{"id":3749,"date":"2020-02-15T11:09:13","date_gmt":"2020-02-15T17:09:13","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3749"},"modified":"2021-02-15T11:12:28","modified_gmt":"2021-02-15T17:12:28","slug":"hombre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3749","title":{"rendered":"Hombre"},"content":{"rendered":"\n<p>El hombre es una\nde las realidades m\u00e1s amplia y hondamente tratadas por J. de la Cruz. Igual que\nel hombre paulino (Rom 7,14ss), aparece como un ser concreto, hist\u00f3rico, con\ngrandes aspiraciones y m\u00faltiples limitaciones. Responde a la descripci\u00f3n del\nConcilio Vaticano II: \u201cA fuer de criatura, el hombre experimenta m\u00faltiples\nlimitaciones; se siente, sin embargo, ilimitado en sus deseos y llamado a una\nvida superior\u201d (GS 10). Es precisamente esa tensi\u00f3n interior y la llamada a la\nuni\u00f3n con Dios la que centra su mirada antropol\u00f3gica.<\/p>\n\n\n\n<p>Contempla al\nhombre en su realidad m\u00e1s profunda y en su totalidad; no se detiene en aspectos\nperif\u00e9ricos, sino que va a lo hondo de su ser. Tampoco le interesa el hombre\nfraccionado o bajo aspectos parciales, sino en su integridad. Busca siempre el\nsentido \u00faltimo y global de su existencia. Esta se despliega en un arco\nmaravilloso, que, desde su condici\u00f3n humana y finita, le abre al horizonte de\nla trascendencia y al encuentro definitivo con Dios. Este es el hombre concreto\ny existencial, sobrio y desprendido pero lleno de dignidad, en tensi\u00f3n\nantropol\u00f3gica, que fue J. de la Cruz y que \u00e9l mismo describe en su itinerario\nespiritual como ser encarnado y trascendente, vocacionado teologalmente a la\ncomuni\u00f3n con Dios, y tambi\u00e9n con vocaci\u00f3n de servicio.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta condici\u00f3n\nhumana, descrita en sus obras, antes que objeto de estudio es un proyecto existencial,\nque J. de la Cruz encarn\u00f3 en su propia vida. No se puede comprender lo que dice\nsobre el hombre, sino a partir de lo que \u00e9l fue como hombre, esto es, del\nproyecto de vida encarnado por \u00e9l en su historia personal. Esto explica la\narticulaci\u00f3n de nuestro estudio en dos partes. En la primera, recorriendo muy\nsomeramente las grandes etapas de su vida, tratamos de fijar sus coordenadas\nantropol\u00f3gicas fundamentales. En la segunda, siguiendo el proceso de maduraci\u00f3n\ndel hombre en camino hacia la meta, tratamos de descubrir los rasgos\nantropol\u00f3gicos esenciales del ser humano, retratado por J. de la Cruz en sus escritos.<\/p>\n\n\n\n<h3>I. El hombre que\nfue Juan de la Cruz<\/h3>\n\n\n\n<p>Las biograf\u00edas nos\npresentan a J. de la Cruz con su personalidad humana, rica y polivalente,\ndominada por el sentido de lo humano y de lo divino, arm\u00f3nicamente integrados.\nSon numerosos los testimonios que nos lo describen como hombre afable, sereno,\ndelicado, sol\u00edcito, agradecido&#8230; y enamorado de Dios. \u201cHombre celestial y\ndivino\u201d, como lo retrat\u00f3 &nbsp;S. Teresa de Jes\u00fas. Esta s\u00f3lo le trat\u00f3 durante quince\na\u00f1os, de 1567 a 1582. No lleg\u00f3 a verle en la plenitud de su madurez humana y\nespiritual, que fueron los \u00faltimos diez a\u00f1os de su vida. Sin embargo, nos ha\ndejado un testimonio precioso, que le retrata en su personalidad m\u00e1s honda.<\/p>\n\n\n\n<p>El P. Tom\u00e1s \u00c1lvarez\nha hecho un estudio del testimonio teresiano, que resulta imprescindible para\nel conocimiento de la figura del Santo. Recogemos aqu\u00ed uno de sus p\u00e1rrafos: \u201cEn\nuna especie de cinta corrida, la Madre Teresa lo va presentando como joven\ndecidido y emprendedor, como director espiritual lleno del \u2018esp\u00edritu de nuestro\nSe\u00f1or\u2019, como escritor primerizo, hombre fiel en la prueba, sin quiebras en la\namistad, apto para el gobierno, de aguante en el sufrimiento y \u2018con caudal para\nel martirio\u2019; pero sobre todo como hombre de experiencia espiritual, \u2018muy\nespiritual y de grandes experiencias y letras\u2019, \u2018hombre celestial y divino\u2019, \u2018harto\nsanto\u2019, \u2018el santico de fray Juan\u2019, \u2018es una gran pieza\u2019, \u2018pocos como \u00e9l\u2019, etc.\u201d\n(Tom\u00e1s \u00c1lvarez, \u201cLa Madre Teresa habla de fray Juan de la Cruz\u201d, en AA. VV., <em>Experiencia y pensamiento en San Juan de la\nCruz<\/em>, Madrid 1990, 401-402).<\/p>\n\n\n\n<p>Es un testimonio\nque refleja la madurez humana y espiritual de fray Juan. \u00bfPero c\u00f3mo se fue\nfraguando su personalidad? Destacamos, desde un punto de vista antropol\u00f3gico,\ntres aspectos: su condici\u00f3n pobre y humilde, que hace de \u00e9l un \u201chombre sin\natributos\u201d; su descubrimiento de Dios como lo verdaderamente real, el \u00fanico\n\u201catributo\u201d del que puede alardear; su entrega incondicional al plan de Dios y\nal servicio del hombre, que hacen de su vida uno de los mayores \u201ctributos\u201d o\ncanto al Esp\u00edritu y al mismo ser humano, en su m\u00e1s profunda identidad.<\/p>\n\n\n\n<p>1. \u201cEL HOMBRE SIN ATRIBUTOS\u201d.\nLa expresi\u00f3n es del escritor vallisoletano, Jos\u00e9 Jim\u00e9nez Lozano, en su\nintervenci\u00f3n en el Congreso Internacional Sanjuanista de 1991 (<em>El hombre sin atributos<\/em>, en <em>Actas del Congreso <\/em>II, 19-32).<\/p>\n\n\n\n<p>Quiere destacar un\ndato real de la vida de fray Juan, aunque est\u00e9 poco documentado y se encuentre\nen cierto sentido sublimado en sus biograf\u00edas; es su condici\u00f3n real de pobre,\nde una familia que lucha por la supervivencia, en \u00e9xodo de &nbsp;Fontiveros a &nbsp;Ar\u00e9valo, pasando\npor tierras toledanas, hasta recalar en &nbsp;Medina del Campo.\nEs el camino de \u00e9xodo que trazar\u00e1 m\u00e1s tarde en la <em>Subida del Monte Carmelo <\/em>y en el poema de\nla <em>Noche<\/em>: \u201cEn una noche oscura&#8230;, sal\u00ed sin ser notada estando ya\nmi casa sosegada\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>El \u201cstatus\u201d social\nde la familia de fray Juan es el de \u201cpobre\u201d, \u201cpobre por Dios\u201d, \u201cpobres sin\nhistoria\u201d, sin nombre y apellidos, que s\u00f3lo figuraban en la inscripci\u00f3n del\nlibro de bautizos o de matrimonios o de difuntos, pero cuya fe les revest\u00eda de\nuna dignidad especial, esperando en \u00faltimo t\u00e9rmino sentarse junto a Agust\u00edn de\nTagaste, Jer\u00f3nimo o la misma Reina de los cielos.