{"id":3218,"date":"2020-01-19T11:35:23","date_gmt":"2020-01-19T17:35:23","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3218"},"modified":"2021-01-19T11:38:47","modified_gmt":"2021-01-19T17:38:47","slug":"bautismo-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3218","title":{"rendered":"BAUTISMO"},"content":{"rendered":"<p>(<em>Juan Bautista, Esp\u00edritu Santo, agua<\/em>)<em>. <\/em>Los animales nacen ya formados, est\u00e1n adaptados para su ambiente, de manera que no deben realizar un aprendizaje creativo para descubrir su propia identidad. Por el contrario, el hombre nace sin saber qui\u00e9n es y se lo tienen que decir a trav\u00e9s de un proceso de educaci\u00f3n que suele tener un momento simb\u00f3lico central, de iniciaci\u00f3n o revelaci\u00f3n. Muchos pueblos han desarrollado ritos de iniciaci\u00f3n o paso vinculados con el nacimiento, con la llegada de la pubertad o con la edad adulta.<\/p>\n<p><em>Ritos bautismales en el Antiguo Testamento. <\/em>El signo b\u00e1sico de entrada en el pueblo israelita era la circuncisi\u00f3n*, vinculado a la sangre. Por su parte, el perd\u00f3n y la reconciliaci\u00f3n oficial no se consigue con agua, sino con sacrificios*, en los que resultaba b\u00e1sico el rito de la sangre que exp\u00eda y purifica (como ha detallado de forma muy precisa el libro del Lev\u00edtico). Pero en tiempos de Jes\u00fas exist\u00edan numerosos ritos bautismales de purificaci\u00f3n, que marcaban de un modo m\u00e1s inmediato la piedad de los creyentes. La misma Ley pide agua (lavatorios y bautismos) para que se purifiquen los sacerdotes al empezar y terminar sus ritos. Mois\u00e9s lav\u00f3 y purific\u00f3 a Aar\u00f3n y a sus hijos sacerdotes (Lv 8,6). De un modo especial tienen que lavarse y bautizarse los sacerdotes antes y despu\u00e9s de la celebraci\u00f3n de los sacrificios (Lv 16,4.24), lo mismo que aquellos que han participado en los ritos (Lv 16,26-28). La vida de los sacerdotes se convierte en un aut\u00e9ntico y constante despliegue de purificaciones bautismales, que les permiten estar siempre puros (ritualmente) para realizar bien los ritos. Tambi\u00e9n los que han tenido enfermedades de la piel tienen que lavarse para volver a estar de esa manera puros (Lv 14,8-9); igualmente deber\u00e1n ba\u00f1arse los que han tenido flujo de sangre o semen y los que entran en contacto con ellos, pues flujo de sangre y semen hacen impuro al hombre y a la mujer (cf. Lv 15,1-33). No hay s\u00f3lo un bautismo de personas, sino tambi\u00e9n de cosas e instrumentos que se han puesto en contacto con algo impuro (Lv 11,32-38; cf. 2 Cr 4,2-6). Los bautismos son instrumento de purificaci\u00f3n para aquellos que han contra\u00eddo alguna mancha ritual, que les separa de la comunidad: as\u00ed deben bautizarse los leprosos curados (Lv 14,8-9; cf. 2 Re 5,14) y los que han tenido relaciones sexuales, poluciones o menstruaciones&#8230; (cf. Lv 14,16-24).