{"id":3367,"date":"2015-01-23T10:48:57","date_gmt":"2015-01-23T16:48:57","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3367"},"modified":"2021-01-23T10:50:23","modified_gmt":"2021-01-23T16:50:23","slug":"centro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3367","title":{"rendered":"Centro"},"content":{"rendered":"<p>En el vocabulario sanjuanista el <em>centro <\/em>sustituye a lo que en la tradici\u00f3n m\u00edstica de Occidente, especialmente norte\u00f1a, suele designarse con el t\u00e9rmino \u201chond\u00f3n\u201d, traducido por el Santo habitualmente por \u201cfondo\u201d o \u201cm\u00e1s profundo centro\u201d. Siguiendo las teor\u00edas f\u00edsicas de su tiempo, tal como las hab\u00eda codificado la escol\u00e1stica, el centro se relaciona natural y necesariamente con la \u201cesfera\u201d, y corresponde al punto en el que convergen todos los radios. En la esfera del cosmos todo tiende naturalmente al centro, como la piedra que rueda o el fuego que \u201csiempre sube hacia arriba, con apetito de engolfarse en centro de su esfera\u201d (N 2,20,6).<\/p>\n<p>Estas ideas elementales, trasladadas al \u00e1mbito espiritual, le sirven a J. de la Cruz para ilustrar su doctrina. Arranca de una definici\u00f3n descriptiva del centro: \u201cEn las cosas, aquello llamamos centro m\u00e1s profundo que es a lo que m\u00e1s puede llegar su ser y virtud y la fuerza de su operaci\u00f3n y movimiento, y no puede pasar de all\u00ed\u201d (LlB 1,11). La fuerza y movimiento impulsan naturalmente las cosas hacia el centro, cualquiera que sea su direcci\u00f3n: \u201cAs\u00ed como el fuego o la piedra que tiene virtud y movimiento natural y fuerza para llegar al centro de su esfera, y no pueden pasar de all\u00ed ni dejar de llegar ni estar all\u00ed, si no es por alg\u00fan impedimento contrario o violento\u201d. Prosigue la ejemplificaci\u00f3n con estas observaciones: \u201cSeg\u00fan esto, diremos que la piedra, cuando en alguna manera est\u00e1 dentro de la tierra, aunque no sea en lo m\u00e1s profundo de ella, est\u00e1 en su centro de alguna manera, porque est\u00e1 dentro de la esfera de su centro y actividad y movimiento, pero no diremos que est\u00e1 en el m\u00e1s profundo de ella, que es el medio de la tierra; y as\u00ed siempre le queda virtud y fuerza e inclinaci\u00f3n para bajar y llegar hasta el m\u00e1s \u00faltimo y profundo centro, si se le quita el impedimento de delante, y, cuando llegare y no tuviere de suyo m\u00e1s virtud e inclinaci\u00f3n para m\u00e1s movimiento, diremos que est\u00e1 en el m\u00e1s profundo centro suyo\u201d (LlB 1,11).<\/p>\n<p>Habiendo advertido poco antes el Santo que \u201cel alma, en cuanto esp\u00edritu, no tiene alto ni bajo, ni m\u00e1s profundo, ni menos profundo en su ser, como tienen los cuerpos cuantitativios\u201d (ib. n. 10), se ve obligado a justificar su apelaci\u00f3n a este vocabulario; insiste por ello en la diferencia entre el esp\u00edritu y los cuerpos f\u00edsicos. En el alma no hay partes, \u201cno tiene m\u00e1s diferencia dentro que fuera, que toda ella es de una manera y no tiene centro de hondo y menos hondo cuantitativo; porque no puede estar en una parte m\u00e1s ilustrada que en otra, como los cuerpos f\u00edsicos, sino toda de una manera, en m\u00e1s o en menos, como el aire que todo est\u00e1 de una manera ilustrado y no ilustrado en m\u00e1s o en menos\u201d (LlB 1,10).<\/p>\n<p>La posibilidad de adaptar el l\u00e9xico de la f\u00edsica al esp\u00edritu y la validez del mismo est\u00e1 precisamente en la idea del centro del alma. \u201cEl centro del alma es Dios, al cual cuando ella hubiere llegado, seg\u00fan toda la capacidad de su ser y seg\u00fan la fuerza de su operaci\u00f3n e inclinaci\u00f3n, habr\u00e1 llegado al \u00faltimo y m\u00e1s profundo centro suyo en Dios\u201d (LlB 1,12). Estirando la analog\u00eda con lo que antes dijo del m\u00e1s o menos profundo centro de los cuerpos f\u00edsicos, a\u00f1ade: \u201cCuando no ha llegado a tanto como esto, cual acaece en esta vida mortal (en que no puede el alma llegar a Dios seg\u00fan todas sus fuerzas) aunque est\u00e9 en su centro, que es Dios, por gracia y por comunicaci\u00f3n suya que con ella tiene, por cuanto todav\u00eda tiene movimiento y fuerza para m\u00e1s, no est\u00e1 satisfecha, aunque est\u00e9 en el centro, no empero en el m\u00e1s profundo, pues puede ir todav\u00eda al m\u00e1s profundo de Dios\u201d (ib.). Se repite, en el fondo, la idea agustiniana del \u201camor meus, pondus meus\u201d.