{"id":3207,"date":"2015-01-15T11:28:04","date_gmt":"2015-01-15T17:28:04","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3207"},"modified":"2021-01-15T11:30:22","modified_gmt":"2021-01-15T17:30:22","slug":"alma","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3207","title":{"rendered":"Alma"},"content":{"rendered":"<p>Se tratar\u00e1n los puntos siguientes: 1. L\u00e9xico y concepto. \u2013 2. Experiencia m\u00edstica del alma. \u2013 3. Simbolog\u00eda. \u2013 4. Estructura del alma.<\/p>\n<p>1. L\u00e9xico y noci\u00f3n. \u2013 \u201cAlma\u201d en el l\u00e9xico teresiano tiene las acepciones corrientes del lenguaje popular religioso de su tiempo. Utiliza ese vocablo m\u00e1s frecuentemente que el arcaizante \u201c\u00e1nima\u201d. \u201cAlma\u201d designa, en general, la componente espiritual de la persona humana, en contraposici\u00f3n a \u201ccuerpo\u201d, su componente material. A T la ha librado san Jos\u00e9 de peligros \u201cas\u00ed de cuerpo como de alma\u201d (V 6,6). A su padre don Alonso, moribundo, lo asiste ella \u201cestando m\u00e1s enferma en el alma que \u00e9l en el cuerpo\u201d (V 7,14). Por ser la porci\u00f3n m\u00e1s noble y permanente del compuesto humano, \u201calma\u201d designa con frecuencia a la persona misma: \u201cGran mal es un alma sola entre tantos peligros\u201d (V 7,20). \u201cAlma descontenta es como quien tiene gran hast\u00edo\u201d (C 13,7). El plural \u201calmas\u201d mantiene el significado corriente en el uso religioso: las personas en cuanto destinatarias de la salvaci\u00f3n del Se\u00f1or Jes\u00fas: \u201cMillones de almas que se perd\u00edan\u201d en las Indias (F 1,7). \u201c\u00cdmpetus grandes de aprovechar almas\u201d (V 36,26). \u201cVerme aqu\u00ed metida, con almas tan desasidas\u201d (V 36,26).<\/p>\n<p>Las mismas flexiones sem\u00e1nticas, con peque\u00f1os matices psicol\u00f3gicos y religiosos, tiene en sus escritos el vocablo \u201c\u00e1nima\/s\u201d. Lo reserva con frecuencia para designar el alma despu\u00e9s de la muerte: \u201c\u00e1nimas de purgatorio\u201d (V 11,7). \u201cMe acaeci\u00f3 una noche de las \u00e1nimas\u201d (V 31,10). Pero lo normal es utilizarlo como sin\u00f3nimo de alma-persona, o de alma porci\u00f3n espiritual del compuesto humano. \u201cFortaleza de \u00e1nima\u201d (V 11,13). \u201cOh \u00e1nima m\u00eda\u201d (V 5,110).<\/p>\n<p>Desde esa concepci\u00f3n popular del ser humano, apoyada en los textos paulinos (Ef 4,4; 1 Tes 5,23) y en la liturgia, T habla del cuerpo como c\u00e1rcel del alma, y de \u00e9sta como encarcelada en \u00e9l mientras dure su condici\u00f3n terrena: \u201cparticipa esta encarceladita de esta pobre alma de las miserias del cuerpo\u201d (V 11,15). Y m\u00e1s po\u00e9ticamente: \u201c&#8230;estos destierros, \/ esta c\u00e1rcel y estos hierros \/ en que el alma est\u00e1 metida\u201d (Po 1,13). Como san Pablo, dice ella, el alma clama por la liberaci\u00f3n (Rom 7,24: V 21,6), o por \u201cla salida del cuerpo\u201d (V 21,6; Po 1, 3: \u201cesperar la salida\u201d). En cada \u00e9xtasis, el alma pugna por \u201carrancarse\u201d de \u00e9l (V 29,8; 32,2; cf el \u201carrancamiento del alma\u201d de que habla en M 5,1,4). Dentro de \u00e9l se siente \u201cherida\u201d (V 29,11). Y en ciertos momentos de su experiencia m\u00edstica no sabe \u2013como san Pablo\u2013- si le acaecen en el cuerpo o fuera del cuerpo (V 20,3; 38,17; R 5,11; M 6,5,7-8). Pero de hecho las gracias m\u00edsticas van \u201censanchando poco a poco\u201d el alma (C 29,12).