{"id":3224,"date":"2020-01-19T11:41:21","date_gmt":"2020-01-19T17:41:21","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3224"},"modified":"2021-01-19T11:43:51","modified_gmt":"2021-01-19T17:43:51","slug":"bendicion-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3224","title":{"rendered":"BENDICI\u00d3N"},"content":{"rendered":"<p>(<em>eucarist\u00eda<\/em>). La bendici\u00f3n y maldici\u00f3n constituyen un elemento b\u00e1sico de la experiencia religiosa israelita y cristiana, desde las grandes representaciones lit\u00fargicas y \u00e9ticas del Antiguo Testamento, como el dodec\u00e1logo* de Siquem y los finales de los c\u00f3digos \u00e9ticos (cf. Dt 28,1-68; Lv 26,2-38; cf. Dt 30,19), hasta Mt 25,31-45: \u00abVenid, benditos de mi Padre, apartaos de m\u00ed, malditos\u00bb. Benditos son los salvados, malditos los condenados.<\/p>\n<p><em>Punto de partida. Tres tipos de bendici\u00f3n<\/em>. Esta dualidad de bendici\u00f3n y maldici\u00f3n emerge de un campo de experiencia religiosa que desborda el mundo israelita, pudiendo hallarse unida al plano de la magia (los magos bendicen y maldicen, utilizando a la divinidad) o al campo del encuentro personal con el misterio religioso. Aqu\u00ed nos interesa la experiencia israelita. Dentro de ella han venido a distinguirse, de manera general, tres estratos o momentos de bendici\u00f3n. (a) El primero, determinado por la religiosidad popular, sit\u00faa la bendici\u00f3n en el campo de la magia: la palabra pronunciada por un hombre dotado de poderes tiene influjo necesario y autom\u00e1tico, de forma que se cumple de manera inexorable. En un estadio de ese tipo se sit\u00faan numerosos relatos de la historia patriarcal o de los tiempos primeros de Israel (Gn 27,1-46; 32,26-32; Nm 22,6; etc.). (b) Un segundo estrato, determinado por la experiencia c\u00faltica, sit\u00faa la bendici\u00f3n en \u00e1mbito de celebraci\u00f3n lit\u00fargica: dejando de ser palabra aut\u00f3noma que cumple fat\u00eddicamente lo que dice, la bendici\u00f3n se convierte en elemento de un culto regulado y sistematizado para la protecci\u00f3n del individuo y del conjunto de la comunidad; en ese contexto se sit\u00faan los salmos de bendici\u00f3n u otros textos de car\u00e1cter celebrativo (Sal 21,4s; 118,26; 115,12-15; Dt 27,12-13). (c)<\/p>\n<p>Hay un tercer estrato que est\u00e1 determinado por la experiencia prof\u00e9tica: la bendici\u00f3n o maldici\u00f3n de Dios no van unidas a un tipo de liturgia, sino a la vida moral de los hombres. En este plano se hallar\u00eda el camino que conduce al Nuevo Testamento: un camino que se manifiesta por ejemplo en Prov 3,33 cuando se afirma que la maldici\u00f3n de Dios amenaza a la casa del malvado mientras que el hogar del justo es bendecido (cf. tambi\u00e9n Job 31,30); la actitud cristiana acabar\u00eda expres\u00e1ndose a manera de pura bendici\u00f3n sin referencia a maldici\u00f3n alguna (cf. Lc 6,28 par). Esta divisi\u00f3n es buena y nos permite comprender diversos elementos de la historia de Israel. De todas formas, la oposici\u00f3n entre culto (bendici\u00f3n lit\u00fargica) y profec\u00eda (bendici\u00f3n moral) resulta quiz\u00e1 unilateral. Profec\u00eda y culto no se contraponen de forma tan estricta: la formulaci\u00f3n de bendiciones y maldiciones en contexto de alianza (Dt 28) implica la uni\u00f3n de ambos elementos. Adem\u00e1s, dentro de la visi\u00f3n de conjunto del Antiguo Testamento, la bendici\u00f3n se halla poderosamente ligada a la experiencia de promesa y cumplimiento hist\u00f3rico. Por eso es necesario destacar mejor los tres momentos de la bendici\u00f3n: el c\u00faltico, el hist\u00f3rico y el pactual.