{"id":3688,"date":"2020-02-06T17:05:34","date_gmt":"2020-02-06T23:05:34","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3688"},"modified":"2021-02-06T17:08:09","modified_gmt":"2021-02-06T23:08:09","slug":"experiencia-mistica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3688","title":{"rendered":"Experiencia m\u00edstica"},"content":{"rendered":"\n<h3>I. Los t\u00e9rminos<\/h3>\n\n\n\n<p><em>Experiencia. <\/em>Juan de la Cruz usa el t\u00e9rmino experiencia, b\u00e1sicamente, en la acepci\u00f3n\nactual. La contrapone a lo que se sabe por ciencia (LB 1,15; 3,30), y puede ser\npropia y ajena. La propia es la \u201cexperiencia que por m\u00ed haya pasado\u201d, y la\najena es \u201clo que en otras personas espirituales haya conocido o de ellas o\u00eddo\u201d\n(CB pr\u00f3l 4). Al conocimiento directo de lo sucedido en otras personas llama\nexpresamente experiencia (S 3, 14, 6).<\/p>\n\n\n\n<p>Utiliza tambi\u00e9n en\nla misma acepci\u00f3n la forma verbal \u201cexperimentar\u201d. Por ejemplo: \u201cEsto creo no lo\nacabar\u00e1 bien de entender el que no lo hubiere experimentado; pero el alma que\nlo experimenta, como ve que se le queda por entender aquello de que altamente\nsiente, ll\u00e1malo un no s\u00e9 qu\u00e9\u201d (CB 7,10). A la misma realidad se pueden referir,\nseg\u00fan los contextos, otros verbos, en especial el \u201cver\u201d y a\u00fan m\u00e1s el \u201csentir\u201d,\nadem\u00e1s de algunos nombres, como sentimiento, comunicaci\u00f3n, toque, noticia, etc.<\/p>\n\n\n\n<p>Es conocida en la\nhistoria de la filosof\u00eda la reflexi\u00f3n cr\u00edtica sobre la experiencia, sobre su\nnaturaleza originaria o derivada, sobre el proceso de su constituci\u00f3n, y por\ntanto, sobre su valor como fuente del saber. Aqu\u00ed nos atenemos al uso del\nautor, uso en el que JC se refiere a realidades que puede englobar en el\nt\u00e9rmino experiencia (u otros del mismo campo sem\u00e1ntico), es decir, realidades\nque se presentan con un car\u00e1cter de inmediatez semejante a la que designa el\nuso corriente del t\u00e9rmino.<\/p>\n\n\n\n<p><em>M\u00edstico\/m\u00edstica. <\/em>JC emplea la forma adjetival: teolog\u00eda m\u00edstica, sabidur\u00eda\nm\u00edstica, inteligencia m\u00edstica, tres expresiones sin\u00f3nimas. Se trata de la\n\u201ccontemplaci\u00f3n por la que el entendimiento tiene m\u00e1s alta noticia de Dios\u201d (2 S\n8,6). Es \u201cnoche\u201d y \u201ccontemplaci\u00f3n infusa\u201d, porque es \u201cuna influencia de Dios en\nel alma\u201d (N 2,5,1), una \u201cinteligencia m\u00edstica y confusa o oscura\u201d (S 2, 24,4),\no \u201cciencia secreta de Dios, que llaman los espirituales contemplaci\u00f3n\u201d (CB\n27,5). La siguiente frase resume la unidad de los aspectos: \u201cLl\u00e1mala noche\nporque la contemplaci\u00f3n es oscura, que por eso la llama por otro nombre m\u00edstica\nteolog\u00eda, que quiere decir sabidur\u00eda de Dios secreta o escondida\u201d (CB 39,12).<\/p>\n\n\n\n<p>No es cuesti\u00f3n, en\nestas expresiones, y en el uso concreto del adjetivo \u201cm\u00edstico\u201d, de una ciencia\ncomo tratado teol\u00f3gico, sino de un conocimiento experiencial y de una vivencia\nde amor. Porque la sabidur\u00eda m\u00edstica \u201ces por amor\u201d (CB pr\u00f3l 2), y \u201cnunca da\nDios sabidur\u00eda m\u00edstica sin amor, pues el mismo amor la infunde\u201d (N 2,12,2). Por\nello, JC trata de expresar esta realidad con dobles t\u00e9rminos: \u201cm\u00edstica y\namorosa teolog\u00eda\u201d (N 2,12,5), \u201cesta teolog\u00eda m\u00edstica y amor secreto\u201d (N 2,\n20,6).<\/p>\n\n\n\n<p><em>Experiencia m\u00edstica<\/em>. Esta expresi\u00f3n no se encuentra en JC, pero ya las meras\nreferencias de los apartados anteriores manifiestan que \u00e9l se refiere a lo que\ngeneralmente se entiende por ella. Por m\u00e9todo, hemos recordado los t\u00e9rminos\n(separados) \u201cexperiencia\u201d y \u201cm\u00edstica\u201d de sus escritos, pero, obviamente, la\nrealidad de la experiencia m\u00edstica no depende de estos. Se podr\u00eda intentar\ndefinir lo que hoy en general, y con cierta amplitud, se entiende por esta\nexpresi\u00f3n, o exponer las diferentes nociones, antes de abordar a san Juan de la\nCruz. Pero para nosotros la noci\u00f3n general est\u00e1 dada anteriormente, y dejamos\nabierta la noci\u00f3n m\u00e1s precisa de JC al resultado de las ense\u00f1anzas de sus\nescritos.<\/p>\n\n\n\n<h3>II. Ense\u00f1anza de\nJC sobre la realidad de la experiencia m\u00edstica<\/h3>\n\n\n\n<p>JC no busca la experiencia\ncomo tal, e incluso la renuncia a la experiencia, debidamente entendida, puede\nser una de las caracter\u00edsticas de su itinerario. Busca a Dios por la uni\u00f3n de\namor. Su mirada y su esfuerzo no se dirigen a la subjetividad, sino al objeto\nde conocimiento y amor. Pero de hecho su ense\u00f1anza comporta, en el proceso y en\nel t\u00e9rmino del itinerario, una experiencia cualificada, intensa, por lo que con\nraz\u00f3n se ha convertido esa experiencia en objeto de estudio y se ha recurrido a\nsu magisterio y testimonio en la historia de la teolog\u00eda espiritual y del\npensamiento.<\/p>\n\n\n\n<p>1. TRASCENDENCIA. En la\nconcepci\u00f3n de JC (para no prejuzgar aqu\u00ed la experiencia, objeto de estudio) la\ntrascendencia divina tiene un relieve decisivo, como han visto sus estudiosos:\n\u201cNunca se dir\u00e1 bastante hasta qu\u00e9 punto la trascendencia de Dios era, para san\nJuan de la Cruz, no s\u00f3lo el objeto de su contemplaci\u00f3n por excelencia, sino\ntambi\u00e9n el alma de toda su ense\u00f1anza y la explicaci\u00f3n \u00faltima de sus exigencias\nen el orden de la ascesis\u201d (LUCIEN-MARIE DE SAINT-JOSEPH, <em>Transcendance et immanence d\u00b4apr\u00e8s Saint Jean de la Croix<\/em>, 269). \u201cCreo que al doctor m\u00edstico se le puede\nllamar con verdad el hombre de la trascendencia\u201d, porque toda su planificaci\u00f3n\ndel campo doctrinal est\u00e1 elaborada a base de la trascendencia (JOS\u00c9 VICENTE\nRODR\u00cdGUEZ, <em>San Juan de la <\/em><em>Cruz, Profeta enamorado de Dios y Maestro<\/em>, 258).<\/p>\n\n\n\n<p>Para JC, las\ncriaturas, as\u00ed terrenas como celestiales, y todas las noticias distintas,\nnaturales y sobrenaturales, por altas que sean en esta vida \u201cninguna\ncomparaci\u00f3n ni proporci\u00f3n tiene con el ser de Dios\u201d (S 3,12,1). En esta vida\n\u201clo m\u00e1s alto que se puede sentir y gustar, etc., de Dios, dista en infinita\nmanera de Dios y del poseerle puramente\u201d (S 2,4,4). El comentario a la primera\ncanci\u00f3n del CB es criterio permanente de comprensi\u00f3n, porque precede precisamente\na <em>C\u00e1ntico<\/em>, donde se hablar\u00e1 de altas comunicaciones y noticias:\n\u201cNunca te quieras satisfacer en lo que entendieres de Dios, sino en lo que no\nentendieres de \u00e9l, y nunca pares en amar y deleitarte en eso que entendieres o\nsintieres de Dios, sino ama y del\u00e9itate en lo que no puedes entender y sentir\nde \u00e9l\u201d (CB 1,12; cf S 2,24,9).