{"id":3378,"date":"2015-01-23T10:57:06","date_gmt":"2015-01-23T16:57:06","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3378"},"modified":"2021-01-23T10:59:56","modified_gmt":"2021-01-23T16:59:56","slug":"contemplacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3378","title":{"rendered":"Contemplaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>La \u00a0oraci\u00f3n, porque relaci\u00f3n interpersonal Dios-creyente, es esencial, intr\u00ednsecamente din\u00e1mica, proceso e historia. Un proceso y una historia en los que se revela cada vez m\u00e1s la verdad de cada uno de los protagonistas; y, \u00e9sta, al ser m\u00e1s personal en la relaci\u00f3n, es m\u00e1s comuni\u00f3n, m\u00e1s \u201cigualdad de amistad\u201d (CB 28,1). En el lenguaje sanjuanista, la contemplaci\u00f3n, forma de oraci\u00f3n, abarca un largo per\u00edodo: el que va desde el final de la meditaci\u00f3n, propia de los principiantes, hasta la terminaci\u00f3n del proceso espiritual. Una larga jornada, un proceso con sus secuencias bien definidas, aun cuando hay un hilo conductor, tambi\u00e9n bien definido desde el principio. Hay que recorrer ese camino con detenimiento y ojo avizor para que no se nos escape ning\u00fan detalle, siempre iluminador, de este mosaico espiritual que ha creado el Doctor m\u00edstico. Esto es m\u00e1s necesario si se tiene en cuenta que el Santo, no obstante, sus reiteradas promesas (S 2,14,6.14; 24,4), no nos ofrece nunca una exposici\u00f3n directa y sistem\u00e1tica de la contemplaci\u00f3n, de la \u201ccontemplaci\u00f3n oscura y general\u201d (S 2,10,4), de la \u201cnoticia general, confusa, amorosa\u201d (S 3,33,5).<\/p>\n<h3>I. Prenotandos<\/h3>\n<p>Juan de la Cruz se puso a escribir por motivos pastorales, catequ\u00e9ticos si se quiere. Sab\u00eda que hay \u201cmuchas almas\u201d con \u201cmucha necesidad\u201d en este campo, y que, por otra parte, faltaban \u201cgu\u00edas id\u00f3neas y despiertas que las gu\u00eden hasta la cumbre\u201d (S pr\u00f3l 3). Sab\u00eda igualmente que la contemplaci\u00f3n inicial \u201ces com\u00fan y acaece a muchos\u201d (N 1,8,1) \u201ctodos los m\u00e1s entran en ella\u201d (ib. 4). Y, aunque diga que \u201cse hallan m\u00e1s cosas escritas\u201d (ib. 2), y que \u201cno quiere gastar tiempo\u201d en ella (ib. 5), nos ofrece unas preciosas ense\u00f1anzas. A veces parece que le descompone un tanto el panorama desolador que contempla, particularmente debido a la desafortunada actuaci\u00f3n de los \u201cacompa\u00f1antes\u201d que \u201ccrucifican\u201d a quienes est\u00e1n en este trance (S pr\u00f3l. 5).<\/p>\n<p>La necesidad pastoral de iluminar este campo de la vida espiritual se hace a sus ojos urgent\u00edsima, cuando el contemplativo progresa en el \u00a0camino de relaci\u00f3n con \u00a0Dios y se encuentra en una densa, \u201chorrenda y espantosa\u201d noche purificadora, la del esp\u00edritu (N 1,8,2), antesala de la \u201cnoche serena\u201d y del \u201cameno huerto deseado\u201d (CB 22) de la comuni\u00f3n transformante. De esta etapa contemplativa hay \u201cmuy poco lenguaje\u201d, \u201cy aun de experiencia muy poco\u201d (ib.). Manifiesta la urgencia de tratar de \u00e9sta, de la cual, dice, \u201ctenemos grave palabra y doctrina\u201d (N 1,13,3).<\/p>\n<p>La contemplaci\u00f3n es un t\u00e9rmino con \u201cun valor paradigm\u00e1tico\u201d (J. Garc\u00eda, <em>Los procesos del conocimiento en san Juan de la Cruz<\/em>, Salamanca 1992, p. 141), \u201cuno de los puntales del sistema m\u00edstico de san Juan de la Cruz\u201d (ib.), \u201cla palabra con que interpreta la experiencia y la realidad de la noche\u201d, el cambio en el camino espiritual, producido por una acci\u00f3n de Dios con unos efectos que estudiaremos.<\/p>\n<p>El t\u00e9rmino est\u00e1 emparentado con la \u00a0\u201cnoche oscura\u201d, con la \u00a0\u201cm\u00edstica teolog\u00eda\u201d, y, por tanto, con las virtudes teologales que son la estructura b\u00e1sica del sistema espiritual sanjuanista; mejor, y antes, de la vida cristiana en s\u00ed misma. Todo esto ir\u00e1 siendo evocado a su tiempo.<\/p>\n<h3>II. Primera aproximaci\u00f3n a la contemplaci\u00f3n<\/h3>\n<p>Porque la contemplaci\u00f3n cubre un largo espacio de tiempo, necesariamente es una realidad cambiante, viva. Ni es, ni significa en todo el trayecto espiritual lo mismo, ni ser\u00e1 id\u00e9ntica la experiencia del creyente, ni uno mismo el discernimiento ni el comportamiento que ha de tener el orante. Aunque, como acabo de decir, el hilo conductor, o los elementos esenciales aparecen en todas las etapas, sin embargo, hay matices que van apareciendo y que s\u00f3lo se pueden captar en toda su entidad y significaci\u00f3n si se sit\u00faan en el momento preciso del proceso. Por eso, la aproximaci\u00f3n a la contemplaci\u00f3n tiene que ser gradual, progresiva, se\u00f1alando qu\u00e9 es, cu\u00e1l la experiencia, a qu\u00e9 atender en el discernimiento, y qu\u00e9 comportamiento requiere del orante. La adhesi\u00f3n a la traducci\u00f3n que va haciendo el Santo es metodol\u00f3gicamente necesaria para captar su pensamiento. Es lo que intento hacer.<\/p>\n<p>En S2 introduce el discurso de la contemplaci\u00f3n, advirtiendo al lector que habla de quienes \u201chan comenzado a entrar en estado de contemplaci\u00f3n\u201d (6,8), a quienes \u201cDios ha hecho merced de poner en el estado de contemplaci\u00f3n\u201d (7,13). Llama a esta nueva forma de oraci\u00f3n \u201cnoticia general\u201d (14,6; 15, t\u00edt), \u201cnoticia amorosa\u201d (13,7), \u201cnoticia sobrenatural\u201d (15,1), \u201cconfusa, oscura y general&#8230; que es la contemplaci\u00f3n que se da en fe\u201d (10,4).