{"id":3376,"date":"2015-01-23T10:54:54","date_gmt":"2015-01-23T16:54:54","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3376"},"modified":"2021-01-23T10:56:35","modified_gmt":"2021-01-23T16:56:35","slug":"conocimiento-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3376","title":{"rendered":"Conocimiento"},"content":{"rendered":"<p>Como en tantos otros puntos b\u00e1sicos de su filosof\u00eda, J. de la Cruz sigue la doctrina escol\u00e1stica basada en la teor\u00eda de la abstracci\u00f3n. La da por descontada sin detenerse a explicarla ni exponerla directa y sistem\u00e1ticamente. Es uno de los fundamentos de su sistema de pensamiento, que el lector debe tener siempre presente. Lo afirma expl\u00edcitamente al \u201cdeclarar\u201d el \u201cfin y el estilo que Dios tiene\u201d en comunicarse a las almas. Hay que recordar tres cosas: que \u201clas obras que son hechas, de Dios son ordenadas\u201d; que Dios \u201cdispone todas las cosas con suavidad\u201d; que \u201cDios mueve todas las cosas al modo de ellas\u201d. Siendo esto as\u00ed \u2013a\u00f1ade el Santo\u2013 \u201cest\u00e1 claro que para mover Dios al \u00a0alma y levantarla\u201d a su divina \u00a0uni\u00f3n lo ha de hacer \u201cordenada y suavemente y al modo de la misma alma\u201d (S 2,17,2).<\/p>\n<p>En la explicaci\u00f3n de este \u201cmodo\u201d J. de la Cruz se apela a la mencionada teor\u00eda abstractiva del conocimiento: \u201cComo quiera que el orden que tiene el alma de conocer sea por las formas e im\u00e1genes de las cosas criadas, y el modo de su conocer y saber sea por los sentidos, de aqu\u00ed es que para levantar Dios al alma al sumo conocimiento, para hacerlo suavemente ha de comenzar y tocar desde un fin a otro fin y extremo de los sentidos del alma, para as\u00ed irla llevando al modo de ella hasta el otro fin de su sabidur\u00eda espiritual, que no cae en sentido. Por lo cual, la lleva primero instruyendo por formas e im\u00e1genes y v\u00edas sensibles a su modo de entender, ahora naturales, ahora sobrenaturales, y por discursos, a ese sumo esp\u00edritu de Dios\u201d (S 2,17,3).<\/p>\n<p>En estos principios se basan precisamente los esquemas propuestos para organizar las diversas formas de conocimiento con sus correspondientes aprehensiones, especies, formas, ideas o noticias (t\u00e9rminos sustancialmente id\u00e9nticos en su pluma) en los sentidos exteriores e interiores y en las potencias del alma. Aunque el conocimiento pertenece directamente al entendimiento, en cuanto activo y pasivo o posible (CB 1415-14; 39,14), exige interconexi\u00f3n con las otras potencias, extendiendo el cuadro no\u00e9matico tambi\u00e9n a la memoria y a la voluntad, por lo menos en el plano de la m\u00edstica (S 2,10; 3,2; 3,16, etc.).<\/p>\n<h3>I. Grados y formas<\/h3>\n<p>En su sentido m\u00e1s amplio conocimiento es lo mismo que \u00a0noticia o novedad, que ilumina y enriquece la inteligencia. Conocer es ver con el entendimiento a semejanza de lo que sucede con la vista corporal del ojo; ver claro es lo propio del entendimiento (S 2,26,11), como amar lo es para la voluntad. La correlaci\u00f3n entre conocer y amar, conocimiento y amor, engloba toda la actividad humana. Esta se explicita en dos planos distintos, pero convergentes y complementarios: uno \u00a0natural y otro \u00a0sobrenatural. Sobrenatural para J. de la Cruz es todo aquello que supera la capacidad natural del hombre en todas sus dimensiones y niveles. Para el conocimiento natural \u201cbasta tener el \u00e1nimo libre de las pasiones del alma\u201d (S 2,21,8).<\/p>\n<p>El conocimiento, por raz\u00f3n de su objeto y de su procedencia, es material o espiritual, sensitivo o intelectual. En el vocabulario sanjuanista se contraponen tambi\u00e9n el conocimiento natural y el conocimiento espiritual. Este se toma en doble sentido: como descubrimiento del valor espiritual de las cosas (S 2,26,12) y como \u201cconocimiento de esp\u00edritus\u201d, correspondiente a la categor\u00eda tradicional del \u201cdiscernimiento de esp\u00edritus\u201d, es decir, la gracia \u201cgratis data\u201d o carisma paulino (S 2,26,12.14).