<\/p>\n\n\n\n<p>Se ha se\u00f1alado que\nla interpretaci\u00f3n de la trascendencia en JC ha tendido con parcialidad al aspecto\nnegativo y doloroso de aquella, a la lejan\u00eda y ausencia de Dios, sin integrarla\ncon la cercan\u00eda y la infinitud del amor de Dios (FEDERICO RUIZ, <em>M\u00edstico y Maestro, <\/em>118 y 120). Es evidente que el objetivo de JC no es el\ndisertar sobre la trascendencia divina (de la que habla con otros t\u00e9rminos),\nsino la uni\u00f3n por la fe y el amor (CB 1,11), como muestra toda la obra. Pero\nesa trascendencia de lo divino no s\u00f3lo no se puede atenuar, sino que ella es la\ncondici\u00f3n esencial de cuanto JC ense\u00f1a y testimonia sobre la uni\u00f3n y la\ntransformaci\u00f3n. Ella hace, para JC, que Dios sea Dios, pues evidentemente JC no\nla entiende de modo abstracto, sino como la trascendencia amante. Pero,\nviceversa, que el amor de que se habla sea divino depende de la percepci\u00f3n de\nla trascendencia. No es una preocupaci\u00f3n metaf\u00edsica (aunque hay una intuici\u00f3n y\nuna mente metaf\u00edsica), sino pr\u00e1ctica, espiritual: buscar a Dios, encontrarse\ncon \u00e9l por el amor. Dios \u201ces incomprehensible y sobre todo; y, por eso, nos\nconviene ir a \u00e9l por negaci\u00f3n de todo\u201d (S 2, 24,9).<\/p>\n\n\n\n<p>Esto plantea el\nproblema de la inefabilidad. Si Dios est\u00e1 siempre m\u00e1s all\u00e1 de toda imagen y de\ntoda proposici\u00f3n clara, parece imposible decir algo de \u00e9l. JC, justamente en\nrelaci\u00f3n a la trascendencia de Dios, afirma una y otra vez este car\u00e1cter de\nindecibilidad de la realidad m\u00edstica: \u201cY \u00bfqui\u00e9n podr\u00e1 manifestar con palabras\nlo que las hace sentir? Y \u00bfqui\u00e9n, finalmente, lo que las hace desear? Cierto,\nnadie lo puede; cierto, ni ellas mismas por quien pasa lo pueden\u201d (CB pr\u00f3l.) La\nraz\u00f3n radica en la inefabilidad de Dios mismo: \u201cDios, a quien va el\nentendimiento, excede al entendimiento, y as\u00ed es incomprehensible e inaccesible\nal entendimiento\u201d (LB 3,48). Por ello, cuanto m\u00e1s se acerca a Dios la\nconciencia, m\u00e1s inefable es lo que tiene lugar: \u201cLo que Dios comunica al alma\nen esta estrecha junta, totalmente es indecible y no se puede decir nada, as\u00ed\ncomo del mismo Dios no se puede decir algo que sea como \u00e9l\u201d (CB 26,4). Pero ni\nla incomprensibilidad ni la inefabilidad son absolutas, pues en ese caso la\nmudez total ser\u00eda lo que corresponder\u00eda. San Juan de la Cruz no se refiere a\nesta negaci\u00f3n absoluta, por m\u00e1s agudo que sea su sentido de la trascendencia\ndivina. Porque ha tenido alguna comprensi\u00f3n de lo divino, habla de su\nincomprensibilidad. Y tampoco se limita a se\u00f1alar la incomprensibilidad, sino\nque, supuesta \u00e9sta, y dentro de ella siempre, habla de Dios y del encuentro con\n\u00e9l; por medio de un lenguaje anal\u00f3gico y metaf\u00f3rico, donde, abandonando la\nmudez, dirige el esp\u00edritu hacia lo que es infinitamente \u201cdis\u00edmil\u201d. Esto, sin\nembargo, no en un sentido puramente negativo, sino finalmente m\u00e1s bien\npositivo: el \u201calgo\u201d de la comprensi\u00f3n y del lenguaje humanos se niega en cuanto\nen la trascendencia divina se realiza incomparable e infinitamente: \u201cEsta es la\ncausa por que con figuras, comparaciones y semejanzas, antes rebosan algo de lo\nque sienten y de la abundancia del esp\u00edritu vierten secretos misterios, que con\nrazones lo declaran\u201d (CB pr\u00f3l. 2).<\/p>\n\n\n\n<p>La dificultad de\nla comunicaci\u00f3n no afecta s\u00f3lo al encuentro con Dios, sino tambi\u00e9n al proceso,\nal menos a momentos del proceso que, para JC, pertenecen al encuentro muy\nespecial que consideran sus obras: \u201cSon tantas y tan profundas las tinieblas y\ntrabajos, as\u00ed espirituales como temporales, por que ordinariamente suelen pasar\nlas dichosas almas para poder llegar a este alto estado de perfecci\u00f3n, que ni\nbasta ciencia humana para lo saber entender, ni experiencia para lo saber\ndecir; porque s\u00f3lo el que por ello pasa sabr\u00e1 sentir, mas no decir\u201d (S pr\u00f3l).<\/p>\n\n\n\n<p>2. EXPERIENCIAS DE LA PRESENCIA DIVINA. Las palabras del\np\u00e1rrafo precedente anuncian las noches del sentido y del esp\u00edritu, en las que\nJC trata de comunicar, de alguna forma, la experiencia de una ausencia de Dios.\nAh\u00ed se presenta una realidad decisiva para JC (y para toda teolog\u00eda). Sin\nembargo, el car\u00e1cter divino de esta ausencia no puede consistir en la mera\nnegatividad, sino que tiene que darse un positivo. De hecho, JC presenta esas\nnoches como proceso de un encuentro desde donde se ilumina la naturaleza y el\nsentido de aqu\u00e9llas. Por ello, nosotros hemos de buscar su testimonio sobre la\nexperiencia m\u00edstica ante todo en estos momentos positivos.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Noticias. <\/em>No obstante, la trascendencia inefable, hay una\n\u201cpresencia\u201d (t\u00e9rmino de JC) de Dios, del todo especial, en forma de \u201cnoticia\u201d o\nde \u201cinteligencia\u201d. Para nuestro objeto distinguimos en JC tres clases de\nnoticias: a) Noticias de cualquier proveniencia referidas a criaturas, y las\nreferidas a Dios, claras y distintas, ninguna de las cuales pueden ser medio pr\u00f3ximo\nde uni\u00f3n, seg\u00fan se expresa (S 2,3,4; 8,5); no comunican aquel encuentro con\nDios al cual se refiere el autor. b) Noticias sobrenaturales claras acerca de\nDios, que, en cuanto visi\u00f3n esencial de Dios, no son propias de esta vida,\nporque por s\u00ed mismas implican la muerte (S 2,8,4).<\/p>\n\n\n\n<p>c) Las noticias\ncomprendidas dentro de aquella \u201cnoticia o advertencia amorosa en general de\nDios\u201d (S 2,14,6). Esta es la noci\u00f3n primordial de su concepci\u00f3n del encuentro\ncon Dios y, por ello, a esta noci\u00f3n reduce la fe (S 2,24,4) y lo que llama la\ncontemplaci\u00f3n (S 2,10,4; 14,6; N 1,10,6). A estas \u201cnoticias\u201d nos referimos.<\/p>\n\n\n\n<p>Para JC, fuera de\nla visi\u00f3n esencial de Dios (propia de la gloria), estas noticias, que son una\nrealizaci\u00f3n de la contemplaci\u00f3n, y de la fe, constituyen una forma suprema de\nencuentro con Dios en la tierra. Aunque, en el proceso, ese encuentro con Dios\ntiene un aspecto purificativo esencial, que produce la \u201cterrible\u201d noche del\nsentido y la \u201chorrenda\u201d del esp\u00edritu, una vez alcanzada aquella purificaci\u00f3n,\nel \u201cdeleite\u201d que causan en el alma estas noticias \u201cno hay cosa a qu\u00e9 comparar,\nni vocablos ni t\u00e9rminos con qu\u00e9 le poder decir, porque son noticias del mismo\nDios y deleite del mismo Dios\u201d (S 2,26,3). Comunican directamente\n(\u201cderechamente\u201d) a Dios, \u201csintiendo alt\u00edsimamente de alg\u00fan atributo de Dios,\nahora de su omnipotencia, ahora de su fortaleza, ahora de su bondad y dulzura,\netc.\u201d (ib.). Por ello, contin\u00faa el autor, son del todo inefables y apenas se\npueden decir de ellas algunos t\u00e9rminos generales. S\u00f3lo las puede experimentar\nel que llega a la uni\u00f3n, \u201cporque ellas mismas son la misma uni\u00f3n\u201d (S 2,26,5), y\nas\u00ed son inconfundibles, porque \u201csaben a esencia divina y vida eterna\u201d (ib.).<\/p>\n\n\n\n<p><em>Sentimientos<\/em>. Otro t\u00e9rmino que emplea para acercarse a la expresi\u00f3n\nde la experiencia m\u00edstica es \u201csentimiento\u201d (y el verbo sentir). Como es el caso\nde otras palabras, \u00e9sta tiene tambi\u00e9n diferentes significados para el autor.\nPor una parte, la uni\u00f3n espiritual no consiste \u201cen recreaciones y gustos y\nsentimientos\u201d (S 2,32,2), y para que la voluntad pueda llegar a \u201csentir y\ngustar por uni\u00f3n de amor esta divina afecci\u00f3n y deleite\u201d es necesario que antes\nsea \u201cpurgada y aniquilada en todas sus afecciones y sentimientos\u201d (N 2,9,3).