<\/p>\n<p><em>Bendici\u00f3n y maldici\u00f3n en un contexto c\u00faltico<\/em>. El pueblo israelita, en su proceso de profundizaci\u00f3n monote\u00edsta, ha ido descubriendo progresivamente el car\u00e1cter exclusivamente divino del principio de su vida. En esa l\u00ednea, la bendici\u00f3n aparece, de manera cada vez m\u00e1s clara, como signo de la presencia creadora y transformante de Dios. Un objetivo fundamental del culto en Israel ha sido el asegurar, transmitir y aumentar la bendici\u00f3n de Dios entre los hombres. Por eso, los levitas tendr\u00e1n que bendecir en nombre de Yahv\u00e9 (cf. Dt 10,8), diciendo: \u00abEl Se\u00f1or te bendiga y te guarde, el Se\u00f1or te muestre su rostro radiante y tenga piedad de ti, el Se\u00f1or te muestre su rostro y te conceda la paz. As\u00ed invocar\u00e1n mi nombre sobre los israelitas y yo los bendecir\u00e9\u00bb (Nm 6,23). Nos encontramos ante una instituci\u00f3n bien fijada (Aar\u00f3n y sus hijos) cuya finalidad consiste en transmitir la bendici\u00f3n de Dios para los dem\u00e1s hombres. Es normal que ese gesto se realice en un servicio c\u00faltico. As\u00ed lo indican numerosos salmos que aluden a la bendici\u00f3n del sacerdote sobre la comunidad (Sal 115,12-18; 118,26; etc.) o sobre el individuo (Sal 9; 121). En esta mediaci\u00f3n c\u00faltica ocupa un lugar b\u00e1sico el templo como espacio de presencia de Dios (cf. 1 Re 8), lugar de donde irradia su bendici\u00f3n para el resto del pueblo y de la tierra. Al lado del templo, y en una dimensi\u00f3n m\u00e1s reducida, tambi\u00e9n el rey se ha convertido en mediador de bendici\u00f3n. Actualmente resulta dif\u00edcil precisar hasta qu\u00e9 punto la bendici\u00f3n de Dios sobre Israel est\u00e1 ligada a la funci\u00f3n del rey, aunque los dos rasgos (el m\u00e1s religioso del templo y el m\u00e1s pol\u00edtico del rey) se encuentran vinculados en el relato de la dedicaci\u00f3n del templo, realizada por Salom\u00f3n (1 Re 8,1-66). En ese sentido se dir\u00e1 que el rey mesi\u00e1nico ser\u00e1 transmisor de bendici\u00f3n (cf. Is 11,1-16).<\/p>\n<p><em>Bendici\u00f3n de Dios, despliegue de la historia<\/em>. El texto base es Gn 12,1-3, donde por varias veces se repite la palabra bendici\u00f3n: \u00abvete de tu tierra&#8230; y de esa forma te convertir\u00e9 en un pueblo grande, te bendecir\u00e9, engrandecer\u00e9 tu nombre de manera que seas una bendici\u00f3n. Bendecir\u00e9 a quienes te bendigan, a quienes te hagan mal maldecir\u00e9, a fin de que en ti sean benditas todas las familias de la tierra\u00bb. Dios escoge a Abrah\u00e1n y le separa del conjunto de las gentes, para comenzar una historia de bendici\u00f3n. El texto comienza con la promesa incondicionada y absoluta de Dios, que dice a Abrah\u00e1n: \u00abte bendecir\u00e9\u00bb. Dios act\u00faa as\u00ed de manera originaria, fundante, creadora. La bendici\u00f3n, que en contexto m\u00e1gico pod\u00eda interpretarse como expresi\u00f3n sacral de los poderes c\u00f3smicos, se convierte en principio de la historia: Dios escoge al pueblo de Israel y le enriquece, le engrandece y le acompa\u00f1a en el camino de la vida. A partir de esa palabra primigenia, Israel se descubre como pueblo de la bendici\u00f3n de Dios: en ella se funda lo que tiene y lo que puede, lo que hace y lo que sufre. Todo se sustenta en esa llamada-bendici\u00f3n, en ese don sin condiciones, en la gracia de un regalo creador que hace posible su existencia. Pero esta bendici\u00f3n incondicionada hacia dentro se convierte en condicionada en relaci\u00f3n con los restantes pueblos. \u00abBendecir\u00e9 a los que te bendigan, maldecir\u00e9 a los que te maldigan.