{"id":3264,"date":"2020-01-19T12:25:09","date_gmt":"2020-01-19T18:25:09","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3264"},"modified":"2021-01-19T12:27:40","modified_gmt":"2021-01-19T18:27:40","slug":"condena","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3264","title":{"rendered":"CONDENA"},"content":{"rendered":"<p>(<em>pena de muerte, bendici\u00f3n, fuego, cielo, infierno, pecados<\/em>). El tema de la condena o rechazo de aquellos que no aceptan la alianza constituye uno de los elementos centrales del despliegue b\u00edblico, desde el pacto* de la conquista (donde se manda matar a los cananeos) hasta los textos de expulsi\u00f3n del Apocalipsis. En el centro del Nuevo Testamento queda la terrible palabra de Mt 25,41: \u00abApartaos de m\u00ed, malditos, al fuego eterno&#8230;\u00bb. \u00c9se puede ser el fuego* de la destrucci\u00f3n final o de la condena sin fin&#8230; \u00bfPodr\u00e1 ser tambi\u00e9n un fuego medicinal que cura a los hombres heridos, que han corrido el riesgo de destruirse a s\u00ed mismos sin remedio? \u00c9se es el tema clave, que est\u00e1 plantado en el principio y en la meta de la Biblia y que ahora evocamos partiendo del final del Apocalipsis.<\/p>\n<p><em>Condena final, expulsi\u00f3n de la Iglesia. <\/em>Ciertamente, se trata de un tema relacionado con el fin de los tiempos, pues \u00abno entrar\u00e1 en la Ciudad final nada impuro, nadie que cometa perversiones o mentiras\u00bb (Ap 21,27), porque s\u00f3lo as\u00ed podr\u00e1n vivir en ella los salvados, llenos de confianza, con puertas abiertas, sin miedo de que nadie ni nada les destruya. Pero \u00e9ste es, al mismo tiempo, un problema de pertenencia eclesial, en la l\u00ednea de la ley m\u00e1s antigua de bendici\u00f3n* y maldici\u00f3n del Deuteronomio (cf. Dt 27,1526). Se trata de saber c\u00f3mo se puede vivir en pureza y gracia sobre el mundo, se trata de saber qui\u00e9nes pueden entrar por las puertas de la nueva ciudad de la vida. El texto del Apocalipsis parece claro. Entran dentro los bienaventurados, \u00ablos que lavan sus vestidos de manera que tengan poder sobre el \u00e1rbol de la vida y puedan entrar en la ciudad por las puertas\u00bb. Ellos son los benditos de Dios Padre, a quienes Jes\u00fas invita al Reino (cf. Mt 25,34). Quedan \u00abfuera los perros, los hechiceros y los impuros, los asesinos y los id\u00f3latras y todos los que aman y realizan la mentira\u00bb (Ap 22,15). Se repiten, de esa forma, las palabras de bienaventuranza y de malaventuranza (cf. Lc 6,2122), de manera que los hombres se dividen ya entre aquellos que est\u00e1n dentro y los que quedan \u00abfuera&#8230;\u00bb. Para que el Reino sea reino de Dios y la Iglesia sea su se\u00f1al sobre la tierra han de quedar fuera los hechiceros e impuros, los asesinos e id\u00f3latras ya citados, a quienes se a\u00f1ade una clase muy significativa de personas: \u00a1los perros! En aquel contexto se llamaba perros a los no jud\u00edos (cf. Mc 7,27; Mt 15,26), pero el Apocalipsis sabe que Jes\u00fas ha convocado a las gentes de todo pueblo, lengua, raza y naci\u00f3n (cf. Ap 5,9; 7,9; 21,24). Por eso los perros no pueden ser los \u00abno jud\u00edos\u00bb sin m\u00e1s, sino los traidores: aquellos que rompen la fraternidad cristiana, vendi\u00e9ndose (vendi\u00e9ndola) al imperio, en tiempos de persecuci\u00f3n y prueba. Eso significa que hay un <em>fuera eclesial<\/em>, que ha de aplicarse a todos aquellos que no viven conforme al modelo de la Iglesia: \u00abSi tu hermano peca, ve y repr\u00e9ndele estando t\u00fa y \u00e9l solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Mas si no te oyere, toma a\u00fan contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la Iglesia; y si no oyere a la Iglesia, tenle por gentil y publicano\u00bb (Mt 18,15-18). Ser\u00eda bonito poder separar claramente a los de dentro y a los de fuera. Pero el mismo Mateo sabe que es muy dif\u00edcil distinguir dentro del tiempo de la Iglesia el trigo y la ciza\u00f1a*, como ha mostrado de modo solemne la par\u00e1bola de Mt 13,24-43. Eso significa que la Iglesia y el mundo siguen siendo un \u00abcampo mixto\u00bb, de forma que s\u00f3lo al final podr\u00e1n distinguirse plenamente los que han visto al Mes\u00edas de Dios en los hambrientos y sedientos y los que no le han visto ni ayudado, escuchando entonces la palabra simb\u00f3lica: \u00abApartaos de m\u00ed al fuego eterno\u00bb (Mt 25,31-46). As\u00ed nos situamos en una dial\u00e9ctica constante entre la pureza de la Iglesia (que expulsa ya a los pecadores, perros y asesinos&#8230;) y la universalidad de la Iglesia que acoge a todos, como expresi\u00f3n del perd\u00f3n que Dios ofrece y que los hombres han de ofrecer, setenta veces siete, abriendo siempre su espacio a la misericordia (cf. Mt 18,21-22).