<\/p>\n<p>Que mientras peregrina en el mundo, el alma pueda ir siempre m\u00e1s hacia Dios, su centro, se explica precisamente porque nunca se agota esa fuerza y virtud, que es el amor. Lo se\u00f1ala expl\u00edcitamente J. de la Cruz: \u201cEs de notar que el amor es inclinaci\u00f3n del alma y la fuerza y virtud que tiene para ir a Dios, porque mediante el amor se une el alma con Dios, y as\u00ed cuantos m\u00e1s grados de amor tuviere, tanto m\u00e1s profundamente entra en Dios y se concentra con \u00e9l. De donde podemos decir que cuantos grados de amor de Dios el alma puede tener, tantos centros puede tener en Dios, uno m\u00e1s adentro que otro\u201d (ib. 13).<\/p>\n<p>Partiendo de estas ideas fundamentales, J. de la Cruz abunda en aplicaciones espirituales y comparaciones ilustrativas. Una de las m\u00e1s frecuentes es la del amor y el fuego. Asumiendo la tradici\u00f3n que asimilaba ambas cosas, repite el s\u00edmil del fuego, que busca su centro subiendo hacia arriba, como el amor impulsa al alma hacia Dios (N 2,20,6). M\u00e1s gr\u00e1fica es otra comparaci\u00f3n: la de la piedra rodando veloz al centro de la tierra. Cuando el amor del alma es intenso y refinado \u201cest\u00e1 con aquella gran fuerza de deseo abisal por la uni\u00f3n con Dios\u201d. En este trance, \u201ccualquier entretenimiento le es grav\u00edsimo y molesto; bien, as\u00ed como a la piedra, cuando con gran \u00edmpetu y velocidad va llegando hacia su centro, cualquier cosa en que topase y la entretuviese en aquel vac\u00edo le ser\u00eda violenta\u201d (CB 17,1 y 12,1).<\/p>\n<p>Cierta \u201cviolencia\u201d experimenta siempre el alma en esta vida, aunque la llama del amor \u201chiera en su m\u00e1s profundo centro\u201d. Es el \u00a0Esp\u00edritu Santo el que hiere y embiste hasta alcanzar \u201cla sustancia, virtud y fuerza del alma\u201d, pero nunca puede ser \u201ctan sustancial y enteramente como la beat\u00edfica vista de Dios en la otra vida &#8230; pero es tanto mayor y m\u00e1s tierno, cuanto m\u00e1s fuerte y sustancialmente est\u00e1 transformada y reconcentrada en Dios\u201d (LlB 1, 14). Emplea formas similares para expresar la misma idea del Esp\u00edritu Santo embistiendo en la sustancia o en el m\u00e1s profundo centro del alma al hablar del \u201ccauterio suave\u201d, que puede tocar hasta \u201cel centro de la sustancia del alma\u201d (LlB 2,8), y al describir los \u201cresplandores de fuego\u201d, que penetran en las \u201cprofundas cavernas del sentido\u201d. Son movimientos, \u201cvibramientos y llamaradas\u201d que no \u201chace sola el alma transformada en las llamas del Esp\u00edritu Santo, ni las hace s\u00f3lo \u00e9l, sino \u00e9l y el alma juntos\u201d (LlB 3, 10). Estos movimientos semejan a los del aire inflamado que porf\u00eda por penetrar en su propia esfera. \u201cMotivos del Esp\u00edritu Santo, que son eficac\u00edsimos en absorber al alma en mucha gloria\u201d, aunque durante esta vida \u201cno acaba hasta que llegue el tiempo en que salga de la esfera del aire de esta vida de carne y pueda entrar en el centro del esp\u00edritu de la vida perfecta en Cristo\u201d (ib.).<\/p>\n<p>Dif\u00edcilmente podr\u00eda estirarse m\u00e1s la aplicaci\u00f3n metaf\u00f3rica del centro y del movimiento hacia el mismo. J. de la Cruz ha ido m\u00e1s lejos que sus predecesores encari\u00f1ados con los t\u00e9rminos de \u201cfondo\u201d y \u201chond\u00f3n\u201d del alma. A la luz de lo escrito en la <em>Llama<\/em>, es f\u00e1cil comprobar que \u201cel ser \u00edntimo del alma, donde mora el Verbo Hijo de Dios, juntamente con el Padre y el Esp\u00edritu Santo esencial y presencialmente\u201d (CB 1, 6), equivale exactamente al \u201ccentro del alma\u201d. Es el \u201cretrete y escondrijo donde est\u00e1 escondido\u201d (ib. n. 7. 11) y donde ha de buscarle el \u201cbuen enamorado\u201d (ib. 10-12). La doctrina sanjuanista sobre la \u00a0presencia o inhabitaci\u00f3n divina (S 2,5; CB 11,3; LlB 4,3-5) est\u00e1 necesariamente conectada con la idea del centro del alma.<\/p>\n<p>BIBL. \u2014 B. GARC\u00cdA RODR\u00cdGUEZ, \u201cEl fondo del alma\u201d, en <em>Rev. Espa\u00f1ola de Teolog\u00eda <\/em>8 (1948) 7078; JOS\u00c9 LUIS S\u00c1NCHEZ LORA, <em>San Juan de la Cruz en la revoluci\u00f3n copernicana, <\/em>Madrid, EDE, 1992, p. 41-50.<\/p>\n<p><em>Eulogio Pacho<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el vocabulario sanjuanista el centro sustituye a lo que en la tradici\u00f3n m\u00edstica de Occidente, especialmente norte\u00f1a, suele designarse con el t\u00e9rmino \u201chond\u00f3n\u201d, traducido por el Santo habitualmente por \u201cfondo\u201d o \u201cm\u00e1s profundo centro\u201d. 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