{"id":3669,"date":"2020-02-06T16:46:16","date_gmt":"2020-02-06T22:46:16","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3669"},"modified":"2021-02-06T16:52:18","modified_gmt":"2021-02-06T22:52:18","slug":"escatologia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3669","title":{"rendered":"Escatolog\u00eda"},"content":{"rendered":"\n<p>La escatolog\u00eda\nsanjuanista es deudora, ante todo, de los hechos m\u00e1s elementales implicados por\nella (muerte, juicio, purgatorio y cielo). Pero no todos estos pasos alcanzan\nel mismo relieve dentro de sus preocupaciones sistem\u00e1ticas y del ambiente\nteol\u00f3gico que las envuelven. Originalmente se funda en las fuentes b\u00edblicas; en\nsegundo lugar, en el entramado teol\u00f3gico de su sistema espiritual y, por fin,\nen los acentos que pone en su marco del itinerario m\u00edstico sobre determinados\ntr\u00e1nsitos o pasos a la vida eterna.<\/p>\n\n\n\n<p>Dejando a un lado\nel car\u00e1cter algo \u201cescapista\u201d del Santo ante la historia terrena (aunque sin\nnegar su equilibrio entre talante contemplativo y activo), tratamos aqu\u00ed dos\neslabones concretos: <em>muerte <\/em>(f\u00edsica y de amor) y <em>cielo <\/em>(bienaventuranza, gloria, fruici\u00f3n y jubilaci\u00f3n).\nEl \u201cjuicio\u201d escatol\u00f3gico apenas se alude en sus escritos como aviso para \u201clos\nque viven lejos\u201d (S 2,7,12; cf 22,15) o como misterio escondido de Dios (CB\n37,7). El mismo \u00abpurgatorio\u201d no recibe m\u00e1s relieve que su comparaci\u00f3n con\nla&nbsp; \u00abpurificaci\u00f3n\u201d necesaria y\nsingularizada antes de pasar a la \u201cperfecta uni\u00f3n\u201d con Dios (N 2,7,7; 20,5; LlB\n1,21.24).<\/p>\n\n\n\n<h3>I. La muerte<\/h3>\n\n\n\n<p>Es el primer\nnov\u00edsimo considerado profusamente por J. de la Cruz. Lo presenta como\nacontecimiento final de la vida terrena, como muerte espiritual en conformidad\ncon la de Cristo y como acontecimiento m\u00edstico cuando es \u201cpor amor\u201d como la del\nSe\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>1. MUERTE NATURAL<em>. <\/em>Es la muerte f\u00edsica, en\ntodos \u201csemejante a las dem\u00e1s\u201d (LlB 1,30). El hombre se muere de muerte porque\nno mereci\u00f3 ning\u00fan don \u201cpreternatural\u201d. Siempre es un enigma ante el que\nfracasan la imaginaci\u00f3n y discurso humanos (Vat. II,\nGS, 18). Poco importan su etiolog\u00eda o diagn\u00f3stico forenses (\u201cpor enfermedad o\nlongura de d\u00edas\u201d: LlB 1,30). Al Santo tampoco le interesa mucho esa\n\u201cespiritualidad del buen morir\u201d, tan en boga entre muchos autores de su \u00e9poca.\nS\u00f3lo en uno de sus \u201cdichos\u201d nos da un aldabonazo para emplear el tiempo \u201ccomo\nlo querr\u00edas haber hecho cuando te est\u00e9s muriendo\u201d (Av. 79).<\/p>\n\n\n\n<p>Esto supone que la\nmuerte no es \u201camada ni amiga\u201d sino el mayor contratiempo de la existencia\nterrena. En tal acepci\u00f3n negativa se toma como \u201cprivaci\u00f3n de la vida\u201d (LlB\n2,32) y signo de una rebeld\u00eda o vac\u00edo para el \u201cpecador\u201d, que \u201csiempre teme\nmorir, porque barrunta que la muerte todos los bienes le ha de quitar, y todos\nlos males le ha de dar\u201d (CB 11,10). Se trasciende ya el significado \u201cracional\u201d\nde la muerte f\u00edsica con su valoraci\u00f3n desde lo teol\u00f3gico. En tal sentido la\n\u201cmuerte\u201d sucede cuando el alma no tiene ning\u00fan grado de amor (ib. 11) o\n\u201ccarece\u201d de Dios (CB 2,7). Se reh\u00faye instintivamente la muerte, pues \u201cquerer\nmorir es imperfecci\u00f3n natural\u201d (CB 11,8) y a nadie atrae la \u201cfealdad\u201d de un\ncad\u00e1ver (S 1,9,3). As\u00ed se lamenta el Santo de que se prefieran el suicidio u\notros bienes (como el dinero, fama, etc.) antes que la libertad de esp\u00edritu\nante el evento final (S 3,19,10; 22,3, etc.). Esto ser\u00e1 ya otra opci\u00f3n muy\ndistinta y positiva.