{"id":3745,"date":"2020-02-15T11:06:26","date_gmt":"2020-02-15T17:06:26","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3745"},"modified":"2021-02-15T11:09:09","modified_gmt":"2021-02-15T17:09:09","slug":"hermosura-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3745","title":{"rendered":"Hermosura"},"content":{"rendered":"\n<p>La belleza es una\nconstante en toda la obra de J. de la Cruz, &nbsp;poes\u00eda y prosa. El\nlector que se acerca por primera vez a sus poemas \u2013sea creyente o no\u2013, se\nencontrar\u00e1, sin duda, envuelto en una atm\u00f3sfera est\u00e9tica que eleva su\nsensibilidad y su percepci\u00f3n del mundo a una transparencia inhabitual. Pero\nquiz\u00e1 se desanime si, para comprender y saborear esta atm\u00f3sfera, se atreve a\nentrar en la &nbsp;prosa m\u00edstica, ya que \u00e9sta presenta un nivel de\ncomplejidad conceptual y anal\u00edtica que no parece acordarse, para algunos, con\nla fuerza intuitiva de los poemas.<\/p>\n\n\n\n<p>No vamos a\nocuparnos, por tanto, en este art\u00edculo de los poemas, cuyo lirismo por s\u00ed s\u00f3lo\nnos envuelve, sino justamente de esa prosa, para muchos inaccesible. Es en los\ncomentarios a los poemas donde el propio poeta desarrolla, m\u00e1s all\u00e1 del canto,\nsu sensibilidad est\u00e9tica y la conciencia de esta misma sensibilidad \u2013sus\nfundamentos, limitaciones y alcance\u2013 en el desarrollo de la vida espiritual. Es\nen la prosa donde el poeta m\u00edstico, ayudado por lo dem\u00e1s de su profunda\nformaci\u00f3n filos\u00f3fica y teol\u00f3gica, pone en marcha todos los recursos literarios\ny dial\u00e9cticos que posee para vertebrar est\u00e9ticamente una obra en la que Amor y\nBelleza confluyen en una \u00fanica experiencia m\u00edstica de incomparable altura.<\/p>\n\n\n\n<p>Si los valores de\nlo bueno (<em>virtudes morales<\/em>) y de lo verdadero (<em>ideas <\/em>claras y distintas acerca de la realidad), son\nsuperados y subsumidos en la tiniebla de la &nbsp;fe, los valores de\nlo bello (<em>sentimientos <\/em>de gloria), son realzados en la iluminaci\u00f3n de gloria que\nacontece en <em>Llama<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Mucho antes de la\nglorificaci\u00f3n, sin embargo, el aliento po\u00e9tico y la visi\u00f3n enamorada ante la\nbelleza recorren todas las p\u00e1ginas de nuestro autor, hasta las de m\u00e1s\nsustanciosa y \u00e1rida doctrina en las purificaciones nocturnas. Una evocaci\u00f3n\nardiente y nost\u00e1lgica, un clamor anhelante, por esa hermosura \u201cque se halla por\nventura\u201d, y \u201cs\u00f3lo se ve por fe\u201d atraviesa en ansias la opacidad de la noche, y\nla vence al fin. La belleza no es tema de reflexi\u00f3n, sino aguij\u00f3n que espolea\nla b\u00fasqueda y provoca el \u00e9xtasis. Marcada por la intuici\u00f3n de la belleza no es\nla m\u00edstica de J. de la Cruz una m\u00edstica intelectual, sino m\u00e1s bien una m\u00edstica\ncordial, de un coraz\u00f3n enamorado de la Belleza inefable de &nbsp;Dios, y apasionadamente\narrastrado en pos de su huella.<\/p>\n\n\n\n<p>El tono en el que\nse expresa la aspiraci\u00f3n sanjuanista por la belleza, que impregna toda su\nconsideraci\u00f3n de la naturaleza \u2013hasta llegar a conocer esencialmente a las &nbsp;criaturas por Dios\ny no a la inversa (LlB 4,5)\u2013, es profundamente cristiano; a pesar de que el\nlirismo desbordado de algunas estrofas y comentarios de <em>C\u00e1ntico<\/em>, haya dado lugar\na interpretaciones pante\u00edstas. El sentimiento de la belleza en J. de la Cruz se\nenra\u00edza en &nbsp;Cristo como Verbo encarnado y florece en El, en sus\nmisterios, porque toda la hermosura humana y divina se ha manifestado en