{"id":3773,"date":"2020-02-16T09:09:24","date_gmt":"2020-02-16T15:09:24","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3773"},"modified":"2021-02-16T09:16:31","modified_gmt":"2021-02-16T15:16:31","slug":"lazarillo-mozo-de-ciego-guia-espiritual","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3773","title":{"rendered":"Lazarillo \u00abmozo de ciego\u00bb: gu\u00eda espiritual"},"content":{"rendered":"\n<p>El s\u00edmil del\nlazarillo tiene notable alcance pedag\u00f3gico en los escritos sanjuanistas. Sus\nconnotaciones inmediatas son variadas y hasta contrastantes, por lo menos en\napariencia. Lo que no puede compaginar el lenguaje t\u00e9cnico y directo, lo\nresuelve sin dificultad el figurado. Esa es su gran virtualidad; esa su enorme\ncapacidad pedag\u00f3gica. Sin necesidad de explicar la oposici\u00f3n entre buenos y\nmalos lazarillos, es factible presentar una tipolog\u00eda muy variada para\ndescribir apoyos y gu\u00edas en el camino espiritual.<\/p>\n\n\n\n<p>Ni\u00f1o a\u00fan,\npresenci\u00f3 Juan de Yepes muchas veces la misma escena. Por las callejuelas de\nFontiveros, G\u00e1lvez, Ar\u00e9valo, Medina del Campo vio caminar cansinamente a un\nmenesteroso acompa\u00f1ado de un muchacho. Quiz\u00e1s se detuvieron alguna vez al\numbral del propio domicilio pidiendo \u00abuna limosna por amor de Dios\u00bb. En alg\u00fan\notro caso escuch\u00f3 conmovido el romance cantado por el \u00abmozo\u00bb, acompa\u00f1ado a la\nguitarra o vihuela por el pobre ciego. Uno de tantos espect\u00e1culos ofrecidos por\nla miseria social en aquel momento. Tambi\u00e9n prueba clara de solidaridad humana\ny de caridad cristiana frente a la desgracia y la pobreza.<\/p>\n\n\n\n<p>La escena de la\ninfancia se repiti\u00f3 reiteradamente ante la mirada atenta de fray Juan a lo largo\ny ancho de su vida. La ten\u00eda bien grabada en su fantas\u00eda. Le recordaba bastante\nla penuria y las estrecheces de sus a\u00f1os juveniles. Revivi\u00f3 con fuerza en su\nmente cuando se puso a ense\u00f1ar los caminos del esp\u00edritu.<\/p>\n\n\n\n<p>El ciego guiado y acompa\u00f1ado del \u00abmozo\u00bb se convirti\u00f3 as\u00ed en uno de los s\u00edmiles favoritos de su pluma al tratar de \u00abguiar a las almas\u00bb. La realidad social del pobre ciego, acompa\u00f1ado del joven que le gu\u00eda y ayuda, se hab\u00eda popularizado enormemente por los a\u00f1os en que Juan aprend\u00eda las primeras letras. Una pluma an\u00f3nima hab\u00eda pintado magistralmente a la pareja \u00abciego-mozo\u00bb. Desde entonces el acompa\u00f1ante se llamar\u00e1 <em>Lazarillo <\/em>y se convertir\u00e1 en el prototipo de la picaresca. A partir de esas fechas \u2013por el 1554\u2013 el \u00abmozo de ciego\u00bb quedar\u00e1 bautizado para siempre en la lengua espa\u00f1ola con el nombre de \u00ablazarillo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Antes y despu\u00e9s de\nla c\u00e9lebre novela, al conductor del ciego sol\u00eda llam\u00e1rsele \u00abmozo de ciego\u00bb, en\nel sentido de un oficio o menester bien conocido y definido, a la manera que\nhab\u00eda \u00abmozo de espuela\u00bb, \u00abmozo de cordel\u00bb, \u00abmozo de paja y cebada\u00bb y tantos\notros. En el bautismo y transformaci\u00f3n en \u00ablazarillo\u00bb, a pluma del ingenioso\nautor an\u00f3nimo, suele verse reminiscencia de la narraci\u00f3n evang\u00e9lica del pobre\nL\u00e1zaro contrapuesto al rico Epul\u00f3n (Lc 16, 2325). Estar hecho \u00abun l\u00e1zaro\u00bb se\nhizo equivalente de pobre, andrajoso y abandonado. La desinencia diminutiva del\nc\u00e9lebre protagonista de la novela picaresca alude a la condici\u00f3n joven, casi\nni\u00f1o, del \u00abmozo de ciego\u00bb. Imita otras parecidas, como \u00abCarilla\u00bb, \u00abGomecillo\u00bb,\netc\u00e9tera.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras el\n\u00ablazarillo\u00bb cl\u00e1sico de la picaresca encarnaba la figura del gu\u00eda astuto y\nmalicioso, lleno de ingenio y capaz de enga\u00f1ar, el oficio de ayudar y conducir\nal ciego sol\u00eda acompa\u00f1arse con el gesto de caridad y fidelidad. El p\u00edcaro era y\nha sido secularmente m\u00e1s bien la excepci\u00f3n; la postura obligada por imperiosa\nnecesidad o por irreflexi\u00f3n juvenil.<\/p>\n\n\n\n<p>En la versi\u00f3n\ncorriente y en el contexto social no siempre el acompa\u00f1ante se identificaba con\nel jovenzuelo; a lo sumo, \u00e9ste era acompa\u00f1ante de oficio, como \u00abmozo de ciego\u00bb.\nDe forma aislada y espor\u00e1dica, sin calidad de servicio permanente para la\nmendicidad, cualquiera pod\u00eda guiar al ciego; entonces como hoy.<\/p>\n\n\n\n<p>Prescindiendo de\nconnotaciones sociales, est\u00e1 claro que de siempre se ten\u00eda en mente otra\nreferencia b\u00edblica mucho m\u00e1s pr\u00f3xima al ciego y a su gu\u00eda que la del \u00abpobre\nL\u00e1zaro\u00bb. El texto del Evangelio no pod\u00eda pasar desapercibido para nadie que\ncontemplase un traspi\u00e9s del ciego. \u00ab\u00bfPuede un ciego guiar a otro ciego? \u00bfNo\ncaer\u00e1n ambos en la fosa?\u00bb. La versi\u00f3n de Lucas, en el contexto del serm\u00f3n del\nmonte, tiene alcance de m\u00e1xima. Sin llegar a tanto, el sentido en Mateo es\nfundamentalmente id\u00e9ntico (Lc 6, 39; Mt 15, 14; cf. S 1, 8, 3; 2, 18, 2; Ll 3,\n39).<\/p>\n\n\n\n<p>JC no hace otra cosa\nque trasladar al \u00e1mbito espiritual una experiencia social verificada en la vida\nordinaria. Naturalmente, de ah\u00ed arranca cuando asume el s\u00edmil del \u00ablazarillo\u00bb.