<\/p>\n<p>El alma atraviesa situaciones y estados m\u00faltiples. El alma \u201ccrece\u201d, aunque no como el cuerpo (V 15,12: \u201cde verdad crece\u201d). Tiene ojos, diversos de los sentidos corporales y del propio entendimiento (\u201cvile con los ojos del alma, m\u00e1s claramente que le pudiera ver con los del cuerpo\u201d: V 7,6; cf 30,4; 38,23&#8230;). En los arrobamientos \u201cparece no anima el alma al cuerpo\u201d (V 20,3). A veces, de l\u00facida y sana, el alma pasa a ser flaca y enferma. Teresa habla de \u201c\u00e1nimas animosas\u201d (V 13,2; 19,2), \u201cdeterminadas y animosas\u201d (CE 39,4), \u201calma se\u00f1ora en su reino\u201d V 31,12). Y, por el contrario, de \u201calmas desalmadas\u201d, que a s\u00ed mismas se sirven la mentira (V 25,8).<\/p>\n<p>Desde esa especie de visi\u00f3n dicot\u00f3mica de alma\/cuerpo, a T le resulta normal encararse con la propia alma y entablar di\u00e1logo con ella: \u201cpar\u00e9ceme fuera bien, oh \u00e1nima m\u00eda, que miraras del peligro que el Se\u00f1or te hab\u00eda librado\u201d (V 5,11). \u201cAl\u00e9grate, \u00e1nima m\u00eda\u201d. \u201cOh \u00e1nima m\u00eda, bendice para siempre a tan gran Dios\u201d (E 7,3; 3,2). \u201cEntonces, alma m\u00eda, entrar\u00e1s en tu descanso, cuando te entra\u00f1ares con este sumo bien\u201d (E 17,5). Pasajes t\u00edpicos por el ins\u00f3lito recurso al tuteo de T con la propia alma.<\/p>\n<p>Lo que ha hecho posible ese di\u00e1logo de la escritora con la propia alma es la contraposici\u00f3n de los dos estratos de la persona: el exterior y el interior. Exterior es el cuerpo, la palabra, el razonamiento de quien escribe, los sentidos, todo lo instalado en la superficie de s\u00ed mismo. En cambio, el alma es la interioridad de la persona, lo hondo de uno mismo, velado de misterio y envuelto en silencio. La interlocuci\u00f3n va siempre desde la superficie a esa zona de silencio que T designa como \u201clo interior\u201d (V 4,8; 18,14; 20,1; C 3.3; 12,1&#8230;), con clara contraposici\u00f3n de exterior-cuerpo e interior-alma (C 13,7; CE 53,3; V 34,11). La impresi\u00f3n de hondura, a modo de capas infrapuestas, se traduce en textos como \u201clo muy interior\u201d (V 27,6; 40,6), \u201clo muy muy interior\u201d, \u201cuna cosa muy honda que no sabe decir (T.) c\u00f3mo es\u201d (M 7,1,7). De ah\u00ed su consigna: \u201cNo nos imaginemos huecas por dentro\u201d (C 28,10).<\/p>\n<p>Ese relativo bagaje informativo sobre la propia alma tendr\u00e1, con el tiempo y la experiencia, desarrollo creciente. Lo que no resulta f\u00e1cil es precisar las fuentes de ese saber. Fuente primordial hubo de ser la catequesis casera, enriquecida m\u00e1s tarde con la formaci\u00f3n juvenil en Santa Mar\u00eda de Gracia, y sobre todo con las pl\u00e1ticas espirituales de la Encarnaci\u00f3n y las asiduas lecturas personales de Teresa. Habr\u00eda que recorrer uno a uno