{"id":3729,"date":"2020-02-15T10:42:36","date_gmt":"2020-02-15T16:42:36","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3729"},"modified":"2021-02-15T10:44:35","modified_gmt":"2021-02-15T16:44:35","slug":"fuego-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3729","title":{"rendered":"Fuego"},"content":{"rendered":"\n<p>Incluido entre los\ncuatro elementos naturales (CB 4,2), J. de la Cruz, siguiendo la tradici\u00f3n\nfilos\u00f3fica en que se form\u00f3, considera al fuego como el fundamental, porque\n\u201cconcurre con todos para la animaci\u00f3n y conservaci\u00f3n de ellos\u201d. Lo mismo que el\n&nbsp;agua y el &nbsp;aire, le sirve de base para numerosas aplicaciones\nespirituales a trav\u00e9s del simbolismo. Las propiedades naturales del fuego\n\u2013calentar, purificar, quemar e iluminar\u2013 son referentes importantes para\nadoctrinar en las v\u00edas del esp\u00edritu. Las aplicaciones m\u00e1s importantes en la\npluma sanjuanista son las siguientes.<\/p>\n\n\n\n<p>1. EL FUEGO Y EL APETITO.\nAsentado que los apetitos, dejados a su br\u00edo natural, \u201cprivan del esp\u00edritu de\nDios\u201d (S 1,6,1) y cansan, fatigan y ensucian al alma, lo ilustra J. de la Cruz\ncon una serie de comparaciones muy pl\u00e1sticas: \u201cSon como unos hijuelos inquietos\ny mal contentos\u201d (ib. n. 6), concluyendo con esta especie de aforismo:\n\u201cCom\u00fanmente dicen que el apetito es como el fuego, que, ech\u00e1ndole le\u00f1a, crece y\nluego la consume\u201d (ib.).<\/p>\n\n\n\n<p>Si se tiene en\ncuenta la importancia decisiva de los &nbsp;apetitos en la\ns\u00edntesis sanjuanista, es f\u00e1cil comprender el alcance de la asimilaci\u00f3n de los\nmismos al fuego. Siguiendo esa l\u00ednea comparativa llega a sostener que el\napetito es peor que el fuego en los efectos negativos o destructivos: \u201cY aun el\napetito es peor en esta parte, porque el fuego, acab\u00e1ndose la le\u00f1a, descrece; mas\nel apetito no descrece en aquello que se aument\u00f3 cuando se puso por obra,\naunque se acabe la materia, sino que en lugar de descrecer, como el fuego\ncuando se le acaba la suya, \u00e9l desfallece en fatiga, porque queda crecida el\nhambre y disminuido el manjar\u201d (S 1,6,7).<\/p>\n\n\n\n<p>En complacer a los\napetitos \u201ccrece el fuego de la angustia y del tormento\u201d, porque son como las\nespinas, que \u201chieren y lastiman y asen y dejan dolor\u201d (S 1,7,1). La asimilaci\u00f3n\nde los apetitos al fuego recibe un sentido casi contrario cuando J. de la Cruz\ntrata de la purificaci\u00f3n. La relaci\u00f3n entre fuego y apetitos es entonces a la\ninversa, ya que es precisamente el fuego de la contemplaci\u00f3n la que purifica\nlos apetitos y consume sus efectos perniciosos.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa correlaci\u00f3n de\nalcance mucho mayor es la plasmada en el simbolismo tradicional del \u201cfuego y\ndel madero\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>2. EL FUEGO Y EL LE\u00d1O. El\ns\u00edmbolo de viejo abolengo en la tradici\u00f3n espiritual adquiere puesto de primer\norden en la s\u00edntesis sanjuanista. El Santo prefiere la f\u00f3rmula \u201cfuego y\nmadero\u201d, frente a la del \u201chierro y el fuego\u201d. Propuesto el itinerario de la\nperfecci\u00f3n como proceso de conversi\u00f3n del \u201chombre viejo en nuevo\u201d, o transformaci\u00f3n de sensual en espiritual a trav\u00e9s de una catarsis total,\nest\u00e1 permanentemente representado en la figura del le\u00f1o o madero transformado\npor el fuego en ascua y llama.