<\/p>\n\n\n\n<p>Los padres de fray\nJuan, Gonzalo de Yepes y Catalina \u00c1lvarez, se instalaron \u201cen los arrabales\u201d de\nFontiveros. Posteriormente, muerto el padre (1543), Catalina con sus hijos, se\ntraslada a Fontiveros (1548). Aqu\u00ed viven tambi\u00e9n en el barrio extramuros, donde\nhabitan \u201cgentes de oficios modestos y hortelanos cuyos hijos apadrinan los\nYepes que tambi\u00e9n tienen un oficio semejante: burateros o tejedores, y la misma\nvida invisible\u201d. Son las capas sociales m\u00e1s pobres, \u201clos invisibles\u201d, los que\nno tienen historia, los sin atributos.<\/p>\n\n\n\n<p>Jos\u00e9 Jim\u00e9nez\nLozano quiere \u201cenfatizar ese dato de la ni\u00f1ez y adolescencia de Juan de la Cruz\nen la pobreza, no s\u00f3lo porque es de un grosor decisivo en la vida y el\npensamiento del Santo, como muy bien vio Baruzi, sino para mostrar un atributo\nde esta pobreza que nos sit\u00faa en su concreta realidad hist\u00f3rica: su\nmudejarismo\u201d (ib. 23). Es s\u00f3lo un dato antropol\u00f3gico y cultural que \u2013seg\u00fan\nJim\u00e9nez Lozano\u2013 no se puede extrapolar, como pretenden As\u00edn Palacios o Luce\nL\u00f3pezBaralt, hasta el extremo de ver en \u00e9l las influencias de su doctrina\nm\u00edstica o de sus s\u00edmbolos: \u201cMi prop\u00f3sito es a la vez m\u00e1s modesto y ambicioso:\nel de preguntarme por el perfil antropol\u00f3gico de Juan de la Cruz, un mud\u00e9jar o\nmorisquillo no porque guste del agua, de la umbr\u00eda y de la huerta, sea tan\nf\u00e1cil de pisotear y muy moreno o haga oraci\u00f3n sentado en el suelo sobre sus\nrodillas&#8230;, sino porque es un pobre: un hombre sin atributos e invisible. Tal\nes lo profundo y primigenio de su biograf\u00eda, y eso es lo que seguir\u00e1 estando en\nella, en su doctrina m\u00edstica, en su visi\u00f3n del mundo y en su actitud \u00e9tica y\nest\u00e9tica\u201d (ib. 25).<\/p>\n\n\n\n<p>Coherente con esta\nactitud, cuando estudiaba y trabajaba en el Hospital de las Bubas de Medina, no\naceptar\u00e1 la propuesta del administrador del hospital, que le ofrec\u00eda atributos\ny visibilidad para su vida, esto es, \u201chacer la carrera y conseguir la\nestabilidad econ\u00f3mica y la respetabilidad social: un confortable \u2018status\u2019 y un\nnombre, y quiz\u00e1s, al final, los honores&#8230; Pero dio un \u2018no\u2019 por respuesta, y\nescogi\u00f3 el camino del escondimiento en una orden religiosa que, por otra parte,\ndistaba de tener prestigio mundanal o religioso, en el otro mundo de la\nIglesia\u201d (ib. 26).<\/p>\n\n\n\n<p>2. DIOS, LO \u201cREAL ULTIMO\u201d, SU\n\u00daNICO \u201cATRIBUTO<em>\u201d. <\/em>Dentro del Carmelo (de la Antigua Observancia), se le ofrece una segunda\noportunidad de alcanzar los atributos del saber, cursando estudios en\nSalamanca. Aqu\u00ed se fragu\u00f3 su personalidad intelectual. Y de all\u00ed\nvolvi\u00f3 convertido en el \u201cSenequita\u201d de S. Teresa, que no gustaba precisamente\nde semiletrados. La Santa qued\u00f3 fascinada en su primer encuentro con \u00e9l. Pero\nla \u00e9poca salmantina fue tambi\u00e9n la de mayor \u201cmundanidad\u201d en su vida, sobre todo\nen el \u00e1mbito cultural, que le tocaba m\u00e1s de cerca: \u201cTodo ese universo\nsalmantino con su ruido de luchas y sus encandilamientos para el coraz\u00f3n y el\nintelecto, y su dramatismo final, nos permiten medir de alg\u00fan modo lo que para\nJuan de la Cruz fue aquella su traves\u00eda en el acopio de saber, que\ninevitablemente estuvo rodeada de mundo y de la relucencia de los atributos del\nmundo y del poder culturales\u201d (ib. 27).<\/p>\n\n\n\n<p>Baruzi habla de la\nexperiencia de &nbsp;Salamanca como una especie de conversi\u00f3n o descubrimiento\ndel camino que le conduc\u00eda m\u00e1s directamente a \u201cno querer ser algo en nada\u201d (S\n1,13,6.11). Es en este cap\u00edtulo del libro primero de <em>Subida <\/em>donde J. de la\nCruz ha formulado de manera m\u00e1s vigorosa su doctrina de la desnudez y el\ndesasimiento, imitando as\u00ed a Jesucristo, \u201cel cual en esta vida no tuvo otro\ngusto, ni le quiso, que \u2018hacer la voluntad de su Padre\u2019\u201d (ib. 4). Y comenta:\n\u201cEn esta desnudez halla el espiritual su quietud y descanso, porque no\ncodiciando nada, nada le fatiga hacia arriba y nada oprime hacia abajo, porque\nest\u00e1 en el centro de la humildad\u201d (ib. 13).<\/p>\n\n\n\n<p>Fue precisamente a\nla vuelta de Salamanca cuando le confiesa a la Madre Teresa su prop\u00f3sito de\nirse a la Cartuja; quer\u00eda enterrar en ella todo ese mundo de la \u201cfrailer\u00eda y\nestudio\u201d; le parec\u00eda a \u00e9l demasiada mundanidad, \u201cdemasiados atributos o promesa\nde ellos\u201d. Le parec\u00eda tambi\u00e9n insuficiente el retiro y el desprendimiento que\nhab\u00eda encontrado en el Carmelo. Es entonces cuando Teresa de Jes\u00fas le presenta\nel proyecto de la Reforma entre los frailes.<\/p>\n\n\n\n<p>En este\ndesprendimiento del mundo y de sus atributos lo que gu\u00eda a J. de la Cruz no es\nel rechazo del mundo en cuanto tal, sino la b\u00fasqueda de lo \u00danico Absoluto, de\nlo Real Ultimo, del Solo Atributo de su vida: Dios. Esta es la meta que orienta\nsus pasos y el objetivo que se propone en todos sus escritos: la uni\u00f3n con\nDios. Comenta a este prop\u00f3sito Jim\u00e9nez Lozano: \u201cLa doctrina de la desposesi\u00f3n y\nel olvido, de la circuncisi\u00f3n y negaci\u00f3n, no es en Juan de la Cruz una ascesis\ndeterminada por un \u2018odium mundi\u2019 u \u2018odium carnis\u2019, ni una doctrina nihilista.