{"id":3284,"date":"2020-01-19T12:41:22","date_gmt":"2020-01-19T18:41:22","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3284"},"modified":"2021-01-19T12:43:37","modified_gmt":"2021-01-19T18:43:37","slug":"cruz-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3284","title":{"rendered":"CRUZ"},"content":{"rendered":"<p>1. Muerte de Jes\u00fas<\/p>\n<p>(<em>muerte, Jes\u00fas<\/em>). El signo de la cruz constituye quiz\u00e1 la mayor aportaci\u00f3n del cristianismo a la simbolog\u00eda de las religiones. Ciertamente, un tipo de cruz se ha utilizado desde hace mucho tiempo, como s\u00edmbolo solar (cruces aspadas, <em>lauburus<\/em>) o como signo de todo el cosmos, especialmente en clave espacial (cuatro l\u00edneas abiertas a los cuatro puntos cardinales que se cruzan en un centro). Sin embargo, ninguno de esos elementos constituye el rasgo espec\u00edfico de la cruz cristiana, que ha empezado siendo un signo de tortura y un pat\u00edbulo donde Jes\u00fas ha muerto, en contra de las expectativas y esperanzas de sus seguidores. Pero esa cruz, con un hombre muerto en ella, siendo en principio el esc\u00e1ndalo supremo de la fe, se ha interpretado despu\u00e9s, partiendo de la pascua, como s\u00edmbolo mesi\u00e1nico y como principio de seguimiento cristiano.<\/p>\n<p><em>El esc\u00e1ndalo de la cruz <\/em>ha sido formulado de manera cl\u00e1sica por Pablo: \u00abLos jud\u00edos piden se\u00f1ales y los griegos buscan sabidur\u00eda, pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, esc\u00e1ndalo para los jud\u00edos y locura para los gentiles, en cambio, para los llamados, poder y sabidur\u00eda de Dios, porque lo insensato de Dios es m\u00e1s sabio que los hombres, y lo d\u00e9bil de Dios es m\u00e1s fuerte que los hombres\u00bb (1 Cor 1,2225). M\u00e1s a\u00fan, Pablo sabe que, conforme a la Ley de Israel, la cruz es una maldici\u00f3n: \u00abMaldito es aquel que ha sido colgado de un madero\u00bb (Gal 3,10, con cita de Dt 27,26). Los evangelios han escenificado esa maldici\u00f3n de la cruz en unos relatos de fuerte dramatismo. Los espectadores que pasan ante el Calvario se mofan de Jes\u00fas crucificado y, de un modo especial, lo hacen los sacerdotes y escribas, indicando con sus burlas que Dios ha rechazado a Jes\u00fas. La cruz no es para ellos un signo de presencia, sino de abandono de Dios: \u00ab\u00a1Ay, t\u00fa que destru\u00edas el templo y lo reedificabas en tres d\u00edas! \u00a1S\u00e1lvate a ti mismo, bajando de la cruz!&#8230; Y de manera semejante, los sumos sacerdotes, ri\u00e9ndose entre s\u00ed, con los escribas, dec\u00edan: \u00a1A otros salv\u00f3 y a s\u00ed mismo no puede salvarse! \u00a1El Mes\u00edas! \u00a1El rey de Israel! \u00a1Que baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos! (Mc 15,2832). El mismo Jes\u00fas reconoce el esc\u00e1ndalo y grita: \u00ab<em>Elo\u00ed, Elo\u00ed, lem\u00e1 sabactan\u00ed?, <\/em>es decir: Dios m\u00edo, Dios m\u00edo, \u00bfpor qu\u00e9 me has abandonado?\u00bb (Mc 15,34), ratificando con su fracaso y soledad el esc\u00e1ndalo de una vida humana sometida a la injusticia y sufrimiento.