{"id":3349,"date":"2015-01-23T10:31:01","date_gmt":"2015-01-23T16:31:01","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3349"},"modified":"2021-01-23T10:33:12","modified_gmt":"2021-01-23T16:33:12","slug":"caridad-teologal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3349","title":{"rendered":"Caridad teologal"},"content":{"rendered":"<p>Como no pod\u00eda ser menos, la caridad es tema central en toda la s\u00edntesis sanjuanista, tan reciamente cristiana. No importa que el Santo no lo desarrolle espec\u00edficamente en determinadas p\u00e1ginas; est\u00e1 presente de alguna manera en la mayor\u00eda de ellas. M\u00e1s que disertar sobre el concepto teol\u00f3gico, le interesa analizar el papel decisivo y determinante de la caridad en el proceso espiritual. No deja de ser sintom\u00e1tico que para designar esta realidad b\u00e1sica de la vida teologal prefiera el t\u00e9rmino \u201camor\u201d al de \u201ccaridad\u201d. Acepta, de hecho, la identidad sustancial de ambos vocablos porque asume la doctrina tradicional sobre la virtud teologal de la caridad.<\/p>\n<h3>I. Concepto y papel de la caridad<\/h3>\n<p>La caridad, ante todo, es amor, ya que \u201cnos obliga a amar a Dios sobre todas las cosas\u201d (S 2,6,4). No es un \u201camor-pasi\u00f3n\u201d o un \u201camor-apetito\u201d, sino un \u201camor-personal\u201d, que tiende a la uni\u00f3n con el amado. La caridad es un amor de benevolencia, un amor de amistad. Pero la verdadera amistad es irrealizable sin la experiencia de la caridad teologal. El motivo por el cual se ejerce la caridad para con Dios es su bondad, o Dios en s\u00ed mismo, supremamente amable. \u201cDebe, pues, el hombre gozarse no en si tiene las tales gracias y las ejercita, sino en si &#8230; sirve a Dios en ellas con verdadera caridad\u201d (S 3,30,5). Sin embargo, la bondad de Dios, que motiva nuestro amor hacia \u00e9l, lo hace en cuanto se comunica al hombre, en el cielo por la \u00a0visi\u00f3n beat\u00edficia, y en la tierra por gracia. \u201cCuanto m\u00e1s pura y esmerada est\u00e1 el alma en fe, m\u00e1s tiene la caridad infusa de Dios. Y cuanto m\u00e1s caridad tiene, tanto m\u00e1s la alumbra y comunica los dones del \u00a0Esp\u00edritu Santo, porque la caridad es la causa y el medio por donde se les comunica\u201d (S 2,29,6).<\/p>\n<p>As\u00ed, pues, la caridad asume la forma de amor humano que tiende a la comuni\u00f3n de las personas, se sirve del dinamismo y de los mecanismos propios de la amistad y los act\u00faa a un nivel superior en el plano antropol\u00f3gico y, al mismo tiempo, teologal. Abre al hombre a Dios, en una \u00edntima relaci\u00f3n personal y derriba las barreras que hacen imposible la comuni\u00f3n entre un hombre y otro. \u201cSan Pablo amonestaba a los Efesios que &#8230; estuviesen bien fuertes y arraigados en la caridad &#8230; para saber tambi\u00e9n la supereminente caridad de la ciencia de Cristo, para ser llenos de todo henchimiento de Dios\u201d (CB 36,13).<\/p>\n<p>La caridad tiene encomendadas las funciones m\u00e1s graves y delicadas de la vida humana y espiritual: es la energ\u00eda humana primordial y criterio m\u00e1ximo de madurez personal. Tiene encomendado el primer mandamiento. Es el \u00a0alma de todo el proceso teologal, centrado, de principio a fin, por la uni\u00f3n de amor. No en vano \u201ces la caridad el v\u00ednculo y atadura de la perfecci\u00f3n\u201d (CB 30,9).