{"id":3343,"date":"2015-01-23T10:22:26","date_gmt":"2015-01-23T16:22:26","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3343"},"modified":"2021-01-23T10:27:05","modified_gmt":"2021-01-23T16:27:05","slug":"cantico-espiritual","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3343","title":{"rendered":"C\u00e1ntico espiritual"},"content":{"rendered":"<p>(obra)<\/p>\n<p>Con este t\u00edtulo es conocida hist\u00f3ricamente la obra m\u00e1s famosa y representativa de Juan de la Cruz; con la que se abre su carrera de escritor y con la que pr\u00e1cticamente se cierra. El y sus contempor\u00e1neos distingu\u00edan entre <em>Canciones espirituales <\/em>y <em>Declaraci\u00f3n de las canciones<\/em>, seg\u00fan aludiesen al poema o a su explicaci\u00f3n en prosa. La primera vez que el conjunto de ambas cosas recibi\u00f3 el r\u00f3tulo de <em>C\u00e1ntico espiritual <\/em>fue en la edici\u00f3n madrile\u00f1a de 1630, preparada por el bi\u00f3grafo Jer\u00f3nimo de san Jos\u00e9. La iniciativa editorial hizo fortuna y ha perdurado hasta hoy.<\/p>\n<p>La distinci\u00f3n entre <em>Canciones <\/em>y <em>Declaraci\u00f3n <\/em>respond\u00eda al proceso mismo de composici\u00f3n, en el que existieron dos momentos relativamente distanciados: primero fue el poema; luego lleg\u00f3 el comentario en prosa. Esto quiere decir que la obra, tal como ahora se conoce, no naci\u00f3 as\u00ed; durante un lapso de tiempo relativamente largo el poema vivi\u00f3 solo, libre o exento de toda explicaci\u00f3n. Es dato fundamental para la interpretaci\u00f3n del escrito. La problem\u00e1tica del mismo puede desglosarse en tres apartados fundamentales: proceso hist\u00f3rico de composici\u00f3n, estructura redaccional y s\u00edntesis doctrinal.<\/p>\n<p>I. Proceso redaccional<\/p>\n<p>Hac\u00eda a\u00f1os que J. de la Cruz hab\u00eda concluido sus estudios en \u00a0Salamanca (1568) cuando se le encarg\u00f3 la direcci\u00f3n del colegio carmelitano de \u00a0Alcal\u00e1 de Henares (1571). Era conectar de nuevo con ambientes culturales de primer orden. Un a\u00f1o despu\u00e9s abandonaba Alcal\u00e1 para trasladarse a \u00a0Avila como confesor del monasterio de la Encarnaci\u00f3n, gobernado por la \u00a0Madre Teresa (1572). El contacto con la Santa durante los a\u00f1os de permanencia en el nuevo ministerio fue extraordinariamente fecundo en el plano espiritual y tambi\u00e9n en el literario. De Avila proceden las primeras p\u00e1ginas conocidas de fray Juan; son algunas poes\u00edas de \u201carte menor\u201d, glosas y coplas, compuestas en sencillos torneos po\u00e9ticos promovidos por la Santa. Ensayos modestos, pero decisivos porque abren cauce a la vena po\u00e9tica del gran m\u00edstico. En los primeros d\u00edas de diciembre de 1577, J. de la Cruz es violentamente arrebatado de su morada de Avila y trasladado al convento carmelitano de \u00a0Toledo, donde es encerrado en una estrecha celda carcelaria. All\u00ed le visitan las musas.<\/p>\n<p>COMPOSICI\u00d3N DEL POEMA. Meditar, rezar, pensar y esperar eran las \u00fanicas ocupaciones del prisionero. Noches y d\u00edas interminables sin otro quehacer. M\u00e1s penoso que las refinadas penitencias impuestas era consumir tantas horas en la inercia, en la monoton\u00eda y en la incertidumbre de cara al futuro. Se entreten\u00eda a ratos componiendo mentalmente versos y poes\u00edas; no ten\u00eda otro registro para guardarlas que el de la memoria. Hasta que a los cuatro o cinco meses de encarcelamiento se produjo cambio de guardia; lleg\u00f3 un carcelero m\u00e1s sensible al dolor y m\u00e1s comprensivo; qued\u00f3 pronto prendado de la incre\u00edble paciencia de fray Juan y de su exquisita delicadeza; surgi\u00f3 la corriente de confianza mutua y el encarcelado le pidi\u00f3 un d\u00eda \u201cen caridad\u201d utensilios para escribir \u201ccosas de devoci\u00f3n\u201d: pluma y papel.<\/p>\n<p>Desapareci\u00f3 de momento la terrible ociosidad. Versos y estrofas guardados hasta entonces en la memoria quedaron para siempre inmortalizados en signos gr\u00e1ficos. Cuando, al cabo de varios meses (en agosto de 1578), J. de la Cruz consigui\u00f3 escaparse de la c\u00e1rcel conventual llev\u00f3 consigo un cuadernillo en el que figuraban las poes\u00edas compuestas durante su encierro toledano. Semanas m\u00e1s tarde, de camino a su destino de El Calvario (Ja\u00e9n), prestaba su repertorio po\u00e9tico a las Carmelitas de Beas para que sacasen copia. Una de ellas recordaba a distancia de a\u00f1os la lista de las composiciones del cuadernillo; una comenzaba: \u201cAd\u00f3nde te escondiste, Amado\u201d, y terminaba con la estrofa: \u201cOh ninfas de Judea\u201d. Sumaba, por lo tanto, 31 liras de cinco versos ( Magdalena del Esp\u00edritu Santo: BMC 10, 325). Era el primer n\u00facleo del poema, el llamado \u201cprotoc\u00e1ntico\u201d.<\/p>\n<p>La misma religiosa, dotada de excelente memoria, asegura que J. de la Cruz compuso luego, probablemente en \u00a0Baeza (1589-1581), otras estrofas y las a\u00f1adi\u00f3 a este primer bloque. Alude, a lo que parece, a las canciones 32-34, ya que las \u00faltimas (35-39) tienen documentado distinto origen. Otra religiosa de la misma comunidad de Beas atestigua que las compuso en \u00a0Granada y a sugerencia suya, al hablarle de la hermosura de Dios; por tanto, despu\u00e9s de 1582. La composici\u00f3n del poema, tal como aparece en copias manuscritas y ediciones, es discontinua y abraza tres bloques, que se suceden as\u00ed: 31 estrofas en Toledo; 3, en Baeza y cinco en Granada (E. Pacho, <em>Escritos <\/em>112-149, 188-204).<\/p>\n<p>EL PRIMER COMENTARIO. Tambi\u00e9n la explicaci\u00f3n del poema en prosa sigui\u00f3 un curso accidentado y discontinuo. Testimonios y protagonistas de la elaboraci\u00f3n aseguran que comenz\u00f3 por \u201cdeclaraciones\u201d de versos y estrofas aislados a petici\u00f3n de las religiosas de Beas, que conoc\u00edan las poes\u00edas del cuadernillo llegado de Toledo. Estaban sorprendidas de lo mucho que \u201ccomprend\u00edan\u201d aquellas expresiones tan extra\u00f1as y deseaban sacarles todo el jugo posible. Juan de la Cruz se prest\u00f3 complacido a responder a sus preguntas. De este modo tan singular y, por otra parte tan natural, comenz\u00f3 la glosa de las \u201cCanciones\u201d. Perd\u00edan su pureza originaria y se vest\u00edan de extra\u00f1o ropaje; lo que hab\u00eda nacido como poes\u00eda exenta adquir\u00eda cuerpo de libro doctrinal.<\/p>\n<p>A las explicaciones orales, anteriores, sin duda, a la composici\u00f3n de los \u00faltimos grupos estr\u00f3ficos, siguieron breves ensayos comentando por escrito algunas canciones, sin que puedan precisarse las agraciadas con esa primicia. No es ni siquiera seguro el n\u00famero, ya que las se\u00f1aladas en alg\u00fan bi\u00f3grafo antiguo carecen de refrendo documental.