{"id":3646,"date":"2015-02-06T13:19:22","date_gmt":"2015-02-06T19:19:22","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3646"},"modified":"2021-02-06T13:21:14","modified_gmt":"2021-02-06T19:21:14","slug":"ausencia-de-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3646","title":{"rendered":"Ausencia de Dios"},"content":{"rendered":"\n<p>1.&nbsp;Padecer\n\u201causencia de Dios\u201d es una componente de toda experiencia m\u00edstica cristiana. La\nexpres\u00f3 maravillosamente san Juan de la Cruz en el primer verso del C\u00e1ntico\nespiritual: \u201cAd\u00f3nde te escondiste, \/ Amado, y me dejaste con gemido&#8230;\u201d Ese\nsentimiento doloroso se hace presente en la vida del m\u00edstico a consecuencia de\nla naturaleza misma de nuestra experiencia de lo divino, mediatizada y limitada\npor nuestra condici\u00f3n existencial terrena. A consecuencia tambi\u00e9n de la\ntranscendencia y del misterio de Dios, que no s\u00f3lo est\u00e1 \u201cm\u00e1s all\u00e1\u201d de todo lo\nalcanzable (\u201clej\u00edsimo\u201d, escribir\u00e1 T.), sino que es misterio absoluto, \u201ctu es\nDeus absconditus\u201d &#8211; \u201cDios escondido\u201d, dir\u00e1 Isa\u00edas (45, 15). \u201cRayo de tiniebla\u201d,\nen la literatura m\u00edstica cristiana (\u201cPuso su escondrijo en las tinieblas\u201d,\nescribe san Juan de la Cruz glosando su primer verso del C\u00e1ntico: 1, 12).<\/p>\n\n\n\n<p>En la escala\ngraduatoria de la experiencia m\u00edstica, esa experiencia de la \u201causencia de Dios\u201d\nse agudiza hasta el extremo en ciertas etapas de \u201cnoche\u201d o de \u201cintenso deseo\u201d.\nEtapas preparatorias del estadio final, la \u201cuni\u00f3n m\u00edstica\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En el tejido eclesial,\no incluso en el balance humano de lo religioso y lo antirreligioso, esa\nexperiencia de vac\u00edo o de nostalgia de El en la historia humana hace de contrapeso\nal fen\u00f3meno del ate\u00edsmo: frente a la masa m\u00e1s o menos voluminosa de quienes se\ndesentienden de Dios (\u201cpasan de Dios\u201d) o le niegan cient\u00edficamente un puesto en\nel orden c\u00f3smico o en la historia de la humanidad, el m\u00edstico desempe\u00f1a la\nfunci\u00f3n de testigo fuerte, no s\u00f3lo de la presencia de Dios, sino de por qu\u00e9 El\ndesborda en absoluto el alcance de nuestra mirada o de nuestra comprobaci\u00f3n\nemp\u00edrica. A la reiterada pregunta filos\u00f3fica frente a los campos de exterminio:\n\u201c\u00bfd\u00f3nde estaba Dios?\u201d \u2013como en el viejo interrogante del salmista\u2013 es probable\nque no haya otra respuesta que la experiencia del m\u00edstico.<\/p>\n\n\n\n<p>2.&nbsp;En Teresa de\nJes\u00fas esa experiencia de la noche religiosa, tupida de sufrimiento profundo por\nel sentimiento de la ausencia divina, est\u00e1 expresamente testificada. Quiz\u00e1s sea\nlegendario el \u201cfioretti\u201d de infancia referido por sus antiguos bi\u00f3grafos, seg\u00fan\nel cual al ser detenidos ella y Rodrigo en su fuga camino del martirio, Teresa\nse habr\u00eda justificado con la respuesta \u201cque quer\u00eda ver a Dios\u201d. Lo irrecusable,\nsin embargo, es el dato hist\u00f3rico-m\u00edstico que nos ofrecen sus relatos\nautobiogr\u00e1ficos, en los cuales constituye una constante esa afirmaci\u00f3n de\nsufrimiento y tensi\u00f3n profunda, producidos por la sensaci\u00f3n de \u201cvac\u00edo de Dios\u201d.