{"id":3246,"date":"2020-01-19T12:04:13","date_gmt":"2020-01-19T18:04:13","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3246"},"modified":"2021-01-19T12:06:07","modified_gmt":"2021-01-19T18:06:07","slug":"celibato","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3246","title":{"rendered":"CELIBATO"},"content":{"rendered":"<p>(<em>viudas, matrimonio<\/em>). El concepto del celibato, tal como lo ha desarrollado la Iglesia posterior, no existe en la Biblia, ni en Antiguo ni en el Nuevo Testamento. La situaci\u00f3n ideal del hombre y de la mujer en el Antiguo Testamento es el matrimonio. Sin embargo, en el libro de la Sabidur\u00eda se incluye un canto al eunuco y a la mujer soltera que son fieles a Dios (Sab 3,13\u20134,6). En esa l\u00ednea, algunos movimientos jud\u00edos del tiempo de Jes\u00fas (terapeutas*, esenios*) han podido llevar una vida de celibato, centrada en los valores que se juzgan superiores, relacionados con la presencia de Dios en el mundo. En ese contexto se sit\u00faa la opci\u00f3n de Jes\u00fas y de los primeros cristianos.<\/p>\n<p><em>Jes\u00fas, hombre c\u00e9libe. Matrimonio mesi\u00e1nico<\/em>. Entre los temas significativos de la figura de Jes\u00fas en los evangelios est\u00e1 su \u00abcelibato\u00bb, entendido como ausencia de familia exclusiva. Algunos investigadores marginales han elevado la hip\u00f3tesis de que pod\u00eda ser viudo; otros han hablado de sus posibles amores como Mar\u00eda Magdalena, afirmando, incluso, que estaba casado. Pero nada de eso encuentra apoyo en las fuentes. Jes\u00fas, lo mismo que Juan Bautista, su maestro, aparece como un \u00absolitario\u00bb, como alguien que renuncia a una familia propia (o prescinde de ella) para ponerse mejor al servicio de la obra de Dios o del Reino. En ese sentido podemos empezar diciendo que el celibato de Jes\u00fas se encuentra vinculado a su opci\u00f3n a favor de los \u00abpobres sexuales\u00bb, es decir, de aquellos que no pueden mantener una relaci\u00f3n familiar estable, socialmente reconocida, como los leprosos y las prostitutas, los enfermos y los ni\u00f1os sin protecci\u00f3n. En ese contexto puede inscribirse la expresi\u00f3n y experiencia de los \u00abeunucos por el reino de los cielos\u00bb (Mt 19,12), que sit\u00faa a los seguidores de Jes\u00fas en el espacio humano de los marginados sexuales, por raz\u00f3n biol\u00f3gica o social (aunque el texto parece haber sido creado por una comunidad pospascual con posibles tendencias asc\u00e9ticas). Por eso, el celibato de Jes\u00fas no es una forma de elevarse sobre los dem\u00e1s, en pureza y dignidad, sino de solidarizarse con el \u00faltimo estrato afectivo de la humanidad, con los sexualmente destruidos. De esa forma aparece como un gesto extra\u00f1amente peligroso y fuerte, como una opci\u00f3n a favor de los hombres y mujeres m\u00e1s problem\u00e1ticos para el buen sistema.<\/p>\n<p><em>Una protesta. Eunucos por el Reino. <\/em>En la l\u00ednea anterior, el celibato de Jes\u00fas puede interpretarse como protesta en contra de una visi\u00f3n posesiva y legalista del matrimonio. Ese tema est\u00e1 ya en el fondo de Mt 19,12, donde se habla de los \u00abeunucos por el Reino\u00bb, es decir, de aquellos que se sienten capaces de superar un matrimonio que somete a las mujeres (y de otra manera a los hombres) a un tipo de imposici\u00f3n que debe regularse por ley. Ese motivo se expresa de manera m\u00e1s intensa en Mc 12,15, donde Jes\u00fas afirma que, en la resurrecci\u00f3n, hombres y mujeres no se casar\u00e1n, es decir, no se esposar\u00e1n en la manera actual, sino que ser\u00e1n \u00abcomo \u00e1ngeles del cielo\u00bb, viviendo la plena libertad en el amor. Recordemos