{"id":3589,"date":"2020-02-04T17:01:18","date_gmt":"2020-02-04T23:01:18","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3589"},"modified":"2021-02-04T17:02:55","modified_gmt":"2021-02-04T23:02:55","slug":"padres-padre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3589","title":{"rendered":"Padres \u2013 Padre"},"content":{"rendered":"\n<p>Tomado de: <strong>LEON-DUFOUR. Xavier, <em>Vocabulario de teolog\u00eda b\u00edblica<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Al mundo que pretende instaurar \u00abuna fraternidad\nsin padre\u00bb revela la Biblia que Dios es esencialmente Padre. Partiendo de la\nexperiencia de los padres y de los esposos de la tierra, a los que la vida\nfamiliar proporciona el medio de ejercer la autoridad y de realizarse en el\namor, y en contraste con la forma aberrante en que el paganismo transfer\u00eda a\nsus dioses estas realidades humanas, el AT revela el amor y la autoridad del\nDios vivo con las im\u00e1genes del padre y del esposo. El NT las reasume ambas,\npero \u00abda cumplimiento\u00bb a la del Padre revelando la filiaci\u00f3n \u00fanica de Jes\u00fas y\nla dimensi\u00f3n todav\u00eda insospechada que esta filiaci\u00f3n procura a la paternidad de\nDios sobre todos los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p>I. LOS PADRES DE LA RAZA CARNAL<\/p>\n\n\n\n<p>1. Amo y se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>En el plano que podr\u00eda llamarse horizontal, el\npadre es el jefe indiscutido de la familia, al que la esposa reconoce como amo\n(<em>baal<\/em>, <em>Gen&nbsp;20,3<\/em>) y se\u00f1or (<em>ad\u00f3n<\/em>, <em>18,12<\/em>), del\nque depende la educaci\u00f3n de los muchachos (<em>Eclo 30,1-13<\/em>), la conclusi\u00f3n\nde los matrimonios (<em>Gen&nbsp;24.2ss 28,1s<\/em>), la libertad de las muchachas\n<em>Ex&nbsp;21,7<\/em>, y hasta (antiguamente) la vida de los hijos <em>Gen&nbsp;38,24<\/em>\n<em>42,37<\/em>; en \u00e9l se encarna la familia entera, cuya unidad realiza (p.e. <em>32,11<\/em>)\ny que consiguientemente se llama <em>beyt ab<\/em>, \u00abcasa paterna\u00bb <em>34,19<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Por analog\u00eda, como la casa viene a designar un clan\n(p.e. <em>Zac&nbsp;12,12ss<\/em>), una fracci\u00f3n importante del pueblo (p.e. \u00abla\ncasa de Jos\u00e9\u00bb) o incluso el pueblo entero (\u00abla casa de Israel\u00bb), resulta que la\nautoridad del jefe de estos grupos se concibe a imagen de la del padre en la\nfamilia (<em>Jer&nbsp;35,18<\/em>). Con la monarqu\u00eda, el rey es \u00abel padre\u00bb de la\nnaci\u00f3n (<em>Is&nbsp;9,5<\/em>),\nas\u00ed como Nabonido en Babilonia es calificado de \u00abpadre de la patria\u00bb. El nombre\nde padre se aplica tambi\u00e9n a los sacerdotes (<em>Jue&nbsp;17,10<\/em> <em>18,19<\/em>),\na los consejeros reales (<em>Gen&nbsp;45,8<\/em> <em>Est&nbsp;3,13f<\/em> <em>8,12<\/em>),\na los profetas (<em>2Re&nbsp;2,12<\/em>) y a los sabios (<em>Prov&nbsp;1,8.<\/em> <em>Is&nbsp;19,11<\/em>),\npor raz\u00f3n de su autoridad de educadores. Por su irradiaci\u00f3n horizontal, los\n\u00abpadres\u00bb de esta tierra preparaban a Israel a recibir como un pueblo \u00fanico la\nsalud de Dios y a reconocer en Dios a su Padre.<\/p>\n\n\n\n<p>2. Antepasado de un linaje.<\/p>\n\n\n\n<p>En el plano vertical el padre es principio de una\ndescendencia y eslab\u00f3n de un linaje. Procreando, \u00e9l mismo se perpet\u00faa (<em>Gen&nbsp;21,12<\/em>\n<em>48,16<\/em>), contribuye al mantenimiento de su raza, con la seguridad de que\nel patrimonio familiar recaer\u00e1 en herederos procedentes de \u00e9l (<em>15,2s<\/em>);\nsi muere su hijo se le considera a \u00e9l como castigado por Dios (<em>Num&nbsp;3,4<\/em>\n<em>27,3s<\/em>).