<\/p>\n<p>La caridad, pues, es la virtud que hace que la voluntad se oriente a Dios, liber\u00e1ndose de la prisi\u00f3n que hacen en ella las \u00a0pasiones (S 3,17,2). Es tambi\u00e9n la virtud que, en el sistema sanjuanista, ha de educar a la voluntad para que se aleje de todo \u00a0apego no conforme a Dios, ya que \u201cel que las manoseare con la voluntad quedar\u00e1 herido de alg\u00fan \u00a0pecado\u201d (S 3,18,1). Por ello, la caridad se convierte en el medio m\u00e1s apropiado para la uni\u00f3n con Dios: \u201cLas obras y milagros sobrenaturales poco o ning\u00fan \u00a0gozo del alma merecen; porque, excluido el segundo provecho, poco o nada le importa al hombre, pues de suyo no son medio para unir el alma con Dios, si no es la caridad\u201d (S 3,30,4). Los provechos que saca el alma de alejarse de todas las pasiones y apetitos, enderezando por la caridad la voluntad a Dios, son decisivos para la uni\u00f3n. De hecho, \u201cel alma &#8230; apartando la voluntad de todos los testimonios y se\u00f1ales aparentes, se ensalza en fe muy pura, la cual le infunde y aumenta Dios &#8230;, y juntamente le aumenta las otras dos virtudes teologales, que son caridad y\u00a0esperanza &#8230; Todo lo cual es un admirable provecho que esencial y derechamente importa para la uni\u00f3n perfecta del alma con Dios\u201d (S 3,32,4). Finalmente, la caridad tiene la misi\u00f3n de ordenar las pasiones de la voluntad para dirigirlas a Dios. No se trata, pues, de eliminar las pasiones. La caridad ha de educar y encaminarlas hacia la uni\u00f3n, de tal modo que sirvan de est\u00edmulo al alma para llegar a la uni\u00f3n perfecta: \u201cDebe, pues, el espiritual, en cualquiera gusto que de parte del sentido se le ofreciere &#8230; aprovecharse de \u00e9l s\u00f3lo para Dios, levantando a \u00e9l el gozo del alma para que su gozo sea \u00fatil y provechoso y perfecto, advirtiendo que todo gozo que no es en \u00a0negaci\u00f3n y aniquilaci\u00f3n de otro cualquiera gozo, aunque sea de cosa al parecer muy levantada, es vano y sin provecho y estorba para la uni\u00f3n de la voluntad en Dios\u201d (S 3,24,7).<\/p>\n<h3>II. Funci\u00f3n purificadora<\/h3>\n<p>En el proceso hacia la uni\u00f3n con Dios se observa una evoluci\u00f3n paralela del comportamiento teologal, en su doble dimensi\u00f3n: purificativa y unitiva, y del comportamiento oracional. La caridad, en la doctrina sanjuanista, aparece \u00edntimamente ligada a la purificaci\u00f3n de la voluntad. Presenta, por eso, el tema de la caridad como elemento \u201cformador-director\u201d de la voluntad. El objetivo del Santo es claro: conducir al alma a la uni\u00f3n con Dios, \u201cpues el intento que llevamos en esta nuestra obra es encaminar el esp\u00edritu por los bienes espirituales hasta la divina uni\u00f3n del alma con Dios\u201d (S 3,33,1). Para ello, ser\u00e1 necesario \u201cpasar la noche\u201d, que consiste en la privaci\u00f3n del gusto en el apetito de todas las cosas (S 1,3,1). Dada la conexi\u00f3n entre las tres potencias del alma, no purificar la voluntad por su virtud, que es la caridad, har\u00eda nula toda la tarea de purificaci\u00f3n llevada a cabo sobre las dem\u00e1s potencias: \u201cSin obras de caridad la fe es muerta\u201d (S 3,16.1). La purificaci\u00f3n de la voluntad es algo que aparece como urgente para la \u00a0uni\u00f3n del alma con Dios. La raz\u00f3n de esta urgencia se halla en que la voluntad es la potencia que gobierna las \u201cpotencias\u201d, los \u00a0apetitos y las pasiones del alma: \u201cLa \u00a0fortaleza del alma consiste en sus potencias, pasiones y apetitos; todo lo cual es gobernado por la voluntad; pues cuando estas potencias, pasiones y apetitos endereza en Dios la voluntad y las desv\u00eda de todo lo que no es Dios, entonces guarda la fortaleza del alma para Dios, y as\u00ed viene a amar a Dios de toda su fortaleza. Y para que esto pueda hacer el alma trataremos aqu\u00ed de purgar la voluntad de todas sus afecciones desordenadas, de donde nacen los apetitos, afectos y operaciones desordenadas, de donde le nace tambi\u00e9n no guardar toda su fuerza para Dios\u201d (S 3,16,1).