que el hermano del difunto esposo deb\u00eda casarse con la viuda para darle descendencia, de manera que todos, viuda y nuevo esposo, estaban sometidos a una ley de posesi\u00f3n y reproducci\u00f3n; pues bien, por encima de eso, Jes\u00fas ha recordado un ideal de amor, en que hombres y mujeres son como \u00ab\u00e1ngeles del cielo\u00bb; pero debemos recordar que aqu\u00ed los \u00e1ngeles no son esp\u00edritus asexuados, sino seres capaces de una forma de vinculaci\u00f3n amorosa gratuita y universal. Dicho todo esto, debemos indicar que Jes\u00fas no ha rechazado el matrimonio, sino todo lo contrario: lo ha concebido como signo del reino de Dios (cf. Mc 2,19), lugar y camino de fidelidad definitiva en el amor (cf. Mc 10,7-9), por encima de toda imposici\u00f3n y legalismo. Eso significa que su celibato est\u00e1 al servicio de un matrimonio mesi\u00e1nico (y viceversa: el matrimonio evang\u00e9lico est\u00e1 al servicio de un celibato mesi\u00e1nico). En esa l\u00ednea puede y debe interpretarse el signo de la mujer que le unge (Mc 14,2-9) y el de las bodas de Can\u00e1 (Jn 2,1-11).<\/p>\n<p><em> Un celibato dram\u00e1tico. <\/em>Pablo ha interpretado el celibato (= virginidad) como un comportamiento que responde a la irrupci\u00f3n de los \u00faltimos tiempos (cf. 1 Cor 7,1-40) y que se expresa como signo de libertad para el Evangelio. Hay amores parciales, que atan al hombre o mujer al hacer y rehacer, al comprar y al vender, en el plano del tali\u00f3n, es decir, de la ley de intercambios sociales donde todo se paga y merece, dentro de un sistema bien organizado. Pues bien, superando ese nivel, inspirado en el testimonio de Jes\u00fas, Pablo ha descubierto y ofrecido a los creyentes (especialmente a las mujeres) la posibilidad de un amor que se manifiesta como poder de libertad. \u00c9l no ha tenido ocasi\u00f3n o necesidad de elaborar una doctrina unitaria sobre el puesto de la mujer en la familia y en la Iglesia, pero ha elaborado unas reflexiones en las que asume y expande, en otra l\u00ednea, la palabra de Jes\u00fas sobre el matrimonio: \u00abA los casados les ordeno, no yo sino el Se\u00f1or: que la mujer no se separe del marido&#8230; y que el marido no despida a la mujer\u00bb (1 Cor 7,10; cf. Mc 10,1-12; Mt 19,1-9). Var\u00f3n y mujer est\u00e1n vinculados en un mismo ideal (o exigencia) de fidelidad y as\u00ed establecen una relaci\u00f3n sim\u00e9trica de amor en la que son iguales sus derechos y deberes. Sobre el celibato o virginidad Pablo no tiene precepto del Se\u00f1or (1 Cor 7,25), pero sabe dar un consejo que le parece fundamental. A su juicio, siguiendo la l\u00f3gica de la escatolog\u00eda (= ha llegado el fin de los tiempos) y conforme a la exigencia de la uni\u00f3n con el <em>Kyrios <\/em>(de un amor ya liberado de las preocupaciones de este mundo), todos los cristianos deber\u00edan ser c\u00e9libes: \u00abEn cuanto a lo que me hab\u00e9is escrito, bien le est\u00e1 al var\u00f3n abstenerse de mujer [1 Cor 7,1]&#8230; Lo que digo (respecto al matrimonio) es una concesi\u00f3n no un mandato. Mi deseo es que todos fueran como yo [c\u00e9libes]; pero cada cual tiene de Dios su carisma particular, unos de una maneras, otros de otra. No obstante, digo a los c\u00e9libes y a las viudas: bien les est\u00e1 quedarse como yo\u00bb (1 Cor 7,6-8). \u00abOs digo pues, hermanos, el tiempo es corto. Por tanto, los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran. Los que lloran como si no llorasen. Los que est\u00e1n alegres como si no lo estuviesen. Los que compran como si no poseyesen. Los que disfrutan del mundo como si no disfrutasen. Porque la apariencia de este mundo pasa. Yo os quisiera libres de preocupaciones. El