{"id":3340,"date":"2015-01-22T10:29:45","date_gmt":"2015-01-22T16:29:45","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3340"},"modified":"2021-01-22T10:31:22","modified_gmt":"2021-01-22T16:31:22","slug":"busqueda-de-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3340","title":{"rendered":"B\u00fasqueda de Dios"},"content":{"rendered":"<p>En la obra sanjuanista, el amor es un tema esencial. El amor es la tensi\u00f3n existencial del hombre, el dinamismo que realiza plenamente la auto-trascendencia de la persona. El amor rompe el aislamiento del hombre, le impide el repliegue sobre s\u00ed mismo; por medio del amor la persona se abre progresivamente y se proyecta m\u00e1s all\u00e1 de s\u00ed misma en orientaci\u00f3n din\u00e1mica hacia el otro. Una de las formas fundamentales de expresi\u00f3n del amor es la \u201cb\u00fasqueda\u201d. B\u00fasqueda del otro totalmente orientada al encuentro personal en que culmina, en plena donaci\u00f3n y acogida rec\u00edprocas.<\/p>\n<p>Cuando contemplamos este dinamismo dentro de la relaci\u00f3n del hombre con Dios, no podemos olvidar la \u201casimetr\u00eda\u201d radical que implica esta relaci\u00f3n. Dios y el hombre no se encuentran en el mismo plano, y la relaci\u00f3n entre ambos es posible, \u00fanica y exclusivamente, desde la libre y gratuita iniciativa de Dios, hecha condescendencia hacia el ser humano.<\/p>\n<h3>I. Desde la gratuidad de Dios<\/h3>\n<p>Uno de los consejos m\u00e1s famosos entre los salidos de la pluma de J. de la Cruz reza as\u00ed: \u201cY adonde no hay amor, ponga amor, y sacar\u00e1 amor\u201d (Ct a Mar\u00eda de la Encarnaci\u00f3n: 6.7.1591). Escrito apenas unos meses antes de la muerte del Santo, refleja la experiencia de toda una vida. En \u00e9l pone fray Juan de relieve la gratuidad absoluta del amor: s\u00f3lo un amor gratuito es capaz de suscitar el amor, que brota, as\u00ed como eco, resonancia, respuesta. As\u00ed, Dios ha \u201csacado amor\u201d de nosotros \u2013donde no lo hab\u00eda\u2013 \u201cponiendo\u201d en nosotros su amor.<\/p>\n<p>Profundamente arraigado en esta certeza, tanto desde la fe como desde la experiencia, puede el Santo exigir una actitud que sea reflejo de la de Dios. Y as\u00ed, en uno de los \u00faltimos textos que de \u00e9l conservamos, exhorta: \u201cAme mucho a los que la contradicen y no la aman, porque en eso se engendra amor en el pecho donde no le hay, como hace Dios con nosotros, que nos ama para que le amemos mediante el amor que nos tiene\u201d (Ct a una religiosa carmelita, finales de 1591).<\/p>\n<p>\u201cComo hace Dios con nosotros\u201d. Es el estilo de Dios con el hombre. Y el punto de partida del amor teologal. Dios es siempre iniciativa, amor gratuito en total donaci\u00f3n. El es quien \u201cnos ama\u201d, quien \u201cengendra amor\u201d en nuestro coraz\u00f3n, \u201cdonde no le hay\u201d, de manera que si llegamos a amar a Dios es, siempre y s\u00f3lo, \u201cmediante el amor que nos tiene\u201d. De ah\u00ed que el primer paso del hombre en su itinerario hacia Dios sea el tomar conciencia (\u201ccaer en la cuenta\u201d) de la absoluta iniciativa divina, que le precede siempre, abri\u00e9ndose as\u00ed a la experiencia de ser amado con un amor eterno, gratuito, desbordante, capaz de movilizar toda su capacidad de respuesta. Es la experiencia que el Santo ha descrito de manera insuperable en la anotaci\u00f3n a la primera estrofa del <em>C\u00e1ntico espiritual <\/em>(CB 1,1). Una toma de conciencia que desencadena una progresiva apertura del hombre en la acogida del don de Dios y en la urgencia de una respuesta total y radical al mismo: salir tras \u00e9l, en b\u00fasqueda infatigable.