su\nrostro. Y as\u00ed como Dios no tiene otra palabra ya despu\u00e9s de Cristo (Av 99), la\nbelleza no tiene otra faz que la que en El ha sido revelada. En esta faz\ndesfigurada y en este cuerpo maltratado y muerto en la cruz, resplandecido\nluego en la ma\u00f1ana gloriosa de la resurrecci\u00f3n, se encuentra el sacramento de\nla Belleza inefable, y es el espejo donde el alma sanjuanista se mira. Y es que\ndespu\u00e9s de la manifestaci\u00f3n de gracia que es la creaci\u00f3n misma, es el misterio\nde la Encarnaci\u00f3n el que mejor revela la Belleza invisible de Dios. Este\nsentido cristiano queda patente en el comentario a la estrofa 5 del <em>C\u00e1ntico<\/em>, que recoge\nadem\u00e1s con citas b\u00edblicas (desde el G\u00e9nesis, hasta san Pablo, pasando por el\nevangelio de Juan) toda la secuencia de creaci\u00f3n encarnaci\u00f3n redenci\u00f3n: \u201cY as\u00ed\nen este levantamiento de la Encarnaci\u00f3n de su Hijo y de la gloria de su\nResurrecci\u00f3n seg\u00fan la carne, no solamente hermose\u00f3 el Padre las criaturas en\nparte, m\u00e1s podremos decir que del todo las dej\u00f3 vestidas de hermosura y\ndignidad\u201d (CA 5,4).<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed pues, la &nbsp;b\u00fasqueda de la\nbelleza ha de atravesar por el misterio insondable de la cruz, y asumir la\nespesura del sufrimiento y de la muerte. Por eso la noche, s\u00edmbolo sanjuanista\npor excelencia, resume este misterio de agon\u00eda, de privaci\u00f3n, de oscuridad y\namarga purificaci\u00f3n, por una parte, y de sabrosa e \u00edntima comunicaci\u00f3n con Dios\nal mismo tiempo. La aridez y &nbsp;sequedad del desierto esconden una fuente, la oscuridad\nde la noche arropa una luz \u00edntima. En ausencia de materia, volumen o color,\ndonde se vierten y complacen los sentidos, la mirada se recoge y por la noche\noscura se remonta m\u00e1s all\u00e1 de todo gusto sensible y reflejo aparente, hasta el\ngozo esencial de la Belleza y Amor divinos.<\/p>\n\n\n\n<p>All\u00e1 \u201cel alma echa\nde ver claro que est\u00e1 puesta alejad\u00edsima y remot\u00edsima de toda criatura, de\nsuerte que le parece que la colocan en una profund\u00edsima y anch\u00edsima soledad\ndonde no puede llegar alguna humana criatura, como un inmenso desierto que por\nninguna parte tiene fin, tanto m\u00e1s deleitoso, sabroso y amoroso, cuanto m\u00e1s\nprofundo, ancho y solo, donde el alma se ve tan secreta cuando se ve sobre toda\ntemporal criatura levantada\u201d (N 2,17,6)<\/p>\n\n\n\n<p>En plena &nbsp;noche oscura nos\ncomunica el alma su admiraci\u00f3n ante la soledad sabrosa en la que se encuentra\ngraciosamente levantada: la altura, la anchura, la lejan\u00eda cualifican esta\natm\u00f3sfera ext\u00e1tica, que se nos antoja de una transparencia sutil, de una pureza\nindescriptible, de una paz sin l\u00edmites.<\/p>\n\n\n\n<p>El t\u00e9rmino belleza\nes de un uso escaso; la consideraci\u00f3n de la belleza se encuentra principalmente\nexpresada en los sin\u00f3nimos de &nbsp;gracia, gloria, y hermosura, y este \u00faltimo junto al verbo\nhermosear y el adjetivo hermoso, son t\u00e9rminos que se concentran principalmente\nen el <em>C\u00e1ntico<\/em>. Pero la belleza potencial del alma, as\u00ed como la Belleza\ninvisible est\u00e1n presentes con otros t\u00e9rminos o descripciones de estados de\ngracia a lo largo de toda la obra. Pues bien, para distinguir la consideraci\u00f3n que\nJ. de la Cruz hace del tema, dividimos este apartado en cuatro puntos, seg\u00fan la\nrealidad caracterizada por la belleza en cuesti\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<h3>I. \u201cDe ti me van\nmil gracias refiriendo\u201d: la hermosura de las