{"id":3676,"date":"2020-02-06T16:55:22","date_gmt":"2020-02-06T22:55:22","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3676"},"modified":"2021-02-06T16:57:02","modified_gmt":"2021-02-06T22:57:02","slug":"esperanza-teologal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3676","title":{"rendered":"Esperanza teologal"},"content":{"rendered":"\n<p>La esperanza es,\nante todo, un \u201cdon sobrenatural\u201d, infundido por &nbsp;Dios en la\njustificaci\u00f3n, juntamente con la &nbsp;fe y la caridad. \u201cPor un bien tan grande mucho conviene\nsufrir\u201d, escribe Juan de la Cruz (S 3,2,15). Es Dios mismo quien suscita en el\nhombre la tendencia activa y el deseo ardiente de tender a \u00e9l, como la propia\nbienaventuranza: \u201cRevolviendo estas cosas en mi coraz\u00f3n, vivir\u00e9 en esperanza de\nDios\u201d (LlB 3,21).<\/p>\n\n\n\n<h3>I. Concepto y\nfunciones<\/h3>\n\n\n\n<p>El objeto de la\nesperanza es Dios mismo, supremo bien del hombre, por eso \u201cla esperanza de Dios\nsolo dispone puramente a la &nbsp;memoria para unirla con Dios\u201d (N 1,21,11). Aunque el\nhombre ya posee, por gracia, la comuni\u00f3n de vida con Dios, sin embargo, su plenitud\nes una realidad futura, objeto de esperanza. \u201cPorque esperanza de cielo \/ tanto\nalcanza cuanto espera; \/ esper\u00e9 solo este lance, \/ y en esperar no fui falto, \/\npues fue tan alto, tan alto, \/ que le di a la caza alcance (Po 6,4). Puesto que\nel objeto de la esperanza s\u00f3lo se alcanza por gracia de Dios, el acto de\nesperanza incluye la confianza y seguridad en el auxilio divino, que nunca\nfalta, pues est\u00e1 garantizado por las promesas de Dios en Cristo. Centro y\nfundamento de la esperanza es siempre Jesucristo, pues se apoya en las promesas\ndivinas realizadas en Jes\u00fas, en las cuales est\u00e1n implicadas la misericordia, la\nfidelidad y el auxilio de Dios. La esperanza no ofrece certeza firme de la\npropia salvaci\u00f3n, como lo hace la fe. Y ello, porque la salvaci\u00f3n no depende\ns\u00f3lo de las promesas de Dios, sino que depende tambi\u00e9n de la libre respuesta\ndel hombre a la llamada divina. El temor y la incertidumbre, que de alguna\nmanera acompa\u00f1an a la esperanza, provienen de nuestra flaqueza. La certeza que\nnos ofrece la esperanza es una \u201cconvicci\u00f3n afectiva\u201d, vivida en el amor intenso\nde Dios, revelado en &nbsp;Cristo. A la plena esperanza cristiana s\u00f3lo se accede por\nla fe. Por eso la fe es anticipo de esperanza. Es necesaria tambi\u00e9n una fuerte\ndisposici\u00f3n de amor.<\/p>\n\n\n\n<p>La esperanza,\nvirtud plenamente teologal, es citada con menos frecuencia al desempe\u00f1ar, seg\u00fan\nel Santo, una funci\u00f3n subsidiaria de la fe y del amor. La esperanza ocupa un\npuesto entre la fe y la caridad. La existencia no ha de girar en torno a sus\nrealizaciones, sino a lo que est\u00e1 por alcanzar. El futuro al que invita la\nesperanza, no es cosa hecha como las vivencias. Hay que abrirse a la\ninsuficiencia. Por eso el vac\u00edo es su debilidad y, a la vez, su mayor fuerza.\nLa esperanza inicial no es muy precisa en sus aspiraciones. Pues confunde\nf\u00e1cilmente la uni\u00f3n de amor terrestre con la de la gloria d\u00e1ndose por\nsatisfecha con la primera. Cuando la consigue ve que no bastaba, y se lanza a\nsu propia meta, que es la uni\u00f3n con Dios. La esperanza quiere amar, poseer a\nDios y sabe que esto s\u00f3lo tendr\u00e1 lugar al final de los tiempos. Por eso la\nesperanza no es evasi\u00f3n, sino que va por pasos, siendo, en definitiva, un don.