\nPara \u00e9l, como para cualquier maestro espiritual, la traslaci\u00f3n de sentido se\napoya en el texto evang\u00e9lico. Las aplicaciones concretas derivan, no obstante,\nde la observaci\u00f3n personal. Del encuentro tantas veces acontecido con el \u00abmozo\nde ciego\u00bb, con el \u00ablazarillo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<h3>1. Resonancia\nevang\u00e9lica<\/h3>\n\n\n\n<p>El sentido\ninmediato atribuido al texto evang\u00e9lico alude a la existencia de maestros\nincompetentes e incapacitados que pretenden orientar a los dem\u00e1s careciendo de\ndoctrina, rectitud o autoridad moral. Letrados, fariseos y arrogantes de\ncualquier especie. Frente a ellos, Jes\u00fas se autoproclama indirectamente \u00abmaestro\u00bb\naut\u00e9ntico. Lo son tambi\u00e9n quienes autorizan con la conducta lo que ense\u00f1an de palabra\ny quienes penetran el sentido genuino de la \u00abley y los profetas\u00bb. Estos son\ngu\u00edas seguros para los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Resulta\nsorprendente la identidad de postura entre fray Juan y Jes\u00fas. El humilde\nfrailecillo se arroga una autoridad moral que contrasta con su temperamento\nrecatado y comedido. Cuando se enfrenta a los directores espirituales\nincompetentes adopta un tono imperativo y autoritario y en primera persona, con\nel uso expl\u00edcito del \u201cyo\u201d. Les increpa sin miedo a la r\u00e9plica o desmentido.\nEst\u00e1 seguro de que nadie se le va a encarar y preguntar por sus credenciales de\nmaestro consumado. Parece calcar la actitud de Jes\u00fas cuando preguntaba a los\nletrados: \u00ab\u00bfPuede un ciego guiar a otro?\u00bb. Basta repasar los textos m\u00e1s\nsignificativos de la <em>Subida <\/em>y de la <em>Llama <\/em>para comprobar la autoridad con que fray Juan denuncia a\nlos \u00abciegos que quieren guiar a otros ciegos\u00bb; son los malos lazarillos.<\/p>\n\n\n\n<p>Concluye su\nvarapalo a los maestros espirituales incompetentes con estas palabras dirigidas\na quienes se oponen al seguimiento aut\u00e9ntico de Cristo: \u00abComo ellos no entran\npor la puerta estrecha de la vida, tampoco dejan entrar a los otros. A los\ncuales amenaza nuestro Salvador por san Lucas diciendo: \u201c\u00a1Ay de vosotros que\ntomasteis la llave de la ciencia, y no entr\u00e1is vosotros ni dej\u00e1is entrar a los\ndem\u00e1s!\u201d. Porque \u00e9stos, a la verdad, est\u00e1n puestos en la tranca y tropiezo de la\npuerta del cielo, impidiendo que no entren los que les piden consejo; sabiendo\nque les tiene Dios mandado, no s\u00f3lo que los dejen y ayuden a entrar, sino que\na\u00fan los compelan a entrar, diciendo por san Lucas: \u201cPorf\u00eda, hazlos entrar para\nque se llene mi casa de convidados\u201d\u00bb (14,24); ellos, por el contrario, est\u00e1n\ncompeliendo que no entren.<\/p>\n\n\n\n<p>De esta manera, el\nmaestro puede como un ciego \u201cestorbar la vida del alma, que es el Esp\u00edritu\nSanto, lo cual acaece en los maestros espirituales de muchas maneras, que aqu\u00ed\nqueda dicho, unos sabiendo, otros no sabiendo. Mas los unos y los otros no\nquedar\u00e1n sin castigo, porque, teni\u00e9ndolo por oficio, est\u00e1n obligados a saber y\nmirar lo que hacen\u201d (Ll 3, 62-63, S, pr\u00f3l, 3-4).<\/p>\n\n\n\n<h3>2. Gu\u00edas\npeligrosos: malos \u00ablazarillos\u00bb<\/h3>\n\n\n\n<p>Apoyado en el\ntexto b\u00edblico, propone dos tipolog\u00edas de gu\u00edas incompetentes y peligrosos. No\nse trata de ayudantes ocasionales, que pueden llevar inesperadamente a la hoya.\nEs cuesti\u00f3n de oficio, de maestros con obligaci\u00f3n de realizar correcta y\ncompetentemente su cometido. No es forzoso que lleguen a la picaresca del\n\u00ablazarillo\u00bb para extraviar a las almas. No hace falta para que se les califique\ny condene como \u00abciegos que gu\u00edan a otros ciegos\u00bb. Las dos aplicaciones\nsanjuanistas del gu\u00eda desaconsejable tienen muy poco en com\u00fan fuera del peligro\na que exponen.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Directores ineptos<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Por lo general, JC\nse encara con gu\u00edas inadecuados o incompetentes cuando roza temas muy suyos,\ncomo la contemplaci\u00f3n, el recogimiento, la noche oscura, la noticia amorosa y\notros. Aprovecha entonces la ocasi\u00f3n para alargar sus recriminaciones a los\nincautos directores espirituales, cualquiera que sea el momento en que act\u00faan.<\/p>\n\n\n\n<p>Arranca de\nprincipios tan palmarios como estos: \u00abCual fuere el maestro, tal ser\u00e1 el\ndisc\u00edpulo, y cual el padre, tal el hijo\u00bb. De ah\u00ed que a quien pretende \u00abir\nadelante en el recogimiento y perfecci\u00f3n\u00bb, le conviene grandemente \u00abmirar en\ncuyas manos se pone\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>No es tan sencillo\ncomo se piensa, porque \u00abpara este camino, a lo menos para lo m\u00e1s subido de \u00e9l,\ny a\u00fan para lo mediano, apenas se hallar\u00e1 un gu\u00eda cabal seg\u00fan todas las partes\nque ha menester\u00bb (Ll 3, 30).<\/p>\n\n\n\n<p>El que abunden los\ndirectores no quiere decir que sean \u00abcabales\u00bb y desempe\u00f1en con acierto su\noficio. Un poco pesimista, JC asegura que \u00abmuchos maestros espirituales hacen\nmucho da\u00f1o a muchas almas; porque, no entendiendo ellos las v\u00edas y propiedades\ndel esp\u00edritu, de ordinario hacen perder a las almas\u00bb las unciones del Esp\u00edritu\nSanto, que es el aut\u00e9ntico gu\u00eda (Ll 3,42).<\/p>\n\n\n\n<p>Llega hasta cierto\nrigorismo en las exigencias postuladas. Entre los males producidos por el\natrevimiento de gu\u00edas ineptos recuerda el atasco en la meditaci\u00f3n, por no\nentender ellos las finezas y quilates de la contemplaci\u00f3n y los sutiles matices\nde la misma.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abCon ser este da\u00f1o\nm\u00e1s grave y grande que se puede encarecer, es tan com\u00fan y frecuente \u2013asegura\u2013\nque apenas se hallar\u00e1 un maestro espiritual que no le haga en las almas que\ncomienza Dios a recoger en contemplaci\u00f3n\u00bb. Sucede que est\u00e1 ya el alma \u00abserena,\npac\u00edfica\u00bb en la noticia amorosa con Dios, y \u00abvendr\u00e1 un maestro espiritual que\nno sabe sino martillar y macear con las potencias como el herrero, y, porque \u00e9l\nno ense\u00f1a m\u00e1s que aquello y no sabe m\u00e1s que meditar, dir\u00e1: \u00aband\u00e1, dejaos de esos\nreposos, que es ociosidad y perder tiempo, sino tom\u00e1 y medit\u00e1 y haced actos\ninteriores, porque es menester que hag\u00e1is de vuestra parte lo que en vos es,\nque esotro son alumbramientos y cosas de bausanes\u00bb. En lugar de caminar y\nllegar al t\u00e9rmino, lo que hacen es retroceder, \u00abvolver atr\u00e1s\u00bb al pobre ciego\nespiritual (Ll 3, 43; cf. S 2, 13-14; N 1, 9-10).