c\u00e9libe se preocupa de las cosas del Se\u00f1or, de c\u00f3mo agradar al Se\u00f1or. El casado se preocupa de las cosas del mundo, de c\u00f3mo agradar a su mujer; est\u00e1, por tanto, dividido. La mujer no casada, lo mismo que la virgen (muchacha libre) se preocupa de las cosas del Se\u00f1or, de ser santa en el cuerpo y en el esp\u00edritu. Pero la casada se preocupa de las cosas del mundo, de c\u00f3mo agradar a su marido. Os digo esto para vuestro provecho, no para tenderos un lazo, sino para moveros a lo m\u00e1s digno y al trato asiduo con el Se\u00f1or, sin divisi\u00f3n\u00bb (1 Cor 7,29-35).<\/p>\n<p><em>Valores del celibato paulino. <\/em>Conforme a la experiencia de Pablo, el celibato ofrece a los creyentes una libertad especial que se halla vinculada al hecho de que les permite trascender un nivel de relaci\u00f3n humana en la que, a su juicio, hombres y mujeres corren el riesgo de vivir sometidos a la esclavitud de los deseos. En esa l\u00ednea, el mismo matrimonio es para Pablo una concesi\u00f3n, de manera que \u00ablos casados no pecan, pero tendr\u00e1n su tribulaci\u00f3n en la carne\u00bb (1 Cor 7,28), porque han situado su existencia en ese nivel de carne. Por el contrario, los c\u00e9libes pueden vivir ya desde ahora la experiencia fundante de la libertad sin divisi\u00f3n (1 Cor 7,35), como personas liberadas, que no tienen m\u00e1s preocupaci\u00f3n que aquella que deriva del Se\u00f1or. Pablo vive bajo la urgencia de la llegada del fin de los tiempos, que libera al hombre y a la mujer de todas las preocupaciones del mundo, entre las cuales se encuentra, a su juicio, la vida matrimonial. El celibato, en cambio, pertenece al nivel del <em>Kyrios<\/em>, es decir, puede situarse mejor en la l\u00ednea del encuentro con Jes\u00fas, en el plano de superaci\u00f3n de un mundo que tiende a dominar y oprimir a los hombres. Desde esa perspectiva se entienden sus valores. (a) Libertad. Conforme a la experiencia normal del mundo viejo, el ser humano se encuentra dividido entre Dios y el mundo, entre lo masculino y femenino&#8230;, de forma que no puede alcanzar su libertad personal y autonom\u00eda. Pues bien, la experiencia cristiana significa para Pablo el descubrimiento de la individualidad radical: cada ser humano (var\u00f3n o mujer) es persona por s\u00ed mismo en el encuentro con el <em>Kyrios, <\/em>de manera que puede ya vivir sin divisiones ni rupturas interiores. (b) Igualdad sexual. Varones y mujeres son iguales ante el celibato, de manera que puede superarse la visi\u00f3n de una humanidad sexualmente clasista donde la mujer se hallaba como sometida a los varones (primero al padre, luego al marido). La mujer c\u00e9libe aparece como liberada, due\u00f1a de s\u00ed misma dentro de la Iglesia, en camino de fidelidad a su Se\u00f1or que es Cristo (el mismo Se\u00f1or de los varones).<\/p>\n<p><em>Limitaciones del celibato paulino. <\/em>La visi\u00f3n de Pablo est\u00e1 centrada en la certeza de que ha llegado el fin del mundo: \u00abel tiempo es corto; los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran&#8230;\u00bb (1 Cor 7,29)<em>. <\/em>Es la hora final; ha culminado el proceso de los tiempos. Por eso, los hombres ya no tienen que ganar su vida o sostenerla a trav\u00e9s de sus acciones, porque est\u00e1n salvados por Cristo. Pues bien, entre las grandes acciones de este mundo se encuentra, conforme a la visi\u00f3n jud\u00eda, el matrimonio. Pablo supone que los esposos asumen el orden de la creaci\u00f3n y se insertan en la obra c\u00f3smica de Dios, conformando por ella su existencia, como si este mundo no hubiera ya terminado. Pues bien, Pablo piensa que la resurrecci\u00f3n del Cristo permite superar