{"id":3401,"date":"2020-01-24T10:21:52","date_gmt":"2020-01-24T16:21:52","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3401"},"modified":"2021-01-24T10:24:10","modified_gmt":"2021-01-24T16:24:10","slug":"direccion-espiritual","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3401","title":{"rendered":"Direcci\u00f3n espiritual"},"content":{"rendered":"<p>Muchos son los t\u00edtulos con los que podemos adornar la figura de Juan de la Cruz. Y, sin duda, uno de ellos es el de \u201cgu\u00eda de almas\u201d. Se puede decir que destaca como uno de los m\u00e1s grandes directores de conciencia a trav\u00e9s de toda la historia de la espiritualidad cristiana. Gu\u00eda excepcional que re\u00fane las cualidades que \u00e9l mismo exige al buen director (LlB 3,30). Lo mismo dirige con acierto a las gentes sencillas de \u00a0Duruelo, como a los alumnos y profesores de las Universidades de \u00a0Alcal\u00e1 y de \u00a0Baeza; a las almas selectas y muy adelantadas en el \u00a0camino de la perfecci\u00f3n, como a pecadores que vuelven con sus vidas rotas a la casa del Padre.<\/p>\n<p>J. de la Cruz da por supuesto, y afirma expresamente en m\u00faltiples ocasiones, que la direcci\u00f3n del alma es, ante todo, teologal. Quiz\u00e1s sea \u00e9sta una de las afirmaciones que hace el Santo con m\u00e1s frecuencia a trav\u00e9s de sus escritos. Pocos autores han se\u00f1alado como \u00e9l la libertad soberana de Dios en la direcci\u00f3n de las almas. Todo el quehacer del hombre es quedarse en el vac\u00edo m\u00e1s absoluto a fin de que pueda ser movido y ense\u00f1ado por el Esp\u00edritu Santo (S 3, 6,3). La tarea positiva, en la subida a la uni\u00f3n perfecta, la realiza Dios mismo (LlB 3,46), si bien \u201cel disc\u00edpulo y el maestro, que se juntan a saber y a hacer la verdad\u201d (S 2,22,12), deben esforzarse por mantener encendido el fuego del amor de Dios en el alma, ya que ese \u201ces medio y modo por donde Dios lleva las almas\u201d (S 2,22,19). No en vano J. de la Cruz dice que querr\u00eda saberlo decir, ya que \u201ces cosa dificultosa dar a entender el c\u00f3mo se engendra el esp\u00edritu del disc\u00edpulo conforme al de su padre espiritual oculta y secretamente\u201d (S 2,18,5).<\/p>\n<p>Para expresar todo este mundo del esp\u00edritu, usa el Santo una rica y variada gama terminol\u00f3gica en sus escritos. Encontramos los t\u00e9rminos confesor, padre espiritual, maestro de esp\u00edritu, director espiritual, etc. Se ha optado por conjuntarlos todos en el t\u00e9rmino <em>direcci\u00f3n-director espiritual<\/em>, con la intenci\u00f3n de respetar al m\u00e1ximo los textos sanjuanistas, aunque para la sensibilidad del hombre de hoy, parece m\u00e1s acorde hablar de mistagog\u00eda o acompa\u00f1amiento espiritual.<\/p>\n<h3>I. Maestro de esp\u00edritu<\/h3>\n<p>J. de la Cruz tiene, ciertamente, su concepci\u00f3n del papel de la direcci\u00f3n espiritual, de los directores espirituales y confesores. La m\u00edstica es un camino por el que no podemos caminar solitariamente. Y Dios quiere que, por ese camino, el hombre ayude al hombre. \u201cPorque es Dios tan amigo que el gobierno y trato del hombre sea tambi\u00e9n por otro hombre semejante a \u00e9l y que por raz\u00f3n natural sea el hombre regido y gobernado que totalmente quiere que a las cosas que sobrenaturalmente nos comunica no las demos entero cr\u00e9dito ni hagan en nosotros confirmada fuerza y segura, hasta que pasen por este arcaduz humano de la boca del hombre. Y as\u00ed siempre que algo dice o revela al alma, lo dice con una manera de inclinaci\u00f3n puesta en la misma alma, a que se diga a quien conviene decirse; y hasta esto, no suele dar entera satisfacci\u00f3n, porque no la tom\u00f3 el hombre de otro hombre semejante a \u00e9l\u201d (S 2,22,9). De ah\u00ed la atenci\u00f3n que los \u201cdirectores espirituales\u201d deben tener al asumir el papel de la paternidad espiritual (S 2,18,5; 2,22,16-19).<\/p>\n<p>S. Teresa, ya desde el principio, descubre en \u00e9l al hombre de la \u201csabidur\u00eda divina\u201d. Su \u201csenequita\u201d es \u201cuna de las almas m\u00e1s puras y santas que Dios tiene en su Iglesia\u201d. Le ha infundido \u201cNuestro Se\u00f1or grandes riquezas de sabidur\u00eda del cielo\u201d. Por ello, invita a las monjas a estrujar ese tesoro. Teresa, convencida de ese don, le pedir\u00e1 que confiese a sus monjas de Medina y \u00a0Valladolid cuando a\u00fan fray Juan estaba en rodaje vocacional. Lo mismo le pedir\u00e1 para las monjas de la Encarnaci\u00f3n, cuando, despu\u00e9s de su obra pacificadora en el monasterio, se da cuenta de que las religiosas necesitan \u201ccrecer\u201d en el esp\u00edritu. Y hace todo lo posible por tenerle con ella en esa labor silenciosa, callada, pero eficac\u00edsima de la \u201cdirecci\u00f3n de almas\u201d. Teresa intuye que esa ser\u00e1 la misi\u00f3n de Juan en la Reforma. Y cuando Teresa sabe que las monjas de \u00a0Beas, \u00a0Sevilla, \u00a0Granada o Segovia, abren su alma a fray Juan, da gracias a Dios no sin experimentar tambi\u00e9n ella una cierta santa envidia. No extra\u00f1a, pues, que el P. Provincial nombre a fray Juan maestro de novicios en Duruelo, siendo \u00e9sa su misi\u00f3n espec\u00edfica dentro del desarrollarse hist\u00f3rico del Carmelo Teresiano: formar y ayudar a crecer y madurar en el esp\u00edritu a cuantos, como \u00e9l, se dispon\u00edan a escalar las cimas del \u201cMonte\u201d: en Duruelo, \u00a0Mancera, \u00a0El Calvario, \u00a0Alcal\u00e1, \u00a0Baeza, \u00a0Granada, \u00a0Segovia.