pensado si son serafines o querubines&#8230;\u201d. Ya hab\u00eda escrito: \u201cque los nombres no me los dicen\u201d (V 29,13). Ver: Miguel Arc\u00e1ngel.<\/p>\n<p>Raquel y L\u00eda. \u2013\u00a0Raquel y L\u00eda son hermanas, esposas de Jacob (G\u00e9n 29,15-28). En la tradici\u00f3n cristiana \u2013espiritual y art\u00edstica\u2013 han simbolizado la vida contemplativa y la vida activa. Simbolismo tambi\u00e9n presente en T (V 17,7).<\/p>\n<p>Salom\u00f3n. \u2013\u00a0Rey de Jerusal\u00e9n, hijo de David. Como era corriente en su tiempo, T lo cree autor del Cantar de los Cantares (Conc pr\u00f3logo 1), y recuerda \u201cla edificaci\u00f3n del templo de Salom\u00f3n adonde no se hab\u00eda de o\u00edr ning\u00fan ruido\u201d (M 7,3,11), s\u00edmbolo de lo que \u201cpasa\u201d en la \u00faltima morada del castillo interior. Pero sobre todo la figura de Salom\u00f3n es para ella el tipo del riesgo que acecha a todo hombre en el camino espiritual: \u201cque muy santo era David, y ya veis lo que fue Salom\u00f3n\u201d (M 3,1,4). Y en las s\u00e9ptimas moradas, \u201ccuando se acuerdan de algunos que dice la Escritura&#8230; como un Salom\u00f3n, que tanto comunic\u00f3 con Su Majestad, no pueden dejar de temer\u201d (M 7,4,3).<\/p>\n<p>Samaritana. \u2013\u00a0La figura evang\u00e9lica de \u201cla mujer de Samar\u00eda\u201d que conversa con Jes\u00fas al lado del pozo de Jacob (Jn 4,5&#8230;) es uno de los tipos b\u00edblicos predilectos de Teresa. No s\u00f3lo por la condici\u00f3n de \u201cmujer\u201d, y de mujer \u201cconvertida\u201d en el encuentro con el Se\u00f1or, sino por el sugestivo simbolismo del pozo, la sed y el agua. Teresa llevaba en su breviario una estampa con la imagen de la Samaritana y de Jes\u00fas, en cuyo margen inferior ella misma hab\u00eda escrito: \u201cDomine, da mihi aquam\u201d. Esa petici\u00f3n y el simbolismo de la misteriosa sed de Jes\u00fas, y del agua ofrecida por El, son la base de la tipolog\u00eda doctrinal de la mujer (\u201csanta mujer\u201d) samaritana.<\/p>\n<p>La samaritana ha entrado en la vida y experiencia de Teresa misma: \u201c\u00a1Oh, qu\u00e9 de veces me acuerdo del agua viva que dijo el Se\u00f1or a la Samaritana, y as\u00ed soy muy aficionada a aquel Evangelio\u201d (V 30,19). Lo repetir\u00e1 comentando el verso de los Cantares \u201cdesfallezco de mal de amores\u201d: \u201cAcu\u00e9rdome ahora lo que muchas veces he pensado de aquella santa Samaritana, qu\u00e9 herida deb\u00eda estar de esta hierba, y cu\u00e1n bien hab\u00edan prendido en su coraz\u00f3n las palabras del Se\u00f1or&#8230;\u201d (Conc 7, 6).<\/p>\n<p>En el juego de s\u00edmbolos manejados por ella (sed, agua, huerto, riego&#8230;), la Samaritana es el tipo que mejor los encarna. El alma de las moradas sextas ya \u201cno quiere que se le quite (la sed) si no es con (el agua) que dijo nuestro Se\u00f1or a la Samaritana, \u00a1y eso no se lo dan\u00a0!\u201d (M 6,11,5): esa agua viva s\u00ed se la dar\u00e1n al entrar en la morada siguiente. Al orante contemplativo lo alienta ella record\u00e1ndole cu\u00e1n cerca est\u00e1 \u201cde la fuente de agua viva que dijo el Se\u00f1or a la Samaritana\u201d (C 19,2). En cierto modo, la mujer de Samar\u00eda simboliza, para T la unidad de la vida espiritual: en ella se identifica Marta y Mar\u00eda; ella es el tipo de la fecundidad apost\u00f3lica del contemplativo, que prorrumpe en amor al pr\u00f3jimo (Conc c. 7, t\u00edtulo).<\/p>\n<p>Ya en una de sus \u00faltimas p\u00e1ginas, escrita a mediados de 1582, T recuerda a las lectoras de sus Carmelos, que quienes no hayan llegado a sacar el gusto a la soledad de la clausura, \u201cteman que no han topado con el agua viva que dijo el Se\u00f1or a la Samaritana, y que se les ha escondido el Esposo, y con raz\u00f3n&#8230;\u201d (F 31,46).<\/p>\n<p>Con matiz tipol\u00f3gico variante, T presenta en el Vejamen (n. 6) la terna de mujeres evang\u00e9licas: Magdalena, Samaritana y Cananea. Ah\u00ed las propone a fray Juan de la Cruz como tres buscadoras de Dios, cuando a\u00fan no estaban \u201cmuertas al mundo\u201d.<\/p>\n<p>Sa\u00fal. \u2013\u00a0El rey Sa\u00fal es recordado por T en el Castillo Interior (M 5,3,2; 6,9,15) y en el epistolario (cta 185,6). En \u00e9l tipifica una de sus tesis doctrinales: la del riesgo permanente que corre el espiritual, incluso en las \u00faltimas fases del proceso de gracia. Toda la vida es riesgo. Sa\u00fal y Judas son para T los dos tipos b\u00edblicos del riesgo con desenlace negativo o tr\u00e1gico: \u201cCu\u00e1ntos debe haber que los llama el Se\u00f1or al apostolado, como a Judas, comunicando con ellos, y los llama para hacer reyes, como a Sa\u00fal, y despu\u00e9s por su culpa se pierden&#8230;\u201d (M 5,3,2).