{"id":3252,"date":"2020-01-19T12:11:53","date_gmt":"2020-01-19T18:11:53","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3252"},"modified":"2021-01-19T12:13:59","modified_gmt":"2021-01-19T18:13:59","slug":"cielo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3252","title":{"rendered":"CIELO"},"content":{"rendered":"<p>(<em>Yahv\u00e9, creaci\u00f3n, Ashera, parus\u00eda, ascensi\u00f3n, ciudad<\/em>)<em>. <\/em>En las religiones tradicionales, el cielo es la altura, la b\u00f3veda celeste con su sol y con su luna, con sus astros, entendidos como sede de la divinidad y de la vida perdurable. La Biblia empieza tomando el cielo como b\u00f3veda que cubre la tierra, formando unidad con ella, de tal modo que dice: \u00abEn el principio cre\u00f3 Dios el cielo y la tierra\u00bb. Pero, al mismo tiempo, la Biblia entiende el cielo de un modo simb\u00f3lico como lugar de la presencia de Dios (lo identifica con el mismo Dios) y como expresi\u00f3n de la bienaventuranza de los elegidos.<\/p>\n<p><em>El cielo de los dioses. <\/em>La Biblia conserva el recuerdo de una experiencia ur\u00e1nica sagrada, en la que el cielo aparece vinculado con la divinidad. De esa manera, los israelitas conciben simb\u00f3licamente a Yahv\u00e9 como un ser celeste, que cabalga en las nubes y env\u00eda sobre la tierra el rayo y el agua (como Zeus o Baal*-Hadad). As\u00ed aparece Yahv\u00e9 como rey del cielo, de un modo tan intenso que cielo y Dios han terminado identific\u00e1ndose, de manera que se ha podido decir \u00abreino de los cielos\u00bb en vez de \u00abreino de Dios\u00bb. En ese contexto, desbordando los l\u00edmites del monote\u00edsmo b\u00edblico, algunos israelitas han dicho que el Dios masculino (expresado de alg\u00fan modo por Yahv\u00e9) es el cielo, mientras que la divinidad femenina (expresada por un tipo de Ashera) se identifica con la tierra. Pero el Antiguo Testamento conserva tambi\u00e9n el recuerdo poderoso de una divinidad femenina de los cielos, que se sit\u00faa en la l\u00ednea de Astart\u00e9*\/Ishtar. En ese caso, el Dios masculino estar\u00eda m\u00e1s vinculado con la tierra (muere y resucita), mientras la diosa del cielo permanece siempre triunfante. As\u00ed parece evocarlo el libro de Jerem\u00edas, cuando dice que \u00ablos hijos recogen la le\u00f1a, los padres encienden el fuego, y las mujeres amasan la masa, para hacer tortas a la Reina del Cielo\u00bb (Jr 7,18). El culto a la Reina del cielo constituye el tema de las controversias de Jerem\u00edas con los jud\u00edos y jud\u00edas exiliadas en Egipto. Jerem\u00edas les exige que abandonen ese culto. Ellos responden: \u00abLa palabra que nos has hablado en nombre de Yahv\u00e9 no la oiremos de ti, sino que ciertamente pondremos por obra toda palabra que ha salido de nuestra boca, para ofrecer incienso a la Reina del Cielo, derram\u00e1ndole libaciones, como hemos hecho nosotros y nuestros padres, nuestros reyes y nuestros pr\u00edncipes, en las ciudades de Jud\u00e1 y en las plazas de Jerusal\u00e9n, y tuvimos abundancia de pan, y estuvimos alegres, y no vimos mal alguno. Mas desde que dejamos de ofrecer incienso a la Reina del Cielo y de derramarle libaciones, nos falta todo, y a espada y de hambre somos consumidos\u00bb (Jr 44,16-18; cf. 44,19.25). Estos jud\u00edos fugitivos suponen que Yahv\u00e9 les ha abandonado y recuerdan desde su exilio de Egipto a la Madre del Cielo, a la que hab\u00edan venerado ya en Jerusal\u00e9n y a la que ahora invocan en Egipto, identific\u00e1ndola, sin duda, con la diosa Isis. S\u00f3lo m\u00e1s tarde, tras la restauraci\u00f3n del juda\u00edsmo de Jerusal\u00e9n en forma de comunidad del templo* (1), con la reforma de Esdras* y Nehem\u00edas, el conjunto de los jud\u00edos superar\u00e1 la religi\u00f3n de la Reina del cielo.