<\/p>\n\n\n\n<p>2. MUERTE ESPIRITUAL<em>. <\/em>Tiene un sentido\nmetaf\u00f3rico, y no equivale a \u201cpecado\u201d sino a \u201cmortificaci\u00f3n espiritual\u201d (\u201cy toda\ndeuda paga, \/ matando, muerte en vida la has trocado\u201d: LlB 2,23-35). Para no\nser cobardes ante este evento natural, es necesario captar bien esta simb\u00f3lica\nde la muerte: su relaci\u00f3n con la de Cristo y su sentido\nderivado de \u201cincorporaci\u00f3n a su muerte\u201d. Sin tal referencia positiva se puede\ndar tambi\u00e9n en el cristiano una especie de miedo espiritual, que el Santo\ncompara varias veces a la \u201chuida\u201d instintiva ante la muerte (S 2,7,5; N 1,2,3).<\/p>\n\n\n\n<p>Si, en cambio, se\npretende seguir los pasos de Cristo, hay que hacerlo hasta su \u201canonadamiento en\nla muerte de cruz\u201d, pues \u201ccierto est\u00e1 que \u00e9l muri\u00f3 a lo sensitivo,\nespiritualmente en vida y naturalmente en su muerte\u201d (S 2,7,10), \u201caniquilado en\nel alma sin consuelo y alivio alguno\u201d (ib. 11). As\u00ed ha de ser la suerte del\ndisc\u00edpulo fiel: \u201ccomo una aniquilaci\u00f3n temporal y natural y espiritual en todo\u201d\n(S 2,7,6).<\/p>\n\n\n\n<p>En la negaci\u00f3n\nsensible y en la noche del esp\u00edritu, justo a trav\u00e9s de la mortificaci\u00f3n activa\ny pasiva, va surgiendo la \u201cvida espiritual\u201d como contrapunto al vac\u00edo\ndispositivo y purificaci\u00f3n de todo apetito voluntario desordenado (S 1,12,3; N\n2, 6,1.2; 7,3). Pero aqu\u00ed la muerte y el silencio del sepulcro del \u201chombre\nviejo\u201d (LlB 2,33.34) no son fines en s\u00ed mismos sino el paso obligado del\nmisterio pascual: \u201cpara la resurecci\u00f3n que espera\u201d (N 2,6,1; Ct 7).<\/p>\n\n\n\n<p>3. MUERTE DE AMOR<em>. <\/em>Lo que da sentido y\nfecunda a la muerte de Cristo y a la espiritual del hombre es el \u201camor\u201d. No se\nniega el realismo del \u201cvivir en pobreza y morir en miseria\u201d de \u00c9l (S 2,19,7;\ncf. S 2,7; 22, etc.), ni los \u201ctrances de muerte\u201d como en la \u201cnoche oscura\u201d del\nalma (N 2,5,6, etc.). Pero s\u00f3lo el amor es la suprema referencia formal en este\npunto: \u201cel pecho del amor muy lastimado\u201d del Amado \u201cpastorcico\u201d (Po 6). Tampoco\na los dem\u00e1s \u201cconviene que no nos falte cruz, como a nuestro Amado, hasta la\nmuerte de amor\u201d (Ct 11).<\/p>\n\n\n\n<p>El deseo de \u201cmorir\nde amor\u201d est\u00e1 a la base de su po\u00e9tica primitiva, en que plastifica sus penas y\nansias de amor. Coplas como las que glosan el certamen del \u201cVivo sin vivir en\nm\u00ed\u201d (Po 8) o las primeras estrofas del <em>C\u00e1ntico <\/em>compuestas en Toledo no dejan dudas sobre el estado\nan\u00edmico de su autor: \u201cQue adolezco, peno y muero\u201d \/\/ \u201cy d\u00e9jame muriendo un no\ns\u00e9 qu\u00e9 que quedan balbuciendo\u201d \/\/ \u201cMas \u00bfc\u00f3mo perseveras, \u00a1oh vida! no viviendo\ndonde vives, y haciendo por que mueras las flechas que recibes\u201d \/\/ \u201c\u00bfPor qu\u00e9,\npues has llagado aqueste coraz\u00f3n, no le sanaste?\u201d \/\/ \u201cDescubre tu presencia, y\nm\u00e1teme tu vista y hermosura\u201d \/\/ \u201cAp\u00e1rtalos, Amado, que voy de vuelo\u201d, etc.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero en achaques\nde amor hay sus m\u00e1s y sus menos. Hay amores \u201cimpacientes\u201d que suspiran por la\nvista del Amado y que no est\u00e1n todav\u00eda a punto de realizar sus ansias. \u201cMuerte\nde amor\u201d, propiamente hablando, no hay m\u00e1s que una. As\u00ed hay que acoplar las\n\u201cdeclaraciones\u201d de las primeras estrofas del <em>C\u00e1ntico <\/em>(1-11) seg\u00fan los \u201cdiez grados de amor\u201d que \u00e9l\nconoc\u00eda (N 2,1920). Se pueden desear \u201cmil muertes\u201d por Dios (Po 8; C 1,19; 2,6;\n8,2) y no acontecer ninguna; se puede pedir que \u201cpues eres t\u00fa la causa de la\nllaga en dolencia de amor, s\u00e9 tu la causa de la salud en muerte de amor\u201d (CB\n9,3), etc.