{"id":3328,"date":"2015-01-22T10:18:13","date_gmt":"2015-01-22T16:18:13","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3328"},"modified":"2021-01-22T10:20:33","modified_gmt":"2021-01-22T16:20:33","slug":"ascesis-sanjuanista","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3328","title":{"rendered":"Ascesis sanjuanista"},"content":{"rendered":"<p>Es mucho lo que Juan de la Cruz escribe y ense\u00f1a sobre desapego, desprendimiento, \u00a0mortificaci\u00f3n, purificaci\u00f3n, negaci\u00f3n, nadas, noches, etc. Por eso, aunque nunca aparezcan en sus escritos palabras como ascesis o asc\u00e9tica, con raz\u00f3n es considerado uno de los maestros m\u00e1s importantes al respecto en la tradici\u00f3n espiritual cristiana e incluso universal.<\/p>\n<p>I. Concepto y expresiones<\/p>\n<p>Ancilli describe as\u00ed el sentido general del concepto ascesis: \u201cQuiere decir compromiso personal, consciente, voluntario, libre, amoroso, en el camino hacia la perfecci\u00f3n de la vida espiritual con el c\u00famulo de fatigas, mortificaciones, penitencias, oraciones, trabajo, renuncia, desapego, sacrificios que dicho itinerario comporta y exige\u201d (\u201cAscesis\u201d, <em>Diccionario de Espiritualidad<\/em>, Barcelona, Herder, 1983, vol. I, 172).<\/p>\n<p>Situando la ascesis cristiana en un marco m\u00e1s global y totalizante, con fuertes resonancias paulinas y sanjuanistas, E. Ancilli comienza su exposici\u00f3n diciendo: \u201cEl movimiento de la vida cristiana hacia la perfecci\u00f3n se realiza a trav\u00e9s de la dial\u00e9ctica bautismal de \u201cmuerte-vida\u201d, del desapego asc\u00e9tico y de la uni\u00f3n con la oraci\u00f3n, la cual, mediante el dinamismo de las virtudes teologales, introduce en la experiencia m\u00edstica de Cristo y de Dios, preludio, en el tiempo, de la glorificaci\u00f3n y de la vida eterna\u201d (ib. 171-172).<\/p>\n<p>Aunque la palabra y el concepto de ascesis, considerado en general, es sin\u00f3nimo de esfuerzo, tarea, compromiso del hombre en su propio crecimiento y construcci\u00f3n o madurez interior, como vimos m\u00e1s arriba, la ascesis cristiana, sin embargo, no se justifica en primer lugar por el deseo del hombre de ser como \u00a0Dios o alcanzar la felicidad paradis\u00edaca divina, ni por la actitud del hombre que detesta su condici\u00f3n carnal-terrena, ni por la b\u00fasqueda de una autorrealizaci\u00f3n interior puramente inmanente y humana. Su ra\u00edz se encuentra, m\u00e1s bien, en la tensi\u00f3n positiva entre el designio-llamada de Dios al \u00a0hombre y la realidad concreta de \u00e9ste: por una parte, criatura, y, por otra, pecador. Tensi\u00f3n que s\u00f3lo encuentra su verdadero camino de realizaci\u00f3n positiva en el compromiso y esfuerzo de vivir como \u00a0Cristo, de vivir el evangelio que Jes\u00fas ha ense\u00f1ado. En este sentido, la ascesis cristiana, que se ha de considerar siempre a la luz de la abnegaci\u00f3n evang\u00e9lica, exige igualmente opciones positivas y renuncias.<\/p>\n<p>Desde el punto de vista cristiano, todo esfuerzo y compromiso humanos en este camino tiene tambi\u00e9n mucho de don de Dios desde el comienzo mismo, porque la acci\u00f3n de Dios siempre precede a la del hombre. Y de ah\u00ed que la acci\u00f3n de Dios y el esfuerzo o compromiso humano coincidan desde el primer momento de la conversi\u00f3n. Esto se ve as\u00ed en las etapas m\u00e1s activas, y que se pueden considerar m\u00e1s asc\u00e9ticas, porque, en el esfuerzo inicial, parece que se exige m\u00e1s renuncia y decisi\u00f3n personal. Pero tambi\u00e9n en las etapas m\u00e1s pasivas, en las que el don de Dios que gu\u00eda al hombre que va transform\u00e1ndose, pudiera dar la impresi\u00f3n de que eximiera a \u00e9ste, al hombre, de un sostenido y mantenido esfuerzo y compromiso activo, es decir, voluntario, en la vida de Dios.