<\/p>\n<p><em>Tiempo de Jes\u00fas. Un juda\u00edsmo bautismal. <\/em>En el tiempo de Jes\u00fas, los fariseos estaban empezando a cumplir los ritos de purificaciones y bautismos que, en principio, el libro del Lev\u00edtico hab\u00eda propuesto s\u00f3lo para los sacerdotes. Algunos grupos especialmente interesados por la pureza, como los de Qumr\u00e1n, viv\u00edan empe\u00f1ados en ceremonias constantes de bautismos diarios. Los esenios de Qumr\u00e1n se bautizan al menos una vez al d\u00eda, para la comida ritual (cf. 1 Q 5,11-14). Hay tambi\u00e9n <em>hemero-bautistas, <\/em>como Bano*, que se purifican a diario (incluso varias veces) para hallarse limpios ante Dios, participando as\u00ed en la pureza de la creaci\u00f3n. Por todo eso, la casa de un jud\u00edo observante de cierta riqueza ten\u00eda que estar provista de una <em>mikw\u00e1 <\/em>o piscina para las purificaciones y abluciones, como muestran las excavaciones arqueol\u00f3gicas. El evangelio de Marcos comenta as\u00ed este hecho: \u00abPorque los fariseos y todos los jud\u00edos, aferr\u00e1ndose a la tradici\u00f3n de los ancianos, si no se lavan muchas veces las manos, no comen. Y si no se lavan cuando vuelven de la plaza no comen. Y ellos han tomado y observan muchas otras cosas, como los lavamientos [bautismo] de los vasos de beber y de los jarros, y de los utensilios de metal y de las camas\u00bb (Mc 7,2-4)<em>.<\/em><\/p>\n<p><em>Juan Bautista. (1) El signo del bautismo. <\/em>Ha dado al bautismo un car\u00e1cter prof\u00e9tico de preparaci\u00f3n y purificaci\u00f3n ante el juicio, destacando m\u00e1s el aspecto escatol\u00f3gico que el ritual. Ese bautismo de Juan, recibido por Jes\u00fas (cf. Mc 1,1-11), ha preparado y enmarcado la instituci\u00f3n cristiana del bautismo, que no ser\u00e1 la m\u00e1s importante de la Iglesia, pero s\u00ed una de las m\u00e1s significativas. De manera extra\u00f1a, tras la muerte de Jes\u00fas, sus seguidores bautizar\u00e1n a los creyentes, en gesto que parece poco preparado por el mismo Jes\u00fas, pero que se entiende bien a la luz de Juan Bautista. \u00c9stos son los rasgos b\u00e1sicos de su bautismo. (a) <em>Gesto prof\u00e9tico y \u00fanico. <\/em>El bautismo de Juan marca la irrupci\u00f3n del juicio de Dios. Por eso, la tradici\u00f3n le llama <em>baptist\u00eas<\/em> (= bautizador, Bautista). No dice a los dem\u00e1s que se bauticen, sino que lo hace \u00e9l mismo, como enviado de Dios. Sin duda, se siente llamado a bautizarles, como profeta del fin de los tiempos. Su rito no puede repetirse, como otros sacrificios purificatorios, sino que expresa el valor definitivo del juicio de Dios (cf. <em>ephapax<\/em>: Rom 6,10; Heb 7,27; 9,12). Se reitera lo que vuelve una y otra vez, como los ciclos de la vida (cf. Qoh 3,1-8). Pues bien, lo que vale para siempre anula los ritos anteriores e inutiliza (deja en suspenso) las instituciones existentes. Por eso, el bautismo de Juan es se\u00f1al del fin del mundo y retorno a las aguas primeras (Gn 1\u20132), antes que existieran sacrificios rituales seg\u00fan Ley. (b) <em>Juicio apocal\u00edptico: hacha, fuego, hurac\u00e1n. <\/em>El rito de Juan se vincula con im\u00e1genes de dura destrucci\u00f3n, que expresan el fin de este mundo, la vuelta al principio del caos, antes que el tiempo existiera. Es como si todo debiera brotar otra vez de ese caos. Pero el hacha-fuego-viento del juicio no es signo diab\u00f3lico, de pura destrucci\u00f3n, sino presencia del <em>M\u00e1s fuerte <\/em>(= <em>Iskhyroteros<\/em>), que puede ser el mismo Dios o un enviado suyo (que podr\u00e1 identificarse despu\u00e9s con el Hijo* del Hombre). De esa manera Juan culmina su mensaje anunciando la llegada de uno M\u00e1s Fuerte, que os bautizar\u00e1 en Esp\u00edritu Santo y Fuego (Mt 3,11-12). S\u00f3lo ese M\u00e1s Fuerte, a quien se llama Venidero (<em>erkhomenos<\/em>), realizar\u00e1 la obra de Dios, desplegando su ira cercana, que se manifiesta a trav\u00e9s de unos signos fuertes de ruptura y destrucci\u00f3n, dejando quiz\u00e1 abierto un breve resquicio para la esperanza. Juan pertenece a la b\u00fasqueda humana de la salvaci\u00f3n, al anuncio de un Dios que sigue estando lejos de los hombres.