<\/p>\n<p><em>Un esc\u00e1ndalo anunciado: era necesario<\/em>. Para aquellos que saben leer las Escrituras y la paradoja de la historia humana, la cruz se ha venido a presentar como signo supremo de solidaridad de Jes\u00fas con los pobres, llegando a ser de esa manera un s\u00edmbolo mesi\u00e1nico. Esto es lo que han descubierto y formulado los cristianos cuando han dicho que <em>era necesario <\/em>(<em>dei<\/em>): era necesario que el Hijo del Hombre padeciera (Mc 8,31 par), compartiendo as\u00ed la suerte de los hombres y mujeres que buscan y fracasan, que sufren y no logran descubrir la verdad. Ellos, los dolientes de la tierra, los perdedores de la historia son ahora la comunidad de Jes\u00fas, forman su Iglesia. \u00c9sta no es una necesidad ontol\u00f3gica, vinculada a los mitos del eterno retorno del sufrimiento, sino una necesidad hist\u00f3rica, que la Escritura hab\u00eda ido descubriendo y mostrando en algunos de sus textos m\u00e1s paradigm\u00e1ticos (el siervo* sufriente del Segundo Isa\u00edas, el justo perseguido de Sab 2). Este descubrimiento de la necesidad del sufrimiento constituye la primera norma interpretativa cristiana del Antiguo Testamento, el principio hermen\u00e9utico supremo de la Iglesia (cf. Lc 24,26.44; Hch 1,16).<\/p>\n<p><em>El Cristo crucificado. <\/em>Los investigadores no han llegado todav\u00eda a un acuerdo total sobre la manera en que Jes\u00fas entendi\u00f3 su tarea mesi\u00e1nica; pero es evidente que el letrero de la cruz: \u00abJes\u00fas nazareno, rey de los jud\u00edos\u00bb (cf. Mc 15,26 par) ha golpeado la conciencia de los cristianos, de manera que han querido destacar la verdad de ese letrero. Lo que Pilato hab\u00eda hecho escribir en son de burla y condena lo toman ellos como signo de la verdad de Dios. En esa l\u00ednea se sit\u00faan las m\u00e1s solemnes confesiones de Pablo, que entiende a Jes\u00fas crucificado como presencia y revelaci\u00f3n suprema de Dios (cf. 1 Cor 1,13.22; Flp 2,8; 3,18). Lo que era esc\u00e1ndalo insalvable se convierte as\u00ed en principio de fe. La cruz es la se\u00f1al m\u00e1s alta de la presencia de Dios.<\/p>\n<p><em>Tomar la cruz. <\/em>Desde aqu\u00ed se puede dar un paso m\u00e1s y afirmar que el camino de la cruz constituye el signo distintivo de los creyentes. As\u00ed lo dice Pablo cuando afirma que s\u00f3lo quiere conocer a Cristo y a Cristo crucificado (1 Cor 2,2), para a\u00f1adir despu\u00e9s que \u00e9l mismo desea estar y est\u00e1 crucificado con Jes\u00fas (cf. Gal 2,20; 3,1). Desde aqu\u00ed se entienden las palabras m\u00e1s novedosas de los sin\u00f3pticos: \u00abSi alguno quiere venir en pos de m\u00ed, ni\u00e9guese a s\u00ed mismo, tome su cruz y s\u00edgame. Todo el que quiera salvar su vida, la perder\u00e1; y todo el que pierda su vida por causa de m\u00ed y del evangelio, la salvar\u00e1\u00bb (Mc 8,34-35). Rehacer el camino de la cruz de Jes\u00fas desde su mensaje de Reino, en clave de pascua; \u00e9sta es la novedad del cristianismo.<\/p>\n<p>Cf. R. E. BROWN, <em>La muerte del Mes\u00edas <\/em>I, Verbo Divino, Estella 2005; H. SCH\u00dcRMANN, <em>\u00bfC\u00f3mo entendi\u00f3 y vivi\u00f3 Jes\u00fas su muerte?<\/em>, S\u00edgueme, Salamanca 1982; <em>El destino de Jes\u00fas. Su vida y su muerte, <\/em>S\u00edgueme, Salamanca 2004.<\/p>\n<p>2. Signo de Dios<\/p>\n<p>(<em>Dios, encarnaci\u00f3n, pasi\u00f3n, resurrecci\u00f3n<\/em>). A partir de la experiencia cristiana primitiva, expresada por Pablo y los sin\u00f3pticos, lo mismo que por el evangelio de Juan (cf. Jn 12,32), la cruz ha venido a presentarse como signo de Dios y de la salvaci\u00f3n de los hombres.