<\/p>\n<p>Al igual que la fe se encarga de ordenar la potencia del entendimiento y la esperanza educa a la memoria, la virtud teologal que se ocupa de ordenar la voluntad es la caridad. \u201cNo hubi\u00e9ramos hecho nada en purgar al entendimiento para fundarle en la virtud de la fe, y a la memoria en la de la esperanza, si no purg\u00e1semos tambi\u00e9n la voluntad acerca de la tercera virtud que es la caridad, por la cual las obras hechas en fe son vivas y tienen gran valor, y sin ella no valen nada\u201d (S 3,16,1). Con ello J. de la Cruz confirma el valor fundamental de la caridad como norma para una adecuada y recta voluntad seg\u00fan Dios. La fe y la esperanza no ser\u00edan nada sin la caridad, seg\u00fan la ense\u00f1anza paulina. Pero, sin una voluntad recta, ordenada por la caridad, no es tampoco posible una fe y una esperanza verdaderas. Es la caridad la que da viveza y valor a las obras de la fe y de la esperanza. De ah\u00ed que el papel de la virtud teologal de la caridad en la purificaci\u00f3n de la voluntad sea crucial.<\/p>\n<p>Insiste J. de la Cruz en la necesidad de purificar la voluntad para que el alma se vea libre y pueda llegar a la uni\u00f3n. Pues las pasiones \u201cno dejan estar al alma con la tranquilidad y paz que se requiere para la sabidur\u00eda que natural y sobrenaturalmente pueda recibir\u201d (S 3,16,6); porque las pasiones arrastran la voluntad y no la permiten \u201cvolar a la libertad y descanso de la dulce contemplaci\u00f3n y uni\u00f3n\u201d (ib.). Poner el gozo en cualquiera de los bienes temporales, naturales, sensuales, morales, sobrenaturales o espirituales en los que se puede detener produce graves da\u00f1os en este camino. Por ello, es necesario caminar \u201cponiendo la voluntad en raz\u00f3n, para que no, embarazada con ellos, deje de poner la fuerza de su gozo en Dios\u201d (S 3,17,2), ya que \u201cla voluntad no se debe gozar sino s\u00f3lo de aquello que es gloria y honra de Dios\u201d (ib.). Y la mayor gloria y honra que se le puede tributar es siempre la de \u201cservirle seg\u00fan la perfecci\u00f3n evang\u00e9lica\u201d, ya que fuera de ello, todo lo dem\u00e1s \u201ces de ning\u00fan valor y provecho para el hombre\u201d (ib.).<\/p>\n<p>Arrancando de estos principios, J. de la Cruz est\u00e1 en grado de entender y comprender pedag\u00f3gicamente las exigencias del \u00a0camino. Afirma sin rodeos que \u201cel hombre ni se ha de gozar de las riquezas cuando las tiene \u00e9l ni cuando las tiene su hermano, sino si con ellas sirven a Dios. Porque si por alguna v\u00eda se sufre gozarse en ellas, como se han de gozar en las riquezas, en cuanto se expenden y emplean en servicio de Dios; pues de otra manera no sacar\u00e1 de ellas provecho\u201d (S 3,18,3). Para ello necesita \u201cpasar de todo eso\u201d (S 3,41,1)., ya que las pasiones \u201ctanto m\u00e1s reinan en el alma, cuanto la voluntad est\u00e1 menos fuerte en Dios y m\u00e1s pendiente de criaturas\u201d (S 3,16,4). Y ello porque las pasiones \u201chacen al alma todos los vicios e imperfecciones cuando est\u00e1n desenfrenadas\u201d (S 3,16,5). El esfuerzo y el trabajo, pues, han de orientarse a \u201cordenarlas\u201d y \u201ccomponerlas\u201d. Pero no basta hacerlo una a una, ya que dichas pasiones est\u00e1n fuertemente ligadas entre s\u00ed, y si se permite una, inmediatamente brotar\u00e1n las otras. Por ello, \u201ces de saber que, al modo que una de ellas se fuere ordenando y poniendo en raz\u00f3n, de ese mismo modo se pondr\u00e1n todas las dem\u00e1s, porque est\u00e1n tan aunadas y tan hermanadas entre s\u00ed &#8230; que donde actualmente va la una, las otras tambi\u00e9n van virtualmente\u201d (S 3,16,5).