{"id":3413,"date":"2020-01-24T10:35:16","date_gmt":"2020-01-24T16:35:16","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3413"},"modified":"2021-01-24T10:36:14","modified_gmt":"2021-01-24T16:36:14","slug":"dones-del-espiritu-santo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3413","title":{"rendered":"Dones del Esp\u00edritu Santo"},"content":{"rendered":"<p>Tomado en sentido estricto el tema de los siete dones del \u00a0Esp\u00edritu Santo juega un escas\u00edsimo papel en el conjunto de la obra sanjuanista. Las menciones expl\u00edcitas (CB 26,3; S 2,29, 6, estrictamente las \u00fanicas) son tan de pasada que no comportan convencimiento y experiencia particularmente importante en el pensamiento y en la expresi\u00f3n del mismo. No usa el esquema de los siete dones para ning\u00fan an\u00e1lisis particular, ni enumera nunca la lista cl\u00e1sica de forma ordenada y tradicional.<\/p>\n<p>S\u00ed es constante, sin embargo, en relacionar los dones del Esp\u00edritu Santo con la \u00a0caridad y con la fe; es decir, que la vida teologal ejercitada en las tres virtudes le parece suficiente mediaci\u00f3n para dar cuenta de todos los fen\u00f3menos m\u00edsticos y no precisa a\u00f1adir este elemento al organismo espiritual. Con el t\u00e9rmino \u201cdones\u201d, \u201cdones y virtudes\u201d m\u00e1s frecuentemente, alude siempre gen\u00e9ricamente a gracias sobrenaturales actuales, virtudes, frutos o auxilios peculiares que enriquecen la experiencia espiritual, que tienen valor dispositivo para la uni\u00f3n con Dios o son consecuencia de alguno de los grados de esa uni\u00f3n. Ciertamente en el comienzo de este siglo y llevados por la fuerza de las escuelas, muchos autores han concedido importancia sobredimensionada a estas escasas menciones.<\/p>\n<h3>I. El alcance de los textos<\/h3>\n<p>Los textos citados no ofrecen base para destacar los dones del Esp\u00edritu Santo en el sistema espiritual sanjuanista. En <em>Subida <\/em>2, 29 introduce el tema en su contexto de purificaci\u00f3n del entendimiento por obra de la fe. Se plantea la cuesti\u00f3n de un supuesto adversario que interroga por qu\u00e9 y c\u00f3mo el autor se atreve a negar el valor o la utilidad de una clase de experiencias m\u00edsticas que llama \u201clocuciones\u201d. Trata de valorarlas en relaci\u00f3n con la revelaci\u00f3n general que nos ofrece la fe dogm\u00e1tica y alcanza la fe subjetiva y aprecia su aportaci\u00f3n al crecimiento de la uni\u00f3n con Dios. Como siempre, recomienda aplicar a esa experiencia la fe desnuda que el Esp\u00edritu Santo, Maestro interior, ense\u00f1a: \u201cY si me dijeres que \u00bfpor qu\u00e9 se ha de privar el entendimiento de aquellas verdades, pues alumbra en ellas el Esp\u00edritu de Dios al entendimiento, y as\u00ed no puede ser malo?, digo que el Esp\u00edritu Santo alumbra al entendimiento recogido, y que le alumbra al modo de su recogimiento y que el entendimiento no puede hallar otro mayor recogimiento que en fe; y as\u00ed no le alumbrar\u00e1 el Esp\u00edritu Santo en otra cosa m\u00e1s que en fe; porque cuanto m\u00e1s pura y esmerada est\u00e1 el alma en fe, m\u00e1s tiene de caridad infusa de Dios; y cuanto m\u00e1s caridad tiene, tanto m\u00e1s la alumbra y comunica los dones del Esp\u00edritu Santo, porque la caridad es la causa y el medio por donde se les comunica\u201d (ib. 6).<\/p>\n<h3>II. Subordinaci\u00f3n a las virtudes teologales<\/h3>\n<p>No hay para J. de la Cruz otro mayor don del Esp\u00edritu que la \u00a0fe y la caridad. La vida teologal es el primer y original y originante don de Dios. Todo a\u00f1adido a las teologales le parece estructura redundante. En el contexto se puede percibir referencias soterradas al don de ciencia, de sabidur\u00eda o de entendimiento. \u201cY, aunque es verdad que en aquella ilustraci\u00f3n de verdades comunica al alma \u00e9l alguna luz, pero es tan diferente la que es en fe, sin entender claro, de \u00e9sta cuanto a la calidad, como lo es el oro subid\u00edsimo del muy bajo metal; y cuanto a la cantidad, como excede la mar a una gota de agua. Porque en la una manera se le comunica sabidur\u00eda de una, o dos, o tres verdades, etc., y en la otra se le comunica toda la Sabidur\u00eda de Dios generalmente, que es el Hijo de Dios, que se comunica al alma en fe\u201d (ib). La caridad es la fuente, la cumbre y la medida de los dones del Esp\u00edritu Santo. La fe y la caridad en el organismo espiritual juegan el mismo papel que el conocimiento y el amor en el ejercicio natural. En lo que tienen los dones de impulso e inspiraci\u00f3n el Santo prefiere atribuir esas funciones a la inhabitaci\u00f3n personal del mismo Esp\u00edritu Santo, \u201cllama de amor viva\u201d que hiere, cura, eleva y trasforma al hombre y lo une con Dios.