{"id":3255,"date":"2020-01-19T12:16:40","date_gmt":"2020-01-19T18:16:40","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3255"},"modified":"2021-01-19T12:20:25","modified_gmt":"2021-01-19T18:20:25","slug":"comidas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3255","title":{"rendered":"COMIDAS"},"content":{"rendered":"<p>(<em>alimentos, sacrificios, pan, vino, vegetarianos, multiplicaciones, eucarist\u00eda<\/em>). Desde los tiempos m\u00e1s antiguos, las comidas han tenido un car\u00e1cter sagrado, formando quiz\u00e1 el m\u00e1s importante de todos los signos religiosos. Ellas constituyen un elemento esencial de la identidad israelita, centrada de un modo intenso en los ritos de la mesa y cama (es decir, de la alimentaci\u00f3n y de la familia). Desde esa base precisamos algunos elementos, principios y rasgos m\u00e1s significativos de las comidas israelitas.<\/p>\n<p><em>La comida, un gesto religioso. <\/em>Comenzamos con algunos rasgos que definen el car\u00e1cter sacral de las comidas, desde una perspectiva general, que aplicamos especialmente a Israel. (a) <em>Alimentar a Dios<\/em>. Algunos pueblos han pensado que deb\u00edan dar de comer a Dios con sus sacrificios, como supone el mito de la sangre en los aztecas de M\u00e9xico y la cr\u00edtica de fondo de la historia de Bel y el Drag\u00f3n (Dn 14). En esta l\u00ednea puede entenderse el poema de Jot\u00e1n, cuando declara que el vino alegra a dioses y hombres (cf. Jc 9,13), asumiendo un tema com\u00fan a muchos cananeos y griegos, que presentan a los dioses sobre el Saf\u00f3n o el Olimpo, comiendo y bebiendo ambros\u00eda, vino del cielo. Esa visi\u00f3n est\u00e1 en el fondo del ritual jud\u00edo de los sacrificios, que realizan los sacerdotes del templo, cuando derraman y\/o queman en su honor las partes m\u00e1s nobles de los animales (cf. Jc 6,17-24; 13,15-23.26). (b) <em>Comer con<\/em> <em>Dios<\/em>. M\u00e1s que alimentar a Dios, la Biblia supone que los hombres deben alimentarse con Dios, compartiendo su sustento; as\u00ed se dice que ellos deben comer en la presencia de Dios, celebrando su bendici\u00f3n (cf. Dt 12,5-7). De esta forma puede establecerse una gozosa comuni\u00f3n (hombres y dioses comparten la comida), pero puede surgir una escisi\u00f3n y competencia, como Hes\u00edodo ha mostrado cuando afirma que Prometeo instituy\u00f3 los sacrificios, repartiendo una parte del gran toro para los dioses, otra para los hombres. El toro com\u00fan (que deb\u00eda ser signo de pacto) les ha enfrentado, pues unos y otros quer\u00edan la mejor parte (cf. <em>Teogon\u00eda, <\/em>535-559). La religi\u00f3n ha podido convertirse en expresi\u00f3n de una competencia ego\u00edsta entre Dios (que pide a los hombres un tipo de impuesto) y los hombres que tienen dificultades en pagarlo, como ha visto Malaqu\u00edas cuando critica a los jud\u00edos taca\u00f1os porque llevan para Dios animales defectuosos, ofrendas miserables (cf. Mal 1,9-14). (c) <em>Comer con otros hombres. <\/em>En el momento anterior, los hombres reservaban algo para Dios y lo quemaban sobre el altar, comiendo ellos lo restante. Pero en un momento dado, los fieles ya no reservan nada para Dios, sino que lo ofrecen todo (pues a \u00c9l le pertenece), pero, al mismo tiempo, ellos pueden comer y comen todo lo que han ofrecido (pues Dios se lo devuelve bendecido). Todo es de Dios, no una parte, y todo, absolutamente todo, es para los hombres, aunque a veces con algunas excepciones: los jud\u00edos reservan siempre la sangre para Dios, pues ella contiene la vida que es s\u00f3lo de Dios (cf. Lv 17,10-14).