{"id":3297,"date":"2015-01-22T09:56:51","date_gmt":"2015-01-22T15:56:51","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3297"},"modified":"2021-01-22T09:58:58","modified_gmt":"2021-01-22T15:58:58","slug":"angustia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3297","title":{"rendered":"Angustia"},"content":{"rendered":"<p>San Juan de la Cruz utiliza con cierta frecuencia el t\u00e9rmino angustia en sus escritos, a reserva de otros que pueden ser sin\u00f3nimos, de expresiones e im\u00e1genes significativas que aluden a la misma experiencia. Por lo dem\u00e1s es evidente que el t\u00e9rmino angustia no comporta para el carmelita del siglo XVI las m\u00faltiples determinaciones que tiene hoy para nosotros. Como concepto (S. Kierkegaard, <em>El concepto de la angustia<\/em>) hay que decir que la angustia es una adquisici\u00f3n moderna, que no se puede comprender sin la filosof\u00eda existencial, el psicoan\u00e1lisis, la cl\u00ednica en general, y sobre todo la concepci\u00f3n del mundo del hombre actual, que incluye la experiencia filos\u00f3fica de la muerte de Dios. En una visi\u00f3n teoc\u00e9ntrica del \u00a0mundo y del \u00a0hombre no cabe el planteamiento expl\u00edcito, es decir, tematizado, de tal problema.<\/p>\n<p>Las expresiones de nuestro autor relativas a la angustia, donde aparece el t\u00e9rmino en cuesti\u00f3n, as\u00ed como la experiencia misma, se aglutinan principalmente en la <em>Subida <\/em>(libro 1\u00ba) y en la <em>Noche <\/em>(lib. 2\u00ba). A lo largo de estas p\u00e1ginas las referencias a la angustia se polarizan en dos momentos de especial intensidad, uno inicial y otro final con respecto al proceso completo de la purificaci\u00f3n nocturna.<\/p>\n<h3>I. En el libro primero de \u2018Subida\u2019<\/h3>\n<p>Antes de la noche propiamente dicha, la referencia al mundo es a\u00fan significativa: \u201cY todo el se\u00f1or\u00edo y libertad del mundo, comparado con la libertad y se\u00f1or\u00edo del esp\u00edritu de Dios, es suma servidumbre, y angustia y cautiverio\u201d (S 1, 4,6). El alma, asida a las criaturas, empieza a vivir este v\u00ednculo, sin embargo, en inquietud y desasosiego, \u201cporque en los apetitos, que son las espinas, crece el fuego de la angustia y del tormento\u201d (S 1,7,1); la angustia junto al tormento es el contrapunto de la realizaci\u00f3n del apetito, y por tanto expresi\u00f3n de una cierta frustraci\u00f3n del deseo, en este cap\u00edtulo donde se expone el segundo da\u00f1o de los apetitos, que atormentan y afligen.<\/p>\n<p>La fenomenolog\u00eda del \u00a0apetito que desarrolla J. de la Cruz en los primeros cap\u00edtulos de <em>Subida<\/em>, pone de relieve la dimensi\u00f3n ag\u00f3nica del deseo humano, entroncado en una carencia radical, que lo empuja hacia el mundo a la b\u00fasqueda de un cumplimiento incierto, aguijoneado por las contradicciones internas que lo estructuran. Al horizonte vac\u00edo, hacia el que tiende el apetito, \u201ccomo el enamorado en el d\u00eda de la esperanza, cuando le sali\u00f3 su lance en vac\u00edo\u201d (S 1,6,6), se superpone el efecto angustiante del acoso de la demanda. Pero como el m\u00edstico asigna desde el principio un objeto al deseo, se manifiesta como angustia el deseo err\u00e1til y desmesurado que encadena a las criaturas, e impide el vuelo libre hacia \u00a0Dios.<\/p>\n<p>Resumiendo, pues, la angustia en <em>Subida, <\/em>est\u00e1 puesta en relaci\u00f3n con el apetito. M\u00e1s que angustia \u2013desde un punto de vista estrictamente psicol\u00f3gico\u2013, se podr\u00eda llamar ansiedad (anxietas, inquietud). Se trata, en efecto, de un movimiento ansioso en donde se evidencia una insatisfacci\u00f3n respecto de las criaturas del mundo, mezcla de desencanto y apego que se hace patente en los \u201cdejos\u201d, regusto amargo que se pega al paladar, lo estraga, y a la vez enardece la sed. Ansia insaciada e insaciable que provoca una acumulaci\u00f3n de tensi\u00f3n anhelante, pues, no acertando a resolverse en ninguna criatura, retorna a s\u00ed, en un movimiento compulsivo de obstinaci\u00f3n\/frustraci\u00f3n. \u201cPorque no se sale de las penas y angustias de los retretes de los apetitos, hasta que no est\u00e9n amortiguados y dormidos\u201d (S 1,1,4), pues en verdad \u201cson como unos hijuelos inquietos y de mal contento\u201d (S 1,6,6). La resoluci\u00f3n de la angustia-ansiedad, ser\u00e1 aquietamiento que se alcanza, por tanto, no el cumplimiento del deseo, sino en el vac\u00edo de \u00e9ste, como suspensi\u00f3n del movimiento del apetecer.