{"id":3801,"date":"2020-02-16T09:33:45","date_gmt":"2020-02-16T15:33:45","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3801"},"modified":"2021-02-16T09:37:01","modified_gmt":"2021-02-16T15:37:01","slug":"memoria-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3801","title":{"rendered":"Memoria"},"content":{"rendered":"\n<p>En el cuadro de la\n&nbsp;antropolog\u00eda sanjuanista la memoria presenta una\nproblem\u00e1tica bastante compleja de no f\u00e1cil interpretaci\u00f3n. Su importancia no\nderiva de las implicaciones filos\u00f3ficas, sino de su incorporaci\u00f3n a puntos\nclave de la propuesta espiritual del Santo. Es sabido que \u00e9sta se sustenta en\nel principio b\u00e1sico de la catarsis o depuraci\u00f3n total. En ella se incluye la\nmemoria, facultad por la cual el hombre se adue\u00f1a de las cosas pasadas\nvivi\u00e9ndolas en presente. La purificaci\u00f3n de la memoria exige la superaci\u00f3n de\n\u201ctoda noticia distinta y posesi\u00f3n aprehendible en suma esperanza de Dios\nincomprehensible\u201d (S 3,2,3).<\/p>\n\n\n\n<p>En esta frase sencilla\nse encierra la problem\u00e1tica fundamental de la memoria en la s\u00edntesis sanjuanista:\nla consideraci\u00f3n de la memoria como facultad-potencia del alma y su\nemparejamiento con la virtud teologal de la &nbsp;esperanza en el\nproceso de &nbsp;purificaci\u00f3n. Todo arranca de la tesis formulada al\nprincipio del segundo libro de la &nbsp;<em>Subida<\/em>: \u201cLas tres\nvirtudes teologales son las que han de poner en perfecci\u00f3n las tres potencias\ndel alma\u201d, y en ellas \u201chacen vac\u00edo las dichas virtudes\u201d (S 2,6, t\u00edt.). Queda\nas\u00ed establecida de manera definitiva la correlaci\u00f3n: fe-entendimiento,\nesperanza-memoria, caridad-voluntad. El emparejamiento fe-entendimiento y\ncaridad-amor-voluntad ha tenido muchos antecedentes en la tradici\u00f3n espiritual,\nbajo diversos puntos de vista y en abundantes aplicaciones. No ha sucedido as\u00ed\ncon el d\u00edptico memoria-esperanza. El acoplamiento sanjuanista se ha considerado\noriginal y un tanto arbitrario, argumentando que la memoria afecta al pasado y\nla esperanza es de lo futuro. Para comprender la postura sanjuanista es\nnecesario resumir antes su pensamiento en torno a la memoria.<\/p>\n\n\n\n<h3>I. El problema\nfilos\u00f3fico<\/h3>\n\n\n\n<p>No es algo\nformulado y resuelto directa y expl\u00edcitamente por J. de la Cruz. Subyace en\nmultitud de frases y afirmaciones sin que el autor se detenga nunca a estudiar\nla memoria de manera clara y sistem\u00e1tica. A lo largo de sus p\u00e1ginas se entrecruzan\na este prop\u00f3sito \u2013y en otros muchos casos\u2013 dos corrientes expresivas no siempre\nhomog\u00e9neas: el tecnicismo de la filosof\u00eda escol\u00e1stica, en la que se form\u00f3 el\nautor, y el lenguaje corriente dominante en su ambiente cultural, especialmente\nen el marco religioso. Naturalmente, no siempre concuerdan del todo. Tampoco es\nposible determinar si sigue el primero o se atiene al segundo, como sucede, por\nejemplo, cuando habla de la \u201csustancia del alma\u201d y de sus \u201cpotencias\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras J. de la\nCruz mantiene una terminolog\u00eda precisa y sustancialmente uniforme \u2013de cu\u00f1o\nfilos\u00f3fico\u2013 cuando habla del entendimiento y de la voluntad, se muestra\nfluctuante e indeciso acerca de la memoria. Es concreto al se\u00f1alar las\nfunciones y el objeto de las otras dos potencias, lo que no sucede con \u00e9sta.\nComplica a\u00fan m\u00e1s la situaci\u00f3n al hablar indistintamente de una memoria\nespiritual, potencia del alma, y de una memoria sensible o corporal.<\/p>\n\n\n\n<p>Como en tantos\notros puntos, lo que le interesa al autor no es el enfoque filos\u00f3fico o\nte\u00f3rico, sino la utilidad pr\u00e1ctica para su pedagog\u00eda espiritual. En esta \u00f3ptica\nhay que colocar el problema de la memoria y su correlaci\u00f3n con la esperanza. La\ndoctrina filos\u00f3fica sobre la memoria condiciona s\u00f3lo relativamente la\naplicaci\u00f3n pr\u00e1ctica. Esta resulta clara en las l\u00edneas generales, y es aceptada\nconcordemente por los estudiosos del Santo, mientras disienten en la\ninterpretaci\u00f3n de la doctrina filos\u00f3fica sobre la memoria. Las diferencias no\nse reducen a cuesti\u00f3n ling\u00fc\u00edstica ni a \u201cconcordancias verbales\u201d, como alguien\nha insinuado. El an\u00e1lisis textual riguroso conduce a resultados poco\nsatisfactorios. Frente a datos seguros, son muchas las cuestiones que quedan\nabiertas.<\/p>\n\n\n\n<p>1. PLURALIDAD E INDETERMINACI\u00d3N DE LA MEMORIA. La\ninsistente repetici\u00f3n de que las potencias del alma son tres, entendimiento,\nmemoria y voluntad, lleva insensiblemente al lector a la persuasi\u00f3n de que J.