<\/p>\n<p><em>Principios de la comida israelita<\/em>. El relato de la creaci\u00f3n (Gn 2\u20133) supone que los hombres se mantienen y unen y separan por sus comidas. Pues bien, los jud\u00edos han desarrollado una ley especial de comidas, llegando a suponer que s\u00f3lo es verdadero jud\u00edo aquel que toma alimentos puros (<em>kosher<\/em>) con otros jud\u00edos puros. Aqu\u00ed se incluyen dos normas. (a) <em>Comer s\u00f3lo alimentos puros<\/em>, nunca los impuros como el cerdo o mezclados, como la leche con carne (cf. Dt 14,1-21; Lv 11), pues ellos constituyen una amenaza contra la santidad y separaci\u00f3n del pueblo. (b) <em>Comer s\u00f3lo con otros comensales puros<\/em>, pues la impureza de los otros causa una mancha en los israelitas. Estas normas constituyen un elemento esencial de la identidad israelita, pues la religi\u00f3n b\u00edblica no es simple sentimiento interior, una piedad o fe intimista, separada de la vida, sino una instituci\u00f3n social integradora, con leyes familiares y sociales: s\u00e1bado y circuncisi\u00f3n; tierra, ciudad y templo, fiestas y comidas. En un primer momento, toda comida de carne ha comenzado siendo sacrificio, presidido por el sacerdote o padre de familia, de manera que el animal se ofrece a Dios y se comparte en gesto gozoso de comuni\u00f3n social y alabanza. En un momento dado (hacia el siglo VI-V a.C.), con la centralizaci\u00f3n del culto en Jerusal\u00e9n, las comidas normales quedan <em>de-sacralizadas, <\/em>incluso la carne de animales. Parad\u00f3jicamente, ese cambio constituye el punto de partida de una <em>re-sacralizaci\u00f3n <\/em>m\u00e1s fuerte: muchos jud\u00edos piadosos, de l\u00ednea esenia, farisea o rab\u00ednica, por lo menos desde el tiempo de Jes\u00fas, han interpretado todas sus comidas como rito de pureza, celebraci\u00f3n que les mantiene vinculados entre s\u00ed y separados de otros pueblos. En esa l\u00ednea se puede a\u00f1adir, en un sentido muy profundo, que s\u00f3lo es verdadero jud\u00edo aquel que come en fraternidad y pureza con otros jud\u00edos.<\/p>\n<p><em>Israel, religi\u00f3n de mesa. <\/em>S\u00f3lo son buenos jud\u00edos aquellos que pueden tomar parte en las comidas religiosas: los que pueden comer juntos, recordando y bendiciendo al Dios de su naci\u00f3n. Cada casa de jud\u00edos piadosos es un templo, cada comida un sacrificio de pureza. As\u00ed se a\u00f1ade que son buenos jud\u00edos (y no simple pueblo de la tierra) los que cumplen las normas de separaci\u00f3n en la comida, evitando alimentos ofrecidos a los \u00eddolos o tocados por personas contaminadas. (a) Un elemento esencial de la pureza en la comida es la ausencia de <em>sangre<\/em>. Esto implica que la carne debe provenir de un animal ritualmente sacrificado, de manera que, de hecho, los jud\u00edos piadosos s\u00f3lo pueden comer carne comprada en carnicer\u00edas jud\u00edas; pero en esto ellos concuerdan con el islam, que tambi\u00e9n asume las leyes alimenticias que est\u00e1n en el fondo de los mandamientos de No\u00e9* (\u00abCarne con su vida que es su sangre no comer\u00e9is\u00bb: Gn 9,4)<em>. <\/em>(b) Tambi\u00e9n debemos citar la ley de los <em>alimentos puros <\/em>(que mantienen el orden c\u00f3smico, querido por Dios) y de los impuros, que van en contra del orden de Dios y contaminan al hombre seg\u00fan Ley (cf. Dt 14,1-21; Lv 11), for-<\/p>\n<p>mando una amenaza contra la santidad del pueblo. Toda comida es por tanto una oraci\u00f3n que ratifica la obra creadora de Dios. Por eso, en un sentido muy profundo, s\u00f3lo es verdadero jud\u00edo aquel que come ante Dios, en fraternidad y pureza, con otros jud\u00edos verdaderos. Muchos jud\u00edos piadosos, de l\u00ednea esenia, farisea o rab\u00ednica, por lo menos desde el tiempo de Jes\u00fas, toman sus comidas como rito de pureza, celebraci\u00f3n que les mantiene vinculados entre s\u00ed y separados de otros pueblos. En esa l\u00ednea, se ha podido afirmar que el juda\u00edsmo es religi\u00f3n de mesa: cada casa de piadosos es un templo; cada comida, un sacrificio de pureza. As\u00ed se a\u00f1ade que son buenos jud\u00edos (y no simple <em>pueblo de la tierra<\/em>) los que cumplen las normas de