\u00bb Israel penetra de esa forma en el campo de la complejidad de las relaciones hist\u00f3ricas, viniendo a convertirse en mediador de bendici\u00f3n para los pueblos de la tierra, sea en l\u00ednea exclusivista (s\u00f3lo los que act\u00faen bien con Israel recibir\u00e1n la bendici\u00f3n; quienes le da\u00f1en llegar\u00e1n a ser malditos), sea en l\u00ednea universalista: habiendo recibido la bendici\u00f3n de Dios, que es gracia, Israel no se cierra en s\u00ed mismo, sino que ofrece su poder de presencia gratificante de Dios a los restantes pueblos; los que acepten su oferta alcanzar\u00e1n plenitud, los que se opongan ir\u00e1n hacia la muerte. Sea cual fuere el sentido de esa mediaci\u00f3n, hay en el texto un objetivo evidente: \u00aba fin de que en ti sean benditas todas las familias de la tierra\u00bb. La meta de la historia no se encuentra en una especie de dualismo ambivalente en el que equivalen mal y bien, bendici\u00f3n y maldici\u00f3n. Dios ha creado la historia con el fin de que culmine en bendici\u00f3n. Frente a la maldici\u00f3n actual, expresada en un contexto de pecado que proviene de la historia primigenia de los hombres (Gn 2\u201311), Dios ha inaugurado en Abrah\u00e1n un camino de esperanza que puede ser oscuro y dif\u00edcil pero lleva infaliblemente hacia la bendici\u00f3n universal (no a la maldici\u00f3n, ni a una equivalencia sim\u00e9trica entre bendici\u00f3n y maldici\u00f3n). A partir de aqu\u00ed, la historia se define como aquel proceso donde, a partir de la bendici\u00f3n original que Dios ofrece a Israel, ha de llegarse a la bendici\u00f3n universal para todos los pueblos.<\/p>\n<p><em>Bendici\u00f3n y alianza. <\/em>Bendici\u00f3n y maldici\u00f3n, situadas ya dentro de la historia de Israel, se definen y realizan en funci\u00f3n de la conducta del pueblo. La estructura del tema es bien antigua. Los tratados internacionales de los reyes hititas, concebidos en forma de alianza, terminan con las bendicionesmaldiciones: unas y otras est\u00e1n condicionadas por el cumplimiento o no cumplimiento de los compromisos del pacto. Dentro de Israel hallamos algo semejante: evidentemente, el cumplimiento del pacto se traduce en bendici\u00f3n; la ruptura lleva en s\u00ed la maldici\u00f3n para Israel y, de un modo indirecto, para el conjunto de los pueblos. As\u00ed lo supone ya Dt 11,29: \u00abCuando el Se\u00f1or, tu Dios, te introduzca en la tierra adonde vas para tomarla en posesi\u00f3n, dar\u00e1s la bendici\u00f3n sobre el monte Garizim y la maldici\u00f3n en el Ebal\u00bb. Seg\u00fan eso, bendici\u00f3n y maldici\u00f3n de Dios se celebran y expresan en un contexto de alianza, de manera que el cumplimiento del amor de Dios (su bendici\u00f3n) ya no depende s\u00f3lo de la pura iniciativa divina, sino que est\u00e1 determinada por la forma de actuar del hombre. Ciertamente, la palabra original es bendici\u00f3n: Dios ha escogido al pueblo para hacerlo crecer, multiplicarse y bendecirlo (Dt 7,12-15). Pero en manos de ese pueblo se halla el riesgo de la maldici\u00f3n. Ante esa dualidad vive Israel (Dt 27,12-13): \u00abSi obedeces y escuchas la voz de Dios&#8230; ir\u00e1n viniendo sobre ti, hasta darte alcance, todas estas bendiciones&#8230;\u00bb (Dt 28,1-2). \u00abPero si no escuchas la voz del Se\u00f1or, tu Dios, poniendo en obra todos los preceptos y mandatos&#8230; ir\u00e1n viniendo hacia ti, hasta darte alcance, todas estas maldiciones\u00bb (28,15). Nada en la vida se escapa de esta dualidad. El israelita ha penetrado en el dualismo de la actuaci\u00f3n de Dios