los libros mencionados por ella en Vida, para espigar los datos que fueron sum\u00e1ndose a su saber. Probablemente T medit\u00f3 cap\u00edtulos selectos del Cartujano sobe el alma de Cristo en su relaci\u00f3n con el cuerpo y con la divinidad del Se\u00f1or. Pero todo parece indicar que el fil\u00f3n informativo de fondo proviene de san Agust\u00edn a trav\u00e9s de la lectura de las Confesiones (V 9,7), especialmente de los cap\u00edtulos 7-27 del libro 10\u00ba, o bien el cap\u00edtulo 6, n.11 del libro 3\u00ba. De \u00e9l pas\u00f3 a T el concepto, gen\u00e9rico pero fundamental, del alma como interioridad del hombre: \u201clo muy interior del alma&#8230;, lo dice san Agust\u00edn&#8230;\u201d (V 40,6; C 28,2; M 4,3,3; 6,7,9).<\/p>\n<p>Lo que s\u00ed resulta evidente es el inter\u00e9s de Teresa por el alma. Ella no puede pensarse a s\u00ed misma sin referirse a ese \u00e1mbito interior en que espacia el alma. A causa de sus enfermedades cr\u00f3nicas, T sufre la presi\u00f3n del cuerpo, tiene fuerte consciencia de su presencia e imponencia. Pero el primer plano de presencia a s\u00ed misma lo ocupa el alma, con todo su arsenal de pensamientos, deseos, fantas\u00edas, potencias y sentidos (\u201clos ojos del alma\u201d), goces e insatisfacciones. Es sugestiva la estampa de T mirando ese bullir de cosas que hay dentro de s\u00ed misma: \u201c&#8230;que el entendimiento no parece sino un loco furioso que nadie le puede atar&#8230; Algunas veces me r\u00edo.. y estoyle mirando y d\u00e9jole a ver qu\u00e9 hace, y \u2013gloria a Dios\u2013 nunca va a cosa mala sino indiferentes; si algo hay que hacer aqu\u00ed y all\u00ed y acull\u00e1&#8230;\u201d (V 30, 16). Se ha llamado \u201csocratismo teresiano\u201d a esa tensi\u00f3n de Teresa por conocer su alma. Como en el Alcib\u00edades de Plat\u00f3n, a ella le resulta imposible conocerse sin conocerla. \u201cApenas deben llegar nuestros entendimientos, por agudos que fueren, a comprenderla\u201d (M 1,1,1). Ah\u00ed radica el planteamiento del Castillo Interior. \u201cNo es peque\u00f1a l\u00e1stima y confusi\u00f3n&#8230;que no nos entendamos a nosotros mismos ni sepamos qui\u00e9n somos\u201d (ib 2). \u201cCierto, veo secretos en nosotros mismos que me traen espantada muchas veces&#8230; Y andamos ac\u00e1 como unos pastorcillos bobos&#8230;\u201d (M 4,2,5).<\/p>\n<p>En ese humus de atisbos y buceos brot\u00f3 y floreci\u00f3 su experiencia m\u00edstica del alma.<\/p>\n<p>2. Experiencia de la propia alma. \u2013 En la vida m\u00edstica de T es caracter\u00edstica su experiencia de la propia alma. En el concierto de sus experiencias m\u00edsticas \u2013de Cristo, de Dios Trinidad, de la Iglesia, la gracia, el pecado, la Palabra, la Eucarist\u00eda\u2013 el alma hace de tel\u00f3n de fondo, o de envase receptor de todas esas experiencias, sencillamente por ser percibidas como \u201cvida\u201d, o como \u201chistoria de salvaci\u00f3n\u201d: el alma es el sujeto portante. No es f\u00e1cil establecer un gui\u00f3n cronol\u00f3gico de la serie de \u201cexperiencias\u201d que se van sobreponiendo en el haber de T. Baste regresar a los pasajes testificales m\u00e1s cl\u00e1sicos:<\/p>\n<p>a) En las \u00faltimas