<\/p>\n<p>Seg\u00fan J. de la Cruz, el consejero espiritual no es alguien que da una receta para un problema determinado; para \u00e9l, el consejero, el director espiritual es aquel que conoce nuestro esp\u00edritu, nuestra problem\u00e1tica, nuestro modo peculiar de ser para m\u00e1s y mejor conducirnos a Dios. Aunque, ciertamente, el dirigido ha de saber en qu\u00e9 manos se pone; \u201cporque cual fuere el maestro, tal ser\u00e1 el disc\u00edpulo, y cual el padre, tal el hijo\u201d (LlB 3,26). En la <em>Llama <\/em>trata ampliamente del tema de la elecci\u00f3n del director y de las cualidades que le han de acompa\u00f1ar, ya que puede llegar a entorpecer y atrasar la obra salv\u00edfica de Dios en el alma del dirigido: \u201cAunque el fundamento es el saber y discreci\u00f3n, si no hay experiencia de lo que es puro esp\u00edritu, no atinar\u00e1 a encaminar al alma en \u00e9l, cuando Dios se lo da, ni aun lo entender\u00e1\u201d (LlB 3,29).<\/p>\n<p>Los consejos y directrices de J. de la Cruz est\u00e1n llenos de una profunda vida teologal. Ah\u00ed hay que colocar al Santo a la hora de verle en toda su labor, pero especialmente en su labor de director de almas. Su visi\u00f3n de la vida, de los acontecimientos, de los problemas es en clave teologal: \u201cPorque estas cosas no las hacen los hombres, sino Dios, que sabe lo que nos conviene y las ordena para nuestro bien. No piense otra cosa sino que todo lo ordena Dios. Y donde no hay amor ponga amor y sacar\u00e1 amor\u201d (Ct a Mar\u00eda de la Encarnaci\u00f3n: 6.7.1591).<\/p>\n<p>El gran maestro se presenta como un consejero amable, lleno de profundidad y de un gran cari\u00f1o. Frente a la ya t\u00f3pica imagen del Santo austero, duro e intransigente, aparece lleno de una gran comprensi\u00f3n, de un c\u00e1lido humanismo, un hombre que mira al mayor bien de los dem\u00e1s. Ciertamente, es un consejero de lo profundo, hacia lo profundo y en lo profundo. Con una vida empapada de sabor a lo divino, que sabe y lleva a Dios. Pero, a la vez, se nos presenta como un hombre exigente y claro, que no se calla las realidades distorsionadas de su entorno. Pero su exigencia siempre est\u00e1 en conexi\u00f3n con un programa: llevar las almas a Dios. No tiene reparos en hablar de sequedades, de abandonos, de penitencia, de mortificaci\u00f3n; al contrario, su lenguaje espiritual est\u00e1 lleno de estos t\u00e9rminos: \u201c\u00bfHasta cu\u00e1ndo piensa, hija, que ha de andar en brazos ajenos? Ya deseo verla con una desnudez grande de esp\u00edritu y tan sin arrimo a criaturas que todo el infierno no baste a turbarla\u201d (Ct a Ana de San Alberto: 1582). Insiste abundantemente en este dejar cosas y desembarazarse de ellas. \u00c9l ve todo lo accesorio como algo que dificulta la \u00a0uni\u00f3n perfecta del alma con Dios, y no deja de luchar contra esto hasta ver al alma limpia del todo, para que s\u00f3lo more en ella el Amado.<\/p>\n<h3>II. Director de almas<\/h3>\n<p>El hombre \u201ccelestial y divino\u201d de S. Teresa de Jes\u00fas fue director experimentado y admirado, tanto que, al decir de la propia Santa, no hab\u00eda otra parangonable en Castilla. Ella misma se confesaba \u201chija suya\u201d, porque verdaderamente hab\u00eda sido \u201cpadre de su alma\u201d, especialmente durante los a\u00f1os que convivieron en Avila. Son abundantes las relaciones sobre las excepcionales dotes de J. de la Cruz para dirigir a las almas. El mejor testimonio de su actuaci\u00f3n son sus propias cartas; pr\u00e1cticamente todas ellas giran en torno a la direcci\u00f3n espiritual.<\/p>\n<p>Todas las cartas de J. de la Cruz est\u00e1n llenas de recomendaciones, de consejos, de apoyo, de fuerza para con sus dirigidos o para aquellos que le consultan. La mayor parte de sus cartas est\u00e1n dirigidas a personas muy distintas. Pocas hay que se repitan con insistencia, exceptuando cuatro o cinco; las dem\u00e1s pertenecen a personas diferentes. Ello prueba el conocimiento, la fama, la capacidad del Santo en tratar con todo tipo de personas. Encontramos a una joven de un pueblecito, a diversas carmelitas descalzas, a prioras, a gente noble. Para \u00e9l no existen diferencias en el trato espiritual por motivos sociales o econ\u00f3micos; el hecho est\u00e1 en sus cartas.