{"id":3586,"date":"2020-02-04T16:58:21","date_gmt":"2020-02-04T22:58:21","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3586"},"modified":"2021-02-04T16:59:21","modified_gmt":"2021-02-04T22:59:21","slug":"oracion-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3586","title":{"rendered":"Oraci\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<p>Tomado de: <strong>LEON-DUFOUR. Xavier, <em>Vocabulario de teolog\u00eda b\u00edblica<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>I. LA ORACI\u00d3N\nEN LA HISTORIA DE ISRAEL<\/p>\n\n\n\n<p>La constante\nm\u00e1s estable de las oraciones del AT es sin duda su relaci\u00f3n con el plan\nsalv\u00edfico de Dios: se ora a partir de lo que ha sucedido, de lo que sucede o,\npara que suceda algo, a fin de que se d\u00e9 a la tierra la salvaci\u00f3n de Dios. El\ncontenido de la oraci\u00f3n de Israel la sit\u00faa por tanto en la historia. Por su\nparte la historia sagrada est\u00e1 marcada por la oraci\u00f3n: es sorprendente observar\ncu\u00e1ntos grandes momentos de esta historia est\u00e1n se\u00f1alados por la oraci\u00f3n de los\nmediadores y del pueblo entero, que se apoyan en el conocimiento del designio\nde Dios para obtener su intervenci\u00f3n en la hora presente. Vamos a dar s\u00f3lo\nalgunos ejemplos, que ser\u00e1n luego confirmados por la oraci\u00f3n de Cristo y de su\nesposa, la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>1. Mois\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>Mois\u00e9s domina\ntodas las figuras de orantes del AT. Su oraci\u00f3n, tipo de la oraci\u00f3n de\nintercesi\u00f3n, anuncia la de Jes\u00fas. En consideraci\u00f3n de Mois\u00e9s salva Dios al\npueblo <em>Ex&nbsp;33,17<\/em>, haciendo clara distinci\u00f3n entre ambos <em>32,10<\/em>\n<em>33,16<\/em>. Esta oraci\u00f3n es dram\u00e1tica <em>32,32<\/em>; sus argumentos siguen el\nesquema de toda s\u00faplica: \u2014llamamiento al amor de Dios: \u00abesta naci\u00f3n es tu\npueblo\u00bb <em>33,13<\/em> <em>32,11<\/em> <em>Num&nbsp;11,12<\/em>\u2014, llamamiento a su\njusticia y fidelidad: \u2014que te reconozcan, recuerda tus acciones pasadas\u2014,\nconsideraci\u00f3n de la gloria de Dios: \u00bfqu\u00e9 dir\u00e1n los otros si nos abandonas? <em>Ex&nbsp;32,11-14<\/em>.\nTambi\u00e9n de la oraci\u00f3n, una oraci\u00f3n m\u00e1s contemplativa y que transforma a Mois\u00e9s\npara bien de los otros <em>34,29-35<\/em>, brota la obra de Mois\u00e9s legislador. El\nciclo de Mois\u00e9s guarda finalmente el recuerdo y el tipo de una perversi\u00f3n de la\noraci\u00f3n: \u00abtentar a Dios\u00bb. En estos casos la oraci\u00f3n sigue la pendiente de la\ncodicia, contrariamente al llamamiento de la gracia hacia el designio divino:\nen el episodio de Meriba y en el de las codornices se pone a Dios a prueba <em>Ex&nbsp;16,7<\/em>\n<em>Sal&nbsp;78<\/em> <em>106,32<\/em>. Esto equivale a decir que se creer\u00e1 en \u00e9l si\nhace nuestra voluntad <em>Jdt&nbsp;8,11-17<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>2. Reyes y\nprofetas.<\/p>\n\n\n\n<p>El anuncio\nmesi\u00e1nico del profeta Nat\u00e1n suscita en David una oraci\u00f3n, cuya esencia es esto:\n\u00abObra como t\u00fa lo has dicho\u00bb <em>2Sa&nbsp;7,25<\/em> <em>1Re&nbsp;8,26<\/em>. Asimismo\nSalom\u00f3n al inaugurar el templo incluye en su oraci\u00f3n a todas las generaciones\nvenideras (oficio de la dedicaci\u00f3n: <em>1Re&nbsp;8,10-16<\/em>); predomina un\nelemento de contrici\u00f3n <em>1Re&nbsp;8,47<\/em>, que volver\u00e1 a hallarse despu\u00e9s de\nla destrucci\u00f3n del templo <em>Bar&nbsp;2.1-3,8<\/em> <em>Neh&nbsp;9<\/em>. Se nos ha\nconservado otras oraciones reales <em>2Re&nbsp;19,15-19<\/em> <em>2Par&nbsp;14,10<\/em>\n<em>20,6-12<\/em> <em>33,12.18<\/em>. La oraci\u00f3n por el pueblo entraba sin duda en\nlas funciones oficiales del rey.