y en ese campo hay bendici\u00f3n (para los fieles) y hay maldici\u00f3n (de los infieles). Esta bendici\u00f3n no es ya incondicionada. Ciertamente, es expresi\u00f3n de la gracia original de Dios; pero se trata de una gracia que est\u00e1 unida a un tipo de respuesta, es gracia que depende del cumplimiento de unas leyes. Bendici\u00f3n y maldici\u00f3n reciben as\u00ed su contenido en referencia a la respuesta creadora o destructora de los hombres: la bendici\u00f3n se abre hacia el acto salvador de Dios y culmina en la vida escatol\u00f3gica; por el contrario, la maldici\u00f3n implica ruptura de Israel, quiebra del hombre, condena.<\/p>\n<p><em>Experiencia escatol\u00f3gica cristiana. Prioridad de la bendici\u00f3n. <\/em>Gn 12,1-3 ha puesto de relieve el car\u00e1cter primigenio e incondicional de la bendici\u00f3n de Dios y as\u00ed puede entenderse como promesa de plenitud para el conjunto de los pueblos, a trav\u00e9s de Israel (a trav\u00e9s de la Iglesia). En esa l\u00ednea, que podemos llamar abrah\u00e1mica, se sit\u00faan los textos m\u00e1s significativos del Nuevo Testamento, tanto los del Evangelio (amor incondicional de Dios), como los de Pablo, que habla de la bendici\u00f3n de Dios en Cristo para todos los pueblos de la tierra (cf. Gal 3,14). \u00c9sta es la bendici\u00f3n eucar\u00edstica, la bendici\u00f3n del Cuerpo y de la Sangre del Se\u00f1or que se ofrece a todos los hombres (cf. 1 Cor 10,6: eucarist\u00eda*). Pero desde la perspectiva de la alianza, que est\u00e1 en el fondo de los textos del Deuteronomio, la bendici\u00f3n va siempre unida al riesgo de la maldici\u00f3n, es decir, del rechazo de los hombres, que pueden volverse \u00abmalditos\u00bb, no por un Dios que les rechaza, sino por ellos mismos. Por eso, al final triunfa siempre la bendici\u00f3n. En este contexto debemos recordar que, seg\u00fan la tradici\u00f3n del Nuevo Testamento, Jes\u00fas ha bendecido a los ni\u00f1os (Mc 10,16 par), lo mismo que el pan de las multiplicaciones (cf. Mt 14,19) y el nuevo pan de la eucarist\u00eda (Mt 26,26 y par), ofrecido a favor de muchos, es decir, de todos (Mc 14,24 par). En esa l\u00ednea, asumiendo la bendici\u00f3n mesi\u00e1nica de la multitud que aclama a Jes\u00fas como rey (cf. Mt 21,9 y par), podemos hablar de la prioridad absoluta de la bendici\u00f3n (que es de Dios) sobre la maldici\u00f3n, que est\u00e1 siempre motivada por la conducta de los hombres, que quieren y pueden separarse de la bendici\u00f3n originaria de un Dios que quiere seguir ofreci\u00e9ndoles, a pesar de todo, su bendici\u00f3n. Por eso, la palabra final del Nuevo Testamento es siempre \u00abbendecid a los que os maldicen y orad por los que os desprecian\u00bb (cf. Lc 6,26), \u00abbendecid a los que os persiguen, bendecid y no maldig\u00e1is\u00bb (Rom 12,14).<\/p>\n<p>Cf. X. PIKAZA, <em>Hermanos de Jes\u00fas y servidores de los m\u00e1s peque\u00f1os. <\/em><em>Mt 25,31-46, <\/em>S\u00edgueme, Salamanca 1984, 172-181; C. WESTERMANN, <em>Der Segen im bibel und im Handeln der Kirche, <\/em>Kaiser, M\u00fanich 1968.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Todos los derechos: <em>Diccionario de la Biblia, historia y palabra<\/em>, X. Pikaza<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(eucarist\u00eda). La bendici\u00f3n y maldici\u00f3n constituyen un elemento b\u00e1sico de la experiencia religiosa israelita y cristiana, desde las grandes representaciones lit\u00fargicas y \u00e9ticas del Antiguo Testamento, como el dodec\u00e1logo* de Siquem y los finales de los c\u00f3digos \u00e9ticos (cf. 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