\nde la Cruz acepta sin m\u00e1s la divisi\u00f3n tripartita, apart\u00e1ndose de quienes (como\nS. Tom\u00e1s) consideran la memoria una funci\u00f3n del entendimiento. La permanente\nequiparaci\u00f3n al entendimiento y a la voluntad apoyar\u00eda esa primera impresi\u00f3n.\nUn an\u00e1lisis riguroso de los textos aten\u00faa considerablemente tal impresi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La cuesti\u00f3n se\ncomplica al comprobar que, al lado de esa \u201cpotencia\u201d o facultad espiritual del\nalma, (como el entendimiento y la voluntad), las p\u00e1ginas sanjuanistas mencionan\nun sentido corporal interno, llamado \u201cmemoria\u201d; es paralelo a la fantas\u00eda e\nintercambiable con ella, por lo mismo, sensitivo o material (CA 31,49. El\nreconocimiento de una memoria espiritual y otra sensible parece imponerse a\nnivel textual. Lo que sucede es que la delimitaci\u00f3n de su respectivo campo de\nacci\u00f3n no es tan clara. Con frecuencia aparece la memoria espiritual, potencia\ndel alma, actuando en el mundo sensible, concreto y material.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando ambos\ncampos o niveles aparecen separados y sin interferencias, resulta m\u00e1s f\u00e1cil\nidentificar dos tipos de memoria. Las dudas surgen cuando se entrecruzan y\nyuxtaponen los dos mundos: el sensible y el espiritual. Abundan los casos, como\ncuando se dice que \u201clas im\u00e1genes y representaciones de las criaturas\u201d las\n\u201cguarda y revuelve en s\u00ed la tercera parte del alma, que es la memoria\u201d (S\n1,9,6). La tercera parte equivale, naturalmente, a la tercera potencia del\nalma. Mucho m\u00e1s comprometido es otro texto por su implicaci\u00f3n en la estructura\nesquem\u00e1tica de la <em>Subida<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Estableciendo\ncorrelaci\u00f3n entre los bienes espirituales en que puede gozarse el alma, escribe\nel Santo: \u201cTodos estos podemos tambi\u00e9n distinguir seg\u00fan las potencias del alma;\nporque unos, por cuanto son inteligencias, pertenecen al entendimiento; otros,\npor cuanto son afecciones, pertenecen a la voluntad, y otros, por cuanto son <em>imaginarios<\/em>, pertenecen a la memoria\u201d (S 3,33,4). Como si la potencia espiritual del\nalma actuase con figuras imaginarias.<\/p>\n\n\n\n<p>Algo parecido se\nrepite al comparar el objeto y las funciones de las tres potencias. Frente a la\ndelimitaci\u00f3n correcta del entendimiento y de la voluntad en el \u00e1mbito de lo\nespiritual, prevalece la ambig\u00fcedad sobre la memoria. Es lo que sucede al\ndescribir la situaci\u00f3n de dichas potencias antes y despu\u00e9s de la uni\u00f3n. La\ndiferencia, tan bien marcada en las dos primeras potencias, queda diluida en la\nmemoria, \u201cque de suyo s\u00f3lo <em>percib\u00eda las figuras y\nfantasmas de las criaturas<\/em>, es trocada por\nmedio de esta uni\u00f3n a tener en la mente los a\u00f1os eternos (Sal 76,6), que David\ndice\u201d (LlB 2,34). De dar fe a estos y otros muchos textos sanjuanistas, la\npotencia del alma designada como memoria opera con objetos imaginarios que son\npropios de la fantas\u00eda, sentido material interno, seg\u00fan el propio Santo. En sus\nescritos existe palpable indeterminaci\u00f3n respecto al objeto propio de la\nmemoria en dos niveles: con respecto a las otras dos facultades del alma y en\nrelaci\u00f3n al sentido &nbsp;imaginaci\u00f3n-fantas\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Un cap\u00edtulo clave\nen la estructuraci\u00f3n de la <em>Subida <\/em>demuestra bien a las claras hasta d\u00f3nde llega la\nindeterminaci\u00f3n de los dos niveles \u2013sensible e intelectual\u2013 de la memoria. Al\ntratar de la purificaci\u00f3n propia de la memoria como potencia del alma, comienza\npor las noticias naturales de la misma. \u201cSon todas aquellas que puede formar de\nlos objetos de los cinco sentidos corporales &#8230; y todas las que a este talle\nella puede fabricar y formar. Y de todas estas noticias y formas se ha de\ndesnudar y vaciar, y procurar perder la aprehensi\u00f3n imaginaria de ellas\u201d (S\n3,2,4). Prosigue entremezclando lo sensible y lo espiritual \u2013\u201colvido de la\nmemoria y suspensi\u00f3n de la imaginaci\u00f3n\u201d\u2013 hasta llegar a determinar el asiento\nde la memoria: \u201cCuando Dios hace estos toques de uni\u00f3n en la memoria,\ns\u00fabitamente le da un vuelco en el cerebro, que es donde ella tiene su asiento,\ntan sensible que le parece se desvanece toda la cabeza y que se pierde el juicio\ny el sentido\u201d (S 3,2,5).