{"id":3521,"date":"2020-01-30T11:42:38","date_gmt":"2020-01-30T17:42:38","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3521"},"modified":"2021-01-30T11:56:21","modified_gmt":"2021-01-30T17:56:21","slug":"amor-3","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3521","title":{"rendered":"Amor"},"content":{"rendered":"\n<p>En la vida y en los escritos de santa Teresa, el amor es tema que se desdobla en dos aspectos fundamentales: la afectividad amorosa (experiencia y pensamiento), y el amor teologal, que en ella adquiere quilates especiales dentro de la experiencia m\u00edstica. Uno y otro muy vinculados entre s\u00ed. Aqu\u00ed trataremos s\u00f3lo del primero. Dejamos para otros apartados del Diccionario el aspecto primero as\u00ed como amigos, amistad, a los que remitimos.<\/p>\n\n\n\n<p>1. La experiencia del\namor en el relato de \u201cVida\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>El amor ocupa puesto\nimportante en la psique de Teresa. Su afectividad, rica en facetas, es\nprimordialmente amorosa. De ah\u00ed la relevancia que adquiere en el relato de\nVida, teniendo en cuenta, sobre todo, el enfoque introspectivo que la autora ha\ndado a ese y a otros ensayos autobiogr\u00e1ficos. Al escribir el libro, T tiene\nclara conciencia del papel determinante que el amor ha jugado en su historia\nhumana y en su vida espiritual. Su drama \u00edntimo consisti\u00f3 en c\u00f3mo pasar del\namor humano al amor divino. Basta seguir su relato para comprobarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>a) En el hogar. \u2013\nTeresa comienza la narraci\u00f3n por el ambiente y los episodios hogare\u00f1os. Ella\nforma parte de una familia numerosa: tres hermanas, y ocho (o nueve) hermanos,\nm\u00e1s los padres, y el s\u00e9quito de dom\u00e9sticos, que alternan vida entre la ciudad\nde \u00c1vila y la aldea de Gotarrendura. En la familia, ella es \u201cla m\u00e1s querida\u201d de\ntodos. Infancia sin lagunas afectivas. La docena de hermanos es oriunda de dos\nmadres (en primeras y segundas nupcias de don Alonso). Muy querida ella, sin\nreticencias, por su medio-hermana mayor, Mar\u00eda. Cuando T quede hu\u00e9rfana de\nmadre a los 13\/14 a\u00f1os, esta su hermana seguir\u00e1 desempe\u00f1ando funciones de\nmadre. Don Alonso no alejar\u00e1 del hogar a T para internarla en un pensionado,\nsino cuando falte de casa Mar\u00eda, casada y residente en una aldea. A\u00fan despu\u00e9s\ndel matrimonio de \u00e9sta, T recuerda y subraya el amor con que ella y su marido\nla acogen en Castellanos de la Ca\u00f1ada: \u201cera extremo el amor que me ten\u00eda&#8230; y\nsu marido tambi\u00e9n me amaba mucho\u201d (3,3). Amor fraterno con predilecciones\nnormales: primero para Rodrigo, que es el hermano que la precede en edad (\u201cera\nel que yo m\u00e1s quer\u00eda\u201d: 1,4), y luego para Lorenzo, que es el que la sigue. La\nafectividad familiar de T sufre el impacto de la orfandad, al perder a su\nmadre: \u201ccomenc\u00e9 a entender lo que hab\u00eda perdido&#8230;\u201d (1,7).<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00f3lo que entre tanto\n\u2013entre adolescencia y juventud\u2013, T ha ca\u00eddo en la red de los amor\u00edos juveniles\na primos y a otros que le hacen la corte. Es entonces cuando ella conoce el\namor pasional y algo turbio de una o varias parientas de su edad (V 2,3-4).