\nEs un colosal esfuerzo epistemol\u00f3gico o de conocimiento de lo real, en primer\nlugar, y luego, el establecimiento del hombre en esa realidad. Juan no niega\nning\u00fan valor, ni odia al mundo, ni al hombre: dice simplemente que sin\ndesposesi\u00f3n y olvido el hombre est\u00e1 lleno de atributos que son mancha, cadena,\nobst\u00e1culo e impedimento de abrirse a lo Real Ultimo y de conocer realmente en\nsu realidad el mundo y toda aquella criatura que s\u00f3lo el encuentro con ese Real\nUltimo ilumina y muestra y entrega en su verdad\u201d (ib. 29).<\/p>\n\n\n\n<p>Embarcado en la\nReforma teresiana ( Duruelo 1568),\nfray Juan contin\u00faa su camino de desposesi\u00f3n del mundo y de b\u00fasqueda de Dios; es\nel camino de la \u201cnada\u201d para llegar al \u201ctodo\u201d, caracter\u00edstico de su\nespiritualidad. Es el mismo camino que comienza a ense\u00f1ar a los frailes en &nbsp;Mancera, Pastrana,\nAlcal\u00e1 y a las monjas en la Encarnaci\u00f3n de &nbsp;\u00c1vila. Durante\ncinco a\u00f1os (15721567), a ruegos de la Madre Teresa, ejerce aqu\u00ed su ministerio de\nconfesor, hasta que el 2 de diciembre es apresado por los Calzados y conducido a\n&nbsp;Toledo, donde permanecer\u00e1 ocho meses en la c\u00e1rcel\nconventual.<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed el desprendimiento\nde todos los atributos humanos es total. Su \u00fanico atributo es Dios. Y Dios en\nla comunicaci\u00f3n m\u00e1s \u00edntima de su misterio, que ilumina la oscura noche de la\nc\u00e1rcel toledana y llena de luz y colorido su vida. As\u00ed lleg\u00f3 fray Juan a\ndescubrir la realidad m\u00e1s honda de su ser y a instalarse en ella; as\u00ed surgi\u00f3 el\npoema m\u00e1s bello de la l\u00edrica espa\u00f1ola, que es un canto a la hermosura de Dios y\nde las criaturas: el poema del <em>C\u00e1ntico\nespiritual<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Es significativo\nel t\u00edtulo con que Federico Ruiz describe este hecho central en la vida de J. de\nla Cruz: \u201cNoche y aurora. Transfiguraci\u00f3n en Toledo\u201d (<em>Dios habla en la noche<\/em>, 157-188). Fue realmente una transformaci\u00f3n maravillosa,\nuna profunda vivencia m\u00edstica y po\u00e9tica: \u201cPor una extra\u00f1a reacci\u00f3n, las\nprivaciones del calabozo le provocan exuberancia m\u00edstica y po\u00e9tica. Ser\u00e1 por\nley de compensaci\u00f3n, o porque la desnudez de esp\u00edritu deja al descubierto los\nmanantiales m\u00e1s hondos de energ\u00eda interior\u201d (ib. 171). A prop\u00f3sito del poema,\ncomenta: \u201cEn condiciones de estrechez, oscuridad, par\u00e1lisis, malos olores, \u2018en\nuna tumba\u2019, ha compuesto el poema con mayor sensaci\u00f3n de espacio ancho,\npaisaje, movimiento, perfume, de la poes\u00eda espa\u00f1ola\u201d (ib. 172). Recoge tambi\u00e9n\nla interpretaci\u00f3n que de la c\u00e1rcel dio posteriormente el mismo fray Juan en\ntres planos: <em>Generosidad divina: <\/em>\u2018Una sola merced de las que Dios all\u00ed me hizo no se puede\npagar con muchos a\u00f1os de carcelilla\u2019. <em>Actitud personal: <\/em>\u2018No piense otra\ncosa sino que todo lo ordena Dios; y adonde no hay amor, ponga amor y sacar\u00e1\namor\u2019. <em>Responsables de los hechos: <\/em>\u2018Obraban as\u00ed, porque pensaban que acertaban\u2019\u201d (ib. 174).<\/p>\n\n\n\n<p>3. SU \u201cCANTO\u201d AL ESP\u00cdRITU Y AL\nSER DEL HOMBRE. Su vivencia m\u00edstica y po\u00e9tica en la c\u00e1rcel toledana se traduce\nen un \u201ccanto\u201d al Esp\u00edritu y al ser del hombre, que se prolongar\u00e1 en su intensa\nactividad y fecundo magisterio, ejercido durante los diez a\u00f1os que reside en\nAndaluc\u00eda (1578-1588). La purificaci\u00f3n interior de la noche tens\u00f3 su esp\u00edritu y\npuso al descubierto los manantiales m\u00e1s hondos de su energ\u00eda interior. As\u00ed\ninterpretan los sanjuanistas la experiencia vivida por el Santo durante los\nnueve meses de prisi\u00f3n. El despojo all\u00ed sufrido es lo m\u00e1s parecido a esa\n\u201ctempestuosa y horrenda noche\u201d (N 2,7,3), descrita por \u00e9l mismo en el segundo\nlibro de la <em>Noche <\/em>y que va unida a la experiencia de uni\u00f3n con Dios. Seg\u00fan estos estudios,\nall\u00ed habr\u00eda tenido lugar el matrimonio espiritual. De lo contrario, no se\nexplicar\u00eda ni la resistencia de fray Juan ante las \u201chorribles\u201d pruebas f\u00edsicas\ny morales, ni el sentido del poema del <em>C\u00e1ntico espiritual<\/em>, ni\nel motivo de su huida de la c\u00e1rcel en una noche de mediados de agosto de 1588.<\/p>\n\n\n\n<p>El Santo hab\u00eda\ndescubierto el rostro de Dios, que buscaba desde su tierna infancia; se hab\u00eda\nencontrado con la Realidad del misterio y no pod\u00eda guard\u00e1rselo para s\u00ed: ten\u00eda\nque comunicarlo a los dem\u00e1s. \u201cHabiendo llegado al descubrimiento del rostro del\nAbsoluto \u2013dice Morel\u2013, el m\u00edstico descubre tambi\u00e9n con renovado vigor la tarea\nque le aguarda en el mundo, que es la de guiar a los otros seres para que\ndespierten del sue\u00f1o que les tiene cautivos y se abran a la Realidad\u201d (<em>Le sens de l\u2019existence <\/em>I, 110). Por eso dice \u00e9l que no resulta temerario afirmar\nque la resoluci\u00f3n de abandonar la c\u00e1rcel obedec\u00eda en gran parte a \u201csu deseo de\nayudar a los otros\u201d y tambi\u00e9n a la obra de la Reforma, que se siente amenazada.<\/p>\n\n\n\n<p>El camino ser\u00e1 el\nmismo que hab\u00eda seguido hasta aqu\u00ed, iluminado ahora por la experiencia de noche\ny de uni\u00f3n. Ser\u00e1 el camino hacia la cima del Monte Carmelo, el camino de las\n\u201cnadas\u201d para llegar al \u201cTodo\u201d, el descubrimiento de la Realidad Absoluta\nfundamento del ser, el camino hacia el encuentro con Dios en el matrimonio\nespiritual, donde Dios se comunica en el m\u00e1s puro esp\u00edritu: \u201cM\u00e1s propio y\nordinario le es a Dios comunicarse al esp\u00edritu que al sentido\u201d (S 2,11,2).