<\/p>\n\n\n\n<p>Desentendi\u00e9ndose\nmoment\u00e1neamente del necesitado, arremete contra esos \u00abmozos de ciego\u00bb desaprensivos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abSi no saben guiar\na las almas \u2013 increpa &#8211; d\u00e9jenlas y no las perturben\u00bb. No olviden que el\n\u00abprincipal agente y gu\u00eda y movedor de las almas en este negocio no son ellos\nsino el Esp\u00edritu Santo, que nunca pierde cuidado de ellas, y que ellos s\u00f3lo son\ninstrumentos para enderezarlas en la perfecci\u00f3n por la fe y ley de Dios, seg\u00fan\nel esp\u00edritu que Dios va dando a cada una\u00bb (Ll 3, 46).<\/p>\n\n\n\n<p>Es punto\nfundamental que define, sin confusi\u00f3n posible, buenos y malos gu\u00edas. Por eso insiste\nel Santo: \u00abCont\u00e9ntense los que las gu\u00edan en disponerlas para esto (la\ncomunicaci\u00f3n divina) seg\u00fan la perfecci\u00f3n evang\u00e9lica, que es la desnudez y vac\u00edo\ndel sentido y esp\u00edritu, y no quieran pasar adelante en edificar, que ese es\noficio del Padre de las lumbres, de donde desciende toda d\u00e1diva buena y don\nperfecto\u00bb (Ll 3, 4749).<\/p>\n\n\n\n<p>Ignorancia y falta\nde experiencia son las razones fundamentales del mal comportamiento. Se atreven\nmuchos maestros a imponer a todas las almas m\u00e9todos y caminos inadecuados, por\nel simple hecho de que ellos no conocen otros. No quedan justificados. Al\ncontrario, cometen desacato a las almas e injuria a Dios, por ello no quedar\u00e1n impunes,\nse atreve a pronosticar fray Juan. \u00abNo saben \u00e9stos qu\u00e9 cosa es esp\u00edritu; hacen\na Dios grande injuria y desacato metiendo su tosca mano donde Dios obra\u00bb (Ll 3,\n54).<\/p>\n\n\n\n<p>Ni siquiera les\njustifican la buena intenci\u00f3n ni el celo sincero. No son motivos suficientes\npara obrar con temeridad. Prosigue fray Juan cerrando escapatorias de\nexculpaci\u00f3n: \u00abPero \u00e9stos por ventura yerran por buen celo, porque no llega a\nm\u00e1s su saber. Pero no por eso quedan excusados en los consejos que\ntemerariamente dan sin entender primero el camino y esp\u00edritu que lleva el alma,\ny, no entendi\u00e9ndola, en entremeter su tosca mano en cosa que no entienden, no\ndej\u00e1ndola a quien la entienda. Que no es cosa de peque\u00f1o peso y culpa hacer a\nun alma perder inestimables bienes, y a veces dejarla muy bien estragada por su\ntemerario consejo\u00bb (Ll 3, 56).<\/p>\n\n\n\n<p>La conclusi\u00f3n\ntajante que saca fray Juan de sus observaciones y consideraciones no puede ser m\u00e1s\nn\u00edtida: \u00abDeben, pues, los maestros espirituales dar libertad a las almas, y\nest\u00e1n obligados. a mostrarles buen rostro cuando ellas quisieren buscar mejor\u00eda,\nporque no saben ellos por d\u00f3nde querr\u00e1 Dios aprovechar a cualquier alma,\nmayormente cuando ya gusta de su doctrina, que es se\u00f1al que no la aprovecha,\nporque o la lleva Dios adelante por otro camino que el maestro la lleva, o el\nmaestro espiritual ha mudado estilo, o los dichos maestros se lo han de\naconsejar; y lo dem\u00e1s nace de necia soberbia y presunci\u00f3n o de alguna otra\npretensi\u00f3n\u00bb (Ll 3, 61).<\/p>\n\n\n\n<p>Todo esto es\nmateria de consideraci\u00f3n suscitada en la pluma sanjuanista por la figura del\n\u00abmozo de ciego\u00bb, que no sabe cumplir con responsabilidad su cometido. Los\nmaestros espirituales ignorantes o atrevidos son ciegos que gu\u00edan a ciegos con\nriesgo de llevarles a la fosa. Cada uno en particular ejerce de \u00ablazarillo\u00bb y\ntiene su modo y su estilo.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Maestros con mal estilo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Nada mejor para\njuzgar del buen o mal proceder en la direcci\u00f3n de las almas que tener criterios\nseguros sobre las normas queridas por Dios para el crecimiento espiritual. JC\nlas ha sintetizado con su proverbial competencia. Arranca de este fundamento:\n\u00abPara mover Dios al alma y levantarla del fin y extremo de su bajeza al otro\nfin y extremo de su alteza en su divina uni\u00f3n, halo de hacer ordenada y\nsuavemente y al modo de la misma alma\u00bb. Eso se llama \u00abel estilo que Dios tiene\nen comunicar al alma los bienes espirituales\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese estilo divino\nse acomoda a estos criterios b\u00e1sicos: sigue el orden establecido en la\ncreaci\u00f3n, seg\u00fan san Pablo (Rom 13,1); dispone todas las cosas con suavidad,\nseg\u00fan Sabidur\u00eda (8.1), y \u00abmueve todas las cosas al modo de ellas\u00bb, en\nconsonancia con adagio teol\u00f3gico. Dado que Dios es el \u00abprincipal agente y\ngu\u00eda\u00bb, los secundarios o por \u00e9l designados deben acomodarse a su \u00abestilo\u00bb (S 2,\n17, 2; Ll 3, 29; 3, 44. 46, etc.).<\/p>\n\n\n\n<p>Por desgracia no\nsiempre es as\u00ed. Abundan maestros y directores espirituales que siguen otro\nestilo, de manera especial cuando han de hab\u00e9rselas con almas favorecidas de\nvisiones o gracias especiales. En lugar de llevarlas por el camino de la fe,\npor donde ir\u00edan seguras, las empujan por sendas peligrosas. Son tambi\u00e9n \u00abciegos\nque gu\u00edan con riesgo a otros ciegos\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Pecan\nhabitualmente de credulidad y necesitan alguien que les oriente a ellos. JC se\nalarga en esa materia es \u00abpor la poca discreci\u00f3n que ha echado de ver en\nalgunos maestros espirituales\u00bb. En su vida se han cruzado muchos \u00abcredulones\u00bb\nde esta catadura. Cayeron con frecuencia en las tretas o \u00abpicaresca\u00bb de beatas\ny alumbrados.