\nPedag\u00f3gicamente, para dirigir desde el principio la mente hacia lo esencial y\nhacer ver el sentido de todo, afirma de modo resuelto que el amor y el gozo uno\nlos tiene que fundar \u201cen lo que no ve ni siente ni puede ver y sentir en esta\nvida, que es Dios, el cual es incomprehensible y sobre todo\u201d (S 2,24,9).<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, recurre\nprecisamente a los \u201csentimientos espirituales\u201d y al \u201csentir\u201d para sugerir\naquella suma realidad que tiene lugar. No puede haber en esta vida una visi\u00f3n\nclara de las realidades espirituales, pero \u00e9stas se pueden \u201csentir en la\nsustancia del alma con suav\u00edsimos toques y juntas, lo cual pertenece a los\nsentimientos espirituales\u201d (S 2,24,4). A \u00e9stos, contin\u00faa escribiendo, se dirige\nsu intenci\u00f3n, \u201cque es a la divina junta y uni\u00f3n del alma con la Sustancia\ndivina\u201d (ib; cf S 3,14,2). Se trata de un \u201csubid\u00edsimo sentir de Dios y\nsabros\u00edsimo en el entendimiento\u201d (S 2,32,3). El sentimiento y el sentir son\nt\u00e9rminos que se escogen, en este contexto, para contraponerlos a la percepci\u00f3n\nclara y distinta en esta vida y a la visi\u00f3n beat\u00edfica. Es la percepci\u00f3n propia de\nla \u201cnoticia amorosa y oscura\u201d, en la que tiene lugar el encuentro en esta vida\n(S 2,24,4), \u201cen cierto sentimiento y barrunto de Dios\u201d (N 2,11,1). Por lo que\nel autor no sabe exactamente a qu\u00e9 facultad adjudicar estos sentimientos, pues,\naunque \u201cen cuanto son sentimientos solamente, no pertenecen al entendimiento,\nsino a la voluntad\u201d (S 2,32,3), los trata tambi\u00e9n como \u201caprehensiones del\nentendimiento\u201d (S 2,23,1-3). Es decir, hay un aspecto afectivo que, en cuanto\nconsciente, pertenece a la facultad cognoscitiva, pero, adem\u00e1s, se da una\nvivencia para la que no es apropiado el t\u00e9rmino \u201cver\u201d (que denota una\npercepci\u00f3n clara), sino el de \u201csentir\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Toque<\/em>. Relacionado con \u00e9ste, ha aparecido el t\u00e9rmino \u201ctoque\u201d.\nTratando de las \u201cnoticias divinas\u201d, afirma que \u201cconsiste el tenerlas en cierto\ntoque que se hace del alma en la Divinidad, y as\u00ed el mismo Dios es el que all\u00ed\nes sentido y gustado\u201d (S 2,26,5). Alguna vez emplea la expresi\u00f3n \u201ccontacto de\nella en la divinidad\u201d, sin intervenci\u00f3n de sentidos y accidentes, \u201cpor cuanto\nes toque de sustancias desnudas, es a saber, del alma y divinidad\u201d (CB 19,4).\nNo hay una visi\u00f3n esencial de Dios, pero se da un toque o contacto en la divinidad,\nde sustancia a sustancia (como de una forma o de otra afirma). Por una parte,\nse mantiene el car\u00e1cter directo del encuentro, tanto por la imagen del toque o\ndel contacto, como por el empleo del t\u00e9rmino \u201csustancia\u201d. Pero, por otra, se\nsugiere la oscuridad y tambi\u00e9n la total novedad, frente a todas las\npercepciones de esta vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Sustancia\n(sustancial, sustancialmente) es una de las palabras preferidas del autor.\nTiene a veces sentido ontol\u00f3gico (sustancias corp\u00f3reas e incorp\u00f3reas), pero\ncasi siempre entra\u00f1a realmente un sentido din\u00e1mico y existencial, aun en los\ntextos en que distingue entre sustancia del alma y facultades (por ejemplo, S\n2,32,3; CB 26,11). En los textos paralelos a los citados aqu\u00ed arriba significa\nla inmediatez, radicalidad y totalidad insondables de la realidad dada. A este\nmismo centro din\u00e1mico del alma (su m\u00e1s profunda capacidad de persona, es decir,\nde conciencia amante) apuntan otras expresiones como el toque \u201cde la Divinidad\nen el alma\u201d (LB 2,8), \u201ctoque de noticia suma de la Divinidad\u201d (CB 7,4), y\n\u201ctoque de amor\u201d (CB 25,6).<\/p>\n\n\n\n<p>Esta \u00faltima imagen\nes la m\u00e1s cercana a la \u201cuni\u00f3n\u201d con Dios por amor, que es la f\u00f3rmula general que\nutiliza el autor para expresar el fin y la realidad \u00faltima que se pretende:\n\u201cdivina junta y uni\u00f3n del alma con la Sustancia divina\u201d (S 2,24,4). Es decir,\nno menos que con Dios mismo, no s\u00f3lo de alguna forma en las mediaciones, como\nhasta ahora.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero el contenido\npropio de esa expresi\u00f3n, oscuramente dado a la conciencia y simb\u00f3licamente\nsugerido, se encuentra diseminado en todo el <em>C\u00e1ntico <\/em>y en <em>Llama<\/em>, y tambi\u00e9n en <em>Noche <\/em>y en <em>Subida<\/em>. Por ejemplo: el alma \u201cqueda esclarecida y transformada\nen Dios, y le comunica Dios su ser sobrenatural de tal manera, que parece el\nmismo Dios y tiene lo que tiene el mismo Dios\u201d (S 2,5,7). \u201cY el alma m\u00e1s parece\nDios que alma, y aun es Dios por participaci\u00f3n\u201d (ib).<\/p>\n\n\n\n<p>Expresi\u00f3n\nsemejante es la de la \u201ctransformaci\u00f3n de amor\u201d o \u201ctransformaci\u00f3n en Dios\u201d (y\notras variantes), donde se expresa la idea de la presencia, hasta la\ndeificaci\u00f3n por participaci\u00f3n, con t\u00e9rminos de la tradici\u00f3n, ante los que el\nautor no retrocede. En esta estrecha junta \u201cel mismo Dios es el que se le\ncomunica con admirable gloria de transformaci\u00f3n de ella en \u00e9l, estando ambos en\nuno\u201d (CB 26,4).<\/p>\n\n\n\n<p>Apenas es posible recoger\nlas im\u00e1genes y las expresiones metaf\u00f3ricas empleadas en su obra para transmitir\nla realidad de que se trata. Por ello, nos hemos fijado en los t\u00e9rminos\nanalizados como los que m\u00e1s expresivamente parecen acercarse al contenido que\nintenta manifestar. Permanece la particular oscuridad de la que habla en todas\npartes: la \u201cabisal y oscura inteligencia divina\u201d (CB 14-15,22). Pero, como\nsugieren los t\u00e9rminos y expresiones que hemos subrayado, se experimenta una\npresencia, en forma de \u201csentimiento y barrunto de Dios\u201d (N 2 11,1), de\n\u201casomadas de gloria y amor\u201d (LB 1,28), de \u201cun vivo viso e imagen de aquella\nperfecci\u00f3n\u201d (del amor glorioso) (CB 38,4). Puede llegar un momento en que la\nnoche no es tan oscura, sino entre dos luces, en que \u201cesta soledad y sosiego\ndivino, ni con tanta claridad es informada de la luz divina ni deja de\nparticipar algo de ella\u201d (CB 14-15,23).<\/p>\n\n\n\n<p>El autor precisa,\ny es necesario recordarlo sobre todo al leer <em>C\u00e1ntico <\/em>y <em>Llama<\/em>, que no se trata de ver a Dios \u201cesencial y claramente\u201d,\n\u201cque no es sino una fuerte y copiosa comunicaci\u00f3n y vislumbre de lo que \u00e9l es\nen s\u00ed\u201d (CB 14,5), y las m\u00e1s altas comunicaciones \u201cson como unas muy desviadas\nasomadas\u201d (CB 13,10). Emplea frecuentemente binomios: noticias y sentimientos,\ntoques y recuerdos, toques y sentimientos, noticias y toques. Cada binomio y\ntodos juntos intentan sugerir una conciencia unitaria profunda, que el autor discierne\nser la uni\u00f3n de amor o la transformaci\u00f3n por amor.