\nAmores juveniles con clara orientaci\u00f3n hacia un posible matrimonio: \u201cera el\ntrato con quien por v\u00eda de casamiento me parec\u00eda pod\u00eda acabar en bien\u201d (2,9).<\/p>\n\n\n\n<p>En el plano\nimaginativo y emocional, ese panorama afectivo hab\u00eda sido precedido y\nalimentado por la lectura de las fantasiosas novelas de caballer\u00edas, que no\neran cortas en idilios de amor, sin excluir escenas escabrosas. Tambi\u00e9n esas\nlecturas se sumar\u00e1n al substrato afectivo de infancia y adolescencia, tan\nimportante para integrar el tejido psicol\u00f3gico de los a\u00f1os de madurez.<\/p>\n\n\n\n<p>b) En la Encarnaci\u00f3n.\n\u2013 Para dar el paso hacia la vida religiosa, T no tuvo problema en desligarse\ndel afecto de los supuestos j\u00f3venes pretendientes. Ese sector afectivo parece netamente\ndefinido y rebasado a sus veinte a\u00f1os. En cambio, tiene que imponerse un\nesfuerzo heroico en la dependencia del afecto paterno: \u201cera tanto lo que me\nquer\u00eda (mi padre), que en ninguna manera pude acabar con \u00e9l\u201d la licencia para\ningresar (3,7). Tiene que fugarse de casa (4,1). Pero es tal su \u201csentimiento\u201d,\nque \u201cno creo ser\u00e1 m\u00e1s cuando me muera\u201d (4,1). Si \u00e9ste no es el primer caso de\nconflicto entre amor y voluntad, s\u00ed es la primera vez en que \u00e9sta se impone\nreciamente al coraz\u00f3n. En adelante, afectividad y volitividad (\u201cdeterminaci\u00f3n\u201d,\ndir\u00e1 ella) alternar\u00e1n en el drama humano de Teresa.<\/p>\n\n\n\n<p>En el monasterio\nsobrevendr\u00e1 una jornada crucial a lo largo de casi veinte a\u00f1os. En la\nEncarnaci\u00f3n T tiene una \u201cgran amiga\u201d, Juana Ju\u00e1rez (3,2). Y probablemente otras\nm\u00e1s. Ninguna de ellas enturbia su proceso de maduraci\u00f3n afectiva. Tampoco le es\n\u00f3bice el creciente amor de su padre. En cambio, entre los 29 y los 39 de edad,\nT tiene que batirse por definir su relaci\u00f3n afectiva con seglares que se\nprendan de ella. Son probablemente antiguos amigos de juventud, que ahora\nreanudan y distorsionan la afectividad de la joven religiosa. Con alternativas\nde superaci\u00f3n y retroceso. Y con m\u00e1s de un episodio simb\u00f3lico de gran carga\nemotiva, referido por ella con tintes coloristas: la visi\u00f3n del rostro de\nCristo, y el episodio del sapo (7, 6.8). Ni siquiera el hecho de su\n\u201cconversi\u00f3n\u201d logra aclarar del todo esa situaci\u00f3n de afectividad dispersiva y\nmal definida. Ella misma sigue percibi\u00e9ndola como una r\u00e9mora en su maduraci\u00f3n\npersonal, o m\u00e1s bien como un diversivo que le impide centrar y unificar su\nafectividad a nivel religioso, en direcci\u00f3n cristol\u00f3gica, \u00fanico rumbo posible\nen coherencia con su condici\u00f3n de consagrada.<\/p>\n\n\n\n<p>c) La liberaci\u00f3n del\ncoraz\u00f3n. \u2013 En su autobiograf\u00eda, T misma se\u00f1ala el momento cimero que fija la\ndivisi\u00f3n de vertientes en la din\u00e1mica de su amor. Lo refiere con todo detalle\nen el cap\u00edtulo 24. \u201cFue la primera vez que el Se\u00f1or me hizo esta merced de\narrobamientos\u201d (24,5). Es decir, fue su primer \u00e9xtasis el que le permiti\u00f3\nrecuperar \u201cen un punto (=en un instante) la libertad\u201d de amar, \u201clibertad que\nyo, con todas