<\/p>\n<p>Junto a esta subordinaci\u00f3n de los dones a la caridad y al Esp\u00edritu Santo el Doctor m\u00edstico acoge eventualmente a \u201clos dones del Esp\u00edritu Santo\u201d en su proyecto como grados de medir el crecimiento en la caridad. Por dos veces entran los siete dones en su \u201csistema\u201d con esta funci\u00f3n de gradaci\u00f3n. En CB 26 habla de la situaci\u00f3n cumbre del camino espiritual: \u201cEn la interior bodega de mi Amado beb\u00ed. Esta bodega que aqu\u00ed dice el alma es el \u00faltimo y m\u00e1s estrecho grado de amor en que el alma puede situarse en esta vida, que por eso la llama interior bodega, es a saber, la m\u00e1s interior; de donde se sigue que hay otras no tan interiores, que son los grados de amor por do se sube hasta este \u00faltimo. Y podemos decir que estos grados o bodegas de amor son siete, los cuales se vienen a tener todos cuando se tienen los siete dones del Esp\u00edritu Santo en perfecci\u00f3n, en la manera que es capaz de recibirlos el alma\u201d (ib. 3). El influjo de la caridad en los dones no s\u00f3lo es extr\u00ednseco. Los dones nacen de ella, que es la \u201ccausa y el medio por donde se les comunica\u201d (S 2,29, 6). La expresi\u00f3n \u00faltima \u201cen la manera que es capaz de recibirlos el alma\u201d ser\u00eda la m\u00e1s cercana y concordante con la tesis tomista de los dones como \u201ch\u00e1bitos operativos necesarios para actuar \u201cmodo divino, pronta, f\u00e1cil y fruitivamente la fe y la caridad, que sin ellos ser\u00edan imperfectos\u201d. Esta idea de la insuficiencia de la fe y la caridad es la que es por entero ajena a J. de la Cruz.<\/p>\n<p>No habla de dones intelectivos que completen la fe. Contemplaci\u00f3n es perfecci\u00f3n de la fe y no considera que sean los dones los que dan el acto de la \u00a0contemplaci\u00f3n. Si conoce la doctrina, como aqu\u00ed parece dar a entender, no la considera de relieve, de tanto relieve como posteriormente alcanz\u00f3 con Juan de Santo Tom\u00e1s y los comentadores de esos pasos de la <em>Suma de teolog\u00eda <\/em>(I-II, p.68-70). La diferencia entre modo pasivo y modo activo le parece suficiente para marcar la necesaria progresi\u00f3n y la gratuidad de todo inicio y avance en el camino de la fe. La caridad o la vida teologal en general para J. de la Cruz es fuerza suficiente para la perfecci\u00f3n del hombre. Ella es la que activa y purifica el ejercicio de otros dones y carismas. No hay necesidad en su sistema pr\u00e1ctico ni doctrinal para los dones, solo conveniencia.<\/p>\n<p>Esta gradaci\u00f3n en siete escalones parece tradicional y con evidentes paralelismos teresianos, pero no provoca doctrina sobre el septenario cl\u00e1sico, aunque el autor se deja envolver por la magia del siete y encadena s\u00edmbolos num\u00e9ricos en la continuaci\u00f3n de esta cita: \u201cDe manera que, si venciere al demonio en lo primero, pasar\u00e1 a lo segundo; y si tambi\u00e9n en lo segundo, pasar\u00e1 a lo tercero; y de ah\u00ed adelante todas las siete mansiones, hasta meterla el Esposo en la cela vinaria (Cant. 2,47) de su perfecta caridad, que son los siete grados de amor\u201d. La menci\u00f3n de la bodega, hace a este texto un claro paralelo del anterior de <em>C\u00e1ntico <\/em>26, pero no se prolonga el paralelismo con la menci\u00f3n de los dones del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p>S\u00f3lo el don de <em>temor <\/em>se menciona expresamente y se le coloca en el grado m\u00e1s alto de la perfecci\u00f3n: \u201cY as\u00ed, cuando el alma llega a tener en perfecci\u00f3n el esp\u00edritu de temor, tiene ya en perfecci\u00f3n el esp\u00edritu del amor, por cuanto aquel temor (que es el \u00faltimo de los siete dones) es filial, y el temor perfecto de hijo sale de amor perfecto de padre, y as\u00ed, cuando la Escritura divina quiere llamar a uno perfecto en caridad, le llama temeroso de Dios\u201d (CB 26, 3). Perfectamente nos damos cuenta de que conoce la teor\u00eda, pero no la usa. Otras veces ha propuesto escalas de amor (N 2,19-20), pero nunca ha empleado el septenario. La <em>Llama, <\/em>que abunda en doctrina y experiencias del Esp\u00edritu Santo, no menciona el \u201cseptiforme munus\u201d.<\/p>\n<p>El don de <em>ciencia <\/em>parece estar debajo de la especulaci\u00f3n en algunos textos (cf. CB 26, 5.8.13.16; 27 4.5 y N 2,17,6). El don de <em>sabidur\u00eda <\/em>cabe entenderlo abundantemente disimulado en muchos textos, pero tanto estos como los dem\u00e1s no forman parte de ning\u00fan sistema, no juegan papel alguno en la articulaci\u00f3n y ordenamiento de la materia teol\u00f3gica y m\u00edstica, aunque su trasfondo mental evidentemente coincida con las ideas comunes que ordinariamente convoca en contextos pr\u00f3ximos a la teor\u00eda tomista. Prefiere el Santo el lenguaje b\u00edblico y sobre todo po\u00e9tico. Es decir, que ha descubierto nuevos nombres para la multiforme acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo y prefiere atenerse a esos productos de su propio jard\u00edn.<\/p>\n<p><em>Gabriel Castro<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tomado en sentido estricto el tema de los siete dones del \u00a0Esp\u00edritu Santo juega un escas\u00edsimo papel en el conjunto de la obra sanjuanista. 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