<\/p>\n<p>II. Las coordenadas sanjuanistas<\/p>\n<p>Estas son las coordenadas en las que J. de la Cruz sit\u00faa sus planteamientos asc\u00e9ticos y desde las que hay que entenderlos. Los <em>Romances <\/em>sobre el evangelio \u201cIn principio erat Verbum\u201d esbozan la \u00a0teolog\u00eda sanjuanista de los or\u00edgenes sobre los designios de amor de Dios respecto del hombre y la humanidad. Pero esta teolog\u00eda o protolog\u00eda y su ulterior desarrollo se encuentra tambi\u00e9n continuamente referida en todas las grandes obras de nuestro m\u00edstico, en una tensi\u00f3n vital y existencial entre protolog\u00eda y \u00a0escatolog\u00eda en la historia personal de cada hombre. En esos textos podemos ver c\u00f3mo desde los or\u00edgenes Dios cre\u00f3 al hombre para llamarlo a la experiencia de la comuni\u00f3n de vida con El. En dicha llamada, m\u00e1s o menos sentida, y en la diferencia ontol\u00f3gica real entre creador y criatura, o entre el ser eterno y el ser temporal, es donde se apoyan muchas de las doctrinas asc\u00e9ticas de las grandes espiritualidades de todos los tiempos.<\/p>\n<p>a) Para J. de la Cruz la diferencia entre creador y criatura y la existencia terrena del hombre no es una dificultad insalvable. Para \u00e9l el hombre puede llegar a vivir esta comuni\u00f3n de vida con Dios sin abandonar la condici\u00f3n temporal y mundana, aunque sea desde la oscuridad de la fe: que no es menos real y verdadera, aunque no tan clara y evidente como la experiencia en el m\u00e1s all\u00e1 o en la otra vida. De hecho toda su doctrina va dirigida a ayudar al hombre a alcanzar lo antes posible esa meta de la uni\u00f3n de amor perfecto con Dios, cual se puede en esta vida ( S pr\u00f3l. 1; 2, 4-5).<\/p>\n<p>La condici\u00f3n de criatura hace, pues, la \u00a0b\u00fasqueda y experiencia de la comuni\u00f3n con Dios en esta vida m\u00e1s penosa, pero no menos real. En el m\u00e1s all\u00e1 se dar\u00e1 la plenitud: \u201cAquel peso de gloria en que me predestinaste, \u00a1oh Esposo m\u00edo!, en el d\u00eda de tu eternidad, cuando tuviste por bien de determinar de criarme, me dar\u00e1s luego all\u00ed en el mi d\u00eda de mi desposorio y mis bodas y en el d\u00eda m\u00edo de la alegr\u00eda de mi coraz\u00f3n, cuando, desat\u00e1ndome de la carne y entr\u00e1ndome en las subidas cavernas de tu t\u00e1lamo, transform\u00e1ndome en ti gloriosamente, bebamos el mosto de las suaves granadas\u201d (CB 38, 9). Pero esta plenitud de comuni\u00f3n y vida se construye aqu\u00ed abajo, tanto por parte de Dios como del hombre, en el vivir de cada d\u00eda. De ah\u00ed la importancia de lo que podr\u00edamos llamar la sacramentalidad de la existencia terrena, sin la cual no se podr\u00e1 alcanzar la plenitud de la gloria (S 1,4,3; 8,5; LlB 1,16). Una plenitud de uni\u00f3n y comuni\u00f3n que no es de absorci\u00f3n ontol\u00f3gica en el ser original o divino, sino de voluntades entre el hombre y Dios (S 2,5). Hacia esa meta, y no hacia ninguna otra dirige el Santo toda su propuesta asc\u00e9tica.