<\/p>\n<h3>II. En el segundo libro de \u2018Noche\u2019<\/h3>\n<p>En el coraz\u00f3n de la medianoche, el m\u00edstico desasido ya de toda criatura y de s\u00ed mismo, se encuentra en los abismos de la \u00a0purgaci\u00f3n, confrontado radicalmente a la finitud, y sufre angustias de muerte: \u201cEn pobreza, \u00a0desamparo y desarrimo de todas las aprehensiones de mi alma, esto es, en oscuridad de mi entendimiento, y aprieto de mi voluntad, en aflicci\u00f3n y angustia acerca de la \u00a0memoria&#8230; sal\u00ed de m\u00ed misma\u201d (N 2,4,1)<\/p>\n<p>Nos encontramos en la \u201cnoche pasiva\u201d, aqu\u00ed s\u00ed podemos hablar ya propiamente de una angustia radical, angustia de la nada, que algunos fil\u00f3sofos de nuestro tiempo han desarrollado y profundizado como experiencia metaf\u00edsica, pero que cobra aqu\u00ed una forma peculiar, e incluso dir\u00edamos un dramatismo especial, al vivirse en el \u00e1mbito religioso de la fe, en lugar de evidenciar un horizonte agn\u00f3stico. Distancia y contacto con el Absoluto parecen indicar los dos polos que determinan la dial\u00e9ctica de la angustia en la noche pasiva del esp\u00edritu.<\/p>\n<p>La angustia, que ven\u00eda agitando la superficie del espacio propio (como espacio de deseo), emerge ahora en toda su radicalidad, en su dimensi\u00f3n constitutiva, por cuanto remite al espacio del absolutamente Otro, y acontece en la distancia que separa de El y en el contacto que desgarra, atacando las contradicciones esenciales del ser criatura y revolviendo lo m\u00e1s \u00edntimo del alma. Se trata de un pathos propiamente m\u00edstico, un padecer a Dios que el autor llama sobrepadecer: \u201cQue el alma se siente estar deshaciendo &#8230;, padeciendo estas angustias como Jon\u00e1s en el vientre de aquella marina bestia\u201d (N 2,6,1), y m\u00e1s adelante: \u201cPues no s\u00f3lo padece el alma vac\u00edo y suspensi\u00f3n de estos arrimos naturales &#8230; mas sobrepadece grave deshacimiento y tormento interior\u201d (N 2,6,5).<\/p>\n<p>En este tormento, no obstante, el alma reconoce siempre a Dios, su doliente presencia, como hacedor del dolor. La afirmaci\u00f3n de su presencia, en esa inmensa distancia \u2013toda la distancia de la noche, entendida \u00e9sta como tr\u00e1nsito\u2013, que separa el ser finito del ser eterno \u2013en expresi\u00f3n de E. Stein\u2013 es, por lo mismo, fuente de angustia: \u201cLa coloc\u00f3 Dios en las oscuridades como los muertos del siglo, angusti\u00e1ndose por esto en ella su esp\u00edritu y turb\u00e1ndose en ella su coraz\u00f3n\u201d (N 2,7,3)<\/p>\n<p>La angustia es el fondo afectivo de la purificaci\u00f3n nocturna, en cuanto la noche misma se caracteriza por un despojamiento de los objetos del mundo y un desasimiento de s\u00ed mismo, que conducen a una especie de indeterminaci\u00f3n del horizonte significante de la existencia. En ausencia de toda emoci\u00f3n, puesto que, metaf\u00edsicamente hablando, no hay mundo ni yo a los que hagan referencia dichas emociones, emerge con toda virulencia la angustia, vivida en parte como sensaci\u00f3n refleja de p\u00e9rdida: \u201cQue no se piense que por haber en esta noche y oscuridad pasado por tanta tormenta de angustias, dudas, recelos y horrores&#8230;, corr\u00eda por esto m\u00e1s peligro de perderse\u201d (N 2,15,1)<\/p>\n<h3>III. Angustia y palabra<\/h3>\n<p>Puesto que el hecho m\u00edstico es en parte un hecho de lenguaje, no podemos pasar por alto en este padecimiento la relaci\u00f3n de la angustia con la palabra, que en estos estadios de la purificaci\u00f3n se ve reducida al silencio. La relaci\u00f3n de la angustia con la palabra es un aspecto principal del tratamiento de este tema por parte de la filosof\u00eda existencial, el aspecto justamente que revela el car\u00e1cter ontol\u00f3gico, y no meramente psicol\u00f3gico de la misma angustia. A este prop\u00f3sito Kierkegaard se\u00f1ala c\u00f3mo la angustia puede expresarse en la mudez o en el grito \u2013veremos que as\u00ed es en la noche m\u00e1s oscura\u2013, pero nunca propiamente en una palabra humana significante (Kierkegaard, o. c.). Por su parte Heidegger apunta que la angustia vela las palabras, acos\u00e1ndonos la nada, y la oquedad del silencio s\u00f3lo puede ser quebrada por palabras incoherentes (Heidegger en <em>\u00bfQu\u00e9 es Metaf\u00edsica?