<\/p>\n\n\n\n<p>La identificaci\u00f3n\nde la memoria con la imaginativa y la fantas\u00eda es constante en este cap\u00edtulo\nfundamental. El equ\u00edvoco se mantiene a lo largo del libro 3\u00ba, especialmente en\nla parte que ata\u00f1e a la purificaci\u00f3n de la memoria. Debi\u00f3 de apercibirse de\nello el autor al rematar este asunto y estamp\u00f3 esta especie de advertencia, en\nla que intenta aclarar un poco las cosas. Es probablemente el texto m\u00e1s\nimportante en lo que se refiere a la memoria. Conviene leerlo en su integridad:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cLas noticias espirituales pusimos por tercer\ng\u00e9nero de aprehensiones de la memoria, <em>no porque ellas pertenezcan al\nsentido corporal de la fantas\u00eda como las dem\u00e1s <\/em>(pues no tienen imagen y forma\nnatural), pero porque tambi\u00e9n caen debajo de reminiscencia y memoria\nespiritual, pues que, despu\u00e9s de haber ca\u00eddo en el alma alguna de ellas, se\npuede, cuando quisiere, acordar de ella. Y esto no por la efigie e imagen que\ndejase la tal aprehensi\u00f3n en el sentido corporal (porque, por ser corporal,\ncomo decimos, no tiene capacidad para formas espirituales), sino que\nintelectual y espiritualmente se acuerda de ella por la forma que en el alma de\ns\u00ed dej\u00f3 impresa, que tambi\u00e9n es forma o noticia o imagen espiritual y formal,\npor lo cual se acuerda, o por el efecto que hizo; que por eso pongo estas\naprehensiones entre las de la memoria, aunque no pertenezcan a las de la\nfantas\u00eda\u201d (S 3,14,1).<\/p>\n\n\n\n<p>No disipa esta\naclaraci\u00f3n todas las dudas suscitadas por otros textos, pero aparece bien clara\nla distinci\u00f3n entre una memoria corporal y otra espiritual o intelectual. Esta\nse caracteriza por la capacidad de recordar y se la asocia a la reminiscencia\n(S 3,2,7). Lo que interesa, en \u00faltima instancia, es que J. de la Cruz acepta\nuna facultad capaz de conservar recuerdos y reproducir im\u00e1genes del pasado. En\nla funci\u00f3n de la memoria distingue una dimensi\u00f3n corporal o sensitiva y otra\nespiritual o intelectiva. No siente especial preocupaci\u00f3n por ulteriores\nclarificaciones te\u00f3ricas; le interesa primordialmente la pedagog\u00eda espiritual\norientada a la purificaci\u00f3n de todas las capacidades del hombre.<\/p>\n\n\n\n<p>2. MEMORIA SENSITIVA-CORPORAL.\nLa expl\u00edcita afirmaci\u00f3n de una memoria corporal distinta de la espiritual abre\notros interrogantes, ya que J. de la Cruz tampoco ha puesto empe\u00f1o en\nidentificarla con suficiente claridad. De manera natural y espont\u00e1nea\nintercambia la memoria corporal con la &nbsp;fantas\u00eda y la &nbsp;imaginaci\u00f3n o imaginativa. Tan pronto las identifica, como parece\ndiferenciarlas. Su postura al respecto es menos precisa de cuanto se piensa. Es\nnecesario familiarizarse con la terminolog\u00eda del autor para no extraviarse.<\/p>\n\n\n\n<p>Las afirmaciones\nen torno a una memoria corporal o sensible son abundantes. Cuando se instala en\nel alma la noticia amorosa o &nbsp;contemplaci\u00f3n, la limpia de \u201ctodas las aprehensiones y\nformas de los sentidos y de la memoria, por donde el alma obraba en tiempo\u201d (S\n2,14,11). Antes de llegar a esa situaci\u00f3n, \u201csuelen acudir a la memoria y\nfantas\u00eda muchas y varias formas de imaginaciones\u201d (CB 16,4).<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de asentar\nque hasta las visiones imaginarias pertenecen al sentido (S 2,16,1), escribe el\nSanto: \u201cEste sentido de la fantas\u00eda, junto con la memoria, es como un archivo y\nrecept\u00e1culo del entendimiento, en que se reciben todas las formas e im\u00e1genes\ninteligibles\u201d (ib. n. 2). Si se trata de la memoria intelectual no puede unirse\na la fantas\u00eda para archivar las im\u00e1genes, pero no es necesariamente ese el\nsentido en que el autor emplea aqu\u00ed la palabra.<\/p>\n\n\n\n<p>El emparejamiento\nde la memoria con el entendimiento y la voluntad a la hora de la purificaci\u00f3n\ndeja entrever, en ocasiones, que las im\u00e1genes de la fantas\u00eda ejercen la misma\nfunci\u00f3n respecto a la memoria que al entendimiento (S 2,8,5). De hecho, para\npurificar la memoria propone esta norma general: \u201cEl espiritual tenga esta\ncautela: en todas las cosas que oyere, viere, oliere, gustare o tocare, no haga\narchivo ni presa de ellas en la memoria, sino que las deje luego olvidar, y lo\nprocure con la eficacia, si es menester, que otros acodarse, de manera que no\nle quede en la memoria alguna noticia ni figura de ellas\u201d (S 3,2,14).<\/p>\n\n\n\n<p>El constante\nemparejamiento de la memoria con la &nbsp;fantas\u00eda no es suficiente para determinar si llega a\nidentificarlas. Afirmar que \u201csuelen acudir a la memoria y fantas\u00eda muchas y\nvariadas formas de imaginaciones\u201d (CB 16,4) no aclara si ha de entenderse en\nsentido unitivo o disyuntivo. Otro tanto sucede al hablar de los da\u00f1os que se\nsiguen en \u201cquerer retener en la memoria e imaginativa\u201d formas e im\u00e1genes de\ncosas comunicadas sobrenaturalmente (S 3,12,1). La imaginativa se intercambia\ncon la fantas\u00eda, por lo que suscita los mismos interrogantes.