{"id":3279,"date":"2020-01-19T12:37:19","date_gmt":"2020-01-19T18:37:19","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3279"},"modified":"2021-01-19T12:39:04","modified_gmt":"2021-01-19T18:39:04","slug":"cosmos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3279","title":{"rendered":"COSMOS"},"content":{"rendered":"<p>(<em>idolatr\u00eda, sabidur\u00eda<\/em>). El t\u00e9rmino <em>cosmos <\/em>no pertenece a la tradici\u00f3n b\u00edblica, que habla m\u00e1s bien de \u00abcielo y tierra\u00bb, sino al mundo cultural griego, pero se ha introducido en la traducci\u00f3n griega de los LXX y, sobre todo, en los libros propios de esa edici\u00f3n b\u00edblica (Eclo, Sab, 4 Mac, etc.). En el Nuevo Testamento aparece con cierta frecuencia (unas 200 veces), para indicar la totalidad del mundo. Sigue teniendo de fondo una experiencia de armon\u00eda y equilibrio, pero, en contra de lo que sucede en la cultura griega, el cosmos b\u00edblico es finito, como indica con claridad meridiana la sentencia de Jes\u00fas: \u00a1Qu\u00e9 le vale al hombre ganar todo el cosmos si pierde su alma! (cf. Mc 8,36). Desde este contexto queremos evocar la condena de la adoraci\u00f3n del cosmos y la visi\u00f3n del Cristo c\u00f3smico.<\/p>\n<p><em>Libro de la Sabidur\u00eda. (1) Condena de la cosmolatr\u00eda. <\/em>La cosmolatr\u00eda o adoraci\u00f3n de los poderes c\u00f3smicos (interpretados con frecuencia como dioses) ha sido condenada de un modo especial por el libro de la Sabidur\u00eda: \u00abEran naturalmente vanos todos los hombres, que ignoraban a Dios y fueron incapaces de conocer al que Es partiendo de las cosas buenas que est\u00e1n a la vista, que no reconocieron al Art\u00edfice fij\u00e1ndose en sus obras, sino que tuvieron por dioses al fuego, al viento, al aire leve, a las \u00f3rbitas astrales, al agua impetuosa, a las lumbreras celestes, regidoras del mundo. Si, fascinados por su <em>hermosura, <\/em>creyeron que esas obras eran dioses, sepan cu\u00e1nto los aventaja su Due\u00f1o, pues las cre\u00f3 el autor de la belleza. Y si les asombr\u00f3 el <em>poder y <\/em>actividad de esas obras, mediten sobre el poder de quien las hizo, pues, por la magnitud y belleza de las criaturas, se descubre por analog\u00eda a aquel que les dio el ser\u00bb (Sab 13,1-5). El libro de la Sabidur\u00eda sabe, lo mismo que Gn 1, que todas las cosas son palabra y signo de Dios, y que el hombre, siendo m\u00e1s que un simple ser de mundo, no puede quedarse en las obras hechas por Dios, sino que, por ellas, se debe elevar hasta el Dios que las hizo. El mundo pertenece al nivel de las <em>obras<\/em>, es decir, de las cosas fabricadas. Dios, en cambio, es <em>tekhnites <\/em>o \u00abt\u00e9cnico\u00bb, hacedor de todas ellas (Sab 13,1.5), siendo por tanto \u00abel que Es\u00bb (<em>ton onta<\/em>: Sab 13,1; cf. Ex 3,14). Por eso, la primera forma de idolatr\u00eda consiste en adorar las cosas del mundo, como si fueran por s\u00ed mismas divinas.<\/p>\n<p><em>Libro de la Sabidur\u00eda. (2) Actitudes ante el cosmos. <\/em>En el fondo anterior podemos distinguir dos actitudes primordiales. (a) <em>La religi\u00f3n helenista <\/em>del entorno israelita concibe el mundo como <em>theion<\/em>, divino, hogar de existencia para el hombre, y en esa l\u00ednea la religi\u00f3n viene a entenderse como equilibrio c\u00f3smico. No son necesarias m\u00e1s palabras que las del mundo. La piedad consiste en ajustarnos religiosamente al cosmos, sabiendo que formamos una parte de su todo. (b) En contra de eso, <em>como buen israelita, el autor de Sab 13,1-9 <\/em>confiesa que el mundo, cerrado en s\u00ed mismo, acaba esclavizando al hombre, si le impide elevarse a la trascendencia de Dios. De todas formas, el autor del libro \u00abcomprende\u00bb la equivocaci\u00f3n de los cosm\u00f3latras: \u00abA \u00e9stos poco se les puede echar en cara, pues tal vez andan extraviados, buscando a Dios y queri\u00e9ndole encontrar&#8230; Pero ni siquiera \u00e9stos son perdonables, porque, si lograron conocer el cosmos, \u00bfc\u00f3mo no han conocido primero al Se\u00f1or (que lo gobierna)?\u00bb (Sab 13,6-9). \u00c9sa es la reflexi\u00f3n admirada y sorprendida de un jud\u00edo que contempla la cultura griega (tal como se ha desarrollado en Alejandr\u00eda), cuyos fil\u00f3sofos y sabios han logrado descifrar de alguna forma la \u00abley del universo\u00bb, abriendo un camino que la ciencia europea posterior (desde el siglo XVII) ha desarrollado, pero sin abrirse por ello a la Sabidur\u00eda superior de Dios. Aquellos que se quedan en el mundo y divinizan su belleza y sus contrastes, sus valores y sus sombras, permanecen ciegos: dejan de ver precisamente lo que m\u00e1s importa, el Dios que lo ha creado y el hombre que lo habita. Una antropolog\u00eda puramente c\u00f3smica resulta insuficiente para el autor del libro de la Sabidur\u00eda y para el conjunto de la Biblia.