{"id":3389,"date":"2020-01-24T10:07:49","date_gmt":"2020-01-24T16:07:49","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3389"},"modified":"2021-01-24T10:10:27","modified_gmt":"2021-01-24T16:10:27","slug":"desierto-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3389","title":{"rendered":"Desierto"},"content":{"rendered":"<p>No extra\u00f1a nada encontrar un elogio del desierto en Juan de la Cruz. Se le identifica f\u00e1cilmente con ese paradigma. Podemos partir de esa preferencia biogr\u00e1ficamente bien comprobada: \u201cAll\u00ed [en una carta anterior] dec\u00eda c\u00f3mo me hab\u00eda querido quedar en este desierto de \u00a0La Pe\u00f1uela, seis leguas m\u00e1s ac\u00e1 de \u00a0Baeza, donde habr\u00e1 nueve d\u00edas que llegu\u00e9. Y me hallo muy bien, gloria al Se\u00f1or, y estoy bueno; que la anchura del desierto ayuda mucho al \u00a0alma y al cuerpo, aunque el alma muy pobre anda. Debe querer el Se\u00f1or que el alma tambi\u00e9n tenga su desierto espiritual. Sea muy enhorabuena como \u00e9l m\u00e1s fuere servido; que ya sabe Su Majestad lo que somos de nuestro. No s\u00e9 lo que me durar\u00e1&#8230; Sea lo que fuere, que en tanto, bien me hallo sin saber nada, y el ejercicio del desierto es admirable\u201d (Ct. 28). Desierto f\u00edsico y desierto espiritual se juntan en esta ultima vivencia de un valor que le acompa\u00f1\u00f3 siempre con su ambig\u00fcedad.<\/p>\n<h3>I. Programa e ideal de vida<\/h3>\n<p>El desierto ha sido en J. pr\u00e1ctica, programa e ideal; fue parte de su agenda y estrategia de reforma. Parte s\u00f3lo, pues otra parte es la presencia en la ciudad. Cuando en su obra reformadora, bajo el influjo ideal de los descalzos franciscanos, sobre todo, busca marcar su nuevo territorio, su pol\u00edtica de fundaciones, de presencias y ausencias intentadas, evitadas o buscadas, ser\u00e1 preferida, idealmente al menos, la huida al desierto, la fuga a las soledades. No es el desierto de los arenales y las dunas, no es la Cartuja lo que realizar\u00e1 efectivamente J. Su doctrina sobre el desierto es solo la espiritualizaci\u00f3n de la tensi\u00f3n erem\u00edtica que habita en todo carmelita y tira de \u00e9l desde la Regla primitiva hacia los espacios de la soledad, el silencio y el <em>vacare Deo<\/em>. Hacia la \u00fanica cosa necesaria (C 29,1). El grupo inicial con J. a la cabeza parte hacia el desierto con un fuerte componente contemplativo agregado por los ideales de \u00a0S. Teresa. Busca refugio y primera realizaci\u00f3n en \u00a0Duruelo; esta preferencia rural frente a lo urbano no es del todo desagradable a la Madre, pero ante todo por su valor apost\u00f3lico m\u00e1s que por su nota erem\u00edtica. \u201cIban a predicar a muchos lugares que est\u00e1n por all\u00ed comarcanos sin ninguna doctrina, que por esto tambi\u00e9n me holgu\u00e9 se hiciese all\u00ed la casa\u201d (F 14, 8). De hecho, en la vida de J. de la Cruz el impulso hacia el desierto f\u00edsico es evidente.<\/p>\n<p>Ya se ha observado c\u00f3mo traza su recta l\u00ednea vital y vocacional saltando en zigzag desde los espacios atareados y poblados de la ciudad al desierto, desde per\u00edodos de afanosa actividad pastoral, apost\u00f3lica y cient\u00edfica hacia los espacios de la soledad y retiro m\u00e1s estricto. Entre estos dos polos de atracci\u00f3n marca su rumbo, la br\u00fajula lleva siempre el camino de su vocaci\u00f3n descalza y contemplativa. De la posibilidad de hacer carrera human\u00edstica o eclesi\u00e1stica en \u00a0Medina (ruido) al noviciado de los carmelitas (desierto y soledad); de los estudios salmantinos y sus posibles ascensos (ruido) a la soledad de Duruelo (desierto); de ah\u00ed a la populosa \u00a0Alcal\u00e1 (ciudad), de all\u00ed a la Encarnaci\u00f3n (ciudad), a la c\u00e1rcel (desierto), al \u00a0Calvario (desierto) a \u00a0Baeza (ciudad), a \u00a0Granada (ciudad). Y de all\u00ed por fin a \u00a0Segovia (desierto-ciudad) y a La Pe\u00f1uela \u00faltimo desierto, primera isla en que \u201cse apareja ya para subir por el desierto de la muerte\u201d (C 40, 2) hacia el para\u00edso m\u00e1s acompa\u00f1ado y poblado. <em>Ubi Iesus ibi coelum<\/em>. Los polos de atracci\u00f3n han mantenido su im\u00e1n orientando a J. que ha trazado su rumbo, entre lo dado y lo creado por \u00e9l, recto y fijo hacia lo absoluto, hacia el futuro.<\/p>\n<h3>II. Emblema de doctrina<\/h3>\n<p>Desierto es uno de los lemas de su doctrina, un emblema que condensa y simboliza un conjunto de ideales, aspiraciones y experiencias que superan la mera misantrop\u00eda o el deseo de aislamiento y soledad que puede caber en el eremitismo. J. de la Cruz no es eremita. Su desierto como la noche, la \u00a0soledad, la \u00a0sequedad, la desnudez, la descalces, el vac\u00edo, la pobreza es un emblema m\u00edstico de curso corriente en su \u00e9poca y en su doctrina. Lo recibe acu\u00f1ado y lo usa con nuevos valores y m\u00e1s brillo gracias a sus propios y po\u00e9ticos contextos.<\/p>\n<p>De ser una experiencia que ha vivido y saboreado ha pasado a ser una clave en su experiencia vital y en su mensaje doctrinal. Lo que eran inicialmente vivencias, a\u00f1oranzas y nostalgias de hombre ocupado y lleno de proyectos y tareas de gobierno vino a ser al fin un valor religioso que juega un importante papel en su aventura vital, po\u00e9tica y doctrinal de uni\u00f3n con Dios. No est\u00e1 lejos de la tradici\u00f3n el uso que hace de este s\u00edmbolo religioso.<\/p>\n<p>Naturalmente su germen est\u00e1 en el libro del \u00c9xodo. Desde all\u00ed lo transporta a sus libros y doctrinas ya cargado de valencias y evocaciones religiosas. En varias ocasiones hace la referencia aleg\u00f3rica o relectura intimista y espiritual de la espiritualidad del Desierto. Entra sin ninguna violencia en su sistema y experiencia.<\/p>\n<p>Su ense\u00f1anza y su cr\u00edtica de las formas, mediaciones, espacios y gestos de la oraci\u00f3n y la religiosidad popular llevan ya expl\u00edcitamente este componente biogr\u00e1fico de sus preferencias y aprecio por el desierto como realidad f\u00edsica apta o adaptada a las necesidades de la comuni\u00f3n teologal que quiere ense\u00f1ar; antes de ser una actitud moral que se puede ejercitar y practicar en todo lugar, el sujeto que busca la uni\u00f3n con Dios puede empezar traslad\u00e1ndose en busca de la belleza natural o mejor a\u00fan ir buscando el desierto en el desierto \u201cpues as\u00ed lo hac\u00edan los anacoretas y otros santos ermita\u00f1os que en los anch\u00edsimos y gracios\u00edsimos desiertos escog\u00edan el menor lugar que les pod\u00eda bastar, edificando estrech\u00edsimas celdas y cuevas y encerr\u00e1ndose all\u00ed\u201d (S 3,42,2).