<\/p>\n<p><em>Juan Bautista. (2) La ira de Dios. <\/em>Juan es mensajero de la Ira (Mt 3,7). Conforme a una extensa experiencia israelita, la humanidad se hallaba envuelta en pecado; por eso, muchos sacrificios expiatorios del templo ten\u00edan como fin el aplacar a Dios. Para Juan, eso es in\u00fatil, pues va a estallar la Ira de Dios. (a) <em>Juan anuncia la llegada de aquel que trae en su mano el hacha <\/em>para cortar los \u00e1rboles que no produzcan fruto (Mt 3,8-10). No siembra como Jes\u00fas (cf. Mc 4), ni anuncia la llegada del sembrador, sino la venida de un recolector y le\u00f1ador vigilante que mira y distingue, \u00e1rbol tras \u00e1rbol, para separar a los buenos de los malos. No es mensajero del amor de Dios, ni de su paternidad, sino de su justicia destructora. (b) <em>Juan anuncia la llegada de uno que bautizar\u00e1 en Esp\u00edritu Santo y fuego, <\/em>realizando as\u00ed el juicio divino. Esp\u00edritu significa aqu\u00ed viento: es hurac\u00e1n que sopla con fuerza aterradora, desgajando y destruyendo aquello que se encuentra poco cimentado sobre el mundo; es santo (<em>hagios<\/em>), en l\u00ednea de separaci\u00f3n, para destruir aquello que se opone a la pureza de Dios. El enviado de Dios bautizar\u00e1 a los hombres con fuego. Al Viento de Dios sigue su incendio. Ambos unidos, hurac\u00e1n y fuego, expresan la fuerza judicial y destructora (escatol\u00f3gica) de Dios y se vinculan mutuamente, como indicaba la tradici\u00f3n del Antiguo Testamento (falta el terremoto de 1 Re 19,11-13). Seg\u00fan Juan Bautista, el enviado de Dios tiene en su mano el Bieldo y limpiar\u00e1 su era&#8230; (Mt 3,12). As\u00ed culminan las im\u00e1genes anteriores: el Esp\u00edritu\/ Viento sirve para separar la paja del trigo, el Fuego para quemarla. El Venidero, que actuaba antes como le\u00f1ador (ten\u00eda en su mano el hacha para cortar y quemar los \u00e1rboles sin fruto), se vuelve as\u00ed trillador o aventador (con la horquilla o bieldo separador en su mano). \u00bfQui\u00e9n es ese Le\u00f1ador, Aventador? \u00bfDirectamente Dios? \u00bfUn Delegado suyo? El texto no responde, aunque probablemente aluda a Dios. Seg\u00fan eso, el Bautista habr\u00eda preparado una teolog\u00eda judicial, m\u00e1s que una cristolog\u00eda salvadora. Pero los cristianos han recreado ese mensaje y palabra de Juan, aplic\u00e1ndolo a Jes\u00fas, el Venidero, verdadera presencia de Dios: Emmanuel (Dios con nosotros). A la luz de lo anterior, Jes\u00fas deber\u00eda haber surgido (y realizado su acci\u00f3n) como le\u00f1ador\/ aventador del huerto y trigal de Dios, mensajero de su destrucci\u00f3n purificadora, abierta s\u00f3lo de manera impl\u00edcita y velada a la esperanza escatol\u00f3gica. Pero, asumiendo y cumpliendo (de otro modo) el mensaje de Juan, Jes\u00fas ha invertido su proyecto escatol\u00f3gico, en gesto que define su visi\u00f3n teol\u00f3gica y su cristolog\u00eda. \u00c9sta es la experiencia b\u00e1sica que Mc, Mt y Lc entienden de formas convergentes y sit\u00faan al comienzo de la vida de Jes\u00fas, que fue bautizado por Juan para realizar su obra mesi\u00e1nica, como enviado escatol\u00f3gico de Dios. S\u00f3lo sobre esa base se entiende el hecho de que los cristianos hayan tomado el bautismo de Juan (recibido y recreado por Jes\u00fas) como un signo b\u00e1sico de su misi\u00f3n y experiencia mesi\u00e1nica.