<\/p>\n<p>La contemplaci\u00f3n es \u201cv\u00eda del esp\u00edritu\u201d (S 2,13,5; 14,1; LlB 3,44; N 1,9,9), \u201ctrato m\u00e1s espiritual\u201d (S 2,17,7), \u201clenguaje de Dios al alma de puro esp\u00edritu a esp\u00edritu puro\u201d (17,4). \u201cLa contemplaci\u00f3n pura consiste en recibir\u201d (LlB 3, 36). As\u00ed, reiteradamente, afirma el Santo la pasividad del orante, la acci\u00f3n de Dios que empieza a ser constatable, y el \u201cd\u00f3nde\u201d de esa acci\u00f3n de Dios, o el modo de la misma: en el \u00a0esp\u00edritu y sin la \u00a0mediaci\u00f3n del discurso o de la actividad natural de las potencias del alma. Aunque escriba J. que, como en todas las acciones de la persona muchos actos engendran h\u00e1bito, y que as\u00ed aqu\u00ed \u201cmuchas de estas noticias amorosas &#8230; se hace h\u00e1bito en ella\u201d, inequ\u00edvocamente la contemplaci\u00f3n de la que habla es \u201csobrenatural\u201d, pasiva. \u00a0Sobrenatural es \u201clo que se da al entendimiento sobre su capacidad y habilidad natural\u201d (S 2,10,2) o \u201csin ministerio de los sentidos\u00bb (S 2,16,2). Escribe: \u201cDios comienza a poner en esta noticia sobrenatural\u00bb (S 2,15,1; 17,13; 14,2), \u201cla contemplaci\u00f3n y noticia\u201d que decimos, es \u201cde lo ya recibido y obrado\u201d (2,14,7). Lo mismo apunta cuando identifica contemplaci\u00f3n y <em>teolog\u00eda m\u00edstica<\/em>: \u201cY de aqu\u00ed es que la contemplaci\u00f3n, por la cual el entendimiento tiene m\u00e1s alta noticia de Dios, llaman teolog\u00eda m\u00edstica, que quiere decir sabidur\u00eda de Dios secreta\u201d (S 2,8,6).<\/p>\n<p>De ah\u00ed que diga el Doctor m\u00edstico que \u201cdescansan las potencias y no obran <em>activamente<\/em>, sino <em>pasivamente<\/em>, recibiendo lo que Dios obra en ellas\u201d (S 2,12,8), que las potencias \u201cest\u00e1n actuadas\u201d (2,14,26), que \u201cel alma (est\u00e1) empleada\u201d (2,14,7). Por eso la experiencia del orante de \u201cque no hace nada\u201d (2,14,11.13; 2,15,5), y \u201cque pierde el tiempo\u201d (2,14,4). El maestro carmelita contesta que \u201ccesa la obra de las potencias en <em>actos particulares <\/em>(2,12,6; 15,2); y explica que le parece al \u00a0alma \u201cque no hace nada\u201d porque \u201cno obra con los sentidos y potencias\u201d (2,14,11), esto es, \u201cse pone en un acto general y puro\u201d (2,12,6).<\/p>\n<p>En <em>Llama<\/em>, \u00faltimo texto en que se ocupa J. de esta contemplaci\u00f3n inicial, se explaya m\u00e1s sobre la dimensi\u00f3n pasiva de esta forma de oraci\u00f3n y la experiencia que comporta en el orante, se\u00f1alando tambi\u00e9n que se trata de un comienzo, de los primeros pasos de un camino que supone un corte, una superaci\u00f3n de la manera anterior de relacionarse con Dios.<\/p>\n<p>Atr\u00e1s queda el ejercicio meditativo ya asentado en el orante, ya \u201chabituado a las cosas del esp\u00edritu en alguna manera\u201d (LlB 3,32). Ahora \u201ccomienza Dios &#8230; como dicen a destetar el alma y ponerla en estado de contemplaci\u00f3n &#8230; y pasan su ejercicio al esp\u00edritu, obr\u00e1ndolo Dios en ellos as\u00ed\u201d (ib. y 43). \u201cEs Dios el principal agente\u201d (n. 29) o, simplemente, \u201cs\u00f3lo Dios es el agente\u201d (n. 44), o \u201cel art\u00edfice sobrenatural\u201d (n. 47). En otras ocasiones atribuye al Esp\u00edritu Santo esta acci\u00f3n (n. 46). En todo caso la contemplaci\u00f3n es \u201clenguaje de Dios\u201d (n. 37), en el que \u201csobrenaturalmente\u201d se le comunica (n. 34); \u201cDios lo hace en ella\u201d (n. 46). Distingue: <em>primero <\/em>padeciendo, <em>despu\u00e9s <\/em>en suavidad de amor (n. 34). Esto lo afrontar\u00e1 con m\u00e1s detenimiento en N 2 cuando hable de la \u00a0purificaci\u00f3n pasiva del esp\u00edritu.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n aqu\u00ed en <em>Llama <\/em>presenta esta acci\u00f3n de Dios como \u201cnoticia amorosa\u201d (n. 32), \u201cnoticia sobrenatural amorosa\u201d, o \u201cnoticia general oscura\u201d (n. 49), \u201csin inteligencias <em>distintas<\/em>\u201d (n. 48), \u201csin obrar nada con las potencias, esto es, acerca de actos particulares, no obrando activamente\u201d (S 2,15,2). Frente a la manera \u201cnatural\u201d de conocimiento que se da en la meditaci\u00f3n, que produce \u201cnoticias distintas\u201d, \u201cparticulares\u201d, en la contemplaci\u00f3n \u201cle mudan el caudal al esp\u00edritu\u201d (LlB 3, 32) con una \u201cnoticia general\u201d, es decir, \u201csin su operaci\u00f3n propia\u201d, o sea, natural (n. 38), \u201csin operaci\u00f3n del sentido\u201d, discursiva, plural y sucesiva (n. 54); por lo tanto, \u201csin especificaci\u00f3n de actos\u201d (n. 33), \u201csin ninguna obra ni oficio suyo activo\u201d (CB 39,12). \u201cContemplaci\u00f3n <em>oscura<\/em>\u201d, dir\u00e1 no pocas veces. As\u00ed, por ejemplo, en <em>C\u00e1ntico<\/em>: \u201cEsta noche de la contemplaci\u00f3n\u201d, as\u00ed introduce el sentido del verso \u201cEn la noche serena\u201d. Y contin\u00faa: \u201cLl\u00e1mala noche porque la contemplaci\u00f3n es oscura, que por eso la llama por otro nombre m\u00edstica teolog\u00eda, que quiere decir sabidur\u00eda de Dios secreta o escondida, en la cual, sin ruido de palabras y sin ayuda de alg\u00fan sentido corporal ni espiritual&#8230;, a oscuras de todo sentido y natural, ense\u00f1a Dios ocult\u00edsima y secret\u00edsimamente al alma sin ella saber c\u00f3mo; lo cual algunos espirituales llaman entender no entendiendo\u201d (39,12).