<\/p>\n\n\n\n<p>A complicar m\u00e1s el\nasunto contribuye un famoso texto de la <em>Llama<\/em>, en el que explica lo que entiende por el <em>sentido <\/em>de las \u201cprofundas\ncavernas\u201d. El \u201csentido del alma\u201d equivale a \u201cla virtud y fuerza que tiene la\nsustancia del alma para sentir y gozar los objetos de las potencias\nespirituales\u201d, memoria, entendimiento y voluntad. Todas esas cosas y objetos se\n\u201creciben y asientan en el sentido del alma\u201d, \u201cas\u00ed como al sentido com\u00fan de la\nfantas\u00eda acuden con las formas de sus objetos los sentidos corporales, y \u00e9l es\nrecept\u00e1culo y archivo de ellas. Por lo cual este sentido com\u00fan del alma, que\nest\u00e1 hecho recept\u00e1culo y archivo de las grandezas de Dios, est\u00e1 tan ilustrado y\ntan rico, cuanto alcanza de esta alta y esclarecida posesi\u00f3n\u201d (LlB 3,69). En el\nmismo texto se compara un doble \u201csentido com\u00fan\u201d: el de la fantas\u00eda y el de la\n\u201cvirtud o fuerza de la sustancia del alma\u201d. Funcionalmente vienen a\nidentificarse. Ninguno de ellos concuerda con el \u201csentido com\u00fan\u201d, que en la\nteor\u00eda tomista unifica los otros sentidos corporales internos (cf. <em>Suma teol<\/em>. 1,78,4; <em>Contra Gent<\/em>. 2,65).<\/p>\n\n\n\n<p>Tras el an\u00e1lisis\ntextual se comprueba que la memoria corporal o sensitiva coincide en el fondo\ncon el binomio fantas\u00eda-imaginativa, que se resuelve en una identificaci\u00f3n por\nlo menos en el plano funcional (S 2,12,1-2; 2,14,1; 2,16,4; 2,17,4.9; N 1,9,8).\nEs de sobra conocido el texto clave: \u201cLos sentidos de que aqu\u00ed particularmente\nhablamos son dos sentidos corporales, que se llaman imaginativa y fantas\u00eda, los\ncuales ordenadamente se sirven el uno al otro; porque el uno discurre\nimaginando, y el otro forma la imaginaci\u00f3n o lo imaginado fantaseando; y para\nnuestro prop\u00f3sito lo mismo es tratar del uno que del otro. Por lo cual, cuando\nno los nombr\u00e1remos a entrambos, t\u00e9ngase por entendido seg\u00fan aqu\u00ed habemos de\nellos dicho\u201d (S 2,12,3). Suele yuxtaponer ambos t\u00e9rminos fantas\u00eda e\nimaginativa, y tambi\u00e9n superponerlos: \u201cfantas\u00eda imaginativa\u201d (CA 29,1) o\nsimilares.<\/p>\n\n\n\n<p>A la luz de estas\nafirmaciones cabr\u00eda pensar en una identificaci\u00f3n como la sugerida en <em>Llama<\/em>, es decir,\nhaciendo de la fantas\u00eda el \u201csentido com\u00fan\u201d (LlB 3,69). A ello se oponen otros\ntextos en los que J. de la Cruz reafirma la distinci\u00f3n entre fantas\u00eda e imaginativa\ne incluso la memoria (S 2,13,4; 2,14,6; 2,16,2; CA 25,6;31,4), si bien es\ncierto que no siempre puede asegurarse la escritura original de las frases (E.\nPacho, <em>Antropolog\u00eda sanjuanista<\/em>, en ES II, 47-57). En cualquier caso, la impresi\u00f3n m\u00e1s\nsegura lleva a la identificaci\u00f3n funcional de la memoria sensitiva con la\nfantas\u00eda-imaginativa. J. de la Cruz no sigue ninguna escuela determinada en lo\nque se refiere a los sentidos corporales internos. La memoria se une a la\nfantas\u00eda para guardar y archivar las im\u00e1genes sobre las cuales act\u00faan el entendimiento\ny la memoria espiritual, cada facultad a su modo.<\/p>\n\n\n\n<p>3. MEMORIA Y ENTENDIMIENTO.\nConocido el \u201cintento\u201d pr\u00e1ctico del Santo y su despreocupaci\u00f3n por las\ncuestiones te\u00f3ricas de la antropolog\u00eda psicol\u00f3gica, es comprensible su postura\nfrente al viejo y nuevo problema filos\u00f3fico de las relaciones entre memoria y\nentendimiento. Renuncia en absoluto a introducirse en esa cuesti\u00f3n. Adopta\npac\u00edficamente el esquema tripartito de las potencias del alma, sin preocuparse\nde su ra\u00edz agustiniana o de otras procedencias. Para sus lectores era f\u00e1cil y\nfamiliar, y a \u00e9l le resultaba c\u00f3modo al momento de establecer correlaci\u00f3n con\nlas tres virtudes teologales.<\/p>\n\n\n\n<p>Semejante actitud\npragm\u00e1tica no le libraba, sin embargo, de afrontar argumentos en los que de\nalguna manera se ve\u00eda obligado a pronunciarse sobre la relaci\u00f3n entre\nentendimiento y memoria. No pod\u00eda evitar en alg\u00fan caso el definir los\nrespectivos objetos y funciones. Antes de comprobar sus afirmaciones al\nrespecto, conviene recordar algunos textos en los que se afirma o presupone la\nexistencia de esa potencia conocida como memoria.<\/p>\n\n\n\n<p>Es lo que sucede\ncuando la equipara en igualdad de condiciones al entendimiento y a la voluntad.