{"id":3605,"date":"2020-02-04T17:15:00","date_gmt":"2020-02-04T23:15:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3605"},"modified":"2021-02-04T17:16:02","modified_gmt":"2021-02-04T23:16:02","slug":"temor-de-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3605","title":{"rendered":"TEMOR DE DIOS"},"content":{"rendered":"\n<p>Tomado de: LEON-DUFOUR. Xavier,<em>Vocabulario de teolog\u00eda b\u00edblica<\/em><em><\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Al AT se le caracteriza como ley de temor y al NT\ncomo ley de amor. F\u00f3rmula aproximativa que descuida muchos matices. Si el temor\nrepresenta un valor importante en el AT, la ley de amor tiene ya en \u00e9l sus\nra\u00edces. Por otra parte, el temor no es abrogado por la ley nueva, dado que\nconstituye el fondo de toda aut\u00e9ntica actitud religiosa. As\u00ed pues, en los dos\nTestamentos el temor y el amor se dibujan realmente, aunque en forma diversa.\nImporta m\u00e1s distinguir el temor religioso del miedo que todo hombre puede experimentar\nen presencia de los estragos de la naturaleza o de los ataques del enemigo <em>Jer&nbsp;6,25<\/em>\n<em>20,10<\/em>. S\u00f3lo el primero tiene lugar en la revelaci\u00f3n b\u00edblica.<\/p>\n\n\n\n<p>I. DEL MIEDO HUMANO AL TEMOR DE DIOS. Ante los\nfen\u00f3menos grandiosos, desacostumbrados, aterradores, el hombre experimenta\nespont\u00e1neamente el sentimiento de una presencia que lo desborda y ante la cual\nse abisma en su peque\u00f1ez. Sentimiento ambiguo, en el que lo sagrado aparece\nbajo el aspecto de lo tremendo sin todav\u00eda revelar su naturaleza profunda. En\nel AT este sentimiento es equilibrado por el conocimiento aut\u00e9ntico del Dios\nvivo, que manifiesta su temerosa grandeza a trav\u00e9s de los signos de que est\u00e1\nllena su creaci\u00f3n. El temor de Israel ante la teofan\u00eda del Sina\u00ed <em>Ex&nbsp;20,18s<\/em>\ntiene primero por causa la majestad del Dios \u00fanico, al igual que el temor de\nMois\u00e9s ante la zarza ardiendo <em>Ex&nbsp;3,6<\/em> y el de Jacob despu\u00e9s de la\nvisi\u00f3n nocturna <em>Gen&nbsp;28,17<\/em>. Sin embargo, cuando se produce con\nocasi\u00f3n de signos c\u00f3smicos que evocan la ira divina (tormenta, temblor de\ntierra), se mezcla con \u00e9l un pavor de origen menos puro. Pertenece a la\nescenificaci\u00f3n habitual del d\u00eda de Yahveh <em>Is&nbsp;2,10.19<\/em> <em>Sab&nbsp;5,2<\/em>.\nTal es tambi\u00e9n el terror de los guardianes del sepulcro la ma\u00f1ana de pascua <em>Mt&nbsp;28,4<\/em>.\nPor el contrario, el temor reverencial es el reflejo normal de los creyentes\nante las manifestaciones divinas: el de Gede\u00f3n <em>Jue&nbsp;6,22s<\/em>, de Isa\u00edas\n<em>Is&nbsp;6,5<\/em>, o de los espectadores de los milagros operados por Jes\u00fas <em>Mc&nbsp;6,51&nbsp;p<\/em>\n<em>Lc&nbsp;5,9-11<\/em> <em>7,16<\/em> y por los ap\u00f3stoles <em>Act&nbsp;2,43<\/em>. El\ntemor de Dios comporta modalidades diversas que contribuyen, cada una en su\nrango, a encaminar al hombre hacia una fe m\u00e1s profunda.