<\/p>\n<p>DESCUBRIDOR. Ante todo, J. de la Cruz hace ver a sus dirigidos lo que les va en este asunto del modo de hallar a Dios. Procura desvelar las excelencias de Dios, descubrir su rastro de amor y misericordia. Ayuda a descubrir a las almas sus verdaderos intereses en el camino hacia Dios, pues tantas veces se mezclan deseos que no van en armon\u00eda con la llamada de Dios. Es descubridor de la belleza de la soledad, de la vanalidad de las cosas, de lo pasajero de la vida, de que todo lo que no lleve a Dios no sirve para nada. Ense\u00f1a, sobre todo, a descubrir a Dios vivo, presente en el coraz\u00f3n de cada hombre, en lo m\u00e1s profundo de la interioridad: \u201cNo se asga del alma, que, como no falte oraci\u00f3n, Dios tendr\u00e1 cuidado de su hacienda, pues no es de otro due\u00f1o, ni lo ha de ser. Esto por m\u00ed lo veo, que, cuanto las cosas m\u00e1s son m\u00edas, m\u00e1s tengo el alma y el coraz\u00f3n en ellas y mi cuidado, porque la cosa amada se hace una con el amado; y as\u00ed Dios hace con quien le ama. De donde no se puede olvidar aquello sin olvidarse de la propia alma; y aun de la propia se olvida por la amada, porque m\u00e1s vive en la amada que en s\u00ed\u201d (Ct a Juana de Pedraza: 28.1.1589).<\/p>\n<p>Es en su epistolario donde quedan patentes los rasgos inconfundibles del gran director espiritual y de su entrega a las necesidades particulares de cada alma, iluminando los m\u00e1s rec\u00f3nditos recovecos del esp\u00edritu. Aunque es consciente de su capacidad y preparaci\u00f3n, no intenta nunca suplantar al Esp\u00edritu Santo: \u201cEstos d\u00edas traiga empleado el interior en deseo de la venida del Esp\u00edritu Santo, y en la Pascua, y despu\u00e9s de ella contin\u00fae en presencia suya; y tanto sea el cuidado y estima de esto, que no le haga al caso otra cosa ni mire en ella, ahora sea de pena, ahora de otras memorias de molestia; y todos estos d\u00edas, aunque haya faltas en casa, pasar por ellas por el amor del Esp\u00edritu Santo y por lo que se debe a la paz y quietud del alma en que \u00e9l se agrada morar\u201d (Ct a una Carmelita Descalza por Pentecost\u00e9s de 1590). Norma general de conducta es la que recuerda en un caso particular: dejar todo cuidado en manos de Dios y olvidarse de toda criatura: \u201cLo que ha de hacer es traer su alma y la de sus monjas en toda perfecci\u00f3n y religi\u00f3n unidas con Dios, olvidadas de toda criatura y respecto de ella, hechas todas en Dios y alegres con solo \u00e9l, que yo les aseguro todo lo dem\u00e1s&#8230;\u201d (Ct a la M. Mar\u00eda de Jes\u00fas: 20.6.1590).<\/p>\n<p>PORTADOR DE CERTEZAS. La firmeza con que aconseja J. de la Cruz confiere seguridad y serenidad. El apoyo en su experiencia y el refrendo constante de la palabra revelada dan siempre sensaci\u00f3n de tranquilidad. Sus cartas le dibujan: seguro, claro, sencillo, profundo, cari\u00f1oso, exigente. Su certeza es m\u00e1s clara cuando la ve cimentada en la fe, en la esperanza, en el amor. Para m\u00e1s seguridad y certeza en los consejos lleva a las almas por el desasimiento de las cosas, de los gustos, del propio yo. El mejor modo de no equivocar al alma es llevarla por lo m\u00e1s seguro: \u201cEn lo del alma, lo mejor que tiene para estar segura es no tener asidero a nada, ni apetito de nada; y tenerle muy verdadero y entero a quien la gu\u00eda conviene, porque si no, ya no ser\u00eda no querer gu\u00eda\u201d (Ct a Juana de Pedraza: 28.1.1589).<\/p>\n<p>Una vez m\u00e1s se comprueba que la mayor seguridad del alma en su recorrer las moradas hacia Dios est\u00e1 en el confiarse y abandonarse en los consejos del gu\u00eda y maestro espiritual. Dios ilumina a los que pone en camino para conducirlos a la \u00a0uni\u00f3n. Es fundamental la certeza de estar en buenas manos para abandonarse en los consejos y directrices del gu\u00eda. El director de verdad y el que desee mayor bien para el alma es el que la conduce por el no gustar, por el no entender y por el no ver: \u201cY por eso, para unirse con \u00e9l se ha de vaciar y despegar de cualquier afecto desordenado de apetito y gusto de todo lo que distintamente puede gozarse, as\u00ed de arriba como de abajo, temporal o espiritual, para que purgada y limpia de cualquiera gustos, gozos y apetitos desordenados, toda ella con sus afectos se empleen en amar a Dios\u201d (Ct a un religioso Carmelita descalzo: 14.4.1589). Son las certezas de fray Juan, cimentadas en la vivencia, en las virtudes teologales, en la Palabra de Dios, en su teolog\u00eda y m\u00e9todo particular de pensar, y en su experiencia como confesor y director de almas.