<\/p>\n\n\n\n<p>En el punto inicial del linaje, los antepasados son\nlos padres por excelencia, en los que est\u00e1 preformado el porvenir de la raza.\nAs\u00ed como en la maldici\u00f3n del hijo de Cam est\u00e1 incluida la subordinaci\u00f3n de los\ncananeos a los hijos de Sem, as\u00ed la grandeza de Israel est\u00e1 contenida de\nantemano en la elecci\u00f3n y en la bendici\u00f3n de Abraham (<em>Gen&nbsp;9,20-27<\/em> <em>12.2<\/em>).\nLas etapas de la vida de Abraham, de Isaac y de Jacob est\u00e1n jalonadas por la\npromesa de una descendencia innumerable y de un pa\u00eds abundoso; en efecto, la\nhistoria de Israel est\u00e1 escrita en filigrana en su historia, as\u00ed como la de los\npueblos vecinos en las de Lot, de Ismael y de Esa\u00fa, excluidos de las promesas (<em>Gen&nbsp;19,30-38<\/em>\n<em>21,12s<\/em> <em>36,1<\/em>). De la misma manera cada tribu hace remontar a su\nantepasado ep\u00f3nimo la responsabilidad de su situaci\u00f3n en la anfiction\u00eda (<em>Gen&nbsp;49,4<\/em>).\nLas genealog\u00edas, aun expresando con frecuencia otras relaciones diferentes, o\nm\u00e1s complejas que la comunidad de sangre (<em>Gen&nbsp;10<\/em>), sistematizan los\nlinajes paternos y subrayan as\u00ed la importancia de los antepasados, cuyos actos\ncondicionaron el porvenir y los derechos de sus descendientes. Particularmente\nlas de las tradiciones sacerdotales (<em>Gen&nbsp;5,11<\/em>) sit\u00faan la sucesi\u00f3n\nde las generaciones con referencia a la elecci\u00f3n divina y a la salvaci\u00f3n,\nestableciendo cierta continuidad entre Ad\u00e1n mismo y los patriarcas.<\/p>\n\n\n\n<p>II. LOS PADRES DE LA RAZA ESPIRITUAL<\/p>\n\n\n\n<p>Si los patriarcas son los padres por excelencia del\npueblo elegido, no lo son propiamente en raz\u00f3n de su paternidad f\u00edsica, sino a\ncausa de las promesas que, por encima de la raza, alcanzar\u00e1n finalmente a los\nque imiten su fe. Su paternidad \u00abseg\u00fan la carne\u00bb <em>Rom&nbsp;4,1<\/em> no era\nsino la condici\u00f3n provisional de una paternidad espiritual y universal, fundada\nen la permanencia y en la coherencia del plan salv\u00edfico de un Dios\nconstantemente en acci\u00f3n desde la elecci\u00f3n de Abraham hasta la glorificaci\u00f3n de\nJes\u00fas (<em>Ex&nbsp;3,15<\/em> <em>Act&nbsp;3,13<\/em>). Pablo fue el te\u00f3logo de esta\npaternidad espiritual; pero la idea estaba preparada ya desde el AT.<\/p>\n\n\n\n<p>1. Hacia una superaci\u00f3n de la primac\u00eda de la raza.<\/p>\n\n\n\n<p>El aspecto espiritual de la paternidad de los\nantepasados adquiere una importancia creciente en el AT a medida que se va\nprofundizando la idea de solidaridad en el mal y en el bien. La ascendencia de\nlos \u00abpadres\u00bb, que crece con cada generaci\u00f3n, no comprende s\u00f3lo a los\npatriarcas, y ni siquiera s\u00f3lo a los antepasados cuyo elogio se hace en el\nsiglo n (<em>Eclo&nbsp;44-50<\/em> <em>1Mac&nbsp;2.51-61<\/em>); incluye tambi\u00e9n a\nrebeldes, en cuya primera fila colocan algunos profetas al mismo Jacob, el\nep\u00f3nimo de la naci\u00f3n (<em>Os&nbsp;12,3ss<\/em> <em>Is&nbsp;43,27<\/em>). Ahora bien,\nestos rebeldes comprometen a sus descendientes, estimados solidarios de su\ndesobediencia y de su castigo (<em>Ex&nbsp;20,5<\/em> <em>Jer&nbsp;32,18<\/em> <em>Bar&nbsp;3,4s<\/em>\n<em>Lam&nbsp;5,7<\/em> <em>Is&nbsp;65,6s<\/em> <em>Dan&nbsp;9,16<\/em>); por el hecho de\nser sus padres seg\u00fan la paternidad f\u00edsica se cree que l\u00f3gicamente le hacen\nheredar con una verdadera paternidad moral sus faltas o por lo menos los castigos\nen que incurren. Jerem\u00edas <em>31,29s<\/em> y Ezequiel <em>18<\/em> protestan contra\nesta concepci\u00f3n autom\u00e1tica de la retribuci\u00f3n; cada uno es castigado a la medida\nde su propio pecado.