\nAs\u00ed, desde sus primeros textos m\u00edsticos (R 1 y 3), hasta la \u00faltima narraci\u00f3n\nintrospectiva, un a\u00f1o antes de morir (R 6, 9), e incluso en el lecho de muerte,\ncon la reiterada invocaci\u00f3n \u201chora es ya, Esposo m\u00edo, de que nos veamos\u201d, esta\nvez documentada mucho m\u00e1s en firme que el episodio de infancia, arriba aludido.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero el testimonio\nautobiogr\u00e1fico m\u00e1s rico en informaci\u00f3n nos lo ofrece el Libro de la Vida,\nespecialmente el cap\u00edtulo 20. Pasaje con valor excepcional por estar escrito\nmientras T est\u00e1 inmersa en esa vivencia espiritual: \u201ces en lo que ahora anda\nsiempre mi alma: lo m\u00e1s ordinario, en vi\u00e9ndose desocupada, es puesta en estas\nansias de muerte\u201d (20,12). \u201cHase de notar que estas cosas son ahora a la\npostre, despu\u00e9s de todas las visiones y revelaciones que escribir\u00e9\u201d (20, 9).\nPor tanto, trance m\u00edstico que atraviesa ella al finalizar la escritura del\nlibro, por los a\u00f1os 1564-1565, a sus cincuenta de edad, cuando lleva ya un\ntrienio vivido en el Carmelo de San Jos\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan ella, ese vivir\nen estado de ausencia de Dios se lo ha producido la escalada de arrobamientos:\nser\u00eda sencillamente uno de los efectos producidos por \u00e9stos, en cuanto los\n\u00e9xtasis contienen asomadas excepcionales al misterio de Dios, a su belleza,\namor, misericordia&#8230; S\u00f3lo que, pasados los breves momentos ext\u00e1ticos, ella regresa\nal desierto. Se siente sumergida en profunda soledad existencial. Ni en el\ncosmos ni en el consorcio humano hay cosa o persona que le haga compa\u00f1\u00eda.\nIncluso siente el \u201cdesamparo\u201d del propio cuerpo (20, 9). \u201cMuchas veces, a\ndeshora, viene un deseo que no s\u00e9 c\u00f3mo se mueve, y de este deseo, que penetra\ntoda el alma en un punto, se comienza tanto a fatigar, que sube muy sobre s\u00ed y\nde todo lo criado, y p\u00f3nela Dios tan desierta de todas las cosas, que por mucho\nque ella trabaje, ninguna que la acompa\u00f1e le parece hay en la tierra, ni ella\nla querr\u00eda, sino morir en aquella soledad\u201d (20,9).<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cY con parecerme que\nest\u00e1 entonces lej\u00edsimo Dios, a veces comunica sus grandezas por un modo el m\u00e1s\nextra\u00f1o que se puede pensar&#8230;\u201d (20, 9). \u201cEllo es un recio martirio sabroso,\npues todo lo que se le puede representar al alma, de la tierra, aunque sea lo\nque le suele ser m\u00e1s sabroso, ninguna cosa admite: luego parece lo lanza de s\u00ed\u201d\n(20, 11).<\/p>\n\n\n\n<p>Ella misma glosa esa\nexperiencia con dos pasajes b\u00edblicos muy del agrado de fray Juan de la Cruz:\n\u201cal pie de la letra me parece se puede entonces decir (lo que) dijo el real\nProfeta estando en esta misma soledad, sino que como a santo se la dar\u00eda el\nSe\u00f1or a sentir en m\u00e1s excesiva manera: vigilavi et factus sum sicut passer\nsolitarius in tecto&#8230;\u201d (20, 10). Y el otro texto del salmista: \u201cotras veces\nparece anda el alma como necesitad\u00edsima, diciendo y preguntando a s\u00ed misma\n\u00bfd\u00f3nde est\u00e1 tu Dios? (ib 11: los salmos aludidos son el 101, 8, y el 41, 4).