<\/p>\n\n\n\n<h3>II. Peculiar\nenfoque sanjuanista<\/h3>\n\n\n\n<p>La primera\nobservaci\u00f3n obligada al hablar de la esperanza en J. de la Cruz, es que \u00e9l\nhabla de la esperanza desde el punto de vista de la m\u00edstica. Para \u00e9l, esta\nvirtud representa un nuevo aspecto del encuentro total con Dios y del\nseguimiento incondicional de Cristo en &nbsp;pobreza y\ndesnudez. La originalidad, a la hora de tratar la esperanza, est\u00e1 en hacer\nconfluir memoria y esperanza. De esta forma logra iluminar un sector amplio del\ndinamismo humano y de las funciones importantes y delicadas de la vida espiritual.\nAl separar la memoria del entendimiento y la esperanza de la caridad, forma un\ntercer bloque con unas funciones relevantes. Rompe, de esta forma, con la\nconstrucci\u00f3n tomista, en la que s\u00f3lo hay dos bloques: fe, entendimiento y\nmemoria, esperanza y caridad que radican en la voluntad. J. de la Cruz arranca\nla funci\u00f3n rememorativa y la convierte en potencia especial a la que encomienda\nla esperanza. Con esta ruptura parece asociarse a la tradici\u00f3n agustiniana, que\nhabla tambi\u00e9n de tres potencias. Aunque el verdadero motivo pudo ser\npedag\u00f3gico.<\/p>\n\n\n\n<p>La esperanza tiene\npor enemigo la posesi\u00f3n. Lo ya pose\u00eddo y, por lo tanto, alcanzado no tienes que\nesperarlo ni luchar para darle alcance. Por tanto, cuanto la memoria m\u00e1s se\ndesposea de estas noticias sobrenaturales y de otras, m\u00e1s tiene de esperanza,\npues es algo que no ha alcanzado todav\u00eda. \u201cY cuanto m\u00e1s de esperanza tiene,\ntanto m\u00e1s tiene de uni\u00f3n con Dios; porque acerca de Dios, cuanto m\u00e1s espera el\nalma, tanto m\u00e1s alcanza\u201d (S 3,7). S\u00f3lo el que espera y se esfuerza por alcanzar\na Dios lo alcanza si no se cansa en este empe\u00f1o. Esta esperanza ser\u00e1 fruto del desposeer,\ndel quitar del alma lo que se cree pose\u00eddo, ya que \u201ccuando se hubiere\ndespose\u00eddo perfectamente, perfectamente quedar\u00e1 con la posesi\u00f3n de Dios en\nuni\u00f3n divina\u201d (ib.).<\/p>\n\n\n\n<p>La educaci\u00f3n de la\nmemoria y, por tanto, su &nbsp;purificaci\u00f3n, est\u00e1 en el filtro teologal para asumir\n\u00fanicamente lo que lleva de fidelidad y esperanza unitivas frente a Dios, y para\nrechazar las pasiones que ocultan el verdadero valor salv\u00edfico de hechos y\ncosas, lo que les hace no ser recuerdos sentimentales, sino personales de\ncomuni\u00f3n con Dios. No se trata de una esperanza pasional, sino teologal, que se\nconstruye con el paso del tiempo. El fin de la esperanza es la uni\u00f3n con Dios.\nPor ello, para llegar, en esperanza, a la uni\u00f3n con Dios es necesario negar\ntodo aquello que impida esa uni\u00f3n. La ra\u00edz \u00faltima y el secreto de la negaci\u00f3n\nser\u00e1 Jesucristo crucificado (S 2,7,7).<\/p>\n\n\n\n<h3>III. Dinamismo\ncat\u00e1rtico<\/h3>\n\n\n\n<p>Definida la noche\ncomo el \u201ctr\u00e1nsito que hace el alma a la uni\u00f3n de Dios\u201d (S 1,2,1), J. de la Cruz\ninsiste en que solamente las virtudes teologales sirven de medio pr\u00f3ximo para\nesa uni\u00f3n, purificando las potencias del alma. Para llegar a la uni\u00f3n ha de\nsalir y carecer de los gustos de las cosas del mundo, lo cual es oscuridad para\ntodos los sentidos del hombre. Dios es &nbsp;noche oscura para el\nalma en esta vida, ya que nunca le alcanzar\u00e1 en ella. La finalidad de la noche\nes la de vaciar y hacer negar a las potencias su jurisdicci\u00f3n natural y sus\noperaciones para que sean llenadas de lo sobrenatural. Al trascender Dios las\npotencias, \u00e9stas no tienen capacidad para alcanzar a Dios, antes m\u00e1s bien estorban.