<\/p>\n<p>En determinado momento cambi\u00f3 el panorama. La superiora de Beas, \u00a0Ana de Jes\u00fas, pidi\u00f3 formalmente al Santo que extendiese un comentario completo, es decir, explicaci\u00f3n de todas y cada una de las estrofas del poema, a lo que accedi\u00f3 J. de la Cruz. La petici\u00f3n est\u00e1 expresada en el t\u00edtulo mismo: \u201cDeclaraci\u00f3n de las canciones &#8230; a petici\u00f3n de la Madre Ana de Jes\u00fas, priora de las Descalzas de Granada\u201d. Se reafirma por dos veces tambi\u00e9n en el pr\u00f3logo a la obra (nn. 2-3). De lo que no consta es del momento en que la destinataria adelant\u00f3 la solicitud, si fue en Beas o m\u00e1s tarde, cuando pas\u00f3 a la fundaci\u00f3n de Granada (1582), acompa\u00f1ada precisamente de fray Juan. Era priora de esta \u00faltima comunidad cuando recib\u00eda el texto completo del comentario a finales de 1584; no quiere decir que lo fuese cuando el autor recibi\u00f3 la petici\u00f3n y comenz\u00f3 a componerlo. Lo m\u00e1s probable es que la s\u00faplica de Ana de Jes\u00fas llegase cuando ya estaban ensamblados en un solo poema de 39 estrofas los tres grupos escritos por separado. En ese caso, habr\u00eda que colocar el comienzo del comentario completo en Granada, por lo tanto, a partir de 1582; lo que quiere decir que la elaboraci\u00f3n debe colocarse entre 1582 y 1584. La fecha final figura en la portada con que se abre el libro: \u201ca\u00f1o de 1584 a\u00f1os\u201d. Consta adem\u00e1s que durante la composici\u00f3n J. de la Cruz pasaba a las religiosas de Granada los cuadernillos, seg\u00fan los licenciaba.<\/p>\n<p>REVISI\u00d3N Y AMPLIACI\u00d3N DEL PRIMER TEXTO. No era la \u00fanica obra que tra\u00eda entre manos el Santo cuando se hizo cargo, a primeros de 1582, del convento de Los M\u00e1rtires en Granada. Hab\u00eda comenzado tambi\u00e9n la <em>Subida del Monte Carmelo <\/em>y altern\u00f3 su composici\u00f3n con el <em>C\u00e1ntico<\/em>, ultimando primero \u00e9ste. Se trata, pues, de la primera obra concluida. Acaso por eso sinti\u00f3 el autor deseo de revisarla, cuando ya hab\u00eda comenzado a difundirse en copias manuscritas. Realiz\u00f3 en alguna de ellas ciertos retoques (o autoriz\u00f3 que se introdujesen), que no afectaban al contenido sino a la gram\u00e1tica y al estilo. El texto as\u00ed acicalado se ha conservado en bastantes manuscritos y es conocido como CA\u2019.<\/p>\n<p>No qued\u00f3 satisfecho J. de la Cruz con tan insignificante correcci\u00f3n. La relectura de su texto y los datos reunidos en otros escritos posteriores le sugirieron la conveniencia de revisar en profundidad su primera obra. Hab\u00eda en ella desajustes e incongruencias que pod\u00edan desorientar a m\u00e1s de un lector. El punto m\u00e1s confuso era el que describ\u00eda la situaci\u00f3n espiritual del desposorio y del matrimonio espiritual; se entrecruzaban sin claridad ambas situaciones, porque la \u201cdeclaraci\u00f3n\u201d segu\u00eda r\u00edgidamente la colocaci\u00f3n de las estrofas del poema, en las que no se segu\u00eda necesariamente un orden riguroso en correspondencia al esquema doctrinal. Exist\u00edan otros puntos que reclamaban ulterior clarificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Fue apostill\u00e1ndolos en una excelente copia realizada para \u00e9l (la que se conserva en las Descalzas de \u00a0Sanl\u00facar de Barrameda = S). Al finalizar su faena de corrector y apostillador firm\u00f3 en la portada del mismo manuscrito esta advertencia: \u201cEste libro es el borrador de que ya se sac\u00f3 en limpio\u201d. Para \u00e9l, \u201climpio\u201d era el nuevo comentario corregido y alargado, el que se designa como <em>segundo C\u00e1ntico <\/em>o <em>C\u00e1ntico B <\/em>(CB). Con posterioridad al primer comentario hab\u00eda compuesto algunas poes\u00edas, que no figuran en las registradas en el manuscrito sanluque\u00f1o, entre ellas una estrofa en liras que comenzaba: \u201cDescubre tu presencia\u201d. Le pareci\u00f3 que encajaba perfectamente en el nuevo texto revisado y la introdujo en \u00e9l con su respectivo comentario, no al principio o al fin, sino en el puesto once.<\/p>\n<p>La ampliaci\u00f3n del poema en una estrofa (40 en lugar de 39) y su respectiva declaraci\u00f3n es una de las notas diferenciales m\u00e1s palpables entre la primera y la segunda redacci\u00f3n del <em>C\u00e1ntico. <\/em>Existen otras f\u00e1ciles de identificar hasta del lector menos atento. La m\u00e1s notable afecta al orden en que se suceden las \u201ccanciones\u201d y sus declaraciones. Es id\u00e9ntico hasta la estrofa 10; desde aqu\u00ed aumenta de una cifra el CB, lo que desplaza de un puesto las siguientes hasta la 15 inclusive. A partir de la 16 se produce una transposici\u00f3n del orden hasta la 34\/35, en que se sigue la secuencia primitiva (CA) con la \u00fanica diferencia de un n\u00famero m\u00e1s en la numeraci\u00f3n. El grupo estr\u00f3fico 16-34 est\u00e1 reorganizado de modo que las canciones en que se describe el desposorio espiritual formen un bloque unitario y las del matrimonio, otro, lo que no suced\u00eda en la primera escritura (CA).<\/p>\n<p>Otra diferencia notable entre las dos redacciones consiste en la introducci\u00f3n en el CB de un p\u00e1rrafo nuevo para unir o enlazar los diversos comentarios. Se identifica como \u201canotaci\u00f3n\u201d (antes de la primera y en el paso de la 15 a la 16) o m\u00e1s habitualmente \u201canotaci\u00f3n para la canci\u00f3n siguiente\u201d. Comienza la serie al principio de la quinta y se estabiliza en la s\u00e9ptima, manteni\u00e9ndose hasta el fin. Estas piezas no deben colocarse tipogr\u00e1ficamente despu\u00e9s de abrirse la canci\u00f3n que sigue (como hace alg\u00fan editor moderno); carece de respaldo textual y se opone a la intenci\u00f3n del autor.<\/p>\n<p>Se habla habitualmente del CB como <em>C\u00e1ntico <\/em>alargado no s\u00f3lo por estos a\u00f1adidos y la estrofa once, ya que existen otros p\u00e1rrafos incorporados de sana planta al CA: unas veces dentro del comentario a versos determinados (como el primero de la canci\u00f3n 1\u00aa); otras, lo m\u00e1s frecuente, al fin de la declaraci\u00f3n anterior. En su conjunto el CB resulta as\u00ed un tercio m\u00e1s amplio que el CA.<\/p>\n<p>De menor entidad, pero no desde\u00f1ables, son otras diferencias menos perceptibles. Son frecuentas las correcciones y ampliaciones de textos del CA para hacerlos m\u00e1s claros y comprensibles. Muchas de tales revisiones y ampliaciones siguen las apostillas puestas por J. de la Cruz en el manuscrito sanluque\u00f1o (S*). En mis ediciones he distinguido con una + los n\u00fameros o p\u00e1rrafos a\u00f1adidos en el CB, y con un * los retocados. Ha sido imitada esta clave por otros editores posteriores, alterando simplemente las se\u00f1ales indicadoras de las alteraciones. En esta serie de adaptaciones hay que colocar tambi\u00e9n la eliminaci\u00f3n de citas b\u00edblicas en lat\u00edn, tan frecuentes en el CA y en la primera parte de la <em>Subida<\/em>. El CB las elimina sistem\u00e1ticamente en los textos exclusivos y en los que retoca del CA; se ajusta as\u00ed a la norma seguida por J. de la Cruz en todos los escritos menos en los dos primeros libros de la <em>Subida<\/em>.