<\/p>\n\n\n\n<p>Por el poder de\nintercesi\u00f3n <em>Gen&nbsp;18,22-32<\/em> merece Abraham ser llamado profeta <em>20,7<\/em>;\nlos profetas fueron hombres de oraci\u00f3n (El\u00edas: <em>1Re&nbsp;18,36s<\/em> <em>Sant&nbsp;5,17s<\/em>)\ny tambi\u00e9n intercesores, como Samuel <em>Jer&nbsp;15,1<\/em>, Am\u00f3s <em>Am&nbsp;7,1-6<\/em>,\ny sobre todo Jerem\u00edas. En este \u00faltimo ver\u00e1 la tradici\u00f3n \u00abal que ora mucho por\nel pueblo\u00bb <em>2Mac&nbsp;15,14<\/em>. La funci\u00f3n de intercesor supone una\nconciencia clara a la vez de la distinci\u00f3n y de la relaci\u00f3n que se establecen\nentre el individuo y la comunidad. Esta conciencia (tambi\u00e9n <em>Jer&nbsp;45,1-5<\/em>)\nes la que constituye la riqueza de la oraci\u00f3n de Jerem\u00edas, paralela en diversos\npuntos a la de Mois\u00e9s, pero ilustrada m\u00e1s abundantemente. Unas veces es el que\nimplora la salvaci\u00f3n del pueblo <em>10,23<\/em> <em>14,7ss.19-22<\/em> <em>37,3.<\/em>,\ncuyos dolores hace suyos <em>4,19<\/em> <em>8,18-23<\/em> <em>14,17s<\/em>; otras veces\nse queja de \u00e9l <em>15,10<\/em> <em>12,1-5<\/em> y hasta clama venganza <em>15,15<\/em> <em>17,18<\/em>\n<em>18,19-23<\/em>: otras se interesa por su propia suerte <em>20,7-18.<\/em>. Son\nnumerosas las relaciones de forma y de fondo entre estas oraciones y la\ncolecci\u00f3n de los salmos.<\/p>\n\n\n\n<p>Esdras y\nNehem\u00edas oran tambi\u00e9n a la vez por s\u00ed mismos y por los otros <em>Esd&nbsp;9,6-15<\/em>\n<em>Neh&nbsp;1,4-11<\/em>. M\u00e1s tarde los Macabeos no se baten tampoco sin orar <em>1Mac&nbsp;5,33<\/em>\n<em>11,71<\/em> <em>2Mac&nbsp;8,29<\/em> <em>15,20-28<\/em>. La importancia de la\noraci\u00f3n personal formulada crece sencillamente en los libros postex\u00edlicos que\naportan as\u00ed un precioso testimonio <em>Jon&nbsp;2,3-10<\/em> <em>Tob&nbsp;3.11-16<\/em>\n<em>Jdt&nbsp;9,2-14<\/em> <em>Est&nbsp;4,17<\/em>. Estas oraciones fueron escritas\npara ser le\u00eddas en un relato, despu\u00e9s de lo cual puede uno apropi\u00e1rselas, y la\nIglesia invita a hacerlo. Pero el fin de los que formaron el salterio como\ncolecci\u00f3n era que se rezase: ninguna oraci\u00f3n de Israel se puede comparar coa el\nsalterio por raz\u00f3n de su car\u00e1cter universal.<\/p>\n\n\n\n<p>II. LOS SALMOS,\nORACI\u00d3N DE LA ASAMBLEA<\/p>\n\n\n\n<p>Maravillas de\nYahveh <em>Sal&nbsp;104.<\/em>, mandamientos <em>Sal&nbsp;15<\/em> <em>81.<\/em>,\nprofetismo <em>Sal&nbsp;50<\/em>, sabidur\u00eda <em>Sal&nbsp;37.<\/em>, toda la Biblia\nconfluye en los salmos como por capilaridad y en ellos se convierte en oraci\u00f3n.\nEl sentimiento de la unidad de la oraci\u00f3n del pueblo elegido fue el que\npresidi\u00f3 su elaboraci\u00f3n, como tambi\u00e9n su adopci\u00f3n por la Iglesia. Dios, al\ndarnos el salterio, nos pone en la boca las palabras que quiere o\u00edr, nos indica\nlas dimensiones de la oraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>1. Oraci\u00f3n\ncomunitaria y personal.<\/p>\n\n\n\n<p>Con frecuencia\nla naci\u00f3n entera exulta, se acuerda o se lamenta: \u00ab\u00a1acu\u00e9rdate!\u00bb, \u00ab\u00bfhasta\ncu\u00e1ndo?\u00bb <em>Sal&nbsp;44<\/em> <em>74<\/em> <em>77<\/em>; otras veces, la comunidad de\nlos piadosos <em>Sal&nbsp;42,5<\/em>; los c\u00e1nticos de las subidas. El templo,\npresente o lejano, medio de resonancia de la oraci\u00f3n de la asamblea <em>Sal&nbsp;5,8<\/em>\n<em>28,2<\/em> <em>48,10, <\/em>se evoca frecuentemente en ellos. Se invoca a los\njustos <em>Sal&nbsp;119,63<\/em>, que sirven de argumento: no pierdan la fe al\nvernos caer <em>Sal&nbsp;69,7<\/em>; se les pondr\u00e1 al corriente cuando sea\nescuchada la oraci\u00f3n <em>Sal&nbsp;22,23<\/em>=<em>Heb&nbsp;2,12<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>A