<\/p>\n\n\n\n<p>Ense\u00f1ar\u00e1 tambi\u00e9n a\nsus disc\u00edpulos a despojarse de todos los atributos humanos para revestirse de\nlos atributos divinos: \u201cporque, siendo \u00e9l omnipotente, h\u00e1cete bien y \u00e1mate con\nomnipotencia; y siendo sabio, sientes que te hace bien y ama con sabidur\u00eda; y\nsiendo infinitamente bueno, sientes que te ama con bondad; y siendo santo,\nsientes que te ama y hace mercedes con santidad; y siendo \u00e9l justo, sientes que\nte ama y hace mercedes justamente; siendo \u00e9l misericordioso, piadoso y\nclemente, sientes su misericordia y piedad y clemencia; y siendo fuerte y\nsubido y delicado ser, sientes que te ama fuerte, subida y delicadamente; y\ncomo sea limpio y puro, sientes que con pureza y limpieza te ama; y, como sea\nverdadero, sientes que te ama de veras; y como \u00e9l sea liberal, conoces que te\nama y hace mercedes con liberalidad sin alg\u00fan interese, s\u00f3lo por hacerte bien;\ny como \u00e9l sea la virtud de la suma humildad, con suma bondad y con suma\nestimaci\u00f3n te ama, e igual\u00e1ndote consigo, mostr\u00e1ndosete en estas v\u00edas de sus noticias\nalegremente, con este su rostro lleno de gracias y dici\u00e9ndote en esta uni\u00f3n\nsuya, no sin gran j\u00fabilo tuyo: Yo soy tuyo y para ti, y gusto de ser tal cual\nsoy por ser tuyo y para darme a ti\u201d (LlB 3,6).<\/p>\n\n\n\n<p>La tarea de J. de\nla Cruz va a ser tambi\u00e9n de esclarecimiento en temas fundamentales de\nespiritualidad. La suya ser\u00e1 una espiritualidad robusta, que haga frente a la\nespiritualidad practicada por muchos grupos de \u201cespirituales\u201d, de \u201cbeatas\u201d y de\n\u201calumbramiento\u201d. Eulogio Pacho, que ha estudiado el tema, dice que \u201cla <em>Subida <\/em>quiso ser \u2013y lo\nconsigui\u00f3 en parte\u2013 frente a la espiritualidad blandengue y facilona, lo que el\n<em>Quijote <\/em>frente a la noveler\u00eda de caballer\u00edas\u201d (E. Pacho, <em>Escenario hist\u00f3rico de Juan de la Cruz: Su entorno religioso-<\/em><em>cultural, <\/em>9-57). Frente a abusos y desviaciones que conducen\nf\u00e1cilmente a la pereza espiritual, son elocuentes las p\u00e1ginas de sus obras (S\n2,29; LlB 3,30.44-45); igualmente, en temas de religiosidad popular (S 3,43).\nSus orientaciones pedag\u00f3gicas tienden a eliminar abusos en las manifestaciones\nexteriores de piedad, haciendo una valoraci\u00f3n justa y equilibrada de lo\nfundamental y de lo accesorio.<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, en la\npol\u00e9mica sobre meditaci\u00f3n y contemplaci\u00f3n, entre vida activa y vida\ncontemplativa, J. de la Cruz adoptar\u00e1 una postura clara a favor de la &nbsp;contemplaci\u00f3n,\ncomo camino para llegar al <em>ser <\/em>de Dios y al <em>ser <\/em>del hombre. Esta es la Realidad que \u00e9l hab\u00eda descubierto\ny que quiere ayudar a descubrir a los dem\u00e1s. Pero su postura est\u00e1 lejos de caer\nen f\u00e1ciles extremismos, como observa E. Pacho: \u201cSi la contemplaci\u00f3n no puede ser\npretexto para la holgazaner\u00eda espiritual, tampoco la actividad debe vaciar las\nreservas del esp\u00edritu. El secreto del equilibrio reside en la motivaci\u00f3n\ndecisiva que no es otra que el amor, seg\u00fan se afirmar\u00e1 tajante en el <em>C\u00e1ntico espiritual <\/em>(29,1-3)\u201d (ib. 55).<\/p>\n\n\n\n<p>Este es, en\ndefinitiva, el mejor servicio y el mayor \u201ctributo\u201d que J. de la Cruz ha\nprestado al hombre. Le ha ense\u00f1ado el camino para descubrir su propio ser, su\nverdadera identidad, descubriendo el ser de Dios actuando en \u00e9l. Este camino\npasa por la &nbsp;noche oscura, esto es, por la desposesi\u00f3n interior. As\u00ed,\nen &nbsp;desnudez espiritual, sin m\u00e1s arrimo, atributo o a\u00f1adido,\nsin nada que le fatigue hacia arriba y nada que le oprima hacia abajo, se\nencuentra en \u201csu m\u00e1s profundo &nbsp;centro\u201d.<\/p>\n\n\n\n<h3>II. El hombre\ndescrito por Juan de la Cruz<\/h3>\n\n\n\n<p>Partiendo del\nhombre que fue J. de la Cruz, podemos ahora comprender mejor el hombre descrito\npor \u00e9l en sus escritos. Los rasgos esenciales que le caracterizan son los\nmismos que \u00e9l ha plasmado en su vida. Destaca el valor y la dignidad del ser\nhumano, al que sacrifica todo lo que se opone a \u00e9l y le impide alcanzar su\nverdadera identidad. Otro aspecto esencial es su proceso de maduraci\u00f3n, que le\nintroduce en la noche oscura del esp\u00edritu y le rehace interiormente. El\nfundamento, tanto de su dignidad como de su dinamismo interior, es su dimensi\u00f3n\ntrascendente y teologal, que lo marca en lo m\u00e1s hondo de su ser. Destaca,\nfinalmente, su vocaci\u00f3n de servicio.<\/p>\n\n\n\n<p>1. DIGNIDAD DEL SER HUMANO. La dignidad del hombre no\nconsiste en <em>tener <\/em>sino en <em>ser<\/em>, como modernamente han subrayado\ntodas las antropolog\u00edas y repite tambi\u00e9n el mensaje cristiano. Hay que ayudar\nal hombre a <em>ser <\/em>\u00e9l mismo, y a <em>ser <\/em>lo que est\u00e1 llamado a ser por vocaci\u00f3n (Pablo VI,\nJuan Pablo II). Es el mensaje antropol\u00f3gico esencial de J. de la Cruz. El\ncamino no son los \u201catributos humanos\u201d, ni cualquier otro a\u00f1adido externo, sino\nla penetraci\u00f3n en el ser m\u00e1s \u00edntimo del hombre, que viene dado por su misma\nraz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Este es el sentido\nde algunos de los dichos o apotegmas de J. de la Cruz, que ponen de manifiesto\nsu profunda sabidur\u00eda humana: \u201cUn s\u00f3lo pensamiento del hombre vale m\u00e1s que todo\nel mundo; por tanto, s\u00f3lo Dios es digno de \u00e9l\u201d (Av 1,35). \u201cTodo el mundo no es\ndigno de un pensamiento del hombre, porque a s\u00f3lo Dios se debe; y as\u00ed,\ncualquier pensamiento que no se tenga en Dios, se le hurtamos\u201d (Av 2,36). Esta\nalta valoraci\u00f3n del pensamiento del hombre tiene su hontanar m\u00e1s hondo en Dios,\nque lo ha creado. La relaci\u00f3n a Dios no disminuye el ser humano, sino que lo\ndignifica. Este planteamiento, que est\u00e1 en la base del pensamiento sanjuanista,\nsignifica la superaci\u00f3n de la visi\u00f3n filos\u00f3fica de los ate\u00edsmos modernos, que\nno han sabido resolver el eterno contencioso entre Dios y la raz\u00f3n humana, como\npone de manifiesto la enc\u00edclica <em>Fides et Ratio <\/em>de Juan Pablo II. En este sentido hay que recordar aqu\u00ed\nla obra filos\u00f3fica de &nbsp;Edith Stein, disc\u00edpula de J. de la Cruz, que representa\nuna de las s\u00edntesis mejor logradas entre &nbsp;fe y raz\u00f3n, en\ndi\u00e1logo con la filosof\u00eda contempor\u00e1nea.