<\/em>)<\/p>\n<p>As\u00ed descubrimos que, en la noche m\u00e1s oscura, la angustia es tambi\u00e9n la prueba de la derelicci\u00f3n de la palabra, de esa palabra muda que no encuentra donde acogerse y que es en definitiva deseo. Esta clave de articulaci\u00f3n angustia\/deseo aparece con gran fuerza en un texto de Job al que recurre J. de la Cruz para expresar lo indecible de la angustia suprema: \u201cEn la noche es horadada mi boca con dolores y los que me comen no duermen, porque aqu\u00ed por la boca se entiende la voluntad, la cual es traspasada con estos dolores &#8230; porque las dudas y recelos que traspasan al alma as\u00ed nunca duermen (N 2,9,8). En otro lugar, recurriendo a Jerem\u00edas, nos dice el m\u00edstico que \u201ca la verdad no es este tiempo de hablar con Dios, sino de poner como dice Jerem\u00edas, su boca en el polvo\u201d (N 2,8,1). Aqu\u00ed queda hondamente simbolizada la angustia religiosa como expresi\u00f3n de esa imposibilidad de la palabra \u2013palabra humana, finita, insignificante, pues es al fin palabra de criatura\u2013 en su articulaci\u00f3n interna con el deseo, como deseo profundo de Dios. La boca horadada con dolores, la boca humillada y silenciada en el polvo, expresa bien el paso angosto, en vac\u00edo y desarrimo, que saliendo de la voracidad de los apetitos crispados en las criaturas, se orienta al deseo infinito que abre los espacios de la visitaci\u00f3n; as\u00ed nos dice que en esta noche pasiva \u201cconvi\u00e9nele al esp\u00edritu adelgazarse y curtirse acerca del com\u00fan y natural sentir, poni\u00e9ndole por medio de esta purgativa \u00a0contemplaci\u00f3n en grande angustia y aprieto (N 2,9,5). Esos espacios de despliegue sobrenatural de la capacidad espiritual humana, como capacidad de recibir a Dios, ser\u00e1n presentados y tratados en <em>Llama, <\/em>bajo el s\u00edmbolo de profundas cavernas del sentido.<\/p>\n<h3>IV. Otras referencias textuales<\/h3>\n<p>Por lo que se refiere a las abundantes p\u00e1ginas que transcurren entre los dos momentos se\u00f1alados (S 2 y 3 y N 1) aunque son m\u00e1s did\u00e1cticas que descriptivas, en ellas se pueden entresacar fen\u00f3menos y aconteceres del proceso m\u00edstico en los que el movimiento nocturno se hace sensible a trav\u00e9s de t\u00e9rminos de car\u00e1cter negativo, que son correlatos de la angustia: privaci\u00f3n, sequedad, oscuridad, desamparo, olvido, muerte, nada, etc.<\/p>\n<p>Es en estas p\u00e1ginas intermedias, en definitiva, donde aparece la experiencia de vac\u00edo o privaci\u00f3n de los sentidos, y negaci\u00f3n de las potencias. Hay una negaci\u00f3n, despojamiento, suspensi\u00f3n de la intencionalidad que se volcaba sobre las cosas, que se vive como amenazante para la integridad ps\u00edquica. Para quien se ha adentrado por los senderos de las nadas el mundo no es ya significante, y en esta insignificatividad del mundo emerge la angustia, a veces te\u00f1ida de melancol\u00eda: \u201cY aunque algunas veces sea ayudada de la melancol\u00eda u otro humor (como muchas veces lo es), no por eso deja de hacer su efecto purgativo del \u00a0apetito\u201d (N 1, 9,3). El t\u00e9rmino en cuesti\u00f3n no aparece en estas p\u00e1ginas, pero el fondo de angustia se hace sentir, sin embargo, en el recelo de andar perdido: \u201cY t\u00farbanse a s\u00ed mismos pensando que vuelven atr\u00e1s y que se pierden. Y a la verdad se pierden, aunque no como ellos piensan, porque se pierden a los propios sentidos, y a la propia manera de sentir, lo cual es irse ganando\u201d (S 2,14,4). Esta turbaci\u00f3n manifiesta una angustia de conciencia: el alma tensa entre dos maneras de percepci\u00f3n: el mundo desdibujado en un trasfondo crepuscular, el Dios que amanece todav\u00eda lejos del sentir negado y mortificado en la noche de las potencias.