{"id":3788,"date":"2020-02-16T09:23:42","date_gmt":"2020-02-16T15:23:42","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3788"},"modified":"2021-02-16T09:25:34","modified_gmt":"2021-02-16T15:25:34","slug":"maria-virgen-santa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3788","title":{"rendered":"Mar\u00eda Virgen, Santa"},"content":{"rendered":"\n<p>Son tres las\nfacetas caracter\u00edsticas de Juan de la Cruz: santo, doctor y poeta. En relaci\u00f3n\ncon Nuestra Se\u00f1ora cabe establecer una trilog\u00eda tem\u00e1tica: la Virgen Mar\u00eda en la\nvida del Santo, en la doctrina del doctor y en los romances del poeta.<\/p>\n\n\n\n<h3>I. La Virgen Mar\u00eda\nen la vida del Santo<\/h3>\n\n\n\n<p>Es constante y\nsentida la presencia de Mar\u00eda a lo largo de la existencia de J. de la Cruz. Es\nsintom\u00e1tico que, entre los 59 episodios que grab\u00f3 Mat\u00edas de Arteaga para\nilustrar la vida del Santo, en nueve de ellos aparezca como protagonista la\nMadre de Dios. Vemos en efecto a Mar\u00eda en el <em>ni\u00f1o <\/em>de los juegos y peligros del agua; en el <em>joven sacerdote <\/em>a quien reconquista &nbsp;Teresa de Jes\u00fas\npara la Orden de la Virgen; en el <em>hombre maduro <\/em>que de diversas maneras es protegido por Nuestra Se\u00f1ora;\ny en el <em>moribundo <\/em>que un s\u00e1bado de la octava de la Inmaculada se va a\ncantar con la Virgen maitines al cielo.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Juan de Yepes es educado en el hogar por su madre &nbsp;Catalina \u00c1lvarez\nen esp\u00edritu profundamente religioso y en las pr\u00e1cticas tradicionales de la\npiedad cristiana de aquellos tiempos. El culto y la devoci\u00f3n a la Virgen Mar\u00eda\nera como el santo y se\u00f1a de aquella incipiente espiritualidad, y lo fue de\nnuestro Juan. Todos los testigos que declaran en los procesos can\u00f3nicos,\ninformativo y apost\u00f3lico del Santo, a la pregunta tercera, que versa sobre su\ndevoci\u00f3n a Mar\u00eda, se manifiestan del modo m\u00e1s rotundo acerca de su intensa,\nsincera, permanente y tierna piedad mariana. Muy se\u00f1aladamente lo hizo &nbsp;Mart\u00edn de la Asunci\u00f3n,\nque acompa\u00f1\u00f3 al Santo en muchos viajes y convivi\u00f3 con \u00e9l largas temporadas:\n\u201cEra tan devoto de Nuestra Se\u00f1ora, que todos los d\u00edas rezaba el Oficio de\nNuestra Se\u00f1ora de rodillas&#8230; y cuando iba de camino, todas sus pl\u00e1ticas y\nconversaciones era tratar del Sant\u00edsimo Sacramento y de la Virgen Sant\u00edsima, y\ncantar himnos de Nuestra Se\u00f1ora\u201d (BMC 14, 84-88).<\/p>\n\n\n\n<p>Esto era lo\nordinario. En esas pl\u00e1ticas de caminantes el propio J. de la Cruz contaba a\nfray Mart\u00edn casos y cosas que le hab\u00edan sucedido a \u00e9l mismo y confidencialmente\nse los revelaba (a pesar de ser \u00e9l tan comedido en descubrir intimidades\npersonales) para acrecentar en el hermano el amor a la Virgen. Este es el\norigen de esos favores dispensados por Mar\u00eda a su siervo Juan y que nos han\nllegado por testimonio recibido del mismo Santo (BMC, Ib).