<\/p>\n\n\n\n<p>Es comprensible\npara un alma que no tiene ojos sino para buscar a su Amado, pedir\n\u201ccondicionadamente\u201d la muerte (CB 10,8). Pero todo puede ser un espejismo del\namor en camino (\u201cciertos visos entreoscuros de su divina hermosura\u201d: CB 11,4).\nJustamente en este comentario al \u201cdescubre tu presencia y m\u00e1teme tu vista y\nhermosura\u201d, se detiene el Santo en explicarnos por qu\u00e9 ahora \u201cen la ley de\ngracia\u201d se considera m\u00e1s sano \u201cquerer vivir poco y morir por verle\u201d a Dios,\ncantando las \u201cdulzuras de la muerte\u201d f\u00edsica, \u201camiga y esposa\u201d, \u201cremate de todas\nsus pesadumbres y penas y principio de todo su bien\u201d (C 11,9-10). La raz\u00f3n es\nsiempre la misma: \u201cel alma no teme morir cuando ama\u201d (ib.).<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, a\nestas \u201cansias de amor\u201d, que tanto la purifican en su impaciencia, les falta\ntodav\u00eda llegar a los dos \u00faltimos grados perfectos de la escala de amor, que\nconsisten en \u201carder con suavidad &#8230; del Esp\u00edritu Santo\u201d y \u201casimilarse\ntotalmente a Dios\u201d (N 2,20,4-5). En el gozne de ambos grados ocurre la muerte\namor: \u201chabiendo llegado en esta vida al nono grado [de los \u201cperfectos\u201d], sale\nde la carne\u201d (ib.).<\/p>\n\n\n\n<p>Es lo que comenta\nen la declaraci\u00f3n de las cinco \u00faltimas estrofas de <em>C\u00e1ntico <\/em>y, sobre todo, en la primera de <em>Llama. <\/em>En las primeras J.\nde la Cruz tiene que reorientar la tensi\u00f3n espiritual de su primera redacci\u00f3n\nen \u201cpretensiones\u201d escatol\u00f3gicas del alma. Ahora el \u201centremos m\u00e1s adentro en la\nespesura\u201d para gozarse con el Amado, implica el \u201cgozarle perfectamente en la\nvida eterna&#8230;, este beat\u00edfico pasto en manifiesta visi\u00f3n de Dios\u201d (CB 36,2),\n\u201cverle cara a cara\u201d en su hermosura (ib.5), subir al \u201cmonte\u201d de la \u201cvisi\u00f3n\nclara de Dios\u201d (ib.7) y entrar \u201chasta los aprietos de la muerte, por ver a\nDios\u201d (ib. 12).<\/p>\n\n\n\n<p>Se dice claramente\nque desea el alma \u201cser desatada y verse con Cristo\u201d (CB 37,1: Fil 1,23), \u201cm\u00e1s\nadentro del matrimonio espiritual que ahora posee, que ser\u00e1 en la gloria,\nviendo a Dios cara a cara\u201d (ib. 2) y gozando las \u201ccavernas\u201d de los misterios y \u201cel\nmosto\u201d de los atributos divinos aqu\u00ed todav\u00eda escondidos (ib. 3-7). Es la\n\u201cfelicidad eterna\u201d, \u201cla gloria esencial\u201d en que pueda amar a Dios con el mismo\nAmor que es amada (CB 38 1-4) y \u201cposeer sin fin&#8230; <em>aquello <\/em>para que Dios la predestin\u00f3 sin principio\u201d (ib. 6).<\/p>\n\n\n\n<p>All\u00ed, en la\nJerusal\u00e9n celeste, comer\u00e1 el alma del \u201c\u00e1rbol de la vida que est\u00e1 en el\npara\u00edso\u201d, recibir\u00e1 \u201cla corona de la vida\u201d y \u201cun nombre nuevo\u201d, \u201cpotestad sobre\nlas gentes\u201d, la \u201cestrella matutina\u201d; \u201cser\u00e1 vestida con vestiduras blancas\u201d,\n\u201ccolumna en el templo de mi Dios\u201d y se sentar\u00e1 \u201cconmigo en mi trono\u201d (Ap 1-2:\nCB 38,7-8). Todo esto no lo dice s\u00f3lo Juan en su Apocalipsis: lo dice el mismo\nCristo, su Esposo, \u201cson palabras del Hijo de Dios para entender aquello\u201d (ib.)\nTodo ese \u201cpeso de gloria\u201d a que fue predestinada en el d\u00eda de la eternidad,\nrecibir\u00e1 el alma \u201ccuando, desat\u00e1ndome de la carne&#8230;bebamos el mosto de las\nsuaves granadas\u201d (ib.9). Nada extra\u00f1o, pues, que el alma \u201carrimada en su Esposo\npara subir el desierto de la muerte\u201d pretenda llegar \u201ca los asientos y sillas\ngloriosas del Esposo\u201d en el \u201cglorioso matrimonio de la [Iglesia] triunfante\u201d\n(CB 40,1.7).