<\/p>\n\n\n\n<p>El af\u00e1n o gusto\npor cosas maravillosas y singulares confunde f\u00e1cilmente. Sucede, a veces ahora,\nlo que era frecuente en la \u00e9poca sanjuanista: \u00abAsegur\u00e1ndose \u2013los maestros\nespirituales\u2013 acerca de las dichas aprehensiones sobrenaturales, por entender\nque son buenas y de parte de Dios, vinieron los unos y los otros a errar mucho\ny hallarse muy cortos, cumpli\u00e9ndose en ellos la sentencia de Nuestro Salvador,\nque dice: \u201cSi caecus caeco ducatum praestet, ambo in foveam cadunt\u201d; que quiere\ndecir: Si un ciego guiare a otro ciego, entrambos caen en la fosa. Y no dice\nque \u201dcaer\u00e1n\u201d sino que \u201ccaen\u201d, porque no es menester esperar que haya ca\u00edda de\nerror para que caigan; porque s\u00f3lo el atreverse a gobernarse el uno por el otro\nya es yerro, y as\u00ed ya s\u00f3lo en eso caen cuanto a lo menos y primero, porque hay\nalgunos que llevan tal modo y estilo con las almas que tienen las tales cosas,\nque las hacen errar, o las embarazan con ellas, o no las llevan por camino de\nhumildad, y las dan mano a que pongan los ojos en alguna manera en ellas: que\nes causa de quedar sin verdadero esp\u00edritu de fe, y no las edifican en la fe,\nponi\u00e9ndose a hacer mucho lenguaje de aquellas cosas\u00bb (S 2, 18, 2).<\/p>\n\n\n\n<p>Es un modo\nperjudicial de \u00abengolosinar\u00bb a las almas, que produce muchos da\u00f1os\nespirituales, seg\u00fan demuestra a continuaci\u00f3n el Santo. Pero lo que le interesa\ndestacar en el caso es \u00abese estilo que llevan algunos confesores con las almas,\nen que no las instruyen bien\u00bb. Confiesa ser \u00abcosa dificultosa dar a entender\nc\u00f3mo se engendra el esp\u00edritu conforme al de su padre espiritual oculta y\nsecretamente\u00bb (S 2, 18, 3).<\/p>\n\n\n\n<p>Analiza en detalle\ndos tipolog\u00edas del mal estilo: en primer lugar, se coloca \u00abal padre espiritual\ninclinado a esp\u00edritu de revelaciones\u00bb; luego, \u00absin hilar tan delgado\u00bb, el\nconfesor \u2013inclinado o no a eso\u2013 pero que \u00abno tiene recato\u00bb y en lugar de\n\u00abdesembarazar al alma y desnudar el apetito de su disc\u00edpulo en estas cosas, antes\nse pone a platicar de ello con \u00e9l\u00bb. Para ambos casos es id\u00e9ntico el diagn\u00f3stico\nsanjuanista; en ambas formas de actuar se \u00abpodr\u00e1 hacer harto da\u00f1o\u00bb. Todos,\ngu\u00edas y ciegos \u2013maestros y disc\u00edpulos\u2013, corren grave riesgo de caer en la fosa\n(Ib. nn.6-8).<\/p>\n\n\n\n<p>La referencia\nb\u00edblica que apunta a la eventualidad de esa ca\u00edda se presta favorablemente a la\nextensi\u00f3n plural del \u00abmozo de ciego\u00bb, tal como en la aplicaci\u00f3n sanjuanista a\nlos confesores, maestros y directores espirituales. En tales casos se diluye bastante\nla figura aleg\u00f3rico-simb\u00f3lica del \u00ablazarillo\u00bb. Resulta mucho m\u00e1s pl\u00e1stica y\nevocadora cuando se proyecta como persona o individuo concreto.<\/p>\n\n\n\n<p><em>El demonio y la propia\npresunci\u00f3n<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En algunos lugares\nde las p\u00e1ginas sanjuan\u00edsticas la figura del gu\u00eda de ciego resulta marginal o de\nsimple aplicaci\u00f3n; en otros es ejemplificaci\u00f3n directa y muy gr\u00e1fica.\nRelacionada adem\u00e1s con puntos esenciales de la propia s\u00edntesis. A la primera\ncategor\u00eda pertenecen dos adaptaciones del s\u00edmil. Prolongan doctrinalmente las consideraciones\nsobre los \u00abdirectores\u00bb espirituales presentados como \u00abgu\u00edas ciegos\u00bb. \u00abLos\nciegos que podr\u00edan sacar al alma del camino son tres, conviene a saber: el\nmaestro espiritual, el demonio y ella misma\u00bb. El primero es el que queda\nestudiado en la forma plural de \u00abmaestros espirituales\u00bb con mal estilo.<\/p>\n\n\n\n<p>El demonio irrumpe siempre en los escritos sanjuanistas como enga\u00f1ador. Es enemigo m\u00e1s dif\u00edcil de identificar precisamente por su astucia. \u00abSus ardides -repite fray Juan- son muy dificultosos de descubrir\u00bb. Est\u00e1 claro que no gu\u00eda nunca hacia la direcci\u00f3n correcta; lleva siempre por mal camino buscando intencionadamente la ca\u00edda en la fosa. Es por fuerza representaci\u00f3n del \u00ablazarillo\u00bb peligroso, del gu\u00eda a evitar.<\/p>\n\n\n\n<p>Recuerda a\nprop\u00f3sito de esta condici\u00f3n diab\u00f3lica: \u00abEl segundo ciego, que dijimos, podr\u00eda\nempachar al alma en este g\u00e9nero de recogimiento es el demonio que quiere que,\ncomo \u00e9l es ciego, tambi\u00e9n el alma lo sea\u00bb. Act\u00faa por envidia y pesar,\nprocurando \u00abponer cataratas y nieblas\u00bb a fin de extraviar. Produce \u00abgrav\u00edsimos\nda\u00f1os, haciendo al alma perder grandes riquezas\u00bb. Con \u00abun poquito de cebo, como\nal pez\u00bb, la saca del \u00abgolfo de las aguas sencillas del esp\u00edritu\u00bb. Naturalmente,\nla consideraci\u00f3n de \u00abciego\u00bb es atribuida al demonio desde el enfoque concreto\naqu\u00ed perseguido por el Santo. Describe con ins\u00f3lita agudeza la sagacidad con\nque sabe insinuarse incluso en almas muy aventajadas. No insiste, por eso, en\nla aplicaci\u00f3n del \u00abmozo de ciego\u00bb (Ll 3, 63-65).<\/p>\n\n\n\n<p>Resulta igualmente\nmarginal y acomodaticia la consideraci\u00f3n del alma como \u00ablazarillo\u00bb. Ella es m\u00e1s\nbien el \u00abciego\u00bb a quien debe guiarse y ayudarse. \u00danicamente en cuanto es capaz de\nenga\u00f1arse y desorientarse puede aplic\u00e1rsele el s\u00edmil del \u00ablazarillo\u00bb. Es lo que\nhace en el mismo marco del demonio JC.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEl tercer ciego\n\u2013adem\u00e1s del maestro espiritual y del demonio\u2013 es la misma alma, la cual, no\nentendi\u00e9ndose, ella misma se perturba y se hace da\u00f1o\u00bb. Eso suele suceder cuando\nDios interviene secretamente y la quiere llevar por caminos a ella desconocidos\ny extra\u00f1os, como el vac\u00edo, la soledad, la contemplaci\u00f3n. Dios \u00abporf\u00eda por\ntenerla callada y quieta\u00bb, mientras ella se empe\u00f1a en trabajar con la\nimaginaci\u00f3n y el discurso. Quiere sustituir a Dios y obrar por s\u00ed misma; con lo\nque avanza poco. Resulta la otra escena tan t\u00edpicamente sanjuanista: la del\nni\u00f1o o muchacho que, queri\u00e9ndole llevar su madre en brazos, \u00e9l va gritando y\npateando por irse por su pie.<\/p>\n\n\n\n<p>La conclusi\u00f3n es\nsiempre la misma: \u00abD\u00e9jese el alma en las manos de Dios y no se ponga en sus\npropias manos ni en las de estos otros dos ciegos \u2013maestro y demonio\u2013 que, como\nesto sea y ella no ponga las potencias en algo, segura ir\u00e1\u00bb (Ll 3, 67). Como\ndecir: el \u00fanico gu\u00eda seguro, el \u00ablazarillo fiel\u00bb, es \u00fanicamente Dios.