<\/p>\n\n\n\n<p>Como en otras\nocasiones, tambi\u00e9n aqu\u00ed T recala sobre la experiencia mod\u00e9lica de san Pablo:\n\u201cOtras (veces) me acordaba de lo que dice san Pablo, que est\u00e1 crucificado al\nmundo. No digo yo que sea esto (m\u00edo) as\u00ed, que ya lo veo, mas par\u00e9ceme que est\u00e1\nas\u00ed el alma&#8230; como crucificada entre el cielo y la tierra..\u201d (20, 11). S\u00f3lo\nque a la vez \u201cle viene del cielo una noticia admirable, muy sobre todo lo que\npodemos desear, (y que) es para m\u00e1s tormento, porque acrecienta el deseo (de\nDios) de manera que la gran pena algunas veces quita el sentido, sino que dura\npoco sin \u00e9l\u201d (20,11).<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque condensada en\nese texto central de Vida, esa experiencia prosigue hasta el final del libro:\n\u201cDame consuelo o\u00edr el reloj, porque me parece me allego un poquito m\u00e1s para ver\na Dios, de que veo ser pasada aquella hora de la vida\u201d (40, 20).<\/p>\n\n\n\n<p>Esa especie de\nritornelo del \u201cdeseo de ver a Dios\u201d, como surtidor secreto de la \u201cpena de\nausencia\u201d, sit\u00faa a \u00e9sta en la din\u00e1mica teologal de la esperanza (\u201ctensi\u00f3n de\nespera\u201d), y la caracteriza m\u00e1s como anhelo de lo final que como nostalgia del\npara\u00edso perdido, cual comparece en otros m\u00edsticos medievales.<\/p>\n\n\n\n<p>3. La codificaci\u00f3n teologal de esa experiencia. \u2013 Ya en el relato de Vida, la Santa situ\u00f3 ese trance m\u00edstico en el estadio final de su graduatoria: cuarto grado de oraci\u00f3n. Pero todav\u00eda en la incertidumbre de cu\u00e1l ser\u00eda su posterior evoluci\u00f3n. Casi convencida de hallarse ya ante la experiencia tope: \u201cYo bien pienso alguna vez ha de ser el Se\u00f1or servido \u2013si va adelante como ahora (esta experiencia)\u2013 que se acabe con acabar la vida, que a mi parecer bastante es tan gran pena para ello&#8230; Toda la ansia es morirme entonces&#8230; Todo se me olvida con aquella ansia de ver a Dios, y aquel desierto y soledad le parece mejor que toda la compa\u00f1\u00eda del mundo\u201d (20,13).<\/p>\n\n\n\n<p>Esa falta de\nperspectiva la corregir\u00e1 en escritos posteriores. En dos especialmente: en las\nMoradas del Castillo Interior (1577), y un a\u00f1o antes en la Relaci\u00f3n 5\u00aa, escrita\nen Sevilla para los consultores de la Inquisici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En esta \u00faltima, Teresa\nimprovisa un sencillo esquema del proceso m\u00edstico, que completa la graduatoria\nde Vida. Sit\u00faa el trance m\u00edstico de la \u201causencia de Dios\u201d despu\u00e9s del periodo\nde arrobamientos (nn. 9-10) y del \u201cvuelo de esp\u00edritu\u201d (n. 11), como resultado\nde los \u201c\u00edmpetus (que as\u00ed) llamo yo a un deseo que da al alma algunas veces&#8230;,\nuna memoria que viene de presto de que est\u00e1 ausente de Dios\u201d (n. 13). Y lo\ndescribe con un par de pinceladas coloristas: \u201cpar\u00e9cele que est\u00e1 en una tan\ngran soledad y desamparo de todo, que no se puede escribir. Porque todo el\nmundo y sus cosas le dan pena, y que ninguna cosa criada le hace compa\u00f1\u00eda, ni\nquiere el alma sino al Criador, y esto lo ve imposible si no muere. Y como ella\nno se ha de matar, muere por morir, de tal manera que verdaderamente es peligro\nde muerte, y se ve colgada entre cielo y tierra, que no sabe qu\u00e9 se hacer de\ns\u00ed\u201d (n. 14).