<\/p>\n\n\n\n<p>La relaci\u00f3n a Dios\nno priva al hombre del recto uso de su raz\u00f3n, sino que le orienta en su\nejercicio. El Santo, por muy alta que sea la comunicaci\u00f3n divina, sale siempre por\nlos fueros de la raz\u00f3n. Para obrar la virtud no hay que esperar al gusto:\n\u201cB\u00e1state la raz\u00f3n y entendimiento\u201d (Av 1,37). \u201cEntra en cuenta con tu raz\u00f3n\npara hacer lo que ella te dice en el camino de Dios\u201d (Ib. 44). \u201cEl que obra\nraz\u00f3n es como el que come sustancia\u201d (ib. 46). En nuestra cultura actual <em>light <\/em>se dice que es\nnecesario recuperar el valor de la raz\u00f3n, as\u00ed como su capacidad para buscar la\nverdad y encontrar el sentido \u00faltimo de las cosas (<em>Fides et Ratio<\/em>, 81).<\/p>\n\n\n\n<p>No hay que esperar\nde &nbsp;Dios lo que la raz\u00f3n humana puede alcanzar por s\u00ed misma,\nporque lo que cabe \u201cen raz\u00f3n y juicio humano\u201d Dios no lo da por otro conducto\n(S 2,22,13). El &nbsp;Esp\u00edritu Santo \u201cse aparta de los pensamientos que son\nfuera de raz\u00f3n\u201d (S 3,6,3) y tambi\u00e9n \u201cde los pensamientos que no son de\nentendimiento, esto es, de la raz\u00f3n superior en orden a Dios\u201d (S 3,23,4). Por\neso para que la raz\u00f3n humana se ejerza correctamente, ha de \u201cquitar el gozo de\nlos bienes temporales\u201d. Entonces \u201cadquiere libertad de \u00e1nimo [y] claridad en la\nraz\u00f3n\u201d (S 3,20,2). Lo mismo ocurre con el gozo en los bienes naturales: \u201cSe embota\nmucho la raz\u00f3n y el sentido del esp\u00edritu&#8230; Y as\u00ed, la raz\u00f3n y el juicio no\nquedan libres, sino anublados con aquella afecci\u00f3n de gozo muy conjunto\u201d (S\n3,22,2). Y \u201ccuando el alma entrare en la noche oscura, todos estos amores [el\nde la sensualidad y el del esp\u00edritu] pone en raz\u00f3n\u201d (N 1,4,8). De ah\u00ed que la\nnoche del esp\u00edritu ocupe en la antropolog\u00eda sanjuanista un lugar privilegiado.<\/p>\n\n\n\n<p>2. REDESCUBRIMIENTO DEL ESP\u00cdRITU. A tenor de lo expuesto\nen la primera parte, J. de la Cruz represent\u00f3 para la \u00e9poca moderna a partir del\nRenacimiento \u2013caracterizado por una fuerte corriente humanista\u2013 una de las\nencarnaciones m\u00e1s paradigm\u00e1ticas del esp\u00edritu humano, tanto por su vida como\npor sus escritos y la expresi\u00f3n est\u00e9tica de su poes\u00eda. La fuente de este\nredescubrimiento del esp\u00edritu fue su vivencia m\u00edstica y po\u00e9tica en la prisi\u00f3n\nde &nbsp;Toledo. Coincide \u2013como ya\nhemos subrayado\u2013 con la experiencia descrita en la <em>noche del esp\u00edritu<\/em>. Dentro de esta perspectiva hay que interpretar la tensi\u00f3n entre el\nsentido y el esp\u00edritu, descrito en todas sus obras. Es un movimiento de\ndesprendimiento y de unificaci\u00f3n interior, al t\u00e9rmino del cual el sentido se\nhalla enteramente compenetrado con el esp\u00edritu.<\/p>\n\n\n\n<p>La realidad\nantropol\u00f3gica de esta contraposici\u00f3n es ante todo de \u00edndole filos\u00f3fica (E.\nPacho, <em>Temas fundamentales<\/em>, p. 150). Desde el punto de vista filos\u00f3fico, la tensi\u00f3n\nentre sentido y esp\u00edritu es intr\u00ednseca a la constituci\u00f3n esencial del ser humano,\nen el que confluyen el mundo inferior y el mundo superior y divino. El hombre\nes un ser que participa de ambos mundos: del ser corporal de todos los seres\ncreados y del ser espiritual del mundo de los esp\u00edritus, que tiene su fuente en\nDios, como explica Edith Stein en su obra <em>Ser finito y ser eterno<\/em>. Aqu\u00ed radica su\nfunci\u00f3n mediadora entre un mundo y otro, de manera que \u201cpuede hacer descender\nel esp\u00edritu hasta la naturaleza y elevar la naturaleza hasta el esp\u00edritu\u201d (Urs\nvon Balthasar). Pero esta mediaci\u00f3n no se lleva a cabo sino en medio de un\nfuerte antagonismo o enfrentamiento entre el sentido y el esp\u00edritu. Aunque en\nrealidad, como observa Urs von Balthasar, este antagonismo no es propiamente\nentre el cuerpo y el esp\u00edritu, que necesita una infraestructura psicosom\u00e1tica\npara su actividad, sino que \u201catraviesa por el centro del esp\u00edritu\u201d (<em>Teodram\u00e1tica <\/em>2, 334).<\/p>\n\n\n\n<p>Es importante este\ndato, para comprender la antropolog\u00eda sanjuanista del esp\u00edritu. As\u00ed lo destaca\nFederico Ruiz en la introducci\u00f3n a su pensamiento: \u201cLa diferencia entre\nesp\u00edritu y sentido forma parte de la naturaleza. Con anterioridad al pecado. La\ndualidad es fuente de riqueza, pues engendra oposici\u00f3n; de ah\u00ed nace la\nresistencia, el esfuerzo, la tensi\u00f3n, el proceso. Este constituye la nota\nesencial de la naturaleza humana, que fue creada abierta, con posibilidad y\nobligaci\u00f3n de hacerse. Se caracteriza por la ley del crecimiento\u201d (F. Ruiz, <em>Introducci\u00f3n<\/em>, 305).<\/p>\n\n\n\n<p>En un primer\nmomento, dice Balthasar, \u201cpuede describirse tranquilamente el dualismo\nexistente en el hombre como una caracter\u00edstica de su dignidad: al ser el que va\nascendiendo desde abajo para terminar superando todo lo inferior, es la corona\ny el soberano del cosmos, y esta supremac\u00eda \u2013desde la perspectiva\n\u2018precristiana\u2019 e incluso cristiana\u2013 es id\u00e9ntica a una afinidad con lo divino,\ncon un origen e instituci\u00f3n por parte de Dios\u201d (<em>Teodram\u00e1tica <\/em>2, 333-334).<\/p>\n\n\n\n<p>Desde el punto de\nvista teol\u00f3gico, este antagonismo se radicaliza a causa de la realidad del\npecado. Los sentidos, que de por s\u00ed viven aferrados al mundo material, tienden\na hacerlo desordenadamente, generando una fuente de \u201cafecci\u00f3n\u201d que frena el\nproceso de maduraci\u00f3n e impide la uni\u00f3n con Dios. Lo explica admirablemente J.