p\u00e1ginas del Libro de la Vida (cap. 40: escrito a finales de 1565), T describe minuciosamente una de sus experiencias simb\u00f3licas: \u201cEstando una vez en las Horas con todas, de presto se recogi\u00f3 mi alma, y pareci\u00f3me ser como un espejo claro toda, sin haber espaldas ni lados ni alto ni bajo, y en el centro de ella se me represent\u00f3 Cristo nuestro Se\u00f1or como le suelo ver. Parec\u00edame en todas las partes de mi alma le ve\u00eda claro como en un espejo, y tambi\u00e9n este espejo \u2013yo no s\u00e9 decir c\u00f3mo\u2013 se esculp\u00eda todo en el mismo Se\u00f1or por una comunicaci\u00f3n que yo no sabr\u00e9 decir, muy amorosa\u201d (40, 5 y cf los nn. ss.). La vieja idea plat\u00f3nica de que el alma humana es reflejo de lo divino, en Teresa adquirir\u00e1 alcance y matices nuevos, como iremos viendo.<\/p>\n<p>b) A\u00f1os m\u00e1s tarde, hacia 1571, esa experiencia se le repite. La refiere ella en t\u00e9rminos muy semejantes: \u201cuna vez, estando en oraci\u00f3n, me mostr\u00f3 el Se\u00f1or por una manera extra\u00f1a de visi\u00f3n intelectual c\u00f3mo estaba el alma que est\u00e1 en gracia, en cuya compa\u00f1\u00eda vi la Sant\u00edsima Trinidad por visi\u00f3n intelectual, de cuya compa\u00f1\u00eda ven\u00eda al alma un poder que se\u00f1oreaba toda la tierra. Di\u00e9ronseme a entender aquellas palabras de los Cantares: veniat dilectus meus in hortum suum\u201d (R 24). De nuevo, experimenta al alma en su apertura a la trascendencia: la Trinidad. Que el alma es \u201chuerto\u201d de Dios, es simbolismo ya desarrollado por T en Vida 11, 6.<\/p>\n<p>c) Esa misma experiencia de la inhabitaci\u00f3n trinitaria Teresa la percibe estrechamente vinculada a la experiencia del \u201chond\u00f3n\u201d de la propia alma: \u201c&#8230;que est\u00e1n en lo muy interior de su alma, en lo muy muy interior, en una cosa muy honda que no se sabe decir c\u00f3mo es\u201d (M 7,1,7; cf 4,2,6: textos de 1577; pero ya antes lo hab\u00eda notado: R 18 y 47. Del \u201chond\u00f3n interior\u201d, en M 4,2,6).<\/p>\n<p>d) Igual vinculaci\u00f3n en la experiencia de su uni\u00f3n a Cristo. Teresa lo percibe como un hecho acaecido en lo profundo del alma: R 49 y 57. Y concluye esta \u00faltima: \u201chay grandes secretos en lo interior cuando se comulga. Es l\u00e1stima que estos cuerpos no nos los dejen gozar\u201d.<\/p>\n<p>e) Recordar\u00e1 m\u00e1s de una vez la interioridad agustiniana (cf R 47,1), incluso experimentando la voz interior: \u201ctambi\u00e9n entend\u00ed: No trabajes t\u00fa de tenerme a m\u00ed encerrado en ti, sino de encerrarte t\u00fa en m\u00ed. Parec\u00edame que de dentro de mi alma \u2013que estaban y v\u00eda yo estas tres personas\u2013 se comunicaban a todo lo criado, no haciendo falta ni faltando de estar conmigo\u201d (R 18,2). Data ese texto de 1571. Retornar\u00e1 en 1576 como motivo del poema \u201cB\u00fascate en M\u00ed\u201d (Po 8).<\/p>\n<p>f) Todav\u00eda una de las \u00faltimas experiencias referidas en las Relaciones (1575): \u201c&#8230;estaba espantada de ver tanta majestad en cosa tan baja como mi alma, entend\u00ed: No es baja, hija, pues est\u00e1 hecha a mi imagen\u201d (R 54).