<\/p>\n<p>Por esto, la contemplaci\u00f3n inicial es \u201cnovedad insensible\u201d y \u201cno se echa de ver\u201d (S 2,13,7; 14,8), y apenas se experimenta a los principios. Y surge la tentaci\u00f3n de volver atr\u00e1s. Aqu\u00ed tiene su ra\u00edz la inefabilidad. Razona: \u201cPorque, como aquella sabidur\u00eda interior&#8230; no entr\u00f3 al entendimiento envuelta ni paliada con alguna especie o imagen sujeta al sentido, de aqu\u00ed es que el sentido e imaginativa, como no entr\u00f3 por ellas &#8230; no saben dar raz\u00f3n ni imaginarla para decir algo de ella\u201d (N 2,17,3).<\/p>\n<p>El <em>discernimiento <\/em>de este cambio en la relaci\u00f3n con Dios es necesario, y tiene que ejercerse cuidadosa y atentamente. El Santo habla de \u201cse\u00f1ales\u201d. Y anota tres: l\u00aa, imposibilidad de meditar \u201cni gustar en ello como sol\u00eda\u201d (S 13,2; cf 14,1; N 1,9,8; LlB 3,32.36.53); 2\u00aa, tampoco le atraen \u201cotras cosas particulares\u201d (ib. 13,3), \u201cque son de mundo\u201d (ib. 14,5; cf. 2-5; N 1,9,2); 3\u00aa, \u201cgusta de estarse a solas con atenci\u00f3n amorosa a Dios\u201d (ib. 13,4; cf 14, 6-8; N 1,9,6; LlB 3,43.53). Cuando vuelva sobre esto en el libro primero de <em>Noche<\/em>, a\u00f1adir\u00e1 que la persona inmersa en esta purificaci\u00f3n \u2013\u201coscura contemplaci\u00f3n\u201d\u2013 \u201cordinariamente trae la memoria en Dios con solicitud y cuidado penoso, pensando que no sirve a Dios\u201d (N 1,9,3). Adem\u00e1s de estas \u201cse\u00f1ales\u201d, que bien pueden llamarse psicol\u00f3gicas, y que m\u00e1s directamente se refieren al ejercicio del acto de oraci\u00f3n, Juan insistir\u00e1, sobre todo, en el cambio moral que produce la contemplaci\u00f3n, en \u201clos inmensos bienes\u201d que produce en el alma, y de los que hablar\u00e9 m\u00e1s adelante.<\/p>\n<p>El <em>comportamiento <\/em>es tambi\u00e9n cap\u00edtulo muy atendido por el Santo. No pod\u00eda ser de otro modo. El es un acompa\u00f1ante espiritual, un gu\u00eda en los caminos de Dios. Por eso ten\u00eda que prestar la debida atenci\u00f3n a la respuesta que el orante debe dar a esta acci\u00f3n de Dios en su interior, en su esp\u00edritu.<\/p>\n<p>El discurso sobre la \u201cnoticia general amorosa\u201d viene introducido por un principio que se desarrolla y explicita en los consejos de comportamiento que ofrece. Escribe: \u201cCuando un alma se pone m\u00e1s en esp\u00edritu, m\u00e1s cesa en obra de las potencias en actos particulares\u201d (S 2,12,6). Tal vez m\u00e1s sencilla, porque m\u00e1s en consonancia con el pensamiento filos\u00f3fico de occidente, convertido en sentido com\u00fan, es la breve formulaci\u00f3n que encontramos en <em>Llama<\/em>: \u201cConviene que el que recibe, se haya al modo de lo que recibe\u201d (3,34).<\/p>\n<p>En la aplicaci\u00f3n de este principio el Santo abre dos direcciones: negativa y positiva, es decir, lo que ya no tiene que hacer la persona, y lo que s\u00ed debe hacer para adecuar su comportamiento a la gracia que Dios est\u00e1 obrando en ella. Una respuesta a Dios ser\u00e1 buena si parte del conocimiento de la acci\u00f3n o gracia previa de Dios. Pues su voluntad, lo que \u00e9l quiere, es que \u201crespondamos\u201d a la concreta gracia que \u00e9l nos otorga. \u201cSi no conocemos que recibimos\u201d, escribe \u00a0Teresa de Jes\u00fas, \u201cno (nos) despertaremos a amar\u201d (V 10,4). No s\u00f3lo, sino que nuestra respuesta no ser\u00e1 la adecuada.<\/p>\n<p>La palabra de Juan es inequ\u00edvoca, segura y firme: el orante que experimenta esta contemplaci\u00f3n inicial debe conducirse \u201cpor modo totalmente contrario\u201d al que ten\u00eda cuando meditaba (LlB 3,33), \u201cha de mudar estilo y modo de oraci\u00f3n\u201d (n. 57). Apunta de nuevo la raz\u00f3n: pues \u201cle mudan el caudal al esp\u00edritu\u201d (n. 32).<\/p>\n<p>Record\u00e9 con el Santo, al hablar de las \u201cse\u00f1ales\u201d que acompa\u00f1an y revelan el paso a la contemplaci\u00f3n, que el orante \u201cno puede meditar ni discurrir&#8230;, ni gusta de ello como antes sol\u00eda\u201d (S 2,13,2). Su primer consejo, pues, para quien se encuentra en esta situaci\u00f3n es que no medite, que no siga con el discurso meditativo (S 2,15,3), ni \u201cse entremeta en formas, meditaciones e imaginaciones, o alg\u00fan discurso\u201d (n. 5), aunque piense, al \u201cno saber el misterio de aquesta novedad\u201d contemplativa, que \u201ces estarse ocioso y no haciendo nada\u201d (ib. 12,7).