\nJ. de la Cruz saca la memoria de sus l\u00edmites naturales para que pueda llegar a\nDios que es incomprensible. Para ello la empareja con la esperanza.<\/p>\n\n\n\n<p>La memoria juega\npapel importante en la actividad humana a trav\u00e9s de las noticias o\naprehensiones y sentimientos suscitados como recuerdos del pasado, que se hace\npresente gracias a esa capacidad de rememorarlo y revivirlo. Puesto que Dios no\nse puede captar como es ni por los sentidos ni por las potencias, la\npurificaci\u00f3n de estas noticias es imprescindible si se quiere llegar a la uni\u00f3n\ncon \u00e9l. J. de la Cruz apela una vez m\u00e1s a su radicalidad. El primer paso que\npropone para la purificaci\u00f3n de la memoria es que se vac\u00ede, que pierda la\naprehensi\u00f3n de esos objetos, que se olvide de todo como si no hubiese tenido\nesas aprehensiones. En definitiva, que se aniquile.<\/p>\n\n\n\n<p>1. MEDIO Y CAMINO PARA LA\nUNI\u00d3N. La raz\u00f3n de esta radicalidad es siempre la misma: la imposibilidad de\nllegar a la uni\u00f3n con Dios a trav\u00e9s de objetos y formas naturales: \u201cDios no\ntiene forma ni imagen que pueda ser comprehendida de la memoria, de aqu\u00ed es\nque, cuando est\u00e1 unida con Dios &#8230; se queda sin forma y sin figura, perdida la\nimaginaci\u00f3n, embebida la memoria en un sumo bien, en grande olvido, sin\nrecuerdo de nada\u201d (S 3,2,4). Condici\u00f3n indispensable para que las cosas divinas\ntoquen al alma es apartar la memoria de las noticias aprehensibles (S 3,2,4).\nPodr\u00eda parecer que el Santo persigue la destrucci\u00f3n del uso natural, dejando\nque el hombre quede \u201ccomo bestia\u201d, \u201csin discurrir ni acordarse de las\nnecesidades y operaciones naturales\u201d (S 3,2,7). El proceso de \u201cvaciamiento\u201d de\nla memoria no es negativo en su resultado final: \u201cCuanto m\u00e1s va\nuni\u00e9ndose la memoria con Dios, m\u00e1s va perfeccionando las noticias distintas\nhasta perderlas del todo, que es cuando en perfecci\u00f3n llega al estado de uni\u00f3n\u201d\n(S 3,2,8), ya que Dios no destruye la naturaleza, sino que busca\nperfeccionarla.<\/p>\n\n\n\n<p>2. REENCUENTRO Y POTENCIACI\u00d3N.\nLa memoria cuanto m\u00e1s se acerca a Dios m\u00e1s perfecciona esas noticias, hasta\nperderlas en el estado de uni\u00f3n, en el que la memoria es absorbida en Dios\n(ib.). En el proceso de purificaci\u00f3n, el alma encuentra dos dificultades, \u201cque\nson sobre las fuerzas y &nbsp;habilidad humana, que son: despedir lo natural con\nhabilidad natural, que no puede ser, y tocar, y unirse a lo sobrenatural, que\nes mucho m\u00e1s dificultoso\u201d (S 3,2,13). Por ello, ha de ser Dios quien haga posible\nesta uni\u00f3n. El alma s\u00f3lo puede disponerse a esta uni\u00f3n de forma natural, aunque\nnecesita tambi\u00e9n la ayuda que Dios le va dando. Cuanto m\u00e1s entre en la\nnegaci\u00f3n, m\u00e1s le dispone Dios para la uni\u00f3n, de forma pasiva. Una condici\u00f3n\npara alcanzar la purificaci\u00f3n es la constancia, pues al principio no se siente\nprovecho. No debe de cundir el des\u00e1nimo, ya que \u201cpor un bien tan grande mucho\nconviene pasar y sufrir con paciencia y esperanza\u201d (S 3,2,15). La regla\npr\u00e1ctica apuntada por el Santo para purificar la memoria suena as\u00ed: \u201cEn todas\nlas cosas que oyere, viere, oliere, gustare o tocare, no haga archivo de ellas\nen la memoria, sino que las deje luego olvidar\u201d (S 3,2,14).