\nde la Cruz, a prop\u00f3sito de la lucha contra los &nbsp;enemigos del alma\n(mundo, demonio y carne), que el alma ha de librar en su camino de b\u00fasqueda de\nDios: \u201cDice tambi\u00e9n el alma que pasar\u00e1 las fronteras, por las cuales\nentiende&#8230; las repugnancias y rebeliones que naturalmente<\/p>\n\n\n\n<p>la carne tiene\ncontra el esp\u00edritu; la cual, como dice san Pablo (Gal 5,17): \u2018Caro enim\nconcupiscit adversus spiritum\u2019, esto es: La carne codicia contra el esp\u00edritu, y\nse pone como en frontera resistiendo al camino espiritual. Y estas fronteras ha\nde pasar el alma, rompiendo las dificultades y echando por tierra con la fuerza\ny determinaci\u00f3n del esp\u00edritu todos los apetitos sensuales y afecciones naturales;\nporque, en tanto que los hubiere en el alma, de tal manera est\u00e1 el esp\u00edritu\nimpedido debajo de ellas, que no puede pasar a verdadera vida y deleite\nespiritual. Lo cual nos dio bien a entender san Pablo (Rom 8,13), diciendo: \u2018Si\nspiritu facta carnis mortificaveritis, vivetis\u2019, esto es: Si mortific\u00e1redes las\ninclinaciones de la carne y apetitos con el esp\u00edritu, vivir\u00e9is\u201d (CB 3,10). Este\nes el punto de partida del proceso de &nbsp;purificaci\u00f3n del\nesp\u00edritu, descrito en el segundo libro de <em>Subida <\/em>y <em>Noche<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>3. SER TRASCENDENTE Y TEOLOGAL. La idea de hombre, subyacente\na la &nbsp;antropolog\u00eda sanjuanista, est\u00e1\nmarcada conjuntamente por su dimensi\u00f3n trascendente y teologal. Ambas se\nrealizan en una perspectiva sobrenatural. Por eso su concepci\u00f3n de la persona\nhumana es inseparable de su idea de Dios. Esta, adem\u00e1s, va indisolublemente\nunida a la comunicaci\u00f3n sobrenatural divina. De ah\u00ed la siguiente descripci\u00f3n de\nla persona humana, que est\u00e1 en el fondo de su obra: \u201cEs una realidad\nesencialmente trascendente al mundo y al modo ordinario de conocimiento. Esta\nrealidad es el esp\u00edritu, es decir, las profundidades de la persona humana y su\nrelaci\u00f3n esencial con Dios, y es tambi\u00e9n la realidad sobrenatural\u201d (F. Urbina, <em>La persona humana, <\/em>17).<\/p>\n\n\n\n<p>El ser\ntrascendente del hombre aparece en relaci\u00f3n con la trascendencia divina,\nafirmada por el Santo como principio estructurador de la <em>Subida<\/em>. Entre el ser de\nDios y el ser de las criaturas hay una distancia infinita, que afecta a todos\nlos \u00f3rdenes: al del ser, al del conocimiento y al del afecto. Por tanto, el que\npone su afici\u00f3n en lo creado, delante de Dios \u201ces nada y menos que nada\u201d (S\n1,4,4; S 2,8,3). Ninguna cosa criada puede ser medio para la uni\u00f3n con Dios (S\n1,4-5; 2,8). Por eso, para unirse con El hay que vaciarse de todo apego a las\ncriaturas, esto es, hay que entrar en la noche. La noche es, pues, el paso\nnecesario para llegar a la &nbsp;uni\u00f3n con Dios (S 1,2,1). Es como el oscurecimiento\nsufrido por el hombre que acoge a Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahondando en el\nprincipio de la trascendencia, que es una de las claves antropol\u00f3gicas de la\nnoche, afirma la incompatibilidad entre la afecci\u00f3n a las criaturas y la uni\u00f3n\ncon Dios: \u201cEn el alma no se puede asentar la luz de la divina uni\u00f3n si primero\nno se ahuyentan las afecciones de ella\u201d (S 1,4,2). Por tanto, el que quiere\nunirse enteramente con Dios tiene que renunciar a la afecci\u00f3n a las criaturas.\nLa raz\u00f3n \u00faltima estriba en que dos contrarios no caben en un mismo sujeto; se\nrepelen mutuamente como el todo y la nada, lo relativo y lo absoluto, lo\nperfecto y lo imperfecto.<\/p>\n\n\n\n<p>El Santo hace suyo\nel principio filos\u00f3fico de las formas que se comunican a la materia,\nconfiri\u00e9ndole su modo propio de ser. Si la forma es la de un ser creado,\ntendremos un ser humano. Pero si la forma es la del ser divino, tendremos un\nser divino. El paso de una a otra es necesario para la transformaci\u00f3n del ser.\nEsto se lleva a cabo ontol\u00f3gicamente por la infusi\u00f3n de la gracia divina, y\nexistencialmente por la purificaci\u00f3n de la noche. Esta es una de las claves de\ninterpretaci\u00f3n, avanzada ya por Baruzi y m\u00e1s tarde por Edith Stein.<\/p>\n\n\n\n<p>Se inicia as\u00ed el\nproceso de purificaci\u00f3n, que afecta primero a \u201cla parte sensitiva\u201d del alma y\ndespu\u00e9s a la \u201cparte espiritual\u201d (S 1,1,2). De esta manera introduce el Doctor\nm\u00edstico su concepci\u00f3n antropol\u00f3gica del ser humano, compuesto de cuerpo y alma,\nde sentido y esp\u00edritu, de porci\u00f3n inferior y superior, de parte sensual-sensitiva\ny parte racional-espiritual. Expresiones todas ellas equivalentes (E. Pacho, <em>Antropolog\u00eda sanjuanista<\/em>, 61).<\/p>\n\n\n\n<p>Es una concepci\u00f3n\nque se inspira en la filosof\u00eda aristot\u00e9lico-tomista y que, como todos los\ncomentaristas han subrayado, acent\u00faa la unidad del ser humano contra toda\nespecie de dualismo o de monismo. El hombre es un <em>esp\u00edritu corporeizado <\/em>o un <em>cuerpo\nespiritualizado<\/em>. En virtud de esta unidad, existe una interdependencia\nentre la parte sensitiva y espiritual (E. Pacho, <em>Temas<\/em>, p.146).<\/p>\n\n\n\n<p>El Santo habla de\nesta unidad del ser humano y de la interdependencia de sus componentes\nesenciales particularmente en <em>C\u00e1ntico <\/em>y\n<em>Llama<\/em>, cuando el proceso espiritual\nha alcanzado ya un nivel de maduraci\u00f3n. En el libro de <em>Subida <\/em>y <em>Noche <\/em>prevalece,\npor el contrario, la tensi\u00f3n entre el sentido y el esp\u00edritu. De ah\u00ed el proceso\ndescrito en estas obras como un movimiento de desprendimiento y de unificaci\u00f3n\ninterior, al t\u00e9rmino del cual el sentido se halla enteramente compenetrado con\nel esp\u00edritu.