separaci\u00f3n en la comida, evitando alimentos ofrecidos a los \u00eddolos o tocados por personas contaminadas. En este contexto se inscribe la novedad de Jes\u00fas, que come con pecadores y ofrece pan y peces a todos los que vienen a buscarle, sin distinci\u00f3n de purezas; desde aqu\u00ed se entiende la primera novedad institucional de la Iglesia, que defiende la uni\u00f3n de jud\u00edos y gentiles (cf. Hch 15; Gal 1\u20132). Desde esa perspectiva muchos cristianos han acusado a los jud\u00edos diciendo que mantienen unos tab\u00faes alimenticios que van en contra de la bondad de la creaci\u00f3n y de la racionalidad alimenticia&#8230; Pero hay jud\u00edos que responden a los cristianos dici\u00e9ndoles que su eucarist\u00eda ha dejado de ser aquello que era, una comida real, para convertirse en una especie de simulacro alimenticio espiritualizado.<\/p>\n<p><em>Juda\u00edsmo. (1) El Dios de las comidas<\/em>. La fijaci\u00f3n rab\u00ednica de las tradiciones jud\u00edas, iniciada tras la ca\u00edda del segundo Templo (70 d.C.) y acentuada tras la guerra de Bar Kokba (135 d.C.), culmina con la publicaci\u00f3n de la Misn\u00e1, hacia el a\u00f1o 200 d.C. S\u00f3lo a partir de entonces se puede hablar de juda\u00edsmo estrictamente dicho, donde se recogen parte de las tradiciones anteriores (esenias, fariseas, saduceas), mientras quedan fuera otras (en l\u00ednea de mesianismo pol\u00edtico, apocal\u00edptica dura, cristianismo, proselitismo helenista e incluso gnosis). Nace as\u00ed el juda\u00edsmo que ha pervivido en los siglos posteriores, como religi\u00f3n de ley y pureza, centrado en la Misn\u00e1, que se va comentando en el Talmud y que se expresa sobre todo en las comidas. De manera sorprendente, la Misn\u00e1 ha codificado y conservado, de forma simb\u00f3lica, un mundo en gran parte ya acabado de purificaciones sacerdotales, pero lo ha hecho con la intenci\u00f3n clara de perpetuar y actualizar de forma laica las normas de pureza que antes s\u00f3lo se aplicaban (b\u00e1sicamente) a los sacerdotes. De esta forma ha culminado, tras la ca\u00edda del templo, un proceso que hab\u00eda comenzado mucho antes. Los diversos grupos de <em>hasidim <\/em>o piadosos, tal como se fueron desarrollando desde el siglo I a.C. en las comunidades (<em>haburot<\/em>) de esenios y\/o fariseos, hab\u00edan traducido ya la experiencia sacerdotal de Israel en claves sociales, que se expresaban, sobre todo, en la pureza familiar y alimenticia. Por eso, la ca\u00edda del templo, siendo en un plano algo muy doloroso, aparece en otro como providencial: los grupos jud\u00edos pudieron desarrollar de forma creadora su ideal de vida comunitaria, a partir de dos escuelas b\u00e1sicas: \u00abLa de <em>Samay <\/em>dice: se recita la bendici\u00f3n sobre el d\u00eda y luego sobre el vino. La escuela de Hillel afirma: se recita la bendici\u00f3n sobre el vino y luego la del d\u00eda\u00bb (Misn\u00e1, <em>Ber <\/em>8,1). Cambia el orden, pero los signos b\u00e1sicos de la presencia de Dios son los mismos: el <em>vino <\/em>del banquete, el d\u00eda de la vida&#8230; El aut\u00e9ntico jud\u00edo bendice a Dios ante los dos signos. Aqu\u00ed destacamos el del vino (las comidas). \u00abEl que se propone ser digno de cr\u00e9dito [= buen jud\u00edo] separa el diezmo de las cosas que come, de lo que vende y de lo que compra. No se hospeda en casa de un jud\u00edo inculto [un <em>am-ha-aretz<\/em>]. R. Yehuda dice: tambi\u00e9n el que se hospeda en casa de un jud\u00edo inculto puede ser digno de cr\u00e9dito. Le replicaron: si no es digno de cr\u00e9dito con respecto a s\u00ed mismo, \u00a1c\u00f3mo va a serlo respecto de los otros! Si uno se propone ser un asociado [<em>haber<\/em>: jud\u00edo observante] no ha de vender a una persona jud\u00eda inculta nada h\u00famedo, ni seco, ni ha de hospedarse en su casa, ni ha de ponerse sus vestidos mientras se hospeda en su casa\u00bb (Misn\u00e1, <em>Dem <\/em>2,2-3).