<\/p>\n\n\n\n<p>A partir del exilio se insin\u00faa un progreso similar\nen cuanto a la solidaridad en la l\u00ednea del bien. Nunca apareci\u00f3 Dios tan\nclaramente como el \u00fanico Padre de su pueblo, como en el momento mismo en que\nAbraham y Jacob, cuya herencia es ocupada por intrusos (<em>Ez&nbsp;33,24<\/em>),\nparecen olvidar a su posteridad (<em>Is&nbsp;63,16<\/em>): es que en medio de la prueba\nse forma un \u00abIsrael cualitativo\u00bb, al que no pertenecen todos los descendientes\nde Abraham seg\u00fan la carne, sino \u00fanicamente los que imitan su ansia de justicia\ny su esperanza (<em>Is&nbsp;51,1ss<\/em>). Por lo dem\u00e1s, la raza de Israel \u00bfno es\nimpura desde su origen, seg\u00fan el linaje tanto de los padres como de las madres\n(<em>Ez&nbsp;16,3<\/em>) El cronista mismo \u00bfno reconoce el parentesco de su pueblo\ncon clanes paganos (<em>1Par&nbsp;2,18-55<\/em>) \u00bfNo hay profetas que proclaman la\nposibilidad de que los pros\u00e9litos se agreguen al pueblo de las promesas (<em>Is&nbsp;56,3-8<\/em>\n<em>2Par&nbsp;6,32s<\/em>). A pesar de los arranques de nacionalismo, no est\u00e1\nlejos el tiempo en que la ben\u00e9fica paternidad de Abraham y de los grandes\nantepasados se actualice por la fe y no ya por la raza.<\/p>\n\n\n\n<p>2. De la naci\u00f3n al universo.<\/p>\n\n\n\n<p>A medida que la paternidad de los antepasados se va\nconcibiendo m\u00e1s espiritualmente, se hace tambi\u00e9n m\u00e1s universal. Esto se nota\nclaramente por lo que se refiere a Abraham. Seg\u00fan la tradici\u00f3n sacerdotal su\nnombre significa \u00abpadre de una multitud\u00bb, es decir, de una multitud de pueblos (<em>Gen&nbsp;17,5<\/em>).\nAsimismo la promesa de <em>Gen&nbsp;12,3<\/em>: \u00abPor ti se bendecir\u00e1n todas las\nnaciones de la tierra\u00bb se convierte en la traducci\u00f3n griega en: \u00aben ti ser\u00e1n\nbenditas&#8230;\u00bb (<em>Eclo&nbsp;44,21<\/em> <em>Act&nbsp;3,25<\/em> <em>Gal&nbsp;3,8<\/em>).\nLos LXX, en lugar de magnificar a la raza elegida, quieren insinuar la idea de\nque todos los pueblos participar\u00e1n un d\u00eda de la bendici\u00f3n de Abraham.<\/p>\n\n\n\n<p>Estas corrientes universalistas, todav\u00eda contrapesadas\ncon frecuencia por la tendencia inversa a hacer de la raza algo absoluto (<em>Esd&nbsp;9,2<\/em>),\nlas llevan a t\u00e9rmino Juan Bautista y Jes\u00fas. \u00abDe estas piedras puede Dios\nsuscitar hijos de Abraham\u00bb <em>Mt&nbsp;3,9&nbsp;p<\/em>, afirma Juan. En cuanto a\nJes\u00fas mismo, si hay una filiaci\u00f3n de Abraham que es indispensable para la\nsalvaci\u00f3n, no est\u00e1 constituida por la pertenencia racial, sino por la penitencia\n(<em>Lc&nbsp;19,9<\/em>), por la imitaci\u00f3n de las obras del patriarca, es decir,\nde su fe (<em>Jn&nbsp;8,33.39s<\/em>.)Y Cristo deja entender que Dios suscitar\u00e1 a\nlos padres, por el llamamiento de los paganos, una posteridad espiritual de\ncreyentes (<em>Mt&nbsp;8,11<\/em>).<\/p>\n\n\n\n<p>3. De la predicaci\u00f3n a la realidad vivida.<\/p>\n\n\n\n<p>La vida de la Iglesia, dando una primera\nrealizaci\u00f3n al anuncio de Jes\u00fas, permite al doctor de los paganos (<em>1Tim&nbsp;2,7<\/em>,)\naguijoneado por la crisis judaizante, profundizar los mismos temas. Es cierto\nque para Pablo los miembros del \u00abIsrael seg\u00fan la carne\u00bb <em>1Cor&nbsp;10,18<\/em>,\n\u00abamados a causa de los padres\u00bb <em>Rom&nbsp;11,28<\/em>, conservan, precisamente\nen virtud de las promesas hechas a \u00e9stos (<em>Act&nbsp;13,17.32s<\/em>) cierta\nprioridad en el llamamiento a la salvaci\u00f3n (<em>Rom&nbsp;1,16<\/em> <em>Act&nbsp;3,26<\/em>),\naun cuando muchos se niegan a creer en el heredero por excelencia de las\npromesas (<em>Gal&nbsp;3,16<\/em>) haci\u00e9ndose as\u00ed esclavos como Ismael (<em>Gal&nbsp;4,25<\/em>).