<\/p>\n\n\n\n<p>Con todo, s\u00f3lo en las\nMoradas lograr\u00e1 la Santa una codificaci\u00f3n precisa y definitiva de ese estadio\nde la experiencia m\u00edstica. Lo expone en el cap. final de las moradas sextas, y\nsit\u00faa el momento culminante de esa su propia experiencia en la Pascua de 1571,\nen el famoso deliquio de Salamanca referido en la Relaci\u00f3n 15 (cf M 6,11,8), y\nocurrido un a\u00f1o antes de su ingreso en el estadio final del \u201cmatrimonio\nm\u00edstico\u201d (cf R 35).<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso, en su\ncodificaci\u00f3n del proceso m\u00edstico, la sit\u00faa en el umbral mismo de las moradas\ns\u00e9ptimas, como purificaci\u00f3n para el ingreso en ellas (n. 6). En ese contexto\nreitera su descripci\u00f3n calcando la antigua exposici\u00f3n de Vida 20: \u201cSiente una\nsoledad extra\u00f1a, porque criatura de toda la tierra no la hace compa\u00f1\u00eda, ni creo\nse la har\u00edan los del cielo como no fuese el que ama, antes todo la atormenta.\nMas vese como una persona colgada, que no asienta en cosa de la tierra, ni al\ncielo puede subir; abrasada con esta sed, y no puede llegar al agua; y no sed\nque puede sufrir, sino ya en tal t\u00e9rmino que con ninguna se le quitar\u00eda, ni\nquiere que se le quite, si no es con la que dijo nuestro Se\u00f1or a la Samaritana,\ny esa no se la dan\u201d (M 6,11,5).<\/p>\n\n\n\n<p>Lo mismo que fray Juan\nde la Cruz, tambi\u00e9n la Madre Teresa rebasa los estrechos moldes descriptivos y\nlos an\u00e1lisis doctrinales del fen\u00f3meno m\u00edstico de la \u201causencia de Dios\u201d, para\ndejarla fluir por el lirismo de uno o varios de sus poemas. El que m\u00e1s\nexpresamente refleja y glosa esa experiencia comienza as\u00ed: \u201cCu\u00e1n triste es,\nDios m\u00edo, \/ la vida sin Ti, \/ ansiosa de verte, \/ deseo morir\u201d (Po 7). Por \u00e9l\nse distiende una serie de motivos tem\u00e1ticos tan abundosos y aun m\u00e1s que los\ntestificados en Vida y Moradas: soledad y tristeza, destierro y ensue\u00f1o, vida y\nmuerte, amor y duelo, Dios escondido (\u201cT\u00fa siempre invisible\u201d) y presencia\neucar\u00edstica&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Lo m\u00e1s sorprendente en\nese poema, de dataci\u00f3n incierta, es que la Santa lo haya compuesto calcando el\nmetro de las canciones que ocasionaron su \u00e9xtasis en la Pascua de 1571, a que\nantes aludimos. Por tanto, poema compuesto para ser cantado. Quiz\u00e1s para ser\ncantado en comunidad, como el \u201cV\u00e9ante mis ojos\u201d, con intenci\u00f3n y esp\u00edritu de\nPascua.<\/p>\n\n\n\n<p>BIBL. \u2013 AA.VV., La\nb\u00fasqueda de Dios, Madrid, 1984.<\/p>\n\n\n\n<p>T. \u00c1lvarez<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1.&nbsp;Padecer \u201causencia de Dios\u201d es una componente de toda experiencia m\u00edstica cristiana. 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