ese nivel, porque ha llegado ya el fin de los tiempos. Por eso los creyentes (varones y mujeres) no se encuentran obligados a casarse, para vivir en plenitud, como personas. Ciertamente, Pablo valora el matrimonio (1 Cor 7,10), pero a\u00f1ade (conforme a su experiencia; cf. 1 Cor 7,25) que, de alg\u00fan modo, al menos para la mujer, el matrimonio se opone al servicio del <em>Kyrios <\/em>Jes\u00fas, quien, sin embargo, hab\u00eda defendido el matrimonio, poniendo de relieve el car\u00e1cter definitivo de su amor (cf. 1 Cor 7,32-35). Parece que Pablo se encuentra demasiado impactado por la experiencia de la nueva libertad cristiana y por la urgencia del final (cf. 1 Cor 7,29-31) como para advertir la tensi\u00f3n (casi contradicci\u00f3n) entre sus dos afirmaciones. Por un lado, sabe que el Se\u00f1or avala el matrimonio y confirma su car\u00e1cter escatol\u00f3gico. Por otro lado, \u00e9l piensa que el matrimonio se opone al amor del Se\u00f1or. Pablo se hallaba ocupado por demasiados problemas y no pudo resolverlos todos, de manera que en el planteamiento del celibato pudo tomar posturas extremistas, que no se compaginaban del todo con su visi\u00f3n del matrimonio seg\u00fan Cristo. Por otro lado, su visi\u00f3n de que \u00abla mujer casada no puede ocuparse de las cosas del Se\u00f1or porque tiene que servir a su marido\u00bb forma parte de una antropolog\u00eda posesiva, patriarcalista, que el mismo Evangelio debe hacer que superemos.<\/p>\n<p><em>El celibato como protesta y como libertad. <\/em>Conforme a la visi\u00f3n de Pablo, el celibato de la mujer no puede ser una simple protesta contra \u00abel esclavizamiento de las mujeres casadas\u00bb (aunque a veces ha tenido que serlo), sino una expresi\u00f3n de libertad cristiana. Libre ha de ser la mujer casada, libre la c\u00e9libe (y lo mismo el var\u00f3n casado o c\u00e9libe); distintas ser\u00e1n sus formas de expresar la universalidad y concreci\u00f3n del amor de Cristo, en sus circunstancias particulares. Dicho esto, debemos a\u00f1adir que Pablo, desde el conjunto de su experiencia, abri\u00f3 unos temas y ofreci\u00f3 un comienzo de reflexi\u00f3n que puede ser muy importante para la Iglesia posterior, sobre todo desde la perspectiva de la libertad. Es muy posible que, en ciertos momentos, la Iglesia posterior haya tenido miedo de esta libertad mesi\u00e1nica (personal y social) que el mensaje de Cristo ofrece a los creyentes (en especial a las mujeres), invirtiendo el mensaje de Pablo y convirtiendo la virginidad religiosa de algunas instituciones oficiales (con clausura obligatoria, bajo dominio de una jerarqu\u00eda masculina) en una nueva forma de sometimiento.<\/p>\n<p><em> (1) Bodas mesi\u00e1nicas. <\/em>Un testimonio muy fuerte y discutido del tema del celibato lo ofrece el Apocalipsis, cuando presenta los dos grandes pecados de la Iglesia: la <em>porneia o prostituci\u00f3n, <\/em>que significa la compraventa del amor para conseguir ventajas materiales; <em>los idolocitos, <\/em>que son la comida ofrecida a los \u00eddolos de Roma, es decir, un tipo de econom\u00eda que nos hace esclavos del imperio (cf. Ap 2,14.20). En contra de ese doble y \u00fanico pecado (afectivo y social), el Apocalipsis ha puesto de relieve la fidelidad de los creyentes, que mantienen la confesi\u00f3n de fe y la palabra del amor, conforme a una experiencia que nos sit\u00faa en la l\u00ednea del amor \u00abesponsal\u00bb que hab\u00edan elaborado algunos grandes profetas (Oseas, Jerem\u00edas, Isa\u00edas&#8230;) cuando presentan la uni\u00f3n de Dios con los hombres en forma de experiencia nupcial o encuentro enamorado. Este motivo est\u00e1 en el fondo de Mc 2,18-22 (amigos del novio) y