pesar de la\nconstante repetici\u00f3n de las mismas expresiones, el salterio no es un mero\nformulario o ceremonial. El acento espont\u00e1neo indica su origen en una\nexperiencia personal. Aparte las oraciones propiamente individuales, sobre todo\nel lugar que se asigna al rey ilustra la igual importancia que se da al\nindividuo y a la comunidad: el rey es con un t\u00edtulo eminente una persona \u00fanica,\ny al mismo tiempo el grupo halla en \u00e9l su s\u00edmbolo viviente. La atribuci\u00f3n\ntradicional de la colecci\u00f3n a David, que fue el primer salmista, indica su\nenlace con la oraci\u00f3n mediadora de Jes\u00fas, hijo de David.<\/p>\n\n\n\n<p>2. Oraci\u00f3n de\nla prueba.<\/p>\n\n\n\n<p>La oraci\u00f3n de\nlos salmos parte de la existencia en sus diversas situaciones. En ella se\npercibe poco el perfume de la soledad <em>Sal&nbsp;55,7<\/em> <em>11,1<\/em>; en\ncambio se oye mucho la plaza p\u00fablica y la guerra <em>Sal&nbsp;55<\/em> <em>59<\/em> <em>22,13s.17<\/em>,\ncosa que convierte al salterio en un texto m\u00e1s ca\u00f3tico y ruidoso de lo que\nalgunos podr\u00edan esperar de un libro de oraciones. Si se llama a Dios con estos\ngritos, con estos rugidos <em>Sal&nbsp;69,4<\/em> <em>6,7<\/em> <em>22,2<\/em> <em>102,6<\/em>,\nes que todo entra en juego, que se tiene necesidad de \u00e9l con toda la persona,\nalma y cuerpo <em>Sal&nbsp;63,2<\/em>. El cuerpo, con sus pruebas y sus goces,\nocupa en esta oraci\u00f3n el lugar que le corresponde en la vida <em>Sal&nbsp;22<\/em>\n<em>38.<\/em>. El salmista busca todos los bienes, el <em>t\u00f3r<\/em> <em>Sal&nbsp;4<\/em>\ny s\u00f3lo los espera de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Por el hecho de\nno renunciar a vivir con Dios ni a caminar ac\u00e1 en la tierra, se prepara al\ncrisol de la prueba. Fuera de esta perspectiva \u2014la experiencia de la direcci\u00f3n\nde Dios en los caminos del hombre que marcha\u2014 no se puede comprender su\noraci\u00f3n. Los gritos de s\u00faplica parten de los momentos en los que se pone a\nprueba la espera de la fe. \u00bfse frustra o no el designio de Dios sobre el\nindividuo o el pueblo? En torno al suplicante se ignora la oraci\u00f3n <em>Sal&nbsp;53,5<\/em>;\nse le acosa: \u00ab\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 tu Dios?\u00bb <em>Sal&nbsp;42,4<\/em>, y \u00e9l mismo se\ninterroga <em>Sal&nbsp;42-43<\/em> <em>73<\/em>: su certeza no es de esas a las que\nla vida no puede sustraer ni aportar nada. Esto ilustra los pasajes en uyle la\ninocencia se proclama a s\u00ed misma, no por pura complacencia, sino frente al\npeligro y porque el enemigo, siempre presente, la niega <em>Sal&nbsp;7,4ss&nbsp;y&nbsp;26<\/em>,\nque se reza en la misa.<\/p>\n\n\n\n<p>3. Oraci\u00f3n\nasegurada.<\/p>\n\n\n\n<p>El <em>leitmotiv<\/em>\nde la oraci\u00f3n de los salmos es <em>batah<\/em>: fiarse <em>Sal&nbsp;25,2<\/em> <em>55,24.<\/em>.\nEsta confianza que pasa de la risa a las l\u00e1grimas y viceversa <em>Sal&nbsp;116,10<\/em>\n<em>23,4<\/em> <em>119,143<\/em> se equilibra entre la s\u00faplica y la acci\u00f3n de\ngracias. Se dan gracias incluso antes de haber obtenido algo <em>Sal&nbsp;140,14<\/em>\n<em>22,25ss<\/em> <em>Jn&nbsp;11,41<\/em>. Los salmos que s\u00f3lo contienen alabanza son\nuna parte importante de la colecci\u00f3n. Los tres j\u00f3venes que alaban juntos en el\nhorno constituyen una imagen gen\u00e9rica para el salterio.<\/p>\n\n\n\n<p>4. Oraci\u00f3n en\nbusca del verdadero bien.