<\/p>\n\n\n\n<p>II. TEMOR DE DIOS Y CONFIANZA EN DIOS. Por lo\ndem\u00e1s, en la aut\u00e9ntica vida de fe el temor se equilibra gracias a un\nsentimiento contrario: la confianza en Dios. Aun cuando Dios aparece a los\nhombres, no quiere aterrorizarlos. Los tranquiliza: \u00ab\u00a1No temas!\u00bb <em>Jue&nbsp;6,23<\/em>\n<em>Dan&nbsp;10,12<\/em> <em>Lc&nbsp;1,13.30<\/em>, frase que repite Cristo caminando\nsobre las aguas <em>Mc&nbsp;6,50<\/em>. Dios no es un potentado celoso de su\npoder; rodea a los hombres de una providencia paternal que atiende a sus\nnecesidades. \u00ab\u00a1No temas!\u00bb dice a los patriarcas al notificarles sus promesas <em>Gen&nbsp;15,1<\/em>\n<em>26,24<\/em>; la misma expresi\u00f3n acompa\u00f1a las promesas escatol\u00f3gicas aportadas\nal pueblo que sufre <em>Is&nbsp;41,10.13s<\/em> <em>43,1.5<\/em> <em>44,2<\/em>, as\u00ed\ncomo las promesas de Jes\u00fas al \u00abpeque\u00f1o reba\u00f1o\u00bb que recibe del Padre el reino <em>Lc&nbsp;12,32<\/em>\n<em>Mt&nbsp;6,25-34<\/em>. En t\u00e9rminos semejantes anima Dios a los profetas al\nconfiarles su dura misi\u00f3n: tendr\u00e1n que hab\u00e9rselas con los hombres, pero no\ndeben temerlos <em>Jer&nbsp;1,8<\/em> <em>Ez&nbsp;2,6<\/em> <em>3,9<\/em> <em>2Re&nbsp;1,15<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed la fe en \u00e9l es la fuente de una seguridad que\ndestierra hasta el mero miedo humano. Cuando Israel en guerra ha de afrontar al\nenemigo, el mensaje divino vuelve a ser: \u00ab\u00a1No temas!\u00bb <em>Num&nbsp;21,34<\/em> <em>Dt&nbsp;3,2<\/em>\n<em>7,18<\/em> <em>20,1<\/em> <em>Jos&nbsp;8,1<\/em>. En lo m\u00e1s fuerte del peligro\nrepite Isa\u00edas lo mismo a Ajaz <em>Is&nbsp;7,4<\/em> y a Ezequ\u00edas <em>Is&nbsp;37,6<\/em>.\nA los ap\u00f3stoles, a quienes aguarda la persecuci\u00f3n, repite Jes\u00fas que no teman a\nlos que matan el cuerpo <em>Mt&nbsp;10,26-31<\/em>. Una lecci\u00f3n tantas veces\nrepetida acaba por incorporarse a la vida. Los verdaderos creyentes, apoyados\nen su confianza en Dios, destierran de su coraz\u00f3n todo temor <em>Sal&nbsp;23,4<\/em>\n<em>27,1<\/em> <em>91,5-13<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>III. TEMOR DE LOS CASTIGOS DIVINOS. Hay, sin\nembargo, un aspecto de Dios que puede inspirar a los hombres un temor\nsaludable. En el AT se revel\u00f3 como juez, y la proclamaci\u00f3n de la ley sina\u00edtica\nva acompa\u00f1ada de una amenaza de sanciones <em>Ex&nbsp;20,5ss<\/em> <em>23,21<\/em>.\nPor todo lo largo de la historia los sinsabores de Israel son presentados por\nlos profetas como otros tantos signos providenciales que traducen la c\u00f3lera de\nDios: motivo serio de temblar delante de \u00e9l&#8230; En este sentido la ley divina\naparece como una ley de temor. Asimismo el salmo 2 recuerda la amenaza de los castigos\ndivinos para invitar a las naciones extranjeras a someterse al ungido de Yahveh\n<em>Sal&nbsp;2,11s<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Este aspecto de la doctrina no se puede eliminar,\npuesto que el mismo NT da un puesto importante a la ira y al juicio de Dios.