<\/p>\n<p>b) Una realidad humana actual dificulta de forma decisiva la realizaci\u00f3n normal de la mencionada meta y llamada inicial de Dios al hombre: es la actual condici\u00f3n pecadora de \u00e9ste, desde el pecado original. Dicho pecado no s\u00f3lo habr\u00eda puesto unas barreras entre Dios y el hombre, sino que tambi\u00e9n habr\u00eda roto el equilibrio antropol\u00f3gico interior del mismo (S 1,1,1; 9,1-3; 15,1; CB 23,2), lo que supone un esfuerzo a\u00f1adido no s\u00f3lo de conversi\u00f3n a Dios, sino, al mismo tiempo, de reintegraci\u00f3n total del ser humano. Camino que el cristiano J. de la Cruz plantea desde la din\u00e1mica entre gracia y esfuerzo humano, entre pasividad y actividad, es decir, entre nuevo don y llamada gratuita por parte de Dios en el misterio de la muerte redentora de Cristo, la acci\u00f3n continua y continuada transformante de su \u00a0Esp\u00edritu en cada hombre, y el esfuerzo de colaboraci\u00f3n por parte del hombre, en un dejarse guiar por Dios que hace del hombre una criatura nueva (S pr\u00f3l. 3-5; S 1,6,4; 2,5,5; 17; N 1,13,11; 2,22-23; CB 23; 32-33; LlB 1,16; 2,32-36; 3,18-85).<\/p>\n<p>De ah\u00ed que, la conocida din\u00e1mica sanjuanista activo y pasivo en el \u00e1mbito de las distintas purificaciones del hombre (S 1,2-3; 13,1), sea s\u00f3lo un aspecto m\u00e1s, aunque muy importante y definitivo, dentro de esa otra din\u00e1mica humano\/ divina m\u00e1s global a la que me acabo de referir.<\/p>\n<p>III. Visi\u00f3n positiva<\/p>\n<p>Por otra parte, la suya, la de J. de la Cruz, es una ascesis hecha de renuncia, mortificaci\u00f3n, \u00a0aniquilaci\u00f3n, negaci\u00f3n, etc., pero sobre todo hecha de una pedagog\u00eda en positivo. La opci\u00f3n y vivencia de las virtudes teologale \u2013 fe, esperanza, caridad\u2013 conduce al hombre a saber vivir la uni\u00f3n total de voluntades, siguiendo a Jes\u00fas en la negaci\u00f3n evang\u00e9lica de s\u00ed mismo, y a entrar de lleno en el camino del saberse dejar guiar por Dios (S pr\u00f3l. 3-5; 2,5-7; N 2,21). Este modo de vivir ser\u00eda el \u00fanico que llevar\u00eda, a trav\u00e9s de la total comuni\u00f3n con el Crucificado, a la plena \u00a0uni\u00f3n con Dios: hecha, al mismo tiempo, de muerte y negaci\u00f3n propia y de comuni\u00f3n plena de amor con Dios (S 2,7; N 2; CB 23; CB 36). Se puede decir que, de forma pr\u00e1ctica, todo el mensaje asc\u00e9tico de J. de la Cruz se puede resumir en optar activamente y en todo momento por las virtudes teologales como criterio y norma de vida. Entre otros textos fundamentales citemos el siguiente: \u201cA estas tres virtudes (fe, esperanza y caridad), pues, habemos de inducir las tres potencias del alma, informando a cada cual en cada una de ellas, desnud\u00e1ndola y poni\u00e9ndola a oscuras de todo lo que no fueren estas tres virtudes. Y \u00e9sta es la noche espiritual que arriba llamamos activa, porque el alma hace lo que es de su parte para entrar en ella. Y as\u00ed como en la noche sensitiva damos modo de vaciar las potencias sensitivas de sus objetos sensibles seg\u00fan el apetito, para que el alma saliese de su t\u00e9rmino al medio, que es la fe, as\u00ed en esta noche espiritual daremos, con el favor de Dios, modo c\u00f3mo las potencias espirituales se vac\u00eden y purifiquen de todo lo que no es Dios y se queden puestas en la oscuridad de estas tres virtudes, que son el medio, como habemos dicho, y disposici\u00f3n para la uni\u00f3n del alma con Dios\u201d (S 2,6,6).