\nPero dentro del \u00abIsrael de Dios\u00bb <em>Gal&nbsp;6,16<\/em> no hay diferencia entre\njud\u00edos y gentiles <em>Ef&nbsp;3,6<\/em>: todos, circuncisos o no, \u00abprofesando la fe\nde Abraham, padre de todos nosotros\u00bb, vienen a ser hijos del patriarca y\nbeneficiarios de las bendiciones prometidas a su descendencia (<em>Gal&nbsp;3,7ss<\/em>\n<em>Rom&nbsp;4,11-18<\/em>). En el bautismo nace una nueva raza espiritual de\nhijos de Abraham seg\u00fan la promesa (<em>Gal&nbsp;3,27ss<\/em>), raza cuyos primeros\nrepresentantes no tardar\u00e1n en ser llamados tambi\u00e9n padres (<em>2Pe&nbsp;3,4<\/em>).<\/p>\n\n\n\n<p>III. PATERNIDAD DEL DIOS DE LOS PADRES<\/p>\n\n\n\n<p>1. De los padres al Padre.<\/p>\n\n\n\n<p>La espiritualizaci\u00f3n progresiva de la idea de\npaternidad del hombre hizo posible la revelaci\u00f3n de la de Dios. Si la\npaternidad de los patriarcas parece inoperante durante el exilio, ofrece, en\ncambio, la ocasi\u00f3n de encarecer la permanencia de la paternidad de Yahveh (<em>Is&nbsp;63,16<\/em>):\npese al contraste, la paternidad puede por tanto atribuirse a la vez a los\nantepasados y a Dios. Esto resulta tambi\u00e9n de la historia \u00absacerdotal\u00bb:\nsituando a Ad\u00e1n \u2014creado a imagen de Dios (<em>Gen&nbsp;1,27<\/em>) y engendrando\ntambi\u00e9n a su imagen (<em>5,1ss<\/em>)\u2014 en lo m\u00e1s alto de la escala de las\ngeneraciones, sugiere que el linaje de los ascendientes se remonta hasta Dios.\nLucas har\u00e1 m\u00e1s tarde lo mismo <em>Lc&nbsp;3,23-38<\/em>. Finalmente, para Pablo\nDios es el Padre supremo, al que toda patria (grupo procedente de un mismo\nantepasado) debe su existencia y su valor (<em>Ef&nbsp;3,14s<\/em>). As\u00ed, entre\nlos padres humanos y Dios existe una semejanza que permite aplicar a \u00e9ste el\nnombre de Padre; todav\u00eda m\u00e1s: s\u00f3lo esta paternidad divina da a las paternidades\nhumanas su pleno significado en el pian de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>2. Trascendencia de la paternidad divina.<\/p>\n\n\n\n<p>No es, sin embargo, un razonamiento de analog\u00eda lo\nque condujo a Israel a llamar a Dios su Padre; fue una experiencia vivida, y\nquiz\u00e1s una reacci\u00f3n contra la concepci\u00f3n de los pueblos vecinos.<\/p>\n\n\n\n<p>Todas las naciones antiguas invocaban a su dios\ncomo a su padre. Entre los semitas se remontaba muy lejos esta costumbre, y la\ncualidad paterna inclu\u00eda para ellos una funci\u00f3n de protecci\u00f3n y de se\u00f1or\u00edo del\ndios. En los textos de Ugarit (siglo xiv), El, dios supremo del pante\u00f3n\ncananeo, es llamado \u00abrey padre Sunem\u00bb: con esto se expresa su dominio sobre los\ndioses y sobre los hombres. Su mismo nombre de <em>El<\/em>, que es tambi\u00e9n el del\nDios de los patriarcas (<em>Gen&nbsp;46,3<\/em>), parece haber designado\nprimitivamente al <em>seih, o<\/em> \u00abjeque\u00bb, y as\u00ed marcar\u00eda su autoridad sobre lo\nque a veces se llama su clan.<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan este primer valor pudo pasar a la Biblia la\nidea de paternidad divina. Pero exist\u00eda otro valor, desechado por el AT. En\nefecto, el \u00c9l fenicio, comparado con un toro como el Min egipcio, fecundaba a\nsu esposa y engendraba a otros dioses. Baal, hijo de El, estaba especializado\nen la fecundaci\u00f3n de las parejas humanas, de los animales y de la tierra,\nmediante la imitaci\u00f3n ritual de su uni\u00f3n con su paredra. Ahora bien, Yahveh es,\nen cambio, \u00fanico; no tiene sexo, ni paredra, ni hijo en sentido carnal. Si los\npoetas llaman a veces \u00abhijos de Dios\u00bb a los \u00e1ngeles (<em>Dt&nbsp;32,8<\/em> <em>Sal&nbsp;29,1<\/em>\n<em>89,7<\/em> <em>Job&nbsp;1,6<\/em>) a los pr\u00edncipes y a los jueces (<em>Sal&nbsp;82,1.6<\/em>),\nlo hacen plagiando