<\/p>\n<p><em>Juda\u00edsmo. (2) Un pueblo de comidas. <\/em>Los pasajes anteriores nos sit\u00faan ante un juda\u00edsmo interesado en los diezmos vinculados a la comunicaci\u00f3n, es decir, al cumplimiento de las normas sacrales de pureza. Para conservar su identidad, los puros han de vincularse con los puros, los asociados con los asociados, formando as\u00ed comunidades compactas de estudio (conocimiento de la ley) y comida. Desde esa perspectiva se entiende el inter\u00e9s de la Misn\u00e1 por los c\u00f3digos agr\u00edcolas: la producci\u00f3n y pureza de alimentos, tanto vegetales como animales (carnes). Ello puede deberse a que muchas de sus normas han sido recreadas o transmitidas por escuelas rab\u00ednicas de Galilea, en el siglo II d.C., en un contexto campesino. Pero esa raz\u00f3n parece insuficiente: lo esencial es que el sistema de comidas constituye la clave de la nueva vida jud\u00eda. Pensemos, por ejemplo, en la <em>ley de la masa<\/em>: \u00abCinco cosas est\u00e1n sujetas a la ley de <em>lo amasado<\/em>: trigo, cebada, espelta, avena y centeno. \u00c9stas est\u00e1n sujetas al diezmo: arroz, mijo, amapola, s\u00e9samo, legumbres&#8230;\u00bb (Misn\u00e1, <em>Zer <\/em>1,1-4). La ley de primicias referente a lo amasado para hacer tortas o pan (cf. Nm 15,20) y las prescripciones sobre el diezmo (cf. Mt 23,23) provienen de las normas sacerdotales, vinculadas a los alimentos ofrecidos al templo. Pues bien, ahora, todos los jud\u00edos se descubren sacerdotes: sus comidas son sagradas y en ellas se cumple la ley de la creaci\u00f3n y santificaci\u00f3n israelita. Cada familia (comunidad) viene a presentarse como verdadero templo, que cumple las normas sacrales. Los jud\u00edos observantes (asociados), herederos de esenios y fariseos, comen cada d\u00eda su comida como si estuvieran consumiendo las ofrendas y libaciones, los sacrificios y alimentos del templo. As\u00ed se entiende y expresan como pueblo sacerdotal, mediador del orden de Dios sobre la tierra. Ha desaparecido el templo externo. Ellos mismos son santuario de Dios sobre la tierra.<\/p>\n<p><em>Jes\u00fas. (1) Hombre de comidas. <\/em>Jes\u00fas ha sido profeta* apocal\u00edptico y hombre carism\u00e1tico*, conocido por sus exorcismos y sus gestos de ayuda a los enfermos y expulsados de la sociedad. Pero quiz\u00e1 el m\u00e1s significativo de todos sus rasgos han sido sus comidas. Frente a Juan* Bautista, que no come ni bebe, Jes\u00fas aparece como un hombre que come y bebe (comil\u00f3n y borracho), amigo de prostitutas y de pecadores (cf. Lc 7,33-34). \u00c9stos son algunos de los rasgos m\u00e1s significativos de las comidas de Jes\u00fas, que evocamos por separado en otros temas. (a) Jes\u00fas comparte los panes y los peces con aquellos que vienen a escucharle. Lo hace a campo abierto, acogiendo a todos, sin distinci\u00f3n de pureza, en las tierras galileas o en el entorno pagano (cf. Mc 6,30-44; 8,1-10). De esa forma, el sentido m\u00e1s hondo de su mensaje se vuelve comida compartida, en la l\u00ednea de la profec\u00eda: \u00abEl Se\u00f1or de los Ej\u00e9rcitos prepara sobre este monte un fest\u00edn de manjares suculentos para todos los pueblos\u00bb (Is 25,6). (b) <em>Come con los pecadores. <\/em>Superando los rituales de pureza que impone un tipo de juda\u00edsmo de su tiempo, Jes\u00fas comparte la comida con aquellos a quienes la sociedad sagrada de Israel considera impuros: \u00abAconteci\u00f3 que estando Jes\u00fas a la mesa en casa de \u00e9l (de Lev\u00ed), muchos publicanos y pecadores estaban tambi\u00e9n a la mesa juntamente con Jes\u00fas y sus disc\u00edpulos; porque hab\u00eda muchos que le hab\u00edan seguido. Y los escribas y los fariseos, vi\u00e9ndole comer con los publicanos y con los pecadores, dijeron a los disc\u00edpulos: \u00bfC\u00f3mo es que come y bebe con los publicanos y pecadores? Al o\u00edr esto Jes\u00fas, les dijo: No tienen necesidad de m\u00e9dico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores\u00bb (Mc 2,15-17). Llamar significa aqu\u00ed \u00abcomer con\u00bb: no solamente invitar a los pecadores, sino aceptar su hospitalidad y sentarse a su mesa (cf. tambi\u00e9n Lc 19,2-8).