<\/p>\n<p>No es posible fijar documentalmente la fecha en que J. de la Cruz realiz\u00f3 la obra de revisi\u00f3n y ampliaci\u00f3n. El an\u00e1lisis interno de la obra y su comparaci\u00f3n con los otros escritos del Santo obligan a colocarla despu\u00e9s de la \u00a0<em>Llama de amor viva<\/em>, en su primera composici\u00f3n. La cita expl\u00edcita del CB en un p\u00e1rrafo exclusivo (CB 31,7) impone esta conclusi\u00f3n. Se afianza al comprobar que el <em>C\u00e1ntico <\/em>ampliado incorpora ideas, expresiones y frases , a veces casi literales, de la <em>Llama <\/em>(cf. ed. cr\u00edtica del CB en BMC 30, introducci\u00f3n). Estas constataciones orientan la dataci\u00f3n del CB hacia 1586-1588, resultando as\u00ed la \u00faltima s\u00edntesis del pensamiento sanjuanista, ya que con posterioridad a esa fecha no se conocen otros escritos fuera de la revisi\u00f3n de la <em>Llama <\/em>(LlB) que no aporta novedad doctrinal alguna, reduci\u00e9ndose a ligeras modificaciones de la primera escritura (LlA). Con el <em>C\u00e1ntico <\/em>se abre y se cierra la carrera literaria de J. de la Cruz.<\/p>\n<p>II. Estructura y g\u00e9nero literario<\/p>\n<p>El <em>C\u00e1ntico <\/em>es la obra estructuralmente m\u00e1s arm\u00f3nica y uniforme del autor. Responde exactamente a un comentario, o una \u201cdeclaraci\u00f3n\u201d seg\u00fan el t\u00e9rmino usado en sentido cl\u00e1sico por el Santo. Trat\u00f3 de repetir este modelo en otras obras, pero no lo respet\u00f3. \u00a0La <em>Noche y <\/em>la <em>Llama <\/em>se acercan bastante al mismo patr\u00f3n, pero lo alteran notablemente, porque el comentario no es homog\u00e9neo; mientras en unas estrofas resulta ampl\u00edsimo, en otras se vuelve compendioso, como sucede en la <em>Llama <\/em>entre las canciones tercera y cuarta. En la <em>Noche <\/em>se ofrecen dos comentarios de la primera estrofa y uno de la segunda, interrumpi\u00e9ndose al comenzar el de la tercera. Las \u201cdeclaraciones\u201d son tan extensas que la tradici\u00f3n editorial ha hecho desaparecer el m\u00f3dulo t\u00edpico del comentario para presentar el texto como un tratado, a semejanza de la <em>Subida<\/em>. El ep\u00edgrafe original deja bien claro que el autor la entend\u00eda como una \u201cdeclaraci\u00f3n\u201d. La \u00fanica obra que se atiene realmente al canon del comentario regular y homog\u00e9neo es el <em>C\u00e1ntico<\/em>. Desde el principio hasta el fin sigue la misma estructura enunciada al fin del pr\u00f3logo (n. 4). Es sabido que la propuesta inicial de la <em>Subida<\/em>, seg\u00fan el ep\u00edgrafe y el argumento, qued\u00f3 eliminada desde las primeras p\u00e1ginas, para adoptar la estructura propia del \u201ctratado\u201d.<\/p>\n<p>ESTRUCTURA ESQUEM\u00c1TICA. En el <em>C\u00e1ntico <\/em>se mantiene fielmente a lo largo del comentario el plan anunciado al fin del pr\u00f3logo de colocar al principio el poema \u00edntegro y de ir coment\u00e1ndolo estrofa por estrofa y verso por verso. A veces se juntan en el comentario varios versos, por exigirlo as\u00ed la secuencia gramatical o el contenido que se atribuye a los mismos. Ello no altera la estructura general, que se ajusta a este esquema: introducci\u00f3n de la estrofa con la \u201canotaci\u00f3n\u201d o advertencia (s\u00f3lo en el CB), reproducci\u00f3n de la estrofa correspondiente, presentaci\u00f3n general del contenido y \u201cdeclaraci\u00f3n\u201d o explicaci\u00f3n pormenorizada de los versos.<\/p>\n<p>En la \u201canotaci\u00f3n\u201d previa y en la s\u00edntesis que sigue a cada canci\u00f3n se trata de enlazar unas estrofas con otras, haciendo ver que siguen un orden progresivo en consonancia con lo que es el desarrollo de la vida espiritual. Dentro del comentario a cada estrofa o verso se entrecruzan sin orden fijo preestablecido varios aspectos: el hist\u00f3rico o narrativo, el explicativo, el descriptivo y el justificativo o doctrinal. El primero alude veladamente a la experiencia vital del autor sustituyendo la referencia personal por \u201cel alma esposa\u201d; en la interpretaci\u00f3n o explicaci\u00f3n se ofrece el significado inmediato (a veces literal) del verso; en el aspecto descriptivo se dibuja la situaci\u00f3n espiritual de cada momento en relaci\u00f3n a todo el proceso desarrollado en la obra; en la parte doctrinal se suele razonar y prolongar lo anterior adoptando la forma habitual del tratado o explicaci\u00f3n te\u00f3rica.<\/p>\n<p>No existe norma fija en la disposici\u00f3n de estos elementos constitutivos, pero la lectura atenta permite distinguir lo que corresponde a la experiencia encerrada en los versos y lo que es an\u00e1lisis y justificaci\u00f3n doctrinal. Esta trama sencilla favorece, sin duda, la lectura de la obra y la vuelve atractiva, pero al mismo tiempo dificulta la comprensi\u00f3n global de su contenido, al carecer de un esquema org\u00e1nico de los contenidos doctrinales.<\/p>\n<p>G\u00c9NERO LITERARIO. Aunque no suele caerse en cuenta, se trata de un g\u00e9nero literario muy peculiar, pr\u00e1cticamente desconocido en la tradici\u00f3n espiritual de Occidente. Apenas si existen antecedentes conocidos, mientras ha tenido algunas imitaciones, entre las m\u00e1s conocidas las de Cecilia del Nacimiento. Puede considerarse \u00fanico, o al menos excepcional, el g\u00e9nero literario del <em>C\u00e1ntico<\/em>, de la <em>Llama <\/em>y de la <em>Noche<\/em>.<\/p>\n<p>Existe el comentario en casi todos los campos literarios: b\u00edblico, filos\u00f3fico, jur\u00eddico, filol\u00f3gico, etc. Abunda en la parcela espiritual: a los libros de la \u00a0Sda. Escritura, al Credo, al Padrenuestro, al Magn\u00edficat, etc. Lo excepcional del caso es que aqu\u00ed no se comenta un texto preexistente y de otro autor; lo que se explica es un texto propio y adem\u00e1s po\u00e9tico. La t\u00e9cnica del comentario se adapta a las \u201cCanciones espirituales\u201d, a la poes\u00eda comenzada en Toledo y rematada en Granada. Nunca puede perderse de vista este detalle a la hora de interpretar la obra sanjuanista.<\/p>\n<p>Tiene igualmente importancia identificar el tipo de comentario. Por lo apuntado anteriormente se excluye el comentario literal, al estilo de las glosas o \u201capostillas\u201d. Su misma amplitud lo desmiente. Teniendo como referencia un texto po\u00e9tico de \u00edndole m\u00edstica se hace casi inevitable el comentario con predominio de la \u201calegor\u00eda\u201d. En realidad, el comentario sanjuanista no encaja tampoco perfectamente en ninguna de las categor\u00edas tradicionales. Se inspira y sigue el comentario b\u00edblico tradicional en el \u00e1mbito de la espiritualidad, lo que quiere decir que adopta libremente los varios sentidos atribuidos a la letra, pasando con la mayor naturalidad y espontaneidad del significado hist\u00f3rico-literal al aleg\u00f3rico-espiritual. Asume naturalmente lo expresado en el c\u00e9lebre d\u00edstico: \u201cLittera gesta docet; quid credas allegoria; \/ moralis quid agas; quo tendas anagogica\u201d, reproducido, entre otros, por S. Tom\u00e1s (1,1,10; <em>Quodlib<\/em>. 7, a. 14-16, etc.)<\/p>\n<p>En una misma estrofa, incluso en el mismo verso, se yuxtaponen hasta cuatro sentidos diferentes. Aqu\u00ed reside la clave para explicar la desconcertante polisemia de muchas palabras. Al mismo t\u00e9rmino se le atribuyen significados completamente diferentes, como \u201cmonte\u201d, \u201cflores\u201d, \u201cguirnaldas\u201d, \u201cvuelo\u201d, etc. El no tener en cuenta este dato ha llevado a buscar explicaciones peregrinas al lenguaje de la obra sanjuanista.