de Mt 25,1-13 (novias con aceite), lo mismo que en el simbolismo esponsal del conjunto de Jn 2 y 4 (bodas de Can\u00e1 y Samaritana) y de la tradici\u00f3n de Pablo (cf. Ef 5). \u00c9sta es una tradici\u00f3n parab\u00f3lica e incluso mistag\u00f3gica, que puede interpretarse (y se ha interpretado a veces) en formas patriarcales (de supremac\u00eda del Cristo-var\u00f3n) o gn\u00f3sticas (de rechazo del mundo), pero que debe ser asumida y recreada desde su origen b\u00edblico. En sentido radical, todos los cristianos (varones y mujeres, casados y solteros) han de ser c\u00e9libes para el Reino (han de superar un amor de <em>porneia <\/em>o utilizaci\u00f3n posesiva), pudiendo ser, al mismo tiempo, novios o novias (esposos o esposas) en Cristo, viviendo as\u00ed la fidelidad de Dios en formas de fidelidad interhumana.<\/p>\n<p><em> 2 El esc\u00e1ndalo de los que \u00abno se han manchado con mujeres\u00bb. <\/em>En el contexto anterior ha de entenderse una de las palabras m\u00e1s hirientes del Nuevo Testamento y de la Biblia, aquella donde se habla del triunfo de los 144.000 \u00absoldados del cordero\u00bb <em>que no se han manchado con mujeres <\/em>(Ap 14,4)<em>. <\/em>En principio, en el Nuevo Testamento, la palabra <em>mancha <\/em>no significa sexo, ni implica erotismo. Pero, en cierto momento, por influjo de un dualismo helenista (y gn\u00f3stico), algunos cristianos varones han identificado la mancha con el gozo sexual, relacion\u00e1ndolo de un modo especial con las mujeres. En esa l\u00ednea, ha podido influir una interpretaci\u00f3n sesgada de Ap 14,1-6, donde Jes\u00fas aparece como Cordero Batallador Inmaculado, que triunfa sobre el monte Si\u00f3n, seguido por un ej\u00e9rcito de soldados escogidos, que \u00abno se han manchado con mujeres\u00bb. \u00c9ste es un texto duro y simb\u00f3licamente ofensivo para las mujeres; por eso, nos hubiera gustado que no estuviera en la Biblia. Pero dentro de su contexto apocal\u00edptico puede y debe interpretarse desde la perspectiva del pecado de los \u00e1ngeles de <em>1 Henoc, <\/em>donde el pecado no es de las mujeres, sino de los violadores varones, dentro de un mundo donde triunfa la violencia er\u00f3tica masculina: son los varones los que se manchan al violar a las mujeres; s\u00f3lo quienes superan esa violaci\u00f3n pueden acompa\u00f1ar en su triunfo al Cordero. De todas maneras, le\u00eddo al pie de la letra, este pasaje es contrario al Evangelio y ofensivo para las mujeres, a las que se toma, en contra de Jes\u00fas, como personas que manchan a los hombres. Pero, seg\u00fan el Evangelio, lo que mancha no son las mujeres, ni los varones, sino un tipo de ego\u00edsmo y violencia, que puede darse tanto en varones como en mujeres, un ego\u00edsmo que se opone a los principios del celibato de Jes\u00fas, cuyo sentido b\u00e1sico era la libertad para el servicio a los pobres y excluidos de la sociedad.<\/p>\n<p><em>Conclusi\u00f3n. Celibato para el matrimonio, matrimonio para el celibato. <\/em>La tarea b\u00e1sica de la Iglesia cristiana en este campo consiste en recuperar la gratuidad y universalidad de la opci\u00f3n celibataria de Jes\u00fas, a favor del reino de Dios, es decir, del proyecto de la nueva humanidad. Jes\u00fas no ha hecho un voto de castidad, ni se ha propuesto ser c\u00e9libe de un modo legal (institucional). M\u00e1s a\u00fan, no sabemos el tipo de vida que \u00e9l hubiera asumido si no le hubieran matado: no podemos proyectar sobre ella ning\u00fan tipo de modelo antropol\u00f3gico antiguo o moderno&#8230; Lo \u00fanico cierto es que \u00e9l se ha entregado al servicio del Reino, en gesto de amor dirigido en concreto, de manera cercana y poderosa, hacia los expulsados