sus fuentes sirofenicias a fin de someter estas meras\ncriaturas a Dios, al que no se atribuye ninguna paternidad de orden f\u00edsico. Si\nYahveh es procreador (<em>Dt&nbsp;32,6<\/em>), lo es evidentemente en sentido\nmoral: no es el padre de los dioses y el esposo de una diosa, sino el\npadre-esposo (Os, Jer) de su pueblo. Si es padre tambi\u00e9n en cuanto creador (<em>Is&nbsp;64,7<\/em>\n<em>Mal&nbsp;2,10<\/em> <em>Gen&nbsp;2,7<\/em> <em>5,1ss<\/em>), no lo es por medio de monstruosas\nteogon\u00edas, como en los mitos babil\u00f3nicos. Finalmente, el Dios que soberanamente\n\u00abllama al trigo\u00bb (<em>Ez&nbsp;36,29<\/em>) no tiene nada de com\u00fan con el Baal\nfecundante ni con la magia de sus cultos er\u00f3ticos, que horrorizan a los profetas;\nni tampoco pretende ser invocado como padre en la forma en que Baal lo es para\nlos suyos (<em>Jer&nbsp;2,27<\/em>). Todo da la sensaci\u00f3n de que los gu\u00edas de\nIsrael quer\u00edan purificar la noci\u00f3n de paternidad divina vigente entre sus\nvecinos, de todas sus resonancias sexuales, para retener \u00fanicamente el aspecto\nvaledero de transposici\u00f3n a Dios de una terminolog\u00eda social concerniente a los\ncabezas de familia y a los antepasados.<\/p>\n\n\n\n<p>3. Yahveh, padre de Israel.<\/p>\n\n\n\n<p>En un principio la paternidad divina se concibe\nsobre todo en una perspectiva colectiva e hist\u00f3rica: Dios se revel\u00f3 como padre\nde Israel en el \u00e9xodo, mostr\u00e1ndose su protector y su se\u00f1or; la idea b\u00e1sica es\nla de una soberan\u00eda ben\u00e9fica que exige sumisi\u00f3n y confianza (<em>Ex&nbsp;4,22<\/em>\n<em>Num&nbsp;11,12<\/em> <em>Dt&nbsp;14,1<\/em> <em>Is&nbsp;1,2ss<\/em> <em>30,1.9<\/em> <em>Jer&nbsp;3,14<\/em>).\nOseas y Jerem\u00edas conservan la idea, pero la enriquecen subrayando la inmensa\nternura de Yahveh (<em>Os&nbsp;11,3s.8s<\/em> <em>Jer&nbsp;3,19<\/em> <em>31,20<\/em>).\nA partir del exilio, mientras se contin\u00faa explotando el mismo tema de la\npaternidad de Dios fundada en la elecci\u00f3n (<em>Is&nbsp;45,10s<\/em> <em>63,16<\/em> <em>64,7s<\/em>\n<em>Tob&nbsp;13,4<\/em> <em>Mal&nbsp;1,6<\/em> <em>3,17<\/em>), a la que el C\u00e1ntico de\nMois\u00e9s a\u00f1ade la idea de adopci\u00f3n (<em>Dt&nbsp;32,6.10.18<\/em>), ciertos salmistas\n(<em>Sal&nbsp;27,10<\/em> <em>103,13<\/em>) y ciertos sabios (<em>Prov&nbsp;3,12<\/em> <em>Eclo&nbsp;23,1-4<\/em>\n<em>Sab&nbsp;2,13-18<\/em> <em>5,5<\/em>) consideran tambi\u00e9n a cada justo como hijo\nde Dios, es decir, objeto de su tierna protecci\u00f3n. Aplicaci\u00f3n individual que no\nes en modo alguno una novedad, a juzgar por los viejos nombres te\u00f3foros: <em>Eliab\nMi<\/em>: Dios es Padre, <em>Num&nbsp;1,9<\/em>, <em>Abiram<\/em>: Mi Padre es elevado,\n<em>Num&nbsp;16,1<\/em> <em>Abiezer<\/em>: Mi Padre es socorro, <em>Jos&nbsp;17,2<\/em>,\n<em>Abiyya Mi<\/em>: Padre es Yahveh, <em>1Par&nbsp;7,8<\/em>, <em>Abitub<\/em>: Mi\nPadre es bondad, <em>1Par&nbsp;8,11<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>4. Yahveh, padre del rey.<\/p>\n\n\n\n<p>A partir de David la paternidad de Yahveh se\nreivindica especialmente para el rey (<em>2Sa&nbsp;7,14s<\/em> <em>Sal&nbsp;2,7<\/em>\n<em>89,27s<\/em>), por el que el favor divino alcanza a toda la naci\u00f3n que\nrepresenta. Todos los reyes del pr\u00f3ximo Oriente antiguo eran considerados como\nhijos adoptivos de su dios; y la palabra del <em>Sal&nbsp;2,7<\/em>: \u00abT\u00fa eres mi\nhijo\u00bb se halla literalmente en una f\u00f3rmula de adopci\u00f3n babil\u00f3nica. Pero fuera\nde Israel las exigencias del rey son las m\u00e1s de las veces caprichos, como se ve\nen el caso de <em>Kem\u00f3s<\/em> seg\u00fan la estela de <em>Mesa<\/em> (<em>2Re&nbsp;3<\/em>);\ny en Egipto es padre en sentido carnal. Yahveh, por el contrario, es un Dios\nque trasciende el orden carnal y sanciona la conducta moral de los reyes (<em>2Sa&nbsp;7,14<\/em>).