<\/p>\n<p>La presentaci\u00f3n de las virtudes teologales que aqu\u00ed se hace es una propuesta de purificaci\u00f3n activa: \u201cel alma hace todo lo que es de su parte para entrar en ella\u201d. En esta purificaci\u00f3n activa del esp\u00edritu, las virtudes teologales se proponen como el gran \u201cmedio\u201d y \u201cdisposici\u00f3n\u201d para la uni\u00f3n con Dios. Para ello se pretende desnudar y poner a oscuras y en vac\u00edo el alma (las potencias del alma) de todo lo que no sean estas tres virtudes. La disposici\u00f3n por parte del hombre es muy importante en este tema. Pero no basta proponerse la vivencia de las virtudes teologales para que ya se posean en perfecci\u00f3n y plenitud como actitudes internas del alma. Se necesitar\u00e1 el paso por la noche o purificaci\u00f3n pasiva del sentido: que, entre otras funciones, tiene la de ayudar a ejercitar y poseer todas las virtudes, incluidas las teologales (N 1,13,5-6 y 10-14). Aunque ser\u00e1, sobre todo, en el paso por la purificaci\u00f3n pasiva del esp\u00edritu, en donde el hombre se aquilatar\u00e1 verdaderamente en la vivencia de las mismas, como se puede apreciar no s\u00f3lo en el interesante cap\u00edtulo 21 del segundo libro de <em>Noche oscura<\/em>, y, en general, en el entero desarrollo expositivo de toda la obra.<\/p>\n<p>A la luz de esta propuesta de metodolog\u00eda asc\u00e9tica total y globalizadora, casi parecen desaparecer en los escritos de nuestro m\u00edstico las referencias a otras propuestas asc\u00e9ticas m\u00e1s particularizadas, es decir, las referencias a la pr\u00e1ctica de otras virtudes cristianas y a las buenas obras. No dedica a ellas grandes explicaciones, sino que m\u00e1s bien se preocupa de que todas sean vividas desde la verdadera perspectiva cristiana que les da sentido y valor: es decir, desde el amor (cf. S 2,14,2; 15,5; virtudes, limosnas, ayunos, penitencias, y otras obras buenas, cf. S 3,27-28).<\/p>\n<p>IV. Perspectiva religiosa<\/p>\n<p>Desde la perspectiva de lo que venimos diciendo est\u00e1 claro que para nuestro m\u00edstico la ascesis tiene una finalidad fundamentalmente religiosa (llevar al hombre a la comuni\u00f3n con Dios), y nunca s\u00f3lo moral o puramente antropol\u00f3gica. Y dentro del campo religioso, la perspectiva religiosa cristiana es innegable. Pero, adem\u00e1s, desde esta perspectiva religioso-cristiana, aparece con fuerza la importancia y, a la vez, la relatividad de toda ascesis a la hora de poder alcanzar la meta de la comuni\u00f3n con Dios, que \u00e9l nos propone. Sin la ascesis y negaci\u00f3n propia y total no hay camino posible, por parte del hombre, hacia la uni\u00f3n con Dios plena y total. Pero s\u00f3lo con la ascesis propia, por muy radical que parezca, tampoco.<\/p>\n<p>De hecho, hablando del deseo o apetito de Dios, el Santo comenta que \u201cno es aquel apetito, cuando el alma apetece a Dios, siempre sobrenatural, sino cuando Dios le infunde, dando \u00e9l la fuerza de tal apetito, y \u00e9ste es muy diferente del natural, y hasta que Dios le infunde, muy poco o nada se merece. Y as\u00ed, cuando t\u00fa, de tuyo, quieres tener apetito de Dios, no es m\u00e1s que apetito natural, ni ser\u00e1 m\u00e1s hasta que Dios le quiera informar sobrenaturalmente\u201d (LlB 3,75). De ah\u00ed la necesidad de pasar por esa otra ascesis purificadora pasiva, la que al hombre le viene desde Dios. Porque la regeneraci\u00f3n y transformaci\u00f3n plena e interior, la que permite al hombre vivir en plenitud la comuni\u00f3n con \u00e9l, es fundamentalmente pura obra y don de Dios. Algo que, sin embargo, Dios no niega a nadie que est\u00e9 dispuesto a dejarse guiar y transformar.