<\/p>\n<p>Y en ancho desierto, estrecha \u00a0celda, Dios no est\u00e1 atado a lugar alguno, pero la \u00a0belleza, la \u00a0memoria de experiencias sentidas y de gracias recibidas en determinados sitios, la condici\u00f3n encarnada del hombre hace que nosotros necesitemos distinguir unos de otros y que por tanto nos podamos ayudar de los lugares retirados; pero es la voluntad la que hace desierto de todo lugar, de cualquier espacio lugar de comuni\u00f3n. Desde cualquier sitio se llega a la tierra santa del encuentro en esp\u00edritu y verdad (S 3,40,1; 42,3-5). Sin la voluntad educada e informada por el amor todo lugar es pagano; la voluntad es el poder que hace decente todo lugar corporal. Cualquier lugar vale: \u201cNo me da m\u00e1s esos desiertos que otros cualesquiera\u201d (S 3 42,3) para el encuentro de fe y amor con el omnipresente amor y palabra de Dios.<\/p>\n<p>Si alg\u00fan espacio hubiese que privilegiar es el preferido por la pr\u00e1ctica del Maestro de toda oraci\u00f3n: \u201cEl escondrijo de nuestro retrete, donde sin bullicio y sin dar cuenta a nadie lo podemos hacer con m\u00e1s entero y puro coraz\u00f3n&#8230; o si no en los desiertos solitarios como \u00e9l lo hac\u00eda y en el mejor y m\u00e1s quieto tiempo de la noche\u201d (S 3,44,4).<\/p>\n<h3>III. Paradigma espiritual<\/h3>\n<p>Pero adem\u00e1s y despu\u00e9s de ser un ejercicio corporal de retraimiento o mental de recogimiento que hay que aprender, el desierto es un paradigma espiritual que resume perfectamente las etapas del proceso de crecimiento cristiano que J. de la Cruz describe: llamada de Dios, salida (\u00e9xodo) en b\u00fasqueda de la libertad (S 1), aprendizaje de la soledad como libertad del coraz\u00f3n y la mente (S 2-3), noche y desierto como prueba de resistencia y de fidelidad (N 1 y 2), como espacio de renovaci\u00f3n de la alianza (CB 1-3) y lugar de purificaci\u00f3n del amor para ser al fin tambi\u00e9n espacio de la soledad, del secreto y de la intimidad de los amantes (CB 13-22) y escondrijo de la exclusividad, la totalidad y la intimidad del amor m\u00edstico (CB 23-40). En <em>Llama <\/em>(3,38) se hace una r\u00e1pida lectura aleg\u00f3rica de toda la historia esquem\u00e1tica del \u00c9xodo trasponi\u00e9ndola a su propia aventura espiritual y a su experiencia m\u00edstica en general. Las equivalencias que importan son el hijo de Dios, es el pueblo de Israel, es el alma que sale de la esclavitud (la etapa del sentido) y entra por el desierto en la tierra prometida. \u201cPon, recomienda al maestro, el alma en paz, sac\u00e1ndola y libert\u00e1ndola del yugo y servidumbre de la flaca operaci\u00f3n de su capacidad, que es el cautiverio de Egipto, donde todo es poco m\u00e1s que juntar pajas para cocer tierra (Ex 1,14; 5,7-19), y gu\u00edala, \u00a1oh maestro espiritual!, a la tierra de promisi\u00f3n que mana leche y miel (Ex 3,8.17), y mira que para esa libertad y ociosidad santa de hijos de Dios ll\u00e1mala Dios al desierto, en el cual ande vestida de fiesta y con joyas de oro y plata ataviada (Ex 32,2-3), habiendo ya dejado a Egipto, dej\u00e1ndolos vac\u00edos de sus riquezas, que es la parte sensitiva\u201d. Para J. de la Cruz se puede decir que la tierra prometida es el desierto, esa es su patria y promesa, esa soledad y santa ociosidad es la contemplaci\u00f3n, ese es su deseo y su meta; el valor m\u00e1ximo que orienta su camino.