<\/p>\n\n\n\n<p>Es conveniente\nresaltar la experiencia de la libertad en esta nueva conciencia, con\nexpresiones que atestiguan la novedad y la excepcionalidad: \u201clibertad de la\ndivina uni\u00f3n\u201d (S 1,11,4), \u201cclaridad, libertad de esp\u00edritu y sencillez\u201d (S\n2,16,11), \u201cen libertad y tiniebla de la fe\u201d (S 2,19,11), \u201cconocer\u00e1 c\u00f3mo la vida\ndel esp\u00edritu es verdadera libertad\u201d (N 2,14,3), \u201csiente nueva primavera en\nlibertad y anchura y alegr\u00eda de esp\u00edritu\u201d (CB 36,1). Donde la libertad es clara\ny sencilla (unificada), y se asocia con la tiniebla de la fe, y sobre todo, con\nla uni\u00f3n con Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>La libertad de que\nse trata tiene que ver con la anchura y la alegr\u00eda de esp\u00edritu. Otros textos\n(en realidad es el tono de casi todo el <em>C\u00e1ntico <\/em>y la <em>Llama<\/em>) destacan la alegr\u00eda en la fase positiva de la\nexperiencia m\u00edstica. El alma anda como de fiesta, con \u201cun j\u00fabilo de Dios\ngrande, como un cantar nuevo, siempre nuevo, envuelto en alegr\u00eda y amor, en\nconocimiento de su feliz estado\u201d (LB 2,26). Y \u201cen todas las cosas halla noticia\nde Dios gozosa y gustosa, casta, pura, espiritual, alegre y amorosa\u201d (S\n3,26,6).<\/p>\n\n\n\n<p>JC, que lleva su\nl\u00f3gica de la negaci\u00f3n y superaci\u00f3n a todas las realidades naturales y\nsobrenaturales (por cuanto no son Dios ni medio pr\u00f3ximo de uni\u00f3n con \u00e9l),\nparece cambiar de criterio cuando llegan estas realidades espec\u00edficas que hemos\nanalizado: \u201cY en \u00e9stas no digo que se haya negativamente, como en las dem\u00e1s\naprehensiones, porque ellas son parte de la uni\u00f3n\u201d (S 2,26,10), \u201ch\u00e1yase humilde\ny resignadamente\u201d (ib, 9). No se puede decir que se haya llegado al t\u00e9rmino, y,\npor tanto, desde este punto de vista, contin\u00faan teniendo vigencia las consignas\nde JC sobre la superaci\u00f3n, en cuanto nada de lo que se experimenta ah\u00ed es Dios\nvisto clara y esencialmente. Esas vivencias, en todo caso, deben lanzar al\ninfinito que se anuncia (comunic\u00e1ndose) en ellas. Son t\u00e9rmino en un sentido\nrelativo, en cuanto es posible en esta vida, pero esta realidad, para Juan de\nla Cruz, remite esencialmente a su plenitud, a la visi\u00f3n beat\u00edfica. Esto\nexplica que, por una parte, la actitud ante esas comunicaciones no sea\nnegativa, y que, por otra, tampoco se impulse una actitud positiva, sino\nresignada. No cede el movimiento del trascender.<\/p>\n\n\n\n<h3>III. Tipolog\u00eda\nexperiencial<\/h3>\n\n\n\n<p>Los escritos de JC\nno son meras construcciones m\u00edsticas, tal vez sobre lejanas confidencias, sino\nque, en general, pretenden entregar una experiencia. Quieren, ciertamente,\nexponer una doctrina, y es manifiesta la construcci\u00f3n doctrinal con conceptos y\ncategor\u00edas heredadas de la tradici\u00f3n cultural. Se puede tambi\u00e9n discutir sobre\nla incidencia de una l\u00f3gica teol\u00f3gica en aspectos de su exposici\u00f3n. Pero, en\nconjunto, JC apela con seguridad a la experiencia, que trata de fundar y\nexplicar, ayud\u00e1ndose de la \u201cciencia\u201d, con la palabra de la Escritura.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfDe qu\u00e9\nexperiencia se trata? Hablamos de diversas experiencias: experiencia de las realidades\nf\u00edsicas, experiencia ps\u00edquica, experiencia \u00e9tica, est\u00e9tica, religiosa. En\ncomparaci\u00f3n, por ejemplo, con la experiencia del mundo f\u00edsico, \u00bfen qu\u00e9 sentido\nse da aqu\u00ed una experiencia? De este mundo f\u00edsico derivan, en efecto, im\u00e1genes\ncomo la luz, el ver, el contacto. Se da una vivencia, nueva, y para expresarla\nse emplean im\u00e1genes visuales, auditivas y t\u00e1ctiles. En esta vivencia se produce\namor, libertad, alegr\u00eda, humildad, sencillez, fortaleza. Se abre una conciencia\ny un estado de amor desde el que se vive la realidad entera: \u201cMi Amado las\nmonta\u00f1as, \/ los valles solitarios nemorosos\u2026\u201d (CB 14, y comentario n.5 ), \u201cM\u00edos\nson los cielos y m\u00eda es la tierra\u2026\u201d (Av 26).<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, JC no\nhabla s\u00f3lo del mundo nuevo de la transformaci\u00f3n de la persona, sino de la\ntransformaci\u00f3n por la uni\u00f3n amorosa con Dios. De esto se trata, y sin esto, por\nhermosos y reales que sean los frutos personales de la transformaci\u00f3n, para JC,\naquel trascender sin tregua ser\u00eda vano, en definitiva. Toda su obra gira en\ntorno a un encuentro con la realidad objetiva, que se experimenta como luz y\namor personal, es decir como la suprema subjetividad comunicada que transforma\nen s\u00ed la subjetividad humana. De esto habla JC como fe. Pero preguntamos si\ntambi\u00e9n habla de ello como experiencia, y en qu\u00e9 sentido y hasta qu\u00e9 punto.\nPuesto que es el objeto el que determina la experiencia, a \u00e9l tenemos que\naplicar nuestra atenci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<h3>IV. Lo \u201cdivino\u201d en\nesa experiencia<\/h3>\n\n\n\n<p>El lenguaje puede\nremitir a una experiencia que se supone compartida. Sin embargo, la experiencia\nm\u00edstica no es compartida, de la misma forma, como advierte el propio testigo.\nEl compartir hace posible que se convenga en unos signos que remiten a la\nexperiencia compartida. Dependemos, por tanto, de lo que \u00e9l nos indica, y, en\nello, tratamos de atisbar lo que en su barrunto se le daba.<\/p>\n\n\n\n<p>Por una parte,\nseg\u00fan JC se dan \u201cunas muy desviadas asomadas\u201d de Dios, que, por otra, son unas\nvivencias muy intensas, como muestran las referencias se\u00f1aladas (pero la obra\nentera en su conjunto). Esas experiencias intensas, en cuanto tales, no se\npuede decir sean unos lejanos visos. Son tenues vislumbres respecto a la visi\u00f3n\nclara de la divinidad, pero no en s\u00ed mismos. Parece, por tanto, que\nmetodol\u00f3gicamente hay que comenzar distinguiendo entre la experiencia de la\ntransformaci\u00f3n o de la uni\u00f3n de amor y la experiencia de Dios. Ciertamente, la\npersona experimenta que es amada y acogida y transformada y que ella misma se\nha convertido en un amor transparente y radical (ser amada y amar como \u00fanico\nacto de experiencia).<\/p>\n\n\n\n<p>Surgen\ninevitablemente algunos interrogantes. Adem\u00e1s de la experiencia de la\ntransformaci\u00f3n, \u00bfel m\u00edstico experimenta realmente a Dios, o la supuesta\nexperiencia divina es la misma vivencia de la transformaci\u00f3n de amor? \u00bfQu\u00e9 hace\nque la transformaci\u00f3n de amor sea divina? Es leg\u00edtima la pregunta, puesto que\nel m\u00edstico advierte que no se trata de ver a Dios \u201cesencial y claramente\u201d,\nmientras que la transformaci\u00f3n de la conciencia es tal que parece \u201cel alma\nDios, y Dios el alma\u201d (CB 31,1).<\/p>\n\n\n\n<p>Se podr\u00eda\nresponder que la transformaci\u00f3n es divina en cuanto efecto divino. O incluso se\npodr\u00eda decir que JC toma al alma \u201cdivinizada\u201d por el Dios experimentado. Sin\nembargo, JC habla (parece pretendiendo expresarse distintamente) de una\ncomunicaci\u00f3n directa (\u201cel mismo Dios\u201d), si bien no clara. La transformaci\u00f3n es\nun efecto, pero, seg\u00fan el autor, de una comunicaci\u00f3n sustancial de Dios. No s\u00f3lo\nse experimenta la transformaci\u00f3n de amor, sino el toque en la divinidad, o esa\ntransformaci\u00f3n (que es de luz y amor) se experimenta como toque en la\ndivinidad, o como sentir al mismo Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Siempre se puede\ninquirir si tenemos aqu\u00ed una afirmaci\u00f3n directamente ontol\u00f3gica, o si lo que JC\nen verdad pretend\u00eda era una pedagog\u00eda espiritual: es decir, de acuerdo con\nesto, en los actos mencionados de un \u201csentir\u201d puro acerca de Dios (como\nconocimiento) y del \u201cpuro amor\u201d (CB 29,2) ya no hay nada imperfecto que negar o\npurificar, si bien esos actos tampoco son el t\u00e9rmino, y se dirigen m\u00e1s all\u00e1 de\ns\u00ed mismos al Dios esencialmente escondido. Lo que habr\u00eda en ellos de divino\nexperiencial (en la intenci\u00f3n de JC, o, en todo caso, objetivamente) ser\u00eda su\npropia pureza en relaci\u00f3n al Dios de la fe, pero no el mismo Dios\nexperimentado.