<\/p>\n<p><em>El cielo de Dios. <\/em>El cielo f\u00edsico, entendido como una o varias b\u00f3vedas, ha perdido muchas veces su significado puramente c\u00f3smico, para convertirse en signo de la divinidad. De un modo quiz\u00e1 convencional, al dirigirse a las autoridades persas, los jud\u00edos del libro de Esdras se presentan como servidores del Dios del cielo, entendido como Se\u00f1or trascendente y universal, a quien de alguna manera veneran todos los pueblos (cf. Esd 6,9-10). En esa l\u00ednea, el rey Artajerjes escribe a Esdras y le presenta como \u00abescriba erudito en la ley del Dios del cielo\u00bb; los jud\u00edos, por su parte, son adoradores del Dios del cielo (cf. Esd 7,12.21.23). L\u00f3gicamente, el Dios que reina en el cielo (entendido como espacio donde ejerce directamente su autoridad) viene a presentarse casi como Dios-Cielo, de manera que Cielo aparece como un nombre del mismo Dios. De todas formas, ni la teolog\u00eda jud\u00eda ni la cristiana han dado nunca totalmente ese paso, pues cielo y tierra siguen tom\u00e1ndose como las dos partes o momentos de una realidad creada y renovada por Dios (cf. Is 65,17; 66,22). Este doble sentido de cielo (es divino y es el espacio m\u00e1s perfecto de la creaci\u00f3n de Dios) aparece en la versi\u00f3n del Padrenuestro* de Mateo: \u00abPadre nuestro, que est\u00e1s en los cielos&#8230;\u00bb (esos cielos son de alguna forma el mismo Dios); \u00abh\u00e1gase tu voluntad en la tierra como se hace en el cielo\u00bb (se supone as\u00ed que cielo es el lugar\/estado donde se cumple la voluntad de Dios, a diferencia de la tierra, donde ella puede no cumplirse) (Mt 6,9-10). De todas formas, en contra de lo que sucede en las religiones de otros pueblos, la Biblia es muy sobria a la hora de \u00abrepresentar\u00bb el cielo, a no ser en algunas teofan\u00edas* muy particulares (como las de Henoc* y Daniel*). Por su parte, Pablo afirma (2 Cor 12,2-4) que ascendi\u00f3 al tercer cielo, pero a\u00f1ade que oy\u00f3 cosas que no pueden decirse. En general, los videntes israelitas no han sido expertos en visiones de cielo. De todas maneras, a partir de Ex 25 y Ez 1\u20133 ellos suponen que existe una correspondencia entre el templo o santuario de Dios en la tierra y el cielo en el que Dios mora.<\/p>\n<p><em>El cielo para los hombres. <\/em>M\u00e1s importancia que el tema del cielo de Dios ha tenido en el conjunto de las religiones, y en especial en la cristiana, la visi\u00f3n del cielo como espacio y estado de bienaventuranza para los hombres salvados. De esa forma se han contrapuesto cielo e infierno, salvaci\u00f3n y condena. Tomada en sentido estricto, esa oposici\u00f3n no es b\u00edblica, aunque aparece de forma simb\u00f3lica en diversos relatos y textos judiciales, como pueden ser Mt 25,31-46 (reino del Padre, fuego del Diablo) y Lc 16,20-26 (seno de Abrah\u00e1n, frente al Hades de fuego). La Biblia no concibe el cielo de forma idealista, en la l\u00ednea de algunas representaciones de tipo plat\u00f3nico (como un cielo espiritual), sino en forma de culminaci\u00f3n de la obra creadora de Dios, vinculando la imagen de su altura con la de su futuro. (a) <em>La imagen de la altura <\/em>est\u00e1 en el fondo de las representaciones de la pascua de Jes\u00fas como Ascensi\u00f3n*: Jes\u00fas sube al Cielo, a la vista de todos los disc\u00edpulos (Lc 24,51; Hch 1,10). En esa l\u00ednea, desde una perspectiva que