<\/p>\n<p>Gracias a esta clave es posible deslindar con bastante aproximaci\u00f3n lo que pertenece a la interpretaci\u00f3n \u201caut\u00e9ntica\u201d y lo que es ampliaci\u00f3n o aplicaci\u00f3n, es decir, lo que realmente corresponde a la experiencia resellada en los versos y lo que es su aplicaci\u00f3n pr\u00e1ctica, como pedagog\u00eda o explicaci\u00f3n y justificaci\u00f3n doctrinal. Todo es sanjuanista, pero no todo tiene el refrendo de la experiencia personal.<\/p>\n<p>RELACI\u00d3N ENTRE POEMA Y COMENTARIO. Se roza as\u00ed uno de los problemas b\u00e1sicos de la hermen\u00e9utica del <em>C\u00e1ntico<\/em>, es decir, el que se refiere a la relaci\u00f3n entre experiencia, poes\u00eda y comentario. Nadie lo ha explicado mejor que el propio Santo en el pr\u00f3logo de la obra. Arranca del reconocimiento o confesi\u00f3n de su protagonismo personal. Ha sido agraciado con experiencias profundas, imposibles de traducir adecuadamente en lenguaje humano. Es la inteligencia o sabidur\u00eda m\u00edstica (pr\u00f3l. 1). Su comunicaci\u00f3n menos inapropiada y m\u00e1s natural es la figurada, a base de im\u00e1genes, met\u00e1foras, s\u00edmbolos y comparaciones, como sucede en la Sda. Escritura (ib.). Para quien no ha compartido experiencias semejantes, ese lenguaje resulta desconcertante; los versos le parecer\u00e1n \u201cdislates\u201d m\u00e1s que \u201cdichos puestos en raz\u00f3n\u201d. Es lo propio del poema, todo \u00e9l cargado de simbolismo e im\u00e1genes atrevidas (ib.).<\/p>\n<p>Para quien lo ha compuesto, el poema traduce mejor que el comentario la experiencia radical; para cualquier extra\u00f1o a la misma sugiere mucho, pero aclara poco. De ah\u00ed la necesidad de la \u201cdeclaraci\u00f3n\u201d. Esta tiene el inconveniente de encoger o reducir la \u201canchura\u201d de la experiencia y de la poes\u00eda por servirse del lenguaje denotativo, \u201cpuesto en raz\u00f3n\u201d. Lo que en apariencia es m\u00e1s rico, realmente es un empobrecimiento, una limitaci\u00f3n. Por eso, asegura J. de la Cruz que la interpretaci\u00f3n por \u00e9l dada, no debe tomarse como exhaustiva ni definitiva. No es capaz de \u201cdeclarar al justo\u201d el contenido encerrado en el poema, que es ya \u201crecortado\u201d, sino s\u00f3lo dar alguna luz u orientaci\u00f3n. Cada uno puede aprovecharse de la anchura po\u00e9tica para profundizar y encontrar otros sentidos y otras aplicaciones (ib. 2). Deja bien aclarados estos puntos: que primero fue la experiencia, luego la poes\u00eda y al fin el comentario; en segundo lugar, que la poes\u00eda fue el veh\u00edculo de expresi\u00f3n m\u00e1s inmediato y apropiado, aunque oscuro y herm\u00e9tico para cualquier lector sin experiencias similares a las que se cantan en el poema.<\/p>\n<p>Aunque el comentario est\u00e9 m\u00e1s alejado de la experiencia, resulta m\u00e1s asequible y comprensible para el lector corriente, si est\u00e1 formado en la teolog\u00eda escol\u00e1stica. En gracia al mismo, J. de la Cruz ha querido incorporar al comentario determinados puntos de oraci\u00f3n o de vida espiritual, ya que se rozan muchos necesariamente al explicar los versos; de alguna manera est\u00e1n contenidos en ellos (ib. 3). A la simple \u201cdeclaraci\u00f3n\u201d se a\u00f1ade as\u00ed la explicaci\u00f3n, lo que el autor llama \u201ctratar\u201d, es decir, que desde este punto de vista el comentario ampl\u00eda la materia del poema o, si se quiere otra f\u00f3rmula, acepta interpretaciones no \u201caut\u00e9nticas\u201d.<\/p>\n<p>En este sentido el comentario no es empobrecimiento, sino enriquecimiento del poema, cosa que no acaban de entender los int\u00e9rpretes sanjuanistas \u201cprofanos\u201d, comenzando por Baruzi. El enriquecimiento no se reduce a la ampliaci\u00f3n, casi material, de la tem\u00e1tica; va mucho m\u00e1s all\u00e1. J. de la Cruz progres\u00f3 y madur\u00f3 en su experiencia \u00edntima con posterioridad a la composici\u00f3n de las \u201cCanciones\u201d. Reincidi\u00f3 en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n en las mismas \u201cinteligencias m\u00edsticas\u201d, lo que signific\u00f3 acumulaci\u00f3n progresiva. La mejor prueba est\u00e1 en la <em>Llama de amor viva. <\/em>La composici\u00f3n de este poema es prolongaci\u00f3n manifiesta de la pen\u00faltima estrofa del <em>C\u00e1ntico<\/em>, como revela la propia confesi\u00f3n del autor (Ll pr\u00f3l. 3). Resulta, pues, una \u201creca\u00edda\u201d en el mismo <em>pathos <\/em>con nueva sobrecarga experimental. Por eso, al declarar este \u00faltimo poema, afirma que siempre es posible una ulterior \u201ccalificaci\u00f3n\u201d y \u201csubstanciaci\u00f3n\u201d de la inteligencia m\u00edstico-amorosa (ib.). Las reincidencias y el \u201crecordar-despertar\u201d los lances m\u00edsticos sugeridos por los versos al momento de comentarlos suscitaban, sin duda, en el \u00e1nimo del comentador aspectos y matices complementarios de los \u201centendidos\u201d en los versos. Es leg\u00edtimo, por tanto, hablar de extensi\u00f3n experiencial en el comentario por este lado. Es m\u00e1s y es menos que el poema.<\/p>\n<p>III. S\u00edntesis doctrinal<\/p>\n<p>Hay que distinguir dos aspectos o enfoques: el que aparece en la secuencia de las estrofas y el que resulta del conjunto de las afirmaciones. En el primero, se propone un proceso o desarrollo din\u00e1mico de la vida espiritual al hilo de situaciones \u201ccontadas\u201d en el poema; en el segundo se dibuja un esquema independiente de los versos, pero sujeto a los elementos doctrinales del comentario. En el fondo, el primero corresponde a la interpretaci\u00f3n \u201caut\u00e9ntica\u201d del poema; el segundo, a su acomodaci\u00f3n doctrinal. Para la correcta conjugaci\u00f3n de ambos, juegan papel determinante los tiempos verbales del poema.<\/p>\n<p>VISI\u00d3N PO\u00c9TICA DEL ITINERARIO ESPIRITUAL. Dado el g\u00e9nero literario y el m\u00e9todo adoptado de seguir fielmente la colocaci\u00f3n de estrofas y versos, seg\u00fan las pautas se\u00f1aladas en el pr\u00f3logo (n. 4), es presumible, <em>a priori<\/em>, que no exista perfecta coincidencia entre la configuraci\u00f3n del itinerario espiritual al hilo del poema y el esquema subyacente en el comentario. La confrontaci\u00f3n de las dos redacciones de la obra (CA y CB) confirma la sospecha. Se detectan a lo largo de la primera \u201cdeclaraci\u00f3n\u201d frecuentes incongruencias a la hora de establecer correspondencia entre las etapas del recorrido espiritual y la colocaci\u00f3n de las estrofas. Seg\u00fan la interpretaci\u00f3n \u201caut\u00e9ntica\u201d, en las canciones 15 y 17 (de CA) se describe el estado del matrimonio espiritual, definido como el m\u00e1s alto a que puede llegarse en esta vida. Poco despu\u00e9s, en la 25 y 26, se afirma que el alma est\u00e1 disponi\u00e9ndose para celebrar el matrimonio espiritual, en el que cesan todas las perturbaciones de la sensualidad y del demonio. En las canciones 27-28 se describe de nuevo el matrimonio espiritual en t\u00e9rminos perfectamente id\u00e9nticos a los de 15 y 17, pero como si fuese la primera vez que se desarrolla ese argumento. A pesar de afirmarse con insistencia que desaparecen en esa situaci\u00f3n las contrariedades e inseguridades anteriores al matrimonio, las estrofas siguientes (29-31) vuelven a presentar en presente el estadio anterior de lucha y purificaci\u00f3n. No son los \u00fanicos lugares en que se rompe la secuencia ascensional, o de progreso, reafirmada con insistencia y propuesta de manera expl\u00edcita al principio de la canci\u00f3n 27 (n.2).