<\/p>\n\n\n\n<p>Superado el\nestadio de purificaci\u00f3n, no desaparecen las operaciones de la memoria, aunque se\nhaya perfeccionado la esperanza teologal. En el estado de uni\u00f3n se desarrollan\nlas operaciones convenientes y necesarias, pero con mayor perfecci\u00f3n. Al estar\nla memoria transformada en Dios, todas las operaciones que realiza no son\nnaturales sino divinas, pues Dios es se\u00f1or de ellas: \u201cEl mismo es el que las\nmueve y manda divinamente seg\u00fan su divino esp\u00edritu y voluntad\u201d (S 3,2,8). Esto\nno quiere decir que las operaciones sean distintas, sino que son las que le\nconviene y son razonables. Es el esp\u00edritu de Dios el que las mueve y gu\u00eda en el\nconocimiento; ya no es la persona la que act\u00faa por la raz\u00f3n. Las personas, en\neste estado de uni\u00f3n, ya no act\u00faan seg\u00fan su voluntad, es Dios mismo quien mueve\nsus potencias (S 3,2,9). El ejemplo m\u00e1s impactante es el de la Virgen, que\nsiempre actu\u00f3 movida por el &nbsp;Esp\u00edritu Santo (S 3,2,10).<\/p>\n\n\n\n<h3>IV. Dificultades a\nsuperar<\/h3>\n\n\n\n<p>Varios son los &nbsp;da\u00f1os a los que\nestar\u00e1 sujeto quien, para llegar al encuentro con Dios, quisiere servirse de\nlas &nbsp;noticias, y discursos y recuerdos de la memoria. Da\u00f1os\nque pueden provenir del mundo, del demonio y de la carne o apetitos, y que han\nde eliminarse gracias a la esperanza.<\/p>\n\n\n\n<p>1. DEL MUNDO. Entre los males\no da\u00f1os provenientes del &nbsp;mundo, J. de la Cruz apunta, a t\u00edtulo de ejemplo:\n\u201cFalsedades, imperfecciones, apetitos, juicios, perdimiento de tiempo y otras\nmuchas cosas, que cr\u00edan en el alma muchas impurezas\u201d (S 3,3,2). Las noticias\nque ofrece el mundo son apariencias y, por eso, conducen a la falsedad. La\nsoluci\u00f3n mejor es olvidarlas, para librarse, a la vez, de la \u201cvana esperanza y\nvano gozo, que producen\u201d en el alma. A estas aficiones llega a llamarlas el\nSanto \u201cbuenos pecados veniales\u201d (S 3,3,3), que pueden provenir incluso de discursos y noticias acerca de Dios. Producen tambi\u00e9n apetitos, que es\ndesear aquellas noticias. A veces, estos apetitos son apariencias.<\/p>\n\n\n\n<p>La \u00fanica soluci\u00f3n\nes hacer caso omiso de las noticias, pues de lo contrario se introducen en el\nalma imperfecciones que no se aprecian, pero que se van apagando poco a poco.\nAunque puede pensarse que con el rechazo de las noticias se priva al alma de\nmuchos buenos pensamientos provechosos de Dios, sin embargo, es m\u00e1s importante\nla pureza del alma, ya que de este modo no se pega ninguna afici\u00f3n: \u201cMejor es\naprender a poner las potencias en silencio y callando, para que hable Dios\u201d (S\n3,3,4). Tampoco es conveniente pensar que el alma se distrae si no tiene la\nmemoria en Dios (S.3,3,5), ya que si est\u00e1 recogida y cerrada a toda noticia, no\npuede tener distracciones, pues para estar distra\u00edda tiene que estar abierta.