<\/p>\n<p>El conocimiento sobrenatural comprende todas las noticias o inteligencias recibidas infusamente de Dios; se compendian, en cierto sentido, en la contemplaci\u00f3n m\u00edstica. Los esquemas generales sobre las \u201caprehensiones sobrenaturales\u201d recogen todas las formas concretas estudiadas anal\u00edticamente por J. de la Cruz (S 2,10; 3,2; 3,16-17). Asumiendo formulaciones de la tradici\u00f3n patr\u00edstica, especialmente agustiniana, distingue dos formas de acceder al conocimiento de Dios y sus misterios: la noticia matutina y esencial, que es conocimiento en el Verbo, y la noticia vespertina, \u201cque es sabidur\u00eda de Dios en sus criaturas y obras y ordenaciones admirables\u201d (CB 36,6; cf. 37,2.4.6-8; 39,2.6). La misma idea, con otras expresiones menos t\u00e9cnicas, aparece en el texto siguiente: \u201cConocer por Dios las criaturas, y no las criaturas por Dios, que es conocer los efectos por su causa y no la causa por los efectos, que es conocimiento trasero, y esotro esencial\u201d (LlB 4,5).<\/p>\n<p>Repetida con insistencia la correlaci\u00f3n entre conocer y amar, conocimiento y amor, J. de la Cruz adopta postura decidida en la vieja discusi\u00f3n sobre la posibilidad de amar sin conocer. En tres ocasiones se plantea el problema resolvi\u00e9ndolo siempre en el mismo sentido. Conoce que hay opiniones contrastantes, pero mantiene firme su tesis: \u201cEs de saber, acerca de lo que algunos dicen que no puede amar la voluntad sino lo que primero entiende el entendimiento, hase de entender naturalmente, porque por v\u00eda natural es imposible amar si no se entiende primero lo que se ama; mas por v\u00eda sobrenatural bien puede Dios infundir amor y aumentarle sin infundir ni aumentar distinta inteligencia\u201d (CB 26,8). Esta tesis formulada ya en la primera redacci\u00f3n del CE (CA 17,6) permanece inalterada en los escritos posteriores (N 2,17,7) hasta en la segunda escritura del CE y de la <em>Llama<\/em>.<\/p>\n<p>El paralelismo con el texto copiado del CB es perfecto, aunque el contexto literario es notablemente diferente: \u201cDir\u00e1s que si el entendimiento no entiende distintamente, la voluntad estar\u00e1 ociosa y no amar\u00e1 &#8230; La raz\u00f3n es porque la voluntad no puede amar si no es lo que entiende el entendimiento. Verdad es esto, mayormente en las operaciones y actos naturales del alma, en que la voluntad no ama sino lo que distintamente entiende el entendimiento, pero en la contemplaci\u00f3n de que vamos hablando, por la cual Dios&#8230; infunde de s\u00ed en el alma, no es menester que haya noticia distinta, ni que el alma haga actos de inteligencia; porque en un acto le est\u00e1 Dios comunicando luz y amor juntamente, que es noticia sobrenatural amorosa, que podemos decir es como luz caliente, que calienta, porque aquella luz juntamente enamora\u201d (LlB 3,49). Es oportuno recordar que la doctrina sobre la \u201cnoticia general confusa y amorosa\u201d es punto clave en la s\u00edntesis sanjuanista.<\/p>\n<h3>II. Plano espiritual: el conocimiento propio<\/h3>\n<p>Lo que interesa a J. de la Cruz en materia de conocimiento no es disertar sobre la problem\u00e1tica filos\u00f3fica del mismo, sino se\u00f1alar pedag\u00f3gicamente lo que representa y vale el \u201cconocimiento de s\u00ed y de las cosas\u201d para ir al conocimiento de Dios. Lo dem\u00e1s es simple soporte explicativo y justificativo. En el \u00e1mbito espiritual, que le es propio, el Santo arranca de la idea agustiniana del conocimiento propio como paso previo al conocimiento de Dios. Una vez que el alma est\u00e1 bien dispuesta para ir a Dios tiene que ahondar \u201cen el conocimiento de s\u00ed, que es lo primero que tiene que hacer para ir al conocimiento de Dios\u201d (CB 4,1). Del conocimiento de s\u00ed, asegura en otra parte, \u201ccomo de fundamento sale esotro conocimiento de Dios, que por eso dec\u00eda san Agust\u00edn a Dios: \u2018Con\u00f3zcame yo, Se\u00f1or a m\u00ed, y conocerte he a ti\u201d (N 1,12,5).<\/p>\n<p>Otro escal\u00f3n o paso sucesivo en el acercamiento a Dios es \u201cla consideraci\u00f3n de las criaturas &#8230; para ir conociendo a Dios, considerando su grandeza y excelencia por ellas\u201d (ib.) . La autoridad paulina (Rom.1,20) le sirve para demostrar c\u00f3mo a trav\u00e9s de la creaci\u00f3n se llega al conocimiento del Creador, confirm\u00e1ndolo de nuevo con la doctrina agustiniana, seg\u00fan la cual \u201cla pregunta que el alma hace a las criaturas es la consideraci\u00f3n que en ellas hace del Criador de ellas\u201d (ib. y toda la canci\u00f3n 4\u00aa).