<\/p>\n<p>En \u00e9l \u2013desierto y para\u00edso\u2013 se ahoga todo perseguidor, \u00e9l es la libertad, ah\u00ed tiene su alimento verdadero: \u201cY no s\u00f3lo eso, sino ahogados los gitanos en la mar (Ex 14,27-28) de la contemplaci\u00f3n, donde el gitano del sentido, no hallando pie ni arrimo, se ahoga y deja libre al hijo de Dios, que es el esp\u00edritu salido de los l\u00edmites angostos y servidumbre de la operaci\u00f3n de los sentidos, que es su poco entender, su bajo sentir, su pobre amar y gustar, para que Dios le d\u00e9 el suave man\u00e1&#8230; Pues, cuando el alma va llegando a este estado, procura desarrimarla de todas las codicias de jugos, sabores, gustos y meditaciones espirituales, y no la desquietes con cuidados y solicitud alguna de arriba y menos de abajo, poni\u00e9ndola en toda enajenaci\u00f3n y soledad posible; porque, cuanto m\u00e1s esto alcanzare, y cuanto m\u00e1s presto llegare a esta ociosa tranquilidad &#8230; Y un poquito de esto que Dios obra en el alma en este ocio santo y soledad es inestimable bien, a veces mucho m\u00e1s que el alma ni el que la trata pueden pensar. Y, aunque entonces no se echa tanto de ver, ello lucir\u00e1 a su tiempo. A lo menos lo que de presente el alma pod\u00eda alcanzar a sentir es un enajenamiento y extra\u00f1ez, unas veces m\u00e1s que otras, acerca de todas las cosas, con inclinaci\u00f3n a soledad y tedio de todas las criaturas del siglo, en respiro suave de amor y vida en el esp\u00edritu. En lo cual, todo lo que no es esta extra\u00f1ez, se le hace desabrido; porque como dicen, gustado el esp\u00edritu, desabrida est\u00e1 la carne\u201d (LlB 3, 38-39).<\/p>\n<p>Este es el desierto sanjuanista, esta extra\u00f1ez, esta comunicaci\u00f3n al coraz\u00f3n, es decir, sin los intermedios mediadores y mediatizados del sentido y las capacidades humanas. El desierto es una posibilidad universal, de todo hombre, en todo tiempo y en todo lugar. No es un lugar, es una gracia desarrollada, es la posibilidad de vivir como hijos y en la intimidad de Dios.<\/p>\n<p>Naturalmente el desierto es <em>el espacio del amor puro <\/em>sin arrimo de inter\u00e9s ni de otras ocupaciones; es el lugar de la \u00a0contemplaci\u00f3n amorosa. La obra m\u00e1s importante, lo \u00fanico necesario (CB 29,1) se posibilita con la salida al desierto. La obra que ejercita Mar\u00eda holgando a los pies del Se\u00f1or, la que recomienda el Se\u00f1or a Marta (ib.), la que provoca el conjuro de la Esposa del Cantar para que la dejen disfrutar y fructificar en este ocio santo, la que llev\u00f3 a Magdalena, la apasionada amante, primero a predicar y finalmente al desierto: \u201cPorque es m\u00e1s precioso delante de Dios y del alma un poquito de este puro amor y m\u00e1s provecho hace a la Iglesia, aunque parece que no hace nada, que todas esas otras obras juntas. Que, por eso, Mar\u00eda Magdalena, aunque con su predicaci\u00f3n hac\u00eda gran provecho y le hiciera muy grande despu\u00e9s, por el grande deseo que ten\u00eda de agradar a su Esposo y aprovechar a la Iglesia, se escondi\u00f3 en el desierto treinta a\u00f1os para entregarse de veras a este amor, pareci\u00e9ndole que en todas maneras ganar\u00eda mucho m\u00e1s de esta manera, por lo mucho que aprovecha e importa a la Iglesia un poquito de este amor. De donde, cuando alguna alma tuviese algo de este grado de solitario amor\u201d&#8230; (ib. 3). \u201cQue al fin, para este fin de amor fuimos criados\u201d (ib.). Por eso es valioso el desierto entendido como ejercicio espiritual de total consagraci\u00f3n al amor de Dios, porque \u201chabla Dios al coraz\u00f3n en esta soledad que dijo por Oseas (2,16) en suma paz y tranquilidad\u201d (LlB 3,34). Esta es la patria del hombre, su tierra prometida: \u201cPorque cumple en ella lo que prometi\u00f3 por Oseas (2,14), diciendo: \u201cYo la guiar\u00e9 a la soledad y all\u00ed hablar\u00e9 a su coraz\u00f3n. En lo cual da a entender que en la soledad se comunica y une \u00e9l en el alma. Porque hablarle al coraz\u00f3n es satisfacerle el coraz\u00f3n, el cual no se satisface con menos que Dios\u201d (CB 35,1). Este cuando llega a confirmarse en la quietud del \u00fanico y solitario amor de Dios entonces llega al desierto. Esa es la alianza perfecta, all\u00ed es hijo y no esclavo, ah\u00ed est\u00e1 su libertad y corona.