\nPor el contrario, si el alma est\u00e1 cerrada, Dios entrar\u00e1 en ella\nespiritualmente, como entr\u00f3 en el cen\u00e1culo despu\u00e9s de resucitado (S 3,3,6).\nCiertamente son necesarias la oraci\u00f3n y la esperanza para llegar a Dios desde\nla desnudez. \u201cNo pierda el cuidado de orar y espere en desnudez y vac\u00edo, que no\ntardar\u00e1 su bien\u201d (S 3,3,6).<\/p>\n\n\n\n<p>2. DEL DEMONIO. Los da\u00f1os u\nobst\u00e1culos provenientes del demonio los resume el Santo en la capacidad de\na\u00f1adir noticias que producen en el alma efectos malos, como son los vicios\ncapitales: soberbia, avaricia, ira, envidia, etc. (S 3,4,1). El demonio suele\nasentar estas noticias en la fantas\u00eda, con lo cual enga\u00f1a, al hacer que las\ncosas falsas aparezcan como verdaderas. Tambi\u00e9n aqu\u00ed la soluci\u00f3n est\u00e1 en el\nvac\u00edo de la memoria, ya que \u201csi se oscurece en todas\nellas y se aniquila en olvido, cierra totalmente la puerta a este da\u00f1o del\ndemonio y se libra de todas estas cosas, que es gran bien\u201d (S 3,4,1). Con este\nolvido se impide al demonio que act\u00fae, pues \u201csi la memoria se aniquila en\nellas, el demonio no puede nada, porque nada halla donde asir, y sin nada, nada\npuede\u201d (Ib.). Los da\u00f1os que hace el demonio si no se purifica la memoria son\nlos siguientes: tristezas, aflicciones y gozos vanos (S 3,4,2). Pero el mayor\npeligro es distraer al alma, impidi\u00e9ndole el recogimiento, que es poner toda el\nalma en Dios, \u201clo cual, aunque no se siguiera tanto bien de este vac\u00edo como es\nponerse en Dios, por s\u00f3lo ser causa de librarse de muchas penas, aflicciones y\ntristezas, allende de las imperfecciones y pecados de que se libra, es gran\nbien\u201d (ib.).<\/p>\n\n\n\n<p>3. DE LOS APETITOS. Los da\u00f1os\nprovenientes de la &nbsp;carne o apetito son m\u00e1s bien privativos, porque pueden vaciar al alma del\nbien espiritual, adem\u00e1s de impedir el bien moral, que \u201cconsiste en la rienda de\nlas pasiones y freno de los apetitos desordenados, de lo cual se sigue en el\nalma tranquilidad, paz, sosiego y virtudes morales\u201d (S 3,5,1). El \u00fanico medio\npara frenar las pasiones es el de olvidar las cosas de s\u00ed (S 3,5,1), ya que es\nde ellas de donde nacen las afecciones que generan los apetitos. Lo corrobora\nel Santo con una sentencia a modo de refr\u00e1n: \u201clo que el ojo no ve, el coraz\u00f3n\nno lo desea\u201d (ib.). Siempre que se piensa una cosa el alma queda alterada y\nproduce los efectos de tristeza si es molesta, y de gozo si es agradable. Y\nesto es lo que provoca la turbaci\u00f3n y, por tanto, la intranquilidad moral (S\n3,5,2), que impiden el bien de las virtudes morales privando al alma del bien espiritual, ya que al no tener fundamento del bien moral por la\nturbaci\u00f3n no es capaz del espiritual, que s\u00f3lo se alcanza con el alma en paz\n(ib.). Por ello, si el alma quiere alcanzar a Dios, no se ha de emplear en\ncosas aprehensibles, como son las cosas de la memoria, pues no ser\u00e1 posible que\nest\u00e9 abierta y libre para lo que no se puede comprender, Dios. Raz\u00f3n por la\ncual ha de ir no comprendiendo (S 3,5,3).