\nTodo el esquema de la purificaci\u00f3n espiritual est\u00e1 basado en esa equiparaci\u00f3n,\nseg\u00fan lo establecido al principio de la <em>Subida\n<\/em>(2,6) y repetido en otros lugares (cf. S 3,1,1; CB 2,7; 18,5; LlB 3,18,\netc.). No faltan, naturalmente afirmaciones expl\u00edcitas en las que se cuenta la\nmemoria como una facultad del alma en la misma l\u00ednea que el entendimiento y la\nvoluntad (cf. S 2,5,1; 2,6,1; 2,13,4; 2,14,6; 3,1,1, etc.). Comparando la\narmon\u00eda de todas las capacidades del hombre a una &nbsp;\u201cmonti\u00f1a\u201d, repite\nque las potencias espirituales del alma son: memoria, entendimiento y voluntad\n(CB 16,10). No hace al caso documentar ulteriormente este punto. Mientras no\nconste otra cosa, siempre que aparece en las p\u00e1ginas sanjuanistas la trilog\u00eda\nsim\u00e9trica de las facultades an\u00edmicas se incluye la memoria.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuesti\u00f3n\nfilos\u00f3fica ulterior es saber si J. de la Cruz acepta la distancia entre memoria\ny entendimiento, o se contenta con la acomodaci\u00f3n esquem\u00e1tica siguiendo el\nlenguaje usual. Se tratar\u00eda de encuadrarle en la corriente agustiniana, tomista\no baconiana. Tampoco en este punto conviene urgir demasiado las expresiones.<\/p>\n\n\n\n<p>Le\u00eddas sin\nprejuicios de escuela, en su mayor\u00eda sugieren la distinci\u00f3n real entre memoria\ny entendimiento. Si se analizan despacio y con rigor, esa primera impresi\u00f3n\npierde poco a poco consistencia. Si se toma como referencia determinante el\nobjeto espec\u00edfico de cada potencia, surgen dudas leg\u00edtimas respecto a la\ndistinci\u00f3n real. Basta repasar los textos en los que el autor trata de\nindividuar el objeto propio y espec\u00edfico de las tres potencias para comprobar\nque define bien y de manera uniforme el del entendimiento y el de la voluntad,\nmientras el de la memoria fluct\u00faa y queda casi siempre indefinido. Esta puede\nser una de las razones de su ambig\u00fcedad respecto a la memoria sensitiva y\nespiritual.<\/p>\n\n\n\n<p>La indecisi\u00f3n en\nse\u00f1alar el objeto propio de la memoria aparece ya en el momento de esquematizar\nla materia de la &nbsp;purificaci\u00f3n (S 3,2). Lo propio del entendimiento son las\naprehensiones o noticias; lo de la voluntad, las afecciones o afectos. Carece\nde nombre espec\u00edfico lo de la memoria. Resulta que son tambi\u00e9n aprehensiones y\nnoticias. Seg\u00fan \u201cla distinci\u00f3n de sus objetos\u201d, son de tres clases: naturales,\nimaginarios y espirituales, lo mismo que en el caso del entendimiento (cf. S\n2,9-10; 3,16).<\/p>\n\n\n\n<p>Algo semejante\nsucede cuando el Santo trata de concretar el efecto de la purificaci\u00f3n radical:\nen el entendimiento produce oscuridad, en la voluntad aridez y en la memoria\nvac\u00edo (N 2,3,4). Basta confrontar otros textos para comprobar que la &nbsp;desnudez y el vac\u00edo\nson comunes a todas las potencias, no exclusivamente de la memoria. La fe\noscurece al entendimiento y lo vac\u00eda de toda inteligencia natural; del mismo\nmodo la caridad vac\u00eda y aniquila los afectos y las tendencias de la voluntad;\ntambi\u00e9n la esperanza vac\u00eda y aparta de \u201ctoda posesi\u00f3n de criatura\u201d a la memoria\n(S 3,24,1; N 2,21,11). Se trata m\u00e1s bien de funci\u00f3n diversa que de objeto\ndiferente respecto al entendimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Los datos\nprocedentes del <em>C\u00e1ntico<\/em>, que no ata\u00f1en al objeto de la purificaci\u00f3n, sino al de\nla &nbsp;uni\u00f3n-posesi\u00f3n, son a\u00fan m\u00e1s reveladores. En la uni\u00f3n\ntransformante del matrimonio espiritual se reciben las comunicaciones divinas\nen la sustancia y en las potencias del alma: en el entendimiento, ciencia y\nsabidur\u00eda; en la voluntad, amor suav\u00edsimo; en la memoria, \u201crecreaci\u00f3n y deleite\nen recordaci\u00f3n y sentimiento de gloria\u201d (CB 26,5). En el contexto queda claro\nque el deleite y la recreaci\u00f3n son cosas comunes a todas las potencias, no algo\nespec\u00edfico de la memoria. Aunque el autor puso empe\u00f1o en definir mejor lo\npropio de cada una de las facultades, no lo consigui\u00f3 para la memoria,\ncontent\u00e1ndose con esta generalidad: \u201cEst\u00e1 claro que est\u00e1 ilustrada con la luz\ndel entendimiento en recordaci\u00f3n de los bienes que est\u00e1 poseyendo y gozando en\nla uni\u00f3n de su Amado\u201d (CB 26,9). Apunta m\u00e1s bien a una identidad de objeto con\nel entendimiento, aunque insista en la funci\u00f3n de recordar (\u201crecordaci\u00f3n\u201d).\nAqu\u00ed se trata adem\u00e1s de un recuerdo del presente (\u201cest\u00e1 gozando y poseyendo\u201d),\nno del pasado.