<\/p>\n<p>As\u00ed pues, \u201csi antes la daban materia para meditar y meditaba, que ahora antes se la quiten y no medite\u201d (LlB 3,33). Choca con la experiencia de \u201cno poder\u201d y \u201cno gustar\u201d hacer lo que antes hac\u00eda con gusto y provecho. Por eso se le aumenta el malestar y la desaz\u00f3n. Y no s\u00f3lo no consigue ya fruto alguno, sino que impide el que se le est\u00e1 dando. Explica el Santo: \u201cEn cierta manera se le ha dado al alma todo el bien espiritual que hab\u00eda de hallar en las cosas de Dios por v\u00eda de la meditaci\u00f3n y discurso\u201d (S 2,14,1; 12,6; LlB 3,33); ahora \u201cya los bienes no se los dan por el sentido como antes\u201d (LlB 3,33). En este libro abunda en esta direcci\u00f3n: \u201cno aten el sentido corporal ni espiritual a cosa particular interior o exterior\u201d (LlB 3,46), \u201cni se emplee en inteligencias distintas\u201d (n. 48). Se dirige directamente a estas personas: \u201c\u00a1Oh, pues, almas! Cuando Dios os va haciendo tan soberanas mercedes que os lleva por estado de soledad y recogimiento, apart\u00e1ndoos de vuestro trabajoso sentir, no os volv\u00e1is al sentido. Dejad vuestras operaciones, que, si antes os ayudaban &#8230; ahora que os hace ya Dios merced de ser el obrero, os ser\u00e1n obst\u00e1culo grande y embarazo\u201d (n. 65). Y a los acompa\u00f1antes espirituales les dice que ayuden \u201cprocurando aniquilarla (al alma) acerca de sus operaciones y afecciones naturales, con las cuales ella no tiene habilidad ni fuerza para el edificio sobrenatural\u201d (n. 47).<\/p>\n<p>Apunta el Santo un hecho que no se puede olvidar y que abre dos convergentes l\u00edneas de comprensi\u00f3n: primero, que la persona humana es por constituci\u00f3n sensitiva-espiritual en su acceso a la verdad, por lo tanto progresiva; y, segundo, que Dios, activo en su relaci\u00f3n con ella, se atiene a este modo de ser de la persona: \u201cva Dios perfeccionando al hombre al modo del hombre\u201d (S 2,17,4); \u201cla lleva primero instruyendo por formas e im\u00e1genes y v\u00edas sensibles a su modo de entender, ahora naturales, ahora sobrenaturales, y por discursos, a ese sumo esp\u00edritu de Dios\u201d (n. 3), \u201cde grado en grado hasta lo m\u00e1s interior\u201d (n. 4). Y concluye que \u201cas\u00ed, a la medida que va llegando m\u00e1s al esp\u00edritu acerca del trato con Dios, se va m\u00e1s desnudando y vaciando de las v\u00edas del sentido, que son las del discurso y meditaci\u00f3n imaginaria. De donde, cuando llegare perfectamente al trato con Dios de esp\u00edritu, necesariamente ha de haber evacuado todo lo que acerca de Dios pod\u00eda caer en sentido\u201d (n. 5).<\/p>\n<p>De ah\u00ed la cr\u00edtica frecuente a quienes quieren relacionarse \u201csiempre\u201d con Dios a trav\u00e9s de las \u201cformas e im\u00e1genes discursivas\u201d que son propias de la primera etapa espiritual, la meditativa. \u201cNo se est\u00e9n siempre en ellos\u201d \u2013los medios remotos\u2013 (S 2,12,5), \u201cpensando que siempre hab\u00eda de ser as\u00ed\u201d (n. 6); \u201csi el alma se quisiese siempre asir a ellas\u201d \u2013las cosas del sentido\u2013 (S 2,17,6); o cuando se refiere a los espirituales que quieren que \u201csiempre trabaje [el alma] y obre de manera que no d\u00e9 lugar a que Dios obre\u201d (LlB 3,55.58). Por eso el Santo insiste: \u201cha de mudar estilo\u201d (n. 57).<\/p>\n<p>Con m\u00e1s claridad e insistencia todav\u00eda se pronuncia sobre la actitud positiva que debe adoptar el orante, y en la que se le debe acompa\u00f1ar para que no decaiga, no obstante, la experiencia negativa, de inutilidad que le acompa\u00f1a en los primeros compases de este cambio. Escribe: \u201cdesasi\u00e9ndose de los modos y maneras\u201d anteriores, \u201caprenda a estar con atenci\u00f3n y advertencia amorosa a Dios\u201d (S 2,12,8), a \u201candar s\u00f3lo con advertencia amorosa\u201d (LlB 3,33), \u201chabi\u00e9ndose pasivamente\u201d (ib. y 34), \u201cen soledad y ociosidad\u201d (n. 46), \u201cd\u00e9jese en manos de Dios\u201d (n. 67).<\/p>\n<p>Aun cuando admite alguna excepci\u00f3n, por lo dem\u00e1s razonable. En el t\u00edtulo del cap\u00edtulo de S 2, l5 escribi\u00f3: \u201cc\u00f3mo a los que comienzan a entrar en esta noticia general de contemplaci\u00f3n les conviene a veces aprovecharse del discurso natural y obra de potencias naturales\u201d. Y da la raz\u00f3n inmediatamente: \u201cporque a los principios &#8230; ni est\u00e1 tan perfecto el h\u00e1bito de ella [la contemplaci\u00f3n] &#8230; ni, por consiguiente, est\u00e1n tan remotos de la meditaci\u00f3n, que no puedan meditar y discurrir&#8230;\u201d (n. 1). Y precisa que ha de meditar cuando el orante \u201ceche de ver que no est\u00e1 el alma empleada en aquel sosiego y noticia\u201d (ib.). Aunque \u201ccon suavidad de amor\u201d, anota (ib. 12,8).<\/p>\n<p>Porque la comunicaci\u00f3n de Dios no es tan fuerte y continuada, y porque est\u00e1 muy pr\u00f3xima la meditaci\u00f3n, en su \u00faltimo tramo muy gustosa, la tentaci\u00f3n de volver atr\u00e1s es fuerte y frecuente. M\u00e1xime si se tiene en cuenta otro dato aportado por el Santo: \u201ccuando comienza este estado [de contemplaci\u00f3n], casi no se echa de ver esta noticia amorosa\u201d (S 2,13,7). Porque \u201ca los principios suele ser esta noticia amorosa muy sutil y delicada y casi insensible\u201d (ib.; cf. 14,8); y porque ha estado habituada \u201cal ejercicio de la meditaci\u00f3n\u201d (ib. 13,7).<\/p>\n<p>Asegura el Doctor m\u00edstico, sin el m\u00e1s m\u00ednimo asomo de duda, que \u201ccuanto m\u00e1s se fuere habituando el alma en dejarse sosegar, ir\u00e1 siempre creciendo en ella y sinti\u00e9ndose m\u00e1s aquella amorosa noticia general de Dios\u201d (ib.). Se entiende, as\u00ed, el largu\u00edsimo par\u00e9ntesis sobre \u201clos ciegos que la podr\u00edan sacar del camino\u201d de la contemplaci\u00f3n, y que, seg\u00fan \u00e9l son tres: \u201cel maestro espiritual, y el demonio, y ella misma\u201d (LlB 3,29). Pr\u00e1cticamente todo el par\u00e9ntesis (LlB 3, 29-67) se lo lleva el maestro espiritual (30-62, dedicando al demonio tres n\u00fameros (63-65) y dos solamente al alma (66-67).