<\/p>\n\n\n\n<h3>V. Desarrollo\nespiritual<\/h3>\n\n\n\n<p>Lo mismo que las\notras virtudes teologales, la esperanza presenta en su crecimiento progresivo\naspectos y etapas diferenciadas, pero siempre complementarias. Siguiendo las\npautas se\u00f1aladas por J. de la Cruz pueden apuntarse estos pasos:<\/p>\n\n\n\n<p>1. EN EL \u00c1MBITO SENSITIVO. \u201cEn\ntodos los casos, por adversos que sean, antes nos habemos de alegrar que\nturbar, por no perder el mayor bien que toda la prosperidad, que es la\ntranquilidad del \u00e1nimo y paz en todas las cosas adversas y pr\u00f3speras, llev\u00e1ndolas\ntodas de una manera\u201d (S 3,6,4). La purificaci\u00f3n de las noticias del mundo trae\nconsigo tranquilidad y paz de \u00e1nimo. El tener la conciencia y el alma puras (S\n3,6,1), es causa de gozo y serenidad, y esto lleva a tener el alma en\ndisposici\u00f3n para las virtudes (ib.). La purificaci\u00f3n de la memoria hace que el\nalma se libre de las tentaciones del demonio, que le hacen caer en impurezas y\npecados (S 3,6,2). As\u00ed, \u201cquitados los pensamientos de en medio, no tiene el\ndemonio con qu\u00e9 combatir al esp\u00edritu naturalmente\u201d (ib.). Por medio de la\npurificaci\u00f3n del apetito, el alma est\u00e1 dispuesta para que act\u00fae el Esp\u00edritu\nSanto y sea \u00e9l quien la mueva (S 3,6,3). Lo m\u00e1s importante que\naqu\u00ed consigue el alma es la paz, ya que \u201caunque otro provecho no se siguiese al\nhombre que las penas y turbaciones de que se libra por este olvido y vac\u00edo de\nmemoria, era grande ganancia y bien para \u00e9l\u201d (ib.). El turbarse, pues, es una\np\u00e9rdida de tiempo, ya que no se saca ning\u00fan provecho con ello. S\u00f3lo con paz se\npodr\u00e1 juzgar mejor las cosas y s\u00f3lo as\u00ed se podr\u00e1 poner remedio (ib.).<\/p>\n\n\n\n<p>2. EN EL NIVEL ESPIRITUAL. La\nobra purificadora de la esperanza va m\u00e1s all\u00e1 de las recuerdos de cosas\nnaturales; alcanza tambi\u00e9n a las \u201cnoticias sobrenaturales\u201d (S 3,7,1). Pueden\nser visiones, revelaciones, locuciones y sentimientos por v\u00eda sobrenatural\n(ib.). Es necesario tambi\u00e9n tener cuidado con estas noticias, pues en vez de\nayudar a la uni\u00f3n con Dios pueden ser impedimento, al quedarse la memoria s\u00f3lo\ncon ellas y no llegar a Dios en esperanza. Cuando el alma se fija en ellas,\nmenos capacidad y disposici\u00f3n tiene para abandonarse y entrar en el abismo de\nla fe (S 3,7,2). Ninguna noticia ni forma &nbsp;sobrenatural que capte la memoria son Dios, pues\ntrasciende a la memoria, y por eso hay que rechazarlo para poder llegar a Dios\n(ib.).<\/p>\n\n\n\n<p>La reflexi\u00f3n de\nlas noticias sobrenaturales puede impedir la uni\u00f3n con Dios, ya que se corre el\nriesgo de quedarse s\u00f3lo con ellas. Ni las im\u00e1genes ni las noticias sobre Dios\nson Dios (S 3,8). Y ello podr\u00eda llevar a juzgar a Dios bajamente; con lo cual,\nal sentir y estimar a Dios seg\u00fan nuestras aprehensiones, siendo Dios\nincomprensible, quedar\u00eda reducido a la medida de nuestra capacidad. El\nimperativo, pues, es claro: \u201cCuidar de buscar la desnudez y pobreza espiritual\ny sensitiva, que consiste en querer de veras carecer de todo arrimo\nconsolatorio y aprehensivo, as\u00ed interior como exterior\u201d (S 3,13,1). De esta\nforma se obtendr\u00e1 un provecho grande, como es el llegar al encuentro con Dios,\nel cual no tiene ni imagen, ni forma, ni figura. Y es que \u201cbueno le es al alma\nno querer comprender nada, sino a Dios por fe en esperanza\u201d (S 3.13,9).