<\/p>\n\n\n\n<p>Es en un texto ya\nmencionado de la <em>Llama <\/em>donde mejor se percibe la imposibilidad de atribuir un objeto\npropio y espec\u00edfico a la memoria. El cambio radical del entendimiento y de la\nmemoria al momento de la uni\u00f3n tiene un referente muy preciso, mientras el de\nla memoria se reduce a esto: \u201cEs trocada por medio de esta uni\u00f3n a tener en la\nmente los a\u00f1os eternos que David dice\u201d (Sal 76,6: LlB 2,34).<\/p>\n\n\n\n<p>Con toda\nprobabilidad, obedece tambi\u00e9n a esta imprecisi\u00f3n la omisi\u00f3n de la memoria en\nocasiones en las que normalmente deber\u00eda comparecen junto a las otras dos\npotencias (N 1,9,7; 2,4,12; 2,7,1; CB 14-15, 12-16; LlB 3,81-83).<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s\nrepresentativos a\u00fan en este sentido los lugares en que estudia de intento la\nrelaci\u00f3n entre el entendimiento y la voluntad, entre el conocer y el amar, ya\nque se hallan en contextos en los que se analizan las funciones y objetos de\nlas tres potencias (cf. N 2,17,7; CB 26,9; LlB 3,49).<\/p>\n\n\n\n<p>A la luz de \u00e9stos\ny otros textos parecidos no parece arbitrario reducir la memoria a una funci\u00f3n\npeculiar de la capacidad intelectiva. Tal hip\u00f3tesis parece confirmada por las afirmaciones\nde los cap\u00edtulos 14 y 24 del tercer libro de la <em>Subida<\/em>. Permanece, con todo, la sensaci\u00f3n de que J. de la Cruz\nevita pronunciarse en este punto. Su pensamiento aparece reflejado m\u00e1s que en\nfrases y textos aislados en ciertas l\u00edneas fundamentales de su sistema. Una de\nellas es la de la &nbsp;noche-purificaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La parte central\nde la de <em>Noche <\/em>se detiene en la minuciosa descripci\u00f3n de la purificaci\u00f3n\ndel entendimiento y de la voluntad, mientras la memoria queda al margen, como\nsimple comparsa, aunque al principio del 2\u00ba libro presente el esquema\ntripartito de las potencias an\u00edmicas (N 2,4). Analiza inmediatamente los\nsufrimientos purificadores del entendimiento (N 2,5-6) y a continuaci\u00f3n los de\nla voluntad (N 2,7-8), liquidando los de la memoria en dos breves frases.\nDurante la purificaci\u00f3n pasiva sufre enajenamientos y profundos olvidos, sin\nsaber lo que hizo o pens\u00f3 (N 2,8,1), \u201cpor cuanto aqu\u00ed no s\u00f3lo se purga el\nentendimiento de su lumbre y la voluntad de sus afecciones, sino tambi\u00e9n la\nmemoria de sus discursos y noticias\u201d (ib. n. 2). Una vez m\u00e1s el objeto coincide\ncon el del entendimiento. La presencia de la memoria obedece aqu\u00ed a simple\nraz\u00f3n esquem\u00e1tica.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s notoria es a\u00fan\nla marginaci\u00f3n de la memoria al tratar de las razones o motivos del proceso\ncat\u00e1rtico y de la inflamaci\u00f3n amorosa producida por la divina contemplaci\u00f3n. Se\ntrata de una extensa y profusa descripci\u00f3n (N 2,9-17) con referencia expl\u00edcita\nal entendimiento y a la voluntad, mientras la memoria aparece incidentalmente y\nfuera de esquema comentando un texto b\u00edblico (Sal 37,9), en que se habla del\n\u201cgemido del coraz\u00f3n\u201d ante los sufrimientos: \u201cEl cual rugido es cosa de gran\ndolor, porque algunas veces, con la s\u00fabita y aguda memoria de estas miserias en\nque se ve el alma\u201d, aumenta la pena y el dolor (N 2,9,7).<\/p>\n\n\n\n<p>La preterici\u00f3n de\nla memoria, rompiendo la simetr\u00eda del esquema tripartito, es especialmente\nsintom\u00e1tica porque el entendimiento y la voluntad aparecen constantemente\norientados por la purificaci\u00f3n pasiva a la uni\u00f3n, especialmente en los \u00faltimos\ncap\u00edtulos de la <em>Noche <\/em>(2,12-18). El esquema completo de las tres potencias, en\nsimetr\u00eda con las tres virtudes teologales, reaparece al final de la obra, para\nreafirmar que constituyen en su conjunto \u201cuna acomodad\u00edsima disposici\u00f3n para\nunirse el alma con Dios, seg\u00fan sus tres potencias, que son: entendimiento,\nmemoria y voluntad\u201d (N 2,21,11).<\/p>\n\n\n\n<p>Al t\u00e9rmino del\nan\u00e1lisis queda en pie que J. de la Cruz acepta el esquema tripartito de las\npotencias del alma. No aborda el problema de la distinci\u00f3n espec\u00edfica entre\nmemoria y entendimiento, pero mantiene su diferencia funcional. De este modo\npuede establecer conexi\u00f3n con las tres virtudes teologales, asignando la\nesperanza a la memoria<strong>.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<h3>II. Aplicaci\u00f3n\nespiritual: memoria y esperanza<\/h3>\n\n\n\n<p>En contraste con\nla indefinici\u00f3n en el plano ontol\u00f3gico y psicol\u00f3gico, J. de la Cruz es preciso\ny constante en lo que se refiere al papel de la memoria en el \u00e1mbito\nespiritual. Partiendo de la correlaci\u00f3n, ya recordada, de las tres potencias y\nlas tres virtudes teologales (S 2,6), asigna a cada una de ellas una funci\u00f3n y\nun campo de acci\u00f3n en el proceso de purificaci\u00f3n y en la meta de la uni\u00f3n,\nsupuesto siempre otro principio: que solamente las virtudes teologales son\nmedio propio y pr\u00f3ximo para la uni\u00f3n con Dios (S 2,9).