<\/p>\n\n\n\n<p>Estos textos sobre la filiaci\u00f3n real preparan la\nfiliaci\u00f3n \u00fanica de Jes\u00fas, en la medida en que a trav\u00e9s de los reyes de Jud\u00e1 se\nperfila ya el Mes\u00edas definitivo. Otra aproximaci\u00f3n se dar\u00e1 despu\u00e9s del exilio\nmediante la puesta en escena de la sabidur\u00eda (<em>Prov&nbsp;8<\/em>),\npersonificada como hija de Dios anterior a toda criatura, quiz\u00e1s incluso\nverdadera persona que resumir\u00eda en s\u00ed misma la esperanza ligada desde la\nprofec\u00eda de Nat\u00e1n a la sucesi\u00f3n din\u00e1stica de David.<\/p>\n\n\n\n<p>IV. JES\u00daS REVELA AL PADRE<\/p>\n\n\n\n<p>Al acercarse la era cristiana tiene Israel plena\nconciencia de que Dios es padre de su pueblo y de cada uno de sus fieles. La\napelaci\u00f3n de Padre, desconocida por los apocalipsis y por los textos de Qumr\u00e1n,\nque se precaven quiz\u00e1 contra el uso que de ella hac\u00eda el helenismo, es\nfrecuente en los escritos rab\u00ednicos, donde se halla incluso literalmente la\nf\u00f3rmula \u00abPadre nuestro que est\u00e1s en los cielos\u00bb <em>Mt&nbsp;6,9<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Jes\u00fas cumple o realiza lo mejor de la reflexi\u00f3n\njud\u00eda acerca de la paternidad de Dios. Como el pobre del salmo, para quien la\ncomunidad de los \u00abhombres de coraz\u00f3n puro\u00bb, \u00fanico verdadero Israel (Sal 73,1),\nrepresenta \u00abla raza de los hijos de Dios\u00bb <em>73,15<\/em>, Jes\u00fas piensa en una\ncomunidad (el orante debe decir \u00abPadre nuestro\u00bb, no \u00abPadre m\u00edo\u00bb) formada de los\n\u00abpeque\u00f1uelos\u00bb <em>Mt&nbsp;11,25&nbsp;p<\/em> a los que el Padre revela sus\nsecretos y cada uno de los cuales es personalmente hijo de Dios (<em>Mt&nbsp;6,4.6.18<\/em>).\nSi \u00e9ste ligaba la paternidad de Dios a su cualidad de creador, no por eso\nconclu\u00eda todav\u00eda que Dios fuera padre de todos los hombres, y todos los hombres\nhermanos (<em>Is&nbsp;64,7<\/em> <em>Mal&nbsp;2,10<\/em>). Asimismo, si conceb\u00eda que\nla piedad divina se extendiera a \u00abtoda carne\u00bb <em>Eclo&nbsp;18,13<\/em>, a\u00f1ad\u00eda\ngeneralmente que s\u00f3lo los hijos de Dios, es decir, los justos de Israel,\nexperimentan su efecto plenario (<em>Sab&nbsp;12,19-22<\/em> <em>2Mac&nbsp;6,13-16<\/em>);\nconcretamente s\u00f3lo a ellos aplicaba el tema deuteron\u00f3mico (<em>Dt&nbsp;8,5<\/em>) de\nuna \u00abcorrecci\u00f3n de Yahveh\u00bb inspirada por el amor paterno (<em>Prov&nbsp;3,11s<\/em>\n<em>Heb&nbsp;12,5-13<\/em>). Para Jes\u00fas, por el contrario, la comunidad de los\n\u00abpeque\u00f1uelos\u00bb, limitada todav\u00eda a solos los jud\u00edos arrepentidos que hacen la\nvoluntad del Padre (<em>Mt&nbsp;21.31ss<\/em>), comprender\u00e1 tambi\u00e9n a paganos (<em>Mt&nbsp;25,32ss<\/em>),\nque suplantar\u00e1n a los \u00abhijos del reino\u00bb <em>Mt&nbsp;8,12<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>A este nuevo Israel, que de derecho est\u00e1 ya abierto\na todos, prodiga el Padre los bienes necesarios (<em>Mt&nbsp;6,26.32<\/em> <em>7,11<\/em>),\nante todo el Esp\u00edritu Santo (<em>Lc&nbsp;11,13<\/em>), y manifiesta la inmensidad\nde su ternura misericordiosa (<em>Lc&nbsp;15,11-32<\/em>): no hay sino reconocer\nhumildemente esta \u00fanica paternidad (<em>Mt&nbsp;23,9<\/em>)y vivir como hijos que\noran a su padre (<em>7,7-11<\/em>), tienen confianza en \u00e9l (<em>6,25-34<\/em>), se le\nsometen imitando su amor universal (<em>5,44s<\/em>), su propensi\u00f3n a perdonar (<em>18,33<\/em>\n<em>6,14s<\/em>), su misericordia (<em>Lc&nbsp;6,36<\/em> <em>Lev&nbsp;19,2<\/em>), su perfecci\u00f3n\nmisma (<em>Mt&nbsp;5,48<\/em>). Si este tema de la imitaci\u00f3n del Padre no es nuevo\n(as\u00ed <em>Lc&nbsp;6,36<\/em> se halla tambi\u00e9n en un <em>targurn<\/em>), es nueva la\ninsistencia en su aplicaci\u00f3n al perd\u00f3n mutuo y al amor de los enemigos. Nunca\nes Dios tanto nuestro Padre como cuando ama y perdona, y nosotros no somos\nnunca tanto sus hijos como cuando obramos de la misma manera con todos nuestros\nhermanos.