<\/p>\n<h3>II. Dios, buscador del hombre<\/h3>\n<p>La Historia de la Salvaci\u00f3n es, esencialmente, la historia de una b\u00fasqueda. En ella Dios mismo desde el momento inicial se manifiesta como el gran buscador del hombre, saliendo a su encuentro, llam\u00e1ndolo, interpel\u00e1ndole: \u201c\u00bfD\u00f3nde est\u00e1s?\u201d (G\u00e9n 3,9). Ser\u00e1 la actitud constante de Dios a lo largo de la historia; actitud con la que Dios intenta permanentemente despertar en el coraz\u00f3n humano la nostalgia de s\u00ed, y colocar as\u00ed al hombre en una din\u00e1mica de b\u00fasqueda, como actitud religiosa esencial: \u201cBuscadme y vivir\u00e9is\u201d (Am 5,4). Un Dios buscador del hombre, empe\u00f1ado en hacer del hombre un buscador de Dios.<\/p>\n<p>Para J. de la Cruz es un principio fundamental. Si el amor de Dios, como hemos visto, precede, fundamenta y posibilita el nuestro, resulta evidente que la b\u00fasqueda (expresi\u00f3n din\u00e1mica del amor) es tambi\u00e9n anterior en Dios. La nuestra, nuestra b\u00fasqueda de Dios, no puede ser sino posterior y, consecuente, fundamentada y posibilitada por ella. El Dios de fray Juan es el Dios Vivo, el Dios Amor, el Dios de la Historia de la Salvaci\u00f3n, que toma toda iniciativa, que sale al encuentro del hombre, que busca con amor al hombre antes y m\u00e1s a\u00fan de lo que el hombre pueda imaginar. Es un presupuesto importante que no deja de recordar con \u00e9nfasis en su obra: \u201cCuanto a lo primero, es de saber que si el alma busca a Dios, mucho m\u00e1s la busca su Amado a ella\u201d (LlB 3,28). No tener en cuenta esta verdad puede conducirnos a un nefasto desenfoque de la vida espiritual, a una falsa perspectiva en la cual podr\u00eda el hombre creerse el principal protagonista del camino hacia Dios.<\/p>\n<p>Teniendo presente esta absoluta prioridad de Dios con respecto al hombre, podr\u00e1 confiadamente expresarse as\u00ed en su oraci\u00f3n: \u201c\u00a1Oh Se\u00f1or m\u00edo!; \u00bfqui\u00e9n te buscar\u00e1 con amor puro y sencillo que te deje de hallar muy a su gusto y voluntad, pues que t\u00fa te muestras primero y sales al encuentro de los que te desean?\u201d (Av 1, 2). Dios, efectivamente, \u201cse muestra\u201d, se revela, manifiesta su misterio y su amor, \u201csaliendo al encuentro\u201d del hombre, busc\u00e1ndolo \u201cprimero\u201d.<\/p>\n<p>Es imprescindible leer la anotaci\u00f3n a la canci\u00f3n 22 del <em>C\u00e1ntico espiritual<\/em>, donde, a la luz evang\u00e9lica de las par\u00e1bolas de la oveja y la dracma perdidas, el Santo cantar\u00e1 el ansia y el deseo de Dios que, en Cristo, busca al hombre \u201cpor muchos rodeos\u201d, y la alegr\u00eda, el placer y el gozo que experimenta al hallarlo y cargarlo \u201csobre sus hombros\u201d (CB 22,1). A esta altura crucial del <em>C\u00e1ntico<\/em>, corrige as\u00ed el Santo la impresi\u00f3n subjetiva que hasta aqu\u00ed pod\u00eda dominar al alma, pensando que