<\/p>\n\n\n\n<p><em>El \u00abciego apetito\u00bb<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Es natural al\nhombre guiarse por el gusto que encuentra en las cosas o por la raz\u00f3n que\ndirige los actos. Obrar de otro modo resulta irracional o insensato. Es uno de\nlos criterios de actuaci\u00f3n divina el respetar las leyes de la naturaleza, seg\u00fan\nrecuerda fray Juan (S 2, 17, 2).<\/p>\n\n\n\n<p>Situ\u00e1ndose en otro\nplano, el de la vida espiritual orientada a la santidad, resulta que ni el\ngusto ni la raz\u00f3n son \u00abgu\u00edas\u00bb convenientes. De no contar con otros, se corre el\nriesgo grave del despiste. Existe conexi\u00f3n natural entre apetito o apego\nsensible, y orientaci\u00f3n racional. Tambi\u00e9n es claro, en la visi\u00f3n sanjuanista,\nque con frecuencia el gusto o apetito sensible se sobrepone a la raz\u00f3n y la\ndoblega. Ah\u00ed est\u00e1 el peligro m\u00e1s serio.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00f3lo la fe revela\na Dios, vivo y verdadero, como es. Por lo mismo, s\u00f3lo la luz de la fe puede\nguiar con seguridad hasta su posesi\u00f3n plena. Pero la fe coloca al hombre en el\nplano sobrenatural y le proporciona la capacidad que no tiene a nivel puramente\nnatural. Para llegar a la uni\u00f3n con Dios es necesario contar con medios adecuados\ny proporcionados. No existen en el orden estrictamente natural.<\/p>\n\n\n\n<p>Arrancando de\nestas consideraciones, JC denuncia la incapacidad radical del gusto o apetito\npara hacer de \u00abgu\u00eda\u00bb en el camino que lleva a Dios. Razona su postura de la\nmanera siguiente. Cuando las potencias del hombre se dejan dominar por la\ntendencia del sentido y del apetito no pueden recibir la iluminaci\u00f3n divina.\nEst\u00e1n como el aire oscurecido por \u00abvapores que no dejan lucir el sol\u00bb; como \u00abel\nespejo tomado del pa\u00f1o\u201d; como \u00abel agua envuelta en cieno\u201d. En semejante\nsituaci\u00f3n, asegura fray Juan: \u00abNi el entendimiento tiene capacidad para recibir\nla ilustraci\u00f3n de la sabidur\u00eda de Dios, como tampoco tiene el aire tenebroso\npara recibir la del sol, ni la voluntad tiene habilidad para abrazar en s\u00ed a\nDios en puro amor, como tampoco la tiene el espejo que est\u00e1 tomado del vaho\npara representar claro en s\u00ed el rostro presente, y menos la tiene la memoria\nque est\u00e1 ofuscada con las tinieblas del apetito para informarse con serenidad\nde la imagen de Dios, como tampoco el agua turbia puede mostrar claro el rostro\ndel que se mira\u201d (S 1, 8, 2).<\/p>\n\n\n\n<p>La ejemplificaci\u00f3n\nle sirve al Santo para demostrar que los apetitos \u00aboscurecen y ciegan al alma\u00bb.\nNo debe olvidarse, para seguir su argumentaci\u00f3n, la \u00f3ptica desde la que habla\nde \u00abapegos y apetitos\u00bb. Fiel a la misma, puede certificar que el \u00abapetito\u00bb es mal\ngu\u00eda, un \u00abmozo de ciego\u00bb que aparta del camino en lugar de conducir por \u00e9l con\nseguridad.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abCiega y oscurece\nel apetito al alma, porque el apetito en cuanto apetito, ciego es; porque, de\nsuyo, ning\u00fan entendimiento tiene en s\u00ed, porque la raz\u00f3n es siempre su <em>mozo de ciego. <\/em>De aqu\u00ed es que todas las\nveces que el alma se gu\u00eda por su apetito, se ciega, pues es guiarse el que ve\npor el que no ve, lo cual es como ser entrambos ciegos. Y lo que de ah\u00ed se\nsigue es lo que dice Nuestro Se\u00f1or por san Mateo: \u201cSi caecus caeco ducatum\npraestet, ambo in foveam cadunt\u201d (Mt 15,14); si el ciego gu\u00eda al ciego, entrambos\ncaer\u00e1n en la hoya\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00edmil, contenido y\naplicaci\u00f3n se completan con otras figuras simp\u00e1ticas muy frecuentadas por la\npluma sanjuanista y teresiana. De poco le sirve a la mariposilla el tener ojos;\n\u00abel apetito de la hermosura de la luz la lleva encandilada a la hoguera\u00bb. Quien\nse deja guiar por el \u00abmozo del apetito\u00bb es \u00abcomo el pez encandilado, para que\nno vea los da\u00f1os que los pescadores le aparejan\u00bb, y concluye fray Juan: \u00abEso\nhace el apetito en el alma, que enciende la concupiscencia y encandila al entendimiento\nde manera que no pueda ver la luz\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Se detiene con\ncierta morosidad barroca a justificar su razonamiento para que no quede duda\nalguna: \u00abLa causa del encandilamiento es que, como \u2013el apetito\u2013 pone otra luz\ndiferente delante de la vista, ci\u00e9gase la potencia visiva en aquella que est\u00e1\nentrepuesta y no ve la otra; y como el apetito se le pone al alma tan cerca,\nque est\u00e1 en la misma alma, tropieza en esta luz primera y c\u00e9base en ella, y as\u00ed\nno la deja ver su luz de claro entendimiento, ni la ver\u00e1 hasta que se quite de\nenmedio el encandilamiento del apetito\u00bb (Ib. n. 3).<\/p>\n\n\n\n<p>Conocido el papel\nfundamental de esta doctrina en la s\u00edntesis sanjuanista, el recuerdo del\n\u00ablazarillo\u00bb, figurando el apetito desordenado, adquiere resonancia pedag\u00f3gica\nmuy evocadora. Ayuda a recordar la ense\u00f1anza capital del Santo a este\nprop\u00f3sito: si los espirituales tuviesen cuidado de poner la mitad de su trabajo\nde ascesis en negar los apetitos \u00abaprovechar\u00edan m\u00e1s en un mes que por todos los\ndem\u00e1s ejercicios en muchos a\u00f1os\u00bb (Ib. n. 24).<\/p>\n\n\n\n<h3>3. \u00abMozos de\nciego\u00bb de plena confianza<\/h3>\n\n\n\n<p>La vertiente\npositiva del \u00abmozo de ciego\u00bb en la referencia b\u00edblica (insinuada por oposici\u00f3n\na quien puede conducir a la fosa) est\u00e1 m\u00e1s destacada en la sem\u00e1ntica del\n\u00ablazarillo\u00bb. El p\u00edcaro de Tormes es excepci\u00f3n; hasta cierto punto, deformaci\u00f3n\nprofesional. Lo corriente es considerar al \u00abmozo de ciego\u00bb como apoyo seguro,\ngu\u00eda competente y ayuda en la necesidad. La situaci\u00f3n precaria y compadecida\ndel ciego lleva a la visi\u00f3n risue\u00f1a del \u00ablazarillo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed prefiere verlo\ntambi\u00e9n JC sus escritos, como lo contempl\u00f3 con sus ojos en muchas ocasiones.