<\/p>\n<p><em>Jes\u00fas<\/em>. <em>Bautizado por Juan. <\/em>El bautismo de Jes\u00fas est\u00e1 situado al comienzo de los evangelios sin\u00f3pticos, como experiencia de vocaci\u00f3n o nacimiento mesi\u00e1nico: \u00abAconteci\u00f3 en aquellos d\u00edas que Jes\u00fas vino de Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jord\u00e1n. Luego, cuando sub\u00eda del agua, vio abrirse los cielos y al Esp\u00edritu como paloma que descend\u00eda sobre \u00e9l. Y vino una voz de los cielos que dec\u00eda: T\u00fa eres mi Hijo amado, en ti tengo complacencia\u00bb (Mc 1,9-11). \u00c9ste es un pasaje que puede entenderse de forma hist\u00f3rica, pero que tiene tambi\u00e9n un elemento apocal\u00edptico y otro pascual, de manera que puede condensar y condensa todos los rasgos de la experiencia cristiana. La escena reproduce una experiencia de Jes\u00fas que, al ser bautizado por Juan, se descubre Hijo y\/o Siervo de Yahv\u00e9: Dios mismo le constituye Mes\u00edas, dici\u00e9ndole, con palabras de Is 42,1, \u00abT\u00fa eres mi Siervo\/Hijo a quien amo (= <em>agapetos<\/em>, Querido) y a quien conf\u00edo mi tarea (por el Esp\u00edritu)\u00bb. El bautismo es seg\u00fan eso la experiencia originante de la vida mesi\u00e1nica de Jes\u00fas, a quien el mismo Cielo (Dios) revela su misterio: Eres mi \u00fanico Hijo, has de cumplir mi obra (como Siervo). Jes\u00fas descubre su identidad (Hijo) recibiendo la misi\u00f3n de actuar y entregarse por los otros (Siervo); en esta experiencia se funda su conciencia\/vida y el desarrollo posterior de la cristolog\u00eda. As\u00ed piensan los autores de tendencia tradicional. Aceptamos con ellos el valor hist\u00f3rico del bautismo de Jes\u00fas, cuyo encuentro con Juan ha sido determinante en el comienzo del Evangelio. Pero pensamos que Mc 1,9-11 par refleja no s\u00f3lo la experiencia hist\u00f3rica del bautismo de Jes\u00fas, sino tambi\u00e9n su misterio pascual.<\/p>\n<p><em>Pascua y Pentecost\u00e9s. Bautismo en el Esp\u00edritu. <\/em>La tradici\u00f3n sin\u00f3ptica ha puesto en boca de Juan Bautista* la distinci\u00f3n entre los dos bautismos: uno de agua (el suyo), para penitencia, en la l\u00ednea de la preparaci\u00f3n, propia de Israel; otro de Esp\u00edritu Santo (el de Jes\u00fas), para introducir a los hombres en la fuerza y vida de Dios (cf. Mc 1,8). En la tradici\u00f3n m\u00e1s antigua, el bautismo en el Esp\u00edritu pod\u00eda interpretarse en sentido judicial, tomando el esp\u00edritu en su acepci\u00f3n fuerte, como hurac\u00e1n o viento de la gran siega de Dios, unido al hacha que corta los troncos secos y al fuego que quema la paja y los troncos (cf. Mt 3,10-11). Lucas ha mantenido el tema (Lc 3,16-17), pero lo ha recreado en el libro de los Hechos, interpretando el esp\u00edritu (viento) y el fuego del juicio final desde la perspectiva de la Iglesia, en cuya vida y misi\u00f3n se expresa y act\u00faa el verdadero Esp\u00edritu de