<\/p>\n<p>Se dio cuenta de estos desajustes o incongruencias el comentador, confesando que se deb\u00edan a la trama po\u00e9tica, no sujeta a un esquema perfectamente l\u00f3gico (CA 31,6), sino al ritmo de la inspiraci\u00f3n po\u00e9tica. Eso fue lo que le movi\u00f3 a profunda revisi\u00f3n, que dio como consecuencia una nueva reorganizaci\u00f3n de las estrofas, en consonancia con las aclaraciones del comentario. De esta preocupaci\u00f3n de orden l\u00f3gico-cronol\u00f3gico naci\u00f3 la segunda redacci\u00f3n, el CB. En \u00e9l se ha buscado la m\u00e1xima aproximaci\u00f3n posible entre la propuesta del poema y el esquema del tratadista o te\u00f3logo. No difiere fundamentalmente de lo se\u00f1alado en el CA, pero se vuelve visible y patente lo que en \u00e9l est\u00e1 desordenado y confuso, especialmente en lo que se refiere al desposorio y al matrimonio.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo que el comentarista realizaba esa labor de reordenaci\u00f3n estr\u00f3fica aprovech\u00f3 la ocasi\u00f3n para incorporar al primer comentario algunos aspectos ausentes en \u00e9l, pero desarrollados en otras obras. Destaca entre todos el elemento cat\u00e1rtico, desconocido pr\u00e1cticamente en el CA. La incorporaci\u00f3n se realiza sin alterar el enfoque o perspectiva que domina esta obra. En lugar de la din\u00e1mica purificativa, propia de <em>Subida <\/em>y <em>Noche<\/em>, el <em>C\u00e1ntico <\/em>contempla la vida espiritual como crecimiento y desarrollo del amor, por tanto, como dial\u00e9ctica entre entrega y posesi\u00f3n, entre ausencia y presencia. Para describir las situaciones y etapas del dinamismo del amor entre Dios y el hombre asume J. de la Cruz el simbolismo tradicional de la m\u00edstica cristiana inspirado en el <em>Cantar de los cantares. <\/em>Al comp\u00e1s del ritmo po\u00e9tico se\u00f1ala las situaciones siguientes.<\/p>\n<p>a) <em>B\u00fasqueda: dial\u00e9ctica ausencia-presencia. <\/em>Aplicando a su caso el simbolismo nupcial, el <em>C\u00e1ntico <\/em>sanjuanista presenta este panorama. Superada una fase de esfuerzo y b\u00fasqueda sincera de Dios, \u00e9ste comienza a dejarse sentir. A medida que el alma fiel experimenta la felicidad del amor divino, aumenta en ella el deseo del encuentro con \u00e9l y de la entrega por amistad. En el desarrollo de esta amistad, la inflamaci\u00f3n propia del amor va adquiriendo grados hasta que consigue manifestaciones muy especiales. Comienza a experimentar ansias y penas cuando pierde la sensaci\u00f3n de la presencia del Amado. Su amor a Dios se vuelve impaciente. Le llama, le suplica, le busca con af\u00e1n porque no le siente presente.<\/p>\n<p>En esa situaci\u00f3n se coloca el arranque del <em>C\u00e1ntico. <\/em>El c\u00edrculo inicial (canci\u00f3n 1\u00aa) se cierra en la 12 (CA) \/13 (CB), porque narra la historia amorosa de fray Juan. Este, despu\u00e9s de haber gozado de una singular experiencia divina, se sinti\u00f3 vac\u00edo, como si Dios se le hubiese oscurecido o ausentado. En su angustia se dirigi\u00f3 a \u00e9l indagando su paradero y pidi\u00e9ndole la presencia clara y definitiva de la gloria (CB 1,2\/ CA 1,1). Durante doce estrofas sigue cantando o describiendo ese estado de ausencia y de b\u00fasqueda. Es un periodo de \u201camor impaciente\u201d, de amistad verdadera y aut\u00e9ntica, pero insatisfecha. Cuando, al fin, se produce de nuevo el encuentro y la presencia suplanta a la ausencia, se aplacan las ansias amorosas y cae en cuenta el alma que a\u00fan no est\u00e1 preparada para la entrega total; su amor es a\u00fan limitado y est\u00e1 mezclado con escorias, de las que necesita purificarse (CB 13,1) para merecer la posesi\u00f3n del Amado. No pide ya la vista clara y esencial de la gloria (como en la canci\u00f3n 1\u00aa), sino la entrega y posesi\u00f3n en esta vida (CB 13-15).<\/p>\n<p>Es de suma importancia para la comprensi\u00f3n global de la obra tener en cuenta el giro que el comentarista hace dar a estrofas y versos en el paso de la primera canci\u00f3n a las dos siguientes (23).En lugar de situar al alma-esposa en el momento espiritual del que arranca el poema, la coloca en los comienzos de la vida espiritual: en un conocimiento y b\u00fasqueda de Dios a trav\u00e9s de las criaturas y del propio conocimiento. Las estrofas cargadas de admiraciones e interrogaciones hacen palpable esa adaptaci\u00f3n, en clara anam\u00f3rfosis, ya que patentizan una situaci\u00f3n id\u00e9ntica a la primera canci\u00f3n, que se cierra en la trece (12 en CA). Se trata de un caso t\u00edpico de adaptaci\u00f3n del poema a los esquemas mentales del comentarista, pero afecta por igual a ambas redacciones. Ello quiere decir que en este primer bloque del <em>C\u00e1ntico <\/em>predomina la ordenaci\u00f3n sistem\u00e1tica del comentarista sobre la visi\u00f3n del poeta. En cualquier caso, se configura un estado o situaci\u00f3n espiritual anterior y diferente de las que se describen en el resto del comentario. Los contenidos fundamentales se indican en el apartado siguiente.<\/p>\n<p>b) <em>Desposorio espiritual<\/em>. La etapa del amor impaciente, con sus heridas y penas, se cierra en un determinado momento, cuando Dios irrumpe en el alma con su presencia. Comienza por fecha se\u00f1alada, calificada por J. de la Cruz como \u201cel dichoso d\u00eda del desposorio\u201d (CB 14-15, 2). A partir de entonces, escribe el Santo, \u201cno solamente se le acaban al alma sus ansias vehementes y querellas de amor, que antes ten\u00eda, mas &#8230; comi\u00e9nzale un estado de paz y deleite y suavidad de amor\u201d (ib.). Es el estado del desposorio espiritual.<\/p>\n<p>Su arranque tiene caracter\u00edsticas especiales. Se inicia con una gracia o presencia perturbadora del Esposo; no porque en s\u00ed no sea muestra de amor, sino porque no halla la adecuada disposici\u00f3n o preparaci\u00f3n para cosas tan elevadas. No existe a\u00fan la conveniente adaptaci\u00f3n del sentido al esp\u00edritu. La ansiada presencia del Amado produce dolorosos efectos en el cuerpo: son los fen\u00f3menos t\u00edpicos del \u00e9xtasis, rapto y arrobamiento, cuya caracter\u00edstica es precisamente la repercusi\u00f3n som\u00e1tica dolorosa (CB 13 y 14-15, 18-20.30)<\/p>\n<p>Ser\u00e1 precisamente tarea propia de este nuevo estado conseguir la total purificaci\u00f3n que haga posible la armon\u00eda perfecta entre sentido y esp\u00edritu (1415,30), de modo que todo el \u201ccaudal del alma\u201d est\u00e9 ordenado a Dios. Seg\u00fan el <em>C\u00e1ntico <\/em>la purificaci\u00f3n radical de la noche oscura se produce precisamente como preparaci\u00f3n al matrimonio, como prueba definitiva de la fidelidad a Dios.<\/p>\n<p>Aunque el estado del desposorio se caracterice por las frecuentes visitas de Dios y altas mercedes, como regalos a la esposa, los momentos de paz y deleite se ven interrumpidos por pruebas y penas. El alma tiene que luchar a\u00fan por dominar las pasiones y las acometidas de la parte inferior, as\u00ed como las asechanzas del demonio (CB 16-21). Es el momento de fortalecer las virtudes y dejarse guiar por el Esp\u00edritu Santo (CB 17). Naturalmente, las pruebas de amor se vuelven cada vez m\u00e1s frecuentes y exquisitas. El desposorio, seg\u00fan el Santo, es el periodo del intercambio de bienes y dones, todo ello como \u201carras\u201d para el matrimonio espiritual.