\nNada extra\u00f1o, por lo mismo, que para \u00e9l quien mejor queda figurado en el s\u00edmil\ndel lazarillo es Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Tan natural es\nconsiderar a Dios como gu\u00eda infalible y absolutamente seguro, que no se\nnecesita buscarle figuraciones. Basta pensar en su bondad y en su omnipotencia\npara reconocerle como \u00abprincipal gu\u00eda, agente y movedor de las almas\u00bb. \u00c9l es el\nprincipal, lo que supone reconocer otros secundarios. Son los maestros espirituales.\nSon pocos los gu\u00edas \u00abcabales seg\u00fan todas las partes\u00bb, seg\u00fan ha hecho ver fray\nJuan. Tambi\u00e9n se dan algunos excelentes. A s\u00ed mismo se considera de ese n\u00famero.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Dios, \u00abprimero y principal\ngu\u00eda\u00bb<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La aplicaci\u00f3n a\nDios del s\u00edmil \u00ablazarillo\u00bb est\u00e1 \u00edntimamente vinculada en la referencia\npedag\u00f3gica, en el contenido doctrinal y en la misma figuraci\u00f3n literaria a\notras comparaciones de inconfundible sabor sanjuanista, como es el caso de\nDios-madre tierna que lleva en brazos al &nbsp;ni\u00f1o tierno o le\naveza a caminar por su pie. No hace al caso aqu\u00ed un recuento de s\u00edmiles afines.\nBasta ce\u00f1irse al que se recuerda en estas p\u00e1ginas.<\/p>\n\n\n\n<p>Est\u00e1 claro tambi\u00e9n\nque la insistente atribuci\u00f3n a Dios del papel de \u00abgu\u00eda y agente\u00bb no formula de\nmanera expl\u00edcita la analog\u00eda con el \u00ablazarillo\u00bb. Las m\u00e1s de las veces est\u00e1\napenas insinuada de manera velada (Ll 3, 47). No debe olvidarse tampoco que la\natribuci\u00f3n se refiere unas veces a Dios en general y otras de manera particular\ny concreta a las personas de la Trinidad. No se recuerda, con todo, texto\nalguno en que se proponga para el Hijo o el Esp\u00edritu Santo la figura del\n\u00ablazarillo\u00bb-\u00abmozo de ciego\u00bb (Ll 2, 1).<\/p>\n\n\n\n<p>Est\u00e1 reservada\npara Dios en general, o Dios-Padre. Aparece el s\u00edmil en dos textos paralelos,\nnotablemente distanciados redaccionalmente, como <em>Noche <\/em>y <em>Llama. <\/em>El\nparalelismo afecta al argumento doctrinal all\u00ed desarrollado. Se trata de\nconfrontar la situaci\u00f3n del alma cuando camina a Dios por la meditaci\u00f3n y\ncuando Dios la lleva por la contemplaci\u00f3n o \u00abnoticia amorosa\u00bb. La postura del\nSanto es id\u00e9ntica en esos textos y en otros muy pr\u00f3ximos, pero establece\ncomparaci\u00f3n expl\u00edcita con el \u00abmozo de ciego\u00bb \u00fanicamente en los dos lugares, que\nse se\u00f1alan a continuaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En la <em>Llama <\/em>introduce el s\u00edmil\nprecisamente para contraponer el modo divino de llevar a las almas y el de los\n\u00abtres ciegos\u00bb que pueden extraviarlas \u2013maestros espirituales, demonio y la\nmisma alma. Introduce el tema con la siguiente aclaraci\u00f3n: \u00abAdvirtiendo, pues,\nel alma que en este negocio es Dios el principal agente y <em>mozo de ciego <\/em>que la ha de guiar por la mano a donde ella no sabr\u00eda\nir, que es a las cosas sobrenaturales (que no puede su entendimiento ni\nvoluntad ni memoria saber c\u00f3mo son) todo su principal cuidado ha de ser mirar\nque no ponga obst\u00e1culo al que la gu\u00eda seg\u00fan el camino que Dios le tiene\nordenado en perfecci\u00f3n de la ley de Dios y la fe&#8230; Y este impedimento le puede\nvenir si se deja guiar y llevar de otro ciego&#8230;, conviene a saber, el maestro\nespiritual, el demonio y la misma alma\u00bb (Ll 3, 29).<\/p>\n\n\n\n<p>Suele suceder que\nno siempre se percibe con claridad la acci\u00f3n divina o se la supone tan c\u00f3moda y\nsencilla que elimina todo esfuerzo. Dios conduce por camino seguro, pero a\n\u00aboscuras\u00bb de lo que es la luz de la raz\u00f3n natural. Exige disposiciones que son\nexigencias penosas.<\/p>\n\n\n\n<p>La intervenci\u00f3n de\nDios se produce cuando ha ca\u00eddo sobre el alma \u00abuna espesa y pesada nube, que la\ntiene angustiada y ajenada\u00bb. No se debe a culpas o infidelidades; al contrario,\nel alma ya ha conseguido dominar los apetitos y dominado las afecciones y movimientos\nque la ataban al sentido. Cuanto \u00abva m\u00e1s a oscuras y vac\u00eda de sus operaciones\nnaturales, va m\u00e1s segura\u00bb, aunque no vea c\u00f3mo.<\/p>\n\n\n\n<p>En esa situaci\u00f3n,\ncontradictoria en apariencia, es cuando llega el \u00abmozo de ciego\u00bb para guiarla\n\u00aba oscuras y segura\u00bb. \u00abEn el tiempo de las tinieblas si el alma mira en ello,\nmuy bien echar\u00e1 de ver cu\u00e1n poco se le divierte el apetito, y las potencias a\ncosas in\u00fatiles y da\u00f1osas, y cu\u00e1n segura est\u00e1 de vanagloria, soberbia y\npresunci\u00f3n vana y falso gozo, y de otras muchas cosas. Luego bien se sigue que,\npor ir a oscuras, no s\u00f3lo no va perdida, sino muy ganada, pues aqu\u00ed va ganando\nvirtudes\u00bb (N 2, 16, 3).<\/p>\n\n\n\n<p>Oscurecido el\napetito, secas y apretadas las aficiones, inhabilitadas las potencias para cualquier\nejercicio interior, el desconcierto parece inevitable. JC avisa a quien se\nhalla en tal coyuntura espiritual: \u00abNo te penes por eso, antes tenlo por buena dicha\u00bb.\nEs que \u00abDios tomando la mano tuya, te <em>gu\u00eda\na oscuras como a ciego, <\/em>a donde y por donde t\u00fa no sabes, ni jam\u00e1s con tus\nojos y pies, por bien que anduvieran, atinaras a caminar\u00bb. Al ciego se le ha\nconfiado a un \u00ablazarillo\u00bb experto que no puede fallar (Ib. n. 7).