Dios, no como fuego de juicio que quema y destruye a los pecadores, sino como fuente de vida mesi\u00e1nica. Jes\u00fas dice a sus disc\u00edpulos que no se alejen de Jerusal\u00e9n, porque tienen que recibir all\u00ed el Esp\u00edritu, apareciendo as\u00ed como testigos y destinatarios de un juicio convertido en principio de vida de la Iglesia: \u00abRecibir\u00e9is el poder del Esp\u00edritu Santo, que vendr\u00e1 sobre vosotros y me ser\u00e9is testigos en Jerusal\u00e9n, en toda Judea, en Samar\u00eda y hasta los confines de la tierra\u00bb (Hch 1,8). As\u00ed se cumplir\u00e1 por Jes\u00fas la promesa de Juan Bautista (Lc 3,16; cf. Mc 1,8), promesa que el evangelio de Juan ha vinculado a la pascua cristiana, pues \u00abantes no hab\u00eda Esp\u00edritu, porque Jes\u00fas no hab\u00eda resucitado todav\u00eda\u00bb (cf. Jn 7,39). Por eso, Juan evangelista identifica Pascua con Pentecost\u00e9s: el mismo Jes\u00fas resucitado sopla sobre los disc\u00edpulos diciendo: \u00abRecibid el Esp\u00edritu Santo&#8230;\u00bb (Jn 20,22). Pero Lucas ha querido separar los dos gestos (Pascua y Pentecost\u00e9s), de tal forma que sit\u00faa la venida y bautismo en el Esp\u00edritu despu\u00e9s de la ascensi\u00f3n*: \u00abCuando lleg\u00f3 el d\u00eda de Pentecost\u00e9s estaban todos un\u00e1nimes, juntos. De repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llen\u00f3 toda la casa donde estaban; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asent\u00e1ndose sobre cada uno de ellos. Todos fueron llenos del Esp\u00edritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, seg\u00fan el Esp\u00edritu les daba que hablaran\u00bb (Hch 2,1-4). \u00c9ste es el principio de todo bautismo cristiano: la presencia y acci\u00f3n del Esp\u00edritu de Cristo en los creyentes.<\/p>\n<p><em>Bautismo cristiano. Recuerdo de Jes\u00fas. <\/em>El recuerdo de la relaci\u00f3n de Jes\u00fas con Juan Bautista se ha mantenido firme en la Iglesia. Ciertamente, ella ha proyectado su teolog\u00eda en el relato del bautismo de Jes\u00fas (Mc 1,9-11 par), pero no ha querido ni podido borrar la memoria de que Jes\u00fas fue bautizado, con (o como) otros pecadores y fieles de Israel. Desde esa perspectiva ha de entenderse el bautismo cristiano, tal como lo ha instituido la Iglesia pascual, partiendo de la experiencia de Jes\u00fas, que ha comenzado compartiendo la visi\u00f3n de juicio de Juan Bautista. Pero despu\u00e9s ella ha superado esa visi\u00f3n, no en l\u00ednea de cr\u00edtica o rechazo, sino de plenitud o desbordamiento. El mismo relato bautismal afirma que Dios Padre se ha mostrado a Jes\u00fas en el bautismo, confi\u00e1ndole una tarea m\u00e1s alta, en l\u00ednea de nuevo nacimiento. All\u00ed donde Juan Bautista afirmaba que el mundo termina, dir\u00e1 Jes\u00fas que la vida verdadera empieza. La experiencia de muerte del bautismo se abre de esa forma a la esperanza del reino. En esa l\u00ednea, queremos decir que, b\u00e1sicamente, Jes\u00fas no ha bautizado. Quiz\u00e1 al principio actu\u00f3 al lado de Juan, bautizando \u00e9l tambi\u00e9n a los que ven\u00edan a buscarle (cf. Jn 3,22; 4,1-2). Pero despu\u00e9s ha superado ese gesto de bautismo, como saben los sin\u00f3pticos (M 1,14 par). Ha dejado el Jord\u00e1n, junto al desierto, que es lugar de purificaci\u00f3n, y ha venido a Galilea, tierra prometida, para anunciar y realizar los signos del Reino. No ha bautizado para la muerte, sino que ha proclamado el triunfo de la vida de Dios a trav\u00e9s del gesto del perd\u00f3n y la acogida a los excluidos del sistema, en un camino de curaci\u00f3n, gratuidad, pan compartido. Por eso, todo intento de ritualizar el signo de Jes\u00fas significa un retorno a Juan Bautista o, peor a\u00fan, a los otros bautistas menores.