{"id":3233,"date":"2020-01-19T11:49:13","date_gmt":"2020-01-19T17:49:13","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3233"},"modified":"2021-01-19T11:51:10","modified_gmt":"2021-01-19T17:51:10","slug":"bienaventuranzas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3233","title":{"rendered":"BIENAVENTURANZAS"},"content":{"rendered":"<p>(<em>bendici\u00f3n, pobres, gozo<\/em>). Las bienaventuranzas suelen ser sentencias de tipo sapiencial que declaran la suerte y felicidad de algunas personas especiales. As\u00ed aparecen con cierta frecuencia en el Antiguo Testamento, sobre todo en los salmos: \u00abBienaventurados los que habitan en tu casa para siempre [Sal 84,4]; bienaventurados los que guardan el derecho, los que cumplen las justicia&#8230; [Sal 106,3]; bienaventurados todos los que conf\u00edan en Dios\u00bb (Is 30,18). Jes\u00fas ha tomado este g\u00e9nero literario y le da dado un sentido escatol\u00f3gico vinculado a su mensaje. En el Nuevo Testamento aparecen en dos versiones, la de Lucas y la de Mateo. Hay tambi\u00e9n bienaventuranzas en otros libros, como el Apocalipsis.<\/p>\n<p><em>Bienaventurados los pobres. Texto de Lucas. <\/em>\u00c9stas son las tres primeras bienaventuranzas de Lucas: \u00ab\u00a1Felices vosotros, los pobres, porque es vuestro el reino de Dios, felices los que ahora est\u00e1is hambrientos, porque hab\u00e9is de ser saciados, felices los que ahora llor\u00e1is, porque vosotros reir\u00e9is!\u00bb (Lc 6,2021). En un primer momento, estas palabras pudieran encontrarse en otros textos de aquel tiempo: en los cap\u00edtulos finales de <em>1 Henoc, <\/em>en <em>Test XII Pat <\/em>y en las sentencias de varios rabinos. Jes\u00fas llama felices a los pobres, especificados despu\u00e9s como hambrientos y llorosos, no por lo que ahora tienen (o les falta), sino porque su suerte ha de cambiar: se acerca el juicio, se invierten los papeles de la historia y los que estaban alienados y oprimidos vendr\u00e1n a recibir la herencia de la vida. L\u00f3gicamente, en ese contexto se hacen necesarias las ant\u00edtesis o malaventuranzas: \u00abPero, \u00a1ay de vosotros los ricos, porque ya hab\u00e9is recibido el consuelo! \u00a1ay de vosotros los ahora saciados&#8230;\u00bb! (Lc 6,24-25). La primera bienaventuranza es la m\u00e1s general, tanto por el sujeto (pobres: todos los oprimidos, tristes y\/o enfermos del mundo) como por el predicado (se les ofrece el Reino, el mundo nuevo). Al decir \u00abbienaventurados los pobres\u00bb, Jes\u00fas hace una elecci\u00f3n: los privilegiados de Dios son precisamente el desecho de la tierra. Es evidente que al obrar as\u00ed Jes\u00fas suscita un camino de vida: todos los humanos y en especial los m\u00e1s dotados han de hacerse servidores de los pobres. Esa bienaventuranza primera se divide luego de manera que aparecen por un lado los hambrientos (pobreza m\u00e1s econ\u00f3mica) y por otro los llorosos (pobreza m\u00e1s ps\u00edquica). La carencia se vuelve as\u00ed expresi\u00f3n de ca\u00edda integral. De manera correspondiente, el Reino se expresa tambi\u00e9n en dos se\u00f1ales: es hartura (m\u00e1s econ\u00f3mica) y felicidad (m\u00e1s an\u00edmica). Es evidente que all\u00ed donde se escucha la palabra de gracia de estas bienaventuranzas de Jes\u00fas, la vida humana debe convertirse en expansi\u00f3n (explosi\u00f3n) de fuerte gracia: llevar hartura donde hay hambre, felicidad donde se esconde y triunfa la desdicha. Si se unen con las malaventuranzas, las bienaventuranzas expresan una ense\u00f1anza normal del Antiguo Testamento, recogida tambi\u00e9n en el Magn\u00edficat o canto de la Madre de Jes\u00fas (Lc 