{"id":3797,"date":"2020-02-16T09:31:25","date_gmt":"2020-02-16T15:31:25","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3797"},"modified":"2021-02-16T09:33:07","modified_gmt":"2021-02-16T15:33:07","slug":"meditacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3797","title":{"rendered":"Meditaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<p>Es bien sabido que\nJ. de la Cruz no escribi\u00f3 para iniciar en la vida espiritual. Dio por supuesta\nla proped\u00e9utica a la misma, centrando su atenci\u00f3n en problemas y situaciones de\nquienes, ya iniciados y seriamente comprometidos, hallan serias dificultades en\nseguir adelante hasta alcanzar la santidad. Declara expl\u00edcitamente su prop\u00f3sito\nde dejar a un lado las cosas \u201cmorales y sabrosas\u201d para iniciandos, que se\nhallar\u00e1n f\u00e1cilmente en otros autores (S pr\u00f3l. 8). M\u00e1s chocante es que tampoco\nse haya entretenido en adoctrinar directamente sobre la oraci\u00f3n en una \u00e9poca en\nque estaba de moda, era casi una man\u00eda entre los escritores espirituales. Es\nverdad que todo gira en su obra en torno a la oraci\u00f3n, pero no es menos cierto\nque no compuso p\u00e1ginas de pedagog\u00eda oracional, aunque sus ense\u00f1anzas sobre el\ntema est\u00e9n acaso recogidas en los primeros tratados de &nbsp;oraci\u00f3n, debidos a\nsus compa\u00f1eros y disc\u00edpulos del Carmelo Teresiano.<\/p>\n\n\n\n<p>Si se tienen en\ncuenta estos datos, no extra\u00f1a que tampoco haya desarrollado la problem\u00e1tica de\nla <em>meditaci\u00f3n<\/em>, la forma oracional m\u00e1s\ncom\u00fan y estimada en su tiempo y en su ambiente. J. de la Cruz estaba persuadido\nde que era argumento propio de principiantes y de que sobre el particular\nexist\u00eda abundante producci\u00f3n escrita. Lo que a \u00e9l le interesaba afrontar eran\nlas etapas y niveles m\u00e1s altos de la vida espiritual, en los que la meditaci\u00f3n\nquedaba superada, por lo menos en parte. Su mirada estaba puesta en la &nbsp;contemplaci\u00f3n,\nexpresada con diversos t\u00e9rminos, especialmente con el de \u201cnoticia amorosa\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Al abordar \u00e9sta,\ninevitablemente ten\u00eda que relacionarla con la meditaci\u00f3n y con otras\nexpresiones de la vida espiritual. Gracias a esta confrontaci\u00f3n podemos reunir\nsus ideas sobre la oraci\u00f3n mental o meditaci\u00f3n. Se trata de reunir en cierto\norden l\u00f3gico lo que \u00e9l dej\u00f3 sembrado a lo largo y ancho de sus p\u00e1ginas. Puede\norganizarse en torno a los puntos siguientes: definici\u00f3n descriptiva, momento\nespiritual, valoraci\u00f3n y superaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>1. DEFINICI\u00d3N DESCRIPTIVA.\nPara \u00e9l \u201cla meditaci\u00f3n es acto discursivo por medio de im\u00e1genes, formas y\nfiguras, fabricadas e imaginadas por los sentidos\u201d, en concreto, por la &nbsp;fantas\u00eda y la imaginativa, sentidos interiores que, en el fondo, pueden\nreducirse a uno y para el caso \u201clo mismo es tratar del uno que del otro\u201d (S\n2,12,3). Para comprender el sentido de esta definici\u00f3n conviene recordar que el\nSanto asume la teor\u00eda escol\u00e1stica sobre el conocimiento, basada sobre la\nabstracci\u00f3n intelectual de lo que se recibe a trav\u00e9s de los sentidos exteriores\ne interiores.