<\/p>\n<p>c) <em>Matrimonio espiritual. <\/em>Del intercambio de dones se pasa a la entrega y posesi\u00f3n mutua de las personas. Concluido el proceso cat\u00e1rtico, de desnudez y vac\u00edo, llega la plenitud de la uni\u00f3n transformante, con entrega rec\u00edproca de voluntad. La sensualidad est\u00e1 totalmente dominada y la armon\u00eda del ser recuperada. Las comunicaciones divinas, por muy altas que sean, no tienen normalmente repercusi\u00f3n som\u00e1tica dolorosa, de ah\u00ed que desaparezcan fen\u00f3menos como el \u00e9xtasis o el rapto.<\/p>\n<p>Aunque en el matrimonio espiritual existan situaciones parecidas a las del desposorio, la diferencia entre ambos es clara. J. de la Cruz pone empe\u00f1o en recalcar tales diferencias, precisamente porque en el CA no deslind\u00f3 con claridad ambos estados. Volvi\u00f3 sobre ello en la <em>Llama <\/em>(LlA 3,23-24) y remat\u00f3 su explicaci\u00f3n en el CB (22-24 y 27), con esta precisi\u00f3n: \u201cEs mucho m\u00e1s sin comparaci\u00f3n que el desposorio espiritual, porque es una transformaci\u00f3n total en el Amado, en que se entregan ambas partes por total posesi\u00f3n de la una a la otra, con cierta consumaci\u00f3n de amor, en que est\u00e1 el alma hecha divina y Dios por participaci\u00f3n, cuanto se puede en esta vida\u201d (22,3).<\/p>\n<p>d) <em>El gemido pac\u00edfico de la esperanza<\/em>. Aunque el alma en estado del matrimonio goza de la posesi\u00f3n de Dios en cuanto se puede en esta vida, no se siente plenamente satisfecha, porque todav\u00eda le queda \u201cuna cosa por desear, que es gozarle \u2013a Dios\u2013 perfectamente en la vida eterna\u201d (CB 36,2). Mientras no satisface ese deseo \u201cse emplea en pedir al Amado este beat\u00edfico pasto en manifiesta visi\u00f3n de Dios\u201d (ib.).<\/p>\n<p>Es la vida en tensi\u00f3n ante la bienaventuranza, porque nunca se apaga en la tierra el ansia de la gloria esencial, si siquiera en el m\u00e1s alto estado del matrimonio espiritual. \u201cY as\u00ed, no le basta la paz y tranquilidad y satisfacci\u00f3n del coraz\u00f3n a que puede llegar el alma en esta vida, para que deje de tener dentro de s\u00ed gemido, aunque sea pac\u00edfico y no penoso, en la esperanza de lo que le falta; porque el gemido es anejo a la esperanza\u201d (CB 1, 14). Falta \u00fanicamente que se \u201crompa la tela del dulce encuentro\u201d; es lo \u00fanico que separa la felicidad de ac\u00e1 y de la de all\u00e1.<\/p>\n<p>La configuraci\u00f3n del proceso espiritual en clave po\u00e9tico-figurativa, seg\u00fan la reordenaci\u00f3n operada en el CB queda, pues, enmarcada en estos pasos sucesivos: b\u00fasqueda ansiosa del AmadoEsposo (1-12), encuentro sorpresivo y gozoso (13-15), dilaciones de la entrega total (16-21), uni\u00f3n plena de las personas (11-23), canto triunfal por la meta conquistada (24-30), comparaci\u00f3n entre la situaci\u00f3n presente y la del pasado (31-35), gozosa vida de uni\u00f3n y aspiraciones de gloria (36-40).<\/p>\n<p>EL PLAN DESARROLLADO DOCTRINALMENTE. En lugar del enfoque adoptado en <em>Subida-Noche<\/em>, se contempla todo bajo el prisma del amor. El desarrollo de la vida espiritual se identifica con el crecimiento en el amor divino. Es la otra cara del sanjuanismo. Todo se ajusta en el <em>C\u00e1ntico <\/em>a los principios que rigen el dinamismo del amor. Entre los recordados con insistencia se hallan los siguientes: \u201cEl amor tiene raz\u00f3n de fin\u201d, por eso \u201cencuentra iguales o los hace\u201d (28,1; 32,6); \u201cDios es la plenitud del amor\u201d (11,1.4; 28,1); quien ama a Dios \u201cno ha de pretender ni esperar galard\u00f3n de sus servicios, sino la perfecci\u00f3n de amar a Dios\u201d (9,7); se conoce \u201cel que de veras ama a Dios, si con alguna cosa menos que \u00e9l se contenta\u201d (1,14). Toda relaci\u00f3n amorosa entre el hombre y Dios procede necesariamente de \u00e9ste que es quien da la capacidad de amar (32,6). El \u201cejercicio de amor\u201d, como camino de ir a Dios, arranca de la gracia que mueve a secundar la llamada divina.<\/p>\n<p>a) <em>La mirada graciosa de Dios<\/em>. \u201cMirar Dios es amar Dios, as\u00ed como el considerar Dios es &#8230; estimar lo que considera\u201d (CB 31,5). Cuando la Divinidad misericordiosa se inclina \u201cal alma con misericordia imprime e infunde en ella su amor y gracia, con que la hermosea y levanta tanto, que la hace consorte de la misma Divinidad\u201d (32,4). En consecuencia, \u201cen cada obra, por cuanto la hace en Dios, merece el alma el amor de Dios; porque puesta en esta gracia y alteza, en cada obra merece al mismo Dios\u201d (32,6). Dios no s\u00f3lo ama a cada alma, la \u201cadama\u201d, que es \u201camar duplicadamente\u201d; de ah\u00ed, prosigue el Santo, que \u201cponer Dios en el alma su gracia es hacerla digna y capaz de su amor &#8230; da gracia por la gracia que ha dado, que es dar m\u00e1s gracia; porque sin su gracia no se puede merecer su gracia\u201d (32,5).<\/p>\n<p>La primera mirada de Dios borra del alma el \u201ccolor moreno de pecado\u201d y la fealdad de sus culpas (32,5-8). A causa del primer pecado en el para\u00edso, la naturaleza humana qued\u00f3 estragada en los primeros padres (23,5), pero fue reparada por Cristo en la Cruz. El Hijo de Dios no s\u00f3lo redimi\u00f3 a la naturaleza humana, sino que la \u201cdespos\u00f3 consigo\u201d y, por consiguiente, a cada alma, \u201cd\u00e1ndole \u00e9l gracia y prendas para ello en la Cruz\u201d (23,3). Este desposorio \u201cse hizo de una vez, dando Dios al alma la primera gracia, lo cual se hace en el bautismo con cada alma\u201d. En cambio, el desposorio que lleva a la perfecci\u00f3n \u201cno se hace sino muy poco a poco por sus t\u00e9rminos, que aunque todo es uno, la diferencia es que uno se hace al paso del alma, y as\u00ed se va poco a poco, y el otro, al paso de Dios, y as\u00ed h\u00e1cese de una vez\u201d (23,6). Reparada la \u201cbajeza de condici\u00f3n natural\u201d por la gracia del bautismo (mirada y desposorio de Dios), el alma puede comenzar su andadura camino de la uni\u00f3n amorosa con Dios.<\/p>\n<p>Morando \u00e9l agradado en ella (11,3) y \u201cvi\u00e9ndola graciosa a sus ojos, mucho se mueve a hacerla m\u00e1s gracia\u201d (33,7). No exige otra cosa que fidelidad y correspondencia. No siempre se produce por parte del hombre; con frecuencia tarda en decidirse.<\/p>\n<p>b) <em>Conversi\u00f3n, decisi\u00f3n y b\u00fasqueda<\/em>. El amor divino va envolviendo al alma hasta que la toca en lo hondo. Poco a poco \u00e9sta se va rindiendo a las pruebas del amor divino. En un determinado momento \u201ccae en cuenta\u201d de lo que significan los beneficios recibidos, a los que no ha sabido corresponder, olvid\u00e1ndose de qui\u00e9n se los ha concedido. \u201cTocada ella de pavor y dolor de coraz\u00f3n interior\u201d, es decir, de una nueva gracia, renuncia a todas las cosas, \u201cdando de mano a todo negocio\u201d y con \u201cgemido salido del coraz\u00f3n, comienza a invocar a su Amado (1,1). Es la compunci\u00f3n del coraz\u00f3n, la conversi\u00f3n a Dios, la \u201cdeterminada determinaci\u00f3n\u201d teresiana de entregarse a \u00e9l, de comprometerse seriamente a seguirle y servirle.