<\/p>\n\n\n\n<p>Es lo mismo que,\ncon acentos y pluma l\u00edricamente inefables, J. de la Cruz nos declara en el\ncomentario m\u00edstico a los dos \u00faltimos versos de la 1\u00aa estrofa de <em>Llama<\/em>: \u201cAcaba ya, si\nquieres: \/ \u00a1rompe la tela de este dulce encuentro!\u201d (LlB 1, 27-36).<\/p>\n\n\n\n<p><em>Acaba ya: <\/em>Petici\u00f3n bien definida. De conclusi\u00f3n inmediata, con la fuerza imperativa\ndel \u201cs\u00e1came\u201d o \u201cm\u00e1teme\u201d. Se sabe lo que se pide y c\u00f3mo pedirlo: \u201cencarecimiento\nafectuoso\u201d, \u201crogar persuadiendo\u201d, \u201cgemido, aunque suave y regalado\u201d, \u201csin\npena\u201d, con \u201cdeseo deleitable\u201d, etc. (LlB 1,2.6.27.28). Sosiego del peregrino al\narribo.<\/p>\n\n\n\n<p>S<em>i quieres: <\/em>Y s\u00ed que lo quiere el Esp\u00edritu del Esposo que le\n\u201cprovoca\u201d y \u201cconvida\u201d a pedirlo (LlB 1,28). No es el\n\u201ccondicional\u201d exagerado de otras veces (CB 11,8). Aqu\u00ed el alma ya \u201cen el vivir\ny en el morir est\u00e1 conforme y ajustada con la voluntad de Dios\u201d (CB 20,11). Su\nquerer es forma de oraci\u00f3n perfecta: \u201clo que t\u00fa quieres pida, pido\u201d (LlB 1,36);\nde fiat y de am\u00e9n: \u201cpara que as\u00ed sea\u201d (LlB 1,28).<\/p>\n\n\n\n<p><em>Rompe la tela: <\/em>Muerte de amor propiamente dicha (LlB 1,29ss). Es ruptura con pero para el\n\u201cencuentro\u201d sucesivo. Lo causa un \u00edmpetu de amor m\u00e1s subido y poderoso con su\nefecto \u201cr\u00e1pido\u201d (LlB 1,30). Hay nexo indeleble de realidades m\u00e1ximas: vida\neterna de amor con Dios. La tela de uni\u00f3n entre alma y cuerpo es ya tan tenue,\nsutil, delgada y flaca que no puede trabar ambos estadios (LlB 1,29.32). Se\nadivina la acci\u00f3n continua de Dios para enlazar en presente con lo eterno. Una\nacci\u00f3n que es, al mismo tiempo, de la llama del Esp\u00edritu y del ascua\nincandescente, pues el amor es ya \u201cuno\u201d entre ambos (LlB 1,16).<\/p>\n\n\n\n<p><em>De este dulce encuentro: <\/em>Transfinalizaci\u00f3n de toda petici\u00f3n y acci\u00f3n en la\nfiesta nupcial definitiva o \u201cfiesta del Esp\u00edritu Santo\u201d y \u201cglorificaci\u00f3n\njocunda y festiva del alma\u201d (LlB 1,8-9). Encuentro efusivo entre amados para\nsiempre, como r\u00edo ancho y tranquilo que desemboca en el \u201cmar del amor\u201d (LlB\n1,30). Y tambi\u00e9n c\u00e1ntico final, \u201csiempre nuevo\u201d, en el destino jubiloso en que\n\u201ctodo se vuelve en amar y alabanzas\u201d (ib.31). Victoria del amor sobre la\nmuerte, pues \u201cen viniendo la Vida, no queda rastro de muerte\u201d (ib. 36). Esta\n\u201cfortaleza de la otra vida\u201d hace que Dios sea para ella su &nbsp;\u201ctodo\u201d, que es \u201cla plenitud y hartura que desea mi alma\nsin t\u00e9rmino ni fin\u201d (LlB 1,36).<\/p>\n\n\n\n<h3>II. Cielo de\nverdad<\/h3>\n\n\n\n<p>El discurso\nsanjuanista sobre el cielo (gloria, vida eterna, bienaventuranza, etc.) refleja\nen sus escritos, ante todo, una <em>tensi\u00f3n vivencial <\/em>o existencial. Conecta as\u00ed con su doctrina sobre la\n\u201cmuerte de amor\u201d (cf. supra), y con su tendencia personal hacia el encuentro\nescatol\u00f3gico con Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>En segundo lugar,\nel estado glorioso es un <em>punto de referencia <\/em>constante para valorar las gracias m\u00edsticas del alma que\n\u201cvisea\u201d su meta desde las ansias primeras de hallar al Amado hasta la realidad\nde su matrimonio espiritual con \u00e9l. En tal sentido, hay un hiato bien claro\nentre lo alcanzado en esta vida y lo que se pide y espera como consumaci\u00f3n\ndefinitiva de la misma: \u201cPorque, aunque el alma llegue en esta vida mortal a\ntan alto grado de perfecci\u00f3n como aqu\u00ed va hablando (=matrimonio de amor\n\u201ccualificado\u201d), no llega ni puede llegar a estado perfecto de gloria\u201d (LlB\n1,14). Esta postura doctrinal es definitiva.