<\/p>\n<p><em>Cristo c\u00f3smico. <\/em>Conforme a la visi\u00f3n de Sab, el cosmos no puede ser divinizado ni adorado. Pero, en otra perspectiva, asumiendo y elaborando elementos del pensamiento judeohelenista, la carta a los Colosenses ha vinculado el Cosmos a Jes\u00fas, de manera que en \u00e9l y por \u00e9l puede ser adorado. \u00abCristo es la imagen del Dios invisible, el primog\u00e9nito de toda creaci\u00f3n, porque en \u00e9l fueron creadas todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, visibles e invisibles, tronos, dominaciones, principados, potestades; todo fue creado por medio de \u00e9l y para \u00e9l. Y \u00e9l es antes que todas las cosas, y todas subsisten en \u00e9l. \u00c9l es tambi\u00e9n la cabeza del cuerpo, de la Iglesia, y es el principio, el primog\u00e9nito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia, porque al Padre agrad\u00f3 que en \u00e9l habitara toda la plenitud, y por medio de \u00e9l reconciliar consigo todas las cosas, as\u00ed las que est\u00e1n en la tierra como las que est\u00e1n en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz\u00bb (Col 1,1520). Una vez que el Evangelio se ha entendido en el contexto de la sabidur\u00eda judeohelenista de su tiempo, resulta normal que Jes\u00fas aparezca como centro y sentido del cosmos. Se abre as\u00ed un camino que puede conducir a los discursos gn\u00f3sticos, alej\u00e1ndose de la carne e historia de Jes\u00fas. Pero \u00e9ste es tambi\u00e9n un camino que puede y debe recorrerse seg\u00fan el Evangelio, desde el mismo mundo, entendido como signo de culminaci\u00f3n y redenci\u00f3n cristiana de todo lo que existe. As\u00ed lo han puesto de relieve las tres estrofas del himno citado. (a) <em>Preexistencia <\/em>(Col 1,15-16). El mismo Cristo, ser divino preexistente, es reflejo (imagen) de Dios y principio universal de una creaci\u00f3n que consta de seres visibles e invisibles (ang\u00e9licos). (b) <em>Acci\u00f3n c\u00f3smica <\/em>(1,17-18). El Cristo divino preexistente es mediador c\u00f3smico, centro estructurante y cabeza de todo lo que existe, de manera que el mundo aparece as\u00ed fundado en lo divino. (c) <em>Culminaci\u00f3n <\/em>(1,18b-20). Ese ser divino ha penetrado en el mundo, realizando su obra triunfadora, ha vencido a la muerte, ha logrado un poder universal de salvaci\u00f3n no s\u00f3lo sobre los hombres, sino sobre el mundo entero. En el fondo del himno de Colosenses parece hallarse un texto m\u00e1s antiguo que trataba probablemente de un ser divino entendido como cabeza (centro) del <em>s\u00f4ma <\/em>o cuerpo c\u00f3smico, destacando as\u00ed el car\u00e1cter f\u00edsico-ontol\u00f3gico de la salvaci\u00f3n. Pero el autor de Col ha cristianizado su figura, de manera que sin negar su car\u00e1cter c\u00f3smico, ha puesto de relieve su importancia redentora humana, como cabeza del cuerpo de la Iglesia. De esa forma rechaza un tipo de gnosis que convertir\u00eda a Cristo en un ser divino intemporal. Pero, al mismo tiempo, interpreta a Cristo como creador y redentor c\u00f3smico, principio, centro y culmen de la realidad. A trav\u00e9s de Cristo, Dios no s\u00f3lo se ha encarnado (haci\u00e9ndose hombre), sino que se ha \u00abcosmizado\u00bb, haci\u00e9ndose de alguna forma signo y salvaci\u00f3n de todo el mundo, como hab\u00edan puesto de relieve, con una filosof\u00eda neoplat\u00f3nica, los grandes Padres de la iglesia alejandrina.<\/p>\n<p>Cf. P. BONNARD, <em>La Sagesse en personne annonc\u00e9e et venue: J\u00e9sus Christ<\/em>, LD 44, Cerf, Par\u00eds 1966, 69-79; M. HENGEL, <em>Judentum and Hellenismus<\/em>, SCM, Londres 1981; C. LARCHER, <em>Le Livre de la Sagesse <\/em>I-III, Gabalda, Par\u00eds 1985; T. OTERO L\u00c1ZARO, <em>Col 1,15-20<\/em> <em>en el contexto de la carta<\/em>, Gregoriana, Roma 1999; E. SCHWEIZER, <em>La carta a los Colosenses, <\/em>S\u00edgueme, Salamanca 1987; J. V\u00cdLCHEZ, <em>Sabidur\u00eda, <\/em>Verbo Divino, Estella 1990.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Todos los derechos: <em>Diccionario de la Biblia, historia y palabra<\/em>, X. Pikaza<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(idolatr\u00eda, sabidur\u00eda). 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