<\/p>\n\n\n\n<p>Es el s\u00edmbolo\nb\u00e1sico que enlaza entre s\u00ed literaria y doctrinalmente todas las obras de J. de\nla Cruz, especialmente la <em>Noche oscura <\/em>y la <em>Llama de amor viva<\/em>. El le\u00f1o encendido y purgado de humedad y maleza\ncorresponde al proceso purificativo (S-N), el madero vuelto llama representa la\nuni\u00f3n transformante (CE-Ll). As\u00ed se explica que el s\u00edmil \u00edgneo aparezca tan\npronto como el Santo adelanta su proyecto espiritual centrado en la depuraci\u00f3n\nespiritual: \u201cPara llegar a la divina uni\u00f3n el alma ha de carecer de todos los\napetitos, por m\u00ednimos que sean\u201d (S 1,11, t\u00edt.). La afirmaci\u00f3n del Santo a este\nprop\u00f3sito es perentoria: \u201cSi no se acaban todos de quitar, no se acaba de\nllegar. Porque as\u00ed como el madero no se transforma en el fuego por un solo\ngrado de calor que falte en su disposici\u00f3n, as\u00ed no se transformar\u00e1 el alma en\nDios por una imperfecci\u00f3n que tenga, aunque sea menos que apetito voluntario\u201d\n(S 1,11,6).<\/p>\n\n\n\n<p>Esta primera\ncomparecencia del s\u00edmbolo permanece como referencia permanente a lo largo y\nancho de los escritos sanjuanistas. Como de costumbre, el Santo apela a la\nfilosof\u00eda para fundamentar la clave de la aplicaci\u00f3n al \u00e1mbito espiritual: lo\nque sucede en la naturaleza puede trasladarse figurativamente al esp\u00edritu. El\nrazonamiento del autor se desarrolla as\u00ed: \u201cSeg\u00fan regla de filosof\u00eda, todos los\nmedios han de ser proporcionados al fin\u201d. As\u00ed lo ilustran algunos ejemplos; el\nm\u00e1s claro es el del fuego: \u201cHase de juntar y unir el fuego en el madero. Es\nnecesario que el calor, que es el medio, disponga al madero primero con tantos\ngrados de calor que tenga gran semejanza y proporci\u00f3n con el fuego. De donde,\nsi quisiesen disponer al madero con otro medio que el propio, que es el calor\n(as\u00ed como con aire, o agua, o tierra) ser\u00eda imposible que el madero se pudiera\nunir con el fuego\u201d (S 2,8,2).<\/p>\n\n\n\n<p>a) <em>Crisol purificador<\/em>. Antes que el fuego encienda y transforme el madero en ascua y llama lo\nlimpia de humedades y escorias. Esta funci\u00f3n le compete al amor, \u201cque es\ncomparado al fuego\u201d, en el plano del esp\u00edritu: \u201cEl fuego del amor &#8230; a manera\ndel fuego material, se va prendiendo en el alma en esta noche de contemplaci\u00f3n\npenosa\u201d (N 2,11,1). Tal es la idea insistentemente reiterada por J. de la Cruz\ny expresada en t\u00e9rminos parecidos a \u00e9stos: \u201cPor m\u00e1s que el alma se ayude, no puede\nella activamente purificarse de manera que est\u00e9 dispuesta en la menor parte\npara la divina uni\u00f3n de perfecci\u00f3n de amor, si Dios no toma la\nmano y la purga en aquel fuego oscuro para ella\u201d (N 1,3,3).<\/p>\n\n\n\n<p>La obra depuradora\ndel amor divino que consume el moho y or\u00edn del alma, como el fuego en los\nmetales (N 2,6,5), permanece como referencia invariable a lo largo del proceso\ncat\u00e1rtico. En realidad, \u00e9ste no es otra cosa que la \u201cpurgaci\u00f3n del fuego de la\ncontemplaci\u00f3n\u201d (ib.). Insiste el Santo en que la \u201cnoticia amorosa\u201d de Dios se\ncomporta en el alma como \u201cse ha el fuego en el madero para transformarle en s\u00ed\u201d\n(N 2,10,1). Es tan cabal la semejanza que el autor se complace en los detalles\nfigurativos. Lo primero que hace