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre, al\nesperar de Dios el bien, cualquiera que sea, es invitado a superarse mediante\nel descubrimiento de que Dios mismo se da juntamente con este bien. Se declara\nel gozo de vivir bajo la mirada de Dios, de estar con \u00e9l, de habitar su casa <em>Sal&nbsp;16<\/em>\n<em>23<\/em> <em>25,14<\/em> <em>65,5<\/em> <em>91<\/em> <em>119,33ss<\/em>. En cuanto a la\nesperanza de que Dios d\u00e9 acceso al hombre a su propia vida, no se puede afirmar\nque se alimente de ella la oraci\u00f3n de los salmos; sin embargo, en ella se\npresiente este don gratuito <em>Sal&nbsp;73,24ss<\/em> <em>16<\/em>. El que est\u00e9\nmodelado por la oraci\u00f3n de los salmos estar\u00e1 preparado para recibirlo y hallar\u00e1\nen ellos la forma de expresar esta experiencia.<\/p>\n\n\n\n<p>5. El salterio,\noraci\u00f3n de Jes\u00fas.<\/p>\n\n\n\n<p>En efecto, la\nrevelaci\u00f3n de Jes\u00fas autorizar\u00e1 una transposici\u00f3n y un enriquecimiento de las\nesperanzas del salmista; no suprimir\u00e1 su ra\u00edz en nuestra condici\u00f3n humana.\nAdem\u00e1s, la aplicaci\u00f3n de los salmos a Cristo podr\u00e1 hacerse independientemente\nde toda transposici\u00f3n: los salmos ser\u00e1n su oraci\u00f3n <em>Mt&nbsp;26,30<\/em>; los\nsalmos lo formar\u00e1n, como a todos los que le rodean. Una piedad atenta al\ninterior de Jesucristo \u00bfpodr\u00eda descuidar este documento b\u00e1sico?<\/p>\n\n\n\n<p>III. LA ORACI\u00d3N\nTAL COMO LA ENSE\u00d1A JES\u00daS<\/p>\n\n\n\n<p>El Hijo de Dios\nse situ\u00f3 con la encarnaci\u00f3n en medio de la demanda incesante de los hombres. La\nalimenta con esperanza respondiendo a ella; al mismo tiempo alaba, estimula o\neduca la fe <em>Lc&nbsp;7,9<\/em> <em>Mt&nbsp;9,22.29<\/em> <em>15,28<\/em>. Su\nense\u00f1anza, situada sobre este fondo vivido, se extiende primeramente sobre la\nmanera de orar, m\u00e1s abundantemente que sobre la necesidad de la oraci\u00f3n:\n\u00abcuando or\u00e9is, decid&#8230;\u00bb <em>Lc&nbsp;11,2<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>1. Los\nSin\u00f3pticos.<\/p>\n\n\n\n<p>El padrenuestro\nes el centro de esta ense\u00f1anza <em>Lc&nbsp;11,2ss<\/em> <em>Mt&nbsp;6,9-13<\/em>. De\nla invocaci\u00f3n de Dios como Padre, que prolonga rebas\u00e1ndola la intimidad de los\nsalmos <em>Sal&nbsp;27,10<\/em> <em>103,13<\/em> <em>Is&nbsp;63,16<\/em> <em>64,7<\/em>\ndimana toda la actitud del orante. Esta invocaci\u00f3n es un acto de fe y ya un don\nde s\u00ed mismo que sit\u00faa a uno en el circuito de la caridad. De ah\u00ed proviene que,\ntotalmente en la l\u00ednea de la oraci\u00f3n b\u00edblica, anteponga a todo la preocupaci\u00f3n\npor el designio de Dios: por su nombre, por su reino <em>Mt&nbsp;9,38<\/em>, por\nla actualizaci\u00f3n de su voluntad. Pero pide tambi\u00e9n ese pan (que \u00e9l ofrece en la\neucarist\u00eda), luego el perd\u00f3n, despu\u00e9s de haberse uno reconciliado con los hijos\ndel mismo Padre, finalmente la gracia de no verse arrastrado por las pruebas\ndel tiempo venidero.<\/p>\n\n\n\n<p>Las otras\nprescripciones encuadran o completan el padrenuestro y nombran con frecuencia\nal Padre. La impresi\u00f3n dominante es que la certeza de ser escuchados es fuente\ny condici\u00f3n de la oraci\u00f3n <em>Mt&nbsp;18,19<\/em> <em>21,22<\/em> <em>Lc&nbsp;8,50<\/em>.\nMarcos lo expresa en la forma m\u00e1s directa: \u00abSi no vacila en su coraz\u00f3n, sino\nque cree que suceder\u00e1 lo que dice, le ser\u00e1 concedido\u00bb <em>Mc&nbsp;11,23<\/em> <em>9,23<\/em>\ny sobre todo <em>Sant&nbsp;1,5-8<\/em>. Ahora bien, si uno est\u00e1 seguro, es que ora\nal Padre <em>Lc&nbsp;11,13<\/em> <em>Mt&nbsp;7,11<\/em>. La interioridad se funda en\nla presencia del Padre que ve en lo secreto <em>Mt&nbsp;6,6<\/em> <em>6,4.18<\/em>. No\namontonar ni remachar las palabras <em>Mt&nbsp;6,7<\/em> como si Dios estuviera\nlejos de nosotros, a la manera del Baal burlado por El\u00edas <em>1Re&nbsp;8,26ss<\/em>,\nsiendo as\u00ed que es nuestro Padre. Perdonar <em>Mc&nbsp;11,25&nbsp;p<\/em> <em>Mt&nbsp;6,14<\/em>.