<\/p>\n\n\n\n<p>Ilustra su\ndefinici\u00f3n con los siguientes ejemplos: \u201cAs\u00ed como imaginar a Cristo\ncrucificado, o en la columna, o en otro paso, o a Dios con grande majestad en\nun trono; o considerar e imaginar la gloria como una hermos\u00edsima luz, etc., y,\npor el semejante, otras cualesquier cosas, ahora divinas, ahora humanas, que\npueden caer en la imaginativa\u201d (ib.). Lo propio y espec\u00edfico de la meditaci\u00f3n\nes el discurrir, por eso puede llamarse \u201cmeditaci\u00f3n discursiva imaginaria\u201d (S\n2,13,1), o \u201cdiscurso meditativo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>De ah\u00ed otra forma\nde definirla como actividad \u201cmediante la cual obra el alma discurriendo con las\npotencias sensitivas\u201d. Llevando las cosas al extremo, el Santo defiende que es\nun ejercicio \u201ctotalmente sensible\u201d (S 2,13,7; 14,1) o \u201cdiscursivo\u201d (ib. t\u00edt.).<\/p>\n\n\n\n<p>En cuanto\nejercicio discursivo, la meditaci\u00f3n coincide con la \u201cconsideraci\u00f3n\u201d (S 2,12,6;\nCB 4,1.4; 5,1). Practicar habitualmente el discurso meditativo equivale a\nseguir la \u201cv\u00eda de meditaci\u00f3n y discurso y formas naturales\u201d (S 2,14,6.7; 15,1;\nN 1,10,2; LlB 3,53). Una alusi\u00f3n fugaz parece sugerir que el ejercicio de la\nmeditaci\u00f3n en la pedagog\u00eda sanjuanista iba acompa\u00f1ado de la lectura, seg\u00fan\npr\u00e1ctica habitual. Denunciando a quienes ejercit\u00e1ndose en oraci\u00f3n piensan \u201cque\ntodo el negocio de ella est\u00e1 en hallar gusto y devoci\u00f3n sensible\u201d, diagnostica\nque \u201ctodo se les va a \u00e9stos en buscar gusto y consuelo de esp\u00edritu, y por esto\nnunca se hartan de <em>leer libros<\/em>, y ahora toman una meditaci\u00f3n, ahora otra, andando a\ncaza de este gusto con las cosas de Dios\u201d (N 1,6,6). Puede aludir a la\n\u201clecci\u00f3n\u201d, como parte del m\u00e9todo oracional anterior a la meditaci\u00f3n, o a la\nlectura de libros espirituales, independientemente de la oraci\u00f3n. En cualquier\ncaso, establece claramente lazo entre lectura y meditaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>2. \u201cESTADO DE MEDITACI\u00d3N\u201d: ESTADO\nDE PRINCIPIANTES. Antes de abordar el tema de la meditaci\u00f3n-contemplaci\u00f3n, J. de\nla Cruz ya hab\u00eda hablado expl\u00edcitamente del \u201cestado de meditaci\u00f3n\u201d (S 2,11,10).\nQuer\u00eda indicar que un determinado estadio de la vida espiritual se caracteriza\npor el ejercicio normal y habitual de la meditaci\u00f3n, como forma dominante de\noraci\u00f3n. De manera m\u00e1s completa lo designa como \u201cestado de meditaci\u00f3n y de sentido\u201d (S 2,13,5). En el conjunto de su magisterio est\u00e1 bien\ndelimitada la fase del desarrollo espiritual caracterizada como \u201cvida del\nsentido\u201d, en comparaci\u00f3n con la \u201cv\u00eda o vida del esp\u00edritu\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Es fija y\nconstante la identificaci\u00f3n de la vida del sentido con el estado de &nbsp;principiantes, en\nel sentido que el Santo da a este t\u00e9rmino. En consecuencia, el \u201cestado de meditaci\u00f3n\u201d\nresulta propio de este peculiar momento de la vida espiritual. El acto de\nmeditar asiduamente se convierte en ejercicio caracter\u00edstico de principiantes.