\nPero ante esta perspectiva terrible s\u00f3lo tienen que temblar los pecadores endurecidos\nen el mal <em>Sant&nbsp;5,1<\/em> <em>Ap&nbsp;6,15s<\/em> <em>Lc&nbsp;23,30<\/em>. En\ncuanto a los otros, que se reconocen profundamente pecadores <em>Lc&nbsp;5,8<\/em>,\npero que tienen confianza en la gracia justificante de Dios <em>Rom&nbsp;3,23s<\/em>,\nel NT ha inaugurado una nueva actitud: no m\u00e1s temor de esclavos, sino un\nesp\u00edritu de hijos adoptivos de Dios <em>Rom&nbsp;8,15<\/em>, una disposici\u00f3n de amor\ninterior que destierra -el temor, pues el temor supone un castigo <em>1Jn&nbsp;4,18<\/em>,\npero el que ama no tiene ya miedo del castigo, incluso si su coraz\u00f3n le condena\n<em>1Jn&nbsp;3,20s<\/em>. En este sentido es el NT una ley de amor. Pero ya en los\ntiempos del AT hab\u00eda personas que viv\u00edan bajo la ley de amor, como actualmente\nlas hay todav\u00eda que no han superado la ley de temor.<\/p>\n\n\n\n<p>IV. TEMOR DE DIOS Y RELIGI\u00d3N. Despu\u00e9s de todo el\ntemor de Dios se puede comprender en un sentido bastante amplio y profundo, que\nlo identifique sin m\u00e1s con la religi\u00f3n. El Deuteronomio lo asocia ya en forma\ncaracter\u00edstica al amor de Dios, a la observancia de sus mandamientos, a su servicio\n<em>Dt&nbsp;6,2.5.13<\/em>, mientras que <em>Is&nbsp;11,2<\/em> ve en \u00e9l uno de los\nfrutos del Esp\u00edritu de Dios. Es, como dicen los sabios, el principio de la sabidur\u00eda\n<em>Prov&nbsp;1,7<\/em> <em>Sal&nbsp;111,10<\/em>, y el Eclesi\u00e1stico formula unas\nloas sobre el temor que lo presentan como el equivalente pr\u00e1ctico de la piedad <em>Edo&nbsp;1,11-20<\/em>.\nEn este sentido merece la bienaventuranza con que la adornan diferentes salmos <em>Sal&nbsp;112,1<\/em>\n<em>128,1<\/em>, porque \u00abla misericordia de Dios se extiende de generaci\u00f3n en\ngeneraci\u00f3n sobre los que le temen\u00bb <em>Lc&nbsp;1,50<\/em> <em>Sal&nbsp;103,17<\/em>;\nel tiempo del juicio, que har\u00e1 temblar de miedo a los pecadores, ser\u00e1 tambi\u00e9n\nel tiempo en que Dios \u00abrecompensar\u00e1 a los que temen su nombre\u00bb <em>Ap&nbsp;11,18<\/em>.\nEl NT, aun conservando a veces a la palabra un matiz de temor reverencial, del\nque no est\u00e1 totalmente ausente la perspectiva del Dios-Juez <em>2Cor&nbsp;7,1<\/em>\n<em>Ef&nbsp;5,21<\/em> <em>Col&nbsp;3,22<\/em>, sobre todo si se trata de personas\nque \u00abno temen a Dios\u00bb <em>Lc&nbsp;18,2.4<\/em> <em>23,40<\/em>, la entiende m\u00e1s bien\nen este sentido profundo que hace del temor una virtud esencial: \u00abEn Dios no\nhay acepci\u00f3n de personas, sino que en toda naci\u00f3n el que teme a Dios y practica\nla justicia le es acepto\u00bb <em>Act&nbsp;10,34s<\/em>. El temor as\u00ed entendido es el\ncamino de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tomado de: LEON-DUFOUR. Xavier,Vocabulario de teolog\u00eda b\u00edblica Al AT se le caracteriza como ley de temor y al NT como ley de amor. F\u00f3rmula aproximativa que descuida muchos matices. 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