{"id":3779,"date":"2020-02-16T09:16:53","date_gmt":"2020-02-16T15:16:53","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3779"},"modified":"2021-02-16T09:18:36","modified_gmt":"2021-02-16T15:18:36","slug":"lecho-florido","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3779","title":{"rendered":"Lecho florido"},"content":{"rendered":"\n<p>Lo mismo que el &nbsp;\u201chuerto ameno\u201d y\nla &nbsp;\u201cbodega interior\u201d o \u201ccella vinaria\u201d, el \u201clecho\u201d o t\u00e1lamo\nes otro de los \u201ctopos\u201d siempre presentes en el simbolismo nupcial de la m\u00edstica\ncristiana. Es lo que sucede en J. de la Cruz que se apoya en los textos de Cant\n1,4-5; 1,16 y 3,1-2. El \u201clectus noster floridos\u201d sirve de base a la estrofa del\n<em>C\u00e1ntico <\/em>(CA 15\/ CB 24) en la que construye una atrevida alegor\u00eda\nsimb\u00f3lica para cantar los deleites y gozos del &nbsp;\u201cmatrimonio\nespiritual\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En la primera\nredacci\u00f3n (CA) se halla colocada entre las canciones que describen el &nbsp;desposorio, pero\nsu interpretaci\u00f3n en prosa ofrece un contenido id\u00e9ntico a las del matrimonio,\ncomo puede comprobarse compar\u00e1ndola con las propias de este estado (17 y 27).\nLas exigencias del esquema l\u00f3gico motivaron su desplazamiento en la segunda\nredacci\u00f3n de la obra, en la que se integra naturalmente dentro del ciclo\nespec\u00edfico del matrimonio (CB 24).<\/p>\n\n\n\n<p>Efectivamente, el\ns\u00edmbolo (o alegor\u00eda si se prefiere) del \u201clecho florido\u201d resulta en todo\nparalelo al del \u201cameno huerto\u201d (CB 22) y de la \u201cinterior bodega\u201d (CB 26).\nId\u00e9ntica la construcci\u00f3n po\u00e9tica e id\u00e9ntica la interpretaci\u00f3n espiritual o\ndoctrinal. En los tres casos se canta la celebraci\u00f3n feliz del &nbsp;matrimonio\nespiritual entre el alma-esposa y Cristo-Esposo. Tanto literaria como\nargumentalmente son variaciones del mismo tema. No hace al caso, por tanto,\nrepetir la propuesta doctrinal; bastar\u00e1 apuntar lo espec\u00edfico respecto a la\ncorrelaci\u00f3n entre \u00e9sta y el referente simb\u00f3lico.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo declara el\nmismo Santo en las primeras l\u00edneas del comentario. Tratando de enlazar con las\nestrofas precedentes, en las que ha descrito la celebraci\u00f3n y estado del\nmatrimonio espiritual, con la \u201csabrosa entrega\u201d de la Esposa al Amado, a\u00f1ade\nque se sigue el compartir el lecho \u201cde entrambos, en el cual m\u00e1s de asiento\ngusta ella los deleites del Esposo\u201d. La clara afirmaci\u00f3n de ser \u201clecho de\nentrambos\u201d, no le impide al autor establecer inmediatamente esta correlaci\u00f3n\nentre el s\u00edmbolo y la realidad: \u201cEl lecho no es otra cosa que su mismo Esposo\nel Verbo, Hijo de Dios &#8230; en el cual ella, por medio de la dicha uni\u00f3n de amor\nse recuesta\u201d (CB 24,1). Es exactamente la misma t\u00e9cnica y la misma equivalencia\nque en el \u201chuerto\u201d y la \u201cbodega\u201d. En los tres casos el \u201ctopos\u201d literario y\nm\u00edstico apunta simb\u00f3licamente a un lugar-espacio compartido por los dos\nprotagonistas, no es el uno o el otro, sino algo com\u00fan de o para los dos. Esa\nreferencia normal se convierte inesperadamente en algo personal: el lecho (como\nel huerto) es el mismo Esposo, Cristo. La raz\u00f3n es tambi\u00e9n id\u00e9ntica en todos\nlos casos: el amor por el que la esposa se iguala al Esposo es de \u00e9ste, que se\nlo ha generosamente concedido; as\u00ed esa relaci\u00f3n amorosa de los esposos se\nvuelve \u201cel amor\u201d originante: Dios-Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>Es necesario tener\nsiempre presente esta ambivalencia del referente \u201clecho\u201d para seguir el\ncomentario en prosa sin hacer caer al autor en contradicciones. Pasa de una\nacepci\u00f3n a otra con la mayor naturalidad, aunque prevalece con mucho la\naplicaci\u00f3n del \u201clecho\u201d a la propia alma-esposa. Bastar\u00e1 recordar las l\u00edneas\nmaestras de la declaraci\u00f3n para comprobarlo. El mismo autor sintetiza al\nprincipio los contenidos de los versos; cada uno de ellos encierra un punto\nconcreto.<\/p>\n\n\n\n<p>En el primero se\ncantan las gracias y grandezas del Amado, el Hijo de Dios; en el segundo, el feliz\ny alto estado en que se ve puesta el alma y la seguridad del mismo; en el\ntercero, las riquezas de dones y virtudes con que est\u00e1 arreada en el t\u00e1lamo de\nsu Esposo; la cuarta, que ya tiene el amor en perfecci\u00f3n y la quinta, que goza\nde paz cumplida y que est\u00e1 hermoseada con dones y virtudes (CB 24,2). Es f\u00e1cil\ncomprobar que la exigencia de aclarar cada uno de los versos obliga a proponer\nalgo peculiar en todos, aunque en realidad se repitan las mismas ideas, como\nsucede aqu\u00ed, sobre todo entre el tercero y el quinto. No interesa analizarlas\nde nuevo, bastar\u00e1 recordar lo que ata\u00f1e a la relaci\u00f3n entre el elemento\nfigurativo y la aplicaci\u00f3n espiritual.<\/p>\n\n\n\n<p>El punto clave\nest\u00e1 en el primer verso, y dentro de \u00e9l en el sustantivo \u201clecho\u201d. Al explicarlo\nretoma la identificaci\u00f3n inicial \u201clecho-Esposo, Hijo de Dios\u201d, porque \u201cestando\nella ya unida y recostada en \u00e9l, hecha Esposa, se le comunica el pecho y amor\ndel Amado &#8230; por lo que le parece estar en un lecho de variedad de suaves\nflores divinas, que con su toque la deleitan y con su olor la recrean\u201d. Sigue\ninesperadamente esta nueva equivalencia: \u201cPor lo cual llama ella muy\npropiamente a <em>esta junta de amor <\/em>con Dios <em>lecho florido<\/em>\u201d, porque as\u00ed se le llamar\u00eda la Esposa en los Cantares\n(1,15): \u201cNuestro lecho florido\u201d (CB 24,3). Apenas restablecida la equiparaci\u00f3n\nlecho-Esposo, vuelve a romperse, ya de forma casi definitiva.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed lo demuestra\nla interpretaci\u00f3n de \u201cnuestro\u201d y del calificativo \u201cflorido\u201d. Es de los dos\n\u2013\u201cnuestro\u201d\u2013 \u201cporque unas mismas virtudes y un mismo amor &#8230; son ya de\nentrambos, y un mismo deleite de entrambos\u201d (ib.). Por su condici\u00f3n de\n\u201cflorido\u201d vuelve a identificarse con el alma-esposa: \u201cporque en este estado\nest\u00e1n ya las virtudes en el alma perfectas y heroicas, lo cual a\u00fan no hab\u00eda\npodido ser hasta que el lecho estuviese florido en perfecta uni\u00f3n con Dios\u201d (ib.).