{"id":3631,"date":"2020-02-06T10:39:37","date_gmt":"2020-02-06T16:39:37","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3631"},"modified":"2021-02-06T10:41:51","modified_gmt":"2021-02-06T16:41:51","slug":"juan-11-18","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3631","title":{"rendered":"Juan 1,1-18"},"content":{"rendered":"\n<p>Por: Raniero Cantalamessa<\/p>\n\n\n\n<p>De\nlas tres misas de Navidad, la \u00faltima, llamada \u00abdel d\u00eda\u00bb, est\u00e1 reservada a una\nreflexi\u00f3n m\u00e1s profunda sobre el misterio. Un deber de este g\u00e9nero no pod\u00eda ser\nconfiado m\u00e1s que a Juan, del cual est\u00e1 sacado en efecto el Evangelio de la\nmisa. Lucas (misa de la medianoche y de la aurora) narra el nacimiento de\nCristo desde Mar\u00eda, Juan su nacimiento desde Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta\nrevelaci\u00f3n est\u00e1 introducida, en la segunda lectura, por las palabras de la\ncarta a los Hebreos. La venida de Cristo al mundo ha se\u00f1alado el gran cambio en\nlas relaciones entre Dios y el hombre. Dios, que antes de ahora, hablaba con\nlos hombres s\u00f3lo mediante una persona interpuesta por medio de los profetas\nahora nos habla \u00aben persona\u00bb, porque el Hijo no es m\u00e1s que \u00abel reflejo de su\ngloria, impronta de su sustancia\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Vayamos directos al v\u00e9rtice del pr\u00f3logo de Juan: \u00abY la Palabra se hizo carne y acamp\u00f3 entre nosotros\u00bb y, de inmediato, plante\u00e9monos la pregunta, que debe ayudarnos a penetrar en el coraz\u00f3n del misterio de la Navidad: \u00bfPor qu\u00e9 la Palabra o Verbo se ha hecho carne? \u00bfPor qu\u00e9 Dios se ha hecho hombre? En el Credo hay una frase que en este d\u00eda de Navidad se recita poni\u00e9ndose de rodillas: \u00abPor nosotros, los hombres, y por nuestra salvaci\u00f3n baj\u00f3 del cielo y por obra del Esp\u00edritu Santo se encarn\u00f3 de Mar\u00eda, la Virgen, y se hizo hombre\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Es\nla respuesta fundamental y perennemente v\u00e1lida a nuestra pregunta: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 la\nPalabra se ha hecho carne?\u00bb Pero, tiene necesidad ella misma de ser comprendida\na fondo. La pregunta, en efecto, se puede plantear bajo otra forma: \u00bfY por qu\u00e9\nse ha hecho hombre \u00abpara nuestra salvaci\u00f3n\u00bb? \u00bfS\u00f3lo porque nosotros ten\u00edamos\npecado y ten\u00edamos necesidad de ser salvados? No somos los primeros en planteamos\nesta pregunta. Ella ha apasionado a generaciones de creyentes y de te\u00f3logos en\nlos pasados siglos y es bonito, ahora que hemos entrado desde hace poco en el\ntercer milenio de la encarnaci\u00f3n, ver el camino por ellos recorrido y las\nsoluciones a las que han llegado. No son conceptos imposibles de entender, con\nun poco de esfuerzo, asimismo para un simple creyente y en compensaci\u00f3n abren\nhorizontes nuevos a la fe y a la alabanza.