<\/p>\n<p>El autoconocimiento conduce necesariamente a comprender la infinita distancia que separa al hombre de Dios. Solamente el amor puede salvar tal distancia, pero a condici\u00f3n de que supere todo ego\u00edsmo y se vuelva entero en Dios. La correlaci\u00f3n entre el puro amor de Dios y el propio conocimiento queda formulada as\u00ed: \u201cEl estado de perfecci\u00f3n, que consiste en perfecto amor de Dios y desprecio de s\u00ed, no puede estar sino en estas dos partes: que es conocimiento de Dios y de s\u00ed mismo\u201d. Por lo tanto \u2013razona J. de la Cruz\u2013 \u201cde necesidad ha de ser el alma ejercitada primero en el uno y en el otro\u201d (N 2,18,4).<\/p>\n<p>Como quiera que el conocimiento de s\u00ed lleva a la constataci\u00f3n de la propia miseria, afinando la sensibilidad espiritual, por necesidad causa pena, aflicci\u00f3n y tormento, convirti\u00e9ndose en instrumento de purificaci\u00f3n (S pr\u00f3l. 5). Contrario a \u00e9ste es el autoconocimiento superficial, que termina \u201cen propia estimaci\u00f3n y vana presunci\u00f3n\u201d, como acontece en quienes \u201cpiensan que basta cierta manera de conocimiento de su miseria, estando juntamente con esto llenos de oculta estimaci\u00f3n y satisfacci\u00f3n de s\u00ed mismos, agrad\u00e1ndose m\u00e1s de su esp\u00edritu y bienes espirituales que del ajeno, como el fariseo\u201d (S 3,9,2).<\/p>\n<p>El empe\u00f1o activo en el propio conocimiento sirve para purificar la autoestima, pero la catarsis aut\u00e9ntica es m\u00e1s bien fruto de la acci\u00f3n divina. \u201cEste es el primero y principal provecho que causa esta seca y oscura noche de contemplaci\u00f3n: el conocimiento de s\u00ed y de su miseria\u201d (N 1,12,2). Ese radical reconocimiento no se consigue hasta que no llegan las pruebas permitidas o enviadas por Dios. Hasta entonces el hombre no conoce la aut\u00e9ntica verdad de s\u00ed, porque en el tiempo de fiesta, cuando encuentra en Dios \u201cmucho gusto y consuelo y arrimo\u201d, anda muy satisfecho y contento, pareci\u00e9ndole que en algo sirve al Se\u00f1or; \u201cporque esto, aunque entonces expresamente no lo tenga en s\u00ed, a lo menos en la satisfacci\u00f3n que halla en el gusto, se le asienta algo de ello y ya puesta en estotro traje de trabajo, de sequedad y desamparo, oscurecidas sus primeras luces, tiene m\u00e1s de veras \u00e9stas en esta tan excelente y necesaria virtud del conocimiento propio, no se teniendo en nada ni teniendo satisfacci\u00f3n ninguna de s\u00ed; porque ve que de suyo no hace nada ni puede nada\u201d (N 1,12,2).<\/p>\n<p>Con raz\u00f3n afirma J. de la Cruz que los provechos espirituales m\u00e1s exquisitos de la purificaci\u00f3n, \u201ccomo de su fuente y origen del conocimiento propio proceden\u201d (ib). Su acci\u00f3n directa es destruir la soberbia, alumbrando la verdadera humildad (S 2,12,7.8). Todo el proceso cat\u00e1rtico se identifica o concentra, hasta cierto punto, en esa labor de la llama consumiendo cualquier resabio de vanagloria. Hasta llegar a la verdadera uni\u00f3n de amor, cuando esa llama, \u201creficionadora y pac\u00edfica\u201d, es para el alma \u201cconsumidora y arg\u00fcidora, haci\u00e9ndola desfallecer y penar en el conocimiento propio\u201d, porque la \u201cpone miserable y amarga en luz espiritual que le da de propio conocimiento\u201d (LlB 1,19).<\/p>\n<p>En la visi\u00f3n sanjuanista todo est\u00e1 relacionado a la \u201cnoche\u201d como proceso cat\u00e1rtico que culmina en la luz, ya que \u201calumbra Dios al alma, no s\u00f3lo d\u00e1ndole conocimiento de su bajeza y miseria &#8230; sino tambi\u00e9n de la grandeza y excelencia de Dios\u201d (N 1,12,4). Solamente el alma purificada por el propio conocimiento \u201ctendr\u00e1 luz para ver y conocer los bienes de Dios\u201d (N 2,13,10). Advierte el Santo que por muy alto que sea ese conocimiento en esta vida ser\u00e1 muy remoto y lejano en comparaci\u00f3n con el de la otra (CB 1,7.11; 6,5; LlB 4,17).<\/p>\n<p><em>Eulogio Pacho<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Como en tantos otros puntos b\u00e1sicos de su filosof\u00eda, J. de la Cruz sigue la doctrina escol\u00e1stica basada en la teor\u00eda de la abstracci\u00f3n. La da por descontada sin detenerse a explicarla ni exponerla directa y sistem\u00e1ticamente. 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