\nMeditaci\u00f3n y mortificaci\u00f3n son los dos pilares sobre los que se asienta la vida\nespiritual en esta etapa (CB 3,1.4; 22,3). La equivalencia est\u00e1 afirmada de\nmanera expl\u00edcita: \u201cEstado de principiantes, que es de los que meditan en el\ncamino espiritual\u201d (N 1,1,1). M\u00e1s incisivo a\u00fan: \u201cEl estado y ejercicio de\nprincipiantes es de meditar y hacer actos y ejercicios discursivos con la\nimaginaci\u00f3n\u201d (LlB 3,32).<\/p>\n\n\n\n<p>Consecuente con\nesta idea b\u00e1sica habla insistentemente de meditaci\u00f3n como \u201cestado\u201d o \u201cv\u00eda\u201d el\nmismo sentido de \u201cv\u00eda purgativa\u201d, estado de principiantes, aprovechados, etc.\nLa primera etapa de la vida espiritual es \u201cv\u00eda de meditaci\u00f3n y discurso\u201d (S\n2,14,1.6.7; 15,1), \u201cv\u00eda de meditaci\u00f3n sensible\u201d (ib. 14,1), \u201cv\u00eda imaginaria y\nde la meditaci\u00f3n que es totalmente sensible\u201d (ib. 13,7), \u201cv\u00eda del sentido\u201d (N\n1,10,1), \u201ccamino de meditaci\u00f3n y discurso\u201d (ib. 10,2). Equiparando\nprincipiantes y vida del sentido, escribe que \u201clas v\u00edas del sentido son las del\ndiscurso y meditaci\u00f3n discursiva\u201d (S 2,17,5).<\/p>\n\n\n\n<p>3. VALOR Y LIMITACIONES. La permanente asociaci\u00f3n de la\nmeditaci\u00f3n con los principiantes, pudiera sugerir cierto desprecio o\nminusvaloraci\u00f3n de la misma por parte de J. de la Cruz. Esa primera impresi\u00f3n\nno responde a la realidad. Conviene, ante todo, no perder de vista el nivel\nespiritual que el Santo atribuye a los principiantes, muy superior, sin duda, a\nlo que se piensa corrientemente en nuestros d\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>Para ese estadio\nespiritual la meditaci\u00f3n, no s\u00f3lo es \u00fatil y provechosa; resulta necesaria e\nimprescindible en el aprovechamiento espiritual y para sentar las bases de\netapas superiores. Su virtualidad y eficacia responde adem\u00e1s al \u201cfin y estilo\nque Dios tiene en comunicar al alma\u201d, que primero perfecciona lo m\u00e1s sensible y\nexterno \u201ccon consideraciones, meditaciones y discursos santos\u201d, para luego\ninstruir al esp\u00edritu (S 2,17,4).<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cA los\nprincipiantes \u2013escribe el Santo\u2013 son necesarias estas consideraciones y formas\ny modos de meditaciones para ir enamorando y cebando el alma por el sentido\u201d (S\n2,12,5) M\u00e1s a\u00fan: \u201cEs necesario no dejar la dicha meditaci\u00f3n imaginaria antes de\ntiempo para no volver atr\u00e1s\u201d (S 2,13,1). \u201cMientras en ella se encuentre\nprovecho o se saque jugo, no se ha de dejar\u201d (ib. 13,2). Durante la etapa de\nprincipiantes, \u201cnecesario le es al alma que se le d\u00e9 materia para que medite y\ndiscurra, y le conviene que de suyo haga actos interiores y se aproveche del sabor\ny jugo sensitivo de las cosas espirituales, porque cebando el apetito con sabor\nde las cosas espirituales, se desarraigue el sabor de las cosas sensuales y desfallezca\na las cosas del siglo\u201d (LlB 3,32; cf. S 2,13,2).