cuantas diligencias hab\u00eda hecho muchos a\u00f1os hab\u00eda, no pude\nalcanzar conmigo\u201d (24,8). Ahora, seg\u00fan ella, ya no podr\u00e1 amar \u201ccon amor\nparticular, sino a personas que entiendo le tienen a Dios\u201d (24,6). Lo cual no\nsupondr\u00e1 una reducci\u00f3n de fronteras. En adelante, el n\u00famero de personas\nrealmente amadas por ella ser\u00e1 incontable: monjas, letrados, directores\nespirituales, obispos y superiores, parientes cercanos y lejanos, colaboradores\nde viaje o de fundaci\u00f3n o de ideales&#8230; Con claras predilecciones para algunos\ny algunas como cuando era ni\u00f1a: ahora ser\u00e1n B\u00e1\u00f1ez, Juan de la Cruz, Graci\u00e1n,\nMar\u00eda de san Jos\u00e9, Ana, Teresita&#8230; Pero su mundo afectivo ha quedado definido\ny unificado. Y su amor, \u201csacralizado\u201d. Seguir\u00e1 siendo human\u00edsimo y femenino,\npero inmerso en su enamoramiento m\u00edstico y condicionado por \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>2. Afectividad y\nsexualidad<\/p>\n\n\n\n<p>Esa secuencia de\nhechos alternantes plantean el problema de \u201camor y sexualidad\u201d en Teresa. Psic\u00f3logos\ny bi\u00f3grafos se lo han formulado expresamente desde enfoques contrapuestos. No\nse trata \u00fanicamente de la consabida interpretaci\u00f3n psicoanal\u00edtica del\nenmascaramiento m\u00edstico del amor o del instinto sexual. La pregunta del\npsic\u00f3logo recae sobre la normalidad o la anomal\u00eda de la evoluci\u00f3n afectiva y\nsexual de T.<\/p>\n\n\n\n<p>En el relato de Vida,\nya hemos notado que hubo momentos en que se perfil\u00f3 un posible proyecto de amor\nconyugal. Pero m\u00e1s de una vez ella misma ha testificado que nunca experiment\u00f3\nlos normales movimientos instintivos de la sexualidad. Cuando en la intimidad\nde la direcci\u00f3n espiritual fraterna, su hermano Lorenzo pide consejo\nreiteradamente a T sobre \u201cmovimientos sensuales que a \u00e9l le sobrevienen en el\nfervor de la oraci\u00f3n\u201d (c 182,5), ya antes le hab\u00eda respondido ella: \u201cDe esas\ntorpezas despu\u00e9s, de que vuestra merced me da cuenta, ning\u00fan caso haga; que,\naunque eso yo no lo he tenido \u2013porque siempre me libr\u00f3 Dios, por su bondad, de\nesas pasiones\u2013, entiendo debe ser que, como el deleite del alma es tan grande,\nhace movimiento en el natural; ir\u00e1se gastando con el favor de Dios, como no\nhaga caso de ello. Algunas personas lo han tratado conmigo\u201d (cta 177,7: 17 de\nenero de 1577).<\/p>\n\n\n\n<p>Repiti\u00f3 esa misma\nconstataci\u00f3n en confidencias personales a monjas amigas. La m\u00e1s \u00edntima de\ntodas, Mar\u00eda de san Jos\u00e9, cuenta que \u201cdeseando esta testigo saber&#8230; de ella en\nesta materia de castidad, se lo pregunt\u00f3; y que la dicha madre Teresa le\nrespondi\u00f3: doy gracias a nuestro Se\u00f1or, hija m\u00eda, que nunca en toda mi vida fui\nmolestada de tentaciones ni pensamientos deshonestos&#8230; Y dijo m\u00e1s esta\ntestigo: o\u00eda decir de una religiosa de mucho cr\u00e9dito que, tratando con la dicha\nmadre Teresa y comunic\u00e1ndole cierta aflicci\u00f3n que acerca de esta materia ten\u00eda,\nle hab\u00eda respondido la dicha madre: cierto, hija, que como no s\u00e9 de eso, no la\npuedo satisfacer\u201d (BMC 18, 500). Otra de sus \u00edntimas, Ana de