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre la tensi\u00f3n y\nla comparaci\u00f3ndistinci\u00f3n hay que ubicar su doctrina referida al estado\nescatol\u00f3gico celeste. La hallamos en todos sus escritos: <em>Romances, Subida, Noche, C\u00e1ntico y Llama. <\/em>Las fuentes de inspiraci\u00f3n y explicaci\u00f3n de \u201caquello\u201d no\nson otras que las consabidas: experiencia propia o constatada (\u201chombre\ncelestial y divino\u201d seg\u00fan santa Teresa), recurso a la Escritura (Apocalipsis y\nPablo, especialmente) y la asimilaci\u00f3n profunda del op\u00fasculo pseudotomista <em>De beatitudine<\/em>, del que toma argumentos para ponderar lo que el alma desea en su\nmatrimonio terreno (CA) o para el matrimonio \u201cceleste\u201d (CB y <em>Llama<\/em>). Entre unas\nfuentes y otras se enriquece la expresi\u00f3n literaria sanjuanista, hasta el punto\nde que su discurso sobre el \u201ccielo\u201d abunda en sinonimias y concordancias\nm\u00faltiples, tanto objetivas como subjetivas, hasta usar \u00e9l mismo el \u201cetc\u201d. Nada\nf\u00e1cil resumirlo todo en pocas l\u00edneas ni por orden l\u00f3gico, sobre todo intentando\nlo imposible que es separar experiencia y doctrina.<\/p>\n\n\n\n<p>1. CIELO COMO \u201cTENSI\u00d3N HACIA\nEL FIN<em>\u201d. <\/em>El \u201cestado de gloria\u201d (C 13,2) es la \u201cposesi\u00f3n\u201d efectiva de aquello para\nque Dios \u201cpredestin\u00f3\u201d a la criatura inteligente, \u00e1ngeles y hombres que forman\nel \u201ccuerpo\u201d de la \u201cCabeza gloriosa\u201d del Unig\u00e9nito del Padre, Amado y Esposo\nencarnado, muerto y resucitado.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed lo contempla\nJ. de la Cruz desde sus <em>Romances <\/em>primeros: \u201cUna esposa que te ame, mi Hijo, darte quer\u00eda,\nque por tu valor merezca tener nuestra compa\u00f1\u00eda\u201d (Romance 3\u00ba). Compa\u00f1\u00eda eterna\nen la que \u201cconozca\u201d, posea la \u201cclaridad\u201d (=gloria), el \u201ceterno deleite\u201d y\n\u201cbondad sublimada\u201d de la \u201cvida\u201d trinitaria (ib.). El hombre comparte con los\n\u00e1ngeles el mismo destino (\u201cque todos son un cuerpo\u201d: Romance 4\u00ba), aunque en los\nprimeros la \u201cposesi\u00f3n\u201d de Dios es en alegr\u00eda inicial (cf. CB 7,6), mientras que\nen el hombre es todav\u00eda sujeto de \u201cesperanza de fe\u201d que se les \u201cinfunde\u201d en \u00e9l\nmientras de \u201ceste siglo que corr\u00eda\u201d (Romance 4\u00ba). La \u201ceterna melod\u00eda\u201d es un\ndestino a ensayar en el c\u00e1ntico temporal del amor gracioso y agradecido. No le\nfaltar\u00e1 \u201cgozar de los misterios (=sacramentos) que entonces ordenar\u00eda\u201d (Romance\n5\u00ba) ni de la \u201cnoticia al mundo\u201d (=evangelio) de su encarnaci\u00f3n, redenci\u00f3n y\n\u201cvuelta\u201d de la esposa al Padre (Romances 7\u00ba-8\u00ba). Misterio de \u201cpasmo\u201d no s\u00f3lo\npara Mar\u00eda sino para cuantos contemplaban \u201cel llanto del hombre en Dios\/ y en\nel hombre la alegr\u00eda\u201d (Romance 9\u00ba).<\/p>\n\n\n\n<p>La historia de\nesta redenci\u00f3n progresiva en la fe, amor y esperanza, es la descrita en <em>Subida-Noche. <\/em>Aqu\u00ed la purificaci\u00f3n forma parte del \u201crescate\u201d que Cristo realiza en su\nesposa como \u201cdichosa ventura\u201d en la \u00abnoche oscura\u201d. Se \u201cposee\u201d a Dios por\n\u201cgracia\u201d como en la otra vida se unir\u00e1 el alma con \u00e9l \u201cpor gloria\u201d (S 1,12,3; S\n2,4,4). La \u201casimilaci\u00f3n total con la divina esencia\u201d ser\u00e1 el \u201c\u00faltimo grado de\nclara visi\u00f3n\u201d, pero \u00e9sta s\u00f3lo se realiza en la otra vida (N 2,20,5.6).