era ella quien se empe\u00f1aba en la fatigosa b\u00fasqueda de Dios, siendo m\u00e1s bien ella la buscada y ahora hallada. Y es \u00e9ste, precisamente, el estilo de Dios, su pedagog\u00eda con nosotros: hacernos percibir su b\u00fasqueda en el deseo vehemente de Dios que \u00e9l mismo hace nacer en nuestro coraz\u00f3n; pues la b\u00fasqueda de Dios \u201catrae y hace correr hacia \u00e9l\u201d, suscitando en el alma un correspondiente movimiento que la levanta y la impulsa radicalmente hacia Dios (LlB 3,28; CB 25,4).<\/p>\n<h3>II. El hombre en busca de Dios<\/h3>\n<p>\u201cHabi\u00e9ndola Dios herido de su amor\u201d (CB 1,2), el alma enamorada comienza a vivir una fuerte tensi\u00f3n existencial entre la \u201cpresencia\u201d y la \u201causencia\u201d de su Amado. Se trata de una presencia \u201cencubierta\u201d (CB 11,4), percibida como \u201causencia\u201d (CB 1,2), que deja al alma \u201ctocada de dolor y aflicciones y ansias de amor\u201d (N 2,4,1). \u201cDolor de ausencia\u201d lo llama el Santo (CB 1,15.16.18; 2,1; 6,2.6; 8,2; 9,1.3; etc.). Y se convertir\u00e1, desde dentro del coraz\u00f3n humano, en dispositivo de apertura y tensi\u00f3n total hacia Dios. Este es el punto de partida del itinerario de b\u00fasqueda que define la actitud m\u00e1s caracter\u00edstica del hombre ante Dios. El hombre de fe es, sustancialmente, un \u201cbuscador de Dios\u201d.<\/p>\n<p>BUSCAR \u201cDENTRO DE S\u00cd<em>\u201d. <\/em>Para J. de la Cruz el ser humano se define desde su interioridad, donde la mirada de fe descubre y acoge la presencia fundante de Dios, que sustenta la excelsa dignidad del hombre como \u201ctemplo de Dios\u201d. \u201cTemplo vivo\u201d llamar\u00e1 el Santo al alma (S 3,40,1), donde \u201csecretamente solo mora\u201d Dios, en el fondo del alma (LlB 4,14). En sus diversas obras se hace eco de esta verdad, y analiza, bajo diversos aspectos, las modalidades de esta presencia divina en el ser del hombre (S 2,5,3; CB 11,3; LlB 4, 14-15). Presencia de Dios en el hombre; de las tres Personas divinas. Se hace eco as\u00ed a la palabra y la promesa evang\u00e9licas: \u201cVendremos a \u00e9l, y haremos morada en \u00e9l\u201d (Jn 14,23), cuando comenta: \u201cEs de notar que el Verbo Hijo de Dios, juntamente con el Padre y el Esp\u00edritu Santo, esencial y presencialmente est\u00e1 escondido en el \u00edntimo ser del alma\u201d (CB 1,6).<\/p>\n<p>Seguidamente describe c\u00f3mo el reconocer y acoger esta presencia divina en el propio ser, es para el alma \u201ccosa de grande contentamiento y alegr\u00eda\u201d (CB 1,7), fuente de un nuevo sentido para la propia vida, para la autoconciencia que el hombre tiene de s\u00ed mismo. Los n\u00fameros 6-10 de esa primera canci\u00f3n del <em>C\u00e1ntico<\/em>, de insoslayable lectura, son una apremiante invitaci\u00f3n a hacer el descubrimiento de la propia interioridad habitada por Dios, y a \u201centrar\u201d en ella haciendo de la propia vida una b\u00fasqueda amorosa del Se\u00f1or, superando en actitud teologal la habitual superficialidad en que el hombre est\u00e1 acostumbrado a moverse, ignorante de la riqueza interior que le constituye en su dignidad.