1,46-55). Ellas nos sit\u00faan ante la inversi\u00f3n final, ante el Dios de la justicia y del destino, que transforma las suertes de los hombres, como sabe la historia parab\u00f3lica de Ester. En ese plano, las bienaventuranzas ser\u00edan sentencia judicial sobre el transcurso de la historia: expresan una \u00e9tica del juicio, justicia inexorable que planea sobre los humanos. No ser\u00edan a\u00fan Evangelio. Pero, le\u00eddas desde el conjunto de la vida y mensaje Jes\u00fas, ellas proclaman una ense\u00f1anza mesi\u00e1nica que trasciende la inversi\u00f3n y el juicio normales de un tipo de religi\u00f3n de ley. Ciertamente, Jes\u00fas ha sido profeta israelita, mensajero de la justicia de Dios, pero, como sabe Mt 7,1 par (\u00a1no juzgu\u00e9is!), ha desbordado ese nivel.<\/p>\n<p><em>La redacci\u00f3n de Mateo. <\/em>El evangelio de Mateo interpreta las bienaventuranzas desde el contexto total del mensaje y de la vida de Jes\u00fas, tal como se expresa y vive en su Iglesia. Sobre esa base se entienden algunos cambios que \u00e9l mismo (o su iglesia) ha introducido en el texto m\u00e1s antiguo de Lucas. Por la importancia que han tenido y tienen en la experiencia cristiana las comentamos con cierto detalle.<\/p>\n<p><em>Bienaventurados los pobres de Esp\u00edritu<\/em>. Mt 5,3 ha puesto pobres de esp\u00edritu donde Lc 6,20 dec\u00eda simplemente pobres. Con eso no ha negado la bienaventuranza de la pobreza material, pues \u00e9l sigue hablando en su evangelio de los pobres materiales y de los peque\u00f1os (cf. Mt 18,1-14), pero ha querido a\u00f1adir una interpretaci\u00f3n para los cristianos. Son pobres de esp\u00edritu aquellos que no se limitan simplemente a sufrir una suerte que les viene dada desde fuera, sino los que, pudi\u00e9ndolo, asumen voluntariamente un camino de pobreza, por solidaridad, al servicio de los dem\u00e1s (cf. 2 Cor 8,9; Flp 2,6-11). Jes\u00fas no ha querido ayudar a los humanos por arriba, desde fuera, sino desde la misma situaci\u00f3n en que se encuentran, encarn\u00e1ndose en su historia. As\u00ed aparece como el siervo que no grita, no se ensalza, no esclaviza; desde la misma peque\u00f1ez del mundo ayuda a los peque\u00f1os (cf. Mt 12,15-21).<\/p>\n<p><em>Bienaventurados los que sufren<\/em>. El evangelio de Lucas pon\u00eda \u00ablos que lloran\u00bb (<em>hoi klaiontes<\/em>), destacando quiz\u00e1 el llanto material, aceptado o no, en la l\u00ednea de la pobreza material. Mateo pone <em>hoi penthountes<\/em>, que puede referirse m\u00e1s bien a los sufrientes, quiz\u00e1 a los que saben sufrir. \u00c9stos ser\u00edan m\u00e1s bien los que saben sufrir, los que aceptan el dolor y lo convierten en un tipo de vida fecunda. Ciertamente son bienaventurados todos los que sufren, por la raz\u00f3n que fuere, sin distinguir la forma en que asumen o no su sufrimiento. Sin negar lo anterior, Mateo parece haber puesto de relieve el valor de maduraci\u00f3n que puede tener el sufrimiento.<\/p>\n<p><em>Bienaventurados los mansos<\/em>&#8230; (Mt 5,5). Es una bienaventuranza nueva, que Mateo o su Iglesia ha creado, siguiendo el testimonio de Jes\u00fas, que ha sido pobre y d\u00e9bil (sin respaldo econ\u00f3mico, sin poder sobre el mundo), siendo, al mismo tiempo, alguien que ha sabido elevar y enriquecer a los peque\u00f1os, convirtiendo su pobreza en fuente de gracia y de vida para muchos. Mansos son los que act\u00faan sin imponerse, los que ayudan a los dem\u00e1s desde su pobreza. As\u00ed ha hecho Jes\u00fas, as\u00ed ha podido decir: \u00abAcercaos a m\u00ed todos los que est\u00e1is rendidos y abrumados, que yo os dar\u00e9 respiro. Cargad con mi yugo y aprended de m\u00ed, que soy manso y humilde&#8230;\u00bb (Mt 11,28-29). Siendo pobre (manso, no violento), Jes\u00fas puede ayudar a los pobres.