<\/p>\n\n\n\n<p>En\nel Medioevo se hace camino una explicaci\u00f3n de la encarnaci\u00f3n, que traslada el\nacento del hombre y de su pecado a Dios y a su gloria. Se comenz\u00f3 a\npreguntarse: \u00bfpuede la venida de Cristo, que es llamado \u00abel primog\u00e9nito de toda\ncreaci\u00f3n\u00bb (Colosenses 1, 15), depender totalmente del pecado del hombre,\nrealizado a continuaci\u00f3n de la creaci\u00f3n? San Anselmo parte de la idea del honor\nde Dios, ofendido por el pecado, que debe ser reparado y del concepto de la\n\u00abjusticia\u00bb de Dios, que debe ser \u00absatisfecha\u00bb. Escribe un tratado con el t\u00edtulo\n\u00bfPor qu\u00e9 Dios se ha hecho hombre? (Cur Deus homo?), en donde dice entre otras\ncosas: \u00abLa restauraci\u00f3n de la naturaleza humana no hubiera podido suceder, si\nel hombre no hubiese pagado a Dios lo que le deb\u00eda por el pecado. Pero, la\ndeuda era tan grande que, para satisfacerlo, era necesario que aquel hombre fuese\nDios. Por lo tanto, era necesario que Dios asumiese al hombre en la unidad de\nsu persona, para hacer, s\u00ed, que aquel que deb\u00eda pagar y no pod\u00eda seg\u00fan su\nnaturaleza, fuese personalmente id\u00e9ntico con aquel que lo pod\u00eda\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>La\nsituaci\u00f3n, de la que se hace eco un autor oriental, era \u00e9sta. Seg\u00fan la\njusticia, el hombre debiera haber asumido la deuda y traer la victoria, pero era\nsiervo de aquellos a quienes deb\u00eda haber vencido en la guerra; Dios, por el\ncontrario, que pod\u00eda vencer, no era deudor de nada a nadie. Por lo tanto, uno\ndeb\u00eda traer la victoria sobre Satan\u00e1s; pero, s\u00f3lo el otro pod\u00eda hacerlo. He\naqu\u00ed, pues, el prodigio de la sabidur\u00eda divina que se realiza en la\nencarnaci\u00f3n: los dos, el que deb\u00eda combatir y el que pod\u00eda vencer, se\nencuentran unidos en la misma persona, Cristo, Dios y hombre, y alcanza la\nsalvaci\u00f3n (N. Cabasilas).<\/p>\n\n\n\n<p>Sobre\nesta nueva l\u00ednea, un te\u00f3logo franciscano, Duns Scoto, da el paso decisivo,\nliquidando la encarnaci\u00f3n de su ligamen esencial con el pecado del hombre y\nasign\u00e1ndole, como motivo primario, la gloria de Dios. Escribe: \u00abEn primer\nlugar, Dios se ama a s\u00ed mismo; en segundo lugar, se ama a trav\u00e9s de otros\ndistintos a s\u00ed con un puro amor; en tercer lugar, quiere ser amado por otro que\nlo pueda amar en un grado sumo, hablando, se entiende, del amor de alguno fuera\nde \u00e9l\u00bb. El motivo de la encarnaci\u00f3n es, por lo tanto, que Dios quiere tener,\nfuera de s\u00ed, a alguno que lo ame en un modo sumo y digno de \u00e9l. Y \u00e9ste no puede\nser otro que el hombre-Dios, Jesucristo. Cristo se hubiera encarnado incluso si\nAd\u00e1n no hubiese pecado, porque \u00e9l es la coronaci\u00f3n misma de la creaci\u00f3n, la\nobra suprema de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>El\nproblema del porqu\u00e9 Dios se ha hecho hombre llega a ser r\u00e1pidamente el objeto\nde una de las m\u00e1s encendidas disputas de la historia de la teolog\u00eda. Por una\nparte, los tomistas sosten\u00edan el motivo de la redenci\u00f3n por el pecado; por\notra, los escotistas sosten\u00edan el motivo que podr\u00edamos llamar por la gloria de\nDios. Hoy no nos apasionamos m\u00e1s en estas disputas antiguas. Pero, la pregunta:\n\u00ab\u00bfPor qu\u00e9 Dios se ha hecho hombre?