<\/p>\n<p><em>Podemos presentar a Dios sin cruz, como una esfera, <\/em>encerrado en su quietud eterna, sin dolores ni problemas, sin cambios ni muerte en el mundo. Notas suyas ser\u00edan la inmutabilidad, autocontemplaci\u00f3n y poder\u00edo: lo tiene todo y por tanto nada necesita. Frente a los restantes seres que ha creado, \u00e9l se enclaustra inexorable en su propia perfecci\u00f3n. Un Dios as\u00ed, sin Cruz ni amor, es para muchos hombres y mujeres de este tiempo un enemigo. Pero el Dios de Jesucristo se introduce por la Cruz en nuestra historia y muere dentro de ella en favor de los humanos. Es un Dios de libertad, no es poder que goza obligando a que los otros le rindan reverencia, sino amor que se ofrece en gratuidad, abriendo as\u00ed un espacio de vida compartida para todos.<\/p>\n<p><em>Los cristianos confiesan que Dios se expresa (se realiza humanamente) en la historia salvadora de la Cruz de Cristo<\/em>. As\u00ed entienden la Cruz como un momento integrante del proceso de amor, que brota del Padre, suscitando al Hijo como ser distinto de s\u00ed mismo y capaz de responderle. El mismo Padre se regala (se pierde) dando su vida a Jesucristo: no clausura para s\u00ed riqueza alguna, no conserva ego\u00edstamente nada, sino que entrega a Jes\u00fas todo lo que tiene para que \u00e9l pueda realizarse li El Hijo Jes\u00fas, que ha recibido la vida del Padre, se la ofrece nuevamente, poni\u00e9ndose en sus manos cuando entrega su vida por el Reino (en favor de los humanos). Entendida as\u00ed, la Cruz, como expresi\u00f3n de entrega personal (poner la vida en manos del otro), pertenece a la esencia del amor, forma parte del misterio interno de Dios, entendido seg\u00fan Jn 17 y Mt 11,25-27 como amor del Hijo y del Padre. Dios es amor y no hay amor sin que el amante ofrezca su vida al amado, como el Padre que se entrega absolutamente al Hijo. No hay amor sin que el amado responda en acogimiento y confianza (Jes\u00fas se ofrece al Padre, poni\u00e9ndose en sus manos). Esto es lo que aparece representado y realizado humanamente en la Cruz. Eso significa que la cruz pertenece al misterio de Dios. En ella se expresa el don del Padre que regala su vida al Hijo (poni\u00e9ndose en sus manos) y el don del Hijo que responde, devolvi\u00e9ndole la vida.<\/p>\n<p><em>Hist\u00f3ricamente, Jes\u00fas ha expresado la cruz del amor divino en formas de dolor y muerte violenta. <\/em>Ha querido vivir y ha vivido el amor divino (gratuidad, plena confianza) en medio del conflicto y ego\u00edsmo de la historia. As\u00ed ha entregado su vida en amor, dej\u00e1ndose matar por el Reino, en cruz que se vuelve asesinato. De esa forma ha expresado el amor pleno del Padre desde la conflictividad de una historia de violencia. Dios ha realizado su misterio de amor (Cruz pascual) dentro de una historia de violencia (Cruz de pecado). Humanamente mirada, la Cruz concreta de Jes\u00fas nace del pecado: \u00e9l muere porque le han matado, como v\u00edctima de un asesinato donde se condensan todas las sangres de la historia (cf. Mt 23,35). De esa forma, en un plano hist\u00f3rico, la cruz es resultado de la lucha humana y expresi\u00f3n de la maldad m\u00e1s alta (pecado original) de la historia. Pero, mirada en otro plano, ella aparece como Cruz pascual: momento en que se expresa y culmina el amor de Dios dentro del mundo. Precisamente all\u00ed donde los