<\/p>\n<p>En todos esos pasajes hay una constante. Teresa nunca experimenta al alma en s\u00ed misma, sino en el engranaje del misterio divino en que est\u00e1 inmersa. No en el plano meramente psicol\u00f3gico, ni en su irradiaci\u00f3n hacia personas y cosas, sino en la vertiente de trascendencia, en su relaci\u00f3n con la acci\u00f3n salv\u00edfica de Dios.<\/p>\n<p>3. Estructura y s\u00edmbolos del alma. \u2013 A esa serie de experiencias m\u00edsticas se debe el esfuerzo de T por conceptualizar y expresar el misterio del alma. La inefabilidad de la experiencia m\u00edstica (\u201cyo no sabr\u00e9 decir\u201d, V. 40,5; \u201cno se sabe decir c\u00f3mo es\u201d M 7,1,7), e incluso la poca aptitud de ella misma para el an\u00e1lisis abstracto, la hace recurrir frecuentemente al balbuceo de los s\u00edmbolos: el alma es como la colmena a que regresan las abejas, es el redil y el silbo del pastor, es los tu\u00e9tanos de nuestro ser, es fuego de hoguera y perfumes exhalados por ella, es bodega del vino (como en los Cantares), es posada y morada&#8230; La imagen de \u201cposada\u201d ser\u00e1 una de las primeras que acu\u00f1e (V 1,8); la de \u201cmorada\u201d es quiz\u00e1s la \u00faltima (M passim); es intermedia la de \u201cpalacio interior\u201d (C 28,9), \u201ccielo peque\u00f1o de nuestra alma\u201d (ib 5). Es igualmente pl\u00e1stica su imagen del alma-esponja: \u201c&#8230;como cuando en una esponja se incorpora y embebe el agua, as\u00ed me parec\u00eda mi alma que se hench\u00eda de aquella divinidad&#8230;\u201d (R 18, 1; reiterado en R 45). En ese tupido retablo de im\u00e1genes destaca un par de ellas intencionadamente elaboradas, hasta elevarse al rango de s\u00edmbolos. Merecen atenci\u00f3n especial.<\/p>\n<p>En su primer escrito \u2013Libro de la Vida\u2013 recurre ella a un s\u00edmil sencillo y profundo para hablar del alma y de su actividad religiosa, la oraci\u00f3n: es el s\u00edmbolo del huerto y del agua. Al escribir su \u00faltimo libro \u2013de las Moradas\u2013 acu\u00f1ar\u00e1 el s\u00edmbolo del castillo interior. Los dos s\u00edmbolos tienen ascendencia literaria en la tradici\u00f3n espiritual, pero T los elabora de sana planta. En los dos se reitera la visi\u00f3n del alma en su relaci\u00f3n con lo divino. Y en ambos T procede a una especie de desdoblamiento del alma en sujeto y objeto. En el s\u00edmbolo primero, el alma es huerto y hortelano de s\u00ed misma. En el segundo, el alma es castillo de m\u00faltiples moradas y morador que las habita o las conquista.<\/p>\n<p>a) En el s\u00edmbolo casero del huerto, el alma es tierra fecunda en espera del agua de la vida (o de la gracia o de la oraci\u00f3n), para producir flores y frutos, cuyo \u00faltimo destinatario es trascendente e invisible: el se\u00f1or del huerto. Pero entre ambos, entre la tierra del huerto y el supremo se\u00f1or de \u00e9l, est\u00e1 el hortelano, el alma misma en su funci\u00f3n de persona que se responsabiliza del riego y de mantener en activo la relaci\u00f3n entre el huerto y el se\u00f1or de \u00e9l. En el fondo, es el hortelano, es decir, esa segunda porci\u00f3n del alma, la que tiene destino de trascendencia y activa las relaciones con el se\u00f1or.