<\/p>\n<p>Desde un punto de vista psicol\u00f3gico, \u00a0visiones, audiciones y \u00a0revelaciones, pueden ser consideradas como expresi\u00f3n de la represi\u00f3n de la angustia y del intento de evitar el vac\u00edo que suscita esta propuesta de mortificaci\u00f3n. Se tratar\u00eda, por supuesto, de una elaboraci\u00f3n inconsciente. Siguiendo al especialista en psicolog\u00eda religiosa A. Vergote (<em>Dette et d\u00e9sir<\/em>, Seuil, Par\u00eds 1978), podemos considerar estos fen\u00f3menos como una puesta en marcha de la capacidad transferencial del deseo, desplazamientos entre lo imaginario y lo simb\u00f3lico de representaciones largamente elaboradas con los contenidos que se encuentran en los linderos de una fe conscientemente asumida y las fantas\u00edas inconscientes. Para salir de estas vacilaciones es necesario el olvido, la suspensi\u00f3n de la rememoraci\u00f3n nost\u00e1lgica. Lo cual nos hace comprender que la angustia se encuentra en estrecha relaci\u00f3n con la memoria y el olvido.<\/p>\n<p>Finalmente se\u00f1alaremos que si la angustia expresa el trasfondo afectivo y ontol\u00f3gico de la contemplaci\u00f3n nocturna como inmersi\u00f3n en un abismo de tiniebla, las ansias de amor, por otra parte, marcan un ritmo nuevo de ascenso, cuando en la voluntad purificada se siente el toque de la inflamaci\u00f3n de amor; por eso en el libro segundo de <em>Noche, <\/em>hay como una especie de viraje brusco, cuando nos encontramos en la m\u00e1s profunda miseria, la angustia se torna ansia de amor en un impulso poderoso de uni\u00f3n: \u201cPero es aqu\u00ed de ver c\u00f3mo el alma, sinti\u00e9ndose tan miserable y tan indigna de Dios, como hace aqu\u00ed en estas tinieblas purgativas, tenga tan osada y atrevida fuerza para ir a juntarse con Dios\u201d (N 2,13,9).<\/p>\n<p>Podemos entender como angustia, seg\u00fan hemos venido explicando, el aspecto negativo del deseo, pero cuando esta negaci\u00f3n enra\u00edza en su origen, es decir, cuando se vive como fundada en el amor (suponiendo la experiencia de ausencia), entonces hablamos de ansias.<\/p>\n<p>BIBL. \u2014 MANUEL BALLESTERO, <em>Juan de la Cruz:<\/em> <em>de la angustia al olvido<\/em>, Pen\u00ednsula, Barcelona 1977; JEAN BARUZI, <em>Saint Jean de la Croix et le probl\u00e8me de l\u2019 exp\u00e9rience mystique<\/em>, 2\u00aa ed. Alcan, Paris 1931; MARTIN HEIDEGGER, <em>\u00bfQu\u00e9 es Metaf\u00edsica<\/em>?, Siglo XXI, Buenos Aires, 1974; S\u00d6REN KIERKEGAARD, <em>El concepto de la angustia, <\/em>Espasa-Calpe, Madrid, 1979; MAR\u00cdA DEL SAGRARIO ROLL\u00c1N<em>, Extasis y purificaci\u00f3n del deseo<\/em>, Diputaci\u00f3n Provincial, Avila, 1991; Id. \u201cDe la fe angustiada a las ansias de amor: S. Kierkegaard y San Juan de la Cruz\u201d, en <em>Di\u00e1logo Ecum\u00e9nico <\/em>73 (1987) 223-245; ANTOINE VERGOTE<em>, <\/em><em>Dette et d\u00e9sir; deux axes chr\u00e9tiens et la d\u00e9rive pathologique, <\/em>Seuil, Paris, 1978.<\/p>\n<p><em>Mar\u00eda del Sagrario Roll\u00e1n<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>San Juan de la Cruz utiliza con cierta frecuencia el t\u00e9rmino angustia en sus escritos, a reserva de otros que pueden ser sin\u00f3nimos, de expresiones e im\u00e1genes significativas que aluden a la misma experiencia. Por lo dem\u00e1s es evidente que &hellip; <a href=\"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3297\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":""},"categories":[23],"tags":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/s2dsrC-angustia","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3297"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3297"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3297\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3298,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3297\/revisions\/3298"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3297"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3297"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3297"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}