<\/p>\n<p>La salida de s\u00ed y de todas las cosas equivale a una b\u00fasqueda o descubrimiento y a una respuesta amorosa. El camino hacia la perfecci\u00f3n del desposorio-matrimonio se hace \u201cal paso del alma\u201d, poco a poco. No bastan deseos ni buenos prop\u00f3sitos. Aunque puede aprovecharse de mediaciones y recomendaciones (CB 2), no es suficiente. En los primeros pasos el alma ha de trabajar arduamente en plan asc\u00e9tico con ejercicios de vida activa y contemplativa (3,1) para conseguir un \u201ccoraz\u00f3n desnudo y fuerte, libre de todos los males y bienes que puramente no son Dios\u201d e impiden \u201cel derecho camino de Cristo\u201d (3,5). Se trata de una lucha ardua contra los obst\u00e1culos y enemigos (mundo, demonio carne), \u201cque son los que hacen guerra y dificultan el camino\u201d (3,6).<\/p>\n<p>En esta ardua batalla contra obst\u00e1culos y enemigos descubre el hombre su miseria; ahonda en el \u201cconocimiento propio, que es lo primero que tiene que hacer el alma para ir al conocimiento de Dios\u201d (4,1). La meditaci\u00f3n sobre su condici\u00f3n y la consideraci\u00f3n de las criaturas van aproxim\u00e1ndole poco a poco a Dios y encendiendo progresivamente su amor. Oraci\u00f3n y mortificaci\u00f3n son los dos pilares de la ascesis propia de los principiantes que caminan en busca del encuentro con Dios.<\/p>\n<p>c) <em>De la meditaci\u00f3n a la contemplaci\u00f3n. Ansias y penas de amor impaciente. <\/em>A medida que el alma avanza en su esfuerzo asc\u00e9tico y su oraci\u00f3n meditativa se vuelve m\u00e1s \u00edntima y simplificada, el amor se va inflamando progresivamente. \u201cEn la viva contemplaci\u00f3n y conocimiento de las criaturas echa de ver el alma haber en ellas tanta abundancia de gracias y virtudes y hermosura de que Dios las dot\u00f3, que le parece estar todas ellas vestidas de admirable hermosura y virtud natural, sobrederivada y comunicada de aquella infinita hermosura sobrenatural de la figura de Dios, cuyo mirar viste de hermosura y alegr\u00eda el mundo y los cielos\u201d (CB 6,1).<\/p>\n<p>La consideraci\u00f3n de las maravillas de la creaci\u00f3n, como conocimiento discursivo, va dejando paso a la contemplaci\u00f3n admirativa e inflama el coraz\u00f3n. Es la puerta o entrada a la \u201cv\u00eda contemplativa, en que pasa por los v\u00edas y estrechos de amor\u201d (22,3). El amor impaciente ya no conoce reposo; no se satisface con ver a Dios reflejado en las criaturas; ans\u00eda contemplar su \u201cinvisible hermosura\u201d (6,1). Como quiera que \u201cel coraz\u00f3n no puede estar en paz y sosiego sin alguna posesi\u00f3n\u201d (9,6), llama, invoca, increpa al Amado, solicitando su presencia (6-11).<\/p>\n<p>Aumenta sin cesar la pasi\u00f3n del amor impaciente hasta sentirse el alma en situaci\u00f3n angustiosa, como herida y llagada de amor: \u201cEst\u00e1 como el vaso vac\u00edo, que espera el lleno, y como el hambriento, que desea el manjar, y como el enfermo, que gime por la salud, y como el que est\u00e1 colgado en el aire, que no tiene en qu\u00e9 estribar. De esta manera est\u00e1 el coraz\u00f3n bien enamorado\u201d (9,6). La vida del sentido va troc\u00e1ndose en vida del esp\u00edritu, porque la contemplaci\u00f3n amorosa intensifica su acci\u00f3n cat\u00e1rtica (N 2,6).<\/p>\n<p>Al lado de los consuelos y regalos se suceden las pruebas purificativas. Existe una especie de correlaci\u00f3n entre ambas vertientes: purificativa y posesiva: \u201cConforme a las tinieblas y vac\u00edos del alma, son tambi\u00e9n las consolaciones y regalos que Dios la hace\u201d (13,1). El alma se siente ya centrada en Dios, pero no est\u00e1 a\u00fan suficientemente purificada para que \u00e9l se haga presente. Cuanto m\u00e1s se va aproximando a \u00e9l, \u201cm\u00e1s siente el vac\u00edo de Dios y grav\u00edsimas tinieblas\u201d (13,1). Es la doctrina de la <em>SubidaNoche <\/em>incorporada por el CB, ya que estaba ausente del CA.<\/p>\n<p>A medida que la noche purificadora va depurando escorias crece el ansia por el encuentro con Dios. Llegan momentos en que el alma se siente con \u201ctanta vehemencia de ir a Dios, como la piedra se va m\u00e1s llegando a su centro\u201d (12,1). No dura mucho esa situaci\u00f3n, porque \u201centonces est\u00e1 Dios bien presto para consolar al alma y satisfacer en sus necesidades y penas, cuando ella no tiene ni pretende otra satisfacci\u00f3n y consuelo fuera de \u00e9l\u201d (10,6).<\/p>\n<p>d) <em>El ansiado encuentro. \u201cDichoso d\u00eda y estado de desposorio\u201d. <\/em>Las mercedes y visitas de Dios ordinariamente guardan proporci\u00f3n con los fervores y ansias de amor del alma (13,2). En una de esas comunicaciones divinas, despu\u00e9s de mucho ejercicio espiritual, descubre Dios al alma \u201calgunos rayos de su grandeza y divinidad\u201d (13,2). Puede ser con tal fuerza que no sea capaz de sufrirlos el alma y se vea como salir fuera de s\u00ed por arrobamiento o \u00e9xtasis (13,2-5). En una de esas visitas o comunicaciones se produce el encuentro misterioso con el Amado: es el dichoso d\u00eda del desposorio espiritual. \u201cAl principio que se hace esto, que es la primera vez, comunica Dios al alma grandes cosas de s\u00ed, hermose\u00e1ndola de grandeza y majestad, y arre\u00e1ndola con dones y virtudes &#8230; bien as\u00ed como a desposada en el d\u00eda de su desposorio\u201d (14-15,2).<\/p>\n<p>Aunque en los primeros tiempos \u201ces a veces tan grande el tormento que se siente en las semejantes visitas &#8230; que no hay tormento que as\u00ed descoyunte los huesos y ponga en estrecho al natural\u201d. La raz\u00f3n est\u00e1 en la unidad de la persona humana. La irrupci\u00f3n del Esp\u00edritu divino es tal, que la carne no puede a\u00fan recibirla sin detrimento, porque todav\u00eda no est\u00e1 purificada y adaptada al esp\u00edritu. \u201cDe aqu\u00ed es que ha de padecer la carne y, por consiguiente, el alma en la carne, por la unidad que tienen en supuesto\u201d (13,4).<\/p>\n<p>Pese a todo eso, en el dichoso d\u00eda del desposorio, \u201cno solamente se le acaban al alma sus ansias vehementes y querellas de amor que antes ten\u00eda, mas comi\u00e9nzale un estado de paz y suavidad de amor\u201d: es el estado feliz del desposorio (14-15,2). A lo largo del mismo son frecuentes y abundantes las mercedes que el alma recibe de Dios. Es el momento de las gracias m\u00edsticas caracterizadas por fen\u00f3menos de repercusi\u00f3n som\u00e1tica, como raptos, \u00e9xtasis, arrobamientos, visiones, etc. (13-15). La experiencia de la presencia de Dios es profunda y duradera, pero a\u00fan no permanente como en la uni\u00f3n transformante.