hombres quieren imponerse por la fuerza, instaurando su violencia, revela Dios su amor y Jes\u00fas le responde en amor pleno, muriendo en favor de ellos. Ambas cruces (la del pecado y la de la pascua) son inseparables y forman la \u00fanica Cruz del Hijo de Dios (del amor trinitario) dentro de la historia. Por ella ha expresado Jes\u00fas su amor mesi\u00e1nico en clave de gratuidad (ha muerto por el Reino) y el Padre Dios le ha respondido de forma salvadora, acogi\u00e9ndole en la muerte y resucit\u00e1ndole en su amor (Esp\u00edritu Santo), para bien de los hombres.<\/p>\n<p><em>La necesidad de la cruz es necesidad de gracia y no de imposici\u00f3n o destino c\u00f3smico. <\/em>Seg\u00fan eso, el <em>dei <\/em>(era necesario: cf. Mc 8,31 par; Lc 24,7.26) forma parte del misterio de la gracia de Dios que s\u00f3lo puede relacionarse con los hombres en gesto de amor que se entrega y da vida. Mirada as\u00ed, la cruz pertenece al tiempo primigenio de la realizaci\u00f3n de Dios que s\u00f3lo existe amando de manera creadora. Por eso, la Cruz no es algo que Dios ponga a la fuerza sobre las espaldas de los otros, reserv\u00e1ndose ego\u00edstamente un gozo sin Cruz, sino que ella constituye el centro y camino del misterio divino: s\u00f3lo siendo Cruz en s\u00ed Dios puede ofrecerla a los humanos para que en ella culminen su existencia. Lo contrario podr\u00eda ser sadismo. Por la Cruz, sabemos que el hombre s\u00f3lo es due\u00f1o de s\u00ed mismo y creador de vida en la medida en que se entrega, como semilla de vida, en favor de los otros: \u00absi el grano de trigo no muere&#8230;\u00bb (Jn 12,24). S\u00f3lo quien pierde su vida para bien de los dem\u00e1s la encuentra y recupera.<\/p>\n<p><em>La Cruz, una experiencia trinitaria. Retablo de la Cartuja de Miraflores. <\/em>El signo de la cruz ha sido interpretado de muchas formas a lo largo de la historia cristiana, como pone de relieve el modelo exeg\u00e9tico de la <em>Wirkungsgeschichte <\/em>o historia del influjo del texto. Escogemos como ejemplo una representaci\u00f3n cl\u00e1sica: el retablo mayor de la Cartuja de Miraflores, en Burgos, Castilla. Dentro del \u00f3valo de la divinidad, el Padre y el Esp\u00edritu, revestidos de s\u00edmbolos reales, sostienen la cruz. Por encima sobrevuela el pel\u00edcano de Dios, la vida como entrega de muerte y como nuevo nacimiento donde se supera la muerte. En la parte inferior aparecen, como entrando en el \u00f3valo sagrado, la madre de Jes\u00fas y el disc\u00edpulo querido, signo y compendio de la Iglesia. El \u00f3valo de Dios es un mandala: el c\u00edrculo de Dios, completo en s\u00ed, pero abri\u00e9ndose por la cruz de Jes\u00fas hacia la Iglesia. Dios es amor en s\u00ed mismo, Padre, Hijo y Esp\u00edritu, un Dios a quien nadie ha visto, pero que se abre y manifiesta por Jes\u00fas crucificado, que brota de su mismo seno divino (cf. Jn 1,18). Como dice Pablo, los jud\u00edos quieren obras, se\u00f1ales poderosas del Dios creador; los griegos buscan sabidur\u00eda, conocimiento del misterio, pero \u00abnosotros predicamos al Cristo crucificado, que es esc\u00e1ndalo para los jud\u00edos, necedad para los griegos (los gentiles). Para nosotros, los elegidos, es Cristo fuerza de Dios y sabidur\u00eda de Dios. Porque lo necio de Dios es m\u00e1s sabio que los hombres y lo d\u00e9bil de Dios es m\u00e1s fuerte que los hombres\u00bb (1 Cor 1,23-25). Cristo crucificado es la sabidur\u00eda, justicia, santidad y redenci\u00f3n de Dios (1 Cor 1,30). Pero hay algo m\u00e1s: el Dios de la Cruz de la Cartuja es un Dios que se hace presente como misterio trinitario. Comencemos por los dos extremos, donde est\u00e1n el Padre y el Esp\u00edritu, como contrapuestos, formando las dos alas de la divinidad, sosteniendo la cruz de Jesucristo. Ambos, unidos y distintos, Padre y Esp\u00edritu son los portadores del misterio. El Padre aparece con los rasgos de gran sacerdote del Antiguo Testamento que recibe la ofrenda de Jes\u00fas y le sostiene en el momento mismo de su muerte. El Esp\u00edritu presenta tambi\u00e9n rasgos personales y as\u00ed forma la pareja o complemento de Dios Padre; lleva en su cabeza la corona imperial, como signo de plenitud, expresi\u00f3n del mundo nuevo que surge por la entrega de Jes\u00fas, el Cristo; por otra parte, \u00e9l aparece como joven todav\u00eda no sexuado o, quiz\u00e1 mejor, como doncella, mostr\u00e1ndose as\u00ed como rostro femenino y materno de Dios. Ciertamente, Dios desborda todas las figuras y representaciones sexuales de la tierra, pero puede presentarse como Padre masculino y como Esp\u00edritu femenino, que se reflejan de alg\u00fan modo en las dos figuras inferiores del retablo, la madre de Jes\u00fas y el disc\u00edpulo amado, que, como hemos dicho, penetran en el \u00f3valo de la divinidad. Pero, dicho esto, debemos a\u00f1adir que s\u00f3lo podemos hablar del Padre y el Esp\u00edritu mirando al Hijo crucificado a quien ellos sostienen, como amor encarnado que se entrega por los hombres. Eso significa que s\u00f3lo podemos comprender a Dios mirando hacia la cruz. Y s\u00f3lo entenderemos la cruz si la miramos desde Dios. Teniendo eso en cuenta podemos volver hacia lo alto de la escena, donde vemos el pel\u00edcano de Dios. No es la paloma del Esp\u00edritu Santo, sino el ave de la divinidad total, que preside sobre el misterio, indic\u00e1ndonos sus rasgos primordiales. Conforme a una tradici\u00f3n antigua, el pel\u00edcano se hiere hasta morir, dando su sangre para que de esa forma puedan crecer y alimentarse los polluelos (hijo) con la vida de su madre. As\u00ed sucede en Dios: es la vida que se entrega hasta la muerte, haciendo posible el surgimiento y despliegue de la vida. Se entrega Dios por nosotros en Cristo, como pel\u00edcano de amor que muere para dar vida a los hombres. En este contexto, queremos recordar que en el Antiguo Testamento el pel\u00edcano era un ave impura (cf. Lv 11,18; Dt 14,17). Aqu\u00ed aparece, en cambio, como signo de Dios.<\/p>\n<p>Cf. M. KARRER, <em>Jesucristo en el Nuevo Testamento, <\/em>S\u00edgueme, Salamanca 2002; J. MOLTMANN, <em>El Dios crucificado<\/em>, S\u00edgueme, Salamanca 1975; X. PIKAZA, <em>\u00c9ste es el Hombre. Cristolog\u00eda B\u00edblica, <\/em>Sec. Trinitario, Salamanca 1997; H. U. von BALTHASAR, \u00abEl misterio pascual\u00bb, <em>MS <\/em>III, 2,143-336.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Todos los derechos: <em>Diccionario de la Biblia, historia y palabra<\/em>, X. Pikaza<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1. Muerte de Jes\u00fas (muerte, Jes\u00fas). El signo de la cruz constituye quiz\u00e1 la mayor aportaci\u00f3n del cristianismo a la simbolog\u00eda de las religiones. 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