Jes\u00fas (Lobera),\ndeclara: \u201cdici\u00e9ndole una de nosotras hab\u00eda le\u00eddo que los deleites espirituales\ndespertaban alguna vez los corporales, que \u00bfc\u00f3mo era eso?, respondi\u00f3: no s\u00e9;\ncierto, jam\u00e1s me aconteci\u00f3 ni pens\u00e9 que pod\u00eda ser\u201d (ib p. 470. \u2013 Cf el\ntestimonio de su sobrina Teresita, en p. 194). Afirmaci\u00f3n que se repetir\u00e1\nrutinariamente en los posteriores procesos de la Santa, una vez que la pregunta\nse formule expresamente en el articulado procesal de 1610, en estos t\u00e9rminos:\n\u201cNunca tuvo tentaciones de la carne, y as\u00ed, a manera de \u00e1ngel, ignoraba\nsemejantes pasiones por especial gracia de Dios. Por cuya causa, si alguna\nmonja, atormentada con las tentaciones de la carne, se acog\u00eda por remedio a la\nsierva de Dios, dec\u00eda que ella no pod\u00eda aconsejarla, porque jam\u00e1s hab\u00eda\nexperimentado en s\u00ed estos movimientos\u201d (BMC 20, p. XL: \u201cR\u00f3tulo\u201d, art\u00edculo 60).<\/p>\n\n\n\n<p>A los psic\u00f3logos de\nhoy esa constataci\u00f3n les ha planteado el problema de la sexualidad de T,\n\u00bfnormal o no? Para responder, se subraya \u2013quiz\u00e1s desmesuradamente\u2013 la\nafirmaci\u00f3n de ella misma ante la disyuntiva entre opci\u00f3n por el matrimonio o\npor la vida religiosa: \u201cdeseaba no ser monja, que esto no fuese Dios servido de\nd\u00e1rmelo, aunque tambi\u00e9n tem\u00eda el casarme\u201d (V 3,2). Se insiste en el \u00faltimo\ninciso: \u201c\u00a1Tem\u00eda casarme! \u00a1Desconcertante confesi\u00f3n de una adolescente que viv\u00eda\nla explosi\u00f3n del primer enamoramiento serio!\u201d (\u00a1Notemos que se trata de una\n\u201cadolescente\u201d de 17 a 18 a\u00f1os!) Y la conclusi\u00f3n a que se llega es: \u201cla no\nnormal evoluci\u00f3n de la sexualidad de ella\u201d, debida a la educaci\u00f3n recibida en\nel hogar, a la lectura de los fant\u00e1sticos e irreales libros de caballer\u00edas, y\nal contexto cultural de \u00c1vila y de la \u00e9poca. Quiz\u00e1s el historiador no coincida\ncon el veredicto del psic\u00f3logo. (Remitimos al estudio m\u00e1s reciente: J.\nSanmiguel Eguiluz: L\u00edmites sin fronteras. Teresa de Jes\u00fas y Juan de la Cruz a\nla luz de la psicolog\u00eda, especialmente pp. 63-70). En todo caso, es en ese humus\ndonde arraigar\u00e1 y florecer\u00e1 el sobrenatural amor m\u00edstico de Teresa. Y tambi\u00e9n\nese dato habr\u00e1 de ser tenido en cuenta cuando psic\u00f3logos y psicoanalistas pasan\nde extremo a extremo al encontrarse con los fen\u00f3menos m\u00edsticos narrados por\nella, concretamente con la transverberaci\u00f3n del coraz\u00f3n (V 29,13; M 6,2,4; R\n5,15-17), tantas veces le\u00edda por el env\u00e9s del testimonio de la autora.<\/p>\n\n\n\n<p>3. Amor y poes\u00eda<\/p>\n\n\n\n<p>En Teresa, como en\nciertos m\u00edsticos, la experiencia de Dios produjo una sublimaci\u00f3n del amor.\n(\u201cSublimaci\u00f3n\u201d, en la acepci\u00f3n corriente del t\u00e9rmino.) A ella le cuadra\nexactamente la definici\u00f3n del \u201camor loco\u201d de J. Maritain. Algunos de sus\n\u00e9xtasis se producen por suprema exaltaci\u00f3n del amor. Las heridas m\u00edsticas que\nculminan en la \u201cgracia del dardo\u201d (V 29), son traumas de amor. Es altamente\nindicativo el grupo de vocablos utilizados por T al referir esa \u00faltima\nexperiencia: coraz\u00f3n, entra\u00f1as, fuego, dardo de oro, toda abrasada en amor\ngrande de Dios&#8230; Todo ello enmarcado en el enunciado global: \u201ccrec\u00eda en m\u00ed un\namor tan grande de Dios, que no sab\u00eda qui\u00e9n me lo pon\u00eda, porque era muy\nsobrenatural ni yo lo procuraba&#8230; D\u00e1banme unos \u00edmpetus grandes de amor\u201d (V\n29,8).