<\/p>\n<p>SALIR ENTRANDO<em>. <\/em>El descubrimiento de la presencia interior de Dios al hombre, conduce a J. de la Cruz a utilizar un registro sem\u00e1ntico de honda y extensa resonancia en el campo de la espiritualidad: los verbos de movimiento espacial \u201centrar\u201d y \u201csalir\u201d, en torno a los cuales trata de describir el sentido preciso que debe tomar, visto desde el ser humano, el movimiento espiritual de \u00e9ste. El Santo utiliza, para describir el punto de partida del mismo, la expresi\u00f3n: \u201csalir de todas las cosas\u201d (CB 1,2.6.20, etc.). El punto de llegada, horizonte \u00faltimo del itinerario espiritual, queda tambi\u00e9n bien perfilado: \u201centrar en Dios\u201d (CB 1,19). En medio, como elemento central del camino espiritual, nos encontramos con una doble expresi\u00f3n sanjuanista: es preciso, para el hombre, \u201centrar dentro de s\u00ed\u201d mismo (CB 1,6.8.9.10, etc.), y al mismo tiempo \u201csalir de s\u00ed\u201d (CB 1,19-20) para \u201centrar en Dios\u201d.<\/p>\n<p>Parece una paradoja. Es, sencillamente, un recurso ling\u00fc\u00edstico para describir de alg\u00fan modo el necesario paso por la propia interioridad humana, si se quiere no errar el camino hacia Dios, si se quiere ir \u201ca lo cierto\u201d y no \u201cvaguear en vano\u201d (CB 1,6). \u201cEntrar en s\u00ed\u201d \u201csalir de s\u00ed\u201d. La b\u00fasqueda de Dios es un proceso de interiorizaci\u00f3n, un \u201centrar dentro de s\u00ed mismo\u201d, pero no para finalizar ese movimiento en el propio yo, en cualquier forma de repliegue autocomplaciente, sino para autotrascenderse teologalmente en el itinerario interior hacia Dios, \u00fanica meta del movimiento existencial del hombre. Por eso, para nuestro Santo, el \u201centrar en s\u00ed\u201d conlleva, en perfecta simultaneidad, el \u201csalir de s\u00ed\u201d mismo. Las dos expresiones, sin embargo, le sirven para expresar matices distintos, diversas dimensiones de una sola realidad vital.<\/p>\n<p>B\u00daSQUEDA TEOLOGAL. Habla fray Juan de \u201cbuscar con amor\u201d a Dios (CB 1,6). Luego matizar\u00e1 a\u00fan m\u00e1s: \u201cDicho queda, \u00a1oh alma!, el modo que te conviene tener para hallar el Esposo en tu escondrijo. Pero si lo quieres volver a o\u00edr, oye una palabra llena de sustancia y verdad inaccesible: es buscarle en fe y amor, &#8230; que esos son los mozos del ciego que te guiar\u00e1n por donde no sabes, all\u00e1 a lo escondido de Dios\u201d (CB 1,11). La b\u00fasqueda de Dios es una b\u00fasqueda teologal. Y est\u00e1 sostenida e impulsada por las actitudes o virtudes teologales del hombre: la fe, la esperanza y el amor. Aqu\u00ed es necesario, una vez m\u00e1s, reconocer la genialidad de J. de la Cruz al insistir en la centralidad de la vida teologal, y hacer de su dinamismo el eje permanente y el camino unitario de toda su experiencia y su pedagog\u00eda espiritual.<\/p>\n<p><em>\u201cBuscarle en fe\u201d<\/em>: significa, ante todo, renunciar a toda actitud posesiva frente a Dios. Renunciar a identificar a Dios con la experiencia que de \u00e9l se pueda tener en cualquier momento del camino. Es exigencia permanente de trascender, en la fe, la propia \u201cexperiencia\u201d de Dios: lo que de Dios el hombre \u201centiende\u201d, \u201csiente\u201d o \u201cgusta\u201d. Detenerse en la propia experiencia espiritual paraliza y bloquea la b\u00fasqueda, repliega al hombre sobre s\u00ed mismo, le impide avanzar hacia el