<\/p>\n\n\n\n<p>Desde esta\nperspectiva, se impone la conclusi\u00f3n de fray Juan: \u00abCuando el alma va\naprovechando m\u00e1s, va a oscuras y no sabiendo\u00bb. Es ciego d\u00f3cil el que avanza\nr\u00e1pidamente porque se deja llevar sin resistencia. Para caminar a prisa y\nseguro es necesario que el \u00ablazarillo\u00bb sea diligente y atento, pero tambi\u00e9n el \u00abciego\u00bb\ncumpla su papel con docilidad y confianza. Repetir\u00e1 JC que el \u00abciego para que\nsea buen ciego ha de ir a oscuras\u00bb. En el fondo, todo se resuelve con la\ncerteza de quien se pone totalmente confiado en las manos de Dios, porque\n\u00absiendo Dios el <em>maestro y gu\u00eda de este ciego\ndel alma, <\/em>bien puede ella, ya que le ha venido a entender,\ncomo aqu\u00ed decimos, con verdad alegrarse y decir: \u201ca oscuras y en segura\u201d\u00bb.\nEfectivamente, el s\u00edmil del lazarillo cuadra a la perfecci\u00f3n para entender el\nsentido profundo encerrado en el magn\u00edfico verso de la <em>Noche oscura<\/em>. (Ib. n. 8).<\/p>\n\n\n\n<p><em>La fe, \u00ablazarillo\u00bb seguro<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La referencia figurativa\ndel s\u00edmil \u00ablazarillo\u00bb al demonio, al director espiritual y al alma, en cuanto\npersonificaciones directas, resulta relativamente simple, con aproximaci\u00f3n a la\nalegor\u00eda. En el caso de Dios, aunque tambi\u00e9n de \u00edndole personal, se hace en una\ntrama figurativa que se inserta de manera bastante inmediata en el s\u00edmbolo\nb\u00e1sico de la \u00abnoche oscura\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Dios se presenta como \u00abmozo de ciego\u00bb, produciendo ceguera y oscuridad en la capacidad natural, precisamente a trav\u00e9s de una luz cegadora: la contemplaci\u00f3n que se resuelve en \u00abnoche oscura\u00bb. En la misma l\u00ednea se coloca la aplicaci\u00f3n figurativa a \u00abraz\u00f3n-apetito\u00bb, pero en sentido inverso al caso de Dios, por cuanto el \u00abapetito de por s\u00ed es ciego\u00bb. Las referencias personificadas resultan \u00abmozos de ciego\u00bb, mientras el \u00abapetito\u00bb es el ciego. Se vincula al s\u00edmbolo de la \u00abnoche oscura\u00bb, en cuanto necesita oscurecerse y cegarse para poder ser guiado convenientemente.<\/p>\n\n\n\n<p>En id\u00e9ntica \u00f3ptica\nse sit\u00faa la figuraci\u00f3n de la fe como \u00ablazarillo\u00bb. Al igual que el\n\u00abapetito-raz\u00f3n\u00bb se considera capacidad, fuerza propia de la persona, no la\npersona en s\u00ed misma. Por otra parte, se coloca en \u00edntima conexi\u00f3n con la \u00aboscuridad\u00bb\no la \u00abnoche. Sin duda alguna, es la figuraci\u00f3n m\u00e1s original y de contenido m\u00e1s\ndenso dentro de la tipolog\u00eda del <em>\u00abmozo <\/em>de\nciego\u00bb. Supera literariamente el alegorismo para insertarse en el simbolismo.<\/p>\n\n\n\n<p>La centralidad de\nla fe en la s\u00edntesis sanjuanista es bien conocida. Asociarla al s\u00edmil del\nlazarillo equivale a extender considerablemente el alcance de esta figura, en\napariencia tan banal. No hace al caso alargar aqu\u00ed las consideraciones\nrelativas al problema de la fe. Bastar\u00e1 insinuar la representaci\u00f3n ofrecida por\nmedio del s\u00edmil estudiado.<\/p>\n\n\n\n<p>Se enmarca\nf\u00e1cilmente en la visi\u00f3n sanjuanista de la uni\u00f3n como meta de la vida cristiana.\nPara llegar a ese t\u00e9rmino no existe otro camino seguro que el de la fe. Conduce\ncon seguridad al t\u00e9rmino del viaje, aunque parezca que se avanza a oscuras.\nComparada la fe con la luz de la raz\u00f3n natural, parece \u00abmedia noche\u00bb. En\npresencia de la fe, asegura fray Juan, la luz de la inteligencia natural \u00abest\u00e1\nciega\u00bb. La fe deja al hombre a oscuras \u00abporque priva de la luz racional, o, por\nmejor decir, la ciega\u00bb (S 2, 2,2).<\/p>\n\n\n\n<p>Hablar de la fe en\ntales condiciones, como de \u00abmozo de ciego\u00bb, parece un contrasentido. Es\nindiferente que literaria y ling\u00fc\u00edsticamente se considere una ant\u00edtesis, una\nparadoja o incluso un ox\u00edmoron. A nivel conceptual quedan superadas esas\nfiguras de lenguaje. JC no se cansa de repetir que para llegar a la uni\u00f3n\ndivina \u00abel entendimiento ha de ser ciego y a oscuras en fe, solo\u00bb. En\nconsecuencia, puede \u00abcaminar por la oscuridad de la fe, tom\u00e1ndola por <em>gu\u00eda de ciego\u00bb <\/em>(S 2, 1, 2).<\/p>\n\n\n\n<p>Son conocidos los\nrazonamientos sanjuanistas para demostrar que la fe es \u00abnoche oscura\u00bb para el\nalma, pese a ser luz. Manifiesta verdades que no tienen proporci\u00f3n con el\nentendimiento humano y superan su capacidad y luz natural. Resulta entonces\nque, por su exceso, la luz de la fe produce tiniebla y ciega, a manera del sol,\nrespecto a cualquier otra luz.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde esta\nperspectiva, la luz cegadora de la fe \u00abcuanto m\u00e1s la oscurece al almam\u00e1s luz la\nda de s\u00ed, porque cegando la da luz\u00bb. D\u00e1ndose perfecta cuenta de la aparente\nincongruencia, concluye su razonamiento: \u00abAdmirable cosa es que, siendo\ntenebrosa &#8230; con su tiniebla alumbra y da luz a la tiniebla del alma\u00bb (S 2, 3,\n5).<\/p>\n\n\n\n<p>Por esta inversi\u00f3n\nde t\u00e9rminos resulta que quien parece \u00abciego (la fe) se convierte en gu\u00eda de\nmozo y, a la inversa, el alma-luz de la raz\u00f3n, de gu\u00eda se vuelve ciego\u00bb. De\nesta manera cobra sentido el s\u00edmil del lazarillo aplicado a la fe. Para \u00abser\nbien guiada el alma a Dios por fe\u00bb insiste JC debe de \u00abestar a oscuras\u00bb. A buen\nlazarillo, buen ciego.<\/p>\n\n\n\n<p>Bien asentado que\nla fe es luz para el camino y, por lo mismo gu\u00eda seguro, lazarillo fiel, al\nSanto le urge dejar bien claro la necesidad de dejarse guiar, no oponiendo\nresistencia con agarrarse a otra luz-gu\u00eda. Eso es ser buen ciego.<\/p>\n\n\n\n<p>Si quiere avanzar\nel alma, debe desechar otras luces y quedarse a \u00aboscuras, as\u00ed como el ciego,\narrim\u00e1ndose a la fe oscura, tom\u00e1ndola por gu\u00eda y luz, y no arrim\u00e1ndose a otra\ncosa de las que entiende, gusta y siente e imagina. Porque todo aquello es\ntiniebla, que la har\u00e1 errar; y la fe es sobre todo aquel entender y gustar y sentir\ne imaginar. Y si en esto no se ciega, qued\u00e1ndose a oscuras totalmente, no viene\na lo que es m\u00e1s, que es a lo que ense\u00f1a la fe\u00bb (S 2, 4, 3).