<\/p>\n\n\n\n<p>Esta diferencia\nentre una y otra forma de uni\u00f3n con Dios afecta sobre todo al &nbsp;camino espiritual\nque, especialmente en <em>C\u00e1ntico, <\/em>se nos presenta como una progresiva comuni\u00f3n de amor\nentre el alma y Cristo. \u201cSale\u201d el alma (\u201csac\u00e1ndola Dios\u201d: S 1,4,1; \u201csacaste mi\nalma\u201d: CB 1,20) \u201cgimiendo\u201d tras su Amado \u201cescondido\u201d. No se ahorran\nponderaciones a los deseos clamorosos del encuentro. \u201cDeseando unirse con \u00e9l\npor clara y esencial visi\u00f3n, propone sus ansias de amor\u201d (CB 1,2). Este\n\u201cintento\u201d m\u00e1ximo incluye desde el inicio del camino el \u201cposeer o ver clara y\nesencialmente a Dios&#8230;; la clara presencia y visi\u00f3n de su esencia en que desea\nestar certificada y satisfecha en la otra [vida]\u201d (CB 1,4). Es decir, toda la\nvida espiritual presente est\u00e1 animada por la esperanza de las promesas\nescatol\u00f3gicas.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre tanto llega\nla carrera a su \u00faltimo tramo de las cinco postreras canciones que \u201ctratan del\nestado beat\u00edfico, que ya s\u00f3lo en aquel estado perfecto (matrimonio) pretende\u201d\n(CB arg.), el alma propondr\u00e1 muchas veces a su Amado \u201cla dolencia y ansia de su\ncoraz\u00f3n&#8230; sin poder tener remedio con menos que con esta gloriosa vista de su\ndivina esencia\u201d (CB 11,2); que la acabe \u201cde matar para verse y juntarse con \u00e9l\nen vida de amor perfecto\u201d (CB 1,18), \u201cporque echa de ver que carece de la\ncierta y perfecta posesi\u00f3n de Dios\u201d (CB 2,6) y que la dejan muriendo \u201cun no s\u00e9\nqu\u00e9 que quedan balbuciendo\u201d los mensajeros \u201cal modo de los que le ven en el\ncielo\u201d (CB 7,9); que la fastidia se lo impida \u201cuna vida tan fr\u00e1gil en cuerpo\nmortal\u201d (CB 8,3) y que, pues la hiri\u00f3, \u201cla acabe ya de matar con la fuerza del\namor\u201d (CB 9,1) y \u201cv\u00e9ate yo cara a cara con los ojos de mi alma\u201d (CB 10,7); que,\n\u201cdesat\u00e1ndola de la carne&#8230; persevera penando por su amor, sin poder tener\nremedio con menos que esta gloriosa vista de su divina esencia (CB 11,2).<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed mientras se le\ncomunican \u201cciertos visos entreoscuros de su divina hermosura\u201d (CB 11,4). \u00bfQu\u00e9\nno codiciar\u00e1 el alma cuando, tras su \u201cdesposorio\u201d (CB 13-21) y \u201cmatrimonio\u201d\nm\u00edstico (C 22-40), tenga y no s\u00f3lo una fe \u201clustrada\u201d (CB 12,1) sino\n\u201cilustrad\u00edsima\u201d que es el equivalente de \u201cla lumbre de la gloria\u201d? (cf. LlB\n3,80). Pensar\u00e1 que \u201cva de vuelo\u201d si el Esposo no la invitase a esperar con m\u00e1s\npaciencia \u201cese estado de gloria que t\u00fa ahora pretendes\u201d (CB 13,2).<\/p>\n\n\n\n<p>Lo pregustado en\nesta vida no son m\u00e1s que \u201cmuy desviadas asomadas\u201d (CB 13,11) o un \u201cvislumbre\u201d\nmuy distinto de lo que es ver \u201ca Dios esencial y claramente\u201d (CB 14-15,5); un\n\u201csilbo de los aires amorosos\u201d o un \u201crayo de tiniebla\u201d muy distinto del \u201cver a\nDios\u201d, \u201cen que consiste la fruici\u00f3n\u201d eterna (CB 1415,14.16). Ni el matiz\ninefable de las gracias m\u00edsticas recibidas ni su car\u00e1cter \u201cabisal\u201d suprimen\naqu\u00ed ciertas \u201causencias\u201d del Amado (CB 14-15,30), cualquiera que sea el intento\ndel Santo por ilustrarlas con las \u201cvisiones divinas\u201d de El\u00edas y Mois\u00e9s (S 2,\n8,4; 24,2-3; CB 11,4; 14-15,14; 37,4, etc.) o el rapto paulino al \u201ctercer cielo\u201d\n(S 2,4,4; 24,3; CB 13,6; 14,18; 19,5, etc.).