<\/p>\n\n\n\n<h3>II. La Orden de la\nVirgen<\/h3>\n\n\n\n<p>Juan de Yepes\nquiso consagrarse a Dios por medio de Mar\u00eda y as\u00ed escogi\u00f3 su Orden para\nprofesar en ella como carmelita y ser hijo y hermano suyo. Es terminante la\ndeclaraci\u00f3n de Jos\u00e9 de Velasco: \u201cJuan de la Cruz hab\u00eda sido siempre muy devoto\nde la Virgen nuestra Se\u00f1ora, y movido su pecho y su coraz\u00f3n de esta devoci\u00f3n,\ntom\u00f3 el h\u00e1bito de la Orden de Nuestra Se\u00f1ora la Virgen Mar\u00eda del Monte Carmelo\u201d\n(Proceso ordinario de Medina, 1614 (BMC 22, 46). Esta raz\u00f3n mariana fue tambi\u00e9n\nla que le movi\u00f3 definitivamente a renunciar a la Cartuja (a la que hab\u00eda\npensado pasarse) y permanecer fiel a la Orden de la Virgen cuando la Madre\nTeresa de Jes\u00fas invit\u00f3 a fray Juan para emprender la renovaci\u00f3n del Carmelo en\n1568 en &nbsp;Duruelo.<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan declaraci\u00f3n\nconcorde de 20 testigos, J. de la Cruz se liber\u00f3 de la c\u00e1rcel conventual de &nbsp;Toledo, en la que\nestaba encerrado injustamente, gracias a la milagrosa protecci\u00f3n de Nuestra\nSe\u00f1ora en agosto de 1578. Otro rasgo de su piedad mariana era el fervor con que\ncelebraba al vivo las fiestas de la Virgen, en especial las de Navidad y de la\nPurificaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Su muerte en \u00dabeda\nel 14 de diciembre de 1591 estuvo rodeada de la presencia de Mar\u00eda que se hizo\nnotar all\u00ed mismo: era el alba del d\u00eda de s\u00e1bado, en la octava de la Inmaculada;\nJuan pidi\u00f3 al prior en limosna \u201cel h\u00e1bito de la Virgen\u201d para ser enterrado; y\noyendo que estaban tocando las campanas del convento de Madre Dios para\nmaitines, dijo el Santo: \u201cYo tambi\u00e9n, por la bondad del Se\u00f1or, los tengo de\ndecir con la Virgen Nuestra Se\u00f1ora en el cielo\u201d. Y expir\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<h3>III. En la\ndoctrina del Doctor M\u00edstico<\/h3>\n\n\n\n<p>Poco escribi\u00f3 J.\nde la Cruz sobre la Virgen, pero dijo mucho en lo que escribi\u00f3. No pasan de 22\nlas referencias marianas nominales expresas acerca de la Madre de Dios. Estos\nson los lugares de sus principales textos marianos expl\u00edcitos: a. <em>Romance de la Encarnaci\u00f3n <\/em>y <em>Nacimiento <\/em>(versos 267-310); b. <em>Mar\u00eda y el Esp\u00edritu Santo <\/em>(S 3, 2,10;\nLlB 3,12); c. <em>En Can\u00e1 <\/em>(CB 2,8); d. <em>La obumbraci\u00f3n <\/em>(LlB 3,12); e. <em>El sufrimiento en Mar\u00eda <\/em>(CB 20, 10); 6) <em>Im\u00e1genes de Nuestra Se\u00f1ora <\/em>(S 3,36, 1-2;\n42,5); f. <em>Madre de Dios <\/em>(Av 26).<\/p>\n\n\n\n<p>1. \u201cMARIOLOG\u00cdA<em>\u201d. <\/em>De tan exiguo caudal mal\nse podr\u00eda extraer una verdadera mariolog\u00eda. Sin embargo, as\u00ed se titul\u00f3 uno de\nlos primeros estudios que se publicaron sobre esta cuesti\u00f3n: \u201cMariolog\u00eda de San\nJuan de la Cruz\u201d, por Otilio del Ni\u00f1o Jes\u00fas (<em>Estudios Marianos <\/em>2, 1943, 359-399). Este esbozo de \u201cmariolog\u00eda\nsanjuanista\u201d comprende: una introducci\u00f3n hist\u00f3rico-bibliogr\u00e1fica, el \u201cconsentimiento\u201d\nde Mar\u00eda a la obra de la Encarnaci\u00f3n, su maternidad divina, la Virgen como\nmodelo del alma perfecta y el culto que se daba a sus im\u00e1genes. Nuevamente se\napela a este t\u00edtulo, pero esta vez para presentar como \u201cprincipio m\u00edstico\u201d de\nla mariolog\u00eda de san Juan de la Cruz el texto fundamental del Santo sobre\nNuestra Se\u00f1ora (Ildefonso de la Inmaculada, en <em>Miriam <\/em>15,1963, 115118).