misterio de Dios. Dios nunca se identifica plenamente con la experiencia que de \u00e9l tiene el hombre, est\u00e1 siempre m\u00e1s all\u00e1, \u201cm\u00e1s alto y profundo\u201d, la trasciende, est\u00e1 y permanece \u201cescondido\u201d. Y a quien el hombre debe buscar es a Dios mismo en persona, en tensi\u00f3n permanente de todo su ser (CB 1,4.12. Ver, por contraste, la b\u00fasqueda inmadura tal como se describe en N 1, 11,4 o en N 2,4,1). \u201cS\u00f3lo Dios \u2013dir\u00e1 el Santo\u2013 es el que se ha de buscar y granjear\u201d (S 2,7,3).<\/p>\n<p><em>\u201cBuscarle en amor\u201d<\/em>: es \u201ctener el \u00e1nimo continuo con Dios\u201d, y \u201cel coraz\u00f3n con \u00e9l m\u00e1s entero con afecci\u00f3n de amor\u201d (CB 1,13-14). Y es que s\u00f3lo el amor es el modo adecuado para tratar con Dios, y s\u00f3lo por el amor Dios se deja \u201cligar\u201d y a solo \u00e9l se \u201crinde\u201d ante la b\u00fasqueda amorosa y sincera del hombre (S 3,44,3; CB 31,8; 32,1). Y es que \u201cde Dios no se alcanza nada si no es por amor\u201d (CB 1,13).<\/p>\n<p><em>\u201cBuscarle en esperanza\u201d<\/em>: no queda excluida la esperanza en la b\u00fasqueda de Dios, m\u00e1s bien al contrario, la esperanza es la que imprime dinamismo y tensi\u00f3n a la fe y al amor, proyect\u00e1ndolos hacia su perfecci\u00f3n \u00faltima, hacia su consumaci\u00f3n final en el encuentro definitivo con Dios, donde el anhelo teologal del hombre hallar\u00e1 no s\u00f3lo \u201csatisfacci\u00f3n\u201d, sino \u201chartura\u201d (CB 1,14). Hay una frase del Santo que refleja perfectamente esta actitud de b\u00fasqueda esperanzada: \u201crevolviendo estas cosas en mi coraz\u00f3n, vivir\u00e9 en esperanza de Dios\u201d (LlB 3,21). Se vuelve imprescindible aqu\u00ed releer en profundidad el denso cap\u00edtulo 21 del libro segundo de la <em>Noche oscura<\/em>, dedicado a describir magistralmente el papel fundamental desempe\u00f1ado por las virtudes teologales en el camino del hombre hacia Dios.<\/p>\n<p>LA VERACIDAD DE LA B\u00daSQUEDA. J. de la Cruz aparece siempre obsesionado por la veracidad de los planteamientos y las actitudes espirituales del hombre. Basta comprobar el uso ampl\u00edsimo que hace de la expresi\u00f3n \u201cde veras\u201d en sus obras. En cuanto a la b\u00fasqueda de Dios por parte del alma, asegura que \u201cpor cuanto el deseo con que le busca es verdadero y su amor grande, &#8230; no empereza hacer cuanto puede por hallar al Hijo de Dios, su Amado\u201d (CB 3,1). Dedica toda la canci\u00f3n tercera del <em>C\u00e1ntico espiritual <\/em>a describir las actitudes aut\u00e9nticas del hombre espiritual que sirven para comprobar la veracidad y sinceridad de la b\u00fasqueda. Dicha canci\u00f3n describe la estrategia de una ascesis verdaderamente teologal, m\u00e1s que penitencial, donde el deseo y el amor se van aquilatando en un coraz\u00f3n radicalmente orientado hacia Dios en la medida en que se va liberando de todo lo que no es el objeto de su b\u00fasqueda.