el fuego material, \u201cen aplic\u00e1ndose al madero\nes comenzarle a secar, ech\u00e1ndole la humedad fuera y haci\u00e9ndole llorar el agua\nque en s\u00ed tiene; luego le va poniendo negro, oscuro y feo, y aun de mal olor, y\ny\u00e9ndole secando poco a poco, le va sacando a luz y echando afuera todos los\naccidentes feos y oscuros que tiene contrarios al fuego; y, finalmente,\ncomenz\u00e1ndole a inflamar por de fuera y calentarle, viene a trasformarle en s\u00ed y\nponerle tan hermoso como el mismo fuego\u201d (N 2,10,1). Prosigue el texto con la\naplicaci\u00f3n espiritual correspondiente, despu\u00e9s de enlazar con estas palabras:\n\u201cA este mismo modo, pues, hebemos de filosofar acerca de este divino fuego de\namor de contemplaci\u00f3n\u201d (ib. n. 2, es obligada la lectura de todo este cap. 10 y\nde LlB 1,19.25).<\/p>\n\n\n\n<p>En estos textos\nqueda bien establecida la correlaci\u00f3n de los efectos del fuego natural con las\netapas del proceso espiritual. Sin que exista soluci\u00f3n de continuidad la acci\u00f3n\npurificadora va volvi\u00e9ndose, poco a poco y de modo casi insensible, iluminante\ne inflamante (N 2,12,1): \u201cA los principios que comienza esta purgaci\u00f3n\nespiritual, todo se le va a este divino fuego m\u00e1s en enjugar y disponer la\nmadera del alma que en calentarla; pero ya andando el tiempo, cuando ya este\nfuego va calentando el alma, muy de ordinario siente esta inflamaci\u00f3n y calor\nde amor\u201d (N 2,12,5).<\/p>\n\n\n\n<p>A medida que crece\nel fuego de la \u201cm\u00edstica y amorosa teolog\u00eda &#8230; la voluntad se afervora\nmaravillosamente, ardiendo en ella, sin ella hacerse nada, este divino fuego de\namor en vivas llamas, de manera que ya al alma le parece \u00e9l vivo fuego por\ncausa de la viva inteligencia que se le da\u201d (ib.). El le\u00f1o se ha transformado\nen llama.<\/p>\n\n\n\n<p>b)<em> Llama que consume y no da pena<\/em>. As\u00ed se define en <em>C\u00e1ntico <\/em>y <em>Llama <\/em>la vertiente transformante del amor-fuego. Para\ncomprender este proceso hay que recordar con el Santo que \u201cen el amamante el\namor es llama que arde con apetito de arder m\u00e1s, seg\u00fan hace la llama del fuego\nnatural\u201d (CB 13,12). Se trata de aprovechar todo aquello que contribuye a que\nla llama se avive y mantenga. De ah\u00ed que, \u201ccomo suelen echar agua en la fragua\npara que se encienda y afervore m\u00e1s el fuego, as\u00ed el Se\u00f1or suele hacer con\nalgunas de estas almas que andan con calmas de amor\u201d (CB 11,1).<\/p>\n\n\n\n<p>El estado del le\u00f1o\ncuando ya el fuego lo ha convertido en llama le sirve al Santo para establecer\nmagn\u00edficas comparaciones entre la situaci\u00f3n del alma durante el proceso\ncat\u00e1rtico y cuando ya ha llegado a la &nbsp;uni\u00f3n\ntransformante. El mismo fuego y llama que en el primer estadio eran\n\u201cdetractivos y arg\u00fcidores\u201d se vuelven pac\u00edficos y deleitables. Cuando el alma\nest\u00e1 ya \u201ctan transformada y conforme con Dios, como el carb\u00f3n lo est\u00e1 con el\nfuego, sin aquel humear y respendar que hac\u00eda antes que lo estuviese, y sin la\noscuridad y accidentes propios que ten\u00eda antes que del todo entrase el fuego en\n\u00e9l. Las cuales propiedades de oscuridad, humear y respendar, ordinariamente\ntiene el alma con alguna pena y fatiga acerca del amor de Dios, hasta que\nllegue a tal grado de perfecci\u00f3n de amor, que posea el fuego de amor llena y cumplida\ny suavemente, sin pena de humo y de pasiones y accidentes naturales, pero\ntransformada en llama suave, que la consumi\u00f3 acerca de todo eso y la mud\u00f3 en\nDios, en que sus movimientos y acciones son ya divinas\u201d (CA 38,11).