<\/p>\n<p><em>Jes\u00fas. (2) El riesgo de las comidas. <\/em>Jes\u00fas ha superado el ritual jud\u00edo de las comidas puras e impuras (Mc 7,1-23), que desembocaba en la separaci\u00f3n de los hombres, que se vuelven tambi\u00e9n puros e impuros, como las comidas. De esa forma ha podido iniciar un proceso que culmina en la apertura a los gentiles, que desemboca en el hecho de que ellos, los impuros, puedan comer el mismo pan de los hijos puros (cf. Mc 7,24-30). Seg\u00fan eso, la comunidad de los disc\u00edpulos y amigos de Jes\u00fas se vincula sobre todo por medio de las comidas, entendidas como forma de convivencia universal. Otros grupos se unen y distinguen por ritos sacrales o dogmas, por imposiciones nacionales, imperiales o geneal\u00f3gicas. Pues bien, los seguidores de Jes\u00fas se juntan ante el pan y peces compartidos, en gratuidad y alabanza, a cielo abierto, donde hay lugar para todos. En ese contexto podemos descubrir que las comidas de Jes\u00fas son una expresi\u00f3n y realidad concreta de la entrega de la vida, de tal manera que podemos afirmar que \u00e9l ha muerto por la forma en que ha comido, superando la ley jud\u00eda de la pascua pura. Ha querido comer con todos, por eso le han matado los que prefer\u00edan seguir comiendo separados, manteniendo sus privilegios sociales y sacrales. As\u00ed lo ha visto la tradici\u00f3n de los evangelios, tal como se expresa en los textos de la instituci\u00f3n de la eucarist\u00eda*: Jes\u00fas no se limita a compartir la mesa con los pecadores, invit\u00e1ndoles al Reino, ni a ofrecer su pan a campo abierto (multiplicaciones), sino que \u00e9l mismo viene a presentarse como pan y vino compartido, en actitud de alianza. Por comer como com\u00eda le han matado. Para seguir comiendo como Jes\u00fas ha surgido la Iglesia.<\/p>\n<p><em>Experiencia pascual. (1) El camino de Ema\u00fas. <\/em>El evangelio de Lucas ha puesto de relieve el gozo de la comida escatol\u00f3gica: \u00abBienaventurado el que coma pan en el reino de Dios\u00bb (Lc 14,15; cf. Mt 8,11: sentarse a la mesa con los patriarcas). Pues bien, Hch 1,4 afirma que Jes\u00fas se aparec\u00eda a sus disc\u00edpulos <em>synalidsamenos, <\/em>es decir, tomando la sal o comiendo con ellos. Por otra parte, la experiencia cristiana de partir-compartir el pan (cf. Hch 2,42-46) parece un signo indudable de presencia de Jes\u00fas, que est\u00e1 presente all\u00ed donde sus disc\u00edpulos toman la sal en com\u00fan. Desde esa base se entiende la catequesis pascual de los \u00abfugitivos\u00bb de Ema\u00fas (Lc 24,13-35), precedida por una especie de \u00abliturgia de la palabra\u00bb (sobre la necesidad de sufrimiento del Mes\u00edas: Lc 24,24-27), que s\u00f3lo culmina y recibe su sentido en un contexto de comida: \u00abY sucedi\u00f3 que, al sentarse con ellos en la mesa, tomando el pan, lo bendijo; y parti\u00e9ndolo se lo dio. Entonces se abrieron sus ojos y le reconocieron, pero \u00e9l se volvi\u00f3 invisible para ellos\u00bb (24,20-31). Se ha (han) reclinado (<em>kataklith\u00eanai<\/em>) a la mesa, de forma festiva y distendida, para ratificar la conversaci\u00f3n anterior, en forma de banquete. Pues bien, en contra de las leyes de la cortes\u00eda, en lugar de esperar a que le sirvan, dici\u00e9ndole que coma, el invitado asume la iniciativa: \u00a1parte el pan y se lo ofrece precisamente a los se\u00f1ores de la casa! No pide permiso, no pregunta, no se deja rogar. Jes\u00fas mismo bendice* (<em>eulog\u00easen<\/em>) (eucarist\u00eda* y eulog\u00eda) el pan (o m\u00e1s probablemente al Dios del pan), para partirlo y d\u00e1rselo a los disc\u00edpulos. En este gesto descubren ellos que es Jes\u00fas; no necesitan verlo m\u00e1s, le han visto en el pan. L\u00f3gicamente, ellos quieren anunciar su experiencia y se la transmiten al resto de los disc\u00edpulos de Jerusal\u00e9n, dici\u00e9ndoles que han conocido al Se\u00f1or en la fracci\u00f3n del pan (Lc 24,25).