<\/p>\n<p>Trata fray Juan de indicar c\u00f3mo \u201cbuscar a lo cierto a Dios\u201d (CB 3,4), y afirma con rotundidad: \u201cPara buscar a Dios se requiere un coraz\u00f3n desnudo y fuerte, libre de todos los males y bienes que puramente no son Dios\u201d (CB 3,5). \u00a0Desnudez, fortaleza, libertad, nacen para el Santo de la orientaci\u00f3n radical hacia Dios de todo el propio ser de hombre. Por eso hablamos de \u201cascesis teologal\u201d. En la superaci\u00f3n de toda divisi\u00f3n interior al hombre, y de toda seducci\u00f3n externa, contempla el Santo \u201cel estilo &#8230; que le conviene tener para en este camino buscar a su Amado\u201d (CB 3,10).<\/p>\n<p>TENSI\u00d3N M\u00c1XIMA DEL SER. Fiel a este \u201cestilo\u201d teologal de b\u00fasqueda, el hombre, orientado radicalmente hacia Dios, va experimentando en s\u00ed el crecimiento continuo del deseo de Dios, del anhelo por hallarlo en comuni\u00f3n plena de amor. Todo su ser se transforma en \u201chambre\u201d y \u201csed\u201d de Dios, en \u201cdeshacimiento y derretimiento del alma por la posesi\u00f3n de Dios\u201d (LlB 3,19-21), en que \u201ccon tanto deseo desea el alma\u201d (CB 12,2), que \u201cla sustancia corporal y espiritual parece al alma que se le seca en sed de esta fuente viva de Dios\u201d (CB 12,9). Hambre y sed de Dios. Tensi\u00f3n radical de toda la persona hacia su Dios. Como una fuerza interior, inscrita en lo m\u00e1s profundo del alma, que orienta e impulsa todo el ser del hombre hacia su Creador, como a su centro de gravedad, origen y fin de su existencia (LlB 1, 1112). Una tensi\u00f3n vital hacia Dios que se act\u00faa y expresa mediante el amor que \u201ces la inclinaci\u00f3n del alma y la fuerza y virtud que tiene para ir a Dios\u201d (LlB 1,13).<\/p>\n<p>Fruto de la purificaci\u00f3n pasiva del esp\u00edritu, en que Dios obra en el \u00edntimo ser del hombre lo que excede la capacidad y alcance de \u00e9ste, ser\u00e1 el nacimiento de un amor vehemente, radical, impetuoso, impaciente, incontenible, que dar\u00e1 cauce y dinamismo a la tensi\u00f3n teologal del hombre para quien ya s\u00f3lo Dios es horizonte y meta (N 2, cap. 11,13,19 y 20).<\/p>\n<h3>IV. Maduraci\u00f3n de la b\u00fasqueda: la acogida de la gratuidad divina<\/h3>\n<p>El sentido espec\u00edfico de la b\u00fasqueda viene determinado por la finalidad \u00faltima de la misma, que podemos descubrir en un creciente anhelo de la \u201cpresencia\u201d del Amado, \u00fanica capaz de curar la \u201cdolencia de amor\u201d del hombre en la plena identificaci\u00f3n del amante con el Amado (CB 11). El encuentro con Dios, t\u00e9rmino final de la b\u00fasqueda, no es nunca fruto del esfuerzo humano. Lo m\u00e1s que el hombre logra hacer ante Dios es abrir el vac\u00edo de su ser, en tensi\u00f3n teologal, como apertura ante un don \u2013autodonaci\u00f3n\u2013 que s\u00f3lo puede ser recibido en gratuidad. As\u00ed, el alma puede, al m\u00e1ximo de sus fuerzas, exclamar: \u201cDecid a mi Amado que, pues adolezco, y \u00e9l solo es mi salud, que me d\u00e9 mi salud; y que, pues peno, y \u00e9l solo es mi gozo, que me d\u00e9 mi gozo; y que, pues muero, y \u00e9l solo es mi vida, que me d\u00e9 mi vida\u201d (CB 2,8). Salud, gozo, vida del hombre, que no son, ni pueden nunca ser, alcanzadas o conquistadas por el hombre, sino s\u00f3lo recibidas, acogidas como un don que Dios le hace de s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>En efecto, cuando el t\u00e9rmino de la b\u00fasqueda no es una cosa inerte sino una presencia personal, el sentido de la misma cambia radicalmente. La b\u00fasqueda se libera de la innata tendencia humana a la posesi\u00f3n egoc\u00e9ntrica (propia del \u201capetito\u201d sanjuanista), para configurarse m\u00e1s como apertura y acogida ante el \u201cOtro\u201d que, en expresi\u00f3n m\u00e1xima de su libertad personal, se ofrece, se entrega, se da, en comuni\u00f3n interpersonal, en gratuidad absoluta.