\u00bb es demasiado vital para que pueda pasarnos\nen silencio. Permanecemos siempre en la superficie de la Navidad, sin\ncomprender el sentido profundo, el \u00fanico capaz de rellenar de veras el coraz\u00f3n\nde gratitud y de alegr\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>El\ndescubrimiento del verdadero rostro de Dios en la Biblia, en acto en la\nteolog\u00eda moderna, junto con el abandono de ciertos trazos hereditarios del\n\u00abdios de los fil\u00f3sofos\u00bb, nos ayuda a descubrir el alma de la verdad encerrada\nen la intuici\u00f3n de los pensadores medievales; pero, para completarla y\nsuperarla. En su respuesta a la pregunta: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 Dios se ha hecho hombre?\u00bb,\nsan Anselmo parte del concepto de la justicia de Dios, que hay que satisfacer.\nAhora bien, es cierto que nos encontramos delante de un residuo de la\nconcepci\u00f3n griega de Dios, en la cual Dios viene experimentado \u00abcomo justicia y\ncomo sumo principio de compensaci\u00f3n\u00bb. La justicia es la esencia de este Dios,\nal que, en sentido estricto, no es posible dirigir la plegaria. Para\nArist\u00f3teles, Dios es esencialmente la condici\u00f3n \u00faltima y suficiente para la\nexistencia del orden c\u00f3smico.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n\nla Biblia conoce el concepto de la \u00abjusticia de Dios\u00bb e insiste frecuentemente.\nPero hay una diferencia fundamental: la justicia de Dios, especialmente en el\nNuevo Testamento y en Pablo, no indica tanto el acto mediante el cual Dios\nrestablece el orden moral trastornado por el pecado, castigando al trasgresor,\ncuanto m\u00e1s bien el acto mediante el cual Dios comunica al hombre su justicia,\nlo hace justo. La reparaci\u00f3n o expiaci\u00f3n de la culpa no es la condici\u00f3n para el\nperd\u00f3n de Dios, sino su consecuencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n,\nen la soluci\u00f3n de Duns Scoto el punto d\u00e9bil est\u00e1 en el hecho de que se parte de\nuna idea de Dios m\u00e1s aristot\u00e9lica que b\u00edblica. Scoto dice que Dios decreta la\nencarnaci\u00f3n del Hijo para tener a alguno, fuera de s\u00ed, que lo ame en un modo\nsumo. Mas que Dios \u00absea amado\u00bb esto es lo m\u00e1s importante y, m\u00e1s bien, lo solo\nposible para Arist\u00f3teles y la filosof\u00eda griega, no para la Biblia. Para la\nBiblia lo m\u00e1s importante es que Dios \u00abama\u00bb y ama primero (Juan 4,10.19). Por lo\ntanto, en teolog\u00eda, hasta que, en el puesto de \u00abun Dios que ama\u00bb, dominaba la\nidea de \u00abun Dios que tiene que ser amado\u00bb, no se pod\u00eda dar una respuesta\nsatisfactoria a la pregunta por qu\u00e9 Dios se ha hecho hombre. La revelaci\u00f3n del\nDios-amor cambia todo lo que el mundo hasta entonces hab\u00eda pensado sobre la\ndivinidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Estas\npremisas allanan el camino a una nueva soluci\u00f3n del problema del porqu\u00e9 de la\nencarnaci\u00f3n. Dios ha querido la encarnaci\u00f3n del Hijo no tanto por tener a\nalguno fuera de la Trinidad, que lo amase en un modo digno de s\u00ed, cuanto m\u00e1s\nbien para tener fuera de s\u00ed a alguno para amar en un modo digno de s\u00ed, esto es,\nsin medida; a alguno, que fuese capaz de acoger la medida de su amor, que es\n\u00a1ser sin medida! He aqu\u00ed el porqu\u00e9 de la encarnaci\u00f3n. En Navidad, cuando nace\nen Bel\u00e9n el Ni\u00f1o Jes\u00fas, Dios Padre tiene a alguno a quien amar fuera de la\nTrinidad en un modo sumo e infinito, porque Jes\u00fas es hombre y Dios a la vez.