<\/p>\n<p><em>Una Iglesia que se cierra para abrirse mejor. <\/em>Esta dial\u00e9ctica eclesial est\u00e1 en el centro de la Biblia. Por un lado, en la Iglesia no caben los violentos y asesinos, los prostitutos e id\u00f3latras, a los que se refieren los textos del Apocalipsis, lo mismo que Mt 18,15-18; por eso, la Iglesia ha de establecerse como espacio de comuni\u00f3n y amor para creyentes y puros. Pero, al mismo tiempo, siguiendo la din\u00e1mica del Evangelio, la Iglesia debe ser un campo y espacio que se abre en amor y capacidad de transformaci\u00f3n para todos los pecadores del mundo, como sigue sabiendo el mismo Mt 18,21-35, cuando dice que hay que perdonar siempre, setenta veces siete. S\u00f3lo en ese contexto de pureza eclesial (\u00a1fuera los perros!) y de llamada universal (\u00a1siempre se debe perdonar!) puede plantearse y entenderse el sentido de condena, de ese \u00abfuera\u00bb eclesial que permanece abierto al \u00abapartaos de m\u00ed\u00bb del final de los tiempos. (a) <em>Un \u00abfuera\u00bb de amor. <\/em>\u00c9ste es un \u00abfuera\u00bb que s\u00f3lo se puede decir por amor y con \u00abamor\u00bb, un fuera no violento, que se aplica sin medios coactivos (pues la Iglesia no los tiene); un fuera que es bueno para el conjunto de la Iglesia y para aquellos a quienes se les convida a quedar fuera, para que descubran mejor lo que les falta. \u00c9ste es un fuera que no puede apelar a ning\u00fan tipo de excomuniones sociales o pol\u00edticas, sino un fuera que tiene que convertirse en un m\u00e1s hondo \u00abvenid a m\u00ed todos los que est\u00e1is cansados y agobiados\u00bb (cf. Mt 11,28-29). (b) <em>Un \u00abfuera\u00bb medicinal. <\/em>\u00c9ste ha de ser, por tanto, un \u00abfuera\u00bb medicinal, abierto a la curaci\u00f3n de los expulsados y a la acogida de los pecadores, como dice el conjunto de Mt 18 y, sobre todo, el gesto de Jes\u00fas que muere en la cruz precisamente a favor de aquellos que le matan. La expulsi\u00f3n debe entenderse siempre como medio o posibilidad de una nueva inclusi\u00f3n o acogida de los expulsados. (3) <em>Un fuera que acoge. <\/em>Finalmente (y esto es lo m\u00e1s importante), la Iglesia ha de ser hogar de acogida de los expulsados sociales, como sabe el Evangelio cuando presenta a Jes\u00fas como amigo de publicanos y prostitutas, como hogar donde se recibe a exiliados, enfermos y encarcelados (Mt 25,31-46). Es posible que el Apocalipsis no haya tenido del todo en cuenta este momento evang\u00e9lico de la acogida eclesial, que es m\u00e1s importante que toda expulsi\u00f3n. En ese sentido decimos que la Iglesia \u00abse cierra\u00bb, es decir, se purifica a s\u00ed misma, para acoger mejor a todos los expulsados y condenados de la historia humana.<\/p>\n<p><em>\u00bfHay una condena teol\u00f3gica? <\/em>S\u00f3lo en este contexto se plantea el tema de la posible expulsi\u00f3n teol\u00f3gica, que interpretamos como infierno, esto es, como castigo final o aniquilaci\u00f3n de los perversos. \u00c9sta ser\u00eda la expulsi\u00f3n \u00abde Dios\u00bb, de un Dios incapaz de acoger en su seno a los pecadores y distintos. Aqu\u00ed, como en el caso de la Iglesia, se dividen las opiniones. Unos dicen que Dios, al final, tiene que condenar al infierno a los culpables graves, o dejar que ellos mismos se condenen, como parece haber pensado san Agust\u00edn. Otros, en cambio, opinan que hallar\u00e1 un espacio de vida en su gran Vida para todos los hombres y mujeres, de manera que su justicia se cumpla en forma de misericordia* para todos. Pienso que s\u00f3lo desde esta segunda perspectiva podemos entender la Biblia en su conjunto, y en sentido especial el Apocalipsis, como una llamada b\u00e1sicamente medicinal. Esto nos sit\u00faa en el centro de la paradoja cristiana: s\u00f3lo si mantiene con vigor los principios de libertad y comuni\u00f3n, sin dejarse contaminar por la violencia del sistema, la Iglesia podr\u00e1 ser lugar de acogida para los expulsados de la sociedad y, en especial, para los encarcelados. De esa forma deben vincularse la exigencia m\u00e1s honda de <em>identidad <\/em>(la savia de vida evang\u00e9lica) y el compromiso m\u00e1s fuerte de <em>apertura <\/em>hacia los expulsados del entorno, cristianos o no cristianos. En principio, dentro de la Iglesia no deber\u00eda haber m\u00e1s expulsados que aquellos que se expulsan o alejan a s\u00ed mismos, pues todos los creyentes deber\u00edan vivir en comuni\u00f3n fraterna. Pero ella, la Iglesia, puede y debe ocuparse de un modo especial de aquellos cristianos que sufren persecuci\u00f3n o rechazo social (de los que son perseguidos por cristianos), ocup\u00e1ndose, al mismo tiempo, de todos los expulsados de la sociedad, por cualquier causa que fuere.<\/p>\n<p>Cf. A. \u00c1LVAREZ VALD\u00c9S, <em>La nueva Jerusal\u00e9n<\/em> <em>\u00bfCiudad celeste o terrestre?, <\/em>Verbo Divino, Estella 2005.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Todos los derechos: <em>Diccionario de la Biblia, historia y palabra<\/em>, X. Pikaza<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(pena de muerte, bendici\u00f3n, fuego, cielo, infierno, pecados). 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