<\/p>\n<p>CREADOR DE EXIGENCIAS. Toda la doctrina sanjuanista converge en un continuo invocar la salida de todo aquello que no sea Dios o para Dios. Ello conlleva una serie de rupturas que aparecen a primera vista como dolorosas y creadoras de una cierta repulsa instintiva. Pero el Santo no repara en decirlas e indicarlas reiterativa e insistentemente. Todo ello en clave de amor cobra un sentido muy particular, que tantas veces ha sido olvidado por muchos espirituales. El alma s\u00f3lo caminar\u00e1 y se mover\u00e1 hacia algo m\u00e1s perfecto y mejor de lo que ya posee. Esta es la dial\u00e9ctica del ser humano. No se deja lo mucho para no coger nada. M\u00e1s bien es al contrario. Visto as\u00ed se entiende mejor todo aquello que suena a exigencia, abandono, sequedad, oscuridad. J. de la Cruz es un hombre que crea en los dem\u00e1s la exigencia de amar, creando la exigencia del abandono de los sentidos y de los gustos de la tierra: \u201cMucho es menester, hijas m\u00edas, saber hurtar el cuerpo del esp\u00edritu al demonio y a nuestra sensualidad, porque si no, sin entendernos, nos hallaremos muy desaprovechados y muy ajenos a las virtudes de Cristo, y despu\u00e9s amaneceremos con nuestro trabajo y obra hecho al rev\u00e9s &#8230; Digo, pues, que para que esto no sea, y para guardar al esp\u00edritu, como he dicho, no hay mejor remedio que padecer y hacer callar, y cerrar los sentidos con uso e inclinaci\u00f3n de soledad y olvido de toda criatura.\u201d (Ct a las Carmelitas de Beas: 22.11.1587).<\/p>\n<p>Es necesario resaltar c\u00f3mo insiste en el vac\u00edo de la fe, de la voluntad y de la \u00a0esperanza. Es todo un tratado sobre c\u00f3mo vaciar estas virtudes de posibles influencias negativas. Dir\u00e1 que para caminar en aut\u00e9ntica fe es preciso no querer entenderlo todo ni desear hacer inteligibles las pruebas, las dificultades, los obst\u00e1culos, sino el abandonarse a Dios en pura \u00a0fe (Ct a un Carmelita descalzo: 14.4.1589). Respecto a la esperanza dir\u00e1 que es necesario esperarlo todo de Dios y nada de sus propias fuerzas, de los dem\u00e1s, de las cosas o criaturas. Caminar en esperanza es abandonarse en los brazos de Dios sabiendo que \u00e9l nos llevar\u00e1 a su Amor con una certeza basada en su Palabra (ib.). En lo referente al amor dir\u00e1 que se ha de amar a Dios no por el gusto que se siente, sino por ser quien es, pues de lo contrario ser\u00eda \u201cponerle en criatura o cosa de ella, y hacer del motivo fin y t\u00e9rmino, y, por consiguiente, la obra de la voluntad ser\u00eda viciosa\u201d (ib.). J. de la Cruz es exigente recomendando tantas renuncias, tantos desasimientos. Por ello pide un total abandono en Dios en clara perspectiva teologal.<\/p>\n<p>CONFRONTADOR DE CAMINOS<em>. <\/em>En sus cartas J. de la Cruz invita continuamente a la ruptura, a optar por un camino u otro, a dejar unas cosas y a luchar por alcanzar otras, siempre en un continuo caminar y en un claro decidir. Los caminos del Santo son los caminos de la amistad con Dios, pero en permanente confrontaci\u00f3n con lo que esa amistad exige: el callar y no hablar, el obrar y callar, el silencio y no el ruido, la humildad y desprecio de s\u00ed en vez de vanagloriarse de los propios m\u00e9ritos; en definitiva, ofrece todo un an\u00e1lisis de c\u00f3mo se ha de comportar un hombre que quiere vivir en la presencia de Dios de una manera habitual. En este sentido es como hay que leer lo que J. de la Cruz nos presenta. En la nada, en el vac\u00edo, en esconderse uno en s\u00ed para Dios es donde se encuentra todo: Dios mismo. Parece una contradicci\u00f3n a los ojos humanos, pero no para los ojos de Dios y para el espiritual de veras.<\/p>\n<p>Todo esto crea en el hombre una serie de oscuridades, de incomprensiones y de tinieblas que son dif\u00edciles de rebasar si no se conf\u00eda por entero en Dios. Lo explica as\u00ed el Santo: \u201cComo ella anda en estas tinieblas y vac\u00edo espiritual, piensa que todos la faltan y todo; mas no es maravilla, pues en esto tambi\u00e9n le parece le falta Dios. Mas no le faltaba nada, ni tiene ninguna necesidad de tratar nada, ni tiene qu\u00e9, ni lo sabe ni lo hallar\u00e1, que todo es sospecha sin causa. Quien no quiere otra cosa sino a Dios, no anda en tinieblas, aunque m\u00e1s oscuro y pobre se vea &#8230; Buena va, d\u00e9jese y hu\u00e9lguese\u201d (Ct a Juana de Pedraza: 12.10.1589). La confrontaci\u00f3n es tremendamente dura y exigente, pero, a la vez, esclarecedora y gozosa, porque descubre caminos que a los hombres les parecen absurdos y, sin embargo, resulta que en ellos est\u00e1 todo para ir al \u00a0Todo: \u201cY as\u00ed es gran merced de Dios cuando las oscurece, y empobrece al alma de manera que no puede errar con ellas; y como no se yerre, \u00bfqu\u00e9 hay que acertar sino por el camino llano de la ley de Dios y de la Iglesia, y s\u00f3lo vivir en fe oscura y verdadera, y esperanza cierta y caridad entera, y esperar all\u00e1 nuestros bienes, viviendo ac\u00e1 como peregrinos, pobres, desterrados, hu\u00e9rfanos, secos, sin camino y sin nada, esper\u00e1ndolo all\u00e1 todo?\u201d (ib.).