<\/p>\n<p>Al exponer c\u00f3mo act\u00faa la caridad sobre la voluntad y c\u00f3mo ha de realizarse \u00a0\u201cla noche y \u00a0desnudez activa de esta potencia, para enterarla y formarla en esta virtud de la caridad de Dios\u201d (S 3,16,1) J. de la Cruz lo reduce todo a ordenarla y ponerla en raz\u00f3n. Y esta ordenaci\u00f3n, por la caridad, consiste o conlleva el poner la fuerza de la voluntad en Dios y apartarla de todas las dem\u00e1s cosas. Porque, y esta es la raz\u00f3n fundamental, poner la fuerza y el gozo de la voluntad en algo que no sea Dios constituir\u00e1 un estorbo para la uni\u00f3n, ya que \u201cla fortaleza del alma consiste en sus potencias, pasiones y apetitos, todo lo cual es gobernado por la voluntad; pues cuando estas potencias, pasiones y apetitos endereza en Dios la voluntad y las desv\u00eda de todo lo que no es Dios, entonces guarda la fortaleza del alma para Dios, y as\u00ed viene a amar a Dios de toda su fortaleza\u201d (S 3,16,2). Pero para esto tendr\u00e1 que \u201cpurgar la voluntad de todas sus afecciones desordenadas, de donde nacen los apetitos, afectos y operaciones desordenadas, de donde le nace tambi\u00e9n no guardar toda su fuerza a Dios\u201d (ib.). El Santo describe bellamente esta funci\u00f3n de la caridad bajo la alegor\u00eda de un \u00a0disfraz. En toda esta \u201caventura\u201d el alma se disfraza tambi\u00e9n \u201ccon una excelente toga colorada, por la cual es denotada la tercera virtud, que es caridad, con la cual &#8230; hace levantar tanto al alma de punto, que la pone cerca de Dios\u201d (N 2,21,10), y \u201chace v\u00e1lidas a las dem\u00e1s virtudes\u201d (ib.), ya que \u201csin caridad ninguna virtud es graciosa delante de Dios\u201d (ib.). La caridad vaciando y aniquilando \u201clas aficiones y apetitos de la voluntad de cualquier cosa que no es Dios\u201d (N 2,21,11), mete al alma \u201cen el arca de su caridad y amor\u201d (CB 14,1), haci\u00e9ndola reclinar \u201cen este \u00a0florido lecho\u201d (CB 26,1) \u201cechando fuera todo temor\u201d (CB 11,10).<\/p>\n<h3>III. Origen y desarrollo de la caridad<\/h3>\n<p>Alude el Santo en estas frases a su forma de presentar la ra\u00edz y el progreso de la caridad. Brota de Dios y vuelve a Dios, ya que en \u00faltima instancia no es otra cosa que participaci\u00f3n de la vida divina. Todo comienza con la mirada graciosa de Dios al alma, \u201cporque mirar Dios es amar Dios\u201d (CB 31,5; 32,3). El efecto de esa mirada se describe as\u00ed: La divinidad \u201cinclin\u00e1ndose al alma con \u00a0misericordia imprime e infunde en ella su amor y \u00a0gracia, con que la hermosea y levanta tanto, que la hace consorte de la misma Divinidad\u201d (CB 32,4). En t\u00e9rminos menos figurativos se afirma: \u201cPoner Dios en el alma su gracia es hacerla digna y capaz de su amor\u201d (CB 32,5). De ah\u00ed la atrevida conclusi\u00f3n del Santo: \u201cPor tanto, amar Dios al alma es meterla en cierta manera en s\u00ed mismo, igual\u00e1ndola consigo, y as\u00ed ama al alma en s\u00ed consigo, con el mismo amor con que \u00e9l se ama. Y por eso en cada obra, por cuanto la hace en Dios, merece el alma el amor de Dios; porque, puesta en esta gracia y alteza, en cada obra merece al mismo Dios\u201d (CB 32,6). Se\u00f1alan estas frases los l\u00edmites extremos de la caridad o amor divino. Arranca de la \u201cmirada graciosa de Dios\u201d y culmina en la \u00a0\u201cigualdad de amor\u201d entre ambos, Dios y el alma.<\/p>\n<p>Desde el comienzo hasta su culminaci\u00f3n recorre un desarrollo ininterrumpido y unitario, aunque conozca en el alma altibajos, ascensos y descensos. Ese crecimiento en la caridad es, ante todo, obra de Dios, ya que es \u00e9l quien la infunde, \u201cla aumenta, y el acto de ella, que es amar m\u00e1s, aunque no se le aumente la noticia\u201d (CB 26,7-8). En la propia correspondencia encuentra el alma el motivo del progreso, ya que Dios no se deja ganar en generosidad. No tiene l\u00edmites su generosidad para engrandecer \u201ca un alma cuando da en agradarse de ella. No hay poderlo ni aun imaginar, porque, en fin, lo hace como Dios, para mostrar qui\u00e9n \u00e9l es. S\u00f3lo se puede dar algo a entender por la condici\u00f3n que Dios tiene de ir dando m\u00e1s al que m\u00e1s tiene, y lo que va dando es multiplicadamente, seg\u00fan la proporci\u00f3n de lo que antes el alma tiene\u201d (CB 33,8).