<\/p>\n\n\n\n<p>V. EL PADRE DE JES\u00daS<\/p>\n\n\n\n<p>1. Por medio de Jes\u00fas se revel\u00f3 Dios como Padre de\nun Hijo \u00fanico. Jes\u00fas hace comprender que Dios es su Padre en un sentido \u00fanico,\npor su manera de distinguir \u00abmi Padre\u00bb (p.e. <em>Mt&nbsp;7,21<\/em> <em>11,27&nbsp;p<\/em>\n<em>Lc&nbsp;2,49<\/em> <em>22,29<\/em>) y \u00abvuestro Padre\u00bb (p.e. <em>Mt&nbsp;5,45<\/em> <em>6,1<\/em>\n<em>7,11<\/em> <em>Lc&nbsp;12,32<\/em>), de presentarse a veces como \u00abel Hijo\u00bb <em>Mc&nbsp;13,32<\/em>,\nel Hijo muy amado, es decir, \u00fanica (<em>Mc&nbsp;12,6&nbsp;p<\/em> <em>1,11&nbsp;p<\/em>\n<em>9,7&nbsp;p<\/em>), y sobre todo de expresar la conciencia de una uni\u00f3n tan\nestrecha entre los dos, que \u00e9l penetra en todos los secretos del Padre y es el\n\u00fanico que los puede revelar <em>Mt&nbsp;11,25ss<\/em>. El alcance trascendente de\nestas palabras \u00abPadre\u00bb e \u00abHijo\u00bb que (al menos en la f\u00f3rmula \u00abHijo de Dios\u00bb, por\nlo dem\u00e1s evitada por Jes\u00fas) no es evidente por s\u00ed misma y no era percibido por\nlos contempor\u00e1neos de Cristo (<em>Lc&nbsp;4,41<\/em>), es confirmado por el del\nt\u00edtulo \u00abHijo del hombre\u00bb y por la reivindicaci\u00f3n de una autoridad que rebasa la\nautoridad creada. Tambi\u00e9n por la oraci\u00f3n de Jes\u00fas, que se dirige a su Padre\ndiciendo \u00abAbba\u00bb (<em>Mc&nbsp;14,36<\/em>), equivalente de nuestro \u00abpap\u00e1\u00bb;\nfamiliaridad de la que no hay ejemplo antes de \u00e9l y que manifiesta una\nintimidad sin segunda.<\/p>\n\n\n\n<p>2. Dios, en el acto eterno de su paternidad, se da\nun igual. Los primeros te\u00f3logos explicitan lo que dicen los Sin\u00f3pticos del\n\u00abPadre de nuestro Se\u00f1or Jesucristo\u00bb (<em>Rom&nbsp;15,6<\/em> <em>2Cor&nbsp;1,3<\/em> <em>11,31<\/em>\n<em>Ef&nbsp;1,3<\/em> <em>1Pe&nbsp;1.3<\/em>). Con frecuencia hablan de \u00e9l bajo su\nnombre de Padre, y en \u00e9l tambi\u00e9n piensan cuando dicen sencillamente o <em>The\u00f3s<\/em>\n(p.e. <em>2Cor&nbsp;13,13<\/em>). Pablo trata de las relaciones del Padre y del\nHijo como protagonistas de la salvaci\u00f3n. Sin embargo, cuando habla del \u00abpropio\nHijo de Dios\u00bb situ\u00e1ndolo con referencia a los hijos adoptivos (<em>Rom&nbsp;8,1529.32<\/em>)y\natribuye a \u00absu Hijo muy amado\u00bb la obra misma creadora (<em>Col&nbsp;1,13.15ss<\/em>),\nesto supone que hay en Dios un misterio de paternidad trascendente y eterna.<\/p>\n\n\n\n<p>Juan va todav\u00eda m\u00e1s lejos. Nombra a Jes\u00fas el\nunig\u00e9nito, es decir, el Hijo \u00fanico y muy amado (<em>Jn&nbsp;1,14.18<\/em> <em>3,16.18<\/em>\n<em>1Jn&nbsp;4,9<\/em>). Subraya el car\u00e1cter \u00fanico de la paternidad que\ncorresponde a esta filiaci\u00f3n <em>Jn&nbsp;20,17<\/em>, la unidad perfecta de las\nvoluntades (<em>5,30<\/em>)y de las actividades (<em>5,17-20<\/em>)del Padre y del\nHijo, manifestada por las obras milagrosas que el uno da al otro para realizar <em>5,36<\/em>,\nsu mutua inmanencia (<em>10,38<\/em> <em>14,10s<\/em> <em>17.21<\/em>), su mutua\nintimidad de conocimiento y de amor (<em>5,20.23<\/em> <em>10,15<\/em> <em>14,31<\/em> <em>17,24ss<\/em>),\nsu mutua glorificaci\u00f3n (<em>12,28<\/em> <em>13,31s<\/em> <em>17,1.4s<\/em>). Los jud\u00edos,\npasando del plano del obrar al plano del ser, comprenden las declaraciones de\nJes\u00fas como profesiones de igualdad con Dios (<em>5,17s<\/em> <em>10,33<\/em> <em>19,7<\/em>).