<\/p>\n<p><em>La Iglesia ha vuelto a bautizar en nombre de Jes\u00fas. <\/em>Ese dato empieza siendo extra\u00f1o, pues el mensaje de Jes\u00fas no inclu\u00eda elementos bautismales. Puede haber influido la conveniencia de tener un rito distintivo. Ha influido tambi\u00e9n el recuerdo del mensaje y figura de Juan, la experiencia de Pentecost\u00e9s&#8230; Sea como fuere, la Iglesia empieza a bautizar en nombre de Jes\u00fas, no en la l\u00ednea de las purificaciones bautistas (esenias), sino para ratificar el cumplimiento escatol\u00f3gico de aquello que Juan hab\u00eda evocado y anunciado. Al recrear y mantener el bautismo de Juan, la Iglesia ha tomado una opci\u00f3n trascendental. No sabemos qui\u00e9n lo hizo, pudo ser Pedro (cf. Hch 3,38). Tampoco sabemos si al principio se bautizaban en agua todos los que confesaban su fe en Jes\u00fas o bastaba el bautismo en el Esp\u00edritu, como renovaci\u00f3n interior. Lo cierto es que el bautismo en agua se hizo pronto un signo clave de pertenencia cristiana, la primera <em>instituci\u00f3n visible <\/em>de los seguidores de Jes\u00fas. Conocemos las dificultades de la Iglesia con la circuncisi\u00f3n (cf. Hch 15; Gal 1\u20132), pero nadie se opuso al bautismo, entendido como afirmaci\u00f3n social y escatol\u00f3gica, signo de la salvaci\u00f3n ya realizada en Cristo.<\/p>\n<p><em>El bautismo cristiano, bautismo pascual. <\/em>Por un lado mantiene a los creyentes en continuidad con los disc\u00edpulos de Juan Bautista y con aquellos jud\u00edos que realizaban ritos semejantes. Pero, al mismo tiempo, expresa y expande la nueva experiencia de la muerte y pascua de Jes\u00fas, en cuyo nombre se bautizan sus fieles (cf. Hch 8,16; 1 Cor 1,13). L\u00f3gicamente, la Iglesia ha proyectado en los relatos del bautismo de Jes\u00fas el conjunto de su fe, como muestra claramente Pablo cuando interpreta el bautismo cristiano como experiencia de muerte y nuevo nacimiento (cf. Rom 6,4). En su forma actual, el relato del bautismo hist\u00f3rico de Jes\u00fas reproduce la vivencia de la Iglesia que proyecta su fe sobre la escena, expresando por ella la filiaci\u00f3n divina de Jes\u00fas (que Rom 1,3-4 sit\u00faa en \u00e1mbito pascual) y la misma venida carism\u00e1tica del Esp\u00edritu Santo. Los elementos de la escena \u2013apertura del cielo, descenso del Esp\u00edritu y voz de Dios\u2013 son conocidos en la apocal\u00edptica jud\u00eda y se aplican al fin de los tiempos. Al unirlos aqu\u00ed, Mc 1,9-11 par afirma que la espera se ha cumplido, que ha llegado el tiempo de la salvaci\u00f3n (cf. Mc 1,14-15): Dios se manifiesta y revela su obra a trav\u00e9s de Jes\u00fas resucitado, por medio del Esp\u00edritu, en la Iglesia que confiesa su misterio.