<\/p>\n\n\n\n<p>De suerte que el amor\nconstituye la esencia misma de la m\u00edstica teresiana. Estar \u201cenamorada\u201d es el\nestado subyacente de la psique de Teresa. \u201cEnamorarse \/ enamorada\u201d son vocablos\ncon relativa frecuencia en sus escritos. En todo caso, con estad\u00edstica muy\ninferior a los textos de fray Juan de la Cruz. Pero es igualmente determinante\nla presencia del motivo amoroso en los poemas de ambos, en cuanto exponente\nl\u00edrico de lo profundo.<\/p>\n\n\n\n<p>En los poemas de\nTeresa, el amor es una constante de sus poemas l\u00edricos. Vida, amor y muerte de\namor son el argumento del Poema 1\u00ba, que comienza: \u201cVivo ya fuera de m\u00ed \/\ndespu\u00e9s que muero de amor\u201d. El Poema 2\u00ba es igualmente un canto de amor: \u201choy os\ncanta amor as\u00ed&#8230;\u201d (estrofa primera). El Poema 3\u00ba glosa el verso del b\u00edblico\nCantar de los Cantares: \u201cdilectus meus mihi\u201d: \u201crendida en los brazos del amor\u201d\n(estrofa primera), herida \u201ccon una flecha enherbolada de amor \/ ya yo no quiero\notro amor&#8230;\u201d (estrofa segunda). El \u201ccoloquio amoroso\u201d del Poema 4\u00ba comienza:\n\u201csi el amor que me ten\u00e9is, \/ Dios m\u00edo, es como el que os tengo&#8230;\u201d, pretensi\u00f3n\namorosa que ya hab\u00eda sido codificada en un atrevido pasaje de Vida (37,8).\nSiguen todav\u00eda, entre madrigal e idilio, los poemas 5\u00ba (\u201cDichoso el coraz\u00f3n\nenamorado&#8230;\u201d), 6\u00ba y 8\u00ba.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa especie de\nsinfon\u00eda po\u00e9tica hace comprensible la sensibilidad de Teresa frente a poemas\ncomo el Cantar de los Cantares, cuya imaginer\u00eda le resulta obvia, hasta el\npunto de no permitirle comprender -ni tolerar- ciertos gestos escandal\u00edsticos\nde su \u00e9poca: \u201che o\u00eddo a algunas personas decir que antes (=m\u00e1s bien) hu\u00edan de\no\u00edrlas (o\u00edr o leer esos versos de los Cantares). \u00a1Oh v\u00e1lgame Dios, qu\u00e9 gran\nmiseria la nuestra! Que como a las cosas ponzo\u00f1osas, que cuanto comen se vuelve\nen ponzo\u00f1a, as\u00ed nos acaece&#8230;\u201d (Conc 1,3). Esa sensibilidad de T explica\nigualmente la franca acogida que ella hace al C\u00e1ntico espiritual de fray Juan\nde la Cruz, apenas tiene noticia de las canciones del Santo, que tambi\u00e9n eran\n\u201ccanciones que tratan del ejercicio de amor entre el alma y el Esposo Cristo\u201d\n(t\u00edtulo de la glosa).<\/p>\n\n\n\n<p>4. La lecci\u00f3n\ndoctrinal<\/p>\n\n\n\n<p>Es dif\u00edcil sintetizar\naqu\u00ed la pedagog\u00eda del amor en la praxis y en los escritos teresianos. Habr\u00eda\nque recorrer su epistolario y espigar detenidamente los testimonios de los\nprocesos de canonizaci\u00f3n de la Santa. Por ello, nos limitamos a la sola l\u00ednea\ndoctrinal seguida por ella en el Camino y en las Moradas. Educaci\u00f3n asc\u00e9tica\ndel amor, en el primero. M\u00edstica del amor, en las segundas.