<\/p>\n<p><em>Experiencia pascual. (2) Pascua y comida en Lucas. <\/em>Desde la catequesis de Ema\u00fas se entiende ya la experiencia fundacional de la Iglesia, presentada como encuentro de Jes\u00fas con todos los disc\u00edpulos (con todos, no s\u00f3lo con los Doce), que Lucas ha querido elaborar como culminaci\u00f3n de su evangelio (Lc 24,2649), antes de la ascensi\u00f3n* (Lc 24,5053). Los signos pascuales son b\u00e1sicamente dos: (a) <em>El recuerdo de la pasi\u00f3n<\/em>: \u00abMirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un esp\u00edritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo. Y, diciendo esto, los mostr\u00f3 las manos y los pies\u00bb (Lc 24,29-40). No hay experiencia pascual sin corporalidad, sin recuerdo del Mes\u00edas crucificado. (b) <em>La comida<\/em>: \u00abComo ellos no acabasen de creerlo a causa de la alegr\u00eda y estuviesen asombrados, les dijo: \u00bfTen\u00e9is aqu\u00ed algo de comer? Ellos le dieron un trozo de pez asado [muchos manuscritos a\u00f1aden: y un trozo de panal con miel]. Y tom\u00e1ndolo comi\u00f3 delante de todos\u00bb (24,41-43). Es evidente que los disc\u00edpulos se han reunido para comer y comen juntos. Recordando, sin duda, los temas de las multiplicaciones* (y de los peces*), ellos ofrecen a Jes\u00fas un trozo de pez asado, y \u00e9l, tom\u00e1ndolo delante de ellos, comi\u00f3 (Lc 24,42). La referencia al panal de miel que a\u00f1aden muchos manuscritos evoca una iniciaci\u00f3n lit\u00fargica, en la l\u00ednea del relato jud\u00edo de <em>Jos\u00e9 y Asenet<\/em>*, y tambi\u00e9n una referencia al renacimiento pascual (y a la entrada en la tierra que mana leche* y miel. La experiencia pascual de los cristianos (con la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas) se inscribe as\u00ed dentro de un contexto de comida compartida, es decir, dentro de un contexto de vida y comuni\u00f3n.<\/p>\n<p><em>Experiencia pascual. (3) Testimonio de Juan. <\/em>La catequesis pascual de Jn 1,1-3 habla de ver y palpar al Verbo de la Vida, sin incluir la comida. Pero, al final del evangelio, Juan condensa la experiencia del resucitado en una pesca milagrosa y en una comida, a la orilla del mar, donde los signos b\u00e1sicos son el pan* y el pez*: \u00abAl descender a tierra, vieron brasas puestas, y un pez encima de ellas, y pan&#8230; Y Jes\u00fas les dijo: Venid, comed. Y ninguno de los disc\u00edpulos se atrev\u00eda a preguntarle: \u00bfT\u00fa, qui\u00e9n eres?, sabiendo que era el Se\u00f1or. Vino, pues, Jes\u00fas, y tom\u00f3 el pan y les dio, y asimismo del pescado\u00bb (Jn 21,913). \u00c9sta es una eucarist\u00eda de pan y pez, como las multiplicaciones*. Es una eucarist\u00eda pascual, en la que hay un \u00fanico pan y un \u00fanico pez, que se identifican con Jes\u00fas. Es una eucarist\u00eda y visi\u00f3n de los siete* disc\u00edpulos misioneros, que traen a Jes\u00fas los ciento cincuenta y tres peces (cf. Jn 21,11) del conjunto de la humanidad. \u00c9sta es una comida que no puede separarse de la misi\u00f3n eclesial, vinculada as\u00ed a la gran experiencia de Jes\u00fas como pan de vida, pan que se come, sangre que se bebe, tal como hab\u00eda destacado el discurso de Cafarna\u00fan (Jn 6,16-50), vinculado al tema de las multiplicaciones (Jn 6,1-15). Jes\u00fas no da a los hombres que le siguen los panes y los peces para hacerse rey, por encima de ellos, como algunos quieren (cf. Jn 6,15), sino para compartir con ellos su propia vida, que es el pan verdadero, el verdadero pescado.