<\/p>\n\n\n\n<p>Lo mismo sucede\ncon las noticias espirituales, que son aquellas aprehensiones del entendimiento\nque no tienen ni imagen, ni forma corporal, pero que, al caer bajo la memoria\nespiritual, pueden ser recordadas, por el efecto que hicieron (S 2,26). Tambi\u00e9n\naqu\u00ed \u201ch\u00e1yase humilde y resignadamente acerca de ellas, que Dios har\u00e1 su obra\nc\u00f3mo y cuando \u00e9l quisiere\u201d (S 2,26,9).<\/p>\n\n\n\n<p>3. LA CIMA DE LA \u201cESPERANZA\nPAC\u00cdFICA\u201d. El alma, sin embargo, para recorrer la aventura de la \u201csalida\u201d \u201cpor\nesta secreta y oscura noche\u201d, va disfrazada \u201cde esta librea de esperanza\u201d (N\n2,21,9), que es \u201cuna almilla de verde\u201d, que \u201cda al alma &#8230; animosidad y\nlevantamiento a las cosas de la vida eterna\u201d (N 2,21,6) y le permite \u201clevantar\nlos ojos s\u00f3lo a mirar a Dios\u201d (N 2,21,7). Y ello, porque la esperanza es como\nel \u201cyelmo de salud\u201d, que \u201ctodos los sentidos de la cabeza del alma cubre\u201d (N\n2,21,7), disponiendo \u201cpuramente a la memoria para unirla con Dios\u201d (N 2,21,11).\nY de este gesto del alma \u201cse agrada tanto el Amado &#8230; que tanto alcanza de \u00e9l\ncuanto ella de \u00e9l espera\u201d (N 2,21,8), consciente el alma de que \u201csin esta librea\nde la sola esperanza de Dios&#8230; no alcanzar\u00e1 nada, por cuanto la que mueve y\nvence es la esperanza porfiada\u201d (ib.). \u201cEsperanza porfiada\u201d que se convierte, a\nla vez, en garant\u00eda \u201cde tantos y tan aventajados bienes de Dios\u201d (N 2,22,2).<\/p>\n\n\n\n<p>Si a lo largo del peregrinar\nen el destierro el alma busca siempre a Dios \u201ccon ansias\u201d y en deseo penoso,\nllega un momento en que la esperanza se vuelve espera confiada y pac\u00edfica. No\ndesaparecer\u00e1 nunca del horizonte de esta vida \u201cque deje de tener dentro de s\u00ed\ngemido&#8230; en la esperanza de lo que le falta\u201d (CB 1,14), pero al no tener\n\u201cesperanza en otra cosa sino en Dios\u201d (CB 28,4), \u201ctiene tanto de gemido, aunque\nsuave y regalado, cuanto le falta para la acabada posesi\u00f3n de la adopci\u00f3n de\nlos hijos de Dios, donde consum\u00e1ndose su gloria, se quietar\u00e1 su apetito\u201d (LlB\n1,27). Se comprende as\u00ed la exclamaci\u00f3n \u201cdel morir por que no muere\u201d (Po 5). El\nSanto sigue aconsejando: \u201cViva en fe y esperanza &#8230; que en esas tinieblas\nampara Dios al alma\u201d (Ct a una Carmelita, por Pentecost\u00e9s de 1590).<\/p>\n\n\n\n<p>BIBL. \u2014 EFR\u00c9N DE LA MADRE DE DIOS, \u201cLa esperanza\nseg\u00fan san Juan de la Cruz\u201d, en <em>RevEsp <\/em>1 (1942) 255-281; ANDR\u00c9 BORD, <em>M\u00e9moire et esp\u00e9rance chez Jean de la Croix<\/em>, Par\u00eds 1971; AUGUSTO GUERRA, \u201cVentura y tormento\nde la esperanza\u201d, en <em>RevEsp <\/em>35 (1976) 401-430: P. LA\u00cdN ENTRALGO, \u201cLa memoria y\nla esperanza: San Juan de la Cruz\u201d, en el libro; <em>La espera y la esperanza<\/em>, 2\u00aa ed. Madrid 1958; PIERRE D. ORNELLAS, \u201cLa pure\net bienhereuse esp\u00e9rance en Jean de la Croix\u201d, en AA.VV., <em>Un saint, un ma\u00eetre<\/em>, Ed. du Carmel, Venasque 1992.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Aniano \u00c1lvarez-Su\u00e1rez<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La esperanza es, ante todo, un \u201cdon sobrenatural\u201d, infundido por &nbsp;Dios en la justificaci\u00f3n, juntamente con la &nbsp;fe y la caridad. \u201cPor un bien tan grande mucho conviene sufrir\u201d, escribe Juan de la Cruz (S 3,2,15). 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