<\/p>\n<p><em>Bautismo cristiano, experiencia escatol\u00f3gica. <\/em>A partir de los elementos anteriores, muchos cristianos han le\u00eddo el relato del bautismo de Jes\u00fas como <em>anticipaci\u00f3n apocal\u00edptica <\/em>que sirve para decir que Jes\u00fas es Siervo de Yahv\u00e9 y para anunciar el fin del mundo. Dios mismo constituy\u00f3 a Jes\u00fas ProfetaSiervo (cf. Is 42,1), como muestran los signos \u2013apertura del cielo, voz divina,<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>descenso del Esp\u00edritu\u2013 que expresan el cumplimiento y fin de los tiempos. En un principio, este relato servir\u00eda para confesar a Jes\u00fas como enviado \u00faltimo de Dios y anunciar el fin del mundo. M\u00e1s tarde, al releerlo en un contexto de Iglesia establecida, los cristianos habr\u00edan reinterpretado los viejos elementos, eliminando las referencias escatol\u00f3gicas: la apertura del cielo viene a ponerse al servicio del descenso del Esp\u00edritu, que ya no es portador de la gran batalla final, sino signo de la presencia de Dios en Jes\u00fas; por otra parte, la voz del cielo se convierte en palabra de Dios a Jes\u00fas. Sea como fuere, los tres momentos (historia, pascua, escatolog\u00eda) pueden y deben vincularse, como hace Mc 1,9-11: en el comienzo de la historia de Jes\u00fas se anuncia su plenitud final (cielo abierto) y se ofrece una experiencia de su pascua (Jes\u00fas constituido Hijo de Dios como en la resurrecci\u00f3n: Rom 1,3-4). Desde esa base, volviendo al principio hist\u00f3rico, podemos suponer que Jes\u00fas vino donde Juan, como buscador de Dios y buscador de s\u00ed mismo (de su propia identidad), compartiendo la suerte de los hombres y en especial de los publicanos y prostitutas (cf. Mt 21,31). Con ellos se situ\u00f3, escuchando la llamada de Dios: \u00abT\u00fa eres mi Hijo amado, en ti me he complacido\u00bb (Mc 1,11). Jes\u00fas se hallaba hasta entonces en camino de b\u00fasqueda de s\u00ed mismo, como muchos hombres y mujeres de la tierra. Con ellos ha bajado a las aguas del Jord\u00e1n, para confesar el pecado de la historia y colocarse en las manos creadoras de Dios. Dios le ha respondido, con palabra y gesto poderoso, reconoci\u00e9ndole como Hijo sobre el mundo.<\/p>\n<p><em>Bautismo cristiano, experiencia trinitaria. <\/em>Los cristianos posteriores dir\u00e1n que ese mismo Jes\u00fas, bautizado un d\u00eda concreto por Juan, brotaba eternamente de Dios Padre en el misterio trinitario. Por eso, al bautizarse, ellos proclaman la gran palabra trinitaria de su fe. De esa manera, siendo un signo pascual, el bautismo en nombre de Jes\u00fas es signo de iniciaci\u00f3n, demarcaci\u00f3n y universalidad. Quienes lo reciben nacen de nuevo, insert\u00e1ndose en la muerte y resurrecci\u00f3n del Cristo (cf. Rom 6). De esa forma se distinguen y definen a s\u00ed mismos, como indicar\u00e1 muy pronto la f\u00f3rmula trinitaria (en el nombre del Padre, Hijo y Esp\u00edritu: Mt 28,16-20). Al mismo tiempo, el bautismo cristiano es signo de universalidad, que supera la divisi\u00f3n de estados y sexos, como sabe Gal 3,28: \u00abya no hay jud\u00edo ni gentil, macho ni hembra&#8230;\u00bb. La circuncisi\u00f3n discriminaba, como signo en la carne (para jud\u00edos y varones). El bautismo es igual para varones y mujeres y todos los humanos. El bautismo enmarca la paradoja de la instituci\u00f3n cristiana, que es universal y creadora, como el agua, que todos los hombres y mujeres emplean para lavarse y beber. Conserva el recuerdo del pecado (es para perd\u00f3n), pero expresa y despliega el nuevo nacimiento en amor e igualdad para todos los humanos: se expresa Dios en el agua, en \u00e9l nacemos, de su vida vivimos. Del origen de los tiempos llega este signo: aceptar y agradecer la vida, \u00e9se es el principio de toda confesi\u00f3n cristiana. Convertirlo de nuevo en puro rito, como una condici\u00f3n externa de perd\u00f3n o salvaci\u00f3n, supondr\u00eda destruir su sentido.