<\/p>\n<p>MISTAGOGO DEL REALISMO PERSONAL<em>. <\/em>El hombre cabal, en la visi\u00f3n sanjuanista, es s\u00f3lo el que se realiza y descansa en Dios. Para ser aut\u00e9ntico hombre debe abrirse y abandonarse en manos de ese Dios Amor. Cada hombre camina hacia la uni\u00f3n con Dios. Y es desde ah\u00ed desde donde J. de la Cruz hace descubrir a sus dirigidos la realidad en la que se encuentran. Es un gran psic\u00f3logo que conoce al hombre en profundidad, con un gran sentido humano. Siempre se desenvuelve en los niveles \u00edntimos de la persona, en lo m\u00e1s radical y fundamental del hombre. Sus palabras y consejos producen un profundo eco en los dem\u00e1s. Sabe que nos encontramos envueltos en un maremoto de tentaciones: sabe que estamos ca\u00eddos y rotos. Por ello resalta en muchas ocasiones la gran misericordia de Dios por hacernos tan grandes mercedes. El mayor regalo que puede darnos es participar de su vida divina.<\/p>\n<p>En sus cartas se encuentran casos muy concretos de c\u00f3mo el Santo descubre a sus dirigidos el porqu\u00e9 de tal situaci\u00f3n, los motivos de un estado concreto, los medios para acabar con determinados apegos: \u201cY confesando de esta manera, puede quedar satisfecha, sin confesar nada de esotro en particular, aunque m\u00e1s guerra haya. Comulgar\u00e1 esta Pascua, dem\u00e1s de los d\u00edas que suele. Cuando se le ofreciere alg\u00fan sinsabor y disgusto, acu\u00e9rdese de Cristo crucificado, y calle. Viva en fe y esperanza, aunque sea a oscuras, que en esas tinieblas ampara Dios al alma\u201d (Ct a una Descalza escrupulosa, por Pentecost\u00e9s de 1590).<\/p>\n<h3>III. Doctrina sobre la direcci\u00f3n<\/h3>\n<p>El Santo arranca de esta afirmaci\u00f3n fundamental: Dios quiere ir preparando progresivamente al hombre para el encuentro con El. As\u00ed \u201cva Dios perfeccionando al hombre al modo del hombre\u201d (S 2,17,4), \u201cpara confirmarlos m\u00e1s en el bien\u201d (S 2,17,4) e \u201cilustrarlos y espiritualizarlos m\u00e1s\u201d (S 2,17,4). \u201cDe esta manera va Dios llevando al alma de grado en grado hasta lo m\u00e1s interior\u201d (S 2, 17,4).<\/p>\n<p>En todo ello, la intenci\u00f3n divina es que \u201ccuando el hombre llegare perfectamente al trato con Dios de esp\u00edritu, necesariamente ha de haber evacuado todo lo que acerca de Dios pod\u00eda caer en sentido\u201d (S 2,17,5). De ah\u00ed otro principio basilar: \u201cS\u00f3lo Dios es digno de nuestro coraz\u00f3n\u201d. Por ello, recuerda tambi\u00e9n que \u201cel alma no ha de poner los ojos en aquella corteza de figuras y objetos que se le pone de delante sobrenaturalmente, ahora sea acerca del sentido exterior &#8230; ni tampoco los ha de poner en cualesquier visiones del sentido interior &#8230; antes renunciarlas todas\u201d (S 2,17,9). Esto recuerda c\u00f3mo el alma ha de ser fuerte y valerosa para llevar a cabo el don de Dios. Por ello, \u201cs\u00f3lo ha de poner los ojos en aquel buen esp\u00edritu que causan, procurando conservarle en obrar y poner por ejercicio lo que es de servicio de Dios ordenadamente\u201d (S 2,17,9). Si todas las gracias no llevan a un mayor enamoramiento de Dios, en la purificaci\u00f3n y espiritualizaci\u00f3n del hombre, no se ha entendido lo que Dios quiere concediendo sus favores, ya que Dios \u201cno las da para otro fin principal\u201d (S 2,17,9).<\/p>\n<p>Para J. de la Cruz es evidente que el \u201cdiscernidor\u201d es el \u201cdirector espiritual\u201d o \u201cmaestro que gobierna las almas\u201d (S 2,18,1), el cual debe ser la discreci\u00f3n definitiva ante el alma que se le conf\u00eda. Encuentra, parad\u00f3jicamente, \u201cpoca discreci\u00f3n &#8230; en algunos maestros espirituales\u201d (S 2,18,2). Esta \u201cpoca discreci\u00f3n\u201d les lleva a \u201cembarazar\u201d a las almas con las gracias recibidas, lo cual conduce a la p\u00e9rdida del verdadero \u201cesp\u00edritu de fe\u201d, ya que hacen caminar al alma por caminos ajenos a la verdadera humildad (S 2,18,2), buscando \u201cque se le engolosine m\u00e1s el apetito en ellas (gracias) sin sentir y se cebe m\u00e1s de ellas, y quede m\u00e1s inclinado a ellas\u201d (S 2,18,3).<\/p>\n<p>Por eso el Santo pide a los \u201cdirectores espirituales\u201d que superen algunas imperfecciones, primero en ellos, para evitar la proyecci\u00f3n \u201coculta y secretamente\u201d (S 2,18,4) en el disc\u00edpulo. La primera cosa a evitar es \u201cla inclinaci\u00f3n al esp\u00edritu de revelaciones\u201d (S 2,18,6); tambi\u00e9n deben superar la falta de \u201crecato que ha de tener en desembarazar el alma y desnudar el apetito de su disc\u00edpulo en estas cosas\u201d (S 2,18,7); y, no menos importante, es que los directores traten de no reducir a sus sentimientos la voluntad de Dios, evitando interpretar las manifestaciones de Dios seg\u00fan su gusto particular (S 2,18,8), \u201cporque las revelaciones o locuciones de Dios no siempre salen como los hombres las entienden o como ellas suenan en s\u00ed\u201d (S 2,18,9).