<\/p>\n\n\n\n<p>Apenas podemos\navanzar m\u00e1s, porque el m\u00edstico no puede mostrarnos su experiencia. Pero no se\nha de perder de vista el realismo y la seguridad de las expresiones de JC,\nquien en este caso habr\u00eda podido, dentro de su teolog\u00eda, hacer la distinci\u00f3n\nentre la pureza de la fe y del amor, y la experiencia Dios (lo mismo que\ntambi\u00e9n entre efecto y causa). En segundo lugar, hay que observar que las\nafirmaciones positivas sobre las experiencias de Dios cobran especial valor en\nel contexto de las negaciones, es decir, en la afirmaci\u00f3n de la trascendencia.\nEn esta vida, \u201clo m\u00e1s alto que se puede sentir y gustar, etc., dista en\ninfinita manera de Dios y del poseerle puramente\u201d (S2 4,4), por lo que su amor\nse ha de fundar en lo que ni se siente ni se puede sentir (S2 24,9). Si uno\n\u201csintiere gran comunicaci\u00f3n o sentimiento o noticia espiritual, no por eso se\nha de persuadir a que aquello que siente es poseer o ver clara y esencialmente\na Dios, o que aquello sea tener m\u00e1s a Dios o estar m\u00e1s en Dios, aunque m\u00e1s ello\nsea\u201d (CB 1,4).<\/p>\n\n\n\n<p>Esta trascendencia\n(inmediatamente, pr\u00e1ctico-espiritual) constituye una garant\u00eda de la naturaleza\npropia de las experiencias que se afirman, \u201ccomunicaci\u00f3n esencial de la\nDivinidad sin otro alg\u00fan medio en el alma, por cierto contacto de ella en la\nDivinidad\u201d (CB 19,4). El hecho de que en el momento mismo en que se hacen\naquellas afirmaciones se advierta que nada de eso es esencialmente Dios, a\nquien siempre hay que buscarle m\u00e1s all\u00e1, y, en este sentido al menos, siempre\n\u201cnos conviene ir a \u00e9l por negaci\u00f3n de todo\u201d (S 2,24,9), indica que aquellas se\nhacen con lucidez, que se quiere atestiguar lo que es dado, y que esto dado se\nexpresa diciendo \u201cel mismo Dios es el que all\u00ed es sentido\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Queda siempre en\nsuspenso qu\u00e9 son propiamente esos \u201cvisos entreoscuros\u201d de Dios mismo (CB 11,4),\ny c\u00f3mo se sostienen juntos \u201cel mismo Dios\u201d (S 2,26,5) y \u201cno es aquello\nesencialmente Dios, ni tiene que ver con \u00e9l\u201d (CB 1,3). Juan de la Cruz los\nmantiene juntos, y parece que los tiene que mantener, porque la verdad del\nprimero se constituye en esa tensi\u00f3n con el segundo.<\/p>\n\n\n\n<h3>V. Experiencia\nm\u00edstica personal de Juan de la Cruz<\/h3>\n\n\n\n<p>JC apela,\nexpl\u00edcitamente, a la experiencia ajena, a la que ha tenido acceso en calidad de\nconfesor y director espiritual. As\u00ed, puede decir que \u201clo probamos cada d\u00eda por\nexperiencia, viendo en las almas humildes por quien pasan estas cosas\u201d (S 2,22,16).\nA\u00fan m\u00e1s directamente le afecta este texto: \u201cPorque, para guiar al esp\u00edritu,\naunque el fundamento es el saber y la discreci\u00f3n, si no hay experiencia de lo\nque es puro y verdadero esp\u00edritu, no atinar\u00e1 a encaminar al alma a \u00e9l\u201d (LB\n3,30).<\/p>\n\n\n\n<p>JC de la Cruz tuvo\nen concreto la profunda y continuada experiencia de las vivencias m\u00edsticas de\nsanta Teresa de Jes\u00fas, de la que fue confesor y director espiritual en \u00c1vila. Y\nrinde homenaje a su obra escrita diciendo que \u201cla bienaventurada Teresa de\nJes\u00fas, nuestra madre, dej\u00f3 escritas de estas cosas de esp\u00edritu admirablemente,\nlas cuales espero en Dios saldr\u00e1n presto impresas a luz\u201d (CB 13,7).<\/p>\n\n\n\n<p>En el pr\u00f3logo del <em>C\u00e1ntico <\/em>habla en general\nque no piensa \u201cafirmar cosa de lo m\u00edo, fi\u00e1ndome de experiencia que por m\u00ed haya\npasado\u201d (CB pr\u00f3l. 4). Se refiere a la experiencia en s\u00ed mismo, pues la\ndistingue de la que \u201cen otras personas espirituales \u201chaya conocido o de ellas\no\u00eddo\u201d. A\u00f1ade a continuaci\u00f3n que piensa aprovecharse de lo uno y de lo otro. La\nnegativa inicial, por tanto, parece referirse a la fundamentaci\u00f3n de la\ndoctrina m\u00edstica en la sola experiencia.<\/p>\n\n\n\n<p>No es posible\nresponder con seguridad a la pregunta sobre si JC ha experimentado en s\u00ed mismo\ntodo el itinerario perfilado de alguna forma en sus obras. No se puede rechazar\nde antemano, por ejemplo, la idea de que su intuici\u00f3n y pureza teol\u00f3gicas y su\npotencia literaria (y contando con la experiencia de santa Teresa) hayan podido\ncrear el mundo de la <em>Llama<\/em>. Esta\npregunta se refiere sobre todo a sus grandes obras en prosa, no tanto a los\npoemas, que en su vaguedad presentan menos problema. Las obras en prosa son,\nteol\u00f3gicamente, las m\u00e1s atrevidas (y, en momentos, no menos po\u00e9ticas y\ndeslumbrantes), y llegan a intentos de descripci\u00f3n de la relaci\u00f3n divina\naparentemente fuera de mesura, en un hombre tan incondicional de la verdad.<\/p>\n\n\n\n<p>Seguramente, hay\nque reconocerle la experiencia de las fases negativas de la ausencia de Dios\n(noche pasiva del esp\u00edritu). El verismo con que la describe, la naturalidad con\nque presenta su necesidad, la convicci\u00f3n con que anima al lector a entrar en\nella, nos indican que no habla de o\u00eddas, sino de dentro, y de un dentro\nrecordado y superado, al menos en sus fases m\u00e1s agudas. Esto, ya por la forma\ndescriptiva misma donde la mirada agradecida canta los frutos de la noche, y\npor la serenidad que envuelve el presente y el recuerdo del pasado.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n hay que\nreconocerle aquella realidad que llama oscura y amorosa contemplaci\u00f3n,\nomnipresente en sus escritos, con la que explica la fe, y en la que, seg\u00fan su\nense\u00f1anza, tienen lugar las vivencias que nosotros hemos se\u00f1alado como las\nexpresiones m\u00e1s aut\u00e9nticas de su m\u00edstica. Hay maestros espirituales, lamenta\nJC, que no entienden a las personas que se encuentran caminando en la realidad\nde la contemplaci\u00f3n, \u201cpor no haber ellos llegado a ella, ni sabido qu\u00e9 cosa es\nsalir de discursos de meditaci\u00f3n\u201d (LB 3,27). La pureza, la simplicidad y el\nsilencio (espiritual) que caracterizan esa atenci\u00f3n amorosa a Dios brotan\nespont\u00e1neamente de su pluma, como algo vivido y familiar, no s\u00f3lo como una\nexigencia y una tarea, sino como realidad presente de su propio interior. Y\nsobre todo la experiencia abisal: \u201cabisal y oscura inteligencia divina\u201d (CB\n14,24), \u201cdeseo abisal por la uni\u00f3n con Dios\u201d (CB 17,1); el poner \u201clos ojos en\nel abismo de la fe\u201d (S 2,18,2), abismo \u201cdonde todo lo dem\u00e1s se absorbe\u201d (S\n3,7,2). Esta ilimitada apertura del \u201csentir\u201d altamente a Dios y del amor es en\nverdad algo propio de san Juan de la Cruz.<\/p>\n\n\n\n<p>Con respecto a si\nen esa contemplaci\u00f3n se han dado en JC aquellas cimas (del punto de vista de la\nexperiencia al menos) del sentir al mismo Dios, del toque en la divinidad etc.,\ncreo que no puede haber respuesta segura, pues el mismo autor no lo atestigua.