<\/p>\n<h3>III. \u201cNoche de contemplaci\u00f3n\u201d<\/h3>\n<p>Cualquier lector atento de los escritos sanjuanistas advierte pronto que el m\u00edstico carmelita establece un cierto \u201cparalelismo entre noche y contemplaci\u00f3n\u201d1. A la contemplaci\u00f3n, como nota F. Ruiz, \u201cson atribuidos los frutos de transformaci\u00f3n operados y tambi\u00e9n los efectos dolorosos que se experimentan\u201d. Aunque hay que tener en cuenta lo que a\u00f1ade un poco m\u00e1s abajo: \u201cCon ser tan importante esta definici\u00f3n \u2013de la contemplaci\u00f3n\u2013 no hay que identificar contemplaci\u00f3n con noche oscura, pues contemplaci\u00f3n se da tambi\u00e9n en formas que no producen noche\u201d (<em>Obras de san Juan de la Cruz<\/em>, Madrid 1988, p. 431). Los textos son, por su abundancia y claro pronunciamiento, extraordinariamente significativos. Ya en el pr\u00f3logo de <em>Subida <\/em>se refiere en varios pasajes a \u201cesta noche oscura\u201d (3), \u201cal alt\u00edsimo camino de oscura contemplaci\u00f3n\u201d (4), \u201cnoche de contemplaci\u00f3n\u201d (5). Esta identificaci\u00f3n de contemplaci\u00f3n y noche aparece desde la primera p\u00e1gina de los dos libros de <em>Noche<\/em>: \u201ceste salir de s\u00ed y de todas las cosas fue una noche oscura, que aqu\u00ed entiende por la contemplaci\u00f3n purgativa\u201d (N 1, decl 1), \u201cnoche de contemplaci\u00f3n purgativa\u201d (ib. 2), \u201cesta noche, que decimos ser la contemplaci\u00f3n\u201d (N 1, 8,1; N 2,25,2). En <em>C\u00e1ntico <\/em>escribe: \u201cEsta noche es la contemplaci\u00f3n\u201d (39,12), subrayando que es \u201coscura por ser contemplaci\u00f3n\u201d (ib.). La oscuridad es una nota \u00edntimamente unida a contemplaci\u00f3n, afect\u00e1ndola y calific\u00e1ndola intr\u00ednsecamente en un per\u00edodo del camino m\u00edstico, aunque no es coextensiva con ella, pues, aparte de que el Santo habla de \u201ccontemplaci\u00f3n unitiva\u201d (N 2,23,14) y de la \u201csuma contemplaci\u00f3n\u201d (S 2,4, t\u00edt.; CB 13,2), se refiere a la \u201ccontemplaci\u00f3n ya clara y beat\u00edfica\u201d (C 39,13) de los bienaventurados, y a tantos per\u00edodos en los que se experimenta luminosa y sabrosamente. La contemplaci\u00f3n, la acci\u00f3n de Dios, es luz.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n cabe notar la reiterada aproximaci\u00f3n, hasta la identificaci\u00f3n, que establece entre contemplaci\u00f3n y m\u00edstica teolog\u00eda (cf. S 2,86; N 2,5,1; 12,5; 17,2; 20,6; CB 39,12), lo que, adem\u00e1s de se\u00f1alar el aspecto de oscuridad y purificaci\u00f3n, abre y profundiza con m\u00e1s claridad el significado de la contemplaci\u00f3n en la experiencia y en la palabra del Doctor m\u00edstico, como vamos a ver a continuaci\u00f3n. Aunque antes quiero dejar constancia tambi\u00e9n de la frecuente aproximaci\u00f3n entre \u00a0fe y contemplaci\u00f3n, tanto en su dimensi\u00f3n purificativa como unitiva, en su significaci\u00f3n de \u201ccamino\u201d y de culminaci\u00f3n. As\u00ed escribe: \u201cEn deleites de mi pura contemplaci\u00f3n y uni\u00f3n con Dios, la noche de la fe ser\u00e1 mi gu\u00eda\u201d (S 2,3,6). Cuanto en el libro segundo de <em>Subida <\/em>dice de la fe, lo atribuye a la contemplaci\u00f3n en los libros de <em>Noche<\/em>. Muy particularmente los efectos de purificaci\u00f3n y uni\u00f3n de la noticia general amorosa, o ciencia amorosa, con las que presenta la fe y la contemplaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u201cLa contemplaci\u00f3n infusa\u201d (N 1,10,6), o \u201cesta noche oscura es una influencia de Dios en el alma, que la purga de sus ignorancias e imperfecciones habituales, naturales y espirituales, que llaman los contemplativos contemplaci\u00f3n infusa o m\u00edstica teolog\u00eda, en que de secreto ense\u00f1a Dios al alma y la instruye en perfecci\u00f3n de amor, sin ella hacer nada ni entender c\u00f3mo. Esta contemplaci\u00f3n infusa, por cuanto <em>es sabidur\u00eda de Dios amorosa<\/em>, hace dos principales efectos en el alma, porque la dispone purg\u00e1ndola e ilumin\u00e1ndola para la uni\u00f3n de amor con Dios\u201d (N 2,5,1).<\/p>\n<p>Empiezo destacando las palabras en cursiva: \u201csabidur\u00eda de Dios amorosa\u201d: \u201cLa teolog\u00eda m\u00edstica, que es ciencia secreta de Dios, que llaman los espirituales contemplaci\u00f3n, la cual es muy sabrosa, porque es ciencia por amor\u201d (CB 27,5). As\u00ed tambi\u00e9n en N 2,12,4 donde afirma que \u201cnunca da Dios sabidur\u00eda m\u00edstica sin amor, pues el mismo amor la infunde\u201d, que por eso se llama \u201csabidur\u00eda secreta, la cual&#8230; se comunica e infunde en el alma por amor, lo cual acaece secretamente a oscuras de la obra del entendimiento y de las dem\u00e1s potencias\u201d (N 2,17,2).<\/p>\n<p>Tenemos, pues, reafirmado y bien subrayado el elemento no\u00e9tico, cognoscitivo de la contemplaci\u00f3n infusa. La contemplaci\u00f3n \u201ces noticia y amor divino junto, esto es, noticia amorosa\u201d (LlB 3,32; N 2,12,4). \u201cHablando ahora algo m\u00e1s sustancialmente de esta escala de contemplaci\u00f3n, diremos que la propiedad principal por qu\u00e9 aqu\u00ed se llama <em>escala <\/em>es porque la contemplaci\u00f3n es ciencia de amor &#8230; noticia infusa de amor\u201d (N 2,18,5); por ella Dios \u201cle comunica esta ciencia e inteligencia por amor\u201d (CB 27,5). Muy frecuentemente escribe el Santo que Dios instruye al alma \u201cen perfecci\u00f3n de amor\u201d (N 2,5,1), que la ense\u00f1a \u201ca amar pura y libremente sin inter\u00e9s\u201d (CB 38,4). La contemplaci\u00f3n \u2013\u201cabismo de sabidur\u00eda\u201d\u2013, mete al alma \u201cen las venas de la ciencia de amor\u201d (N 2,17,6). El amor es la causa de este conocimiento: \u201cle va el amor ense\u00f1ando lo que merece Dios\u201d (N 2,19,3), \u201cel amor es el maestro\u201d de esta ciencia (CB 27,5). Esta ciencia \u201ces sobrenatural\u201d (CB 26,13.16). Y en ella \u201csiempre puede entrar m\u00e1s adentro\u201d, pues Dios es inmenso (CB 36,10; cf. Po 8).