<\/p>\n<p>V. Aspectos, matices e interpretaciones<\/p>\n<p>La l\u00ednea de la ascesis sanjuanista y su relaci\u00f3n con la uni\u00f3n perfecta con Dios o experiencia m\u00edstica creo que es muy clara y coherente. Sin embargo, por diversos motivos no siempre se ha hecho o se hace una lectura adecuada de su propuesta asc\u00e9tica. En \u00e9pocas pasadas, y hasta cierto punto recientes, se acentu\u00f3 mucho una lectura de la doctrina asc\u00e9tica de J. de la Cruz fuertemente asc\u00e9tico-penitencial, debida en parte a que durante siglos se ha presentado su biograf\u00eda con tintes marcadamente asc\u00e9ticos y penitentes. Hoy se va superando esa visi\u00f3n de siglos pasados que correspond\u00eda m\u00e1s a gustos espirituales de otras \u00e9pocas que a lo que realmente \u00e9l ense\u00f1aba. Sin entrar ahora a juzgar lo que pudiera ser su forma personal de practicar la ascesis en su vida, lo cierto es que, en sus escritos, m\u00e1s que insistir en una ascesis penitencial exterior, en lo que se insiste es en la ascesis de la mortificaci\u00f3n de la voluntad, en la negaci\u00f3n total de uno mismo para abrirse a la vida de comuni\u00f3n con Dios, es decir, en la centralidad y valor de la ascesis interior.<\/p>\n<p>Desde otra perspectiva, en nuestro siglo, por ejemplo, ha habido autores que se han sentido atra\u00eddos por los escritos de nuestro m\u00edstico desde un punto de vista m\u00e1s bien filos\u00f3fico o antropol\u00f3gico: por el valor categorial de conceptos como nada, vac\u00edo, negaci\u00f3n. Esto ha supuesto un acercamiento al Santo desde ambientes no necesariamente cristianos; pero tambi\u00e9n, en ocasiones, ha llevado a reducir los grandes conceptos de la ascesis sanjuanista a puras categor\u00edas filos\u00f3ficas, privadas de su fuerza cristiana y teologal m\u00e1s aut\u00e9ntica.<\/p>\n<p>El actual clima de di\u00e1logo interreligioso ha favorecido tambi\u00e9n en nuestro siglo el aumento de los estudios comparativos de Juan de la Cruz con las espiritualidades y maestros de las grandes religiones, sobre todo las del oriente asi\u00e1tico. Estos estudios, que tienen un valor y se han de hacer, con frecuencia tienden a poner de relieve s\u00f3lo aquellos t\u00e9rminos, elementos o perspectivas en nuestro m\u00edstico que suponen cierta coincidencia con dichas tradiciones religiosas, y que pueden permitir un di\u00e1logo entre las religiones. Se insiste, por ejemplo, en la idea de negaci\u00f3n y purificaci\u00f3n, el vac\u00edo, la superaci\u00f3n de la etapa meditativa, la ascesis como t\u00e9cnica antropol\u00f3gica de perfeccionamiento y transformaci\u00f3n integral del hombre, etc. Pero esto lleva, a veces, a silenciar o dejar en un segundo lugar las referencias a las perspectivas propiamente cristianas de la doctrina espiritual, asc\u00e9tica y m\u00edstica, de nuestro autor.<\/p>\n<p>Igualmente, en nuestros d\u00edas otros hacen una presentaci\u00f3n de la doctrina sanjuanista dirigida a responder a la necesidad psicol\u00f3gica que siente el hombre de hoy de lograr una liberaci\u00f3n interior, e incluso de vivir una apertura a valores que van m\u00e1s all\u00e1 de la realidad inmanente y material. Su propuesta de la doctrina del Santo, sin embargo, es con frecuencia parcial, porque no siempre llega a proponer como verdaderos ideales de este camino los que J. de la Cruz propone.