\n<\/p>\n\n\n\n<p>Orar en uni\u00f3n\nfraterna <em>Mt&nbsp;18.19<\/em>. Tener presentes las propias faltas con una\noraci\u00f3n contrita <em>Lc&nbsp;18.9-14<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay que orar\nsin cesar <em>Lc&nbsp;18,1<\/em> <em>11,5-8<\/em>: debe ser probada nuestra\nperseverancia, debe expresarse la vigilancia del coraz\u00f3n. La necesidad absoluta\nde la oraci\u00f3n se ense\u00f1a en el contexto de los \u00faltimos tiempos <em>Lc&nbsp;18,1-7<\/em>,\nhechos pr\u00f3ximos por la pasi\u00f3n; de lo contrario ser\u00eda uno sumergido por \u00abtodo lo\nque debe suceder\u00bb <em>Lc&nbsp;21,36<\/em> <em>22,39-46<\/em>; asimismo el\npadrenuestro se termina implorando a Dios contra la tentaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>2. Juan\npresenta bajo un aspecto muy unificado la pedagog\u00eda de la oraci\u00f3n, paso de la\ndemanda a la verdadera oraci\u00f3n, y del deseo de los dones de Dios al del don que\naporta a Dios mismo, como lo le\u00edamos ya en los salmos. As\u00ed la samaritana es\nllevada de sus deseos propios al del don de Dios <em>Jn&nbsp;4,10<\/em>, y las\nmultitudes al \u00abalimento que perdura en vida eterna\u00bb <em>Jn&nbsp;6,27<\/em>. Por\neso la fe no es s\u00f3lo condici\u00f3n de la oraci\u00f3n, sino que es tambi\u00e9n su efecto: el\ndeseo es a la vez escuchado y purificado <em>Jn&nbsp;4,50.53<\/em> <em>11,25.45<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>IV. LA ORACI\u00d3N\nDE JES\u00daS<\/p>\n\n\n\n<p>1. Su oraci\u00f3n y\nsu misi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>No hay nada en\nel Evangelio que mejor revele la necesidad absoluta de la oraci\u00f3n que el lugar\nque la misma ocupa en la vida de Jes\u00fas. Ora con frecuencia en la monta\u00f1a <em>Mt&nbsp;14,23<\/em>,\nsolo (ibid.), aparte <em>Lc&nbsp;9,18<\/em>, incluso cuando \u00abtodo el mundo [le]\nbusca\u00bb <em>Mc&nbsp;1,37<\/em>. Ser\u00eda un error reducir esta oraci\u00f3n al \u00fanico deseo\nde intimidad silenciosa con el Padre: ata\u00f1e a la misi\u00f3n de Jes\u00fas o a la educaci\u00f3n\nde los disc\u00edpulos. \u00c9stas se menciona en cuatro notaciones de la oraci\u00f3n propias\nde Lucas: en el bautismo <em>Lc&nbsp;3,21<\/em>, antes de la elecci\u00f3n de los doce <em>6,12<\/em>,\nen la transfiguraci\u00f3n <em>9,29<\/em>, antes de ense\u00f1ar el padrenuestro <em>11,1<\/em>.\nSu oraci\u00f3n es el secreto que atrae a sus m\u00e1s allegados y en el que les hace\npenetrar cada vez m\u00e1s <em>9,18<\/em>. Es algo que se refiere a ellos: or\u00f3 por la\nfe de los suyos. El nexo entre su oraci\u00f3n y su misi\u00f3n es manifiesto en los\ncuarenta d\u00edas que la inauguran en el desierto, pues hacen revivir, rebas\u00e1ndolo,\nel ejemplo de Mois\u00e9s. Esta oraci\u00f3n es una prueba: Jes\u00fas triunfar\u00e1 mejor que\nMois\u00e9s del proyecto sat\u00e1nico de tentar a Dios <em>Mt&nbsp;4,7<\/em>=<em>Dt&nbsp;6,16<\/em>\nMassa, y ya antes de su pasi\u00f3n nos muestra de qu\u00e9 obst\u00e1culos habr\u00e1 de triunfar\nnuestra propia oraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>2. Su oraci\u00f3n y\nsu pasi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La prueba\ndecisiva es la del fin, cuando Jes\u00fas ora y quiere hacer que sus disc\u00edpulos oren\ncon \u00e9l en el Monte de los Olivos. Este momento contiene toda la oraci\u00f3n\ncristiana; filial: \u00abAbba\u00bb; segura: \u00abtodo te es posible\u00bb; prueba de obediencia\nen que es rechazado el tentador: \u00abno lo que yo quiero, sino lo que t\u00fa quieres\u00bb <em>Mc&nbsp;14,36<\/em>.\nA tientas tambi\u00e9n, como las nuestras, en cuanto a su verdadero objeto.