<\/p>\n<p><em>Hambrientos de justicia. <\/em>En vez de hambrientos sin m\u00e1s (como Lc 6,21), Mt 5,6 dice \u00abhambrientos y sedientos de justicia\u00bb. Ciertamente, son bienaventurados los carentes de comida, como supone Mt 25,31-46 (al decir que Jes\u00fas habita y sufre en ellos), pero Mt sabe tambi\u00e9n, como indica ese mismo texto, que hay hambrientos mesi\u00e1nicos, que entregan la vida por los otros, dando de comer a los necesitados de la tierra. \u00c9stos son los hambrientos creativos, aquellos que habiendo descubierto la presencia de Dios en los necesitados se empe\u00f1an en ponerse a su servicio. Es evidente que entre ellos se sit\u00faa Jes\u00fas, portador de la justicia del reino sobre el mundo (cf. Mt 6,33). En este contexto han de entenderse los misericordiosos (Mt 5,7). Ellos aparecen vinculados al Dios de Israel, a quien la Escritura presenta como \u00abclemente y misericordioso, lento a la ira&#8230;\u00bb (Ex 34,6-7). Pues bien, Mt ha definido a Jes\u00fas como el Mes\u00edas misericordioso, Hijo de David que tiene piedad de los perdidos sobre el mundo (cf. Mt 9,27; 25,22; 20,30-31). \u00c9sta es su dicha m\u00e1s honda, la felicidad mesi\u00e1nica: ayudar a los necesitados. La misericordia convertida en principio de felicidad: \u00e9sa es la nota fundante del Evangelio, el principio del cristianismo.<\/p>\n<p><em>Bienaventurados los limpios de coraz\u00f3n <\/em>(Mt 5,8). La limpieza constituye una experiencia esencial de un juda\u00edsmo que quiere evitar las impurezas que se contraen por alimentos, contacto con hombres impuros, etc. La limpieza b\u00e1sica se logra trav\u00e9s de la ley: es pureza de manos que se lavan de acuerdo con el rito, de observancias que se cumplen realizando lo mandado, en vestidos y comidas, etc. Pues bien, frente a la pureza de una ley puesta al servicio de los fuertes (piadosos y cumplidores), Jes\u00fas ha situado la pureza del coraz\u00f3n, abierta de forma solidaria a todos los humanos, especialmente a los expulsados del sistema. En el centro del mensaje de Jes\u00fas ha estado la urgencia por superar el sistema de purezas jud\u00edas, en plano de lepra y s\u00e1bado (cf. Mc 1,40-45; 2,23\u20133,6), tab\u00faes de sangre y sexo (cf. Mc 5) o limpieza externa y comidas (cf. Mc 7). Jes\u00fas viene a presentarse de esa forma como el limpio por excelencia, pero de otra forma, por el coraz\u00f3n misericordioso que se abre a los necesitados. Mt elabora sobre esa base la cristolog\u00eda de la pureza mesi\u00e1nica, hecha de cercan\u00eda de coraz\u00f3n, superando todo juicio, en apertura hacia los necesitados. S\u00f3lo en este contexto se revela el Dios de los limpios: ellos ver\u00e1n a Dios.<\/p>\n<p><em>Bienaventurados los pacificadores <\/em>(Mt 5,8). El juda\u00edsmo del tiempo tiende a colocar en primer lugar otras bienaventuranzas: de los guerreros de Dios que conquistan el reino (celotas), de los buenos sacerdotes que cumplen el ritual de sacrificios, de los cumplidores de la ley&#8230; (l\u00ednea farisea). Para Jes\u00fas, la bienaventuranza verdadera culmina all\u00ed donde los humanos son capaces de extender la paz del Reino, regalando la vida por los otros. Es evidente que el pacificador por excelencia es Cristo, como ha visto la tradici\u00f3n cristiana (\u00e9l es nuestra paz: Ef 2,1415), pues re\u00fane con su entrega fiel a todos los humanos. \u00c9sta es la paz que se logra a trav\u00e9s de un esfuerzo m\u00e1s alto, de una guerra distinta (cf. Mt 10,34), cuyo sentido s\u00f3lo emerge en la experiencia de pascua. \u00c9ste es el camino de las bienaventuranzas, que ha empezado en los pobres y culmina en la paz (Mt 5,2-8). Siglos de espiritualismo sacral e idealista nos impiden abrir los ojos y mirar bien el mensaje y vida de Jes\u00fas, que es programa de gozo salvador y libertad dichosa. Hemos identificado a veces Evangelio con Ley, santidad con sacralidad, fidelidad a Dios con represi\u00f3n del sexo o los placeres. Pues bien, en contra de eso, las bienaventuranzas son cristolog\u00eda de dicha. Camino de felicidad, eso es Cristo.