<\/p>\n<p>Para alcanzarla como meta ha de preceder seg\u00fan J. el desierto pasivo como experiencia de extra\u00f1ez de todo, de exilio y compa\u00f1\u00eda, ha de haber andado largo tiempo por \u201ctierra desierta seca y sin camino (Ps 63, 2-3: S 3,32,2 y N 1 12,6) que las sequedades y desarrimos de la parte sensitiva se entiende aqu\u00ed por la tierra seca desierta y sin camino\u201d (ib.). El desierto educa a la soledad y prepara con privaciones y abnegaci\u00f3n la fecundidad de la intimidad y la uni\u00f3n de amor. \u201cEstos que comienza a llevar Dios por estas soledades del desierto son semejantes a los hijos de Israel, que luego que en el desierto les comenz\u00f3 a dar Dios el manjar del cielo &#8230; lloraban y gem\u00edan por las carnes entre los manjares del cielo\u201d (N\u00fam. 11,4-6: N 1,9,5). Desierto es pedagog\u00eda divina de adecuaci\u00f3n y engolosinamiento de otros manjares que los que el hombre cultiva y alcanza por s\u00ed. Nuevo alimento y nuevo vestido exige el tr\u00e1nsito que J. de la Cruz experimenta y ense\u00f1a en la noche, el otro nombre del desierto.<\/p>\n<p>El <em>desamparo del desierto <\/em>exige nuevos vestidos, el conocimiento de s\u00ed y la verdad humilde. El desierto es el espacio del conocimiento propio y de la verdad desnuda. El hombre en el desierto est\u00e1 solo ante Dios solo. No hay m\u00e1scaras en el desierto y se ve abocado a la verdad y en su impotencia ha de probar su humillaci\u00f3n y preparar su receptividad. Escuela de verdades. As\u00ed aparece en toda la alegor\u00eda de Ex 33, 5 en N 1,12, 2 donde se lee un midrash m\u00edstico que traspone el mandato de cambiar vestidos de fiesta por el de trabajo al plano espiritual y se interpreta como todo, como cobertura autorizada de la experiencia \u201cde la seca y oscura noche de contemplaci\u00f3n oscura y su efecto de producir conocimiento propio&#8230; de su miseria y bajeza\u201d (N 1,12, 2). El desierto le pone al hombre el traje de trabajo, de sequedad y desamparo, le desnuda y reduce a su mera verdad, \u201cque de suyo no hace nada ni puede nada\u201d (ib.).<\/p>\n<p>Todav\u00eda en <em>la segunda noche<\/em>, la horrible y espantable noche del esp\u00edritu, el desierto se evoca para afirmar la trascendencia sant\u00edsima de Dios y la necesidad de transformaci\u00f3n y refacci\u00f3n del hombre, pues sin esta transformaci\u00f3n de la noche pasiva del esp\u00edritu \u201cno puede llegar a gustar los deleites (man\u00e1 o pan de los \u00e1ngeles) del esp\u00edritu de libertad seg\u00fan la voluntad desea\u201d (N 2, 9, 2). Pero la experiencia de la oscura contemplaci\u00f3n llena el alma de un tan particular que ni se puede decir. Es secreto, como el camino sobre el mar, como la estancia en el desierto, soledad sin caminos, de modo que poderlo decir \u201cya no es en raz\u00f3n de pura contemplaci\u00f3n, porque \u00e9sta es indecible y por eso se llama secreta\u201d. El desierto m\u00edstico es \u201cun abismo secreto\u201d (N 2,17,6) en el que el alma \u201cecha de ver claro que est\u00e1 puesta alejad\u00edsima y remot\u00edsima de toda criatura; de suerte que le parece que le colocan en una profund\u00edsima y anch\u00edsima soledad donde no puede llegar alguna humana criatura, como en un inmenso desierto que por ninguna parte tiene fin, tanto m\u00e1s deleitoso, sabroso y amoroso, cuanto m\u00e1s profundo, ancho y solo\u201d (ib.).