<\/p>\n<p><em>Experiencia pascual. (4) Mc 16,9- <\/em> El final can\u00f3nico de Marcos (Mc 16,9-20), a\u00f1adido ya en tiempo antiguo al texto original, que terminaba en Mc 16,8, ha recogido un precioso itinerario de pascua en el que destacan varios motivos, entre ellos el de las comidas, como lugar privilegiado de experiencia de Jes\u00fas: \u00abHabiendo resucitado en la madrugada, el primer d\u00eda de la semana, se apareci\u00f3 primero a Mar\u00eda Magdalena, de la que hab\u00eda echado siete demonios. Ella fue a comunicarlo a los que hab\u00edan vivido con \u00e9l, que estaban tristes y llorosos. Ellos, al o\u00edr que viv\u00eda y que hab\u00eda sido visto por ella, no creyeron. Despu\u00e9s de esto, se apareci\u00f3, con otra figura, a dos de ellos cuando iban de camino a una aldea. Ellos volvieron a comunic\u00e1rselo a los dem\u00e1s; pero tampoco creyeron a \u00e9stos. Por \u00faltimo, estando a la mesa los once disc\u00edpulos, se les apareci\u00f3 y les ech\u00f3 en cara su incredulidad y su dureza de coraz\u00f3n, por no haber cre\u00eddo a quienes le hab\u00edan visto resucitado Y les dijo: Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creaci\u00f3n&#8230;\u00bb (Mc 16,9-15). El texto incluye, define y presenta la experiencia pascual en tres momentos. (a) <em>Mar\u00eda Magdalena. Llanto pascual y falta de fe. <\/em>Ella ve a Jes\u00fas y anuncia el mensaje a sus compa\u00f1eros, pero ellos no la creen, sino que permanecen tristes y llorosos, en gesto funerario de llanto (<em>penthousi kai klaiousi<\/em>). En el contexto oriental, ese ritual de llanto inclu\u00eda un tipo de comida, pero aqu\u00ed se trata, todav\u00eda, de una comida que no es pascual (es de recuerdo del muerto, no de gozo por el que est\u00e1 vivo); as\u00ed se lamentan por Jes\u00fas, pero la simple noticia de Mar\u00eda, vinculada sin duda al amor personal hacia el Cristo, amor de pascua, no puede hacerles creyentes. (b) <em>Jes\u00fas se aparece a dos caminantes <\/em>que dan la impresi\u00f3n de escaparse del mismo Jes\u00fas, huyendo hacia el campo (<em>eis agron<\/em>). \u00c9sta es la presencia de aquel de quien se huye, en otra figura (no es la figura de amor de Mar\u00eda Magdalena o en la figura hist\u00f3rica anterior de Jes\u00fas). Pues bien, tambi\u00e9n \u00e9stos creen y vuelven a Jerusal\u00e9n, pero los compa\u00f1eros de Jes\u00fas tampoco les aceptan. No basta el testimonio de dos para alimentar la fe pascual. (c) <em>Los disc\u00edpulos de Jes\u00fas est\u00e1n reclinados a la mesa (anakeimenois)<\/em>, en gesto de comuni\u00f3n vital, de di\u00e1logo y comida compartida. No hace falta hablar del pan y el vino. Es evidente que lo toman. Pues bien, s\u00f3lo en este contexto, all\u00ed donde repiten el gesto m\u00e1s profundo de la historia de Jes\u00fas, Jes\u00fas se les puede mostrar, ratificando as\u00ed todo el camino anterior de su vida, que se expresaba en las comidas compartidas (multiplicaciones*, eucarist\u00eda). De esa forma, la misma comida del rito de luto (de muerte) viene a convertirse en comida de pascua: la experiencia del resucitado se identifica con la liturgia de comida de la Iglesia. En lenguaje eclesial posterior pudi\u00e9ramos decir que la comida es un momento privilegiado de <em>presencia real <\/em>de Jes\u00fas: no se expresa s\u00f3lo (ni sobre todo) en las llamadas especies eucar\u00edsticas (pan y vino en cuanto tales), sino en el gesto total de la comida compartida. Para el surgimiento de la fe pascual no ha bastado el llanto de Mar\u00eda, ni el retorno de los fugitivos, sino que ha sido necesaria una experiencia de comida compartida. Desde aqu\u00ed se pueden entender en l\u00ednea pascual otros pasajes del mismo evangelio primitivo de Marcos, como la <em>multiplicaci\u00f3n<\/em>* <em>de los panes <\/em>(Mc 6,30-44; 8,1-9)<em>, <\/em>que el redactor del evangelio ha integrado en la biograf\u00eda de