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la meta no es\nla compenetraci\u00f3n del sentido con el esp\u00edritu, sino del esp\u00edritu con Dios, que\nse da en la uni\u00f3n divina. Por eso la vocaci\u00f3n teologal del hombre es complementaria\nde su vocaci\u00f3n trascendental. Esta se realiza, en definitiva, en el encuentro\npersonal con Dios, para el que ha sido creado. Seg\u00fan el Concilio Vaticano II,\nes \u201cla raz\u00f3n m\u00e1s alta de la dignidad humana\u201d (GS 19). Para J. de la Cruz el\nhombre es esencialmente relaci\u00f3n con Dios, que adquiere su sentido pleno en la &nbsp;divinizaci\u00f3n. Como\ndice Henri Sanson, su concepci\u00f3n del hombre est\u00e1 m\u00e1s emparentada con la de los\nPadres griegos que con la tomista: \u201cSi es tomista en su concepci\u00f3n de las\nrelaciones del alma y del cuerpo, no lo es en la de las relaciones del alma con\nDios\u201d (<em>El esp\u00edritu humano<\/em>, 136).<\/p>\n\n\n\n<p>La patr\u00edstica\nconcibe al hombre siempre en orden a su comuni\u00f3n con Dios por la divinizaci\u00f3n.\nEste es su verdadero destino, el \u00fanico existente en la actual econom\u00eda\nsalv\u00edfica, en el que el ser humano encuentra la ra\u00edz m\u00e1s profunda de su\nverdadera identidad. Esta es tambi\u00e9n la visi\u00f3n antropol\u00f3gica predominante en <em>C\u00e1ntico <\/em>y <em>Llama<\/em>: la del ser deificado por la incorporaci\u00f3n al misterio de\nCristo y por la participaci\u00f3n del misterio trinitario. Es la visi\u00f3n propia de\nla patr\u00edstica, que se prolonga en la m\u00edstica renana, en la que se inspira J. de\nla Cruz. El m\u00edstico doctor pone especial \u00e9nfasis en esta finalizaci\u00f3n\ntrascendente y teologal del hombre, con expresiones e im\u00e1genes cargadas de\nprofundo realismo, que son como una resonancia de la teolog\u00eda patr\u00edstica sobre\nla divinizaci\u00f3n y el fin \u00faltimo del ser humano.<\/p>\n\n\n\n<p>Sintetiza\nadmirablemente su pensamiento en el comentario a las \u00faltimas estrofas de <em>C\u00e1ntico<\/em>: \u201cAl fin, para\neste fin de amor fuimos creados\u201d (CB 29,3). Esto es lo que el alma \u201csiempre natural\ny sobrenaturalmente apetece\u201d (CB 38,3); \u201caquello para lo que Dios la\npredestin\u00f3\u201d (CB 38,6). Dios mismo crea en el hombre la disposici\u00f3n para\nalcanzar la comuni\u00f3n plena con \u00e9l, al crearlo a su imagen: \u201cY para que pudiese\nvenir a esto la cri\u00f3 a su imagen y semejanza\u201d (CB 39,4).<\/p>\n\n\n\n<p>La tensi\u00f3n\ndin\u00e1mica hacia Dios, por medio de Cristo, la desarrolla en <em>Llama <\/em>a trav\u00e9s del s\u00edmil\nde la piedra, que tiende siempre al centro de la tierra. As\u00ed explica la\ntendencia del hombre a Dios como su \u201cm\u00e1s \u00faltimo y profundo centro\u201d (LlB\n1,11-12). Es un texto de gran riqueza y precisi\u00f3n teol\u00f3gica, que pone de\nmanifiesto no s\u00f3lo la ordenaci\u00f3n intr\u00ednseca del hombre a Dios, como fin \u00faltimo,\nque lo determina desde lo m\u00e1s profundo de su ser, sino tambi\u00e9n el dinamismo\nprogresivo de esta llamada a la comuni\u00f3n, hasta alcanzar su plenitud en la\ngloria.<\/p>\n\n\n\n<p>4. SER HIST\u00d3RICO, CON VOCACI\u00d3N\nDE SERVICIO. La visi\u00f3n sanjuanista del hombre como ser trascendente y teologal,\nen tensi\u00f3n hacia la uni\u00f3n y el encuentro definitivo con Dios, parece no tener\nen cuenta su enraizamiento en la historia, esencial al ser humano y para la que\nexiste hoy una especial sensibilidad. La definici\u00f3n que de \u00e9l dio &nbsp;Teresa de Jes\u00fas, como \u201chombre celestial y divino\u201d, parece confirmar esta\nsospecha. Sin embargo, nadie ha sido reclamado con tanto ah\u00ednco por la Santa\ncomo J. de la Cruz para llevar a t\u00e9rmino su obra reformadora.<\/p>\n\n\n\n<p>El mismo J. de la\nCruz es consciente de esta responsabilidad hist\u00f3rica, cuando de forma\ninesperada planea su fuga de la c\u00e1rcel de Toledo. Hay, adem\u00e1s, otro dato\nimportante, que se desprende del poema del <em>C\u00e1ntico\nespiritual<\/em>, compuesto en sus primeras 31 estrofas durante los meses de\nprisi\u00f3n. Las \u00faltimas estrofas cantan el gozo de la uni\u00f3n con Dios, que el Santo\nprev\u00e9 de forma inmediata. Cuando ya fuera de la prisi\u00f3n retoca el poema,\na\u00f1adiendo nuevas estrofas y cambiando el orden de algunas de ellas, el desenlace\ndel poema ya no ser\u00e1 la uni\u00f3n inmediata con Dios, sino la espera escatol\u00f3gica.\nPero una espera que no aminora en \u00e9l la responsabilidad hist\u00f3rica, sino que la\nintensifica. Son los a\u00f1os de mayor actividad apost\u00f3lica y de m\u00e1s fecunda\nproducci\u00f3n literaria.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed vivi\u00f3 J. de la\nCruz sus diez a\u00f1os de estancia en Andaluc\u00eda, con una vocaci\u00f3n de servicio, del\nque se benefician principalmente las religiosas y los religiosos carmelitas de\nBaeza, Beas, El Calvario, Granada y \u00dabeda. En sus escritos, adem\u00e1s, revela una\nespecial sensibilidad para captar los movimientos hist\u00f3ricos de su tiempo. Aparece\nas\u00ed su profundo enraizamiento en la historia, para la que su misma experiencia\nm\u00edstica agudiza su sensibilidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde esta misma\nperspectiva se desprende la dimensi\u00f3n hist\u00f3rica del hombre, que describe en sus\nescritos. Se caracteriza por una visi\u00f3n unitaria de la historia, que viene dada\npor su ordenaci\u00f3n intr\u00ednseca a Dios, como fuente y culminaci\u00f3n de toda historia\nhumana. Su visi\u00f3n hist\u00f3rica y cosmol\u00f3gica est\u00e1 mediada por su experiencia\nreligiosa. La apertura ext\u00e1tica a Dios se traduce en una apertura ext\u00e1tica a la\nrealidad creada, que le lleva a proclamar la \u201cposesi\u00f3n\u201d del mundo: \u201cM\u00edos son\nlos cielos y m\u00eda es la tierra; m\u00edas son las gentes, los justos son m\u00edos y m\u00edos\nlos pecadores; los \u00e1ngeles son m\u00edos, y la Madre de Dios y todas las cosas son\nm\u00edas; y el mismo Dios es m\u00edo y para m\u00ed, porque Cristo es m\u00edo y todo para m\u00ed\u201d\n(Av 1,27). Esta misma experiencia le lleva a ver a Dios en todas las cosas: \u201cMi\nAmado, las monta\u00f1as&#8230;\u201d (CB 14); y a su vez, a ver todas las cosas en Dios (LlB\n4,5), en quien est\u00e1n presentes \u201cvirtual y presencial y substancialmente\u201d (LlB\n4, 7).