<\/p>\n<p>Por eso, en una estrofa especialmente elaborada para ser introducida en el <em>C\u00e1ntico espiritual <\/em>en su segunda redacci\u00f3n, J. de la Cruz apela a esa donaci\u00f3n libre de Dios al hombre, cuando hace exclamar al alma: \u201cDescubre tu presencia\u201d (CB 11). Es necesario releer detenidamente el comentario completo de esa canci\u00f3n, y comprender su significado en medio de la descripci\u00f3n sanjuanista de la b\u00fasqueda de Dios por parte del alma, para advertir la raz\u00f3n profunda que indujo al Santo a introducirla en este lugar preciso del poema. No es el hombre quien \u201calcanza\u201d a Dios a fuerza de buscarlo, sino que es Dios quien se \u201cdescubre\u201d libremente al hombre que lo busca. Lo m\u00e1s que el hombre puede lograr con su b\u00fasqueda activa es \u201ccierta disposici\u00f3n para recibir\u201d (LlB 3,22). Por eso, adem\u00e1s, \u201cdespu\u00e9s que ha hecho todo, no se satisface ni piensa que ha hecho nada\u201d (CB 3,1). Es solamente Dios quien lo hace todo. Se abre as\u00ed un nuevo espacio de pasividad teologal, desde el cual el alma renuncia a su pretensi\u00f3n de poseer a Dios; ahora s\u00f3lo desea \u201cverse pose\u00edda ya de este gran Dios\u201d (CB 11,2). El cambio de perspectiva es notable. Toda la tensi\u00f3n activa de la b\u00fasqueda se ha transformado en receptividad acogedora de la autodonaci\u00f3n amorosa de Dios.<\/p>\n<p>Ya en la canci\u00f3n sexta hab\u00eda abierto este horizonte con su verso \u201cacaba de entregarte ya de vero\u201d, y con el comentario sabroso del Santo hecho s\u00faplica ardiente: \u201cEsto, Se\u00f1or m\u00edo Esposo, que andas dando de ti a mi alma por partes, acaba de darlo del todo; y esto que andas mostrando como por resquicios, acaba de mostrarlo a las claras; y esto que andas comunicando por medios, que es como comunicarte de burlas, acaba de hacerlo de veras, comunic\u00e1ndote por ti mismo&#8230; Entr\u00e9gate, pues, ya de vero, d\u00e1ndote todo al todo de mi alma, porque toda ella tenga a ti todo, y no quieras enviarme ya m\u00e1s mensajero\u201d (CB 6,6).<\/p>\n<p>Todo comienza en la gratuidad de Dios, y todo termina en la gratuidad de Dios. El encuentro con Dios no acontece en virtud de ninguna necesidad intr\u00ednseca, ni viene provocado por ninguna disposici\u00f3n humana. Dios, suma libertad y gratuidad plena, se comunica \u201cgraciosamente\u201d (CB 14,29; 33,5; LlB 2,16; 3,24), y todo lo que el hombre puede hacer ante \u00e9l es disponerse en apertura radical, en libre acogida, a la autodonaci\u00f3n gratuita y amorosa del Dios Amor.<\/p>\n<p>BIBL. \u2014 AA.VV. <em>La b\u00fasqueda de Dios<\/em>, Madrid 1984.<\/p>\n<p><em>Alfonso Balde\u00f3n<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la obra sanjuanista, el amor es un tema esencial. El amor es la tensi\u00f3n existencial del hombre, el dinamismo que realiza plenamente la auto-trascendencia de la persona. 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