criaturas<\/h3>\n\n\n\n<p>El cosmos es\nrastro de la belleza divina y reflejo de su hacedor, seg\u00fan nos ense\u00f1a el libro\nde la Sabidur\u00eda (13, 3-5). As\u00ed lo ha percibido J. de la Cruz, profundamente\nsensible a las bellezas naturales, seg\u00fan lo testimonian sus bi\u00f3grafos, y lo\ncantan con gran acierto sus propios poemas. Las criaturas son rastro y huella,\nreflejo y evocaci\u00f3n, pero por lo mismo la contemplaci\u00f3n de su belleza despierta\nen el coraz\u00f3n enamorado una profunda nostalgia, como aquel que recibiendo\nmensajes y dones del amado siente reavivarse el deseo del encuentro y plena\ncomunicaci\u00f3n con \u00e9l. De aqu\u00ed surge un clamor que es al tiempo alabanza y gemido\nde ausencia: \u201cComo las criaturas dieron al alma se\u00f1as de su Amado mostr\u00e1ndole\nen s\u00ed rastro de su hermosura y excelencia, aument\u00f3sele el amor, y por\nconsiguiente le creci\u00f3 el dolor de ausencia\u201d (C 6,2).<\/p>\n\n\n\n<p>En el poema del <em>C\u00e1ntico <\/em>descubrimos esta nostalgia, pero\nla naturaleza no tiene un valor secundario, tan solo como tel\u00f3n de fondo, como\nse podr\u00eda pensar por la tradici\u00f3n buc\u00f3lica-pastoril en la que este poema de\nalg\u00fan modo puede situarse. Tampoco es mero reflejo de las emociones y sentimientos\nal modo rom\u00e1ntico, donde el alma del artista se trasfunde con las energ\u00edas de\nla naturaleza. Ni esteticismo renacentista, ni pante\u00edsmo rom\u00e1ntico: La\nnaturaleza es <em>creaci\u00f3n<\/em>, en los\nescritos del Santo, y por ello puede tornarse <em>sacramento<\/em>, es decir, s\u00edmbolo de encuentro entre el hombre y su\ncreador.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta\nsacramentalidad, sin embargo, no es transparente, sino que es confusa y s\u00f3lo se\nmanifiesta en toda su plenitud en la revelaci\u00f3n de la gloria del Verbo, por\nquien todo fue hecho. As\u00ed, entre tanto, la creaci\u00f3n entera gime en J. de la\nCruz como en &nbsp;san Pablo, con los dolores del alumbramiento. El &nbsp;gemido resuena en\nel <em>C\u00e1ntico<\/em>, a la vez que en la noche nos alerta el m\u00edstico\nenamorado, sobre la ambig\u00fcedad y el enga\u00f1o de las bellezas visibles. Por la concupiscencia\nde los ojos y el af\u00e1n de posesi\u00f3n del deseo no purificado, las criaturas pueden\ntornarse \u00eddolos, y as\u00ed en lugar de reflejo ser\u00e1n obst\u00e1culo, opacidad que vela\nla Belleza del que Es. Como la distancia es tan grande entre &nbsp;Dios y las\ncriaturas, y en medio se interponen las tendencias desordenadas del alma, es\nnecesario un cierto apartamiento, la purificaci\u00f3n de la mirada se impone para\npoder descubrir a trav\u00e9s del don, al Dador: \u201cToda la hermosura de la criaturas,\ncomparada con la infinita hermosura de Dios, es suma fealdad&#8230;, y as\u00ed el alma\nque est\u00e1 aficionada a la hermosura de cualquier criatura, delante de Dios\nsumamente fea es, y por tanto no podr\u00e1 esta alma fea transformarse en la\nhermosura que es Dios, porque la fealdad no alcanza a la hermosura\u201d (S 1,4,4).<\/p>\n\n\n\n<h3>II. La belleza del\nalma: \u201cSu gracia en m\u00ed tus ojos imprim\u00edan\u201d<\/h3>\n\n\n\n<p>El alma, sujeto\nsanjuanista por excelencia, \u201cen s\u00ed es una hermos\u00edsima y acabada imagen de Dios\u201d\n(S 1, 9,1). El &nbsp;alma ha sido creada por Dios y para El , por eso est\u00e1\nconstantemente ilustrada por la luz divina, como &nbsp;vidriera o espejo\n\u2013que son algunas de las met\u00e1foras preferidas del m\u00edstico\u2013; pero por el desorden\ndel pecado, sus inclinaciones se tornan hacia las criaturas, y el apego a ellas\nempa\u00f1a su belleza