<\/p>\n<p><em>Bienaventurados ser\u00e9is cuando os persigan, insulten y calumnien <\/em>(Mt 5,11; cf. Lc 6,22-23). Parece evidente que la tradici\u00f3n cristiana est\u00e1 pensando en el camino de Jes\u00fas, justo sufriente, que ha aprendido a dar la vida por fidelidad al Reino, por los otros (cf. Mc 9,31 par). Con Jes\u00fas han de sufrir tambi\u00e9n los suyos, en sufrimiento que viene a presentarse como fuente de m\u00e1s alta felicidad. No es masoquismo lo que pide Jes\u00fas o lo que ofrecen sus creyentes en la Iglesia, sino felicidad perfecta: la dicha mayor emerge all\u00ed donde varones o mujeres son capaces de aguantar, en paz con el dolor, sin rebelarse contra Dios, sin descargar la violencia contra otros. En esta bienaventuranza emerge un Jes\u00fas dichoso, que sabe dar la vida sin victimismo. No busca el dolor por el dolor, no se goza en la desdicha, sino que quiere dicha. Pero de tal forma le llena el amor del Reino que es capaz de sufrir gozosamente, para bien de los dem\u00e1s, dej\u00e1ndose matar antes que traicionar su camino de amor y felicidad. El camino cristol\u00f3gico se vuelve itinerario de dicha. El Evangelio no es gu\u00eda de pecadores (contra el libro famoso de Luis de Granada), ni de perdedores, como podr\u00eda suponerse desde Mc 8,31; 9,31, 10,32-34 par, sino de amadores y gozadores, de personas que saben ser felices desde el m\u00e1s hondo manantial de su existencia.<\/p>\n<p><em>Conclusi\u00f3n. El sentido de las bienaventuranzas. <\/em>No son sentencia que s\u00f3lo ha de cumplirse al final de los tiempos, sino kerigma de salvaci\u00f3n que act\u00faa precisamente en este tiempo, diciendo ya a los pobres \u00a1es vuestro el reino de los cielos! Esta certeza de que irrumpe el fin, de que ha llegado el Reino, es la base de las bienaventuranzas, entendidas como palabra de gracia. (a) <em>Son signo de presencia del Reino<\/em>, no sentencia antropol\u00f3gica. No postulan el cambio humano para as\u00ed llegar a Dios, sino que parten de Dios, para fundar de esa manera el cambio humano. Lo primero es la certeza de que Dios mismo se ha hecho vida para los hombres: \u00ab\u00a1Dichosos vuestros ojos porque ven y vuestros o\u00eddos porque oyen! Porque os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis y no lo vieron, y o\u00edr lo que vosotros o\u00eds y no lo oyeron\u00bb (Mt 13,16-17). S\u00f3lo porque el Reino est\u00e1 presente y porque Dios mismo se adentra en nuestra historia puede asegurarse: \u00a1Dichosos, vosotros, los pobres&#8230;! Sin esa certeza, las bienaventuranzas ser\u00edan tali\u00f3n resentido (\u00a1cambiar\u00e1n las suertes!) o sarcasmo (consuelo de pobres sometidos). (b) <em>Son palabra performativa<\/em>: realizan lo que dicen. Ante el paso de Jes\u00fas se afirma que los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y a los pobres se les anuncia la buena noticia (Mc 11,5-6). Desde ah\u00ed descubrimos que no son sentencia para el fin de los tiempos, ni expresi\u00f3n invisible de un reino espiritual, sino palabra creadora. Cuando proclama \u00a1dichosos vosotros los pobres&#8230;!, Jes\u00fas