<\/p>\n\n\n\n<p>Esta es, en el\nfondo, la eficacia de la meditaci\u00f3n: \u201cir enamorando y cebando el alma por el\nsentido\u201d, o \u201csacar noticia y amor de Dios\u201d (S 2,12,5; 2,14,2; 2,17,1.7). Llega,\nsin embargo, un momento en la vida espiritual en que desaparece esa funci\u00f3n o\neficacia, porque ya no es posible la meditaci\u00f3n sensible ni discurrir, porque\nya se ha conseguido todo lo que pod\u00eda conseguirse por \u201cv\u00eda de meditaci\u00f3n y\ndiscurso\u201d (S 2,14,1) y porque \u201cya el alma en este tiempo tiene el esp\u00edritu de\nla meditaci\u00f3n en sustancia y h\u00e1bito\u201d (ib. n. 2). Comienza a introducirse en el\nalma otra manera de comunicarse con Dios: la &nbsp;noticia amorosa o\ncontemplaci\u00f3n. \u201cEs necesaria esta noticia para haber de dejar la v\u00eda de\nmeditaci\u00f3n y discurso\u201d (S 2,14,7).<\/p>\n\n\n\n<p>4. SUPERACI\u00d3N Y ALTERNANCIA.\nEn la pedagog\u00eda sanjuanista la meditaci\u00f3n mantiene su valor mientras no es\nobst\u00e1culo para el progreso ulterior, lo que quiere decir que no es ni fin a s\u00ed\nmisma ni t\u00e9rmino del crecimiento espiritual. Tampoco acepta el Santo que el\npaso o tr\u00e1nsito a la contemplaci\u00f3n suponga un abandono definitivo de la\nmeditaci\u00f3n. Superaci\u00f3n no equivale a definitiva desaparici\u00f3n. Lo que s\u00ed tiene\nclaro J. de la Cruz es que para llegar a la &nbsp;uni\u00f3n con Dios o perfecci\u00f3n es necesario superar\nlas formas imaginarias naturales instal\u00e1ndose en otro modo de comunicarse con\nDios.<\/p>\n\n\n\n<p>Sus afirmaciones\nal respecto son reiterativas: \u201cYerran mucho muchos espirituales, los cuales,\nhabiendo ellos ejercit\u00e1dose en llegarse a Dios por im\u00e1genes y formas y\nmeditaciones, cual conviene a los principiantes, queri\u00e9ndolos Dios recoger a\nbienes m\u00e1s espirituales, interiores e invisibles, quit\u00e1ndoles ya el gusto de la\nmeditaci\u00f3n discursiva, ellos no acaban, ni se atreven, ni saben desasirse de\naquellos modos palpables a que est\u00e1n acostumbrados; y as\u00ed, todav\u00eda trabajan por\ntenerlos, queriendo ir por consideraci\u00f3n y meditaci\u00f3n de formas, como antes,\npensando que siempre ha de ser as\u00ed. En lo cual trabajan ya mucho y hallan poco\njugo o nada\u201d (S 2,12,6; cf. 2,13,5; 2,14,1-2; LlB 3,32-33, etc.).<\/p>\n\n\n\n<p>La insistencia con\nque el Santo vuelve sobre este argumento, es prueba de la importancia que le\nconcede. Llega a decir que llegado el momento \u201ctotalmente se ha de llevar el\nalma por modo contrario al primero, que si antes le daban materia para meditar\ny meditaba, que ahora se la quiten y que no medite, porque no podr\u00e1 aunque\nquiera, y, en vez de recogerse, se distraer\u00e1 &#8230; Y por eso en este estado en\nninguna manera le han de imponer que medite ni se ejercite en actos, ni procure\nsabor ni fervor, porque ser\u00eda poner obst\u00e1culo al principal agente\u201d, que es\nDios, el cual \u201coculta y quietamente anda poniendo en el alma sabidur\u00eda y\nnoticia amorosa sin especificaci\u00f3n de actos\u201d. En consecuencia, lo que importa\nes \u201candar s\u00f3lo con advertencia amorosa a Dios\u201d (LlB 3,33; cf. CA 28,10; LlB\n3,34-35, etc.).<\/p>\n\n\n\n<p>Estaba muy seguro\nde la bondad de su propuesta J. de la Cruz para atreverse a proponerla de forma\ntan decidida en el ambiente cargado de &nbsp;alumbradismo que\nle rodeaba. Defiende decidido su postura frente a directores espirituales, que\nconsideraban estas ense\u00f1anzas un fomentar el ocio espiritual, alumbramientos y\ncosas de bausanes (LlB 3,43, cf. 53-58).<\/p>\n\n\n\n<p>Su consejo es\nsiempre el mismo: \u201cAprenda el espiritual a estarse con advertencia amorosa en\nDios, con sosiego de entendimiento, cuando no puede meditar, aunque le parezca\nque no hace nada. Porque as\u00ed, poco a poco y muy presto, se infundir\u00e1 en su alma\nel divino sosiego y paz con admirables y subidas noticias de Dios, envueltas en\ndivino amor\u201d (S 2,15,5).