<\/p>\n\n\n\n<p>3. Su oraci\u00f3n y\nsu resurrecci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente,\nescuchada aun m\u00e1s all\u00e1 de lo esperado. Los alientos que le da el \u00e1ngel <em>Lc&nbsp;22,43<\/em>\nson la respuesta inmediata del Padre para el momento presente, pero la ep\u00edstola\na los Hebreos nos muestra en forma radical y osada que la resurrecci\u00f3n fue la\nque escuch\u00f3 esta oraci\u00f3n tan verdaderamente humana de Cristo, que \u00abhabiendo\nofrecido en los d\u00edas de su vida mortal oraciones y s\u00faplicas con poderosos\nclamores y l\u00e1grimas al que era poderoso para salvarle de la muerte, fue\nescuchado por raz\u00f3n de su piedad\u00bb <em>Heb&nbsp;5,7<\/em>. La resurrecci\u00f3n de\nJes\u00fas, momento central de la salvaci\u00f3n de la humanidad, es una respuesta a la\noraci\u00f3n del Hombre-Dios, que reanuda todas las peticiones humanas de la\nhistoria de la salvaci\u00f3n <em>Sal&nbsp;2,8<\/em>: \u00ab\u00a1p\u00eddeme!\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>4. La noche de\nla Cena.<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed Jes\u00fas,\nhabiendo primero dicho, entre otras cosas, c\u00f3mo se debe orar, ora luego \u00e9l\nmismo. Su ense\u00f1anza coincide con la de los Sin\u00f3pticos en cuanto a la certeza de\nser escuchado (<em>parres\u00eda<\/em> en <em>1Jn&nbsp;3,21<\/em> <em>5,14<\/em>), pero la\ncondici\u00f3n \u00aben mi nombre\u00bb abre nuevas perspectivas. Se trata de pasar de la\npetici\u00f3n m\u00e1s o menos instintiva a la verdadera oraci\u00f3n. As\u00ed pues, el \u00abhasta\naqu\u00ed no hab\u00e9is pedido nada en mi nombre\u00bb <em>Jn&nbsp;16,24<\/em> puede aplicarse a\ngran n\u00famero de bautizados. Orar \u00aben nombre\u00bb de Cristo supone m\u00e1s que una\nf\u00f3rmula, as\u00ed como hacer una gesti\u00f3n en nombre de otro supone un nexo real entre\nambos. Orar as\u00ed no significa \u00fanicamente pedir las cosas del cielo, sino querer\nlo que quiere Jes\u00fas; ahora bien, su querer es su misi\u00f3n: que su unidad con el\nPadre venga a ser el fundamento de la unidad de los llamados. \u00abQue todos sean\nuno como t\u00fa, Padre, en m\u00ed y yo en ti\u00bb <em>Jn&nbsp;17,22s<\/em>. Estar en su nombre\ny querer lo que \u00e9l quiere es tambi\u00e9n caminar en sus mandamientos, el primero de\nlos cuales impone esta caridad que se pide. Por lo tanto la caridad es todo en\nla oraci\u00f3n: su condici\u00f3n y su t\u00e9rmino. El Padre da todo a causa de esta unidad.\nAs\u00ed la afirmaci\u00f3n constante de los Sin\u00f3pticos, de que toda oraci\u00f3n es\nescuchada, se confirma aqu\u00ed trat\u00e1ndose de corazones renovados: \u00absin hablar en par\u00e1bolas\u00bb\n<em>Jn&nbsp;16,29<\/em>. Se da una situaci\u00f3n nueva, pero \u00e9sta cumple la promesa\ndel d\u00eda de Yahveh, en que \u00abtodos los que invoquen el nombre de Yahveh ser\u00e1n\nsalvos\u00bb <em>Jl&nbsp;3,5&nbsp;Rom&nbsp;10,13<\/em>; la oraci\u00f3n de la cena promulga\nla era esperada, en la que los beneficios del cielo corresponder\u00e1n a los deseos\nde la tierra <em>Os&nbsp;2,23-25<\/em> <em>Is&nbsp;30,19-23<\/em> <em>Zac&nbsp;8,12-15<\/em>\n<em>Am&nbsp;9,13<\/em>. Tal es la oraci\u00f3n de Jes\u00fas, que trasciende la nuestra;\nraras veces dice \u00abruego\u00bb, generalmente dice \u00abpido\u00bb, y una vez \u00abquiero\u00bb (al fin:\n<em>Jn&nbsp;17,24<\/em>). Esta oraci\u00f3n expresa su intercesi\u00f3n (eterna seg\u00fan <em>Heb&nbsp;7,25<\/em>)\ny revela el contenido interior tanto de la pasi\u00f3n como de la comida\neucar\u00edstica. En efecto, la eucarist\u00eda es la prenda de la presencia total de\nDios en su don y la posibilidad del intercambio perfecto.<\/p>\n\n\n\n<p>V. LA ORACI\u00d3N\nDE LA IGLESIA<\/p>\n\n\n\n<p>1. La\ncomunidad.