puede llevar a la gnosis, el evangelio de Juan repite continuamente la imagen de Jes\u00fas como enviado mesi\u00e1nico (Hijo del Hombre) que ha bajado del cielo y que volver\u00e1 a subir al cielo (cf. Jn 3,13). Si se absolutizara esta perspectiva, la tierra podr\u00eda venir a convertirse en un lugar de puro destierro inferior: las almas han bajado del cielo y al cielo deben ascender, tras su purificaci\u00f3n en el mundo. (b) <em>La imagen del futuro <\/em>resulta dominante en el conjunto de la Biblia (cf. Is 66,17.22; 2 Pe 3,13) y en especial en el Apocalipsis, donde se retoma la primera palabra de la creaci\u00f3n (en el principio cre\u00f3 Dios el cielo y la tierra: Gn 1,1) y se dice: \u00abVi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existe m\u00e1s. Y yo vi la santa ciudad, la nueva Jerusal\u00e9n que descend\u00eda del cielo de parte de Dios, preparada como una novia adornada para su esposo\u00bb (Ap 21,1). No se trata por tanto de un cielo futuro totalmente distinto, sino de la renovaci\u00f3n de todo lo creado, del \u00abcielo y de la tierra\u00bb.<\/p>\n<p><em>El cielo de los cristianos. Para los cristianos, el cielo se identifica con la resurrecci\u00f3n de Cristo <\/em>y as\u00ed constituye la plenitud de la creaci\u00f3n de Dios, entendida en forma de comunicaci\u00f3n divi \u00c9stas son algunas de sus formulaciones m\u00e1s significativas: \u00abAhora vemos oscuramente por medio de un espejo, pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte, pero entonces conocer\u00e9 plenamente, as\u00ed como fui conocido\u00bb (1 Cor 13,12); entonces tambi\u00e9n el Hijo se someter\u00e1 al Padre \u00abpara que Dios sea todo en todos\u00bb (1 Cor 15,28). \u00abY vi un cielo nuevo y una tierra nueva, pues el primer cielo y la primera tierra hab\u00edan desaparecido y el mar ya no exist\u00eda; y vi la Ciudad Santa, la Nueva Jerusal\u00e9n, bajando del cielo, de junto a Dios, ataviada como una novia que se adorna para su esposo. Y o\u00ed una voz potente, salida del trono, que dec\u00eda: \u00c9sta es la tienda de Dios con los humanos: habitar\u00e1 con ellos; ellos ser\u00e1n sus pueblos y el mismo Dioscon-ellos ser\u00e1 su Dios. Enjugar\u00e1 las l\u00e1grimas de sus ojos y no habr\u00e1 ya muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor, porque las antiguas cosas han pasado\u00bb (Ap 21,1-4). No hay nuevo cielo sin nueva tierra, sin culminaci\u00f3n de la historia b\u00edblica (Nueva Jerusal\u00e9n), sin comuni\u00f3n con Dios, sin plenitud de bodas. Esta visi\u00f3n del cielo, vinculada con la resurrecci\u00f3n de Cristo, como principio de una realidad reconciliada, en la que viven todos los que han muerto, es el punto de partida y sentido de la escatolog\u00eda cristiana.<\/p>\n<p>Cf. C. MCDANNELL y B. LANG, <em>Historia del cielo, <\/em>Taurus, Madrid 1990; X. PIKAZA, <em>Apocalipsis, <\/em>Verbo Divino, Estella 1999; J. L. RUIZ DE LA PE\u00d1A, <em>La pascua de la nueva creaci\u00f3n. Escatolog\u00eda, <\/em>BAC, Madrid 1966; A. V\u00d6GTLE, <em>Das Neue Testament und die Zukunft des Cosmos<\/em>, Patmos, D\u00fcsseldorf 1970.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Todos los derechos: <em>Diccionario de la Biblia, historia y palabra<\/em>, X. Pikaza<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Yahv\u00e9, creaci\u00f3n, Ashera, parus\u00eda, ascensi\u00f3n, ciudad). En las religiones tradicionales, el cielo es la altura, la b\u00f3veda celeste con su sol y con su luna, con sus astros, entendidos como sede de la divinidad y de la vida perdurable. 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