<\/p>\n\n\n\n<p>En esta misma\nl\u00ednea se interpreta el que el lecho est\u00e9 \u201cenlazado de cuevas de leones\u201d, ya que\ntales cuevas son las virtudes pose\u00eddas por el alma en el estado de uni\u00f3n. La\nclave simb\u00f3lica se establece en este caso de una manera muy extra\u00f1a, que\nsiempre ha desconcertado a los sanjuanistas. Las virtudes perfectas amparan y\ndefienden al alma como har\u00edan las cuevas entrelazadas a los leones. Cada virtud\n\u201ces como una cueva de leones para ella\u201d. Ning\u00fan animal se atreve a inquietar al\nle\u00f3n bien protegido por las cuevas (seg\u00fan esta curiosa versi\u00f3n sanjuanista),\ncomo tampoco al alma que reposa en \u201cel lecho de estas cuevas de virtudes\u201d. En\neste caso \u201cest\u00e1 el alma tan amparada y fuerte en cada una de las virtudes y en\ntodas ellas juntas &#8230; que no se atreven los demonios a acometer a la tal alma,\nmas ni a\u00fan osan parar delante de ella\u201d (CB 24,4.5).<\/p>\n\n\n\n<p>Por la p\u00farpura en\nque est\u00e1 tendido o tejido (te\u00f1ido, dicen algunos manuscritos) se figura el amor\nen que se \u201csustentan y florecen\u201d las riquezas y virtudes del alma, \u201csin el cual\namor no podr\u00eda el alma gozar de este lecho y de sus flores\u201d (ib.7). Casi lo\nmismo quiere representarse cuando se dice que el lecho \u201cest\u00e1 edificado de paz\u201d.\nLo propio del amor perfecto es \u201cechar fuera todo temor\u201d, de manera que del amor\n\u201csale la paz perfecta\u201d; por eso cada una de las virtudes del alma en este\nestado es \u201cpac\u00edfica, mansa y fuerte\u201d. En consecuencia, las virtudes tienen al\nalma \u201ctan pac\u00edfica y segura, que le parece estar toda ella edificada de paz\u201d\n(ib. 8). Los \u201cmil escudos de oro con que est\u00e1 coronado\u201d el lecho coincide\nsustancialmente con las \u201ccuevas\u201d que lo protegen, es decir, las virtudes y\ndones del alma. A la vez que defensa, son adem\u00e1s corona y premio del trabajo \u201cen\nhaberlas ganado\u201d. Por eso \u201ceste lecho florido de la Esposa est\u00e1 coronado de\nellas en premio de la Esposa y amparado con ellos como con escudo\u201d (ib. 9). Es\nlo que significar\u00edan dos textos de Cant (3,7-8 y 4,4).<\/p>\n\n\n\n<p>La lectura atenta\nde la estrofa 24 (15 de CA) demuestra la libertad absoluta con que procede J.\nde la Cruz a la hora de trasladar al lenguaje corriente, \u201cpor t\u00e9rminos vulgares\ny usados\u201d el contenido simb\u00f3lico de sus versos. El \u201clecho florido\u201d puede\nsignificar indistintamente el lugar indefinido de la entrega de los esposos, la\nuni\u00f3n de los mismos, el alma con sus virtudes, el estado perfecto de las mismas\no el Esposo, Hijo de Dios. Es el estilo t\u00edpico de los \u201clenguajes infinitos\u201d de J.\nde la Cruz. &nbsp;Bodega interior, huerto ameno, matrimonio espiritual.<\/p>\n\n\n\n<p>BIBL. \u2014 DOMINGO YNDURAIN, \u201cEn p\u00farpura tendido\u201d, en <em>Ciervo <\/em>40 (1991) 29-31; E.\nGARC\u00cdA GASC\u00d3N, \u201cLa fuente principal de la estrofa 24\u00aa del C\u00e1ntico espiritual\u201d,\nen <em>MteCarm <\/em>91 (1983) 3-10.<\/p>\n\n\n\n<p><em>E. Pacho<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lo mismo que el &nbsp;\u201chuerto ameno\u201d y la &nbsp;\u201cbodega interior\u201d o \u201ccella vinaria\u201d, el \u201clecho\u201d o t\u00e1lamo es otro de los \u201ctopos\u201d siempre presentes en el simbolismo nupcial de la m\u00edstica cristiana. 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