<\/p>\n\n\n\n<p>Como a este texto\ntan denso se refieren todos los dem\u00e1s estudios marianos sanjuanistas, lo\ntranscribimos aqu\u00ed: \u201cTales fueron (las obras, ruego y oraciones) de la\nglorios\u00edsima Virgen nuestra Se\u00f1ora, la cual, estando desde el principio\nlevantada a este alto estado, nunca tuvo en su alma impresa forma de alguna\ncriatura, ni por ella se movi\u00f3, sino siempre su moci\u00f3n fue por el Esp\u00edritu\nSanto\u201d (S 3,2, 10).<\/p>\n\n\n\n<p>En este contexto\nmariol\u00f3gico se han de entender algunos otros trabajos referidos a la teolog\u00eda\nmariana de J. de la Cruz, en que se atribuyen a Mar\u00eda las perfecciones del <em>alma <\/em>divinizada por la\nuni\u00f3n con Dios (Sebasti\u00e1n de la Santa Faz, en <em>Mount Carmel<\/em>, 9, 1961, 44-50).\nAs\u00ed tambi\u00e9n las aplicaciones que se hacen a los misterios de Mar\u00eda, a las\nvirtudes teologales, a la \u201cnoche de la fe\u201d, a la humildad, al \u201csilencio\u201d, etc.<\/p>\n\n\n\n<p>Por \u00faltimo, y\ndando un viraje de actualidad a la materia, se ha cotejado la doctrina mariana\ndel Santo con la \u201cmariolog\u00eda actual\u201d, y se ha marcado el acento en las\ncaracter\u00edsticas que la hacen m\u00e1s de nuestros d\u00edas por su principio trinitario,\nraz\u00f3n cristol\u00f3gica, presencia pneumatol\u00f3gica, trasfondo b\u00edblico, sentido eclesial,\nsigno liturgico, dimensi\u00f3n antropol\u00f3gica y hasta se contempla en ella una\ncierta \u201cmariolog\u00eda est\u00e9tica\u201d por po\u00e9tica<em>. <\/em>(\u201cLa doctrina mariana de San Juan de la Cruz y la\nmariolog\u00eda actual\u201d, en <em>Estudios Marianos <\/em>57, 1992, 359-379).<\/p>\n\n\n\n<p>2. CUESTIONES ESPECIALES<em>. <\/em>M\u00e1s que un desarrollo normal y completo de la doctrina mariana,\nque J. de la Cruz no se propuso verificar en sus libros, el doctor m\u00edstico\nofrece materia y pistas para profundizar en algunos aspectos peculiares\nrelacionados con Nuestra Se\u00f1ora. Es lo que se ha hecho por los autores\nanalizando y examinando principalmente el citado cl\u00e1sico texto de la <em>Subida del Monte Carmelo<\/em>. Se\u00f1alamos\nahora esos estudios especiales.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Gracia y m\u00edstica<\/em>. \u2013 Dada la plenitud de gracia en Mar\u00eda, se ha estudiado\nsu desarrollo en el alma de la Virgen con las consecuencias de la gracia de la\nuni\u00f3n habitual, las ascensiones en Dios, abandono en Dios, los dones de los\n\u201cresplandores\u201d, la \u201cobumbraci\u00f3n\u201d, etc. En esta l\u00ednea van las colaboraciones de\nGabriel de Santa Magdalena y Enrique Llamas.