<\/p>\n<p><em>Bautismo de Jes\u00fas, gracia universal <\/em>(Mt 28,16-20). Como cristiano anticipado, desde las mismas aguas de juicio y conversi\u00f3n de su bautismo, Juan Bautista ha pedido a Jes\u00fas el nuevo bautismo de su gracia (Mt 1,14: yo tengo necesidad de que t\u00fa me bautices). Jes\u00fas le escucha, pero no puede responderle a\u00fan y bautizarle, sino indicar que uno y otro deben cumplir su tarea mesi\u00e1nica. Lo har\u00e1 al final de su camino, en la monta\u00f1a de la pascua, cuando diga a sus disc\u00edpulos que vayan, ofreciendo a los pueblos el \u00abbautismo en Nombre del Padre, del Hijo y del Esp\u00edritu Santo\u00bb (Mt 28,19). Antes que posible rito, objetivado en forma de inmersi\u00f3n en el agua, el Bautismo de Jes\u00fas es una gracia y experiencia de renacimiento. Juan bautizaba, evidentemente, en agua, como \u00e9l mismo ha querido resaltarlo, pero Jes\u00fas no bautizar\u00e1 en agua sino en Esp\u00edritu Santo y Fuego de Dios, es decir, en el misterio y gracia de su vida, vinculada al Padre y al Esp\u00edritu Santo. Tomado estrictamente, el pasaje final de Mt 28,19 no exige (o no supone en primer lugar) el bautismo en agua. Hemos estado quiz\u00e1 muy influidos por una cristolog\u00eda sacramentalista, que define como cristianos a quienes cumplen el rito del agua o un determinado tipo de normas externas. Hemos identificado demasiado f\u00e1cilmente la cristolog\u00eda (y el cristianismo) con un orden o esquema de creencias muy vinculadas a la cultura de Occidente. Pues bien, el bautismo de Jes\u00fas (de tipo trinitario) nos sit\u00faa ante una gracia y tarea m\u00e1s honda: la de bautizar (introducir vitalmente) a los pueblos en el misterio de gracia que forman el Padre, Hijo Jes\u00fas y Esp\u00edritu Santo. De todas formas, el rito externo, vivido en forma de nacimiento eclesial por la comunidad que acoge al creyente en su seno, constituye un elemento clave de la vida cristiana.<\/p>\n<p>Cf. E. LUPIERI, <em>Giovanni Battista nelle tradizioni sinottiche<\/em>, Paidea, Brescia 1988; <em>Giovanni Battista fra Storia e Leggenda<\/em>, Paideia, Brescia 1988; J. D. G. DUNN, <em>Jes\u00fas y el Esp\u00edritu, <\/em>Sec. Trinitario, Salamanca 1981; G. BARTH, <em>El bautismo en el tiempo del cristianismo primitivo, <\/em>BEB 60, S\u00edgueme, Salamanca 1986; C. K. BARRET, <em>Esp\u00edritu Santo en la tradici\u00f3n sin\u00f3ptica<\/em>, Sec. Trinitario, Salamanca 1978; E. SCHWEIZER, <em>El Esp\u00edritu Santo<\/em>, BEB 41, S\u00edgueme, Salamanca 1992.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Todos los derechos:\u00a0<em>Diccionario de la Biblia, historia y palabra<\/em>, X. Pikaza<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Juan Bautista, Esp\u00edritu Santo, agua). Los animales nacen ya formados, est\u00e1n adaptados para su ambiente, de manera que no deben realizar un aprendizaje creativo para descubrir su propia identidad. 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