<\/p>\n<p>Dios es infinito e inmenso. Su profundidad nos desborda. Por eso nuestra capacidad humana puede, a veces, traicionar las palabras del Se\u00f1or al no entender su sentido verdadero (S 2, 19,10). \u201cEl maestro espiritual ha de procurar que el esp\u00edritu de su disc\u00edpulo no se abrevie en querer hacer caso de todas las aprehensiones sobrenaturales, que no son m\u00e1s que unas motas de esp\u00edritu con las cuales solamente se vendr\u00e1 a quedar y sin esp\u00edritu ninguno; sino, apart\u00e1ndole de todas las visiones y locuciones, imp\u00f3ngale en que se sepa estar en libertad y tiniebla de fe, en que se recibe la libertad de esp\u00edritu y abundancia, y, por consiguiente la sabidur\u00eda e inteligencia propia de los dichos de Dios. Porque es imposible que el hombre, si no es espiritual, pueda juzgar de las cosas de Dios ni entenderlas razonablemente, y entonces no es espiritual cuando las juzga seg\u00fan el sentido\u201d (S 2,19,11). El Santo trata de explicarlo con un ejemplo brillant\u00edsimo: \u201cel martirio\u201d (S 2,19,13).<\/p>\n<p>Dios puede hablar o prometer algo no para que se cumpla inmediatamente. Y as\u00ed \u201cmuchas cosas de Dios pueden pasar por el alma muy particulares que ni ella ni quien la gobierna las entienden hasta su tiempo\u201d (S 2,20,3). Ya que \u201cno hay que pensar que, porque sean los dichos y revelaciones de parte de Dios, han infaliblemente de acaecer como suenan, mayormente cuando est\u00e1n asidos a causas humanas, que pueden variar, o mudarse, o alterarse\u201d (S 2,20,4). La raz\u00f3n por la que Dios a veces \u201ccalla la condici\u00f3n de sus revelaciones\u201d (S 2,20,5) es \u00e9sta: \u201cEl est\u00e1 sobre el cielo y habla en camino de eternidad; nosotros, ciegos, sobre la tierra, y no entendemos sino v\u00edas de carne y tiempo\u201d (S 2,20,5). Por ello, \u201cno hay que asegurarse en su inteligencia sino en su fe\u201d (S 2,20,8).<\/p>\n<p>Las respuestas de Dios no siempre son expresi\u00f3n de la pureza de su voluntad: puede ser, a veces, por condescendencia con la \u201ccuriosidad\u201d espiritual del creyente. \u00bfPor qu\u00e9 lo hace? Porque, a veces, no quiere entristecer a las buenas y sencillas almas (S 2,21,2), o porque \u201cno son para comer el manjar m\u00e1s fuerte y s\u00f3lido de los trabajos de la cruz de su Hijo a que \u00e9l quer\u00eda echasen mano m\u00e1s que a alguna otra cosa\u201d (S 2,21,3).<\/p>\n<p>El \u201cbuscar\u201d directamente los \u00a0gustos, aunque sean sobrenaturales, es signo, al menos, de imperfecci\u00f3n. J. de la Cruz es m\u00e1s tajante a este respecto: \u201cYo no veo por d\u00f3nde el alma que las pretende deje de pecar por lo menos venialmente\u201d (S 2,21,4), ya que \u201cno nos queda en todas nuestras necesidades trabajos y dificultades, otro remedio mejor y m\u00e1s seguro que la \u00a0oraci\u00f3n y esperanza que \u00e9l proveer\u00e1 por los medios que \u00e9l quisiere\u201d (S 2, 21,5). La actitud contraria, aparte de ser imperfecci\u00f3n para el alma (S 2,21,4), es causa y motivo de \u201cenojo\u201d para Dios (S 2, 21,6.11.12).<\/p>\n<p>EL PAPEL DE CRISTO<em>. <\/em>El destino del hombre es llegar a Dios. El camino, para llegar a Dios, es Dios mismo. Y para recorrer ese camino, con la certeza y la seguridad de su amor, Dios nos envi\u00f3 a Cristo. Cristo es, as\u00ed, la \u00fanica Palabra, que a\u00fan hoy Dios pronuncia (S 2,22,3). Por eso, buscar otra Palabra, es agraviar a Dios: \u201cPor lo cual, el que ahora quisiere preguntar a Dios, o querer alguna visi\u00f3n o revelaci\u00f3n, no s\u00f3lo har\u00eda una necedad, sino har\u00eda agravio a Dios, no poniendo los ojos totalmente en Cristo, sin querer alguna cosa o novedad\u201d (S 2,22,5). De ah\u00ed que Cristo se convierta en la respuesta m\u00e1s aut\u00e9ntica a los deseos m\u00e1s profundos del alma o del coraz\u00f3n: \u201cSi quisieres que te respondiese yo alguna palabra de consuelo, mira a mi Hijo, sujeto a m\u00ed y sujetado por mi amor, y afligido, y ver\u00e1s cu\u00e1ntas te responde. Si quieres que te declare yo algunas cosas ocultas o casos, pon solos los ojos en \u00e9l, y hallar\u00e1s ocult\u00edsimos misterios, y sabidur\u00eda, y maravillas de Dios, que est\u00e1n encerradas en \u00e9l\u201d (S 2,22,6). Ello comporta la exigencia de renunciar a todo por Cristo (S 1,13,4) y el profundo deseo de imitar a Cristo, conformando la propia vida con \u00e9l (S 1,13,3). J. de la Cruz es claro. Seguir a Cristo, nos dir\u00e1, es \u201cnegarse a s\u00ed mismo\u201d, ya que de lo contrario se \u201chuye de imitar a Cristo\u201d (S 2,7,5). Y el alma, si de veras quiere llegar a la comuni\u00f3n con Dios por amor, ha de pasar necesariamente por Cristo, ya que \u201cesta puerta de Cristo &#8230; es el principio del camino\u201d (S 2,7,2).