<\/p>\n<p>Sime\u00f3n. \u2013\u00a0Anciano \u201chonrado y piadoso\u201d que acoge a Jes\u00fas presentado en el templo (Lc 2,25). Escena muy del agrado de T, que ve en \u00e9l y en la escena el s\u00edmbolo de la gratuidad absoluta de la experiencia m\u00edstica. Lo recuerda en C 31,2, al hablar de la oraci\u00f3n de quietud, que \u201ces ya cosa sobrenatural\u201d. Y glosa deliciosamente el pasaje evang\u00e9lico: pone Dios al alma en paz \u201ccomo hizo al justo Sime\u00f3n&#8230; Entiende el alma que est\u00e1 ya junto cabe Dios&#8230; No porque lo ve con los ojos del cuerpo ni del alma. Tampoco ve\u00eda el justo Sime\u00f3n m\u00e1s que el glorioso Ni\u00f1o pobrecito&#8230; Mas di\u00f3selo el Ni\u00f1o a entender. Y as\u00ed lo entiende ac\u00e1 el alma\u201d. (cf adem\u00e1s R 36, en que evoca la presencia de la Virgen en la escena).<\/p>\n<p>Susana. \u2013\u00a0Mujer del destierro, recordada en el Libro de David, c. 13. Tipo de la inocencia avasallada por la justicia humana, pero reivindicada por Dios. Unica menci\u00f3n en la Santa en F 17,7, comparando al episodio b\u00edblico el suceso de Ambrosio Mariano, \u201cllamado para que le matasen, casi como a los viejos de Santa Susana\u201d.<\/p>\n<p>Tabor. \u2013\u00a0\u201cMonta\u00f1a sagrada\u201d (2 Pe 1,18), lugar de la glorificaci\u00f3n de Jes\u00fas (Mt 3,17), recordado en la R 36 como expresi\u00f3n del gran \u201cgozo de Jes\u00fas\u201d. En contraposici\u00f3n al Calvario (Po 2,10), lugar del sumo dolor.<\/p>\n<p>Tom\u00e1s, santo. \u2013\u00a0Ap\u00f3stol, uno de los doce elegidos por Jes\u00fas: Tom\u00e1s el Mellizo. Teresa lo recuerda una sola vez (M 3,1,2) con ocasi\u00f3n de su gesto \u2013algo malhumorado\u2013 de subir a Jerusal\u00e9n con Jes\u00fas para morir all\u00ed con El (Jn 11,16). Ella tipifica ese gesto, trasform\u00e1ndolo en el deseo de morir con Cristo, antes que vivir sin El: \u201cDios m\u00edo, muramos con Vos \u2013como dijo santo Tom\u00e1s\u2013, que no es otra cosa sino morir muchas veces vivir sin Vos y con estos temores de que puede ser posible perderos para siempre\u201d (ib).<\/p>\n<p>(Otras referencias a santo Tom\u00e1s corresponden al dominico Sto. Tom\u00e1s de Aquino V 38,13, y cartas, o al convento de Santo Tom\u00e1s de \u00c1vila: R 4,8 y cartas).<\/p>\n<p>Zebedeo, los hijos del. \u2013\u00a0Los hijos del Zebedeo (los \u201cBoanerges\u201d: Mc 3,17) son los ap\u00f3stoles Santiago y Juan. En las Moradas 6,11,11, Teresa evoca la escena evang\u00e9lica en que los dos aseguran a Jes\u00fas que pueden \u201cbeber el mismo c\u00e1liz que beber\u00e1 El\u201d (Mc 10,38). A ellos se equiparan los orantes que osan pedir a Dios ciertas gracias m\u00edsticas, sin saber que para recibirlas \u201ces menester \u00e1nimo, y que tendr\u00e1 raz\u00f3n el Se\u00f1or, cuando le pidiereis estas cosas, de deciros lo que respondi\u00f3 a los hijos del Zebedeo: si podr\u00edan beber el c\u00e1liz\u201d (cf M 2,1,8: \u201cnos puede con raz\u00f3n decir que no sabemos lo que pedimos\u201d). Simbolog\u00eda b\u00edblica.<\/p>\n<p>T.\u00a0\u00c1lvarez<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De acuerdo con la tradici\u00f3n judeo-cristiana, especialmente presente en la literatura espiritual, tambi\u00e9n Teresa practica el recurso de evocar los gestos o la semblanza de personajes b\u00edblicos para ver realizado en ellos no s\u00f3lo el camino espiritual, sino aspectos, etapas &hellip; <a href=\"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3201\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":""},"categories":[21],"tags":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p2dsrC-PD","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3201"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3201"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3201\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3202,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3201\/revisions\/3202"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3201"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3201"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3201"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}