<\/p>\n\n\n\n<p>De hecho, por\npropia reflexi\u00f3n o inducido por su lectura del op\u00fasculo <em>De beatitudine<\/em>, J. de la Cruz transmuta por elevaci\u00f3n las ansias del alma en su\nmatrimonio espiritual. As\u00ed tenemos las dos visiones de sendas redacciones del <em>C\u00e1ntico <\/em>en las estrofas\nfinales (CB 3640). Aqu\u00ed se pide \u201cpara la vida eterna\u201d lo que sigue siendo\ntodav\u00eda irrealizable: recibir-dar el sabor del amor mutuo en igualdad\ninterpersonal por el Esp\u00edritu, escudri\u00f1ar las cosas y secretos del mismo Amado,\netc. (CB 36,3). Pero se precisar\u00e1 el \u201ccara a cara\u201d de la plena visi\u00f3n\nbeat\u00edfica, es decir, \u201cver el ser de Dios\u201d (CB 38,1.5). La perspectiva de la\n\u201cgloria esencial\u201d nos lleva a un \u201camor glorioso&#8230;, que totalmente es inefable\u201d\n(CB 38,4). Y as\u00ed \u201caquello\u201d se queda, pese a los esfuerzos por simbolizarlo con\nel Apocalipsis, m\u00e1s como un suspiro de esperanza-amor que como realidad\nadquirida.<\/p>\n\n\n\n<p>Tampoco en la <em>Llama<\/em>, si bien se mira,\nlos comentarios a los versos \u201cacaba ya, si quieres, \/ rompe la tela de este\ndulce encuentro\u201d no hacen m\u00e1s que explicitar el grito final del alma \u201cal canto\nde salir a poseer acaba y perfectamente su reino\u201d (LlB 1,30). Sabe, y por eso\nlo \u201cpide\u201d instigada por los \u00edmpetus del Esp\u00edrtu Santo, que todo lo aqu\u00ed gozado\n(=pose\u00eddo) \u201cno llega ni puede llegar a estado perfecto de gloria\u201d (LlB 1,14).<\/p>\n\n\n\n<p>2. ELEMENTOS OBJETIVOS DEL\n\u201cPERFECTO ESCATOL\u00d3GICO<em>\u201d. <\/em>No hace falta repetir que se inscriben dentro de la\n\u201ctensi\u00f3n hacia el fin\u201d, cielo o gloria bienaventurada. Referimos ahora\nbrevemente dos aspectos complementarios en la escatolog\u00eda sanjuanista: recuento\nde eventos objetivos y el rico vocabulario subjetivo que los\narropa.<\/p>\n\n\n\n<p>En primer lugar,\npara llegar a poseer a Dios gloriosamente hay que pasar antes por el \u201cdesierto\nde la muerte\u201d (CB 40,1), es decir, por la <em>\u201cdisoluci\u00f3n de la casa terrestre\u201d. <\/em>Esta expresi\u00f3n paulina (Fil 1,23: CB 11,8-9; 37,1; LlB\n1,31; etc.) o su equivalente <em>\u201cdesatarse de la carne\u201d <\/em>(2 Cor 5,1) no es un fin en s\u00ed mismo sino un paso\nnecesario para \u201cser sobrevestida de gloria\u201d (2 Cor 5,4: CB 11,9), o sea,\n\u201ccuando desat\u00e1ndome de la carne y entr\u00e1ndome en las subidas cavernas de tu\nt\u00e1lamo, transform\u00e1ndome en ti gloriosamente, bebamos el mosto de las suaves granadas\u201d\n(CB 38,9; cf. 1,2; 7,4; 11,2.8-9; 30,9; LlB 1,2.31.35.36; 2 32, etc.). Real y\nexperimentalmente el \u201ccupio dissolvi\u201d es para \u201cverse con Cristo&#8230; por verle\nall\u00e1 cara a cara\u201d (Fil 1,23; 1 Cor 13,12: CB 37,1).<\/p>\n\n\n\n<p>El sintagma <em>\u201ccara a cara\u201d <\/em>de la primera a Corintios, que el Santo repite estereotipadamente (S 2,9,4;\nCB 1,11; 10,7; CB 36,5; 37,1.2, etc.), equivale al futuro escatol\u00f3gico tras los\nvelos de la fe, incluso ilustrad\u00edsima, a la \u201cvisi\u00f3n facial\u201d, \u201cla gloria\nesencial\u201d, el \u201cbeat\u00edfico pasto\u201d (CB 36,2) o \u201cel d\u00eda de su triunfo\u201d eterno (ib.\n5). Es la plena posesi\u00f3n del Reino prometida a los \u201cpobres\u201d (Mt 5,3: S 2,19,8):\n\u201cde manera que transformada ella en estas virtudes del Rey del cielo, se vea\nhecha reina\u201d (LlB, 4,13).<\/p>\n\n\n\n<p>Todo ello ser\u00e1\nposible merced a la <em>\u201clumbre de gloria\u201d <\/em>que reasumir\u00e1 el conocimiento oscuro e imperfecto de la\nfe (1 Cor 13,10) \u201ccuando viniere lo que es <em>perfecto\u201d <\/em>(1 Cor 13,10: S\n2,9,3; CB 1,10; 12,6). Aqu\u00ed el t\u00e9rmino \u201cperfecto\u201d hay que entenderlo en sentido\nestrictamente escatol\u00f3gico (CB 1,10-11), no como cuando se habla de los espiritualmente\nperfectos en contraposici\u00f3n a principiantes y aprovechados. Y, a su vez, notar\nc\u00f3mo la expresi\u00f3n teol\u00f3gica \u201clumen gloriae\u201d que hace posible la \u201cclara visi\u00f3n\nde Dios\u201d (S 2, 24,4) no es para el Santo otro medio que \u201cel Hijo de Dios\u201d (CB\n10,8: Ap 21,23).