<\/p>\n\n\n\n<p>La vida de la\nIglesia se inicia en el marco de la oraci\u00f3n de Israel. El evangelio de Lucas se\nacaba en el templo, donde los ap\u00f3stoles estaban \u00abcontinuamente alabando a Dios\u00bb\n<em>Lc&nbsp;24,53<\/em> <em>Act&nbsp;5.12<\/em>. Pedro ora a la hora de sexta <em>Act&nbsp;10,9<\/em>;\nPedro y Juan van a la oraci\u00f3n de la hora de nona <em>3,1<\/em> <em>Sal&nbsp;55,18<\/em>\ny nuestro oficio de sexta y de nona. Se elevan las manos al cielo <em>1Tim&nbsp;2,8<\/em>\n<em>1Re&nbsp;8,22<\/em> <em>l&nbsp;s&nbsp;1,15<\/em>, de pie y a veces de rodillas <em>Act&nbsp;9,40<\/em>\n<em>1Re&nbsp;8,54<\/em>. Se cantan salmos <em>Ef&nbsp;5,19<\/em> <em>Col&nbsp;3,16<\/em>.\n\u00abTodos, con un mismo coraz\u00f3n, eran asiduos a la oraci\u00f3n\u00bb <em>Act&nbsp;1,14<\/em>.\nEsta oraci\u00f3n comunitaria, preparaci\u00f3n de pentecost\u00e9s, prepara despu\u00e9s todos los\ngrandes momentos de la vida eclesial a trav\u00e9s de los Hechos: la elecci\u00f3n del\nsucesor de Judas <em>1,24-26<\/em>, la instituci\u00f3n de los Siete <em>6,6<\/em> que\ndebe precisamente contribuir a facilitar la oraci\u00f3n de los Doce <em>6,4<\/em>. Se\nora por la liberaci\u00f3n de Pedro <em>4,24-30<\/em>, por los bautizados de Felipe en\nSamaria <em>8,15<\/em>. Vemos orar a Pedro <em>9,40<\/em> <em>10,9<\/em> y a Pablo <em>9,11<\/em>\n<em>13.3<\/em> <em>14,23<\/em> <em>20.36<\/em> <em>21,5.<\/em>. El Apocalipsis nos aporta\necos de la oraci\u00f3n h\u00edmnica de la asamblea <em>Ap&nbsp;5,6-14.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>2. San Pablo.<\/p>\n\n\n\n<p>a. <em>Lucha<\/em>.\nPablo acompa\u00f1a las palabras que designan la oraci\u00f3n con la menci\u00f3n \u00absin cesar\u00bb,\n\u00aben todo tiempo\u00bb <em>Rom&nbsp;1,10<\/em> <em>Ef&nbsp;6,18<\/em> <em>2Tes&nbsp;1,13.11<\/em>\n<em>2,13<\/em> <em>Flm&nbsp;4<\/em> <em>Col&nbsp;1,9<\/em> o \u00abnoche y d\u00eda\u00bb <em>1Tes&nbsp;3,10<\/em>\n<em>1Tim&nbsp;5,5<\/em>. Concibe la oraci\u00f3n como una lucha: \u00abluchad conmigo en las\noraciones que dirig\u00eds a Dios por m\u00ed\u00bb <em>Rom&nbsp;15,30<\/em> <em>Col&nbsp;4,12<\/em>,\nlucha que se confunde con la del ministerio <em>Col&nbsp;2,1<\/em>. Para \u00abver el\nrostro\u00bb de los tesalonicenses ora \u00abcon la mayor instancia\u00bb <em>1Tes&nbsp;3,10<\/em>,\nque es en el estilo de Pablo un superlativo intraducible, el mismo que emplea\npara definir la manera como Dios nos escucha <em>Ef&nbsp;3,20<\/em>. \u00abTres veces\nhe suplicado al Se\u00f1or\u00bb, dice <em>2Cor&nbsp;12,8<\/em>, para que desaparezca el\naguij\u00f3n que lleva clavado en la carne.<\/p>\n\n\n\n<p>b. <em>Oraci\u00f3n apost\u00f3lica<\/em>. El ejemplo que\nacabamos de citar es \u00fanico, puesto que en su oraci\u00f3n, indisolublemente ligada\ncon el designio divino que se realiza en su misi\u00f3n, todas las peticiones\nformuladas expl\u00edcitamente ata\u00f1en a la promoci\u00f3n del reino de Dios. Esto comporta\ndeseos concretos: que se apruebe la colecta en favor de Jerusal\u00e9n <em>Rom&nbsp;15,30s<\/em>,\nque tenga fin una tribulaci\u00f3n <em>2Cor&nbsp;1,11<\/em>, que logre la libertad <em>Flm&nbsp;22<\/em>;\npor esto y por otras cosas <em>Flp&nbsp;1,19<\/em> <em>1Tes&nbsp;5,25<\/em>; pide\noraciones como lo indica a los colosenses <em>4,12<\/em> que Epafra luche por\nellos en la oraci\u00f3n. La oraci\u00f3n aparece claramente en san Pablo como un\nelemento de uni\u00f3n en el interior del cuerpo de Cristo que se construye (v.\ntambi\u00e9n <em>1Jn&nbsp;5,16<\/em>).<\/p>\n\n\n\n<p>c. <em>Acci\u00f3n de gracias<\/em>. Se nota constantemente\nen \u00e9l el vaiv\u00e9n tradicional entre s\u00faplica y alabanza: \u00aboraciones y s\u00faplicas con\nacciones de gracias\u00bb <em>Flp&nbsp;4,6<\/em> <em>1Tes&nbsp;5,17s<\/em> <em>1Tim&nbsp;2,1<\/em>.