<\/p>\n\n\n\n<p><em>El Esp\u00edritu Santo<\/em>. \u2013 Si existe una mariolog\u00eda sanjuanista, \u00e9sta es predominantemente pneumatol\u00f3gica. Es lo que se desprende del examen exhaustivo\ndel texto esencial de fray Juan, seg\u00fan el cual Mar\u00eda \u201csiempre se movi\u00f3 por el\nEsp\u00edritu Santo<strong>\u201d <\/strong>(S 3,2,10). De aqu\u00ed la consideraci\u00f3n de su acci\u00f3n en el alma de la Virgen:\nlos dones, la transformaci\u00f3n e inhabitaci\u00f3n, la merced de la obumbraci\u00f3n, la\nvisi\u00f3n beat\u00edfica \u201cpor v\u00eda de paso\u201d, la muerte de amor. (\u201cEl Esp\u00edritu Santo y la\nVirgen Mar\u00eda, seg\u00fan San Juan de la Cruz\u201d, en <em>Ephemerides Mariologicae <\/em>31, 1981, 51-70).<\/p>\n\n\n\n<p><em>Muerte de amor<\/em>. \u2013 Juan de la Cruz no menciona a la Virgen al tratar\nsobre la muerte de amor, pero los autores han aplicado a Mar\u00eda las condiciones\nde ese fen\u00f3meno m\u00edstico y las dan como m\u00e1s reales en ella que en cualquier otro\nsanto o santa. Seg\u00fan este criterio, muri\u00f3 de amor la que s\u00f3lo vivi\u00f3 en el amor\ny por el amor. Y as\u00ed el amor intens\u00edsimo de la Madre a su amado Hijo \u201crompi\u00f3 la\ntela de su dulce encuentro\u201d (Gregorio de Jes\u00fas Crucificado, \u201cLa muerte de amor\nde Mar\u00eda a la luz de San Juan de la Cruz\u201d, en <em>Estudios Marianos <\/em>9, 1950, 260-267).<\/p>\n\n\n\n<h3>IV. Mar\u00eda en los\nversos del poeta<\/h3>\n\n\n\n<p>Poeta por\nnaturaleza, J. de la Cruz hizo poes\u00eda de su vida y de su obra, de su estudio y\nsobre todo de su canci\u00f3n. Lo mismo que por los caminos fue cantando en sus\ncorrer\u00edas fundacionales, tambi\u00e9n por las v\u00edas del esp\u00edritu transit\u00f3 entre\nc\u00e1nticos \u201cbuscando sus amores\u201d. Entre esos amores estaba la Virgen Mar\u00eda. Pero\nno la cant\u00f3 en sus grandes poemas del <em>C\u00e1ntico<\/em>,\nla <em>Llama <\/em>y la <em>Fonte<\/em>, sino en sus lindos y populares romances de la Encarnaci\u00f3n y\nde la Navidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Para degustar su\nsabor como colof\u00f3n de este ensayo basta evocar en estas p\u00e1ginas el preludio de\nese romance mariano sanjuanista de la Encarnaci\u00f3n: \u201cEntonces llam\u00f3 a un\narc\u00e1ngel que San Gabriel se dec\u00eda y envi\u00f3lo a una doncella que se llamaba\nMar\u00eda, de cuyo consentimiento el misterio se hac\u00eda; en la cual la Trinidad de\ncarne al Verbo vest\u00eda; y aunque tres hacen la obra, en el uno se hac\u00eda: y qued\u00f3\nel Verbo encarnado en el vientre de Mar\u00eda\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>BIBL. \u2014 AA.VV., <em>San Juan de la Cruz y la\nVirgen<\/em>, Sevilla, Miriam, 1990\ny los estudios antes citados en el texto; se recogen tambi\u00e9n en esta obra:\nISMAEL BENGOECHEA, \u201cEl Esp\u00edritu Santo en las palabras y silencios de Mar\u00eda, a\nla luz de san Juan de la Cruz\u201d, en <em>SJC <\/em>14 (1998) 187-201.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Ismael Bengoechea<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Son tres las facetas caracter\u00edsticas de Juan de la Cruz: santo, doctor y poeta. 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