<\/p>\n\n\n\n<p>El punto m\u00e1s\npr\u00e1ctico y mejor conocido de la pedagog\u00eda sanjuanista sobre este punto es de\nlos criterios o &nbsp;\u201cse\u00f1ales\u201d que han de tenerse en cuanta para saber cu\u00e1ndo\nconviene dejar la meditaci\u00f3n y pasar a la contemplaci\u00f3n. Los tres criterios\nestablecidos en la <em>Subida <\/em>(2,13) se repiten sustancialmente, aunque con algunas\nmodificaciones, en la <em>Noche <\/em>(1,9,2-8). Bastar\u00e1 aqu\u00ed su enunciado seg\u00fan la primera\nformulaci\u00f3n: No poder \u201cmeditar ni discurrir con la imaginaci\u00f3n, ni gustar de\nello como antes\u201d (n. 2); no sentir \u201cninguna gana de poner la imaginaci\u00f3n ni el\nsentido en otras cosas particulares, exteriores ni interiores\u201d (n. 3);\nexperimentar gusto \u201cde estarse a solas con atenci\u00f3n amorosa en Dios, sin\nparticular consideraci\u00f3n, en paz interior y quietud y descanso\u201d (n. 4).<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez razonadas\ny justificadas estas se\u00f1ales (S 2,13-14), el Santo se siente obligado a mitigar\nposibles entusiasmos injustificados. No queda sepultada para siempre la\nmeditaci\u00f3n. A quienes comienzan a gustar de la noticia amorosa \u201cles conviene a\nveces aprovecharse del discurso natural y obra de las potencias naturales\u201d.\nAunque parezca que est\u00e1n ya sacados \u201cde la vida del sentido al esp\u00edritu\u201d (N\n1,10,2), les es necesario retomar en ocasiones el ejercicio de la meditaci\u00f3n,\nsobre todo \u201ca los principios que van aprovechando\u201d, ya que no \u201cest\u00e1n tan\nremotos de la meditaci\u00f3n\u201d que pueda el alma estar \u201cempleada en aquel sosiego y\nnoticia\u201d. Hasta que no adquieran el \u201ch\u00e1bito en alguna manera perfecto\u201d de la\nmisma \u201chabr\u00e1n menester aprovecharse del discurso\u201d (S 2,15,1). Muchas veces\n\u201chabr\u00e1 menester ayudarse blanda y moderadamente del discurso para ponerse en\nella\u201d (ib. n. 2).<\/p>\n\n\n\n<p>Las diferencias\nentre ambas situaciones o formas de comunicaci\u00f3n con Dios justifican la\npreferencia sanjuanista por la contemplaci\u00f3n. La relaci\u00f3n entre meditar y\ncontemplar es la que hay \u201centre ir obrando y gozar de la obra hecha, o la que\nhay entre el trabajo de ir caminando y el descanso y quietud que hay en el\nt\u00e9rmino &#8230;; como estar guisando la comida o estar comi\u00e9ndola y gust\u00e1ndola ya\nguisada y masticada\u201d; como \u201centre ir recibiendo y aprovech\u00e1ndose de lo\nrecibido\u201d (S 2,14,7). Las ventajas son manifiestas.<\/p>\n\n\n\n<p>BIBL. \u2014 BUENAVENTURA DE JES\u00daS, \u201cLa meditaci\u00f3n en\nsan Juan de la Cruz\u201d, en <em>Vida Sobrenatural<\/em> 4 (1943) 76-286; AMATUS VAN DE HEILIGE FAMILIE,\n\u201cLa m\u00e9ditation chez saint Jean de la Croix\u201d, en <em>EphCarm <\/em>9 (1960) 176-196; P. L., \u201cLa m\u00e9ditation selon saint\nJean de la Croix\u201d, en <em>Carmel <\/em>43 (1960) 11-26.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Eulogio Pacho<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Es bien sabido que J. de la Cruz no escribi\u00f3 para iniciar en la vida espiritual. 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