\n\u00c9l mismo comienza sus ep\u00edstolas (excepto Gal y 2Cor por razones precisas) dando\ngracias por los progresos de los destinatarios y refiriendo sus oraciones para\nque Dios complete sus gracias <em>Flp&nbsp;1,9<\/em>. Parece que la acci\u00f3n de\ngracias atrae a s\u00ed todos los dem\u00e1s componentes de la oraci\u00f3n: despu\u00e9s de lo que\nhemos recibido de una vez para siempre en Jesucristo, no se puede ya orar sin\npartir de este don, y si se pide es para poder dar gracias <em>2Cor&nbsp;9,11-15<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>d. <em>Oraci\u00f3n en el Esp\u00edritu del Hijo<\/em>. Pablo\naporta una luz concreta sobre el papel del Esp\u00edritu en la oraci\u00f3n que nos une\ncon la sant\u00edsima Trinidad. Como lo hacemos todav\u00eda todos en los momentos de\noraci\u00f3n lit\u00fargica, dirige sus oraciones por Cristo al Padre. Es raro que se\ndirija al \u00abSe\u00f1or\u00bb, es decir, a Jes\u00fas <em>2Cor&nbsp;12,8<\/em> <em>Ef&nbsp;5,19<\/em>,\npero <em>Col&nbsp;3,16<\/em>, paralelo, habla de \u00abDios\u00bb en lugar del Se\u00f1or. Ahora\nbien, lo que nos hace orar por Cristo (= en su nombre), es precisamente el\nEsp\u00edritu de adopci\u00f3n <em>Rom&nbsp;8,15<\/em>. Por \u00e9l decimos, como Jes\u00fas, \u00abPadre\u00bb,\ny esto bajo la f\u00f3rmula familiar de <em>Abba<\/em>, t\u00e9rmino que los jud\u00edos\nreservaban a sus padres terrenales y no habr\u00edan aplicado nunca al Padre del\ncielo. Este favor no puede venir sino de arriba; \u00abDios ha enviado a nuestros\ncorazones el Esp\u00edritu de su Hijo que clama: <em>Abba!<\/em>, \u00a1Padre!\u00bb <em>Gal&nbsp;4,6<\/em>\n<em>Mc&nbsp;14,36<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed queda\nrealmente satisfecha la necesidad que experimenta la humanidad de justificar su\noraci\u00f3n en una iniciativa divina. En el coraz\u00f3n de nuestra oraci\u00f3n hay, m\u00e1s\nprofundamente que una actitud filial, un ser de hijos. As\u00ed, a trav\u00e9s de\nnuestras vacilaciones <em>Rom&nbsp;8,26<\/em> el Esp\u00edritu que ora en nosotros da a\nnuestra oraci\u00f3n la seguridad <em>Heb&nbsp;4,14ss<\/em> <em>Sant&nbsp;4,3ss<\/em> de\nllegar a las profundidades de donde Dios nos llama, que son las de la caridad.\nYa sabemos c\u00f3mo llamar a este don, que es origen y t\u00e9rmino de la oraci\u00f3n; es el\nEsp\u00edritu de amor ya recibido <em>Rom&nbsp;5,5<\/em> y sin embargo todav\u00eda pedido <em>Lc&nbsp;11,13<\/em>.\nEn \u00e9l pedimos un mundo nuevo, en el cual est\u00e1 uno seguro de ser escuchado.\nFuera de \u00e9l se ora \u00abcomo paganos\u00bb. En \u00e9l toda la oraci\u00f3n es lo contrario de una\nfug\u00f3: un llamamiento que acelera el encuentro del cielo y de la tierra: \u00abEl\nEsp\u00edritu y la esposa dicen: &#8216;\u00a1Ven!.. S\u00ed, \u00a1ven, Se\u00f1or Jes\u00fas!&#8217;\u00bb <em>Ap&nbsp;22,17.20<\/em>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tomado de: LEON-DUFOUR. Xavier, Vocabulario de teolog\u00eda b\u00edblica I. LA ORACI\u00d3N EN LA HISTORIA DE ISRAEL La constante m\u00e1s estable de las oraciones del AT es sin duda su relaci\u00f3n con el plan salv\u00edfico de Dios: se ora a partir &hellip; <a href=\"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3586\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":""},"categories":[15,31,16],"tags":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p2dsrC-VQ","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3586"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3586"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3586\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3587,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3586\/revisions\/3587"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3586"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3586"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3586"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}