<\/p>\n<p>La contemplaci\u00f3n adentra en el conocimiento de Dios y de s\u00ed mismo. \u201cPara conocer a Dios y a s\u00ed mismo, esta noche oscura es el medio\u201d. Y a\u00f1ade a continuaci\u00f3n \u201caunque no con la plenitud y abundancia que en la otra del esp\u00edritu, porque este conocimiento es como principio de la otra\u201d (N 1,12,6). Conocimiento de la \u201cgrandeza y excelencia de Dios\u201d (N 1,12,4), \u201cde la excelencia de Dios en s\u00ed y en sus criaturas\u201d (CB 15,26), \u201cgrandes y admirables novedades y noticias extra\u00f1as alejadas del conocimiento com\u00fan que el alma ve en Dios\u201d (ib. 8), \u201clevantado (el entendimiento) con extra\u00f1a novedad sobre todo natural entender a luz divina\u201d, \u201ces abismo de noticia de Dios la que posee\u201d (CB 15,24).<\/p>\n<p>Y, al mismo tiempo, conocimiento de s\u00ed. \u201cDe su miseria\u201d, precisa el Santo refiri\u00e9ndose a esta etapa purificadora de la \u201coscura contemplaci\u00f3n\u201d o \u201cnoche\u201d. Conocimiento de su realidad moral, que subraya como experiencia fuerte, envolvente de este per\u00edodo del \u00a0camino espiritual. Con progresiva profundidad en la percepci\u00f3n y en la consiguiente experiencia dolorosa de su situaci\u00f3n personal antes desconocida. Una experiencia que termina con un \u201cantes\u201d en el que ten\u00eda \u201ctan poco conocida su bajeza y miseria\u201d (N 1,6,4), o s\u00f3lo ten\u00eda \u201ccierta manera de conocimiento de su miseria\u201d envuelta \u201cde oculta estimaci\u00f3n y satisfacci\u00f3n de s\u00ed mismo\u201d (S 3,9,2).<\/p>\n<p>Este \u201cconocimiento de s\u00ed y de su miseria\u201d, dice, ya desde el pr\u00f3logo de <em>Subida<\/em>, que es \u201cla mayor pena\u201d que experimenta (5), al mismo tiempo que \u201cel primer provecho\u201d que \u201ccausa esta seca y oscura noche de contemplaci\u00f3n\u201d (N 1,12,2). Subraya que \u201cs\u00f3lo conoce su miseria y la tiene delante de sus ojos\u201d (N 1,12,8; LlB 1,19.23; N 2,6,4; 7,3.7).<\/p>\n<p>Matiza, marcando bien los tiempos y la intensidad de este conocimiento de la propia miseria, que \u201cesta luz divina siempre es luz\u201d, aunque no siempre la experimente as\u00ed \u201cluego que embiste en ella (el alma), como lo hace despu\u00e9s\u201d. Las tinieblas y males son del alma, no de la luz divina \u201cque la alumbra para que lo vea\u201d. \u201cPero con ella no puede ver el alma <em>primero <\/em>sino lo que tiene m\u00e1s cerca de s\u00ed, que son sus tinieblas o miserias\u201d, que \u201c<em>antes <\/em>no las ve\u00eda, porque no daba en ella esta luz sobrenatural\u201d (N 2,13,10; cf. 14,3; LlB1,23).<\/p>\n<p>Siempre a la luz de los \u201cdos contrarios\u201d, afirmar\u00e1 que \u201cconviene mucho y es necesario\u201d que antes de gozar de las \u201cgrandezas de esta noche\u201d, \u201cla aniquile y deshaga <em>primero <\/em>en sus bajezas\u201d (N 2,9,2.4); que \u201cel mismo Dios que quiere entrar en el alma por uni\u00f3n y transformaci\u00f3n de amor es el que <em>antes <\/em>est\u00e1 embistiendo en ella y purg\u00e1ndola\u201d (LlB 1,25). Es una profunda inmersi\u00f3n \u201cen el conocimiento de sus males y miserias\u201d (N 2,5,5), en \u201clas potencias del alma\u201d, en lo profundo de su ser (LlB 1, 20). Bajo la potente luz de la contemplaci\u00f3n el alma \u201cse siente estar deshaciendo y derritiendo\u201d (N 2,6,1). De ah\u00ed arranca el lacerante sentimiento que tienen \u201cpor qu\u00e9 ser aborrecidos y desechados de Dios con mucha raz\u00f3n para siempre\u201d (N 2,7,7; 9,7).<\/p>\n<p>Si el peso del propio conocimiento recae sobre el \u00a0pecado y miseria, no por eso J. de la Cruz deja de insinuar y dejar constancia de que \u201cesta noche\u201d es \u201cencubridora de las esperanzas de la luz del d\u00eda\u201d (N 2,9,8) que si \u201coscurece al esp\u00edritu, es para ilustrarle y darle luz\u201d (ib. t\u00edt), que si sufre es por la \u201cflaqueza e imperfecci\u00f3n que entonces tiene el alma, y disposiciones que en s\u00ed tienen, y contrarios para recibirlos\u201d [los efectos positivos de la contemplaci\u00f3n] (n. 11). Efectos que <em>ya <\/em>produce aunque todav\u00eda no los experimente quien padece esta infusi\u00f3n divina. A intervalos se tendr\u00e1 la experiencia de \u201cabundancia y bonanza\u201d, aut\u00e9ntica \u201cfiesta\u201d de la comuni\u00f3n con Dios (N 2,18,3), pues el \u00a0Esp\u00edritu Santo \u201caspira\u201d por el huerto del alma y hace que \u201ccorran sus olores\u201d de las flores de las virtudes (CB 17,4-7), que preanuncia \u201cla fiesta del Esp\u00edritu\u201d (LlB 1,9) en la que \u201canda interior y exteriormente\u201d el alma \u201cen conocimiento de su feliz estado\u201d (LlB 2,36; cf. CB 39,8-10).