\nEl realismo con que intenta sugerirlas, como si fueran una vivencia total que\nle embargara sin que la pudiera entender \u00e9l mismo, de modo que la inefabilidad\nfuera suya, y no s\u00f3lo de las personas que se la hubieran confiado, inclina a\npensar que efectivamente JC ha participado de alguna forma de esas\nexperiencias. Su confidencia de que \u201cel alma muy pobre anda\u201d (carta 28, agosto\nde 1591), en todo caso, no se opondr\u00eda a esta apreciaci\u00f3n, pues aquellas\nexperiencias m\u00edsticas no tienen por qu\u00e9 ser permanentes o transformar la\npsicolog\u00eda hasta el punto de hacer imposible la experiencia de la pobreza y del\ndecaimiento psicoespiritual.<\/p>\n\n\n\n<h3>VI. Experiencia\nm\u00edstica y fe<\/h3>\n\n\n\n<p>JC, lo mismo que\nha sido llamado el doctor de las nadas, o doctor del amor, puede llamarse\n\u201cmaestro en la fe\u201d (JUAN PABLO II, <em>Maestro en la fe<\/em>, AAS 83 (1991) 561-575). En efecto, las nadas, que,\ninmediatamente, presentan un aspecto asc\u00e9tico de purificaci\u00f3n, son consecuencia\ndel abismo de la fe total, la cual es la forma en que se recibe la\ntrascendencia en la historia. Son parte de la noche, que es la noche de la fe.<\/p>\n\n\n\n<p>Constituyen la\npercepci\u00f3n negativa de un proceso donde la fe, realizada, entrega la persona a\nla trascendencia. Y la contemplaci\u00f3n, palabra global y pre\u00f1ante de\nsignificados, es tambi\u00e9n la fe total desarrollada en cierta manera, hasta el\npunto de que JC puede describir de la misma forma la contemplaci\u00f3n y la fe,\n\u201cesta noticia oscura y amorosa, que es la fe\u201d (S 2,24,4).<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, JC\nsomete todo conocimiento claro y distinto a la oscuridad de la fe, a aquella\ncontinua superaci\u00f3n de todo, a aquel nunca detenido vuelo a la trascendencia,\nescondida en el \u201c\u00edntimo ser\u201d de la persona. Pero, por otra parte, llega un\nmomento en que el Amado \u201ca la misma alma en esta perfecci\u00f3n no le est\u00e1 secreto,\nla cual siente en s\u00ed este \u00edntimo abrazo\u201d (LB 4,14), de modo que la noche no es\n\u201ccomo oscura noche, sino como la noche junto ya a los levantes de la aurora\u201d\n(CB 14-15,23). Parecer\u00eda, seg\u00fan esto, que la experiencia m\u00edstica, en esta forma\natestiguada por Juan de la Cruz, mitiga la noche de la fe, es decir, la fe\nmisma en cuanto oscura, en cuanto es \u201cel secreto y el misterio\u201d (CB 1,10). En\noposici\u00f3n a su concepci\u00f3n general, por la que \u201cno son cosas que al\nentendimiento se le descubren, porque, si se le descubriesen, no ser\u00eda fe\u201d (S\n2,6,2).<\/p>\n\n\n\n<p>Esta aparente\ncontradicci\u00f3n muestra que Juan de la Cruz quiere mantener las dos realidades,\nno s\u00f3lo por su concepci\u00f3n de la fe, sino porque se las da la experiencia. La fe\nen cuanto apertura a la trascendencia en la historia, y, por ello, en la\noscuridad, no disminuye; crece. Pero la noche de la fe no es un espacio externo\nuniforme, como, para JC, muestra la experiencia. Sobre todo, por el amor, la persona\npuede tener esos vislumbres: \u201cmerecer\u00e1 que el amor la descubra lo que en s\u00ed\nencierra la fe\u201d (CB 1,11).<\/p>\n\n\n\n<p>De la misma forma,\nJC insiste en el car\u00e1cter general de la fe y de la contemplaci\u00f3n, y tambi\u00e9n de\nla experiencia m\u00edstica, que en cuanto tal excluye lo \u201cclaro y distinto\u201d. Por el\ncontrario, la fe cristiana ofrece unos contenidos determinados, a los que JC se\nrefiere expl\u00edcitamente. \u00bfC\u00f3mo concuerda aquella experiencia con estos\ncontenidos objetivos que el Santo no s\u00f3lo admite, sino que convierte\nexpresamente en materia de contemplaci\u00f3n (mirada general, oscura, amorosa)? La\nmisma pregunta se puede hacer sobre la vida sacramental y eclesial, o sobre las\nrelaciones de justicia y fraternidad en la sociedad, en el sentido de que aqu\u00ed\nno aparecen expresamente asumidos en la experiencia m\u00edstica, ni en el conjunto\nde su itinerario doctrinal.<\/p>\n\n\n\n<p>Estas dificultades\nsurgen de una comprensi\u00f3n abstracta de sus escritos. Hay que reconocer que el\nautor da pie a ellas, por la extrema concentraci\u00f3n con que aborda las\ncuestiones. Pero si se entienden en concreto, es decir, desde la existencia\ncristiana del Santo (desde su pensamiento existencial), obviamente sus obras\nsuponen y se enra\u00edzan en toda la vida cristiana. Y abrazando en su fe todo ese\nuniverso cristiano y humano, busca su transparencia y verdad (pureza, desnudez,\npobreza), para convertirlo en \u201cfe y amor\u201d (CB 1,11). Esta es la \u201csustancia\u201d de\ntoda religi\u00f3n, sin la que esta degenera en simple creencia y rito.<\/p>\n\n\n\n<p>Caso especial\npresenta la figura de Cristo. Est\u00e1 claro que la teolog\u00eda de JC es cristol\u00f3gica:\nla encarnaci\u00f3n del Verbo, la redenci\u00f3n, la vida de Cristo, su ense\u00f1anza y\nejemplo, su pasi\u00f3n y muerte, su presencia viva y amante en el fiel, en la\nIglesia, el env\u00edo de su Esp\u00edritu. Habla desde la asimilaci\u00f3n de los textos del\nNT. Desde ellos ha configurado la centralidad de Cristo para su relaci\u00f3n con\nDios. Acabando Dios Padre \u201cde hablar toda la fe en Cristo, no hay m\u00e1s fe que\nrevelar ni la habr\u00e1 jam\u00e1s\u201d. De modo que \u201cen todo nos habemos de guiar por la\nley de Cristo-hombre y de su Iglesia\u201d (S 2,22,7). En Jesucristo le ha dado Dios\ntodo lo que quiere (Dichos 26). La visi\u00f3n cristol\u00f3gica abraza al mundo entero:\n\u201cY as\u00ed, en este levantamiento de la encarnaci\u00f3n de su Hijo y de la gloria de su\nresurrecci\u00f3n seg\u00fan la carne, no solamente hermose\u00f3 el Padre las criaturas en\nparte, mas podremos decir que del todo las dej\u00f3 vestidas de hermosura y\ndignidad\u201d (CB 5,4).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero supuesto\nesto, siempre se puede preguntar por la presencia de Cristo en la experiencia\nm\u00edstica como tal, en aquel sentir y toque de la divinidad, que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de\ntodo saber y sentir. En esta pregunta se distingue la ense\u00f1anza de JC y tambi\u00e9n\nsu piedad cristiana normal, y la experiencia m\u00edstica misma, donde podr\u00eda\nparecer que desaparece la humanidad del Se\u00f1or. En efecto, a veces se refiere al\nVerbo Hijo de Dios (LB 2,17-20). Sin embargo, en el <em>C\u00e1ntico <\/em>se va a tratar de las \u201ccanciones de amor entre la esposa\ny el Esposo Cristo\u201d. Para la conciencia de san Juan de la Cruz es imposible\nseparar su vivencia de la divinidad de la del \u201cdulc\u00edsimo Jes\u00fas\u201d (CB 40,7), en\nel que tiene todo lo que quiere, cuya \u201cviva imagen busca dentro de s\u00ed, que es\nCristo crucificado\u201d (S 3,35,5). Si se ha de hacer la mencionada separaci\u00f3n,\nhabr\u00e1 de ser m\u00e1s all\u00e1 de su conciencia, pues en \u00e9sta Dios es siempre y\neternamente el Dios de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>Cosa distinta es\nque la divinidad, cualificada por el misterio de Cristo en la experiencia m\u00edstica\nque testifica JC, no presente ninguna exclusividad, sino que sugiera una\ninfinitud de amor y comprensi\u00f3n, que invita, abarca y penetra lo m\u00e1s aut\u00e9ntico\nde todas las religiones y de todas las conciencias. Pero esto no se opone a la\npresencia del misterio de Cristo, cuando se ha captado su sustancia de \u201cfe y\namor\u201d. Porque de esto se trata en su trascender. De modo que el Dios infinitamente\ntrascendente e incomprensible es el infinitamente concreto en Cristo\ncrucificado. Cristo es la forma concreta de la incomprensibilidad del amor de\nDios. Si hay una superaci\u00f3n de im\u00e1genes respecto a Cristo, no es hacia una\ndivinidad sin Cristo, sino hacia el Cristo vivido \u201cen fe y amor\u201d, es decir, en\nlo que es \u00e9l lo m\u00e1s propiamente. Si se ha experimentado a Cristo como la\nrevelaci\u00f3n del amor de Dios, se han pasado todas las fronteras de separaci\u00f3n y\nde exclusividad, porque se ha entrado en la \u201csustancia\u201d de amor.