<\/p>\n<p>b) Es parecido el esquema simb\u00f3lico del castillo. Presentado primero como un castillo de orfebrer\u00eda \u2013alma, diamante o muy claro cristal (M 1,1,1)\u2013, luego se lo desarrolla como castillo real en que se vive y se lucha. Estructurado en innumerables moradas, que se organizan en siete series. Estas siete moradas tienen que ser recorridas y pose\u00eddas por el alma misma, hasta llegar a la morada m\u00e1s profunda, la que el se\u00f1or trascendente tiene reservada para s\u00ed mismo y para su encuentro definitivo con el \u201ccastellano\u201d del castillo.<\/p>\n<p>La terna de componentes que T destaca en los dos s\u00edmbolos arroja luz sobre la idea que ella tiene del alma: huerto-hortelano-se\u00f1or; o bien, castillo-castellano-se\u00f1or. Ella concibe al alma como un ser confiado a la persona del hombre, para realizar su dimensi\u00f3n de trascendencia. De modo que Dios mismo queda doblemente implicado en el alma humana: por raz\u00f3n de su misma estructura y por la historia que ha de vivir, cuyo destino o meta de referencia es lo divino. Como ya notamos anteriormente, resulta claro que la visi\u00f3n que del alma tiene T no procede de un enfoque psicol\u00f3gico sino religioso y metaf\u00edsico. S\u00f3lo de refil\u00f3n alude a su funci\u00f3n biol\u00f3gica de animar el cuerpo (V 20,3).<\/p>\n<p>4. Alma y esp\u00edritu. &#8211; Centro del alma. \u2013 Es posible que la Santa, en sus lecturas, haya topado con el d\u00edptico \u201calma y esp\u00edritu\u201d. Es posible que, en versiones castellanas de la Vulgata le haya llegado el texto paulino que habla del \u201cinteger spiritus vester, et anima, et spiritus\u201d (1Tes 5,23: pneuma, psych\u00e9, soma). De hecho, ni aqu\u00e9llos ni \u00e9ste son mencionados o aludidos por ella, que sin embargo plantear\u00e1 expresamente el tema desde el plano de su experiencia m\u00edstica.<\/p>\n<p>Lo propone por primera vez, hacia 1571, en la Relaci\u00f3n 29,1, como una sencilla glosa al hecho de \u201cla uni\u00f3n\u201d: \u201cEstaba yo, cuando esto entend\u00eda, en gran manera levantado el esp\u00edritu. Diome a entender el Se\u00f1or qu\u00e9 era esp\u00edritu, y c\u00f3mo estaba el alma entonces y c\u00f3mo se entienden las palabras del Magn\u00edficat: \u2018Exultavit spiritus meus\u2019. No lo sabr\u00e9 decir: par\u00e9ceme se me dio a entender que el esp\u00edritu era lo superior de la voluntad\u201d.<\/p>\n<p>Pero el planteamiento expreso lo lace al llegar a las moradas s\u00e9ptimas del Castillo. Lo anuncia en el ep\u00edgrafe del cap\u00edtulo primero: \u201cDice c\u00f3mo, a su parecer, hay diferencia alguna del alma al esp\u00edritu, aunque es todo uno\u201d. Fluctuar\u00e1 luego entre los vocablos \u201cdiferencia\u201d y \u201cdivisi\u00f3n\u201d, siempre con la atenuante \u201ca mi parecer\u201d: \u201c&#8230;lo esencial de su alma jam\u00e1s se mov\u00eda de aquel aposento, de manera que en alguna manera le parec\u00eda hab\u00eda divisi\u00f3n en su alma&#8230;\u201d (M 7,1,10). Y prosigue: \u201c&#8230;verdaderamente pasa as\u00ed, que aunque se entiende que el alma est\u00e1 toda junta, no es antojo lo que he dicho&#8230; De manera que cierto se entiende que hay diferencia en alguna manera, y muy conocida, del alma al esp\u00edritu, aunque m\u00e1s sea todo uno\u201d (ib 11). Y de nuevo: \u201cCon\u00f3cese una divisi\u00f3n tan delicada, que algunas veces parece obra de diferente manera lo uno de lo otro\u201d (es decir, \u201clo uno\u201d el alma, \u201cde lo otro\u201d el esp\u00edritu: ib 11).