<\/p>\n\n\n\n<p>Esta concepci\u00f3n\nm\u00edstica no es una perspectiva de la existencia al lado de la perspectiva f\u00edsica\no temporal, sino que la engloba radicalmente y le <em>da sentido<\/em>, de manera que en ella se fundamenta la relaci\u00f3n del\nhombre con el mundo. Esta alcanza precisamente su pleno sentido en la medida en\nque dice relaci\u00f3n a Dios y le transparenta. Es la perspectiva b\u00edblica y\npatr\u00edstica del cosmos, que el Concilio Vaticano II ha recogido en su\nConstituci\u00f3n pastoral sobre la Iglesia en el mundo (GS 36).<\/p>\n\n\n\n<p>Otro tanto cabe\ndecir respecto a la historia humana y la historia de salvaci\u00f3n. J. de la Cruz\ncontempla la historia humana toda ella como envuelta y penetrada por la\nhistoria de salvaci\u00f3n, como un movimiento radical por el que la humanidad entra\nen comuni\u00f3n con Dios. Es la visi\u00f3n paulina de la recapitulaci\u00f3n de todas las\ncosas en Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>Este concepto de\nhistoria se toma en su significado pleno y universal. Abarca tanto lo sagrado\ncomo lo profano. En el pensamiento sanjuanista no cabe hablar de una historia\nhumana al lado de una historia religiosa. Esta no solamente comprende toda otra\nperspectiva humana, sino que la fundamenta y motiva radicalmente.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso, tampoco\nse puede interpretar la visi\u00f3n m\u00edstica de la historia \u2013referida a Dios y a su\ndesignio salv\u00edfico\u2013 como una evasi\u00f3n del compromiso hist\u00f3rico. Al contrario, la\nreferencia a Dios, como ser supremo y fuente de salvaci\u00f3n, transforma y mejora\ncualitativamente el compromiso hist\u00f3rico, cuya finalidad inmediata es la humanizaci\u00f3n\ndel hombre, pero sin perder de vista su finalizaci\u00f3n a Dios, que unifica y da\nsentido a la tarea humana.<\/p>\n\n\n\n<p>En este sentido,\ncabe destacar la postura de P. Tillich en contraposici\u00f3n a la de K. Barth sobre\nel valor del misticismo. La resume Colin P. Thompson en estos t\u00e9rminos: \u201cNo lo\nconsidera la cumbre del apostolado cristiano, pero le atribuye una funci\u00f3n\nteol\u00f3gica caracter\u00edstica como aquello que impide al hombre elevar a su\npreocupaci\u00f3n esencial otra cosa que no sea Dios&#8230; El misticismo conserva el\nmisterio esencial y, al apuntar siempre hacia el infinito, impide al hombre que\nidentifique lo finito con lo trascendental. Ciertamente corre el riesgo de considerar\nque la revelaci\u00f3n no tiene que ver con la situaci\u00f3n humana real, y de\ndespojarla de su car\u00e1cter concreto, pero a pesar de estas limitaciones\nreconocidas posee una clara funci\u00f3n hist\u00f3rica y teol\u00f3gica\u201d (<em>El poeta y el m\u00edstico. Un estudio sobre \u201cEl C\u00e1ntico\nEspiritual\u201d de San Juan de la Cruz, <\/em>221).<\/p>\n\n\n\n<p>Insistiendo en\nesta funci\u00f3n hist\u00f3rica y teol\u00f3gica de la experiencia m\u00edstica, recogemos aqu\u00ed\nuna de las conclusiones a que lleg\u00e1bamos en un estudio m\u00e1s detallado sobre el\ntema: \u201cHacer historia, compartir la realidad hist\u00f3rica con los dem\u00e1s, no es\ns\u00f3lo comprometerse en la lucha por un mundo m\u00e1s humano, m\u00e1s libre, m\u00e1s\nfraternal. Es tambi\u00e9n <em>dar sentido <\/em>a los esfuerzos y al trabajo de los hombres. Si el mundo\ntiene una dimensi\u00f3n trascendente y religiosa, hay que hablar del sentido\nreligioso de la historia como algo intr\u00ednseco al compromiso hist\u00f3rico\u201d (C. Garc\u00eda,\n<em>Juan de la Cruz y el misterio\ndel hombre<\/em>, 113).<\/p>\n\n\n\n<p>Al concluir este\ntema del hombre, que ante todo fue J. de la Cruz y que despu\u00e9s ha retratado en\nsus escritos, s\u00f3lo queremos destacar la relaci\u00f3n que existe entre su\nexperiencia y su doctrina. Esto quiere decir que los escritos del Doctor\nm\u00edstico son m\u00e1s autobiogr\u00e1ficos de lo que aparecen. Significa tambi\u00e9n que el\nmarco de su interpretaci\u00f3n doctrinal es siempre su vida y su experiencia.<\/p>\n\n\n\n<p>BIBL. \u2014 FERNANDO URBINA, <em>La persona humana en san Juan de la Cruz<\/em>, Madrid 1956; HENRI SANSON, <em>El esp\u00edritu humano seg\u00fan san Juan de la Cruz<\/em>, Madrid 1962; GEORGES MOREL, <em>Le sens de l\u2019existence selon S. Jean de la Croix<\/em>, I, Paris 1960, pp. 98135; FEDERICO RUIZ, <em>Introducci\u00f3n a San Juan de la Cruz<\/em>, Madrid 1968, pp. 295-327; EULOGIO PACHO, <em>San Juan de la Cruz: Temas fundamentales<\/em>, vol. 1, Burgos 1984, pp. 123-155; Id., \u201cEscenario\nhist\u00f3rico de Juan de la Cruz: Su entorno religioso-cultural\u201d, en AA. VV. <em>Poes\u00eda y teolog\u00eda en S. Juan de la Cruz<\/em>, Burgos 1990, p. 9-57; Id., \u201cHagiograf\u00edas y\nbiograf\u00edas de San Juan de la Cruz\u201d, en <em>Actas del Congreso\nInternacional Sanjuanista<\/em>, II, Valladolid 1993, pp. 19-32; TE\u00d3FANES EGIDO, \u201cContexto hist\u00f3rico de\nSan Juan de la Cruz\u201d, en AA. VV., <em>Experiencia y pensamiento en\nSan Juan de la Cruz<\/em>, Madrid 1990, p.\n335-377; CIRO GARC\u00cdA, <em>Juan de la Cruz y el misterio\ndel hombre<\/em>, Burgos 1990, p.\n111135; AA. VV., <em>Dios habla en la noche: Vida, palabra, ambiente de\nSan Juan de la Cruz<\/em>, Madrid 1990; ANTXON\nAMUNARRIZ, <em>Dios en la Noche: Lectura de la Noche oscura de San\nJuan de la Cruz<\/em>, Roma 1991; CARLO\nBERARDI, \u201cQuesto \u00e8 l\u2019uomo. Note di antropologia teologica secondo S. Giovanni\ndella Croce\u201d, en <em>Quaderni Carmelitani <\/em>8 (1991) 119-130; ANA M\u00aa L\u00d3PEZ D\u00cdAZ-OTAZU, \u201cLa\ndignidad de la persona humana en la doctrina de S. Juan de la Cruz\u201d, en <em>Studium Legionense <\/em>32 (1991) 203-220; JOS\u00c9 JIM\u00c9NEZ LOZANO, \u201cEl hombre sin atributos\u201d, en <em>Actas del Congreso Internacional Sanjuanista<\/em>, II, Valladolid 1993, p. 19-32.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Ciro Garc\u00eda<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El hombre es una de las realidades m\u00e1s amplia y hondamente tratadas por J. de la Cruz. 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