<\/p>\n\n\n\n<p>Remata sus\nconsideraciones con el recurso directo al lazarillo, cuya funci\u00f3n se\ncorresponde figurativamente con la de la fe. Merece la pena leer \u00edntegro el\ntexto: \u00abEl ciego, si no es <em>buen ciego, <\/em>no\nse deja guiar del <em>mozo de ciego, <\/em>sino\nque, por un poco que ve, piensa que por cualquier parte que ve, por all\u00ed es\nmejor ir, porque no ve otras mejores; y as\u00ed puede hacer errar al que le gu\u00eda y\nve m\u00e1s que \u00e9l, porque, en fin, puede mandar m\u00e1s que el <em>mozo de ciego. <\/em>Y as\u00ed, el alma, si estriba en alg\u00fan saber suyo o\ngustar o saber de Dios, como quiera que ello, aunque m\u00e1s sea, sea muy poco y\ndis\u00edmil de lo que es Dios para ir por este camino, f\u00e1cilmente yerra o se\ndetiene, por no se querer quedar bien ciega en fe, que es su verdadero gu\u00eda\u00bb (S\n2, 4, 3).<\/p>\n\n\n\n<p>En ning\u00fan otro\nlugar llega la pluma sanjuanista a pintar con tal realismo la figura del ciego\nrecalcitrante frente a su lazarillo. El primero abusa de su autoridad moral\npara imponer caminos peligrosos, sin dejarse convencer del \u00abmozo\u00bb con ojos\nclaros. Seguramente que presenci\u00f3 en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n el animado discutir y\nporfiar de la cl\u00e1sica pareja. Acaso a ning\u00fan contempor\u00e1neo se le ocurri\u00f3\ntrasladar la escena al \u00e1mbito de la vida espiritual. Menos a\u00fan servirse de ella\npara simbolizar la relaci\u00f3n entre razonamiento humano y luz de la fe. Se\nnecesitaba la penetraci\u00f3n sanjuanista en los rec\u00f3nditos senos del esp\u00edritu para\nllegar a esa genial transmutaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Nadie ignora la\nimportancia concedida a la vida teologal en el magisterio sanjuanista. Tambi\u00e9n\nes de sobra conocido que la aportaci\u00f3n m\u00e1s original en esa parcela se refiere a\nla fe. Es el gran maestro de la fe. De ah\u00ed la porf\u00eda por estudiar ese cap\u00edtulo\nde su espiritualidad.<\/p>\n\n\n\n<p>No pod\u00eda ser\nmenos. Hablar de la fe implicaba necesariamente conectar con las otras virtudes\nteologales. La estructura fundamental de la <em>Subida\ndel Monte Carmelo <\/em>gira en torno a la correlaci\u00f3n virtudes y potencias del\nalma. La extensi\u00f3n y originalidad concedida a la fe no supone desviaci\u00f3n alguna\nen el enfoque teologal sanjuanista. Es simple acentuaci\u00f3n en consonancia con\nexigencias pr\u00e1cticas de su pedagog\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Para \u00e9l, como para\ncualquier cristiano, la caridad es el centro radical de convergencia y el motor\nde todo el organismo espiritual. Aunque de manera incidental tambi\u00e9n la caridad\nse coloca en la \u00f3ptica figurativa del \u00ablazarillo\u00bb. Y lo hace en compa\u00f1\u00eda de la\nfe, pero no con la relaci\u00f3n \u00abciego\u00bb-\u00abmozo\u00bb. Ambas virtudes ejercen la funci\u00f3n\nde gu\u00eda, por ello, de \u00ablazarillos\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Nada mejor para\nrematar las diversas facetas sugeridas por el cl\u00e1sico s\u00edmil que la p\u00e1gina\nreferida a la fe y. a la caridad. Reitera desde otra perspectiva la exigencia\nde caminar a Dios \u00aba oscuras\u00bb, no confundi\u00e9ndole a \u00e9l con realidades criadas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abDicho queda, \u00a1oh\nalma!, el modo que te conviene tener para hallar el Esposo en tu escondrijo.\nPero, si lo quieres volver a o\u00edr, oye una palabra llena de sustancia y verdad\ninaccesible: es buscarle en fe y en amor, sin querer satisfacerte de cosa, ni\nentenderla m\u00e1s de lo que debes saber; que esos dos son <em>los mozos del ciego <\/em>que te guiar\u00e1n por donde no sabes, all\u00e1 a lo\nescondido de Dios. Porque la fe, que es el secreto que habemos dicho, son los\npies con que el alma va a Dios, y el amor es la gu\u00eda que la encamina; y andando\nella tratando y manoseando estos misterios y secretos de fe, merecer\u00e1 que el\namor la descubra lo que en s\u00ed encierra la fe&#8230; en esta vida por gracia\nespecial, en divina uni\u00f3n con Dios, y en la otra, por gloria esencial\u00bb (CB 1,\n11; cf. S 2, 4, 2-3).<\/p>\n\n\n\n<p>Ambas virtudes\ngu\u00edan segura al alma y pueden simbolizarse en el lazarillo. Est\u00e1n en perfecto\nparalelismo. Si se trata de establecer graduaci\u00f3n o jerarqu\u00eda para determinar\npreeminencia, Juan es bien expl\u00edcito: la fe baja a la categor\u00eda de \u00abpies del\nalma\u00bb. El gu\u00eda, el lazarillo indefectible, es la caridad. Esto si se atiende al\ncontenido. Desde el prisma figurativo resulta mejor caracterizada en el\nlazarillo la fe que la caridad.<\/p>\n\n\n\n<p>Es lo que ha hecho\nJC con el \u00abmozo de ciego\u00bb. Bajo ese s\u00edmil recuerda la trama fundamental del\nitinerario que conduce a la uni\u00f3n divina. Es una senda de negaci\u00f3n y\npurificaci\u00f3n en \u00abnoche oscura\u00bb. Dios es el \u00fanico que conduce por ella con\nabsoluta seguridad. Se sirve, no obstante, de mediaciones; pone a disposici\u00f3n\ndel hombre \u00abmozos de ciego\u00bb, lazarillos para que le gu\u00eden con fidelidad.\nAlgunos cumplen a la perfecci\u00f3n su cometido, como la fe y la caridad; otros no\nsiempre aciertan, aunque de por s\u00ed deber\u00edan esmerarse, como los confesores,\ndirectores y maestros espirituales; de algunos lazarillos jam\u00e1s conviene\nfiarse; inevitablemente llevar\u00e1n a la fosa; tales: el apetito sensual, el\ndemonio y la propia presunci\u00f3n. JC se produce en materia con tal aplomo y\ndesenfado que, sin confesarlo de palabra, se tiene por \u00ablazarillo\u00bb seguro y\ncompetente.<\/p>\n\n\n\n<p>BIBL. \u2013 E. PACHO, <em>\u201cS\u00edmiles de la pedagog\u00eda\nsanjuanista: el lazarillo \u201cmozo de ciego\u201d<\/em>, en MteCarm 98 (1990) 527.<\/p>\n\n\n\n<p><em>E. Pacho<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El s\u00edmil del lazarillo tiene notable alcance pedag\u00f3gico en los escritos sanjuanistas. Sus connotaciones inmediatas son variadas y hasta contrastantes, por lo menos en apariencia. 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