\nPero no s\u00f3lo a Jes\u00fas, tambi\u00e9n a nosotros junto con \u00e9l. Nosotros estamos\nincluidos en este amor, habiendo llegado a ser miembros del cuerpo de Cristo,\n\u00abhijos en el Hijo\u00bb. Nos lo recuerda el mismo pr\u00f3logo de Juan: \u00abA cuantos la\nrecibieron [la Palabra], les da poder para ser hijos de Dios\u00bb (Juan 1,12).<\/p>\n\n\n\n<p>Esta respuesta al porqu\u00e9 de la encarnaci\u00f3n estaba escrita en letras claras en la Escritura, por el mismo evangelista, que ha escrito el pr\u00f3logo; pero, ha sido necesario todo este tiempo (y no estamos todav\u00eda en el final) para comprenderla a fondo: \u00abPorque tanto am\u00f3 Dios al mundo que dio a su Hijo unig\u00e9nito, para que todo el que crea en \u00e9l no perezca, sino que tenga vida eterna\u00bb (Juan 3,16).<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00ed.\nCristo ha bajado del cielo \u00abpara nuestra salvaci\u00f3n\u00bb; pero lo que le ha empujado\na descender del cielo para nuestra salvaci\u00f3n ha sido el amor, nada m\u00e1s que el\namor. Navidad es la prueba suprema de la \u00abfilantrop\u00eda\u00bb de Dios, como la llama\nla Escritura (Tito 3,4), esto es, a la letra, de su amor para con los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfCu\u00e1l\ndebe ser entonces nuestra respuesta \u00faltima a la Navidad? \u00abAmor s\u00f3lo con amor se\npaga\u00bb: al amor no se puede responder de otro modo que volviendo a amar. En el\ncanto navide\u00f1o Adeste fideles hay una expresi\u00f3n profunda: \u00ab\u00bfC\u00f3mo no volver a\namar a uno que tanto nos ha amado?\u00bb (Sic nos amantem quis non redamaret?). Se\npueden hacer tantas cosas para solemnizar la Navidad; pero, ciertamente, lo m\u00e1s\nverdadero y m\u00e1s profundo est\u00e1 sugerido por estas palabras. \u00c9sta es la Navidad a\nla que el Esp\u00edritu Santo desea conducir a los verdaderos creyentes. Un pensamiento\nsincero de gratitud, de conmoci\u00f3n y de amor para aquel que ha venido a habitar\nen medio de nosotros, es ciertamente el don m\u00e1s exquisito que podemos dar al\nNi\u00f1o Jes\u00fas, el adorno m\u00e1s bello en torno a su pesebre. Y no es dif\u00edcil; basta\nmeditar un poco sobre su amor para con nosotros, sentir cu\u00e1nto nos ha amado. El\namor, ha dicho Dante, \u00aba ning\u00fan amado amar perdona\u00bb: hace, s\u00ed, que quien se\nsiente amado no pueda menos que volver a amar.<\/p>\n\n\n\n<p>El\namor tiene necesidad de traducirse en gestos concretos. El m\u00e1s sencillo y\nuniversal (cuando es limpio e inocente) es el beso. \u00bfQueremos dar un beso a\nJes\u00fas, como se desea hacer con todos los ni\u00f1os apenas nacidos? No nos\ncontentemos de darlo s\u00f3lo a su figurilla de yeso o de porcelana, d\u00e9moslo a un\nJes\u00fas-ni\u00f1o en carne y huesos. \u00a1D\u00e9moslo a un pobre, a uno que sufre y se lo\nhabremos dado a \u00e9l! Un beso, en este sentido, es una ayuda concreta; pero,\ntambi\u00e9n, una palabra buena, un desear \u00e1nimo, una visita, una sonrisa. Son las\nluces m\u00e1s bellas que podemos encender en nuestro pesebre.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Raniero Cantalamessa De las tres misas de Navidad, la \u00faltima, llamada \u00abdel d\u00eda\u00bb, est\u00e1 reservada a una reflexi\u00f3n m\u00e1s profunda sobre el misterio. 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