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, en esta misma l\u00ednea un tanto reduccionista, hay que situar a aquellos que, queriendo estudiar las fuentes de inspiraci\u00f3n del pensamiento sanjuanista, no han sabido ver en \u00e9l m\u00e1s que un buen disc\u00edpulo de las doctrinas neoplat\u00f3nicas sobre la necesidad del despojo y desapego de todo lo material y lo creado para poder llegar a la uni\u00f3n con Dios.<\/p>\n<p>Todos estos acercamientos a la doctrina asc\u00e9tico-m\u00edstica de J. de la Cruz han de considerarse, sin embargo, positivos y enriquecedores en la medida en que, superando todo intento de f\u00e1cil concordismo, intenten m\u00e1s bien principalmente comparar y completar perspectivas.<\/p>\n<p>BIBL. \u2014 LUCIEN MARIE DE ST. JOSEPH, \u201cAsc\u00e8se de lumi\u00e8re\u201d, en <em>EtCarm <\/em>(1948) 201-219; Id<em>. L\u2019exp\u00e9rience de Dieu. Actualit\u00e9 du message de Saint Jean de la Croix<\/em>, Paris, Cerf, 1968, p. 143159; M. MAY MALLORY, <em>Christian Mysticism: Transcending Techniques<\/em>, Assen-Amsterdam, Van Gorcum, 1977, 300; R. MORETTI, \u201cL\u2019ascesi nell\u2019insegnamento di S. Giovanni della Croce\u201d, en AA.VV., <em>Ascesi cristiana<\/em>, Roma, 1977, p. 226-244; GIOVANNA DELLA CROCE, \u201cCristo Crocefisso e l\u2019ascesi cristiana in S. Giovanni della Croce\u201d, en <em>Presenza del Carmel<\/em>o, n. 18 (1979) 41-50; J. MAMIC<em>, S.<\/em> <em>Giovanni della Croce e lo Zen-Buddismo. Un confronto nella problematica dello \u201csvuotamento interiore\u201d, <\/em>Roma, Teresianum, 1982; G. D\u2019SOUZA, <em>Transforming Flame. <\/em><em>(Spiritual Anthropology of St. John of the Cross), <\/em>Divya Jyothi Publications, Pupashrama (Mysore), 1988; M. A. DIEZ, <em>Pablo en Juan de la Cruz. Sabidur\u00eda y ciencia de Dios, <\/em>Burgos, Monte Carmelo, 1990; J. AUMANN, \u201cAscetical Teaching of St. John of the Cross\u201d, en <em>Angelicum <\/em>68 (1991) 339-350; S. MUTO, \u201cAscetism in St. John of the Cross: Wisdom for Every Person of Good Will\u201d, en <em>Word and Spirit <\/em>n. 13 (1991) 6169; J. D. GAITAN, <em>Negaci\u00f3n y plenitud en San Juan de la Cruz<\/em>, Madrid, EDE, 1995; R.V. D\u2019SOUZA, <em>The Bhagavadgita and St. John of the Cross. A comparative study of the dynamism of spiritual growth in the process of God-realisation<\/em>, Roma, Ed. Pontificia Universit\u00e0 Gregoriana, Roma, 1996.<\/p>\n<p><em>Jos\u00e9 Dami\u00e1n Gait\u00e1n<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Es mucho lo que Juan de la Cruz escribe y ense\u00f1a sobre desapego, desprendimiento, \u00a0mortificaci\u00f3n, purificaci\u00f3n, negaci\u00f3n, nadas, noches, etc. Por eso, aunque nunca aparezcan en sus escritos palabras como ascesis o asc\u00e9tica, con raz\u00f3n es considerado uno de los &hellip; <a href=\"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3328\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":""},"categories":[23],"tags":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p2dsrC-RG","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3328"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3328"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3328\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3329,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3328\/revisions\/3329"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3328"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3328"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3328"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}