<\/p>\n\n\n\n<p>Al principiante de\noraci\u00f3n ya le hab\u00eda aconsejado ella en Vida (12,2) lo mucho que le conviene\n\u201cenamorarse\u201d de la Humanidad de Jes\u00fas, desde los primeros pasos del camino\nespiritual. Tambi\u00e9n en el Camino comienza con la consigna de educar el amor.\nTeresa escribe ese libro para lectoras principiantes: aprendices de vida\ncomunitaria en el nuevo estilo de la peque\u00f1\u00edsima comunidad de San Jos\u00e9; y\naprendices de oraci\u00f3n y vida contemplativa. En uno y otro aspecto, ese\naprendizaje deber\u00e1 comenzar por el amor. \u201cAmor de unas con otras\u201d (4,4) es la\nprimera de las tres virtudes o actitudes b\u00e1sicas que les propone. Sin amor no\nhabr\u00e1 comunidad: \u201caqu\u00ed todas han de ser amigas, todas se han de amar, todas se\nhan de querer, todas se han de ayudar\u201d (4,7). Es cosa absurda convivir sin\namarse: cosa de \u201cgente bruta\u201d (4,10). Igualmente, el amor fraterno a nivel\nhorizontal ser\u00e1 la base para el amor teologal, ya que la oraci\u00f3n no consistir\u00e1\ntanto en pensar mucho como en amar mucho.<\/p>\n\n\n\n<p>A las j\u00f3venes\naprendices del Camino les propone desde el primer momento el ideal del \u201camor\npuro\u201d o \u201camor puro espiritual\u201d. Seg\u00fan ella, amor puro es, ante todo, el amor\ndesinteresado, libre de ego\u00edsmo, practicado con obras y no s\u00f3lo con sentimientos.\nAmor sacrificado, como el de Jes\u00fas, verdadero \u201ccapit\u00e1n del amor\u201d (6,9). Amor en\ncomuni\u00f3n, alegr\u00e1ndose y condoli\u00e9ndose con las alegr\u00edas y los sufrimientos de\nlos otros (7,6-7). Amor basado, no en meras apariencias de belleza y simpat\u00eda,\nsino en valores consistentes, capaces de eternidad (6,3). Teresa les dise\u00f1a la\nsilueta del verdadero amante: \u201cson estas personas que Dios llega a este estado\n(al amor puro) almas generosas, almas reales; no se contentan con amar cosa tan\nruin como estos cuerpos, por hermosos que sean, por muchas gracias que tengan,\nbien que place a la vista y alaban al Criador; mas para detenerse en ello, no.\nDigo \u2018\u2018detenerse\u2019\u2019 de manera que por estas cosas les tengan amor; les parecer\u00eda\nque aman cosa sin tomo y que se ponen a querer sombra; se correr\u00edan de s\u00ed\nmismos y no tendr\u00edan cara, sin gran afrenta suya, para decir a Dios que le\naman\u201d (6,4).<\/p>\n\n\n\n<p>En la pedagog\u00eda del\nCamino, el amor puro es un hito ideal. Pero flanqueado de escollos concretos:\nel peligro de los \u201cbandillos\u201d, la sensibler\u00eda, el acaparamiento de afectos\najenos. El m\u00e1s temible de esos escollos es, sin embargo, la carencia de amor.\nLa redacci\u00f3n primera del libro conclu\u00eda as\u00ed el argumento del amor: \u201cquiero m\u00e1s\nque se quieran y amen tiernamente y con regalo, aunque no sea tan perfecto como\nel amor que queda dicho&#8230;, que no que haya un punto de discordia\u201d. La\ndiscordia o el desamor equivaldr\u00edan a \u201cechar de casa al Esposo\u201d, es decir, a\nfrustrar la dimensi\u00f3n vertical del amor, necesaria para la vida contemplativa\n(cc. 4-7).