<\/p>\n<p>LA ACCI\u00d3N DEL ESP\u00cdRITU SANTO. Aunque la uni\u00f3n del alma con Dios es obra del mismo Dios, es al Esp\u00edritu Santo a quien atribuye el Santo la tarea de dirigir al hombre hacia las cumbres m\u00e1s elevadas de la uni\u00f3n divina: \u201cAdviertan los que gu\u00edan las almas y consideren que el principal agente y gu\u00eda y movedor de las almas en este negocio no son ellos, sino el Esp\u00edritu Santo que nunca pierde cuidado de ellas, y que ellos s\u00f3lo son instrumentos para enderezarlas en la perfecci\u00f3n por la fe y la ley de Dios, seg\u00fan el esp\u00edritu que Dios va dando a cada una. Y as\u00ed, todo su cuidado sea no acomodarlas a su modo y condici\u00f3n propia de ellos, sino mirando si saben (el camino) por donde Dios las lleva\u201d (LlB 3,46). Esta acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo est\u00e1 presente desde los mismos inicios de la aventura espiritual. Por ello es necesario corresponder a sus inspiraciones para poder lograr el ideal de la uni\u00f3n divina. El alma ser\u00e1 capaz de salir de su \u201cbajo modo de entender\u201d y de su \u201cflaca suerte de amar\u201d y de su \u201cpobre y escasa manera de gustar\u201d, no \u201ccon su fuerza natural, sino con fuerza y pureza del Esp\u00edritu Santo\u201d (N 2,4,1-2) porque es el mismo Espiritu Santo el que viene en ayuda de nuestra flaqueza (CB pr\u00f3l. 1).<\/p>\n<p>El Esp\u00edritu Santo no fuerza al alma, sino que act\u00faa en ella con suma suavidad: propone, ilumina y ense\u00f1a al alma (S 3,6,3) para que se vaya purificando y creciendo en libertad verdadera, recibiendo as\u00ed el don de los frutos del Esp\u00edritu Santo (N 1,13,11), prepar\u00e1ndola para la \u00a0uni\u00f3n transformante con Dios (S 3, 2,16). El Esp\u00edritu Santo reviste al alma de fuerza y deleite (CB 14-15,10), ahuyenta de ella la sequedad, la sostiene, mientras no desaparece y aumenta su amor al Esposo (CB 17 2.4). El Esp\u00edritu Santo prepara al alma para que el Esposo se le comunique en profunda intimidad (CB 17,8) y la dispone con sus ung\u00fcentos para el matrimonio espiritual (LlB 3,26). El Esp\u00edritu Santo \u201ces el que interviene y hace esa junta espiritual\u201d del matrimonio (CB 20-21,2). Luego lo perfecciona (CB 22,2), desarrollando y poniendo en ejercicio las virtudes (CB 24,6; 31,4), comunic\u00e1ndole un torrente de amor (CB 26,1), hasta elevarla al s\u00e9ptimo grado (CB 26,3), y haci\u00e9ndole ignorar todo lo que no le importa (CB 26,13). Para J. de la Cruz el alma de la \u00a0Virgen Mar\u00eda es la concreci\u00f3n y expresi\u00f3n m\u00e1s perfectas de esta acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo \u201cla cual, estando desde el principio levantada a este alto estado, nunca tuvo en su alma impresa forma de alguna criatura, ni por ella se movi\u00f3, sino siempre su moci\u00f3n fue por el Esp\u00edritu Santo\u201d (S 3,2,10).<\/p>\n<p>MISI\u00d3N DEL DIRECTOR ESPIRITUAL<strong><em>. <\/em><\/strong>Reconoce J. de la Cruz que las comunicaciones de Dios deben ser discernidas y que los carismas deben ser verificados. Y esa ser\u00e1 la primera misi\u00f3n del \u201cdirector espiritual\u201d, \u201cjuez espiritual del alma\u201d. El fruto de ese discernimiento ha de ser \u201cuna nueva satisfacci\u00f3n, fuerza y luz y seguridad\u201d (S 2,22,17) para el alma. Porque \u201cha menester el alma doctrina sobre las cosas que le acaecen\u201d, de lo contrario, \u201cse ir\u00eda endureciendo en la vida espiritual y haci\u00e9ndose a la del sentido\u201d (S 2,22,17). El director ha de estar bien informado de la situaci\u00f3n concreta del dirigido; \u201cporque para la humildad y sujeci\u00f3n del alma conviene dar parte de todo, aunque de todo ello no haga caso ni lo tenga en nada\u201d (S 2,22,18).<\/p>\n<p>El Santo sintetiza as\u00ed el proceder del director de las almas: \u201cEncam\u00ednenlas en la fe, ense\u00f1\u00e1ndolas buenamente a desviar los ojos de todas aquellas cosas, y d\u00e1ndoles doctrina en c\u00f3mo han de desnudar el apetito y esp\u00edritu de ellas para ir adelante, y d\u00e1ndoles a entender c\u00f3mo es m\u00e1s preciosa delante de Dios una obra o acto de voluntad hecho en caridad, que cuantas visiones y comunicaciones pueden tener del cielo, pues estas ni son m\u00e9rito ni dem\u00e9rito; y c\u00f3mo muchas almas, no teniendo cosas de esas, est\u00e1n sin comparaci\u00f3n mucho m\u00e1s adelante que otras que tienen muchas\u201d (S 2,22,19). Completando el cuadro escribe en la <em>Llama<\/em>: \u201cProcuren enderezarlas siempre en mayor soledad y libertad y tranquilidad de esp\u00edritu, d\u00e1ndoles anchura a que no aten el sentido corporal ni espiritual a cosa particular interior ni exterior, cuando Dios las lleva por esa soledad, y no se penen ni se soliciten pensando que no se hace nada; aunque el alma entonces no lo hace, Dios lo hace en ella\u201d (LlB 3,46). J. de la Cruz ve como absolutamente necesario para todos el gu\u00eda, pues nadie ser\u00eda capaz por s\u00ed solo de caminar sin equivocarse. Ve al \u201cdirector espiritual\u201d como al valioso instrumento dispuesto por Dios para llevar m\u00e1s pronto y m\u00e1s f\u00e1cilmente al encuentro con el Amado. Por eso se muestra tremendamente exigente y duro con aquellos \u201cdirectores\u201d que estropean y entorpecen el camino de las almas (LlB 3,5262). \u201cPero estos por ventura yerran por buen celo, porque no llega a m\u00e1s su saber. Pero no por eso quedan excusados en los consejos que temerariamente dan sin entender primero el camino y esp\u00edritu que lleva el alma, y, no entendi\u00e9ndola, en entremeter su tosca mano en cosa que no entienden, no dej\u00e1ndola a quien la entienda. Que no es cosa de peque\u00f1o peso y culpa hacer a un alma perder inestimables bienes, y a veces dejarla muy bien estragada por su temerario consejo\u201d (LlB 3,56).