pr\u00edstina, \u201cde la misma manera que pondr\u00edan los rasgos de\ntizne a un rostro muy hermoso y acabado\u201d (S 1,9,1). De aqu\u00ed se sigue la\nnecesidad de &nbsp;soledad y apartamiento; recogi\u00e9ndose en s\u00ed, el alma\nvendr\u00e1 a descubrir en su centro a Dios. \u201c\u00a1Oh, pues, alma hermos\u00edsima entre\ntodas las criaturas, que tanto deseas saber el lugar donde est\u00e1 tu Amado para\nbuscarle y unirte con El! ya se te dice que t\u00fa misma eres el aposento donde \u00c9l\nmora y el retrete y escondrijo donde est\u00e1 escondido; que es cosa de grande contentamiento\ny alegr\u00eda para ti ver que todo tu bien y esperanza est\u00e1 tan cerca de ti que\nest\u00e9 en Ti, o por mejor decir tu no puedas estar sin \u00e9l\u201d (CA 1,7). En la medida\nde su amor creciente el alma va siendo hermoseada y enaltecida por la mirada\ndivina, hasta tornarse ella, Dios por participaci\u00f3n. \u201cSu gracia en m\u00ed tus ojos\nimprim\u00edan. Por los ojos del Esposo entiende aqu\u00ed su divinidad misericordiosa,\nla cual, inclin\u00e1ndose al alma con misericordia, imprime e infunde en ella su\namor y gracia, con que la hermosea y levanta tanto, que la hace consorte de la\nmisma divinidad\u201d (C 32,4).<\/p>\n\n\n\n<h3>III. La belleza de\nDios: \u201cPor ser tal su hermosura que s\u00f3lo se ve por fe\u201d<\/h3>\n\n\n\n<p>La intuici\u00f3n\nnuclear de la obra de J. de la Cruz es la Belleza invisible, la Belleza\nincreada. Las criaturas son reflejo o participaci\u00f3n de esa fuente eterna de\ngracia: \u201cQue bien s\u00e9 yo la fonte que mana y corre \/ aunque es de noche\u201d \u201cs\u00e9 que\nno puede ser cosa tan bella \/ y que cielos y tierra beben della\u201d. Dios es el\nagente de toda gracia y belleza, de aqu\u00ed la abundancia del verbo hermosear,\nprincipalmente en <em>C\u00e1ntico<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Dios es\nincomparable, y m\u00e1s le conocemos por lo que no es, que por lo que es; los\ncaminos ignotos que conducen al alma hasta la luz suprema pasan por la &nbsp;noche oscura:\nnegaci\u00f3n de todas las v\u00edas naturales que ella pudiera imaginar o comprender. En\neste sentido podemos entender todo el proceso de &nbsp;purificaci\u00f3n\nnocturna como una puesta en evidencia de la insignificancia de las\ncomparaciones, y por tanto de la transcendencia del ser de Dios, con respecto a\ncualquier representaci\u00f3n humana. Frente a esta insignificancia en que el &nbsp;mundo se diluye en\nla atm\u00f3sfera nocturna, la imagen m\u00e1s adecuada para decir algo de lo que Dios\nes, de su belleza \u00fanica, simple y poderosa, es la de la luz. \u201cDios est\u00e1 como el\nsol sobre las almas para comunicarse a ellas\u201d (LlB 3,47) Esta luz \u2013al principio\ncegadora y violenta para el alma no purificada\u2013, pasa de ser objeto contemplaci\u00f3n,\na fuego activ\u00edsimo (LlB 1,8) de combusti\u00f3n inagotable que absorbe al alma en\ns\u00ed. Pero a pesar de su poderoso resplandor, la gloria de Dios no destruye al\nalma, sino que la transforma \u00edntimamente en su fuego de amor: \u201cLa sombra que\nhace al alma la l\u00e1mpara de la hermosura de Dios ser\u00e1 otra hermosura al talle y\npropiedad de aquella hermosura de Dios\u201d (LlB 3,14).