<\/p>\n<p>La luz contemplativa da al alma un conocimiento \u201ctambi\u00e9n de la grandeza y excelencia de Dios\u201d, \u201cle va &#8230; instruyendo en su divina sabidur\u00eda\u201d (N 1,12,4) o, en general, como afirma igualmente el Santo en este texto, por la purificaci\u00f3n \u201cqueda limpio y libre el entendimiento para conocer la verdad\u201d. Purificada, la persona reconoce que Dios, mir\u00e1ndola, la ha hecho \u201cagradable a sus ojos, y digna de ser vista\u201d por \u00e9l, y, tambi\u00e9n, que ella \u201cmereci\u00f3\u201d \u201cadorar lo que en ti v\u00edan\u201d: \u201cbeneficios innumerables que de \u00e9l hab\u00eda recibido\u201d, y \u201ca cada paso recibe\u201d (CB 32,7-9). Mirada que lleva al alma a la profundidad de la visi\u00f3n de Dios desbordantemente gratuito, desmedido en sus dones, que contrasta m\u00e1s, si cabe, sobre el trasfondo de su pobreza ontol\u00f3gica y moral: ve \u201cque de su parte ninguna raz\u00f3n hay ni la puede haber para que Dios la mirase y engrandeciese, sino s\u00f3lo de parte de Dios, y \u00e9sta es su bella gracia y mera voluntad\u201d. Por eso, se atribuye \u201ca s\u00ed su miseria y al Amado todos los bienes que posee\u201d (CB 33,2).<\/p>\n<h3>IV. Discernimiento<\/h3>\n<p>Justamente sobre esta l\u00ednea del don de Dios que hace posible el amor a Dios y del centramiento en \u00e9l que va operando la contemplaci\u00f3n abundar\u00e1 J. de la Cruz para discernir la \u00a0\u201cgracia\u201d que es esta realidad y esta experiencia purificadora. Puede servirnos de gu\u00eda la afirmaci\u00f3n gen\u00e9rica que avanza apenas ha empezado a mostrar la situaci\u00f3n moral de la persona que ha entrado en la primera noche purificadora, la del sentido. Escribe: \u201cCuando el alma entrare en la noche oscura, todos estos amores pone en raz\u00f3n\u201d (N 1,4,8). En este amor que la contemplaci\u00f3n purificadora \u201cpone en raz\u00f3n\u201d insiste el Santo para discernir la verdad y el alcance del cambio interior que empieza a producirse con la primera forma de purificaci\u00f3n pasiva, la del \u201csentido\u201d.<\/p>\n<p>He recordado anteriormente que la contemplaci\u00f3n, desde la inicial hasta su culminaci\u00f3n, es una acci\u00f3n de Dios, contemplaci\u00f3n \u201cinfusa\u201d. Si es de Dios, y Dios es amor, tiene que ser comunicadora de bienes, del gran bien del amor de Dios que, por la respuesta fiel de la persona, se convertir\u00e1 en amor a Dios. Y ya record\u00e9 tambi\u00e9n que en la contemplaci\u00f3n \u201cmuda Dios los bienes y fuerza del sentido al esp\u00edritu\u201d (N 1,9,4). Y que este cambio es \u201cla causa de la sequedad\u201d que experimenta quien padece esta acci\u00f3n de Dios (ib.). Una sequedad que, si proviene de Dios, \u201ctiene consigo ordinaria solicitud con cuidado y pena &#8230; de que no sirve a Dios\u201d. A\u00f1ade a continuaci\u00f3n una aclaraci\u00f3n que resalta m\u00e1s la verdad de la nueva experiencia de sequedad: \u201cY \u00e9sta, aunque algunas veces sea ayudada de la melancol\u00eda u otro humor, como muchas veces lo es, no por eso deja de hacer su efecto purgativo del apetito &#8230; aunque la parte sensitiva est\u00e1 muy ca\u00edda y floja y flaca para obrar por el poco gusto que halla, el esp\u00edritu, empero, est\u00e1 pronto y fuerte\u201d (N 1,9,3). Vuelve sobre esto en los n\u00fameros siguientes reafirmando que \u201cel esp\u00edritu que recibe el manjar anda fuerte y m\u00e1s alerto y sol\u00edcito que antes\u201d (4); \u201cel esp\u00edritu &#8230; siente la fortaleza y br\u00edo para obrar en la sustancia que le da el manjar interior\u201d (6). Es el efecto de la contemplaci\u00f3n que, \u201chabiendo purgado algo el sentido&#8230;, va ya encendiendo en el esp\u00edritu este amor divino\u201d (ib. 11,2). La contemplaci\u00f3n purgativa le afina el amor, se lo gratuiza, hace \u201cal alma andar con pureza en el amor de Dios, pues ya no se mueve a obrar por el gusto y sabor de la obra &#8230; sino s\u00f3lo por dar gusto a Dios (N 1,13,12.5). \u201cEs tan grande el amor de estimaci\u00f3n que tiene a Dios, aunque a oscuras sin sentirlo ella, que no s\u00f3lo eso, sino que se holgar\u00eda de morir muchas veces por satisfacerle\u201d (N 2,13,5).<\/p>\n<p>Insiste en <em>Subida<\/em>, siempre con el mismo estribillo: \u201cSin saber el alma c\u00f3mo ni de d\u00f3nde le viene\u201d, crece el amor, aqu\u00ed, en este contexto, vinculado a la fe, y no a la contemplaci\u00f3n como sucede en <em>Noche<\/em>: \u201cPorque, aunque es verdad que la memoria de ellas (las gracias m\u00edsticas) incita al alma a alg\u00fan amor de Dios y contemplaci\u00f3n, pero mucho m\u00e1s incita y levanta la pura fe y desnudez a oscuras de todo eso\u201d (2,24,8). Se arraiga m\u00e1s la fe y, por tanto, el amor y la esperanza. Amor no percibido, pero real y m\u00e1s fuerte y limpio que antes: \u201cPero este amor algunas veces no lo comprende la persona ni lo siente, porque no tiene este amor su asiento en el sentido con ternura, sino en el alma con fortaleza y m\u00e1s \u00e1nimo y osad\u00eda que antes\u201d (ib. 9; cf 26,7; 29,5-6). Un extraordinario y espl\u00e9ndido cap\u00edtulo dedica a este amor, fruto de la contemplaci\u00f3n, con el siguiente t\u00edtulo: \u201cC\u00f3mo el alma, por fruto de estos rigurosos aprietos, se halla con vehemente amor\u201d (N 2,11). De este amor, o \u201cinflamaci\u00f3n de amor\u201d dice que es \u201cmuy diferente\u201d de la que se produjo en la contemplaci\u00f3n inicial o noche pasiva del sentido (n. 1), \u201cdiferent\u00edsima\u201d (ib. 13,4). Escribe que en \u201cesta inflamaci\u00f3n de amor en el esp\u00edritu&#8230;, Dios tiene recogidas todas las fuerzas, potencias y apetitos del alma, as\u00ed espirituales como sensitivas &#8230; no desechando nada del hombre ni excluyendo cosa suya de este amor\u201d (N 2, 11,4).