<\/p>\n<p>Lo m\u00e1s importante en la vida es conseguir la uni\u00f3n profunda con Dios, y para esta uni\u00f3n se necesita la ayuda del Esp\u00edritu, de la Iglesia, de los hombres. El enfoque que J. de la Cruz da a este recorrido, o mejor, el prisma desde el cual se entiende el porqu\u00e9 del ansia del encuentro, radica en el amor. Todo es visto desde ah\u00ed: desde la llamada profunda y amorosa de Dios en el coraz\u00f3n del hombre. Esto nos ayuda a entender c\u00f3mo sus consejos y discernimientos est\u00e1n situados en clave de purificaci\u00f3n, de ascesis, de lucha, de deseos de uni\u00f3n.<\/p>\n<p>Sintetizando el pensamiento sanjuanista sobre la direcci\u00f3n espiritual puede decirse que para \u00e9l los dirigidos han de confiarse plenamente a su director. Es fundamental. Han de buscar que su voluntad sea corregida y dirigida por alguien ajeno a la propia persona.<\/p>\n<p>Teniendo en cuenta, eso s\u00ed, en qu\u00e9 manos se ponen. El director ha de llevar a las almas por los caminos de Dios, no por los gustos y propias complacencias. El caminar en la fe oscura, en la esperanza y en el amor han de ser las l\u00edneas de acci\u00f3n de todo buen director. Es fundamental purificar estas virtudes para lograr la perfecta uni\u00f3n.<\/p>\n<p>Todo el panorama del Santo hay que verlo a trav\u00e9s del prisma del amor, que exige s\u00f3lo amor. Para ir a Dios s\u00f3lo se puede ir desde \u00e9l y por \u00e9l. Precisamente por ello hay que despojarse de tantas apetencias y criaturas. Nos presenta con realismo y claridad lo que hay que purificar: desde el hablar, el trato, las amistades, el buscar regalos, el propio yo, hasta un gusto desordenado de poseer a Dios y tenerlo como un objeto a nuestro alcance. Por ello, el vac\u00edo, la soledad, la noche, el no querer poseer, ni gustar, ni ver nada, ni entender nada son los mejores remedios para echar las tinieblas fuera de nosotros. El proceso sanjuanista va en el sentido de dejar todo lo que no sea Dios para llevarnos a Dios. La perfecta uni\u00f3n con Dios por el amor, y s\u00f3lo en clave de amor, es el fin y sentido de tanta noche, de tanta sombra y de tanto dolor.<\/p>\n<p>Pero no todo es negaci\u00f3n y oscuridad. Est\u00e1 siempre presente la invitaci\u00f3n a \u201cregustar\u201d el amor que Dios nos tiene y el gran deseo de hacer morada en nosotros para llevarnos a \u00e9l. Por ello podemos decir que J. de la Cruz es un trovador de lo divino, que enamora a las almas para que vayan a Dios en la m\u00e1s grande y sabrosa soledad. Verdaderamente es un descubridor de lo profundo del hombre, de su capacidad y de sus pecados, de sus posibilidades y de la grandeza de ser hijo de Dios. Podemos, por ello, afirmar que el Santo es un aut\u00e9ntico mistagogo de esp\u00edritu que sabe situarse siempre en la perspectiva adecuada.<\/p>\n<p>BIBL. \u2014 GABRIELE DI S. MARIA MAGDALENA, <em>San<\/em> <em>Giovanni della Croce, direttore spirituale<\/em>, Ed. Fiorentina, Firenze 1942; GIOVANNA DELLA CROCE, \u201cLa direzione spirituale dei contemplativi, secondo San Giovanni della Croce\u201d, en AA.VV., <em>Mistagogia e direzione spirituale<\/em>, Roma-Milano 1985; JOS\u00c9 CASERO RODR\u00cdGUEZ, <em>La direcci\u00f3n espiritual en San Juan de la Cruz, <\/em>Valencia 1979; DENNIS R. GRAVISS, <em>Portrait of the Spiritual Director in the Writings of Saint John of the Cross<\/em>, Roma 1983.<\/p>\n<p><em>Aniano \u00c1lvarez-Su\u00e1rez<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Muchos son los t\u00edtulos con los que podemos adornar la figura de Juan de la Cruz. Y, sin duda, uno de ellos es el de \u201cgu\u00eda de almas\u201d. Se puede decir que destaca como uno de los m\u00e1s grandes directores &hellip; <a href=\"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3401\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":""},"categories":[23],"tags":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p2dsrC-SR","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3401"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3401"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3401\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3402,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3401\/revisions\/3402"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3401"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3401"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3401"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}