<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed enlaza\npo\u00e9tica y doctrinalmente la <em>Llama de amor viva. <\/em>No hace al caso insistir en su tem\u00e1tica, todo ella\ncentrada en el simbolismo del fuego convertido en &nbsp;llama. Hay que\nsituarse en la declaraci\u00f3n prologal para captar el sentido de las numerosas\nvariaciones del s\u00edmbolo central: \u201cBien as\u00ed como, aunque habiendo entrado el\nfuego en el madero, le tenga transformado en s\u00ed y est\u00e1 ya unido con \u00e9l,\ntodav\u00eda, afervor\u00e1ndose m\u00e1s el fuego y dando m\u00e1s tiempo en \u00e9l, se pone mucho m\u00e1s\ncandente e inflamado, hasta centellear fuego de s\u00ed y llamear\u201d (pr\u00f3l. 3). Es lo\nque sucede con el alma transformada, que siempre puede \u201ccalificarse y\nsubstanciarse mucho m\u00e1s en el amor\u201d (ib.). Ese llamear y centellear del amor\ndivino en el alma es lo que describe maravillosamente la <em>Llama<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>El aspecto m\u00e1s\nimportante y destacado en relaci\u00f3n al tema simb\u00f3lico del fuego es la\nidentificaci\u00f3n de la \u201cllama\u201d con el &nbsp;Esp\u00edritu Santo (LlB 1,3.9.19; 2,3, etc.), que \u201ccomo fuego\narde en el alma y echa llama &#8230; y aquella llama, cada vez que llamea, ba\u00f1a al\nalma en gloria y la refresca en temple de vida divina\u201d (LlB 1,3). Esa llama\ninterior del Esp\u00edritu Santo es la que apareci\u00f3 exteriormente sobre los\nAp\u00f3stoles, representando y significando la luz interior que les inundaba (N\n2,20,4; CB 1415,10; LlB 2,3). A esa llama-Esp\u00edritu Santo se atribuyen todos los\nefectos del llamear: las heridas de amor, el &nbsp;cauterio (2,2),\nlas llagas regaladas, la &nbsp;transverberaci\u00f3n (2,9), las l\u00e1mparas de fuego con sus\nresplandores (3,1-8), etc.<\/p>\n\n\n\n<p>Puede sintetizarse\ntodo el estado del alma vuelta llama en esta operaci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, que\nse manifiesta en el llamear mediante actos interiores, que son \u201cinflamaciones\nde amor en que unida la voluntad del alma, ama subid\u00edsimamente, hecha un amor\ncon aquella llama &#8230; La diferencia que hay entre el h\u00e1bito y el acto, hay\nentre la transformaci\u00f3n de amor y la llama de amor, que es la que hay entre el\nmadero inflamado y la llama de \u00e9l: que la llama es efecto del fuego que all\u00ed\nest\u00e1\u201d (LlB 1,3).<\/p>\n\n\n\n<p>Es claro que el\ns\u00edmbolo del fuego conecta directamente con el de la noche oscura en cuanto\nproceso de catarsis, y que indirectamente lo prolonga en sus efectos. Forman en\nconjunto una cadena que enlaza y armoniza perfectamente todo el pensamiento\nsanjuanista. Considerado aisladamente, el del fuego es acaso el s\u00edmbolo m\u00e1s\ncomprensivo de todos los desarrollados por J. de la Cruz en sus escritos.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Eulogio Pacho<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Incluido entre los cuatro elementos naturales (CB 4,2), J. de la Cruz, siguiendo la tradici\u00f3n filos\u00f3fica en que se form\u00f3, considera al fuego como el fundamental, porque \u201cconcurre con todos para la animaci\u00f3n y conservaci\u00f3n de ellos\u201d. 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