<\/p>\n\n\n\n<h3>VII. La\nexperiencia m\u00edstica y el \u201ccamino llano\u201d<\/h3>\n\n\n\n<p>JC observa que \u201cno\na todos los que se ejercitan de prop\u00f3sito en el camino del esp\u00edritu lleva Dios\na contemplaci\u00f3n, ni aun a la mitad; el porqu\u00e9 \u00e9l lo sabe\u201d (N 1,9,9), y, por\ntanto, tampoco a la experiencia m\u00edstica de uni\u00f3n y transformaci\u00f3n presentada\npor \u00e9l. Conviene advertir que la concepci\u00f3n de la uni\u00f3n \u00edntima con Dios es\nindependiente de la experiencia m\u00edstica, tal como la hemos entendido aqu\u00ed.\nRazonando la necesidad de la negaci\u00f3n de uno mismo, propone el paradigma de\nCristo en su pasi\u00f3n y muerte, \u201caniquilado y resuelto, as\u00ed como en nada\u201d, en lo\nque \u201chizo la mayor obra que en toda su vida\u201d, y concluye para el fiel: \u201ccuando\nviniere a quedar resuelto en nada, que ser\u00e1 la suma humildad, quedar\u00e1 hecha la\nuni\u00f3n espiritual entre el alma y Dios\u201d (S 2,7,11). Remacha que la uni\u00f3n no\nconsiste en gustos y sentimientos espirituales, sino \u201cen una viva muerte de\ncruz sensitiva y espiritual\u201d (ib).<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que importa\naqu\u00ed es notar que esta uni\u00f3n no supone la experiencia m\u00edstica que hemos visto\nm\u00e1s arriba. La suma humildad no parece una mera condici\u00f3n, que espere la uni\u00f3n\nfutura que manifiestan las experiencias m\u00edsticas, sino que en ella misma tiene\nlugar la uni\u00f3n. En esta l\u00ednea, es firme la convicci\u00f3n de JC, porque \u201ctodas las\nvisiones y revelaciones y sentimientos del cielo y cuanto m\u00e1s ellos quisieren\npensar, no valen tanto como el menor acto de humildad, la cual tiene los\nefectos de la caridad, que no estima sus cosas ni las procura, sino de los\ndem\u00e1s\u201d (S 3,9,4). Esta humildad positiva est\u00e1 lejos de los meros sentimientos\nde la baja autoestima, de la depresi\u00f3n y de la destrucci\u00f3n de la persona, pues\ntiene \u201clos efectos de la caridad\u201d: establece a la persona en la paz y la\nfortaleza y la abre a los dem\u00e1s. Una humildad misteriosa, como otras realidades\nque se esconden bajo t\u00e9rminos que se usan como sobreentendidos.<\/p>\n\n\n\n<p>En una carta\nextraordinaria afronta JC esta cuesti\u00f3n espiritual de vida cristiana de modo\ndirecto y sencillo, sin recursos a razonamientos teol\u00f3gicos. Es la carta 19 de\nlas ediciones actuales.<\/p>\n\n\n\n<p>La destinataria\nanda en \u201ctinieblas y vac\u00edos de pobreza espiritual\u201d. El autor le responde en\neste tono: \u201c\u00bfQu\u00e9 piensa que es servir a Dios, sino no hacer males, guardando\nsus mandamientos, y andar en sus cosas como pudi\u00e9remos? Como esto haya, \u00bfqu\u00e9\nnecesidad hay de otras aprehensiones ni otras luces ni jugos de ac\u00e1 o de all\u00e1,\nen que ordinariamente nunca faltan tropiezos y peligros al alma, que con sus\nentenderes y apetitos se enga\u00f1a y se embelesa y sus mismas potencias la hacen\nerrar? [\u2026] Y como no se yerre, \u00bfqu\u00e9 hay que acertar sino ir por el camino llano\nde la ley de Dios y de la Iglesia, y s\u00f3lo vivir en fe oscura y verdadera, y\nesperanza cierta y caridad entera, y esperar all\u00e1 nuestros bienes, viviendo ac\u00e1\ncomo peregrinos, pobres, desterrados, hu\u00e9rfanos, secos, sin camino y sin nada,\nesper\u00e1ndolo all\u00e1 todo? Al\u00e9grese y f\u00edese de Dios\u201d [\u2026].<\/p>\n\n\n\n<p>Con anterioridad a\nesta carta (octubre de 1589) el autor hab\u00eda escrito ya sus obras. Pero aqu\u00ed, en\nconcreto, no entra en perspectiva la experiencia m\u00edstica cualificada. Se\nacent\u00faan las tres actitudes cristianas (virtudes teologales), actuadas en el\nmodo del camino llano. La negaci\u00f3n de las \u201caprehensiones\u201d y la valoraci\u00f3n de la\nhumildad en su lugar est\u00e1 de acuerdo con su doctrina de siempre (S3,9,3 y 4).\nEn la carta que comentamos es notable el hecho de que no se proponga en el\nhorizonte la posibilidad de una uni\u00f3n gloriosa, sino que termine en el camino\nllano, incluso \u201csin camino y sin nada\u201d (palabras finales de unos p\u00e1rrafos\npropios de san Juan de la Cruz cual ninguno). Se podr\u00eda observar que el autor\ncondesciende y se acomoda al nivel de la destinataria, por pedagog\u00eda espiritual\n(para que aquella no ambicionara err\u00f3neamente una uni\u00f3n excepcional\nimaginaria). Sin embargo, tenemos que esta carta, donde no se cuenta con lo\nextraordinario en ning\u00fan sentido, concuerda con los textos sobre la humildad,\ncon los textos negativos acerca de los fen\u00f3menos extraordinarios, y con los que\nexigen la sola y pura b\u00fasqueda de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte, ni\naun por pedagog\u00eda podr\u00eda JC recortar y falsear su pensamiento. Es decir, esta\ncarta representa en pocas palabras la quintaesencia de la ense\u00f1anza de san Juan\nde la Cruz, el camino llano, universal y decisivo, de la fe, la esperanza y la\ncaridad, de los peregrinos y pobres. Una m\u00edstica de la no-m\u00edstica en san Juan\nde la Cruz. No se niega nunca la inexorabilidad del trascender (las noches), ni\nla intensidad que se despliega en las descripciones m\u00edsticas. Pero est\u00e1n\ncondensadas en esas tres actitudes cristianas, y, aparentemente, disueltas y\ndesaparecidas en el camino de todos.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos encontramos\ncon este contraste entre las descripciones simb\u00f3licas m\u00e1s gloriosas de la uni\u00f3n\ny de la transformaci\u00f3n (hasta parecer incre\u00edbles, como teme algunas veces \u00e9l),\ny el camino sobrio y ordinario de la vida cristiana. Las vivencias m\u00edsticas m\u00e1s\naut\u00e9nticas, en cuanto experiencias, no son en definitiva necesarias. Est\u00e1n ah\u00ed\nen su obra, porque son posibles, como le muestra una experiencia particular, y\nhacen vislumbrar el destino final y el esplendor oculto del amor de Dios. Lo\nque importa decisivamente para san Juan de la Cruz se apunta en el camino\nesbozado por la carta 19 (12.10.1589).<\/p>\n\n\n\n<h3>Conclusiones<\/h3>\n\n\n\n<p>JC es un testigo\nde una vivencia divina especial, tanto m\u00e1s atendible en cuanto la supera\nsiempre, percibiendo que no es esencialmente Dios, y ense\u00f1ando que, si no se la\nexperimenta, no se est\u00e1 por ello m\u00e1s lejos del amor divino. Esta conciencia\nm\u00edstica cualificada es una gracia, pero no necesaria y universal, ni el t\u00e9rmino\nideal del camino cristiano sin m\u00e1s. Nuestra concepci\u00f3n de la relaci\u00f3n con Dios\nse resiste a lo que pueda parecer externo y arbitrario, aun en nombre de la\nlibertad divina, pues lo percibimos como antropom\u00f3rfico y no congruente con la\ntrascendencia amorosa precisamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Puede aceptarse\nque la aventura m\u00edstica de JC en el fondo es tan humana como divina. Est\u00e1 en el\nhombre, es su realizaci\u00f3n y no acontece sin que el hombre camine. El camino, en\nuna formulaci\u00f3n negativa, es un dejarse a s\u00ed mismo, llamado tambi\u00e9n humildad,\nen cuanto que, aun dirigi\u00e9ndose a su propio futuro, se dirige a una realidad\nabsolutamente nueva.