<\/p>\n<p>\u201cDebe querer el Se\u00f1or que el alma tambi\u00e9n tenga su desierto espiritual\u201d (Ct. 28), dice Juan de s\u00ed mismo cuando pr\u00f3ximo a la muerte experimente sequedad y desamparo. El desierto, en cuanto pena o dolor, es pedagog\u00eda divina, pero \u201cel inmenso amor del Verbo Cristo no puede sufrir penas de su amante sin acudirle.<\/p>\n<p>Acord\u00e1dome he de ti apiad\u00e1ndome de tu adolescencia y ternura cuando me seguiste por el desierto, [que] hablando espiritualmente es el desarrimo que aqu\u00ed interiormente trae el alma de toda criatura no parando ni quiet\u00e1ndose en nada\u201d (N 2, 19, 4). El desierto es una actitud moral de despego y de salto hacia Dios a trav\u00e9s del desarrimo de toda criatura. Es una actitud que se debe traer interiormente y que Dios premia con su presencia. Presencia que a su vez desertiza el entorno de todo otro inter\u00e9s por realidades menores. A la vez condici\u00f3n y resultado del encuentro y de la uni\u00f3n, eso es el desierto espiritual. La noche, paisaje y territorio des\u00e9rtico por excelencia, tiene esta eficacia en su sequedad y desabrigo para ocasionar la luz de Dios.<\/p>\n<p>Aun, acabada la purificaci\u00f3n de esta vida, hay un desierto que atravesar: <em>la muerte<\/em>. Por dos veces J. de la Cruz evoca el poder de la muerte con esta imagen tan poderosa. La \u00faltima prueba, quiz\u00e1 el \u00faltimo obst\u00e1culo para el alma, su \u00faltimo \u00e9xodo y su fuerte y su frontera que asaltar es el desierto, magn\u00edfico y escueto laberinto, que se interpone entre el deseo y la posesi\u00f3n definitiva. La estrofa final del <em>C\u00e1ntico <\/em>es por excelencia un canto al cumplimiento del ya cristiano, un gozo sereno de la posesi\u00f3n y la visi\u00f3n, pero es tambi\u00e9n la estrofa del ansia de atravesar este amenazante y pavoroso desierto. Entonces es \u201ccuando el alma ya est\u00e1 bien dispuesta y aparejada y fuerte, arrimada en su esposo (Cant. 8,5) para subir por el desierto de la muerte &#8230; con deseo que el esposo concluya ya este negocio &#8230; para moverle a la consumaci\u00f3n\u201d (CB 40, 1). La muerte es desierto fronterizo. Vuelve a su pluma la misma imagen para hablar de la plenitud y la valent\u00eda del alma ya rica y dispuesta a partir llena de riquezas que pide la muerte: \u201c\u00a1Acaba ya si quieres!\u201d Hablando con la llama de amor viva, es decir, con el Esp\u00edritu Santo, dice que \u201cde m\u00ed se puede decir \u00bfqui\u00e9n es \u00e9sta que sube del desierto abundante de deleites estribando sobre su amado ac\u00e1 y all\u00e1 vertiendo amor? Pues esto es as\u00ed, acaba ya si quieres, acaba de consumar conmigo perfectamente el matrimonio espiritual con tu beatifica vista\u201d (LlB 1,26-27). El desierto \u00faltimo es la muerte, ese es el paso decisivo que deja ver la plenitud de un oasis esperado y una arcadia en que s\u00f3lo hay un habitante (LlB 2,36). \u201cEt in Arcadia dilectus meus et ego\u201d.<\/p>\n<p><em>Gabriel Castro<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No extra\u00f1a nada encontrar un elogio del desierto en Juan de la Cruz. Se le identifica f\u00e1cilmente con ese paradigma. 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