<\/p>\n<p>Aunque alude J. de la Cruz en distintas ocasiones al progresivo crecimiento en el amor divino, no pone inter\u00e9s en seguir las diversas graduatorias propuestas por otros autores espirituales. Recuerda con especial complacencia dos famosas. Al referirse a la gracia m\u00edstica del \u201cmatrimonio espiritual\u201d simbolizado en la \u201cinterior bodega\u201d, asegura que es \u201cel \u00faltimo y m\u00e1s estrecho grado de amor en que el alma puede situarse en esta vida\u201d, lo que equivale a decir \u2013prosigue el Santo\u2013 \u201cque hay otros no tan interiores, que son los grados de amor por do se sube hasta este \u00faltimo\u201d.<\/p>\n<p>A\u00f1ade que son siete, \u201clos cuales se vienen a tener todos cuando se tienen los siete dones del Esp\u00edritu Santo en perfecci\u00f3n\u201d (CB 26,3). En ninguna parte se detiene a describir esta escala de siete pelda\u00f1os. Resume, en cambio, otra de diez grados atribuy\u00e9ndosela a san Bernardo y a santo Tom\u00e1s conjuntamente (N 2,19-20).<\/p>\n<p>Se trata de un par\u00e9ntesis dentro de su exposici\u00f3n, no de un molde al que ajuste la exposici\u00f3n de su pensamiento.<\/p>\n<p>J. de la Cruz no se sujeta a ning\u00fan esquema preestablecido a la hora de describir el crecimiento de la caridad; sabe que es imposible reducirla a esquemas o compartimentos estancos. Prefiere hablar del amor incipiente, del amor impaciente en las primeras estrofas del <em>C\u00e1ntico<\/em>, de la inflamaci\u00f3n de amor necesaria para afrontar la prueba definitiva de la purificaci\u00f3n, en la <em>Noche, <\/em>y de la culminaci\u00f3n o perfecci\u00f3n de la caridad, que cierra el proceso con la igualdad de amor (CB 38,3-4; 39,4). Puesto a ponderar los quilates del amor perfecto en esta vida, J. de la Cruz encuentra insuficiente todo lenguaje. Lo que escribe en la <em>Llama <\/em>le parece p\u00e1lido reflejo de la realidad. El h\u00e1bito de la caridad que \u201cel alma puede tener en esta vida tan perfecto como en la otra, mas no la operaci\u00f3n y fruto\u201d (LlB 1,14). Llegar aqu\u00ed significa tener \u201cvisi\u00f3n de paz\u201d y \u201cperfecci\u00f3n de amor\u201d (LlB 1,16) en \u201cel resplandor del oro que es la caridad\u201d (LlB 4,13), porque el alma ya no busca ni quiere ni \u201cpretende para s\u00ed sus cosas, sino para el Amado\u201d (LlB 1,27), que es lo que \u201chace venir al Esposo corriendo a beber de esta fuente de amor de su Esposa\u201d (CB 13,11). La caridad es la que enlaza perfectamente la existencia terrena y la bienaventuranza.<\/p>\n<p>Por mucho que crezca con el tiempo, siempre puede \u201ccalificarse y sustanciarse mucho m\u00e1s\u201d (LlB pr\u00f3l. 3).<\/p>\n<p>BIBL. \u2014 SECUNDINO CASTRO, \u201cEl amor como apertura trascendental del hombre en san Juan de la Cruz\u201d, en <em>RevEsp <\/em>35 (1976) 431-463; BALDOMERO J. DUQUE, \u201cEl amor divino en san Juan de la Cruz\u201d, en <em>Teolog\u00eda Espiritual <\/em>24 (1980) 399-419; LUCIENMARIE DE ST. JOSEPH, \u201cDynamisme de l\u2019amour\u201d, en <em>EtCarm <\/em>25 (1946) 170-188; JUAN DE JES\u00daS MAR\u00cdA, \u201cLe amar\u00e1 tanto como es amada\u201d, en <em>EphCarm <\/em>6 (1955) 3-103; JOSEP VIVES, <em>Examen de amor. Lectura de san Juan de la Cruz<\/em>, 2\u00aa ed. Bilbao, Descl\u00e9e De Brouwer, 1998; ANDR\u00c9 BORD, <em>Les amours de saint Jean de la Croix<\/em>, Paris, Beauchesne, 1998.<\/p>\n<p><em>Aniano \u00c1lvarez-Su\u00e1rez<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Como no pod\u00eda ser menos, la caridad es tema central en toda la s\u00edntesis sanjuanista, tan reciamente cristiana. 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