<\/p>\n\n\n\n<p>La memoria, lo\nmismo que las otras facultades y sentidos del hombre, act\u00faa en sincron\u00eda con todo\nel conjunto (la &nbsp;fortaleza del alma), en relaci\u00f3n e interdependencia\nespecialmente del entendimiento y de la voluntad. Las funciones propias de la\nmemoria se encuadran en el marco del afecto, del gusto, del gozo y de las\ninclinaciones que dependen en \u00faltima instancia de la voluntad (S 3,1,1; 3,16,2;\n3,34,1, etc.).<\/p>\n\n\n\n<p>La capacidad de la\nmemoria para recordar y revivir cosas del pasado (im\u00e1genes, sucesos, conceptos,\netc.) haci\u00e9ndolas presentes confiere a esta facultad un dominio concreto sobre\nlos sentimientos, deseos y sensaciones. El \u201chacer presa\u201d, el dominar y mantener\nposesi\u00f3n es lo propio y peculiar de esta facultad y lo que la caracteriza en el\nplano del comportamiento. Las formas, im\u00e1genes y aprehensiones pueden coincidir\ncon las del entendimiento, pero el dominarlas y poseerlas es cosa de la\nmemoria. La posesi\u00f3n en presente es la nota esencial de la memoria en la visi\u00f3n\nsanjuanista (S 2,6,1-3; 3,5,3; 3,8,5; 3,11,1; 3,12,3; 3,15,1; N 2,9,7-8; CB\n1,13-14; LlB 1,27-28, etc.). Ah\u00ed est\u00e1 la clave de su emparejamiento con la\nesperanza.<\/p>\n\n\n\n<p>La posesi\u00f3n o el\ndominio \u2013nocional y afectivo\u2013 de las cosas puede estar orientado correctamente\na Dios, o no; le afecta la ley general de la purificaci\u00f3n lo mismo que a las\ndem\u00e1s tendencias y funciones de las otras potencias. La posesi\u00f3n desordenada afectivamente\nde las cosas a trav\u00e9s de la memoria, ocupando la capacidad humana, aparta de\nDios. En consecuencia, razona J. de la Cruz, hay que vaciar la memoria para que\npueda llenarse de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Para el Santo, no\nhay otro medio que la esperanza. Es la que \u201cvac\u00eda y aparta la memoria de toda\nla posesi\u00f3n de criatura, como dice san Pablo: la esperanza es de lo que no se\nposee (Rom 8,24), y as\u00ed aparta la memoria de lo que puede poseer, y p\u00f3nela en\nespera. Y por esto la esperanza de Dios sola dispone la memoria puramente para\nunirla con Dios\u201d (N 2,21,11; cf. S 2,6,2). Es la afirmaci\u00f3n de base que\nfundamenta el esquema de la purificaci\u00f3n activa del esp\u00edritu, y desarrolla el\nSanto en la primera parte del libro 3\u00ba de la <em>Subida <\/em>(cap. 1-15).<\/p>\n\n\n\n<p>Parece a primera\nvista un contrasentido pretender vaciar la memoria con la esperanza, ya que\n\u00e9sta mira al futuro, mientras aqu\u00e9lla se ocupa del pasado. En la visi\u00f3n\nsanjuanista, no s\u00f3lo no hay contradicci\u00f3n, sino que dial\u00e9cticamente se postulan\nmutuamente memoria y esperanza dentro del dinamismo espiritual de purificaci\u00f3n.\nDejando a un lado si la memoria es del pasado \u2013injusta limitaci\u00f3n de su campo\u2013,\npara el Santo lo cierto es que los conceptos, im\u00e1genes y sentimientos se hacen\npresentes y reviven, se poseen, merced a la memoria. Por la ley de los\ncontrarios, resulta claro que lo futuro, no pose\u00eddo, se elimina inevitablemente\npor la llenez de lo presente pose\u00eddo.<\/p>\n\n\n\n<p>El razonamiento de\nJ. de la Cruz es sencillo, pero convincente: \u201cLa esperanza no hay duda sino que\ntambi\u00e9n pone a la memoria en vac\u00edo y tiniebla de lo de ac\u00e1 y de lo de all\u00e1.\nPorque la esperanza siempre es de lo que no se posee, porque, si se poseyese,\nya no ser\u00eda esperanza\u201d. Cita a continuaci\u00f3n un texto paulino (Rom 8,24) y\nconcluye: \u201cLuego tambi\u00e9n hace vac\u00edo esta virtud, pues es de lo que no se tiene,\ny no de lo que se tiene\u201d (S 2,6,3).<\/p>\n\n\n\n<p>No se trata,\nnaturalmente, de una oposici\u00f3n ontol\u00f3gica entre memoria y esperanza, sino de\ncorrelaci\u00f3n dial\u00e9ctica dentro del dinamismo espiritual. Cuanto m\u00e1s se posee\nafectivamente menos se espera. La capacidad de esperar aumenta en proporci\u00f3n al\nvac\u00edo de la memoria.<\/p>\n\n\n\n<p>Otro texto clave\nilustra decisivamente el pensamiento sanjuanista. Recordado el prop\u00f3sito de\nhacer ver c\u00f3mo la memoria se une a Dios por la esperanza, escribe: \u201cLo que se\nespera es de lo que no se posee, y cuanto menos se posee de otras cosas, m\u00e1s\ncapacidad hay y m\u00e1s habilidad para esperar lo que se espera, y\nconsiguientemente m\u00e1s esperanza, y que cuantas m\u00e1s cosas se poseen, menos\ncapacidad y habilidad hay para esperar, y consiguientemente menos esperanza, y\nque seg\u00fan esto, cuanto m\u00e1s el alma desaposesionare la memoria de formas y cosas\nmemorables que no son Dios, tanto m\u00e1s pondr\u00e1 la memoria en Dios y m\u00e1s vac\u00eda la\ntendr\u00e1 para esperar de \u00e9l el lleno de su memoria\u201d (S 3,15,1).