Jes\u00fas, dentro de la secci\u00f3n de los panes (6,6\u20138,26), que tiene un fuerte sentido pascual. Ciertamente, en el fondo de esos panes multiplicados hay un recuerdo de la historia de Jes\u00fas; pero ellos forman parte de la experiencia pascual de una Iglesia donde los disc\u00edpulos recuerdan y veneran la presencia del Se\u00f1or crucificado en los panes y peces compartidos. Sin duda, Jes\u00fas est\u00e1 en los panes y peces bendecidos que sus disc\u00edpulos (Iglesia) reparten a la muchedumbre. Pero sobre todo est\u00e1 presente en aquellos que vienen y comparten con gozo la comida, a pleno campo, formando la nueva comunidad escatol\u00f3gica. Jes\u00fas est\u00e1 presente y se revela en la experiencia de la comuni\u00f3n fraterna, en gesto de generosidad que rompe las peque\u00f1as fronteras de los grupos puros de los m\u00e1s puros israelitas. \u00c9sta es la se\u00f1al de Jes\u00fas resucitado, que bendice y preside la comida donde quedan <em>doce cestos sobrantes <\/em>para todo el pueblo de Israel (Mc 6,43), siete cestos para todos los pueblos (cf. Mc 8,8).<\/p>\n<p><em>El testimonio del Apocalipsis. <\/em>En el centro del Apocalipsis se sit\u00faa un banquete de Bodas: \u00abGoc\u00e9monos y alegr\u00e9monos y d\u00e9mosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado\u00bb (Ap 12,9). Ese tema ha de entenderse desde el conjunto del Apocalipsis, que es un libro de comidas. Frente al buen banquete se eleva la comida prostituida de los malos cristianos (idolocitos*: Ap 2,14.20) y la bebida antropof\u00e1gica de la Prostituta, que bebe en su copa la sangre de los testigos de Jes\u00fas, quedando as\u00ed borracha (Ap 17,6). Por su parte, la Bestia y los Reyes devoran a su vez a la prostituta, en nuevo banquete de antropofagia (17,16), y las aves carro\u00f1eras comen carne de los enemigos del Cordero, en un fest\u00edn horrendo: \u00abY vi a un \u00e1ngel que estaba en pie en el sol, y clam\u00f3 a gran voz, diciendo a todas las aves que vuelan en medio del cielo: Venid, y congregaos a la gran cena de Dios, para que com\u00e1is carnes de reyes y de capitanes, y carnes de fuertes, carnes de caballos y de sus jinetes, y carnes de todos, libres y esclavos, peque\u00f1os y grandes\u00bb (19,17-18). En contra de eso, Jes\u00fas ofrece a sus amigos la cena de amistad cercana, en la intimidad de una noche de amor: \u00abHe aqu\u00ed que yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entrar\u00e9 a \u00e9l, y cenar\u00e9 con \u00e9l, y \u00e9l conmigo\u00bb (3,20). La verdadera historia de los hombres culmina en el banquete del \u00c1rbol de la vida del para\u00edso: \u00abAl que venciere, le dar\u00e9 a comer del \u00e1rbol de la vida, que est\u00e1 en medio del para\u00edso de Dios\u00bb (Ap 2,7; cf. 22,1-3).<\/p>\n<p>Cf. R. AGUIRRE, <em>Ensayo sobre los or\u00edgenes del cristianismo. De la religi\u00f3n pol\u00edtica de Jes\u00fas a la religi\u00f3n dom\u00e9stica de Pablo, <\/em>Verbo Divino, Estella 2001; J. D. CROSSAN, <em>Jes\u00fas. Vida de un campesino jud\u00edo mediterr\u00e1neo, <\/em>Cr\u00edtica, Barcelona 1994; <em>El nacimiento del cristianismo, <\/em>Panorama, Sal Terrae, Santander 2002; X. PIKAZA, <em>Fiesta del pan, fiesta del vino. Mesa com\u00fan y Eucarist\u00eda, <\/em>Verbo Divino, Estella 2000; M. SAWICKI, <em>Seeing the Lord. <\/em><em>Resurrection and Early Christian Practices, <\/em>Fortress, Mine\u00e1polis 1994.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Todos los derechos: <em>Diccionario de la Biblia, historia y palabra<\/em>, X. Pikaza<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(alimentos, sacrificios, pan, vino, vegetarianos, multiplicaciones, eucarist\u00eda). Desde los tiempos m\u00e1s antiguos, las comidas han tenido un car\u00e1cter sagrado, formando quiz\u00e1 el m\u00e1s importante de todos los signos religiosos. 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