<\/p>\n\n\n\n<h3>IV. La belleza de\nla uni\u00f3n: \u201cV\u00e1monos a ver en tu hermosura\u201d<\/h3>\n\n\n\n<p>Si la hermosura de\nlas criaturas es para el alma \u2013la m\u00e1s hermosa entre todas ellas, por ser imagen\ndel Creador\u2013 el primer indicio, se\u00f1al y equ\u00edvoco a la vez, de la Belleza\ndivina, toda la significaci\u00f3n de los apartados anteriores sustenta su peso en\neste \u00faltimo. Cuando J. de la Cruz se refiere a belleza, o hermosura, de\ncualquier modo que sea, ya manifiesta en la creaci\u00f3n, o en el alma misma, en\nrealidad est\u00e1 ahondando en este n\u00facleo de comunicaci\u00f3n de amor que existe desde\nsiempre entre el alma y Dios. De alguna manera cualquier otra referencia no es\nm\u00e1s que una forma de matizar estos flujos y corrientes de gracia que entre\nambos discurren, obstaculizados, agitados, empa\u00f1ados, o finalmente liberados en\ntoda su fuerza, en el estadio de la uni\u00f3n, cantado en <em>Llama<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>El alma\nanteriormente agitada por las turbaciones de los apetitos, reposa ahora en el\nseno del amor, \u201cY as\u00ed el alma no s\u00f3lo se acuesta en el lecho florido, sino en\nla misma flor, que es el Hijo de Dios, la cual en s\u00ed tiene divino olor y\nfragancia y gracia y hermosura\u201d (CB 24,1). En este reposo, recibe abundante\ngracia y deleites. Pero a su vez, como alma amante, por el ejercicio mismo del\namor siente ensanchada su capacidad de don y generosidad, y su pretensi\u00f3n es la\nigualdad de amor \u201cporque el amante no puede estar satisfecho si no siente que\nama cuanto es amado\u201d (CB 38,3). En consecuencia, para asemejarse m\u00e1s a su\nAmado, desea entrar m\u00e1s adentro en la espesura y canta \u201cV\u00e1monos a ver en tu\nhermosura\u201d. Pero resulta que esa espesura es la espesura de la cruz, como\nexplica en los comentarios a la estrofa 36 del <em>C\u00e1ntico<\/em>. El deseo acrecido e impaciente que se apresuraba\nen otro tiempo hacia la &nbsp;muerte de amor, sintiendo que la vida natural le era\nestrecha para recibir la anchura y copiosidad de Dios, viene a remansarse en la\nidentificaci\u00f3n con los padecimientos del EsposoCristo. Es en la cruz de Cristo\ndonde el \u201cdibujo de fe y el &nbsp;dibujo de amor\u201d (CB 12, 7) coinciden y se funden en un\n\u00fanico espejo donde mirarse y buscar el alma purificada su ser verdadero y su\nbelleza pr\u00edstina: \u201c\u00a1Y como el alma que de veras desea sabidur\u00eda divina desea\nprimero el padecer para entrar en ella en la espesura de la cruz!\u201d (CB 36, 13).\n<strong><em>&nbsp;<\/em><\/strong>Belleza, donaire, gracia, gloria.<\/p>\n\n\n\n<p>BIBL. \u2014 SAN JUAN DE LA CRUZ, <em>V\u00e1monos a ver en tu hermosura<\/em>, (antolog\u00eda en torno a la belleza, selecci\u00f3n de textos e introducci\u00f3n de M. S. Roll\u00e1n), Madrid 1989; H. URS VON BALTHASAR, <em>La gloire et la Croix II, de Jean de la Croix \u00e0 P\u00e9guy, <\/em>Paris 1972; MICHEL FLORISOONE, <em>Esth\u00e9tique et Mystique d\u00b4 apr\u00e8s<\/em> <em>Sainte Th\u00e9r\u00e8se et saint Jean de la Croix<\/em>, Paris 1956; OLEGARIO GONZ\u00c1LEZ DE CARDEDAL, \u201cEl \u2018Expolio\u2019 del Greco y el \u2018Grito\u2019 de D\u00edaz Castilla\u201d, en <em>Pasi\u00f3n de hombre-Pasi\u00f3n de Dios, <\/em>Salamanca 1984, 133188; EMILIO OROZCO, <em>Poes\u00eda y M\u00edstica<\/em>, Madrid 1959; Id. <em>M\u00edstica, pl\u00e1stica y barroco<\/em>, Madrid 1977; EULOGIO PACHO, <em>V\u00e9rtice de la poes\u00eda y de la m\u00edstica, <\/em>Burgos 1983; MAR\u00cdA DEL SAGRARIO ROLL\u00c1N, \u201cCuerpo y lenguaje como epifan\u00eda en San Juan de la Cruz\u201d, en <em>Actas del Congreso Internacional Sanjuanista, <\/em>III <em>Pensamiento <\/em>(1993) 395-406; JOS\u00c9 ANGEL VALENTE, <em>La piedra y el centro<\/em>, Madrid 1983.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Mar\u00eda del Sagrario Roll\u00e1n<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La belleza es una constante en toda la obra de J. de la Cruz, &nbsp;poes\u00eda y prosa. 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