<\/p>\n\n\n\n<p>A partir de esta\nconfrontaci\u00f3n dial\u00e9ctica entre memoria y esperanza, J. de la Cruz establece\notras aplicaciones muy concretas en su doctrina espiritual. Una de ellas es la\nconexi\u00f3n \u00edntima entre esperanza y pobreza, como consecuencia natural de la\ncapacidad posesiva de la memoria. La pobreza absoluta y radical implica para el\nSanto negaci\u00f3n afectiva de todo g\u00e9nero de bienes, incluso espirituales. No es\nposible si no se purifica convenientemente la memoria, facultad que procura el\ndominio y posesi\u00f3n de las cosas. Entre memoria y pobreza se establece, por lo\nmismo, una incompatibilidad que s\u00f3lo puede salvar la esperanza. Es la virtud\nque tiene la capacidad decisiva de crear vac\u00edo afectivo y desnudez efectiva.\nPobreza espiritual y esperanza est\u00e1n unidas por v\u00ednculo insoluble.<\/p>\n\n\n\n<p>Teniendo en cuenta\nel objeto propio de la esperanza, J. de la Cruz reconoce que su tensi\u00f3n\ndial\u00e9ctica y vital con la memoria nunca desaparece del todo en esta vida, ni\nsiquiera cuando el alma alcanza las m\u00e1s altas cimas de la perfecci\u00f3n. Tampoco\nen el \u00e1mbito del esp\u00edritu existe el vac\u00edo absoluto. A medida que van\ndesapareciendo los recuerdos-posesiones de las cosas no ordenadas a Dios, la\nmemoria va llen\u00e1ndose del mismo Dios. Llega un momento en que la \u201cmemoria bebe\nrecreaci\u00f3n y deleite en recordaci\u00f3n y sentimiento de gloria\u201d (CB 26,5). Dios\nsuscita en la memoria ciertos toques y recuerdos m\u00e1s sabrosos que cualquier\notras posesiones de criatura (S 2,26,8-9).<\/p>\n\n\n\n<p>El \u201crecuerdo de\nDios\u201d es memoria de futuro y no tiene nada que ver con el rememorar, recordar o\nrevivir el pasado, ya que es algo presente, proyectado en la bienaventuranza\n(LlB 4,4). El \u201crecuerdo de la excelencia de Dios\u201d es inefable (ib.10-17) y no\nllega a colmar totalmente la capacidad posesiva del alma humana. Mientras el\nhombre peregrina en la tierra, camino de la \u201cbeat\u00edfica vista\u201d, \u201cvive en\nesperanza todav\u00eda, en que no se puede dejar de sentir vac\u00edo; tiene tanto de\ngemido, aunque suave y regalado, cuanto le falta para la acabada posesi\u00f3n de la\nadopci\u00f3n de hijos de Dios\u201d (LlB 1,27).<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cAquello que Dios\nle dio el otro d\u00eda\u201d, d\u00eda de la predestinaci\u00f3n a la gloria, le mantiene en\ntensi\u00f3n, esperando la gloriosa venida (CB 38). \u201cY as\u00ed, no le basta la paz y\ntranquilidad y satisfacci\u00f3n del coraz\u00f3n a que puede llegar el alma en esta\nvida, para que deje de tener dentro de s\u00ed gemido, aunque pac\u00edfico y no penoso,\nen la esperanza de lo que le falta; porque el gemido es anejo a la esperanza\u201d\n(CB 1,14).<\/p>\n\n\n\n<p>El vac\u00edo de la\nmemoria, purificada de im\u00e1genes y recuerdos, ha sido colmado por la esperanza;\nel recuerdo no es evocaci\u00f3n forzada del pasado, sino presencia del bien supremo\nya presente en ella, pero no pose\u00eddo a\u00fan totalmente. As\u00ed concluye la tensi\u00f3n\ndial\u00e9ctica entre memoria y esperanza.<\/p>\n\n\n\n<p>BIBL. \u2014 ALBERTO DE LA V. DEL CARMEN, \u201cNaturaleza de\nla memoria espiritual seg\u00fan san Juan de la Cruz. Cuesti\u00f3n filos\u00f3fica previa a\nla uni\u00f3n de las potencias con Dios\u201d, en <em>RevEsp <\/em>11 (1952) 291-299; 12 (1953) 431-450; PEDRO LA\u00cdN ENTRALGO,\n<em>La espera y la esperanza. Historia y teor\u00eda del esperar humano,\n<\/em>Madrid, 2\u00aa ed. 1958, p.\n115-131; JUAN JOS\u00c9 DE LA INMACULADA, \u201cLa memoria en san Juan de la Cruz\u201d, en <em>Manresa <\/em>41 (1969) 237-243; 43\n(1971) 349-353; 44 (1972) 295-302; ANDR\u00c9 BORD, <em>Memoire et esp\u00e9rance chez Jean de la Croix<\/em>,\nParis, 1971; JOS\u00c9 CRISTINO GARRIDO, \u201cPsicolog\u00eda del vivir en esperanza seg\u00fan san Juan de la Cruz\u201d, en <em>RevEsp <\/em>28 (1969) 331-347;\nELIZABETH WILHELMSEN, \u201cLa memoria como potencia del alma en san Juan de la\nCruz\u201d, en <em>Carmelus <\/em>37 (1990) 88-145.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Eulogio Pacho<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el cuadro de la &nbsp;antropolog\u00eda sanjuanista la memoria presenta una problem\u00e1tica bastante compleja de no f\u00e1cil interpretaci\u00f3n. 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