les est\u00e1 ofreciendo la dicha, entendida como salud, pan compartido, esperanza de vida, en medio de la misma peque\u00f1ez y sufrimiento de la historia. (c) <em>Son palabra de exigencia<\/em>. Todo es don de Dios, regalo de su vida y amor sobre la historia angustiosa y escindida de la tierra. Pero ese don se hace exigencia: quien recibe la gracia de Dios ha de volverse gracia para otros, convirtiendo su vida en irradiaci\u00f3n del don ya recibido. Si Dios fuera tali\u00f3n tambi\u00e9n nosotros podr\u00edamos portarnos en clave de tali\u00f3n, de juicio y lucha mutua; pero el Dios de gracia nos convierte en manantial de gracia. Por eso, las bienaventuranzas se vuelven principio de exigencia, pudiendo as\u00ed advertirnos: \u00a1ay de vosotros&#8230;! (d) <em>Son acontecimiento salvador<\/em>. La apocal\u00edptica parece situar casi de forma paralela (sim\u00e9trica) el premio y castigo finales, como suponiendo que Dios es neutral y el resultado del camino depende de la buena o mala acci\u00f3n de los humanos. Pues bien, en contra de eso, el Dios de Jes\u00fas no es neutral, de manera que salvaci\u00f3n y condena, bienaventuranza y ayes, no pueden colocarse en simetr\u00eda. Dios se ha comprometido positivamente en favor de los humanos, ofreciendo vida a todos, empezando por los pobres: es parcial porque ama a los peque\u00f1os y perdidos, es parcial porque supera con su gracia y entrega creadora la justicia legalista. Ciertamente, los ayes quedan, como palabra de aviso y advertencia, pero han de situarse en otro contexto teol\u00f3gico y literario (cf. Mt 5,2-11 y Mt 23).<\/p>\n<p><em>Ampliaci\u00f3n. Las bienaventuranzas del Apocalipsis. <\/em>Hay en el Apocalipsis siete bienaventuranzas, que expresan el sentido del libro. (a) Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profec\u00eda (Ap 1,3). (b) Bienaventurados los muertos que mueren en el Se\u00f1or (Ap 14,13). (c) Bienaventurado el que vela, y guarda sus ropas, para que no ande desnudo, y vean su verg\u00fcenza (16,15). (d) Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero (19,9). (e) Bienaventurado y santo el que participe en la primera resurrecci\u00f3n; la segunda muerte no tiene potestad sobre \u00e9stos (20,6). (f) Bienaventurado el que guarda las palabras de la profec\u00eda de este libro (22,7). (g) Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al \u00e1rbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad (22,14). Estas siete bienaventuranzas se pueden dividir en dos grupos. La primera y la sexta se refieren a los que leen, escuchan y cumplen las palabras de profec\u00eda del libro. Las restantes se refieren, de diversas formas, a los que participan de la plenitud escatol\u00f3gica de Cristo.<\/p>\n<p>Cf. F. CAMACHO, <em>La proclama del reino. An\u00e1lisis sem\u00e1ntico y comentario exeg\u00e9tico de las bienaventuranzas de Mt 5,3-10, <\/em>Cristiandad, Madrid 1986; W. D. DAVIES, <em>The Setting of the Sermon on the Mount, <\/em>Cambridge University Press 1966; J. DUPONT, <em>Les B\u00e9atitudes <\/em>I-III, Gabalda, Par\u00eds 1969-1973; <em>El mensaje de las bienaventuranzas<\/em>, Verbo Divino, Estella 1988; G. LOHFINK, <em>El serm\u00f3n de la monta\u00f1a<\/em> <em>\u00bfpara qui\u00e9n?, <\/em>Herder, Barcelona 1988; J. M. L\u00d3PEZ-MEL\u00daS, <em>Las bienaventuranzas. Ley fundamental de la vida cristiana, <\/em>Zaragoza 1982.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Todos los derechos: <em>Diccionario de la Biblia, historia y palabra<\/em>, X. Pikaza<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(bendici\u00f3n, pobres, gozo). 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