<\/p>\n\n\n\n<p>Ser\u00e1 este \u00faltimo el\naspecto que T desarrollar\u00e1 en las Moradas, pasando ya de la ascesis del amor a\nla m\u00edstica del amor. Lo har\u00e1 a base de dos afirmaciones fundamentales: que el\namor es unitivo, en cuanto el amor a los hermanos es medio para la uni\u00f3n m\u00edstica\ncon Dios; y que el amor humano s\u00f3lo puede llegar a plenitud en cuanto implique\nel amor a Dios: \u201cporque creo yo que seg\u00fan es malo nuestro natural, si no es\nnaciendo de ra\u00edz del amor de Dios, no llegaremos a tener con perfecci\u00f3n el amor\ndel pr\u00f3jimo\u201d (M 5,3,9). En un mundo marcado por los odios y la violencia, el\namor puro en la comunidad contemplativa se torna aut\u00e9ntico apostolado del amor:\n\u201c\u00bfPens\u00e1is que es poca ganancia que sea vuestra humildad tan grande&#8230; y el\nservir a todas, y una gran caridad con ellas, y un amor del Se\u00f1or, que ese\nfuego las encienda a todas, y con las dem\u00e1s virtudes siempre las and\u00e9is\ndespertando?\u201d Justamente eso ser\u00e1 \u201callegar almas a Dios\u201d, espec\u00edfico apostolado\nde la contemplativa (M 7,4,14), apostolado del amor.<\/p>\n\n\n\n<p>Modelo de amor loco\nes, para T, el Poverelo de As\u00eds, \u201ccuando le toparon los ladrones, que andaba\npor el campo dando voces, y les dijo que era pregonero del gran Rey&#8230; \u00a1Oh qu\u00e9\nlocura, hermanas, si nos la diera Dios!\u201d (M 6,6,11). M\u00e1s aun, como modelos de\namor T preferir\u00e1 a los dos grandes convertidos b\u00edblicos, san Pablo y la\nMagdalena: \u201cen tres d\u00edas el uno comenz\u00f3 a entenderse que estaba enfermo de\namor: \u00e9ste fue san Pablo; la Magdalena desde el primer d\u00eda, y \u00a1cu\u00e1n bien\nentendido!\u201d (C 40,3). Modelo excelso sobre todos, la Virgen Mar\u00eda, en quien T\nve el sumo ejemplar amoroso de la Esposa de los Cantares. En ella se verific\u00f3\nel verso \u201corden\u00f3 en m\u00ed el amor\u201d: \u201cOh Se\u00f1ora m\u00eda, cu\u00e1n al cabal se puede\nentender por Vos lo que pasa Dios con la Esposa, conforme a lo que dice en los\nC\u00e1nticos&#8230;\u201d (Conc 6,8). <\/p>\n\n\n\n<p>BIBL. \u2013 M. Herr\u00e1iz,\nAmor divino y humano en Teresa de Jes\u00fas, en \u00abA zaga de tu huella. Estudios\nTeresianos\u00bb, Burgos 2001, pp. 269-283; L. Borriello, Amore, amicizia e Dio in\ns. Teresa, en \u00abTeresianum\u00bb 33 (1982), 282-330.<\/p>\n\n\n\n<p>T. \u00c1lvarez<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la vida y en los escritos de santa Teresa, el amor es tema que se desdobla en dos aspectos fundamentales: la afectividad amorosa (experiencia y pensamiento), y el amor teologal, que en ella adquiere quilates especiales dentro de la &hellip; <a href=\"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3521\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":""},"categories":[21],"tags":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p2dsrC-UN","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3521"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3521"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3521\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3522,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3521\/revisions\/3522"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3521"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3521"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3521"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}