\nY tienen raz\u00f3n: Dios es verdaderamente \u00abel propio Padre\u00bb de Jes\u00fas; \u00e9ste exist\u00eda\nya anteriormente a Abraham (<em>8,57s<\/em>), \u00aben el seno del Padre\u00bb (<em>1,18<\/em> <em>1Jn&nbsp;1,1ss<\/em>).<\/p>\n\n\n\n<p>3. En su condici\u00f3n de encarnaci\u00f3n el Hijo queda\nsometido al Padre. Si la dignidad de Hijo hace de Jes\u00fas el igual de Dios, no por\neso pierde el Padre, seg\u00fan Cristo mismo (p.e. <em>Mt&nbsp;26,39&nbsp;p<\/em> <em>11,26s<\/em>\n<em>24,36&nbsp;p<\/em>) y los autores del NT, sus prerrogativas paternas. A \u00e9l es\na quien el <em>kerigma<\/em> primitivo (p.e. <em>Act&nbsp;2,24<\/em>) y Pablo (p.e. <em>1Tes&nbsp;1,10<\/em>\n<em>2Cor&nbsp;4,14<\/em>) atribuyen la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas. \u00c9l tiene la\niniciativa de la salvaci\u00f3n: \u00e9l es quien elige y llama al cristiano (p.e. <em>2Tes&nbsp;2,13s<\/em>)\no al Ap\u00f3stol (p.e. <em>Gal&nbsp;1,15s<\/em>); \u00e9l es quien justifica (p.e. <em>Rom&nbsp;3,26.30<\/em>\n<em>8,30<\/em>). Jes\u00fas no es sino el mediador necesario: el Padre lo env\u00eda <em>Gal&nbsp;4,4<\/em>\n<em>Rom&nbsp;8,3<\/em>, lo entrega <em>Rom&nbsp;8,32<\/em>, le conf\u00eda una obra a\nrealizar (p.e. <em>Jn&nbsp;17,4<\/em>), palabras que decir <em>12,49<\/em>, hombres\nque salvar <em>6,39s<\/em>. El Padre es fuente y fin de todas las cosas <em>1Cor&nbsp;8,6<\/em>;\nas\u00ed el Hijo, que no obra sino en dependencia de \u00e9l (<em>Jn&nbsp;5,19<\/em> <em>14,10<\/em>\n<em>15,10<\/em>), se someter\u00e1 a \u00e9l (<em>1Cor&nbsp;15,28<\/em>) como a su cabeza (<em>11,3<\/em>)\nal fin de los tiempos.<\/p>\n\n\n\n<p>VI. EL PADRE DE LOS CRISTIANOS<\/p>\n\n\n\n<p>Si los hombres tienen el poder de venir a ser hijos\nde Dios (<em>Jn&nbsp;1,12<\/em>), es que Jes\u00fas lo es por naturaleza. El Cristo de\nlos Sin\u00f3pticos aporta las primeras luces sobre este punto al identificarse con\nlos suyos (p.e. <em>Mt&nbsp;18,5<\/em> <em>25,40<\/em>), dici\u00e9ndose su hermano (<em>28,10<\/em>)\ny una vez incluso design\u00e1ndose con ellos bajo la com\u00fan apelaci\u00f3n de \u00abhijo\u00bb (<em>17,26<\/em>).\nPero la plena luz nos viene de Pablo. Seg\u00fan \u00e9l, Dios nos libra de la esclavitud\ny nos adopta como hijos (<em>Gal&nbsp;4,5ss<\/em> <em>Rom&nbsp;8,14-17<\/em> <em>Ef&nbsp;1,5<\/em>)\npor la fe bautismal, que hace de nosotros un solo ser en Cristo (<em>Gal&nbsp;3,26ss<\/em>),\ny de Cristo un Hijo mayor, que comparte con sus hermanos la herencia paterna (<em>Rom&nbsp;8,17.29<\/em>\n<em>Col&nbsp;1,18<\/em>). El Esp\u00edritu, por ser el agente interior de esta\nadopci\u00f3n, es tambi\u00e9n su testigo; y testimonia en nosotros inspirando la oraci\u00f3n\nmisma de Cristo, con el que nos conforma: <em>Abha<\/em> <em>Gal&nbsp;4,6<\/em> <em>Rom&nbsp;<\/em>(<em>8,14ss.29<\/em>).\nDesde pascua la Iglesia, al recitar el \u00abpadrenuestro\u00bb expresa la conciencia de\nser amada por el amor mismo en que Dios envuelve a su Hijo \u00fanico <em>1Jn&nbsp;3,1<\/em>;\ny esto es lo que sin duda sugiere Lucas al hacernos decir: \u00ab\u00a1Padre!\u00bb <em>Lc&nbsp;11,2<\/em>,\ncomo Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestra vida filial, manifestada en la oraci\u00f3n, se\nexpresa tambi\u00e9n por la caridad fraterna; en efecto, si amamos al Padre, no\npodemos menos de amar tambi\u00e9n a todos sus hijos, nuestros hermanos: \u00abTodo el\nque ama al que ha engendrado ama tambi\u00e9n al que ha nacido de \u00c9l\u00bb <em>1Jn&nbsp;5,1<\/em>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tomado de: LEON-DUFOUR. 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