<\/p>\n<p>En general, el Santo habla de \u201cinnumerables bienes\u201d, de \u201ctantos bienes\u201d (N 1,11,4), de \u201cestos provechos &#8230; y otros innumerables\u201d (ib. 13,10), de \u201csabrosos efectos\u201d (N 2,13,1), de \u201cbienes &#8230; inestimables\u201d (LlB 3, 40.39.56). Tanto en N 1,11-13, como en N 2, 11-25 habla de los frutos y propiedades dichosas de la contemplaci\u00f3n. Siempre guiado por un principio que enuncia as\u00ed: en la medida que se opera la purificaci\u00f3n de todos sus \u201cmiserias y males\u201d, el contemplativo \u201ctendr\u00e1 ojos para que esta luz le muestre los bienes de la luz divina\u201d (N 2,13,10).<\/p>\n<h3>V. Comportamiento<\/h3>\n<p>Frecuentemente J. de la Cruz dice que la entrada en la noche oscura de la contemplaci\u00f3n comporta la experiencia de una \u201cgran novedad\u201d (N 1,8,3); y que esta \u201cnovedad del trueque\u201d, unida al h\u00e1bito gustoso de la forma oracional anterior (ib. 9,4), alimenta la tentaci\u00f3n de volver atr\u00e1s (ib. 10,2) pensando que \u201cno hace nada\u201d (Ib. 10,1) y que \u201cpierde el tiempo\u201d (n. 5).<\/p>\n<p>Aparte cuanto he dicho m\u00e1s arriba sobre el comportamiento en el acto de la contemplaci\u00f3n, aqu\u00ed me limitar\u00e9 a recordar la llamada del Santo a \u201cperseverar con paciencia y humildad\u201d (N 1,6,6; 10,3; 13,5), \u201ccon grande constancia y paciencia\u201d (LlB 2,30), \u201ccon mayor constancia y fortaleza\u201d para ir adelante no sucumbiendo ni hurtando el cuerpo \u201ca los primeros trabajos y mortificaciones\u201d (LlB 2,27). \u201cSufriendo con paciencia su purgaci\u00f3n\u201d que comporta la experiencia m\u00e1s humillante de impotencia para hacer nada, pues \u201cni puede levantar afecto ni mente a Dios, ni le puede rogar\u201d (N 2,8,1), y la m\u00e1s sola soledad de todos: \u201cning\u00fan medio ni remedio le sirve ni aprovecha para su dolor\u201d (N 2,7,3).<\/p>\n<h3>VI. Contemplaci\u00f3n: encuentro interpersonal<\/h3>\n<p>La realidad se impone a las sospechas siempre amenazantes tambi\u00e9n en el campo de la contemplaci\u00f3n. La realidad en la experiencia y palabra del Doctor m\u00edstico es que la contemplaci\u00f3n es un encuentro de personas, Dios y el creyente, y la sospecha recae sobre el posible platonismo que se cierne sobre la contemplaci\u00f3n sanjuanista.<\/p>\n<p>El Santo sentenci\u00f3 que la persona no ha de llevar \u201cotro arrimo a la oraci\u00f3n sino la fe y la esperanza y la caridad\u201d (Av 118). Es la respuesta de quien sabe que la fe, don de Dios, \u201cen s\u00ed encierra y encubre la figura y hermosura del Amado\u201d (CB 12,1), o que \u201cDios es la sustancia de la fe\u201d (CB 1,10). La oraci\u00f3n es respuesta de comuni\u00f3n a quien en la fe se nos ofrece y nos llama a su compa\u00f1\u00eda. En dos versos gr\u00e1vidos ha expresado J. su experiencia y comprensi\u00f3n de la contemplaci\u00f3n. Concluye la sexta estrofa del poema de la <em>Noche <\/em>diciendo: \u201cEn mi pecho florido, \/que entero para \u00e9l solo se guardaba. Y en la d\u00e9cima del <em>C\u00e1ntico <\/em>escribi\u00f3 con pasi\u00f3n de enamorado: \u201cY v\u00e9ante mis ojos, \/ pues eres lumbre dellos, \/ y s\u00f3lo para ti quiero tenellos. A estos textos puede a\u00f1adirse los versos y comentario de la canci\u00f3n 27 de <em>C\u00e1ntico<\/em>, en donde habla de la entrega mutua, \u201c\u00e9l a ella &#8230; y ella a \u00e9l, entreg\u00e1ndose ya toda de hecho, sin ya reservar nada para s\u00ed ni para otro\u201d (3).<\/p>\n<p>La contemplaci\u00f3n es concentraci\u00f3n amorosa mutua, encuentro de dos que se buscan: \u201cSi el alma busca a Dios mucho m\u00e1s la busca su Amado a ella\u201d (LlB 3,28); comuni\u00f3n de vida, movimiento de la persona a la Persona. Dej\u00f3 bien formulada esta realidad en la carta a una carmelita descalza: \u201cLa quiere el Se\u00f1or, porque la quiere bien, bien sola, con gana de hacerle \u00e9l toda compa\u00f1\u00eda. Y ser\u00e1 menester que advierta en poner \u00e1nimo en contentarse s\u00f3lo con ella\u201d (Ct a Leonor de san Gabriel: 8.7.1589).<\/p>\n<p>BIBL. \u2014 ANTONIO QUERALT, \u201cMeditazione e contemplazione: Ignazio di Loyola e Giovanni della Croce. Due pedagogie spirituali\u201d, en AA. VV., <em>Dottore mistico. San Giovanni della Croce. Simposio nel IV Centenario della sua morte<\/em>, Roma, Teresianum, 1992, 235-281; JOAQUIN GARCIA PALACIOS, <em>Los procesos de conocimiento en San Juan de la Cruz<\/em>, Ed. Universidad Pontificia de Salamanca, Salamanca, 1992; MAXIMILIANO HERRAIZ, \u201cContemplazione<em>\u201d<\/em>, en <em>Dizionario di Mistica<\/em>, Libreria Editrice Vaticana, 1998, p. 345-348. Id. <em>Espiritualidad y contemplaci\u00f3n<\/em>, SM, Madrid, 1994; Id. \u201cLa oraci\u00f3n, experiencia teologal<em>\u201d<\/em>, en AA. VV. <em>Experiencia y pensamiento en San Juan de la Cruz<\/em>, EDE, Madrid 1990, p. 195-223.<\/p>\n<p><em>Maximiliano Herr\u00e1iz<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La \u00a0oraci\u00f3n, porque relaci\u00f3n interpersonal Dios-creyente, es esencial, intr\u00ednsecamente din\u00e1mica, proceso e historia. 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