<\/p>\n<p>En ese mismo contexto se recurre al viejo simbolismo de Marta y Mar\u00eda: el alma ser\u00eda Marta, ocupada en vivir y hacer; el esp\u00edritu ser\u00eda Mar\u00eda, totalmente absorbida por la presencia del Se\u00f1or y orientada hacia lo trascendente.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en ese contexto reaparecen el vocablo y la imagen del \u201ccentro\u201d. El centro ser\u00eda \u201clo esencial del alma\u201d (M 7,1,10), o bien, \u201cel esp\u00edritu\u201d: \u201cEste centro de nuestra alma o este esp\u00edritu es una cosa tan dificultosa de decir&#8230;\u201d (M 7,2,10). \u201cCentro\u201d y \u201chond\u00f3n\u201d (M 4,2,6), \u201clo muy interior\u201d (M 7,1,7), \u201cel centro y mitad\u201d del alma (M 1,1,3), el \u201ccentro muy interior\u201d (7,2,3)&#8230; coinciden siempre con la \u201c\u00faltima morada\u201d del castillo, a la que es \u201cllamada el alma para entrar en su centro\u201d (7,1,5) y realizar la uni\u00f3n m\u00edstica con Dios (7,2,3). De suerte que la Santa se ha situado m\u00e1s all\u00e1 de toda perspectiva psicol\u00f3gica o dicot\u00f3mica: la hondura del alma humana y la relaci\u00f3n entre alma y esp\u00edritu tienen sentido religioso. Sumo exponente de la apertura del esp\u00edritu humano a la<\/p>\n<p>BIBL. \u2013 Juan Rof Carballo, La estructura del alma humana seg\u00fan santa Teresa, en \u00abRevEspir\u00bb 22 (1963), 408-431; M. I. Alvira, Vision de l\u2019homme selon s. Th\u00e9r\u00e8se. Paris 1992; P. Allen, Soul, body and transcendence in Teresa of \u00c1vila, en \u00abTor. JTh.\u00bb 3 (1987), 252-266; T A. O\u2019Connor, Santa Teresa y la integridad del alma, en \u00abSanta Teresa y la Literatura m\u00edstica hispana\u00bb, Madrid 1984, 25-32.<\/p>\n<p>T. \u00c1lvarez<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se tratar\u00e1n los puntos siguientes: 1. L\u00e9xico y concepto. \u2013 2. Experiencia m\u00edstica del alma. \u2013 3. Simbolog\u00eda. \u2013 4. Estructura del alma. 1. L\u00e9xico y noci\u00f3n. \u2013 \u201cAlma\u201d en el l\u00e9xico teresiano tiene las acepciones corrientes del lenguaje popular &hellip; <a href=\"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3207\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":""},"categories":[21],"tags":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/s2dsrC-alma","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3207"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3207"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3207\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3208,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3207\/revisions\/3208"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3207"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3207"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3207"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}