<\/p>\n\n\n\n<p>La negaci\u00f3n (\u201cno\nes esto\u201d) es el camino de la trascendencia, lo mismo que en la metaf\u00edsica. En\nla m\u00edstica, sin embargo, es un trascender de amor, una superaci\u00f3n existencial y\npr\u00e1ctica de todo (de todo lo que no es transparencia de amor). La uni\u00f3n, y su\nconciencia m\u00edstica, no es resultado de un camino y de un esfuerzo (donde se\nencontrar\u00eda con uno mismo mejorado, como fruto de su habilidad y rectitud),\nsino que aquel dejarse y caminar negativo se identifica o funde con un \u201cdado\u201d,\nun don, una comuni\u00f3n. La negatividad de JC afirma a la par la trascendencia\nobjetiva y el car\u00e1cter gracioso del encuentro.<\/p>\n\n\n\n<p>La insistencia en\nla negaci\u00f3n, como camino del hombre (negaci\u00f3n que hay que entender de modo\nintegrador para que se comprenda en su propia verdad), indica que la m\u00edstica,\ny, m\u00e1s radicalmente, la realidad oculta como misterio, no es algo ajeno y\nexterior al hombre, sino aquello a que m\u00e1s \u00edntimamente est\u00e1 destinado, y que\nconsiste en un encuentro con el que siempre est\u00e1 en el centro del hombre. La\ndestinaci\u00f3n lo es como libertad, y el encuentro es gratuito o gracioso por\nserlo con la absoluta trascendencia amorosa.<\/p>\n\n\n\n<p>El m\u00edstico es una\nde las formas de la manifestaci\u00f3n de esta realidad. La revela en la medida en\nque \u00e9l mismo se ha convertido en amor. Pues la trascendencia de que se trata en\nla m\u00edstica es trascendencia de amor y, por ello, comprende toda la realidad. En\nun \u00fanico amor abraza a Dios y a la humanidad. La separaci\u00f3n entre ambos\nsignificar\u00eda que no es aut\u00e9ntica la supuesta vivencia m\u00edstica.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando, a trav\u00e9s\ndel m\u00edstico, queremos posesionarnos de la certeza de lo divino, apretamos una\nimagen, una idea, no su realidad m\u00edstica, donde \u00e9l ha dejado atr\u00e1s todo. Y en\nese (misterioso) dejar todo, que es un trascender de amor (y, por ello,\nrealmente positivo), sucede en todo caso lo que queremos apresar.<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, Juan\nde la Cruz, despu\u00e9s de haber intentado describir el viaje dram\u00e1tico hasta la\ngloria entrevista del encuentro (las vivencias m\u00edsticas cualificadas), se\nmuestra como el que ha sido siempre en esa traves\u00eda, y reduce todo a la mayor\nsobriedad. No hacen falta ni aquel final en la tierra ni sus anticipaciones\ndurante el recorrido. Basta el camino llano, andando como pudi\u00e9remos, pobres y\ndesterrados, con las tres actitudes (o la \u00fanica) de fe oscura y verdadera,\nesperanza cierta y amor entero. Este es su fuerte. Y era lo que m\u00e1s le\ninteresaba, la \u201cgrave palabra\u201d (N 1,13,3) que ten\u00eda que decir, para reconducir\nla vida espiritual a la pureza, sencillez y humilde fortaleza de esta actitud,\ny, as\u00ed, para animar a la aceptaci\u00f3n del camino llano o de la noche de la vida,\ndonde tiene lugar aquel viaje. Por ello, en lo hondo de esa sobriedad y hasta\ndesamparo, su mensaje irradia el \u201cal\u00e9grese y f\u00edese\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>BIBL. \u2013 JEAN BARUZI, <em>Saint Jean de la Croix et le\nprobl\u00e8me de l\u00b4exp\u00e9rience mystique<\/em>, 2\u00aa ed. Paris 1931; AA. VV., <em>Chant nocturne. Saint Jean de\nla Croix, mystique et philosophie<\/em>, \u00c9ditions Universitaires, Paris 1991: MAURICE BLONDEL, \u201cLe probl\u00e8me de la\nMystique\u201d, 25-58; JACQUES PALIARD, \u201cQuelques interpr\u00e9tations de l\u00b4exp\u00e9rience\nmystique\u201d, 113-123; GASTON BERGER, \u201cLa vie mystique\u201d, 137-149; AIM\u00c9 FOREST, \u201cLa\nconnaissance m\u00e9taphysique\u201d, 195-197; LUCIEN-MARIE DE SAINT-JOSEPH, \u201cTranscendente\net imanence d\u2019apr\u00e8s Saint Jean de la Croix\u201d, en EtCarm 26 (1947) 265-289;\nFERNANDO URBINA, <em>La\npersona humana en San Juan de la Cruz<\/em>, Madrid 1956 (p.231s.); AUGUSTIN L\u00c9ONARD, \u201cExp\u00e9rience spirituelle\u201d, DS IV-2, 2004-2025;\nJES\u00daS L\u00d3PEZ-GAY, \u201cLe ph\u00e9nom\u00e8ne mystique\u201d, DS X, 1893-1902; PAUL AGASSE ET MICHEL\nSALES, \u201cLa vie mystique chr\u00e9tienne\u201d, ib. 1939-1984; TE\u00d3FILO DE LA VIRGEN DEL\nCARMEN, \u201cExperiencia de Dios y vida m\u00edstica: el pensamiento de san Juan de la\nCruz\u201d, en <em>EphCarm <\/em>13 (1962) 136-223; EULOGIO PACHO, \u201cSan Giovanni della Croce, mistico e\nteologo\u201d, en <em>Vita cristiana ed esperienza mistica<\/em>, Teresianum, Roma 1982, 297-330; Id. \u201cSan Juan de\nla Cruz, m\u00edstico de confluencias y de s\u00edntesis\u201d, en <em>Estudios Sanjuanistas<\/em>, Editorial Monte Carmelo, Burgos 1997, II,\n649-664; AMATUS DE SUTTER, \u201cM\u00edstica\u201d, en <em>Diccionario de Espiritualidad<\/em>, Herder, Barcelona 1983, II, 619-624; GIOVANNI MOIOLI,\n\u201cM\u00edstica cristiana\u201d, en <em>Nuevo Diccionario de\nEspiritualidad<\/em>, Ediciones Paulinas,\nMadrid 1983, 931-943; ERMANNO ANCILLI, \u201cLa Mistica: alla ricerca di una\ndefinizione\u201d, en <em>La Mistica<\/em>. <em>Fenomenologia e riflessione\nteologica<\/em>, Roma 1984, I, 17-40;\nFEDERICO RUIZ, \u201cSan Giovanni della Croce\u201d (ib), 547-597; <em>M\u00edstico y Maestro. San Juan de la Cruz<\/em>, Espiritualidad, Madrid 1986; J. VICENTE\nRODR\u00cdGUEZ, <em>San Juan de la Cruz, Profeta enamorado de Dios y\nMaestro<\/em>, Madrid, 1987;\nSECUNDINO CASTRO, \u201cJesucristo en la m\u00edstica de Teresa y Juan de la Cruz\u201d, en <em>Mistico e Profeta<\/em>, Teresianum, Roma 1991, 179-210; CIRO GARC\u00cdA, \u201cSan Juan de la Cruz entre\nla escol\u00e1stica y la nueva teolog\u00eda\u201d, en <em>Dottore e Mistico<\/em>, Teresianum, Roma 1992, 91-129; JUAN MART\u00cdN\nVELASCO, \u201cExperiencia de Dios desde la situaci\u00f3n y la conciencia de la\nausencia\u201d, <em>Actas del Congreso Internacional Sanjuanista<\/em>, Valladolid 1993, III, 214-247; IAIN MATTHEW, <em>The impact of<\/em> <em>God, Soundings from St John of\nthe Cross<\/em>, London -Sydney-Auckland 1995; FEDERICO RUIZ, <em>M\u00edstico y Maestro. San Juan de la Cruz, <\/em>Madrid\n1986; 2\u00aa ed. 2006.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Luis Ar\u00f3stegui<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I. Los t\u00e9rminos Experiencia. Juan de la Cruz usa el t\u00e9rmino experiencia, b\u00e1sicamente, en la acepci\u00f3n actual. La contrapone a lo que se sabe por ciencia (LB 1,15; 3,30), y puede ser propia y ajena. La propia es la \u201cexperiencia &hellip; <a href=\"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3688\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":""},"categories":[23],"tags":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p2dsrC-Xu","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3688"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3688"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3688\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3689,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3688\/revisions\/3689"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3688"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3688"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3688"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}