<\/p>\n\n\n\n<p>En el cielo <em>\u201cconocer\u00e1 <\/em>el alma &#8230; <em>como es conocida <\/em>de Dios\u201d (1 Cor 13,12b: CB 38,3). Una f\u00f3rmula paulina que\nimplica toda la iniciativa y efectividad de Dios en el orden de nuestra\nsalvaci\u00f3n (G\u00e1l 4,9; 1 Cor 8,3). El hombre es y ser\u00e1 lo que Dios conoce y hace\nen \u00e9l, pues \u201cel considerar Dios, es, como habemos dicho, estimar lo que\nconsidera\u201d (CB 31,5). Tal conocimiento, aunque \u201cesencial\u201d e \u201cinmediato\u201d para\nlos bienaventurados, ser\u00e1 en \u201cunos m\u00e1s, [en] otros menos\u201d (S 2,5,10): \u201cal modo\nde los que le ven en el cielo, donde los que m\u00e1s le conocen entienden m\u00e1s\ndistintamente lo infinito que les queda por conocer\u201d (CB 7,9). Por estas\npalabras podemos rastrear tambi\u00e9n algo de lo involucrado en la f\u00f3rmula similar\nsanjuanista <em>\u201cas\u00ed amar\u00e1 a Dios tanto como\nes amada\u201d <\/em>(CB 37,2). Hay una dependencia clara de su lectura\ndel op\u00fasculo <em>De beatitudine <\/em>y una simetr\u00eda del binomio \u201cconocer por-en el Verbo\u201d y\n\u201camar poren el Esp\u00edritu Santo\u201d (cf. LlB 3,81-85).<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre entero\nser\u00e1 beatificado con el <em>\u201cpeso de gloria\u201d <\/em>que Dios le tiene reservado (2 Cor 5,1: LlB 1,28-29;\n2,32). Incluso en el cuerpo glorificado redundar\u00e1n las dotes de \u201cagilidad y\nclaridad\u201d (S 3,26,8). Todo lo que psicol\u00f3gicamente es apetencia de felicidad\nhallar\u00e1 en el cielo su colmo de \u201cbeat\u00edfico pasto\u201d (CB 36,2). No s\u00f3lo habr\u00e1 conocimiento,\namor y comuni\u00f3n perfectos en-con Dios, sino <em>\u201cglorificaci\u00f3n\u201d <\/em>de Dios \u201ccon su manifiesta\ngloria\u201d (CB 11,4; LlB 1,1.15; 4,16, etc.). Y gozo activo y pasivo, fruici\u00f3n y\ndulzuras, alegr\u00eda y j\u00fabilo, delectaci\u00f3n y recreaci\u00f3n, refrigerio y fiesta,\nsatisfacci\u00f3n y contento y alabanzas infinitas&#8230; \u201cY no es de maravillar que el\nalma con tanta frecuencia ande en estos gozos, j\u00fabilos, y fruici\u00f3n y alabanzas\nde Dios\u201d (LlB 2,36), pues \u201cconoce que tiene tanta capacidad y senos, cuantas\ncosas distintas recibe de inteligencias, de sabores, de gozos, de deleites,\netc. de Dios\u201d (LlB 3,69). Todos los \u201cextra\u00f1os primores\u201d se dan cita a una en\ntodos y cada uno de los que poseen a Dios, que \u201ces en s\u00ed todas esas hermosuras\ny gracias eminent\u00edsimamente, en infinito sobre todas las criaturas\u201d (S 3,21,2).\n<\/p>\n\n\n\n<p>BIBL. \u2014 JOS\u00c9 VICENTE RODR\u00cdGUEZ, \u201cSan Juan de la\nCruz, evangelista de lo eterno: apuntes de escatolog\u00eda sanjuanista\u201d, en <em>RevEsp <\/em>33 (1974) 233275; JOS\u00c9\nDAMI\u00c1N GAIT\u00c1N, \u201cSan Juan de la Cruz: un m\u00edstico ante la muerte. Anotaciones\nsobre un tema en el C\u00e1ntico espiritual\u201d en <em>RevEsp <\/em>40 (1981) 105118; Id. \u201cVida y muerte en la \u2018Noche\noscura\u2019 de san Juan de la Cruz\u201d, en el vol. <em>San Juan de la Cruz, esp\u00edritu\nde llama, <\/em>Roma 1991, p. 745-760;\nFRANS MAAS, \u201cEschatologie bei Johannes vom Kreuz\u201d, ib. p. 761-780; MIGUEL ANGEL\nD\u00cdEZ, \u201cMorir de amor\u201d: aproximaci\u00f3n sanjuanista al nov\u00edsimo de Santa Teresa<em>\u201d<\/em>, en <em>MteCarm <\/em>88 (1980) 594-518; Id.,\n\u201cConsumaci\u00f3n escatol\u00f3gica de la victoria cristiana<em>\u201d, <\/em>en <em>Pablo en Juan de la Cruz, <\/em>Burgos 1990, 363-439; Id., \u201cC\u00f3mo ser\u00e1 el cielo<em>\u201d, <\/em>en <em>Lecturas medievales de San Juan de la Cruz<\/em>, Burgos 1999, 263-319.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Miguel \u00c1ngel D\u00edez<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La escatolog\u00eda sanjuanista es deudora, ante todo, de los hechos m\u00e1s elementales implicados por ella (muerte, juicio, purgatorio y cielo). 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