<\/p>\n<p>Le falta a\u00fan al alma el \u00faltimo toque de purificaci\u00f3n. La sensualidad no est\u00e1 totalmente dominada ni \u201cacaba de perder sus resabios, ni sujetarse del todo sus fuerzas\u201d. Padece todav\u00eda el alma \u201causencias y perturbaciones y molestias de parte de la porci\u00f3n inferior y del demonio\u201d (14-15,30). No debe olvidarse que, seg\u00fan J. de la Cruz, la etapa del desposorio se caracteriza por un alternarse de gracias divinas y de pruebas purificadoras. Los encuentros y presencias de Dios son transitorios y dejan paso a las ausencias de la noche oscura. Son las \u201cinterpolaciones\u201d de luz y tinieblas de que habla en la <em>Noche<\/em> (2,1,1)<\/p>\n<p>Se prolonga la lucha contra las tendencias del sentido (16,2; 19,1; 20-21 enteras). Persisten las asechanzas del demonio y sus turbaciones (16,2-3); las acometidas de los sentidos interiores y exteriores se refuerzan con la presi\u00f3n de las cuatro pasiones (18 y 20-21). El \u201cganado de apetitillos y gustillos\u201d se resiste a desaparecer (26,18-19) para que \u201ctodo el caudal del alma\u201d sea de Dios (28 entera) y la vida sea \u201cya s\u00f3lo ejercicio de amor\u201d.<\/p>\n<p>Parece claro que en el CB J. de la Cruz coloca la ultima fase de la noche purificadora en el paso del desposorio al matrimonio espiritual. Esto no impide que el alma reciba \u201cmuchas y grandes comunicaciones y visitas y dones y joyas del esposo, bien as\u00ed como desposada\u201d. De este modo se \u201cva enterando y perfeccionando en el amor de \u00e9l\u201d (22,3).<\/p>\n<p>e) El <em>\u201cbeso de la uni\u00f3n\u201d: el matrimonio espiritual<\/em>. Aunque el amor es rec\u00edproco, la iniciativa es siempre de Dios, deseoso de liberar al alma de la sensualidad y del demonio para juntarla consigo en la \u201cdeseada junta y uni\u00f3n\u201d (22,1). Despu\u00e9s de haber sido el alma alg\u00fan tiempo esposa en entero y suave amor con el Hijo de Dios, \u00e9ste la llama \u201cy la mete en este huerto florido a consumar este estado felic\u00edsimo del matrimonio consigo, en que se hace tal junta de las dos naturalezas y tal comunicaci\u00f3n de la divina a la humana, que, no mudando alguna de ellas su ser, cada una parece Dios, aunque en esta vida no puede ser perfectamente\u201d (22,5).<\/p>\n<p>Con una gracia especial, al modo del desposorio, se produce el tr\u00e1nsito al matrimonio espiritual. Dios favorece al alma con \u201cuna soberana merced, recogi\u00e9ndola en lo \u00edntimo de su amor, que es la uni\u00f3n y transformaci\u00f3n\u201d con \u00e9l (26,1). \u201cEs mucho m\u00e1s sin comparaci\u00f3n que el desposorio, porque es una transformaci\u00f3n total en el Amado, en que se entregan ambas las partes por total posesi\u00f3n de la una a la otra\u201d. Piensa J. de la Cruz que esto no sucede \u201csin que est\u00e9 el alma confirmada en gracia, porque se confirma la fe de ambas partes\u201d (22,3).<\/p>\n<p>Entre los rasgos destacados de la vida en el \u201cestado felic\u00edsimo del matrimonio\u201d cabe destacar los siguientes. La uni\u00f3n es estable, aunque no siempre actual en las potencias (26,11). Nada queda ya oculto entre los esposos. Como \u201cel verdadero y entero amor no sabe tener nada encubierto al que ama\u201d, Dios descubre \u201ccon gran facilidad y frecuencia al alma sus maravillosos secretos, como su fiel consorte\u201d. La comunica especialmente \u201cdulces misterios de su Encarnaci\u00f3n, y los modos y maneras de la redenci\u00f3n humana\u201d (23,1).<\/p>\n<p>La \u00a0uni\u00f3n transformante llega a tal punto, que en el alma no hay nada que pueda contrariar a Dios; est\u00e1 tan endiosada que ni siquiera siente primeros movimientos contra \u201clo que es voluntad de Dios, en todo lo que ella puede entender (27,2.7). Ha conseguido tal limpieza, que su situaci\u00f3n es semejante a la de Ad\u00e1n en el para\u00edso, en el estado de inocencia (26,14; cf. 32-34 enteras). La vida es simple ejercicio de amor afectivo y efectivo: \u201cDe manera que ahora sea su trato acerca de lo temporal, ahora sea su ejercicio cerca de lo espiritual, siempre puede decir esta alma que ya s\u00f3lo en amar es su ejercicio\u201d (28,9). Las virtudes est\u00e1n ya en grado tan heroico, que nunca faltan del alma; son como una guirnalda de flores en que se deleita el Amado Esposo (30-32).<\/p>\n<p>f)<em> Igualdad de amor y suspiros de gloria <\/em> de la Cruz lleva hasta sus \u00faltimas consecuencias el principio tantas veces repetido de que \u201cla propiedad del amor es igualar el que ama con la cosa amada\u201d (28,1). El alma hecha esposa del Hijo de Dios en el matrimonio espiritual tiene ya \u201cperfecto amor\u201d, lo cual \u201csignifica igualdad con \u00e9l, en la cual igualdad de amistad todas las cosas son comunes a entrambos\u201d (28,1). La posibilidad de esa \u201cigualdad de amor\u201d radica en que Dios, gracias a la uni\u00f3n transformante, le da al alma \u201csu misma fuerza con que pueda amarle &#8230; haci\u00e9ndolo juntamente con ella\u201d (38,4).<\/p>\n<p>Esa fuerza no es otra que el Esp\u00edritu Santo, con quien unida el alma ama a Dios (39, 1.3-4). De este modo, el alma obra \u201cjuntamente con la Trinidad\u201d, y por consiguiente, ama a Dios con el amor conque \u00e9l se ama (38,3). El alma devuelve as\u00ed al Amado lo que de \u00e9l recibe, pero como si fuera cosa propia, \u201cregraci\u00e1ndole\u201d y \u201crefiri\u00e9ndoselo a las dem\u00e1s almas\u201d: es la \u201creentrega\u201d de su amor (24,1; 25,1).<\/p>\n<p>Mientras dura la peregrinaci\u00f3n terrena siempre puede aumentar y calificarse el amor, pero por mucho que aumente nunca saciar\u00e1 plenamente los deseos del alma esposa. A\u00fan no lo goza \u201cen revelado y manifiesto grado como en la otra vida\u201d (39,4.6), por eso gime en la pac\u00edfica espera \u201cde la manifiesta visi\u00f3n de gloria\u201d (31,6), para \u201cver all\u00e1 cara a cara\u201d a su Amado y \u201centender de ra\u00edz las profundas v\u00edas y misterios eternos de su Encarnaci\u00f3n\u201d (37,1).<\/p>\n<p>Esta apertura escatol\u00f3gica ausente en el CA es propia del CB, pero resulta incorporaci\u00f3n de lo escrito en la a lo largo y ancho de la <em>Llama, <\/em>especialmente en el comentario de los versos \u201cacaba ya si quieres \/ rompe la tela del dulce encuentro\u201d. Reconociendo \u201cque es imposible venir a perfecto amor de Dios, sin perfecta visi\u00f3n de Dios\u201d (28,5), el alma en estado de matrimonio espiritual desea la \u201cclara transformaci\u00f3n de gloria, en que llegar\u00e1 a igualar con el dicho amor\u201d de Dios (38,1).<\/p>\n<p>BIBL. \u2014 EULOGIO PACHO, <em>V\u00e9rtice de la poes\u00eda y de la m\u00edstica: el \u201cC\u00e1ntico espiritual\u201d de san Juan de la Cruz<\/em>, Burgos, Monte Carmelo, 1983; Id. <em>Reto a la cr\u00edtica. Debate hist\u00f3rico sobre el C\u00e1ntico espiritual de S. Juan de la Cruz<\/em>, Burgos, Monte Carmelo, 1988; JOS\u00c9 LUIS MORALES, <em>El C\u00e1ntico espiritual de san Juan de la Cruz: su relaci\u00f3n con el cantar de los Cantares y otras fuentes escritur\u00edsticas y literarias<\/em>, Madrid, EDE, 1971; C. P. THOMPSON, <em>The Poet and the Mystic. A Study of the C\u00e1ntico Espiritual of San Juan de la Cruz<\/em>, Oxford, University Press, 1977, versi\u00f3n espa\u00f1ola, El Escorial, Ed. Swan, 1985.<\/p>\n<p><em>Eulogio Pacho<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(obra) Con este t\u00edtulo es conocida hist\u00f3ricamente la obra m\u00e1s famosa y representativa de Juan de la Cruz; con la que se abre su carrera de escritor y con la que pr\u00e1cticamente se cierra. 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