y enfermos de su entorno. Su \u00fanico proyecto ha sido el reino de Dios y al servicio de ese Reino ha vivido y ha muerto, de manera que al final de su vida (en su pascua) todos los disc\u00edpulos han podido descubrirse identificados con \u00e9l, recreados por su resurrecci\u00f3n. Por eso a\u00f1adimos que para Jes\u00fas el celibato no ha sido un punto de partida, sino una consecuencia. No ha buscado primero el celibato y despu\u00e9s la opci\u00f3n por los impuros y los excluidos, sino al contrario. Lo primero ha sido su opci\u00f3n a favor de aquellos que no ten\u00edan familia (publicanos y prostitutas, leprosos y enfermos). Al servicio de esa opci\u00f3n se entiende su celibato, que no le a\u00edsla en una casa, ni le encierra en un grupo, sino que le sit\u00faa en el cruce de todos los caminos, en el lugar donde puede dialogar con todos, no s\u00f3lo con publicanos y prostitutas, sino con fariseos y saduceos, con hombres y mujeres de toda condici\u00f3n. Esta capacidad de encarnarse en el centro del mundo, sin \u00abcasarse\u00bb con ning\u00fan poder establecido, define el celibato de Jes\u00fas, frente a la renuncia de los esenios c\u00e9libes de Qumr\u00e1n o de los jud\u00edos terapeutas del lago Mareotis de Egipto, que abandonan un tipo de familia por ley sacral o por exigencia de una contemplaci\u00f3n separada del mundo. Tampoco el celibato de Pablo puede entenderse como finalidad en s\u00ed, sino que est\u00e1 al servicio de la familia humana, es decir, del amor gratuito y gozoso de hombres, mujeres y ni\u00f1os. Tanto el celibato como el matrimonio, en su forma actual, marcan la limitaci\u00f3n de una forma de vida humana que no puede desarrollar todos los caminos del amor; por eso, los casados han de vivir como si no lo estuvieran y los c\u00e9libes como si no fueran c\u00e9libes, porque unos y otros, todos, s\u00f3lo pueden ser creyentes en la medida en que expresan y expanden el amor del Reino, en comunicaci\u00f3n no impositiva. Conforme a una lectura sesgada de la carta a los Hebreos, cuando presenta a Jes\u00fas como sacerdote seg\u00fan el orden de Melquisedec (cf. Heb 5,6.10; 6,20; 7,1-17), algunas tradiciones eclesiales han querido que los ministros de la Iglesia sean hombres separados, sin padre ni madre, personas que han roto con las genealog\u00edas de este mundo (genealog\u00eda que definen el sacerdocio de Aar\u00f3n o Sadoc), para poder vincularse mejor a todos los hombres, seg\u00fan el orden celeste, suprafamiliar, de Melquisedec. En esa l\u00ednea, una Iglesia instituida ha impuesto el celibato para sus ministros, interpret\u00e1ndolo a veces en l\u00ednea sacrificial, como si Dios necesitara la ofrenda y renuncia afectiva de sus servidores. Entendido as\u00ed, un celibato sacrificial, vinculado a veces a la toma de poder en la Iglesia, puede ir en contra de la libertad de Cristo y del amor del Evangelio. Por el contrario, vivido al modo de Jes\u00fas, el celibato de algunos cristianos puede ser un testimonio fuerte de Evangelio.<\/p>\n<p>Cf. Th. MATURA, <em>El radicalismo evang\u00e9lico, <\/em>Claretianas, Madrid 1980; J. M. R. TILLARD, <em>El proyecto de vida de los religiosos, <\/em>Claretianas, Madrid 1974; L. LEGRAND, <em>La doctrina b\u00edblica sobre la virginidad<\/em>, Verbo Divino, Estella 1976.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Todos los derechos: <em>Diccionario de la Biblia, historia y palabra<\/em>, X. Pikaza<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(viudas, matrimonio). El concepto del celibato, tal como lo ha desarrollado la Iglesia posterior, no existe en la Biblia, ni en Antiguo ni en el Nuevo Testamento. 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